Khatia Buniatishvili: Precipitato (Sonata para piano n.º 7, de Prokófiev)

«… sería necio decir que no fue una foto tuya lo primero que me atrajo. Te vi en un periódico español, el artículo era sobre un concierto tuyo. […] Luego –otra vez tengo que evitar ser un necio– busqué más fotos tuyas por internet».

De esta forma tan sincera nos explicaba Jordi M. Novas en su blog cómo conoció a Khatia Buniatishvili, pianista natural de Georgia. Y fue precisamente leyendo su entrada «Carta abierta a Khatia Buniatishvili» cómo conocí a esta intérprete cargada de talento. Su entrada y el vídeo al que Jordi hace mención. Un vídeo que es y será el protagonista —final— de esta entrada. Así que muchas gracias, Jordi. Gracias también por esa sinceridad y por decir las cosas desprovistas de hipocresía y de ornamentos innecesarios. Siempre he creído y sostenido que tienes talento para escribir, aparte de mucho sentido del humor. Además ni te da miedo ni te cortas a la hora de explicar ciertas cosas, exponer ciertos puntos de vista o desvelar pensamientos que pueden resultar políticamente incorrectos. Eso está muy bien y también se agradece. En fin, un autor que no deja indiferente. Por cierto, Jordi… si estás leyendo esto (espero que sí) te recordaré que en un comentario te mencioné a otro talento femenino al piano: la japonesa Maki Namekawa. Me dijiste que investigarías. Si durante estos tres años no lo has hecho y te has columpiado de lo lindo, ya va siendo hora de que hagas los deberes. Creo que no te arrepentirás; así que aquí está esa entrada: «Maki Namekawa: Etudes No. 6 & 12 (Philip Glass)».

Khatia Buniatishvili nació en la localidad georgiana de Batumi, a orillas del Mar Negro, el 21 de junio de 1987. Unos años realmente convulsos, si tenemos en cuenta que Georgia todavía formaba parte de la Unión Soviética y que se independizó de ésta en 1991. En el “About” de su propia página web, al que acabo de enlazar, se nos dan algunas pinceladas de las dificultades vividas por Khatia y su familia:

«Khatia (…) conoce el precio de la libertad y la independencia, y comprende la energía necesaria para mantenerse erguido en la vida. El ejemplo de sus padres no pasó desapercibido. Durante el período caótico que atravesó su país, los padres de Khatia tuvieron que mostrar un gran ingenio para mantener a raya la pobreza. Su madre, que la introdujo a la música, cosía magníficos vestidos para sus dos hijas con trozos de tela que recogía aquí y allá. Las hermanas vieron ante sus ojos un modelo de creatividad para sonreír ante la adversidad».

En un interesante artículo publicado en interlude.hk se hace un breve resumen de su biografía (en la que no profundizaré). Algunas líneas también hacen referencia a esas dificultades en la infancia. Volveré sobre este artículo (fragmentos en color rojo) un poco más adelante. La propia pianista explica:

«Desde el principio, pude probar qué es la verdadera disciplina y cómo un ser humano puede desarrollar su mundo imaginario en medio de una agenda ocupada y difícil tanto mental como físicamente».

Nuestra protagonista tiene una hermana mayor, Gvantsa. Ambas aprenden a tocar el piano a muy temprana edad. Khatia, a los tres años. Su madre les ponía enfrente una partitura musical diferente cada día. A los seis años debuta en público con la Tbilisi Chamber Orchestra con el Concierto Op. 44 de Isaac Berkovich. El éxito es tal que es invitada a un tour internacional con dicha orquesta. A la edad de 10 años debuta internacionalmente.

Gvantsa y Khatia
Khatia de niña (en su cuenta de Pinterest)

En Tbilisi recibe lecciones de música, y posteriormente el pianista y profesor Oleg Maisenberg la convence para que se vaya con él a estudiar a Viena. Allí, en la University of Music and Performing Arts Vienna se convierte en una estudiante ávida de conocimientos…

«I wanted to absorb everything I could, and the University had virtually unlimited knowledge on offer».

Su verdadero salto a la fama internacional se produce en el 2008, cuando gana el Tercer Premio y el Premio Público del prestigioso concurso “Arthur Rubinstein International Piano Master” de Tel-Aviv. El mismo año es invitada a tocar en el Carnegie Hall, y en el 2010 es fichada como artista exclusiva por Sony Classical. En el 2011 saca su primer disco, dedicado al compositor y pianista austro-húngaro Franz Liszt. El álbum incluye, entre otras piezas, la Sonata en B menor, Liebestraum y el Primer Vals de Mefisto. Liszt es uno de los grandes héroes de la música para Khatia.

«Liszt is constantly pushing back the boundaries of what is possible. He innovates and is generous, bringing together popular and academic styles, the profane and sacred, nature and poetry – he transcends whatever he touches». (En su “About”).

En el 2012 edita su segundo disco, dedicado a Chopin, y en el que incluye su Concierto para piano n.º 2, acompañada de la Orquesta de París y Paavo Järvi. Stephen Pritchard, escribiendo en la sección de cultura de The Guardian, afirma sobre la pianista y el disco:

«This is playing straight from the heart from one of today’s most exciting and technically gifted young pianists».

