Cesária Évora: Sodade

Tenía clarísimo cuando creé este blog y me decidí a hacer reseñas de temas musicales, que le dedicaría una entrada al “Sodade” de Cesária Évora, y también sabía y sé que pasarán por aquí unas cuantas canciones más de la gran “diva de los pies descalzos” que nos dejó en el 2011. Sin embargo, a veces la vida nos depara sorpresas y encuentros muy agradables, y es por esta razón que este artículo voy a dedicártelo a ti. Sí, especialmente a ti.

Estuve en Cabo Verde (también, y como ya te comenté). Fue solo una semana, en un viaje organizado. No era barato, y mi cabeza no estaba para ponerse a pensar y hacer preparativos y planes. Estoy seguro que, tal como me comentaron algunos, podía haber cogido un vuelo hasta el aeropuerto de Lisboa y desde allí billete directo hasta el archipiélago, y que me hubiera ahorrado bastante pasta. Además, son los mejores viajes, los que uno se organiza. Se mueve donde y cuando quiere, se está aquí o allá los días que quiere, o compra billetes “interiores” sobre la marcha (relativamente), dándole más flexibilidad al asunto y teniendo mayor libertad. Pero en fin…Pensé hace un par de días cúando fue ese viaje. Sí, tuvo que ser en verano del 2000, porque en el 2001 viajé a otro lugar.

Desde luego, las islas caboverdianas son un pequeño paraíso perdido para ir a dar con tus huesos repetidas veces, quizá creando tu pequeño rincón para escaparte o hasta retirarte del mundo “moderno, rico, civilizado, avanzado” (desde luego, no descarto esa posibilidad algún día). O quizá lo veo desde una óptica muy idílica. No tiene por qué ser así, uno no tiene que desmontar sueños antes de ni siquiera lanzarse a probarlos. Además, dependería de tu actitud, de tus metas, de tus necesidades materiales…

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Y desde luego, Mindelo, la capital de la isla de San Vicente, es un hermoso y animado lugar para vivir. Sin duda la ciudad con más alma y cultura, me dejó enamorado, porque días después estuve en Praia, la capital administrativa en la isla de Santiago, y no me gustó nada. Pero hay lugares mucho más paradisíacos y solitarios. Son muchos los recuerdos que tengo de esos pocos días…

Las-paradisiacas-playas-de-Cabo-Verde

Recuerdo el árido viento cuando llegamos de noche a la isla de Sal. Recuerdo sus solitarias y extensas playas, su arena inmaculada. Una larga pasarela de madera. Las barcas de pescadores, algunas viejas y destartaladas, no se sabe si abandonadas o aún en activo. Recuerdo el sol absolutamente abrasador. Recuerdo haber salido de noche por Mindelo, y sentarme en una pequeña plaza a comer algo. Haber conocido a un chico de allí, y habernos emborrachado tras muchas y muchas cervezas. Recuerdo que en un momento dado me dijo algo en criollo, e incomprensiblemente, entendí perfectamente su significado -no sé cómo- y los dos nos reímos asombrados. Recuerdo a algunas chicas negras deambulando por ahí, ejerciendo la prostitución. Me acuerdo en especial de una de ellas, porque era hermosísima. Tenía un larguísimo y salvaje pelo trenzado, espectacular. Me rozó -queriendo- al pasar junto a mí. Pero no me fuí con ella (esto debió ser antes de la borrachera). Recuerdo la comida en algunos bares y restaurantes. Por cuatro cuartos te ponían unos platos enormes de pescado y marisco frescos, con abundantes verduras y frutas increíbles. La hospitalidad y simpatía de la gente. Las hermosas chicas de color que andaban por las calles. Todavía aluciné más cuando me fuí una tarde a la concurrida playa de Mindelo. Llenísima de gente. Algunas chicas con unos tipazos increíbles…

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(No recordaba el nombre. Consultando internet, veo que tuvo que ser la playa de Laginha o Lajinha, muy concurrida)

Había tres chicas muy cerca de mí -negras- que llevaban respectivamente bikinis amarillo, rojo y violeta. Más llamativo imposible, pensé para mí que aquello superaba cualquier postal, cualquier imagen de ficción o película, cualquier producto de marketing. Que aquello era el paraíso, sencillamente. Recuerdo los inmensos barcos abandonados, varados, destrozados, oxidados, en la bahía de Mindelo…

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Recuerdo el viaje -en otro barco super viejo y renqueante- hasta la isla de Santo Antão, un rincón aún más perdido, montañoso y brumoso. Una “destilería” de aguardiente de caña en mitad de la frondosa vegetación. Una vieja tienda de souvenirs. Los pequeños poblados en lo más alto de esa isla. El comer pescado junto a los pescadores y sus barcas. Recuerdo las largas carreteras de la isla de Sal, entre riscos montañosos. Y recuerdo la música, y también la melancolía transmitida por todos esos lugares y esas gentes. Éstas son de alguna manera mis “batallitas” -que podría haberme ahorrado- pero que de alguna forma son mi propia sodade de mi breve paso por el maravilloso Cabo Verde.

