Samuel Barber: Adagio para cuerdas / Platoon / Vladimir el loco

Cuatro imágenes de la ciudad de Irpin. Putin dice que está «liberando» Ucrania…

La guerra. La guerra esta vez en Ucrania. Una más. Las guerras. El horror. El infierno. La pesadilla. Se nos quedan cortas las palabras, las consideraciones y los adjetivos para describir y condenar tanta barbarie, esa pesadilla hecha realidad. Lo que está sucediendo es muy fuerte, muy serio, muy triste. Lo que está sucediendo es absolutamente demencial. Podríamos calificarlo de «increíble» —porque provocara nuestra incredulidad—, pero por desgracia esto sería cierto solo en parte, pues las guerras parecen consustanciales al ser humano y a toda la historia de la humanidad. Y sin embargo, supongo que te pasa lo mismo que a mí, algo clama dentro de ti diciendo «pero, ¿cómo puede ser?», porque si no clamara significaría la más absoluta indiferencia, significaría algo parecido a estar muerto o embotado.

A veces recuerdo un momento gracioso con una pareja sentimental que tuve. Cada vez que yo, en determinadas circunstancias, reflexionaba en voz alta diciendo «parece mentira», ella me contestaba totalmente en serio pero a la vez haciendo broma: «pero es verdad». Y nos reíamos del intercambio de frases y de la situación. Pues por desgracia aplica a lo que está pasando en Ucrania. He puesto aquí cuatro fotografías pero podrían ser y son centenares las estampas de este dantesco espectáculo —espectáculo, por cierto, casi retransmitido en directo por las televisiones, como si otro clavo viniera a remachar esa mezcla de indiferencia, impotencia y familiaridad con el horror—. Esto también me parece demencial, aunque seguro que no es indiferencia lo que sienten miles de personas al informarse de la guerra por los medios. Es tal el grado de destrucción, devastación, horror, locura y sufrimiento que faltan las palabras. Y por qué no decirlo también, de maldad y crueldad. El drama humano es de proporciones colosales, ya no solamente por las bombas y los muertos, sino por todos los que se ven forzados a huir del país. «Parece mentira», sí, que esto esté pasando en el corazón de Europa y que estemos dejando que pase. Las dimensiones del drama y de la catástrofe superan de lejos cualquier ola migratoria que hayamos visto en cualquier frontera europea. Hay un componente aquí —es opinión personal— de hipocresía, pues cuando han sido miles los migrantes que han llegado por ejemplo a las fronteras de Turquía y Grecia, parecía que los gobiernos europeos miraban hacia otro lado, algo incómodos. Por supuesto, ahora es una guerra con una cifra de refugiados que supera ya los tres millones de personas. Es decir, el drama, la catástrofe y la locura exponencialmente aumentados. Es un mal antecedente la «contemplación» de esas olas migratorias, así como es también un mal antecedente que presenciemos guerras que devastan países enteros como Siria, Libia, Irak o Yemen, conflictos enquistados como el de Palestina o crímenes de lesa humanidad contra los rohingyas en Myanmar. Es muy desagradable y triste ver que suceden todos estos hechos y que nos vamos insensibilizando frente a ellos porque, en cierta manera, no nos queda más remedio.

Refugiados sirios en la frontera entre Turquía y Grecia

Quiero dejar bien claro que cuando hablo de hipocresía no me refiero a la actitud o la reacción de por ejemplo la Unión Europea frente al estallido bélico en Ucrania, sino precisamente a sus actitudes frente a los conflictos anteriormente mencionados (de toda la sociedad en conjunto), porque parecen afectar mucho menos ya que —sí, lo has adivinado— nos quedan lejos. Parecería que existen diferentes raseros para medir. Y así va creciendo la tolerancia y la indiferencia medida (como siempre, bañada de declaraciones bienintencionadas), como si se nos fuera inyectando la dosis poquito a poquito. Hasta que la desgracia explota en nuestras narices. Entonces sí, saltan todas las alarmas. Y es lógico que salten, ante un drama como el de la guerra en Ucrania (me gustaría que se me entendiera bien). Podríamos decirlo de otra manera. A ver, por ejemplo… ah, ya lo tengo: Putin intervino directa y decisivamente para salvarle el cuello al dictador sirio y su régimen. ¿Qué hicieron las potencias occidentales? Poca cosa, por no decir nada. Y una de las (grandes) preguntas que yo plantearía, al respecto del ataque a Ucrania, es ésta: ¿cómo y por qué hemos llegado a este punto? ¿cómo hemos permitido que se llegara a este punto? No sé si se entiende lo que quiero apuntar: el camino sembrado de miguitas (guerra tras guerra) en la historia de la humanidad, incluso en los tiempos que nos toca vivir, es el mal precedente o el pésimo síntoma al que me refería. El problema es estructural, de fondo. El maldito sistema en su conjunto, el tinglado socioeconómico, los intereses que lo mueven todo. En este caso, el interés de Putin —el agresor—, pero también los intereses de muchas otras naciones. Lo de siempre. Nada nuevo bajo el sol. A tal respecto, Krishnamurti, con el que volveré más adelante, tiene algo que decir…

La humanidad somos todos y todas, del primer al último ser humano. Y por doloroso que sea hay que hacer autocrítica. Entre otras muchas razones (el sufrimiento y la muerte ya bastarían) porque el ser humano parece ni aprender ni evolucionar en positivo y erradicar las guerras. Parece, visto lo visto, imposible. Ahí van tres expresiones muy, muy manidas pero que explican en buena parte que pasen estas cosas. O sea, que si no las formulamos a la ligera invitan a la reflexión…

La primera: «El hombre es un lobo para el hombre» (en latín, homo homini lupus), una frase utilizada por el filósofo inglés del siglo XVIII Thomas Hobbes en su obra El Leviatán (1651) para referirse a que el estado natural del hombre lo lleva a una lucha continua contra su prójimo. Es gracioso, porque es muy frecuente hacer alusión a los animales (por ejemplo calificando al ser humano de «bestia»), cuando en verdad el homo «sapiens» (¿?) es más cruel, sanguinario y malvado que el más feroz de los animales salvajes.

La segunda: el ser humano es capaz de lo mejor pero también de lo peor. Y la tercera: que el cielo y el infierno están aquí mismo, en la Tierra, en el corazón y la mente de las personas, y por ende también en los actos que se derivan. Y tanto que sí. Lo vemos constantemente, ahora también en esta guerra.

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Los tristes acontecimientos que estamos viviendo me hicieron rectificar sobre la marcha y cambiar por completo el microrrelato con el que iba a participar en el reto literario del blog de Lídia Castro (en su edición de marzo del 2022). En este reto debes confeccionar un relato que tenga como máximo 100 palabras (sin contar el título) y deben aparecer los elementos mostrados en una carta y un dado. En el reto de marzo eran…

Como elemento opcional, se podía hacer alguna referencia a una catapulta o su invención. Éste fue el relato que escribí y le puse en un comentario a Lídia el 3 de marzo:

«Vladimir el loco»

Bebía vino y reía. Reía en su locura y fanatismo.
«Nos anexionaremos el país vecino —’hermano’—, ensancharemos la gran madre patria. Aunque nos separara la cordillera más escarpada… Si osan atacarnos desataremos la hecatombe nuclear a escala planetaria».
Los miembros de su gabinete eran cotorras que repetían «amén» a todo. No le importaba causar miles de muertos, también entre los suyos. Bombas, destrucción, horror, sufrimiento, refugiados.
Miraba en el reloj la cuenta atrás, ya que había mentido cínicamente sobre sus planes. Reía y reía. Nada le importaba.
«Esta decisión me catapultará a los libros de historia. La gran madre patria».