En otra crónica escrita en el 2011, el mismo crítico valora a Khatia interpretando varias sonatas para piano de Beethoven en el Reino Unido…

«… to hear the extraordinary Georgian pianist Khatia Buniatishvili play three Beethoven sonatas last week. Though aged just 24, she has already been justifiably hailed as one of the great pianists of the future. She’s an exciting risk-taker».

En el 2019 sacó un álbum dedicado a Schubert. En él interpreta la última Sonata para piano escrita por el compositor austríaco, la n.º 21, D 960, y los cuatro populares Impromptus D 899. Lo destacable es que ella misma se caracterizó, para la portada del disco, de Ofelia, el personaje de Shakespeare, enamorada de Hamlet y que después de haber perdido la razón cae a un arroyo y muere ahogada…

¿Y por qué esta caracterización? Según se explica en una reseña del citado álbum, en la web revistamusical.cat, hay un fuerte simbolismo detrás. Os lo pongo tal como lo he encontrado, en catalán:

«La portada del disc –la mateixa Buniatishvili caracteritzada d’Ofèlia prerafaelita, amb un ram de flor blanca i la mirada perduda flotant sobre un rierol– suggereix que la bellesa de les melodies de Schubert és només el maquillatge que mira de tapar i guarir l’experiència del dolor; el sentiment o pathos que el romanticisme abordà com mai abans, apostant per la sublimació artística dels impulsos del cor».

(Rierol: riachuelo. Guarir: curar. Mai abans: nunca antes).

Según la citada reseña la pianista, al respecto de Schubert, posteó en sus redes sociales:

«Amar-lo suposa veure la bellesa oculta en les ombres del dia a dia, i comprendre l’art de la paciència».

Y… ¡acabo de encontrarme esto, hace un rato! ¡Qué sorpresa… y qué bueno! Imposible no incluirlo a continuación…

Buniatishvili posee ya un buen puñado de discos sacados al mercado. Como hemos visto, acostumbra a dedicar cada álbum a un compositor en particular, aunque también hay álbumes dobles y recopilaciones. Se puede apreciar que sus inicios discográficos fueron potentes y prometedores. De hecho, un simple repaso a sus discos y actuaciones nos permite constatar que ha interpretado a la inmensa mayoría de vacas sagradas de la música clásica: Chopin, Schumann, Mozart, Beethoven, Grieg, Rachmaninoff, Mussorgsky, Stravinsky, Ravel, Liszt, Schubert, Prokofiev, Johann Sebastian Bach, Brahms…

En cuanto a su estilo, Khatia imprime un fortísimo sello personal a sus interpretaciones. Como ella misma ha afirmado, el ser humano —como no podría ser de otra manera— ha de estar en el centro del arte, y ha de poder expresar su propia sensibilidad. Esta interpretación tan personal de las obras ha generado como era de esperar controversia y disparidad de opiniones. Parece claro que Khatia no se distingue precisamente por seguir la ortodoxia. Por algunas reseñas que he leído de forma rápida, acostumbra a llevar las cosas al límite y a tensionar los tempos de las partituras. Es decir, a hacer los Largos o los Adagios aún más lentos y pausados y por el contrario las partes más intensas y enérgicas mucho más rápidas de lo que suele ser habitual. Y esto ha provocado que reciba unos cuantos palos de la crítica. Es, como afirmaba Pritchard en sus apreciaciones, una artista que asume muchos riesgos. No deja indiferente, sorprende al público, y gustará más o menos. Para mí, voy a decirlo a nivel personal, todo lo que he escuchado de ella en YouTube me ha parecido sen – sa – cio – nal.

Hay algunos otros apuntes de su biografía que podemos mencionar:

— Se me olvidó decir que está establecida en París y que en el 2017 obtuvo la nacionalidad francesa;

— Ha recibido algunos premios más. No los he puesto por no abrumar. En la Wikipedia en español están;

— Internacionalmente ha sido aclamada, en líneas generales, y es una pianista muy solicitada para actuar en diversos festivales y escenarios;

— Ha tocado y grabado con directores de primera talla mundial. El mismo Paavo Järvi. O Zubin Mehta;

— Parece que es amiga personal de la aclamada pianista Martha Argerich;

— El activismo social y político está entre sus ocupaciones y preocupaciones…

«Her music is fundamentally bound to political activism, as she is involved in numerous social rights projects…».

«Khatia Buniatishvili refuses all invitations to perform in Russia as long as president Putin is in power».

Toma ya. Leyendo algunas cosas me gusta aún más y me cae todavía mejor.

¡Ah!… y volviendo al tema de su controvertido y personal estilo interpretativo, he encontrado unas frases que me han gustado mucho. Lo sintetizan todo. El magazine Madame Figaro dice:

«La pop star du classique, c’est elle. Avec son look de pin-up et un jeu très libre, la virtuose géorgienne dynamite les codes».

(Jeu: la forma de interpretar, de tocar. Verbo jouer).

«Chez Khatia Buniatishvili, seul le répertoire est classique. Pour le reste, c’est no limit».