En cualquier caso, este breve repaso de mi fugaz estancia no pretende ser en absoluto una reseña turística ni nada parecido. En internet pueden encontrarse artículos con esas intenciones, relatos de viajeros, muchísimas fotografías, así como opiniones, testimonios y experiencias de gente que ha vivido allí incluso años. La sensación que me llevé era que se trataba de un pequeño paraíso medio perdido, un lugar donde uno podría quedarse para siempre, pese a sus limitaciones y el bajo nivel de vida de mucha población (hay más caboverdianos fuera de su país que dentro, dicen los datos). Si mi visión es un poco idealizada, prefiero dejarla así, porque recuerdo lo hermoso.

Volviendo a la grandísima intérprete, lo curioso es que no había escuchado su música aún por esas fechas, fue al volver que empecé a interesarme y a comprar sus discos…

CESAREAFue este gran recopilatorio el que tuvo la culpa. No podía dejar de escucharlo una y otra vez, de dejarme embriagar por esa voz, por esa melancolía y esos pasajes sonoros, por ese mundo de sensaciones retratadas de forma increíble en un puñado de joyas. Y no solamente “Sodade” me fascinó, sino más de media docena de temas.

Por supuesto, el tema está cantado en criollo…

Quem mostra’ bo
Ess caminho longe?
Quem mostra’ bo
Ess caminho longe?
Ess caminho
Pa São Tomé
Sodade sodade
Sodade
Dess nha terra São Nicolau
Si bô ‘screvê’ me
‘M ta ‘screvê be
Si bô ‘squecê me
‘M ta ‘squecê be
Até dia
Qui bô voltà
Sodade sodade
Sodade
Dess nha terra São Nicolau

¿Quién te mostrará
ese largo camino?
¿Quién te mostrará
ese largo camino?
Ese camino
para Santo Tomás (Sao Tomé)

Tristeza, tristeza
Tristeza
Esa tierra de San Nicolás

Si tú me escribes
(yo) te escribiré
Si tú me olvidas
(yo) te olvidaré
hasta el día
que tú regreses.

Es muy curioso, porque en muchísimas canciones de Cesária Évora aparece la palabra “cretcheu”, palabra que me llamó tanto la atención que tuve que buscar su significado (“cariño, amor”), pero sin embargo no aparece en este tema. Quizá este tema haya sido su mayor éxito internacional, y sin embargo no es una composición suya. La canción fue compuesta en la década de los 50 por el caboverdiano Armando Zeferino Soares, pero la ‘Reina de la Morna’ no la popularizaría hasta el año 1992, cuando salió al mercado dentro del álbum Miss Perfumado. Parece que hubo una disputa legal por la autoría de esta canción -perteneciente al género de la coladeira- con el compositor Luís Morais, pero un tribunal falló en favor del primero de ellos en el 2006 (me entero ahora, escribiendo esta reseña).

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El tema central gira en torno al drama de la emigración, el dejar tu propia tierra, y la añoranza por tus seres queridos, por tu hogar, por ese pequeño rincón frente a la inmensidad del Atlántico. Desde luego, en un país como Cabo Verde, antigua colonia portuguesa -potencia marítima durante siglos- el fenómeno de la emigración se encuentra documentado ya a principios del siglo XIX, pero la época colonial, el tráfico de esclavos, el comercio y los trabajos relacionados con el mar se remontan a mucho antes. Y todo ello implica un movimiento incesante de personas, despedidas, partidas, lágrimas, tristeza, sodade.

A mí me llama la atención que “Sodade”, pese a ser un tema bastante calmado y muy evocador tenga una presencia tan copiosa y poderosa de percusión, lo que sin duda contribuye a reforzar su carácter de música africana, en definitiva. Así es, timbales y demás instrumentos suenan de forma bastante ostensible e importante. Es como si esa percusión de fondo creara una especie de espesa malla al combinarse con todo el sonido de los instrumentos de cuerda (no sólo guitarras, también tenemos el cavaquinho, presente en la música portuguesa y brasileña).