Después de escribirlo estuve pensando y la verdad es que hubiera hecho una pequeña modificación en la parte final, sin variar el total de cien palabras. Habría quedado así:

Miraba en el reloj la cuenta atrás. Había mentido cínicamente sobre sus planes. ¡Cómo reía! Nada le importaba.
«Esta decisión me catapultará a los libros de historia. El nuevo zar. La gran madre patria».

Quiero puntualizar que utilicé el apelativo «loco» digamos que para simplificar las cosas, y por imperativos de espacio, es obvio. No lo utilicé como quien asigna fácilmente etiquetas a las personas, lo cual me parece un error de apreciación muchas veces, una precipitación en la diagnosis. Y obviamente decir que una persona es A o B o C es emitir un juicio, con lo cual te arriesgas a que sea relativo o desacertado. O sea, no creo que literalmente esté loco (tampoco me gusta usar calificativos que aludan a la salud mental, pues es un tema con el que se estigmatiza a quienes padecen trastornos). No está para que le pongan una camisa de fuerza, pero sí opino que se le ha ido mucho la cabeza. Hay una diferencia y ahora voy a matizarla.

Después —ayer concretamente— estuve reflexionando sobre lo que podemos denominar «el problema del mal» (volveré sobre ello también). O sea, ¿por qué existe el mal en el mundo? ¿Por qué algunas personas obran mal? Consulté un par de textos (ya lo había hecho tiempo atrás) para ver qué dice el budismo sobre el problema del mal. Una de las cosas que dice —y estoy de acuerdo— es que los conceptos de bien y mal no son absolutos, sino relativos. Siempre algo será bueno o malo en comparación a otra cosa, y dependerá del contexto. «Bueno» o «malo» son en definitiva juicios, como apunté hace unos momentos. Así, según determinados puntos de vista una persona o un acto será bueno o no, o en una gradación determinada dentro de una escala.

Voy a lanzar la «gran» pregunta, e incluso algunas personas puedan extrañarse de que siquiera me atreva a formularla. Soy consciente de que haciéndolo hasta podría meterme en un jardín lleno de zarzales, o ser totalmente malinterpretado. Nada más lejos de mi intención que defender al presidente ruso, y muchísimo menos justificar sus decisiones y sus actos: el ataque y la invasión a Ucrania son brutales, despiadados, criminales. La pregunta es: ¿es Putin una mala persona, fundamental o intrínsecamente? Quizá contestar «sí» o «no» no nos aporta gran cosa, o al menos así lo creo. No hay verdades absolutas. Ahora bien, aunque dijéramos que Putin NO es una mala persona, me parece más útil y esclarecedor decir que desde luego no es o parece demasiado buena persona. No es desde luego un dechado de bondad y amabilidad, y si lo es lo será con «los suyos» o con quien le interese. Parece a todas luces una persona bastante fría, calculadora, dura, inflexible. Parece bastante carente de sensibilidad y empatía hacia sus semejantes. Gobierna con mano de hierro y no duda en silenciar, oprimir o incluso asesinar a disidentes o exponentes de la libertad de expresión o de prensa, a cualquiera que se atreva a criticar al régimen. Es una persona absolutamente determinada a llevar a cabo sus ambiciones, planes, deseos, sueños. Es, a mí no me cabe duda, un tirano, un dictador, un déspota. Así que desde luego dista mucho de ser buena persona. Ahora bien, creo que también ha de ser capaz de sentir cosas positivas y hermosas, de sentir amor por ejemplo. Creo que intentar hacer un juicio objetivo de este dirigente puede ayudarnos un poco a entender por qué se comporta así. Prefiero hacer eso que colgarle una simple etiqueta («es malo»). Sí, ya sé que mi postura es algo extraña y contradictoria. Quiero decir que argumentando que es un dirigente muy duro, inflexible y frío en la ejecución de sus ideales y sus ambiciones ya define bastante bien al personaje.

Van pasando los días —iré escribiendo esta entrada a trozos, en distintos días cuando tenga tiempo… y aún tardaré— y continúa la guerra, el horror, el sufrimiento, las muertes. Es una absoluta locura. Me quedé preguntándome y preguntando si Putin es realmente una mala persona. Ya sé, muchos no dudarán un segundo en contestar afirmativamente, e incluso pueden extrañarse de que llegue a dudarlo. Lo que quiero decir es que simplemente ponerle la etiqueta de «malo» (o de «loco») me parece excesivamente fácil, que es muy diferente de defender a ultranza que no es malo. Me parece, vistos los horrores y toda la devastación y muerte, que no nos equivocaríamos demasiado en calificar a Putin de monstruo, e incluso, sí, de loco peligroso. Yo hilaría más fino y lo expresaría de otra manera. Diría y digo que Putin es un fanático de los pies a la cabeza, peligroso por tanto, y que está absolutamente imbuido por unos ideales. Como he dicho, se muestra inflexible, duro y determinado a hacerlos realidad. Y se puede decir de él que es un monstruo (o un tirano) en el sentido de que parece no importarle en absoluto el precio que haya que pagar para ver materializados esos sueños, esos objetivos. Esto incluye, como desgraciadamente estamos viendo, miles de muertos, destrucción, sufrimiento… la invasión de un país entero para hipotéticamente anexionárselo y controlarlo. Son muchas las personas —con toda la razón— que ya han trazado el paralelismo con la Alemania nazi que invadió Polonia dando inicio a la Segunda Guerra Mundial, y muchos son los que se preguntan en voz alta qué hubiera pasado (y sobre todo no pasado) si se le hubieran parado los pies a Hitler a tiempo. La siguiente cuestión lógica en la que todos pensamos parece muy obvia: ¿parar los pies a Putin? Y sobre todo… ¿cómo? Se sobreentiende sin tener que verse arrastrados a un conflicto europeo o globalizado —extendido— con empleo de armas atómicas. Pues eso sería como un suicidio colectivo. Putin utiliza el chantaje del posible empleo de armas nucleares obviamente para meter miedo, amedrentar y que le dejen hacer, sabiendo que es muy difícil que le detengan de forma directa, lo que implica combatir a los soldados rusos. Soldados rusos —ya que los menciono— que por lo que está trascendiendo han ido a esa guerra totalmente engañados, ignorantes (la maquinaria del control total de la información) y con el cerebro lavado: vais a liberar a un pueblo, a una nación de una pandilla de nazis que está cometiendo atrocidades con los ciudadanos rusos, sobre todo en el Donbass. Ésa ha sido una de las ideas propagandísticas usadas.