Hay otro aspecto, aparte de su estilo, que causa cierta controversia y da que hablar. Y no es difícil adivinarlo. Sí, claro: se trata de su aspecto personal, de su look, de la imagen que nos ofrece. Hablemos de ello. Sin miedo. Sin prejuicios. Sin hipocresía (es de las cosas que más asco me produce). Hay muchísimas personas que considerarán —que consideramos— que Khatia es una mujer hermosa, sensual, atractiva. Sí, claro, como todo juicio es relativo, personal, discutible. Para mí ella lo es. Atrae las miradas y atrae la atención. También en mi caso. Muy probablemente —vamos, casi seguro— concitará deseos. No pocos medios la califican de sexy, y seguro que algunos no se cortan un pelo y la consideran caliente, o tórrida. Hablo a nivel visual, no confundamos las cosas. Tampoco me parece una burrada absurda decir que parece que ella saca partido de esa imagen, de ese atractivo, de ese torrente de sensualidad. Lo “explota”. A mí me parece muy bien. Obviamente, entrar en toda esta serie de consideraciones significa que también habrá gente a la que todo esto le moleste, le escandalice. Que la critique o la condene. Que la tache de provocativa. Va provocando. Aquí está, a mi juicio, el verdadero problema y la verdadera lacra: estar ya juzgando a las mujeres por su aspecto, la forma en que visten, los centímetros cuadrados de epidermis que exhiben, etc. Es una canción muy vieja, por desgracia. Los signos del patriarcado, de los muchos tics machistas que aún están incrustados en la mayoría de sociedades. Y todo esto lleva asociado una dosis de discriminación, opresión, dominación y condena, a veces pública y mediática. A veces moral o religiosa. Aunque “me esté poniendo serio” creo que honestamente las cosas son (bastante) así.

Antes mencioné un artículo en interlude.hk. Lo hice porque lo consideré interesante y porque se hace una serie de preguntas, en torno a esa imagen pública y sensual de la pianista. Acerca de la disparidad de opiniones que provocaba esto. Sí, es una artista con bastante repercusión mediática: aparece en shows televisivos, en portadas de revistas de moda y glamour, en muy diversos medios, en redes sociales, e incluso en la prensa del corazón por algún que otro sonado flirteo. Todo ello al lado de su valía profesional y artística. De su reputación. Dicho artículo nos plantea este aparente “dilema”, o estos aspectos que a algunos/as les parecerán contradictorios (o que chirrían):

«Y es su apariencia con atuendos con escotes a menudo pronunciados lo que le ha valido varios apodos, incluido el de “Betty Boop” del piano y “la estrella del pop del mundo de la música clásica”. Para algunos, Khatia es un fenómeno que “excita al público clásico … sacude y trastorna este frágil mundo”. Para otros, ella es una “Lady Gaga o Beyoncé que anhela la atención, con la moda como el mejor tipo de proyección”. Para mí, esto simplemente plantea la pregunta de qué es lo que hace que Khatia Buniatishvili funcione».

Ahí lo tenemos. Poniendo el dedo en la llaga. La aparente contradicción. La polémica en potencia. O el chismorreo y el comentario servidos. Más adelante añade:

«Paralelamente a su rápido ascenso a la fama, Khatia está decidida a seguir su propio camino. Y una vez que se sienta al piano, todo se pone en marcha, incluida la actitud, la emoción y el atuendo. Khatia Buniatishvili es inflexible acerca de la libertad de sus interpretaciones y defiende su derecho a “reapropiarse de cada obra y realizarla sin respetar necesariamente la tradición o el modelo impuesto por sus antecesores”».

Para concluir:

«En cuanto a las actuaciones musicales de Khatia, se las ha calificado de “inquietantemente originales” o “más allá de la excentricidad del planeta Pogorelich”. Este desacuerdo fundamental depende de cómo los comentaristas interpreten los aspectos comunicativos de la música, y eso seguramente incluye la vestimenta y todos los demás aspectos interpretativos».

Con lo de “planeta Pogorelich” se refiere al pianista nacido en Belgrado Ivo Pogorelich. Supongo que se refiere a la intensidad que pone este pianista en sus interpretaciones. También a un cambio de look que al parecer protagonizó. Y a algunas experiencias vitales muy fuertes que le han marcado, como la muerte por cáncer de su mujer. No le conozco, ni su historia. Será una mezcla de todos estos elementos. Dice El País en una crónica (y curiosamente hay detalles que coinciden con las actuaciones y estilo de la georgiana):

«… ese pianismo hiperbólico que cultiva el croata en su obsesión por hacer sonar su instrumento como una gran orquesta. Una versión que estira los tempi, acuchilla las articulaciones, dinamita las frases y estresa el sonido del piano. […] Pogorelich toca como si estuviera condenado a revivir sus tragedias personales. Y el piano fuese su catarsis».

Lo de “Betty Boop” me ha hecho mucha gracia. Y a ver… es totalmente cierto (y antes de empezar el artículo ya lo sabía): a Khatia le han endosado el apelativo de “la Beyoncé del piano”. Suena irrisorio y ridículo. Forzado, innecesario. ¿Meando fuera del tiesto… o no tanto?