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Lo que es más que evidente es que se trata de grandísimos músicos, que saben tejer toda una atmósfera con instrumentos de lo más simple. “Sodade”: Decir maravillosa, evocadora y pieza magistral es incluso quedarse corto…

Cesária Évora no se haría famosa hasta los 47 años. En muchos lugares puede leerse su interesante biografía y cómo evolucionó su carrera. No fue hasta que dejó su Cabo Verde natal y pisó Lisboa para dar una serie de conciertos que dio el salto definitivo. Ahí encontró a un representante que la promocionó, y después el salto a Francia, donde sencillamente la adoraron. Llegó a fijar su residencia en París, a vender más de 300.000 copias de su disco Miss Perfumado y a recibir varios premios internacionales, incluyendo un Grammy.

Una última cosa…Vi a la “diva de los pies descalzos” en concierto en Barcelona. Julio del 2004, en una actuación que hizo en el Festival del Teatre Grec. Emocionantes días a nivel personal y también musical, pues con poca diferencia asistí también al concierto en el Grec de la brasileña Daniela Mercury -magnífica, pura energía carioca-. En aquella ocasión la cantante mozambiqueña de fado Mariza fue la telonera de Cesária. Dos artistas que tienen mucho en común y que han cantado juntas. Aquí va esta pieza en una impagable actuación en directo. Según los datos reseñados en YouTube, se trata del concierto en París -sala Bataclan- del 17 de abril de 1995. Enorme grupo de acompañamiento, unas canciones y una cantante ya inmortales.

Sodade, sodade, sodade…

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Acerca de whatgoesaround

Desde Barcelona. Me fascina el misterio, y hay infinitas preguntas y enigmas sin respuesta. La música, otra gran pasión.
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8 respuestas a Cesária Évora: Sodade

  1. EmeM dijo:

    Es una entrada maravillosa, gracias por dedicarmela 🙂
    ¿Sabes?, yo a veces aún sueño con los barcos abandonados de Mindelo. Era algo que me fascinaba, por alguna razón, aquellos montones de hierro oxidado me parecían bellísimos.
    Creo que aunque estuviste pocos días, hiciste un buen recorrido y, lo más importante, ese recorrido te caló hondo, que al final es lo que importa cuando uno viaja, que un poco de su corazón se quede allí y llevarse a su vez un pedazo de alma del lugar al que fuimos.
    A mi desde luego algo se me quedó para siempre entre las montañas de Santo Antão…
    Y la música… la omnipresente música… Cesária Évora es para mi y será por siempre la banda sonora de aquellos dos años. Pura luz, lo suyo. Pura magia. Como la de su tierra.
    Como te decía al principio, muchas gracias. De corazón. Me has hecho revivir cosas hermosas.
    Un abrazo grande.

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    • De nada, también de corazón. Creo que te mereces esto y mucho más. Dos años pasaste ahí…me resulta fascinante. La verdad es que siento cierta curiosidad, me encantaría que me contaras cosas, pero igual no te apetece, y está claro que esos recuerdos te pertenecen a ti. Sí, los enormes barcos oxidados son poesía, una metáfora de la melancolía y el paso del tiempo y de la vida, que ya no vuelven. Qué hermosa la frase que has escrito, yo no podría expresarlo mejor: “llevarse a su vez un pedazo de alma del lugar al que fuimos.” Vaya, yo creía que podría llamarte -en broma- “mala hierba, nunca mueras” pero es más hermoso aún “la chica que sueña con barcos abandonados”. Pues como comento, yo aún no me había lanzado a por los discos de esta mujer, y realmente me impactó mucho su música, sobre todo ese poder tremendo de evocación, creo que uno puede casi “ver” o sentir lo que retrata, o quizá es porque hemos estado allí. No me importaría pasar una larga temporada en Mindelo. Busqué después, durante unos meses, más música de Cabo Verde y de morna -por ejemplo Fantcha- y por ahí los tengo, muertos de risa en un cajón. Creo que hemos sido afortunados, hemos conocido un rincón mágico, perdido, maravilloso.

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  2. icástico dijo:

    Una vez más coincido con Eme, no sabía que había vivido allí, tengo una amiga que vive en Cabo Verde desde hace casi 20 años, siempre tuve ganas de ir a visitarle pero el ocasión nunca fue propicia. Cuando he visto sala Bataclan se me han puesto los pelos de punta. Me gusto de arriba a abajo el post…y la titular. Comparto en facebook.

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