Una de las cosas que más me «sorprende» o choca, en cuanto a Putin, es esa aparente frialdad, tranquilidad y hasta naturalidad con la que hace ejecutar sus planes y sencillamente toma la vía directa, la acción (la política de hechos consumados, creo que esta expresión lo define muy bien). No sé si son la frialdad y la tranquilidad de un psicópata y un sociópata. Muy, muy probablemente. Entonces… ¿este señor no es malo, un demonio? Como apunté, parece carecer de empatía o consideración a nivel humano, en cuanto al sufrimiento y el horror infligidos, ese altísimo peaje que debe pagar el ciudadano de a pie. También da bastante la impresión de que la vida en Rusia no está excesivamente valorada, a nivel general. Putin sería el exponente perfecto de esto, y que quede claro que ni quiero ni me atrevo a generalizar sobre todos los ciudadanos rusos. Sería imperdonable por mi parte.

Cuando he dejado caer que quizá Putin no era «malo» en un sentido absoluto e indiscutible (pues tiene sus ideales, ambiciones, etc.) pensaba también que seguramente para mucha gente, especialmente ciudadanos rusos, no será una mala persona en absoluto; simplemente un líder fuerte y ambicioso que persigue sus objetivos con determinación. Que defiende a la nación rusa, sin duda, y aquí tienen un papel clave el nacionalismo y el patriotismo. Y muchos ciudadanos sencillamente le aplaudirán y le apoyarán, y mucho más si están muy controlados los medios informativos. Con esto quiero decir que la percepción de que Putin pueda ser mala persona, o un tirano, no ha de ser algo de carácter universal. Habrá gente a quien su forma de actuar le parezca bien y lógica. Obviamente todos los palos y las críticas se las lleva principalmente desde Occidente. No hace falta decir que él sostendrá que desde el mundo occidental se le demoniza absoluta y descaradamente. De la misma manera y en el otro lado de la balanza, sabemos y tenemos muy claro que muchísimos ciudadanos rusos desaprueban su gestión y su autoritarismo gobernando, y que condenan sin paliativos esta nueva guerra en la que se ha embarcado. Un ejemplo muy claro de esto lo tenemos en la entrada de Tatiana (laacantha), en la que se declara en contra de toda esta locura absurda. Desde aquí le vuelvo a expresar mi apoyo y mi comprensión. También sabemos que han sido cientos los detenidos en Rusia por manifestarse contra esta guerra, y que por otro lado se está produciendo una injusta estigmatización de ciudadanos e intereses rusos en todo el mundo.

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Confieso que por momentos me siento un auténtico imbécil, un absoluto primaveras (un iluso demasiado bienintencionado) al preguntar si Putin es en sentido absoluto una mala persona. Insisto en que a todas luces es una simplificación. Pese a ese simplificar, parece acercarse a la realidad de los hechos con una alta precisión. Y uno de esos momentos en los que me he sentido así de ridículo ha sido al leer esta entrada en el blog de TORO SALVAJE: ESOS HUMANOS REPUGNANTES.

«Entonces fue cuando pensé
en todos esos humanos repugnantes
que miran hacia otro lado
y con argumentos de ratas cobardes
intentan justificar todo lo que está sucediendo».

Coincido totalmente. Esas decisiones tomadas en los despachos, en los gabinetes de los gobiernos, donde pesan más todas esas motivaciones y esos intereses que todos tenemos en mente: intereses económicos, las ganancias con las que lucrarse, la geopolítica, todas las luchas de poder, la ambición, el negocio armamentístico, la lucha en definitiva por la hegemonía mundial, en la que los principales actores son los Estados Unidos, Rusia, China (estos dos intentando desestabilizar, está claro) y en general Occidente y la Unión Europea (si es que pinta algo, que no parece mucho, pero sí). Ratas cobardes mirando hacia otro lado. En los despachos y también en la calle. No resulta nada fácil saber qué es lo correcto a hacer. ¿Venderle armamento a Ucrania? ¿Es adecuado y sabio contestar a la guerra con más guerra? Por otro lado, si no lo haces, ¿estás permitiendo que se masacre aún más al pueblo ucraniano, defendiéndose en una inferioridad más que evidente? Pero si armas al pueblo ucraniano, puede pasar que el conflicto se enquiste y pueda durar meses o incluso años. No creo que nadie quiera eso, ni tan siquiera Putin. Quizá no lo quiere, pero quizá es tan frío y calculador que estaría dispuesto a verse en ese escenario. Y si te involucras directamente, vendiendo armamento o interviniendo en el espacio aéreo ucraniano, puede que todo acabe en una guerra a gran escala. No es fácil, aunque lo deseable y sensato sería negociar y llegar a unas condiciones de alto el fuego aceptables para todos. No me gusta nada el papel de los Estados Unidos, por cierto. Ni el de Biden. Si bien es cierto que debe existir cierto equilibrio de fuerzas en la escena mundial, y que los EE. UU. se erigen como teóricos «garantes de la democracia, las libertades y los derechos humanos». Pero no hay verdades absolutas, nada es absolutamente blanco o negro. Putin dice que Rusia se siente amenazada por la expansión de la OTAN y el establecimiento de bases y misiles tocando a sus fronteras. No se hace mucho hincapié en esto en los medios occidentales (China sí lo puso de relieve hace pocos días en un encuentro). Los Estados Unidos, defensores de las libertades pero que a la vez tienen mucho que callar cuando se arrogan ese papel. El país que puso el grito en el cielo cuando la crisis de los misiles en Cuba. El país que invadió Iraq en busca de armas de destrucción masiva que jamás se encontraron. Etcétera.

Es cierto que no me gustaría nada un mundo bajo la hegemonía de países como Rusia o China, regímenes autoritarios donde la democracia brilla por su ausencia y los derechos civiles y libertades son aplastados. En ese sentido tomo partido claramente y prefiero la tutela de los norteamericanos y de Occidente en general. Pero distan mucho de ser perfectos en todos los sentidos, e inocentes actores solamente cargados de nobles intenciones. Para nada. Tienen sus intereses, como potencia económica que son y en el tablero de la geoestrategia y esa hegemonía en liza desde hace tiempo.

Tampoco me gusta ni convence demasiado Macron —ya no hablemos del cretino de Boris Johnson— ni otros dirigentes europeos. Y tampoco me convence Zelenski al 100%. No sé qué hace hablando a los parlamentarios estadounidenses, canadienses, británicos o alemanes. Bueno, sí, sabemos lo que hace: buscar apoyos y pedir ayuda. Quiere que se alineen sin fisuras del lado ucraniano. Es totalmente lógico, esperable y razonable que se comporte así. Se comprende, pues la nación está siendo devastada y la población civil masacrada, y Putin es sin duda el agresor que se está ensañando sin piedad. Pero no sé si Zelenski quiere o espera la involucración directa de las potencias occidentales en el terreno militar contra Putin. Eso ya es un salto cualitativo muy serio y de consecuencias imprevisibles. No sé cuál sería la solución a todo este embrollo. ¿Intervenir? ¿Hay guerras justas y necesarias? ¿En este conflicto es tan sencillo decir que hay buenos y malos? Me parece demasiado simple, aunque ni por un momento olvido que Putin es el principal responsable de esta catástrofe, el agresor a gran escala, y quien debería ser juzgado por crímenes de guerra, vistas las atrocidades que está cometiendo. Sin embargo no es el único responsable. Lo son todos, todos los actores y todos los bandos. También la OTAN con sus políticas. Por eso mismo no me gusta nada ver a los congresistas y senadores estadounidenses aplaudiendo a Zelenski, ni a los alemanes o los británicos. Me parece incluso patético, muy triste. Una forma más de escalar la tensión y de atrincherarse en bandos enfrentados. Zelenski habla de los atentados del 11-S frente a los estadounidenses y de la construcción de un nuevo Muro frente a los alemanes. Quizá me causa cierta ambivalencia de sentimientos: por un lado le entiendo, ya que es el presidente de un país que ha sido brutalmente agredido y hace lo que cabría esperar. Y lo que dice de un nuevo Muro en Europa tiene bastante sentido. Pero está usando el chantaje emocional, la propaganda y la manipulación para lograr sus objetivos. Hay que decirlo claro. Por eso me parece muy triste presenciar todos estos juegos y estrategias de los que detentan el poder, con sus «asquerosas guerras» como decía evavill. El resultado es que es la gente sencilla la que sufre, muere y ve sus vidas saltar en pedazos. También los ciudadanos rusos y los soldados rusos sufren las consecuencias de toda esa sangre fría.