Por más fotografías que miro, no logro entender lo de “la Beyoncé del piano”. ¿Por qué será que le han puesto este ridículo apodo?
Sigo sin entender los motivos de tal comparación, por más fotos que mire. El sentido del humor que no falte. Pues me parece muy bien que se fotografíe de esta guisa. A mí me mola la foto.
¿Atractiva? ¿Sensual? ¿Guapa? ¿Sexy? ¡¿Caliente?! Cualquier cosa que digamos será juzgarla, y en verdad no deberíamos hacerlo…

Seguro que muchos otros medios ponen sobre el tapete esta combinación en el caso de la pianista: su talento, sus cualidades interpretativas, por un lado, y su look, sus atuendos, la carga erótica asociada. Reflexiones, preguntas. Sin ir más lejos, el artículo que he mencionado antes, en Madame Figaro, también recoge estos distintos aspectos de su figura. Leamos. Lo expresan muy acertadamente:

«D’accord, la dame est bien roulée et aime le montrer, un peu comme si Betty Boop s’était réincarnée en star du piano, avec décolletés plongeants devant comme derrière, port de madone et débit réfléchi. Mais la virtuose sexy a du tonus et du répondant. Elle reçoit dans son salon blanc, assortie au noir du piano à queue – talons hauts, legging et col roulé. Ses cheveux de jais encadrent ses lèvres carmin».

«De acuerdo, la dama tiene curvas y le gusta lucirse, casi como si Betty Boop se hubiera reencarnado como una estrella del piano, con escotes pronunciados por delante y por detrás, con el porte de una Madonna y un flujo pensativo. Pero la virtuosa sexy tiene tono y capacidad de respuesta. Ella entretiene en su sala de estar blanca, a juego con el negro del piano de cola: tacones altos, pantalones elásticos y cuello alto. Su cabello negro azabache enmarca sus labios carmesí».

Y todavía unas últimas claves para entenderlo todo. Y entenderla a ella:

«Au piano, c’est différent, rien ne l’arrête».

«C’est la liberté de l’art. Je me permets toutes les émotions. Sans dogme ni morale».

Si tomamos el vídeo protagonista, con el Precipitato de Profófiev, encontraremos que están presentes todos estos elementos visuales o “armas de seducción”. No es nada extraño que impacte, que cause una impresión, mucho más allá de su innegable talento (o añadido a él): elegante y precioso vestido rojo. Escote. Unos tirantes finísimos. Espalda y brazos al descubierto. Y su pelo negro, salvaje. Pero sobre todo… ella, ella. Ella misma, interpretando, moviéndose, percutiendo sobre el teclado con absoluta maestría y dominio.

No es concretamente este vestido. Pero es que esta foto es tremenda.

No voy a detenerme aquí. Vamos a criticar un poco. Inicialmente iba a decir “vamos a reírnos un poco”, pero me parece que no será así. Porque cosas que podrían resultar graciosas, o ridículas, encierran detrás un alto grado de patetismo y unos comportamientos deplorables. Lo que voy a explicar no es ninguna tontería.

Si uno/a se pasea un poco por YouTube, basándose siempre en el teórico respeto por la “creatividad” de otros, o sus puntos de vista, puede encontrar vídeos bastante “sorprendentes”. O impresentables. Hay un vídeo que, literalmente, se titula “Why Khatia Buniatishvili is the worst pianist ever (but the hottest)”. Tremendo. La peor pianista de todos los tiempos. No solo eso, sino que lo importante es que ella es hot. La más caliente. Este señor, al que parece no gustarle nada la georgiana (artísticamente, quiero decir) se califica a sí mismo.

También podemos encontrar otro vídeo que se titula “Las 14 pianistas más bellas”. Creo que se ve claro lo que quiero señalar: hay personas que se dedican a hacer rankings de este tipo, al parecer dándole más importancia al aspecto externo o al atractivo físico antes que al talento artístico. Como, voy a añadir, si ser un gran (una gran, en este caso) pianista fuera algo muy fácil de conseguir. Claro, te podrán contestar que no están valorando a estas artistas por exclusivamente esto, que es un aspecto secundario o complementario. Y que están en su perfecto derecho de elaborar estos rankings, que no es tan grave. Quizá. El problema subyace detrás: el machismo y el sexismo inherentes. El, de alguna manera, infravalorar a las mujeres y sus capacidades y fijarse principalmente en sus cuerpos y su sex appeal. Es cosificar a la mujer. Convertirla en un objeto sexual, de deseo, relacionado con la atracción, con las apariencias externas. Me parecen este tipo de rankings (aunque se pueda argumentar que son “inofensivos”) absolutamente ridículos. Es como si se hiciera uno de “las novelistas más atractivas” o “las pintoras más sexys”. ¿Y por qué no “las científicas más atractivas”? ¿O las ministras del gobierno? ¿Y se hacen tantos rankings cuando se trata de hombres? ¿”Los novelistas más guapos”? ¿O “los futbolistas más atractivos”? Seguramente, pero muchísimo menos. En la abrumadora mayoría de los casos es la mujer la que es objeto de este tipo de comportamientos, o de mentalidad. Algo que puede ser insultante, o vejatorio. Discriminatorio e injusto, seguro. Aparte de simplista y estúpido.

No es fácil valorar todos estos elementos de una forma justa y equilibrada. Intento ver la realidad en su conjunto, integrándolo todo. En este caso, respecto a los seres humanos, sabiendo que sus personalidades son la suma de incontables aspectos. El aspecto externo, lo físico, la carga erótica, el atractivo sexual… son factores que están ahí pero que probablemente son secundarios. Lo cierto es que, en teoría, todos los seres humanos ejercemos atracción hacia nuestros semejantes. Que todos y todas somos seres físicos, también. De carne y hueso. Muchas veces la atracción ejercida no es por lo físico o la apariencia exterior, curiosamente. También creo que no hay verdades absolutas, y que nada es absolutamente blanco ni absolutamente negro. Los posicionamientos radicales, sean los que sean, no suelen ser aconsejables ni sensatos. Muchas veces he manifestado que, aunque me guste el lado erótico, me importe y me mueva la atracción física y sexual, me guste el cuerpo femenino, no significa por la fuerza que vea a las mujeres como meros objetos. Como simplemente cuerpos. No, no es así. Aunque mis planteamientos puedan parecer incongruentes o hipócritas. O que chirrían. Ni los seres humanos ni ningún ser vivo es meramente “una cosa”. Verlo así es una absoluta aberración. Y reivindicar, o que te atraiga la parte física/erótica/sexual del ser humano no significa considerar estos aspectos como los más importantes, o los únicos. Vuelvo a repetir que los planteamientos radicales no sirven. La actitud sabia es la de la integración.

“¿Acaso no estás tú haciendo lo mismo, cosificar a Khatia Buniatishvili al fijarte en su aspecto físico, en su sensualidad…?”, se me podrá decir. “¿Adoptando una actitud machista/sexista?”. Podría ser. Lo justo sería decir “en parte, sí”. Pero honestamente, intento verla en la totalidad de su personalidad. Si la viera como un mero objeto sexual hubiera obviado su talento tocando el piano, hubiera puesto el vídeo y poco más y hubiera dado a entender “fijaos en lo buena que está y en qué tetas tiene”. Porque, como graciosamente han dicho los franceses, es “una dama con curvas”. Pero no quiero quedarme meramente con “el envoltorio”. Sería nefasto y patético.

Hay otro vídeo en YouTube todavía peor. Se titula “She’s the BREAST pianist I’ve ever seen”, jugando con las palabras (best, “mejor” y breast, “pecho/s”). En él se cachondean (y se centran en) los grandes pechos que tiene, haciendo todo tipo de comentarios. He sentido vergüenza ajena, de verdad. Es totalmente soez, patético, asqueroso. Eso sí que es machismo cosificador. ¿Merece la pena mencionar siquiera algo tan triste? Pues creo que siempre hemos de observar la realidad en su conjunto. Nunca ignorar ningún aspecto, porque sería como si usáramos unas tijeras.

En fin, querido/a lector/a. Estoy seguro de que habrás captado el mensaje y la intención. Título del ensayo: “Khatia Buniatishvili o la libertad (y el pleno derecho) de las mujeres, de cualquier mujer, de vestir como quiera, de adoptar el aspecto o look que le plazca o considere, de ser como le venga en gana ser, y de comportarse como quiera (dentro de unas normas de respeto, convivencia…), no siendo menos ni con menos derechos que los hombres, sin miedo a ser criticadas, atacadas, discriminadas, vejadas, insultadas, condenadas, juzgadas, señaladas, etiquetadas, reprimidas, oprimidas, castigadas… y un largo etcétera”. Ése es el título del ensayo. ¿Lo he llevado demasiado lejos? Pues podemos considerar que podemos añadir perfectamente (y por desgracia): “y sin miedo a ser violadas, agredidas, maltratadas… o asesinadas”. No, no es ninguna exageración decir esto. Y en España aún menos. A las estadísticas y las noticias me remito.

Dos últimas cosas. La primera: ¿realmente es necesario usar esas “armas de seducción”, el atractivo sexual, el cuerpo, por ejemplo para cosechar más éxito o granjearse más público, en el caso de una artista, por ejemplo? No, realmente no es necesario. Pero negarle a una mujer el derecho a hacer todo eso es una auténtica aberración. Es retroceder a los tiempos de la Inquisición medieval, y entonces creo que ganan el machismo y la represión. Khatia sin duda alguna podría cambiar su aspecto radicalmente (no digo ni insinúo que tenga que hacerlo), y su talento o valía como pianista básicamente no se vería afectado. Lo cual viene a “demostrar” que el aspecto o la imagen externa, aunque importante, tiene un carácter secundario. Eso es lo que quiero transmitir. Si Khatia ha optado por eso, hay que respetarla. Ella es así y a día de hoy esa imagen es parte integral de su personalidad. Además debemos puntualizar que si un/a artista lo hace, en este caso Khatia, por una serie de motivos (decisión propia, personalidad, valentía, naturalidad…) no implica forzosamente que lo esté haciendo con el objetivo explícito de cosechar más fama, granjearse más seguidores, captar más la atención general. Puede que sí y también puede que no se persiga nada de eso. Es discutible.