Respecto a los fríos y especulativos intereses que se esconden detrás de este y todo conflicto armado, bastan 5 minutos de búsqueda en internet para constatarlo. Hay gente y empresas que se lucran, because business is business, my friends. En la web Cotizalia:

«Las armamentísticas europeas suben en bolsa ante el aumento del gasto en defensa».

Recién empieza el artículo y ya me encuentro con una frase «maravillosa» que vale su peso en oro por su elocuencia:

«(…) las acciones de las empresas vinculadas al sector armamentístico y de defensa se están convirtiendo en refugio para el inversor».

En otra web, Estrategias de Inversión, se nos dice sobre el lobby armamentístico:

» (…) las cinco mayores empresas de Wall Street de armamento acumulan una revalorización media contando dividendos acumulada en los últimos diez años del 416%.

Desde que empezara la invasión de Ucrania por parte de Rusia los gigantes del sector acumulan subidas en cotización por valor de 24.000 millones de euros. 

El mercado descuenta las mejores previsiones para estas compañías en un momento en el que veinte de los 27 países de la Unión Europea han enviado armas a Ucrania, además Estados Unidos ha aportado más de 1.000 millones de dólares en el último año al país ucraniano. Otros países como Canadá, Australia o Noruega también se han comprometido al envío de material bélico».

Maravilloso. Todo esto en un contexto en el que se está discutiendo aumentar, por parte de los países europeos, el presupuesto de defensa anual hasta un mínimo del 2% del PIB. El lobby armamentístico, porque hay otros sectores que también saldrán beneficiados: las eléctricas —siempre, siempre, siempre, qué cracks—, las gasísticas, las energías y combustibles en general, las materias primas…

A Putin seguro que le molestaría que trazáramos, aunque solo fuera mentalmente, un paralelismo entre su figura y la de Hitler. Ellos, que lucharon contra la Alemania nazi. Como nación, claro. Pero Putin no es la extinta URSS ni la actual Rusia. De nuevo asistimos a la manipulación de las informaciones y a arrimar el ascua a su sardina. No en vano el argumento de la «nazificación» de Ucrania ha sido una de las claves de esta invasión. ¿Fue Hitler una encarnación del mal, directa y en términos absolutos? Prefiero decir que Hitler fue un fanático iluminado totalmente imbuido por unos ideales. Y en la persecución de esos ideales parece que perdió el sentido de la realidad y no le importaron las terribles consecuencias que se derivarían de sus decisiones y acciones. Y estas afirmaciones para mí tienen más valor que el asignar una simple etiqueta. Estas afirmaciones aplican a Putin de una forma realmente alarmante. No hace falta ser un calco de Hitler, pero es más que suficiente para obrar de forma muy parecida. ¿Es Putin mala persona? Su frialdad y su carácter inflexible parece que le acercan bastante a eso. No hace falta contestar. Basta con decir que Putin está obrando no mal, sino muy, muy, muy mal. La destrucción, el sufrimiento, el horror y las muertes que estamos presenciando derivan de su forma de actuar. Sí, se parece bastante a lo que solemos entender por «mal». Con fijarnos en los hechos tenemos más que suficiente.

Sí, Putin está fuertemente imbuido por unos ideales. Seguramente los más destacables son el nacionalismo ruso (explotar ese sentimiento) y el conseguir devolver a Rusia a sus días de esplendor, lo cual incluye el dominio geopolítico e incluso la anexión (se vio con Crimea) de territorios vecinos, algo que se ha dado en definir como «el sueño de la Gran Rusia».

Respecto a esos ideales por los que Putin se guía, he escrito una entrada en mi otro blog, «El camino del despertar». ¿Título? Demasiados ismos, dogmas y banderas. Aunque no se ciñe únicamente al presidente ruso, sino que es una reflexión general sobre todos esos ismos o ideologías con las que se intenta controlar al ser humano, resultando una lacra y un obstáculo para el verdadero desarrollo como personas. Escribí entre otras cosas esto:

«A cierto presidente ruso muy de moda estos días le pierden los ismos. En realidad, a poco que lo pensemos, a casi todos los gobernantes y gobiernos. A todas las personas que tienen poder de decisión, a las élites de poder en todos los ámbitos de la sociedad. Y si lo pensamos un poco más, mucho me temo que los ismos están infiltrados cual virus en la mente y los corazones de la inmensa mayoría de los seres humanos.

Sí, ese presidente tan de moda tiene la cabeza llena de ismos: nacionalismo, patriotismo, fanatismo, populismo, propagandismo, expansionismo, militarismo, belicismo, victimismo, idealismo, imperialismo… ».

Sobre el tema de las banderas y las ideologías y cómo el poder manipula y utiliza a los individuos, recomiendo un texto muy contundente en el blog de Beauséant, titulado TRAS LA BANDERA. En él se pueden leer párrafos tan demoledores y ciertos como éste:

«Las banderas deben criarse con el miedo más visceral y deben beber la sangre de los patriotas, cuanto más patriotas y más convencidos, mejor».

En un más que excelente artículo en EL PAÍS, titulado PUTIN ALIMENTA EL SUEÑO DE LA GRAN RUSIA, la periodista María R. Sahuquillo nos da todas las claves que ayudan a entender cómo se ha llegado a la situación actual y los motivos aducidos por Putin para perpetrar la invasión. Muy recomendable su lectura. Cito:

«Con el orgullo nacional herido —no tanto por el fin del comunismo sino por la pérdida de la grandeza de la unión— este colectivo se siente aún humillado por Occidente por lo ocurrido en los años 1990. ‘En 1991, nos dividimos en 12. Pero da la impresión de que eso no es suficiente [para Occidente]’, incidió el presidente ruso, Vladímir Putin… ».

Más adelante:

«[Putin] alimenta el sueño de devolver a Rusia una pátina de grandeza imperial o del papel de superpotencia que tuvo en la URSS, y cultiva su misión de restablecer el control sobre los territorios que formaron aquella unión y sobre los ciudadanos, sobre todo los eslavos, a los que considera un solo pueblo».

Y todavía…

«Con su apetito expansivo, el presidente ruso quiere “restaurar” la Unión Soviética, enunció hace unas semanas la subsecretaria de Estado de Estados Unidos Victoria Nuland. Una opinión, sin embargo, que para analistas de Moscú, como Nina Jruschova, es demasiado simplista. “Putin no quiere restaurar la URSS, no es tonto y sabe que eso es imposible, él quiere un gran país, sea la Unión Soviética o no; un país que esté en el centro del mundo eslavo”, señala la experta en relaciones internacionales».