La segunda y última reflexión es que no todas las mujeres ven o tienen que ver todos estos asuntos de la misma manera. Esto es un debate, potencialmente interminable. Habrá mujeres que considerarán que las, por ejemplo, artistas (o celebridades con proyección pública) que se comportan así, utilizando su atractivo físico, le están haciendo un flaco favor al género femenino, a la causa feminista y en general a la equiparación de roles y derechos. En fin, que es un debate de narices. Razones, en cierta forma, no les faltan ni les faltarán. Puedo entender en parte ese argumento. Lo que ocurre es que, repito, las actitudes demasiado radicales no me parecen adecuadas ni inteligentes. Lo que no se puede hacer es convertir al feminismo en una especie de puritanismo represor. No se trata de eso. En una especie de “aniquilación de todo aspecto erótico de la mujer”, porque “alimenta y perpetúa el patriarcado”. Creo que el único punto de encuentro en el que todas deberían estar de acuerdo (e incluyo a los hombres también) es que a las mujeres hay que valorarlas por muchos más aspectos que meramente por su cuerpo, sus atractivos o su imagen.

Si has llegado hasta aquí y leído todo… enhorabuena. Qué paciencia. Gracias y también disculpas por todo el rollazo que he soltado. Sin duda todos tenemos nuestras opiniones, más o menos apasionadas, sobre estos temas. El machismo, el feminismo, la cosificación, la sexualización, las discriminaciones… Son temas muy candentes. Y ya que me he expresado, lo he hecho explicándome un poco. Me es casi imposible despachar todos estos temas en tres frases.

Como he señalado, no quise quedarme solamente con el envoltorio. El vestido rojo y todo lo demás. Ni meramente con la ejecución del Precipitato. Y no lo he hecho. Estos días he escuchado y visto varios vídeos de la pianista. En YouTube hay bastante material. Y muy bien. Es lo que uno debería hacer si quiere conocerla más a fondo. Fantásticas sus interpretaciones. Por ejemplo…

En el Concierto para piano n.º 3 de Serguéi Rajmáninov (“Rachmáninov” o “Rachmaninoff”; no es fácil transcribir el apellido ruso). Creo que éste y el segundo concierto del ruso se sitúan entre las obras cumbre dedicadas a este instrumento. Sencillamente son genialidades bellísimas. Muchas veces he manifestado, en diferentes entradas o aportaciones de distintos usuarios, mi más absoluta admiración por Rachmáninov. Una vez más lo pongo de manifiesto. Khatia ataca esta obra maestra. Maravilloso…

Saltamos a otro compositor ruso: Piotr Ilich Chaikovski (o “Tchaikovski”). Me atrevería a decir que quien jamás haya escuchado el principio de este conocidísimo Concierto para piano n.º 1, Op. 23 quizá no vive en este mundo. Belleza y emoción. Sublime…

Khatia con el conocido Impromptu n.º 3 de Franz Schubert. Preciosa música y precioso vestido azul…

Maravillosa pieza de Liszt, el Ständchen, incluida en el álbum mencionado antes (el de Ofelia):

La también conocidísima y maravillosa Gymnopédie n.º 1 de Erik Satie…

Simplemente son propuestas. Hay mucho más ahí (Chopin, Beethoven, Grieg, Schumann…). También con su hermana. Me pareció un ejercicio interesante, a nivel estilístico, escuchar esa Sonata para piano n.º 7 de Prokófiev interpretada por otros músicos. Y así lo hice. La obra está muy bien, y es realmente tremenda. Queda muy claro que su Precipitato final es el plato fuerte. El extraordinario Maurizio Pollini, uno de los monstruos del piano del siglo XX, hace una ejecución técnicamente impecable. Ahora bien, se me antoja un poco mecánica, “plana”, algo fría. Seguramente será porque la comparo con la ejecución de Khatia. Lógico, al interpretarla ésta en directo es mucho más apasionada. La comparación me parece interesante. La Sonata “Estalingrado”

Y llegamos al final del camino. No quiero marcharme sin antes rescatar una breve frase de la entrada de Jordi. La frase me gusta…

«El amor es, por ejemplo, escucharte a ti tocando el piano».

No podría estar más de acuerdo. Si tuviera que definir qué es el amor, daría la que en mi opinión es una definición breve, profunda y precisa. Y a la vez sencilla: «El amor es ser lo otro». O «el otro». Amar es sentir una mezcla de admiración y aceptación. Es unidad, comunión, integración, fusión. En cierto sentido es trascender la dualidad sujeto-objeto. Por eso el verdadero amor y la espiritualidad están tan estrechamente relacionados. Por no decir que son diferentes caras de un mismo diamante.

Mencioné antes algo solamente de pasada: su pelo. Su rizado y negro pelo es un elemento más de su imagen, y está perfectamente integrado. Lo maneja con soltura. Nunca mejor dicho. Cayéndole por la cara y tapándosela. Viéndola se constata que esto es “marca de la casa”. Si las reflexiones sobre el amor contienen algo de verdad, diría que este manejo de su pelo tiene cierto simbolismo. A Khatia parece no importarle demasiado qué pasa con su pelo cuando toca. No le presta demasiada atención. Khatia se pierde en la música. Tal es su grado de concentración que se hace uno —una— con la música. De nuevo esa unidad, esa comunión.