Muchísimas otras claves se desgranan, en esas difíciles relaciones de Rusia con territorios vecinos. Leer este artículo es como ver desfilar los acontecimientos que se han ido cocinando a fuego lento ante nuestros ojos, hasta llegar a la acumulación de tropas rusas en las fronteras ucranianas.

Me he encontrado con otro artículo, muy interesante, que analiza la figura de Putin y sus rasgos como mandatario. La visión se expande a todos sus años en el poder, mucho antes de la crisis con Ucrania. Hay una cosa que parece innegable: Putin se ha mostrado como un líder muy fuerte que supo reflotar a una Rusia muy hundida tras el desmembramiento de la URSS, volviéndola a poner en un lugar destacado en el tablero internacional. Cosa muy distinta es los métodos que haya empleado y si nos agradan o no. Me parece un artículo bastante objetivo e imparcial, en el blog VOX POLITIKON: El nacionalismo de Putin: una mirada al político más sobresaliente.

Sea como sea, solo veo una solución a esta complicada y dolorosa situación. La solución justa y razonable:

Parar la guerra, cuanto antes mejor.

Desde luego hay muchas posibles salidas a esta complicada coyuntura. El futuro es una absoluta incógnita ahora mismo. Una posibilidad, que a día de hoy se antoja bastante remota, sería que Putin fuera físicamente eliminado. A este respecto me sorprendió y me agradó mucho una excelente reseña que MJ RU1Z hace en su blog ELEEA BOOKS, de una novela publicada en el 2015 por Francisco J. Girao. No es una persona cualquiera, sino que por los trabajos que ha desempeñado parece hablar con cierta autoridad y conocimiento de causa. Se plantea en el libro la puesta en marcha simultánea —por parte de los gobiernos estadounidense y británico— de cinco planes para «eliminar» a Putin. Caramba, que me han entrado unas ganas tremendas de comprarme el libro…

Ojalá que acabar con una guerra pudiera hacerse de una forma tan sencilla como la que por ejemplo emplearía un niño…

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La gravedad de los acontecimientos me llevó a escribir otra entrada en «El camino del despertar», justo al día siguiente de la invasión rusa. Estuve pensando qué podría decir al respecto y se me ocurrió que sería bastante adecuado rescatar las reflexiones que hiciera Jiddu Krishnamurti al respecto de las guerras. Reflexiones que ya había leído hace bastantes años, pues tengo varios libros suyos. Éste es el enlace: Krishnamurti sobre la guerra.

No he leído un montón de artículos sesudos, acertados y geniales sobre las causas de las guerras en la historia de la humanidad. Creo que hasta el más tonto de los seres intuye la mayoría de las causas. Pero es que aparte de esto, podría decir que «no me interesan» (o no me conformo) meramente con las causas que inciden en los factores económicos, políticos, estratégicos, de ambición de territorios, religiosos, culturales, raciales, etc. Creo que las causas son más profundas y pertenecen al reino interior del ser humano. A su mente, sus emociones, sentimientos y reacciones. Para mí y supongo que para infinidad de personas las causas de la guerra se encuentran en factores como la ambición, la codicia, el egoísmo, la mezquindad, el odio, la envidia, el supremacismo, el racismo o cualquier sentimiento de superioridad y diferencia frente a otros pueblos (como por ejemplo el nacionalismo y el resto de ismos citados). Y me dejo más factores psicológicos en el tintero. Por ejemplo el miedo. Y digo que no he leído mucho al respecto y a la vez recalco los motivos psicológicos que expone K, porque en este sentido me parece el artículo más acertado y profundo que he leído y sospecho que podré leer. Insisto en que no se para a hacer análisis por ejemplo políticos, geoestratégicos, históricos, etc.

«La guerra es la proyección espectacular y sangrienta de nuestra vida diaria, ¿no es así? La guerra es una mera expresión externa de nuestro estado interno, una amplificación de nuestra actividad diaria. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales».

Más adelante llega la reflexión brutalmente acertada:

Y más…

«Cuanto más alta es nuestra posición, más deseamos seguridad, permanencia, tranquilidad, menos injerencia admitimos, y más deseamos mantener las cosas fijas, como están; pero ellas no pueden mantenerse como están, porque no hay nada que mantener. Todo se desintegra. No queremos hacer frente a estas cosas, no queremos encarar el hecho de que vosotros y yo somos responsables de las guerras. Vosotros y yo charlamos de paz, nos reunimos en conferencias, nos sentamos en torno a una mesa y discutimos; pero en nuestro fuero íntimo, en lo psicológico, deseamos poder y posición, y nos mueve la codicia. Intrigamos, somos nacionalistas; nos atan las creencias, los dogmas, por los cuales estamos dispuestos a morir y a destruirnos unos a otros».

Y todavía:

«Mientras cada uno de nosotros busque seguridad psicológica, la seguridad fisiológica que necesitamos ‑alimento, vestido y albergue- se ve destruida. Andamos en busca de seguridad psicológica, que no existe; y, si podemos, la buscamos por medio del poder, de la posición, de los títulos, de los nombres, todo lo cual destruye la seguridad física. Esto, cuando se lo considera, resulta un hecho evidente».

Recomiendo naturalmente la lectura completa del texto, que en realidad está recortado. Estas reflexiones del filósofo indio fueron publicadas en un libro en 1954. Termino esa entrada con una cita de El Kybalión, obra que resume las enseñanzas del hermetismo:

«Nada hay fuera del Todo. Correspondencia. Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera».

«Como es adentro es afuera». Laacantha, con quien he mantenido un interesante cambio de impresiones sobre estas ideas, me ha señalado que a la inversa también ocurre: las circunstancias exteriores conforman e influyen en la personalidad e identidad de las personas. Tiene razón, aunque creo que solo en parte. Sigo creyendo y sosteniendo que existe «algo» más profundo, que no es otra cosa que la verdadera identidad humana, que en verdad permanece inafectada frente a la realidad «externa». Y también, como le he dicho, en realidad creo que esa división fuera-dentro, sujeto-objeto es ficticia, puramente mental o psicológica. Y además esto puede experimentarse y comprenderse a un nivel más profundo que el meramente intelectual. Sí, soy consciente que puede sonar extraño.

Pero volviendo al «como es adentro es afuera» y a las palabras de K que apuntan a factores internos, psicológicos, mentales, que explicarían las guerras… quizá a muchas personas esto pueda sonarles demasiado abstracto, teórico, filosófico, místico, ideal, desconectado de la realidad. ¿Cómo lo veo yo? Como Krishnamurti, obviamente. Exactamente igual. Las guerras son la expresión extrema del conflicto humano, cuando ya se desatan una violencia, odio e irracionalidad totales. ¿Y por qué el ser humano está siempre en conflicto? Muy fácil: porque se siente insatisfecho, inseguro. Porque tiene miedo. Porque es ambicioso, vanidoso y envidioso. Todo ello factores psicológicos. Si no sintieras envidia o codicia no te importaría que el país vecino tenga unas imponentes minas de oro u otros recursos que superan los tuyos. Así que al que me diga que estas causas internas en verdad no cuentan y que el análisis de K es demasiado teórico o difuso, le diría que en mi opinión, «para nada». Lo expresaré de una forma mucho más concreta y tangible: todos los dolorosos acontecimientos que estamos viendo, la invasión de Ucrania, la guerra, la destrucción, la irracionalidad, el sufrimiento, la muerte… son la consecuencia directa o la traducción en el mundo «real» de los ideales, ambiciones, objetivos y delirios que el señor Vladímir Vladímirovich Putin tiene metidos en la cabeza. Lo de «dentro» acabó saliendo como una letal erupción volcánica hacia «afuera», arrasando con todo. ¿Acaso no es así? Incluso podemos ampliar la mirada y decir que si bien Putin es el agresor y principal culpable, los acontecimientos que estamos viviendo son la consecuencia en el mundo real de las ambiciones, los intereses y los deseos que los distintos países y sus mandatarios albergan.

Krishnamurti reflexionaba a menudo, en sus charlas y libros, sobre una cuestión, haciendo una serie de preguntas fundamentales que se derivaban. Se trata de lo siguiente: estructuramos nuestra identidad individual en base a una imagen de nosotros mismos, lo que se conoce como «yo» o «ego». Es una imagen, una idea, que no solamente mostramos a los demás y al mundo, sino que nos creemos en buena medida, nos identificamos con ella (dependerá de la persona), algo que el titular de este blog denomina «el personaje». Sí, nuestra vida transcurre como una obra de teatro, una tragicomedia. Interpretamos un papel y lo curioso es que a la vez somos el protagonista y el observador. Esta imagen o ego va asociada a una serie de factores como el orgullo, la autoestima, la idealización, la distorsión respecto a lo que y cómo verdaderamente somos, la reputación, la posición social y un largo etcétera. La pregunta fundamental es: ¿qué ocurre cuando sentimos y pensamos que nos han herido, nos han atacado, nos han criticado, nos han insultado, nos han lastimado, nos han ofendido, nos han despreciado, nos han ignorado, nos han infravalorado, nos han tratado con desprecio, frialdad, indiferencia o burla? Y podríamos seguir con más supuestos por el estilo. Pues obviamente sentimos que esa imagen resulta lastimada, dañada, que es atacada. Y con ella todo lo que lleva asociado, como el orgullo o las cualidades que nos arrogamos. Nos sentimos heridos o atacados. Pero quien se siente de verdad herido es el ego, ni más ni menos. Y entonces surgen toda una serie de emociones negativas como el odio, la aversión, el resentimiento, la sed de venganza… quizá el miedo, el apartarse, la indiferencia, el «pagar con la misma moneda»… y también un largo etcétera.

Reaccionamos así porque al sentirnos lastimados sufrimos, y junto al dolor llega el enfado. Y aquí señoras y señores, empieza todo. No son tantas las personas que de forma clara, honesta y profunda pueden ver y admitir esto. Y son rarísimas las personas que con cierta o bastante asiduidad no le están poniendo velitas a San Fadao. Veneramos demasiado a este personaje. Y solemos oír argumentos del tipo «es normal que te sientas herido», «es normal que reacciones», «es que somos humanos». Y ahí, insisto, empieza todo: se destapa la lámpara por donde sale el genio de las emociones negativas. Me parece que son miles de serpientes, más que un genio.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la guerra? ¿No es una extrapolación absurda, fuera de lugar? A mí no me lo parece. Cuando nos enemistamos o enfadamos con alguien iniciamos muchas veces «una guerra particular». Potencialmente podríamos, por ejemplo, pincharle las ruedas del coche, putearle en el trabajo, pegarle una paliza, o incluso asesinarle. Estas cosas por desgracia ocurren.

«La guerra es una mera expresión externa de nuestro estado interno, una amplificación de nuestra actividad diaria. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales».

Entonces tenemos la inmensa desgracia de que Vladímir Putin hace bastante tiempo que le está poniendo velitas a San Fadao… y dispone de un poderosísimo ejército e incluso de armamento nuclear. No creo que todo lo expuesto aquí sobre el ego y la imagen de uno mismo herida sea una idea estrafalaria para explicar las guerras. En el artículo de EL PAÍS mencionado se dan algunas de las claves: el nacionalismo ruso, el orgullo nacional que se siente herido y decide reconquistar lo perdido; Rusia se siente humillada y atacada por la desmembración de la URSS; Putin adopta todo este ideario y actitud para apelar al nacionalismo y el patriotismo y justificar sus actos, sosteniendo entre otras cosas que Occidente se regocijó con la desaparición de la URSS y el debilitamiento de Rusia, a la que no quieren ver fuerte de nuevo. Todo este arsenal ideológico donde «la imagen propia» se presenta como atacada y herida, al igual que pasa con los egos personales. O dicho con otras palabras: todo el victimismo que una persona puede emplear a título individual es el mismo que está usando Putin tomando a la nación rusa como el sujeto (objeto en este caso) de los ataques y las humillaciones.

De ahí que haga esta última reflexión: me parece que las naciones, con sus fronteras y banderas, son una mera proyección o un paralelismo en clave colectiva o global de la identidad individual o ego. Las semejanzas son muchísimas. Entonces, como se funciona en base a esa separatividad e individualidad, esa identidad diferenciadora colectiva o individual… ¿qué ocurre? Que se gestionan mal esas diferencias y los potenciales motivos de controversia o disputa, y entonces el sufrimiento y el conflicto están asegurados.

Me comentó laacantha, tras leer completo el texto de K —se lo agradezco mucho— que sus ideas eran muy buenas pero que lo que proponía era utópico, pues esa trasformación radical del individuo es extremadamente difícil. Es cierto, es muy difícil. Sin embargo no creo que sea literalmente imposible. Diría que este mundo, que siempre ha sido convulso y estos días no son una excepción, necesita seres que aporten luz, sabiduría, claridad, comprensión, amor, inteligencia, empatía. Huyendo de todo sentido mesiánico o religioso del término «luz». Me estoy refiriendo a claridad de ideas, a sentimientos nobles, a inteligencia y sabiduría. Sí, vivimos acontecimientos terribles. Laacantha me decía que este mundo necesita fe. Yo diría que, a pesar de las horribles circunstancias, nada debería hacernos perder la fe en el ser humano. Seguramente necesitaríamos una especie humana más evolucionada, más comprensiva, inteligente, amable y compasiva. Quizá jamás lo veremos y sucumbiremos en el intento. No sabemos.

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Hace ya bastante tiempo consulté en internet cuál era la visión del budismo acerca de lo que podríamos denominar «el problema del mal». Puesto que me pareció una explicación bastante acertada, volví a mirarlo hace unos días. ¿Y por qué la visión del budismo? Pues porque esta doctrina me inspira fiabilidad, ya que extrae sus conclusiones —enseñanzas— y su sabiduría de la observación del mundo y fundamentalmente de uno mismo. La autoindagación, la introspección, la observación, la investigación profunda, lo que se ha dado en llamar «meditación», pues son necesarias la paz y la quietud mentales para justamente entender cómo funciona la mente. ¿Por qué me «acojo» al budismo si en el fondo es un ismo más, algo sobre lo que he lanzado una alerta? Bien, creo que los ismos son nocivos cuando son acogidos en exceso y a ciegas, como verdades absolutas. El budismo siempre te dice que lo pongas absolutamente todo en duda y que investigues, descubras y experimentes por ti mismo. De hecho hay una expresión que reza «si encuentras al Buda (por el camino) mátalo», en el sentido de no aceptar ninguna autoridad externa (extremo que también sostenía Krishnamurti, en absoluto budista). Puesto que defiende la libertad del individuo a todos los niveles y que te valgas por ti mismo (en el fondo solo tú eres tu verdadero maestro, finalmente) me inspira confianza. No considero que el budismo me haya «comido el coco». Simplemente hay una gran afinidad o coincidencia de planteamientos.