Y sus manos. Son como animales feroces y rapidísimos. Aves de presa que se lanzan en picado sobre sus víctimas, las teclas. ¿Víctimas… o amantes?

La virtuosa del piano que nació un solsticio de verano y que practica meditación para, según ella, “preservar así su energía animal, positiva”. Khatia. Sensacional. Espectacular. Absolutamente apabullante y electrizante. Y como bien dice Jordi, potencialmente adictiva.

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8 respuestas a Khatia Buniatishvili: Precipitato (Sonata para piano n.º 7, de Prokófiev)

  1. Vaya articulazo te has marcado. Gracias por la mención. Enlazado está en mis redes. Humildes redes, por otro lado… Pasaré a leer con más tiempo. 😀

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  2. evavill dijo:

    No tengo suficiente conocimiento sobre música clásica como para juzgar si es buena o más espectacular que otra cosa. A mí me suena muy bien.
    Desde luego le pone pasión y es muy atractiva. Es un placer mirar cómo toca. Imagino que más si eres hombre.
    Lo que sí me pregunto es qué será de ella cuando ya no sea guapa, ¿tendrá el mismo éxito su música?
    Y otra pregunta, ¿por qué los hombres no juegan de ese modo con la baza de su físico? Ivo Pogorelich, al que has citado, también era muy guapo y digo era porque creo que ya no es joven, pero no me lo imagino en un concierto, no sé, luciendo pectoral o biceps.
    En realidad, no lo tengo claro.

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    • Hola. ¡Bueno!, tu comentario da para mucho y supongo que en parte es derivado de las reflexiones y preguntas que yo me hago. Son cuestiones que se prestan al debate. Todo este tema de la utilización del físico, el atractivo, etc.
      Sobre el talento de Khatia: creo que tiene, mucho o bastante. Tampoco soy un experto. En alguna crónica se dice: para forzar tanto las partituras y tempos y hacer interpretaciones tan personales has de conocerte y dominar las partituras a fondo. Me inclino a darles la razón. ¿Es muy buena, o muy, muy buena? La ejecución del Precipitato, brutal, debería disipar dudas. Dicen que de alguna manera “se salta” notas o que no es rigurosa con esto. No sé. Me apuesto lo que sea que la crítica internacional tendrá a otras pianistas mujeres más arriba en el ranking. Ni idea. Están pegando fortísimo pianistas chinas, coreanas… asiáticas. Ninguna sorpresa. Buena pregunta la de “qué pasará cuando no sea guapa”. Pero a la vez creo que la pregunta se desinfla sola, pues puede triunfar igualmente. Lo pensé y a punto estuve de escribirlo: claro, ella puede ponerse jerseys de lana y taparse hasta las cejas, o traje y corbata (estaría sexy igual), o enfundarse en un traje de astronauta, y ser igual de espectacular tocando. Muchas artistas femeninas no sacan partido de esto. Adele tiene un pedazo de voz, o Alicia Keys (que es bellísima), pero no las veo explotando su físico. Parte del problema es esa sexualización de las mujeres, en todos los ámbitos. Y en esto llevan las de perder frente a los hombres, por ridículo e injusto que parezca. Mira, pensé en la violinista alemana Anne-Sophie Mutter, porque también se la ha sexualizado bastante, se tiene en cuenta su físico y se hacen menciones. No sé si la conoces. Justo o injusto, esto sucede. Entonces tendré parte de “culpa” por tener en cuenta el físico y hacer observaciones. Pero casi todo el mundo las hace, y seguro que muchísimos hombres. Que hubiera escrito la entrada igualmente sobre ella lo tengo bastante claro, aunque no tuviera el aspecto que tiene, el gancho visual. A nivel musical lo que hace con esta pieza es apabullante. Esto es complicado. Este aspecto puede jugar a tu favor y en tu contra. Se la critica por esto, y seguro que a muchas mujeres puede incomodarles. ¿Ella se ha prestado y presta a ese juego? Si no se siente incómoda ni utilizada, o mujer objeto o florero, pues bien, hay que respetarla. Si quiere explotar su sensualidad de forma natural, sin comerse el coco con moralinas o remordimientos me parece muy bien también.
      Es verdad lo que dices de los hombres y también lo pensé. Otros explotan su físico, aunque parecería que en líneas generales menos. Parece que en el mundo del cine podríamos hacer una excepción, y parece lógico que ellos y ellas jueguen esa baza. Pero es que esto también se da en la música, instalada plenamente en el negocio y el espectáculo. Cierto, no ves a Dylan luciendo tipo, o a Neil Young, pero sí hemos visto hacerlo a Mick Jagger, Bowie o Freddie Mercury.
      Ah… vuelvo a lo de “cuando ya no sea guapa”… No es el fin del mundo para una intérprete de música clásica, menos si eres buena. La Caballé en principio no triunfó por el físico, por ejemplo. Y no olvidemos nunca que el atractivo y la belleza son conceptos discutibles, personales, relativos. Lo malo es mutilarlo a lo estrictamente físico o exterior. ¿Estoy yo dando a entender que la Caballé era horrorosa, no atractiva? No.
      En fin, lo estrictamente correcto sería valorar lo artístico y el talento desconectado de otros factores. Así debería ser. A mí me importaría tres pepinos si los Beatles hubieran sido los cuatro tíos más feos y horrorosos del planeta. ¿Me explico?
      Tema para el debate.