Además, y lo digo de forma franca, directa y sincera, no me interesan demasiado las explicaciones que puedan dar las religiones sobre el problema del mal, implicando en el proceso a un dios o ser superior (no considero al budismo una religión, sino un sistema de pensamiento o filosofía; si bien tiene una faceta religiosa, de culto formalizado, no le presto ninguna atención. Mi atención se dirige hacia sí misma, hacia la propia mente). Respetando todas las creencias, doctrinas y formas de pensar, una explicación de este tipo ni me convence ni me satisface:

«El problema del mal es la pregunta de cómo reconciliar la existencia del mal con la existencia de una deidad omnisciente, omnipotente y omnibenevolente.​​​ El argumento del mal afirma que debido a la existencia del mal, o Dios no existe o no tiene alguna de las tres propiedades mencionadas».

¿Por qué hemos de implicar a un supuesto Dios? No, gracias. ¿Qué nos dice el budismo sobre el mal? Veamos…

«Según el budismo, el bien y el mal son aspectos diferentes, pero naturales, propios e inseparables de la vida; de acuerdo a lo cual, no se puede catalogar a ningún individuo ni grupo de individuos meramente como “buenos” o “malos”. Todo ser humano es capaz de actuar con suprema nobleza, así como también con maldad. De acuerdo al budismo, el bien y el mal no son cualidades absolutas, sino relativas. Un acto puede ser malo o bueno según el impacto que cause, en uno como en otros, por lo que no puede ser medido por reglas de conducta abstractas. Podría decirse que un individuo obra mal cuando actúa con egoísmo, es incapaz de comprender las conexiones que entrelazan a las personas, alberga la intención de lograr un beneficio propio a expensas del perjuicio de otros, o considera que la vida es algo desechable y no un fin preciado en sí. El bien, por el contrario, es lo que genera y enriquece las conexiones humanas, lo que recupera y restaura las relaciones de la sociedad humana.

En el contexto de la filosofía budista, el bien se relaciona directamente con la “naturaleza fundamental de la iluminación”, condición que implica un estado de absoluta libertad y felicidad logrado a partir de la comprensión plena del yo; mientras tanto, el mal se relaciona directamente con la “oscuridad fundamental”, condición que implica un estado de vida ofuscado por lo ilusorio y alejado de la verdad, sumido en la incapacidad de ver el potencial que tienen las personas de lograr la iluminación y que causa sufrimiento al sujeto y a su entorno. Una persona ofuscada por la oscuridad interna pierde las esperanzas y desprecia su vida como algo que no tiene sentido. La oscuridad fundamental de la vida es un condicionante que contribuye a alimentar el miedo y a generar divisiones».

(Extraído de la web venezolana sgiv.org).

¿Cuál es mi opinión al respecto de este texto? Pues… ¡excelente explicación! Absolutamente de acuerdo. Fijémonos en que cuando habla de actuar con egoísmo, despreciando las conexiones con otros seres y las consecuencias negativas que se derivarán para estos, causándoles dolor y sufrimiento, cuadra desgraciada y totalmente con la forma en que está actuando Putin atacando Ucrania. Como he dicho, aun si nos abstenemos de juzgarle, está obrando muy, muy mal. Además hay otro aspecto en el que coincido: el mal está muy asociado a la oscuridad, y yo diría que también a la ignorancia, la estupidez, la falta de inteligencia, lucidez y comprensión. Por eso dije también que este mundo necesita luz.

«Según las enseñanzas budistas todo sufrimiento proviene de las «tres raíces del mal»: el odio, la codicia y la ignorancia. Esta enseñanza parece demasiado simplista pero si la estudiamos a fondo nos daremos cuenta de su profundidad. Se puede decir que todos los males dentro de nuestras vidas privadas y la sociedad en general se derivan de las tres raíces.

Las raíces del mal surgen del sentido del ego, es decir, la sensación de tener un «yo» fijo y separado de los demás. El Buda siempre enfatizó que realmente no hay nada inmutable dentro de nosotros: el cuerpo, los estados de ánimo, la personalidad, todos los elementos de nuestro ser son fluidos, cambiantes y perecederos. Sin embargo no solemos hacer caso a todo esto. Sabemos que somos perecederos pero vivimos como si fuéramos inmortales. Del ego buscamos la sensación de seguridad pensando que es un refugio de permanencia. Ahora veremos cómo surgen las raíces del mal como consecuencia de esta forma equivocada de percibir el ego.

El odio surge cuando encontramos cosas que amenacen nuestro sentido del yo, perturbando la seguridad que esperamos. Al contacto con estas cosas reaccionamos con rechazo y odio. (…)

La avaricia es el opuesto del odio (…). Es el deseo de aferrarnos a cosas que apoyan la sensación de tener un «yo» duradero. Estas «cosas» pueden ser materiales, tales como una casa cómoda o un carro. También nos aferramos a cosas no materiales como un estatus social el cual aparenta brindarnos una identidad «yoísta» más definida. 

La última raíz del mal es la ignorancia. En el Budismo «ignorancia» no quiere decir la falta de conocimientos o de una buena formación intelectual. Es una ignorancia espiritual… un estado de no reconocer la realidad de las cosas. No es pasiva sino activa, no queremos reconocer la verdad, como el avestruz que esconde su cabeza en la arena en lugar de enfrentar la verdad. Vivimos así: no queremos enfrentar las cosas que demuestran que el ego es efímero. Un escritor acerca del Budismo describió la Iluminación como «la sabiduría de la inseguridad»… en lugar de luchar en contra de la inseguridad inherente en la vida, la aceptamos y vivimos en armonía con ella.

(…)

En el Budismo hay dos herramientas para ayudarnos con esta tarea: primero la ética y después la meditación».

(De la web meditacion-merida.com).

«Del ego buscamos la sensación de seguridad pensando que es un refugio de permanencia». Así me lo parece. Recordemos las reflexiones de K acerca de buscar la seguridad psicológica y también la física y material y cómo esto, a nivel global, puede llevar incluso a guerras.

Una matización importante: no he consultado lo del problema del mal pensando específicamente en Putin o en Rusia, sino pensando en la guerra y en todo el horror y sufrimiento causados.

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Hace ya mucho tiempo que empecé una entrada —que se quedó en mero borrador— en la cual el célebre Adagio para cuerdas de Samuel Barber era el protagonista, vinculándolo a la película Platoon, pues este tema es utilizado de música de fondo de la que quizá es la escena más emblemática del film.