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    • Por cierto… escribo y busco en Google: “las mejores pianistas MUJERES actuales”… y adivina… las primeras entradas que me salen, varias, hacen referencia todas a hombres. LOS mejores. No sé, Google debe ser tonto, ciego (no sabe leer) y machista. Para que veas. Este es el mundo en el que vivimos, en buena medida.
      Pues se nombra mucho a Mitsuko Uchida. De nombre ya la conocía, es relativamente famosa. También a Helene Grimaud (no sé…). Y a Valentina Lisitsa. También la conocía. Apareció en mis entradas sobre Glass. Otra que se nombra muchísimo, y de hecho me ha aparecido muchísimo en YouTube (y tocando con Khatia) es la china Yuja Wang. También del 87. Wang también es atractiva y destaca por algunos de los modelos que se pone, nada clásicos. O sea, parece sacar partido de la imagen también. Podría decir en otras palabras que llama la atención simplemente a nivel visual. Pues parece buena, de las mejores.
      Se nombra también a la vasca María Zabaleta. Y mi debilidad es Maki Namekawa. Me parece muy buena. Sin duda tiene que haber más, digamos razonablemente jóvenes.
      Besos.

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  3. Muy interesante este descubrimiento, gracias Whatsgoesaround!!
    Como mi tocaya, Evavill, no tengo muy claro si me gusta o no este enfoque sexy en algunas pianistas.
    A mi me parece que prefiero que nada me distraiga de la pura interpretación musical, ni los atuendos, los aspavientos, en fin, lo accesorio.
    Últimamente estoy viendo muchas mujeres (algunas eslavas, sobre todo) que se ponen a interpretar como para una peli. Si lo hiciera algún tio, creo que me daria la risa… No se…
    Recuerdo una interpretación de Maria Joao Pires en el Teatro Real que me dejó literalmente flotando. Y no recuerdo su rostro, o lo que llevaba puesto. Sólo sus manos, que podia ver en las pantallas de las paredes (estaba en el gallinero, como quien dice). Unas manos pequeñas, fuertes y muy muy rapidas. Cómo corrían sobre el teclado!!! Y con qué belleza y sensibilidad tocaban…
    Concluyendo, escucharé a esta mujer porque respeto muchisimo tu criterio musical, y si me distraigo, lo haré solo en audio, a ver qué pasa😂😂
    Un abrazo muy cariñoso y mis felicitaciones por todo lo que escribes y compartes.

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    • Gracias a ti por la atenta lectura y el extenso e interesante comentario.
      Creo y supongo que Khatia estará entre las 15-20 mejores pianistas mujeres a nivel mundial. Aparte de esto, este Precipitato y cómo lo interpreta ella, con total fuerza y pasión, me parecen brutales, una gozada. Pero no es menos verdad que aparte de la interpretación me llamó mucho la atención su físico. Sí, claro, su enorme sensualidad, su melena, sus pechos, sus escotes, sus vestidos, etc. Si fuera una pianista mala o mediocre otro gallo cantaría, pero no creo que sea el caso. Y claro, todo esto abre un enorme debate… el tema de explotar tu imagen, de la sexualización, etc. (Me) da la sensación de que esta sexualización se da mucho más en mujeres, y que ellas mismas se prestan o lo llevan a cabo con aparente naturalidad o un sinfín de propósitos, acaparar más miradas y seguidores también. Estoy muy de acuerdo en todo lo que dices: si lo hicieran en igual medida los hombres (respetable igualmente) quizá se vería raro y hasta algo cómico. Lo cual viene a corroborar cuánto las mujeres en profesiones con proyección pública juegan la baza del físico. Y también coincido: nada debería distraernos del estricto talento artístico e interpretativo, del puro arte, de las obras, etc.
      Es curioso porque a punto estuve de crear otra entrada que enlazara con esta. Sí, porque la pianista china Yuja Wang, una de las mejores, también se viste con atuendos muy llamativos y sexys. Se levantó una verdadera polvareda cuando dio un concierto con un vestido naranja muy ajustado y corto, donde lucía piernas y su buen físico. “Distracción” a tope. Un crítico la puso un poco a caldo por ello, recriminándole lo atrevido del atuendo, y lo que pasó fue que a su vez al periodista se lo comieron vivo por su puritanismo y cortedad de miras. En fin, gracioso e interesante. Como digo, ahí está el debate. Wang reivindica el derecho a vestirse como le dé la santa gana, y arguye que si estas composiciones están llenas de belleza y pasión por qué no exhibir todo esto también en la forma en que te vistes, tocas, etc. Desde este punto de vista (tomándolo con absoluta naturalidad) no le falta razón. El problema de tener una mente que se escandaliza si ve a una mujer con un vestido ajustado o considerado sexy no es de quien se lo pone, sino de los que empiezan a pensar ciertas cosas.
      Como sea, Khatia y Yuja, aparte de no cortarse, son excelentes pianistas. Y repito, el Precipitato es formidable.
      Un abrazo con mucho cariño también.

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  4. Gracias a ti la escucharé con atención y cariño, porque tú lo vales!!!

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