El compositor estadounidense Samuel Barber (1910-1981) ya fue considerado un niño prodigio a temprana edad, ya que comenzó a tocar el piano a los seis años y a componer a los siete. En una de las escuelas musicales en las que se formó tuvo como compañero de estudios al conocido compositor y director de orquesta Leonard Bernstein. Su estilo musical se podría definir de la siguiente manera:

«La música de Barber es elegíaca, lírica y refinada. Sin abandonar nunca el ámbito de la tonalidad, utiliza un lenguaje disonante, politonal a veces. Su orquestación, constantemente poética, se caracteriza por hacer cantar a los instrumentos. Trató de evitar el experimentalismo de otros compositores estadounidenses de su generación, prefiriendo hasta casi el final de su vida ceñirse a formas y armonías musicales relativamente tradicionales. La mayor parte de su obra es exuberantemente melódica y ha sido descrita como neorromántica… ».

(En la Wikipedia)

Escribió canciones acompañadas de piano u orquesta, varias óperas, sinfonías, conciertos para violín, violonchelo, piano o flauta, obras para piano, obras para órgano y orquesta, piezas corales o ensayos para orquesta, aunque nunca fue considerado un compositor demasiado prolífico.

Samuel Barber

En 1936 conoció en Roma a Arturo Toscanini y además escribió su Cuarteto para cuerdas en si menor Opus 11, cuyo segundo movimiento —a sugerencia de Arturo Toscanini— arregló para orquesta de cuerdas dándole el título de Adagio para cuerdas (Adagio for Strings) y, posteriormente, para coro mixto como Agnus Dei.

Toscanini fue «considerado por muchos de sus contemporáneos (críticos, colegas y público en general) y por muchos críticos de la actualidad como el más grande director de orquesta de su época y del siglo XX. Era célebre por su brillante intensidad, su incansable perfeccionismo, su prodigioso oído y su memoria fotográfica, que le permitía corregir errores de los miembros de la orquesta que habían sido inadvertidos durante décadas por sus colegas».

Arturo Toscanini

«En enero de 1938, Barber envió la pieza a Arturo Toscanini. El director devolvió la partitura sin comentarios, y Barber se molestó y evitó a este director. Posteriormente, Toscanini hizo saber a Barber, a través de un amigo, que tenía previsto interpretar la obra y que la había devuelto por el simple hecho que ya la había memorizado.​ Toscanini no volvió a tener la música hasta un día antes del estreno.​ La obra se estrenó en un programa de radio, dirigida por Arturo Toscanini al frente de la Orquesta Sinfónica de la NBC, el 5 de noviembre de 1938, en Nueva York».

(Wikipedia)

Aquí tenemos esa histórica grabación. Todos estos acontecimientos tienen una trascendencia y una significación histórica que se nos explica en un interesante artículo en NPR.org (The Impact of Barber’s ‘Adagio for Strings’):

«The year 1938 was a time of tumult. America was still recovering from the Depression and Hitler’s Germany was pushing the world towards war. Toscanini himself had only recently settled in America after fleeing fascist Italy. (…) ‘Toscanini’s concerts in New York… once he was so closely identified with the opposition to Mussolini, the opposition to Hitler — these were the peak public performances in the history of classical music in America’ [says Joe Horowitz, author of Understanding Toscanini]».

«En 2004, la obra maestra de Barber fue elegida como la «obra clásica más triste», por los oyentes del programa BBC’s Today, por delante de «Dido’s Lament» de Dido y Eneas, de Henry Purcell, el «Adagietto» de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler, Metamorfosis de Richard Strauss y Gloomy Sunday cantada por Billie Holiday. La pieza acompañó el anuncio radiofónico de la muerte de Franklin Delano Roosevelt y también una ceremonia celebrada en el World Trade Center para conmemorar la pérdida de miles de personas en los ataques del 11 de septiembre de 2001″.

Esta célebre pieza de Barber también ha tenido relación con la reciente pandemia causada por el coronavirus. Por ejemplo se utilizó en el homenaje de Estado a las víctimas del coronavirus y también a los sanitarios, que tuvo lugar el 16 de julio del 2020, con presencia del presidente Pedro Sánchez, gran parte del Ejecutivo y los Reyes de España. Recuerdo haber visto la reseña de este acto en los informativos. Por cierto que RTVE.es, que retrasmitió el acto, cometió un error rotulando el Adagio de Barber como una pieza de Brahms. También leo en otro medio informativo: «La música de Samuel Barber sonará todos los días en la Puerta del Sol de Madrid, como homenaje a las víctimas de coronavirus». Y aquí tenemos un ejemplo más del uso de esta música relacionado con la pandemia, a cargo de la Orquesta Reino de Aragón:

La pieza de Barber también ha sido utilizada en el cine en varias películas, y en alguna serie televisiva. Así tenemos su inclusión en la famosa El hombre elefante de David Lynch. Y en la película Platoon, durisima obra maestra de Oliver Stone sobre la guerra de Vietnam.

Los protagonistas de esta cinta bélica (1986) son los actores Willem Dafoe, Charlie Sheen y Tom Berenger. El conflicto armado, las diferentes incursiones en la selva vietnamita y el ambiente que se respira entre los soldados estadounidenses son narrados a través de los ojos del recluta Chris Taylor (Sheen), un chico de buena familia que se ha alistado voluntario. Muy pronto se hace evidente que la tropa no se halla muy unida, puesto que en la Compañía Bravo se han formado diferentes grupos que giran en torno a algún líder u oficial. También queda cada vez más claro, conforme avanza la acción, que existen enormes desavenencias entre los sargentos Bob Barnes (Berenger) y Elias (Dafoe). No solamente por sus carácteres tan diferentes, sino por la manera de proceder en combate y la manera de tratar a los campesinos vietnamitas y prisioneros. Hasta que las diferencias se convierten en enfrentamiento abierto y enemistad. Cierto día dos soldados mueren al explotar una bomba trampa y un tercero es encontrado muerto a posteriori. Los ánimos están muy caldeados y el odio hacia los vietnamitas se dispara…

«Los soldados llegan a una aldea, donde entre otros muchos desmanes se ve a Taylor amenazar con su arma a un joven e indefenso lisiado, quien inmediatamente después es salvajemente asesinado a golpes por Bunny. Por otro lado, Barnes, tratando de conseguir información del líder de la aldea, asesina a la mujer de este de un tiro a quemarropa, y totalmente enloquecido amenaza con ejecutar a una niña, presumiblemente hija del aldeano. Justo en ese momento, Elias, escandalizado por los métodos de Barnes, se enfrenta a él en una pelea. El teniente Wolfe pone fin a la pugna separándoles y tratando de pasar página, pero Elias advierte a Barnes y Wolfe que denunciará los hechos».

(Sinopsis en la Wikipedia)

Y efectivamente le denuncia a un capitán, que amenaza a Barnes con un consejo de guerra. A raíz de estos incidentes Barnes alberga resentimiento hacia Elias y enormes deseos de venganza. Un tiempo después, y como producto de una escaramuza persiguiendo al enemigo, Elias y Barnes se encuentran solos en la selva. Barnes dispara a Elias en el pecho y le abandona dándole por muerto. Se ordena un repliegue de fuerzas y abandonan posiciones en varios helicópteros. Y entonces…

«Una vez subidos a un helicóptero, Taylor ve a Elias, malherido, siendo perseguido por un grupo de soldados vietnamitas que logran abatirlo. De esta forma Taylor comprende que el sargento Barnes dejó abandonado a Elias a su suerte».

Elias corre por su vida mientras los vietnamitas le disparan repetidamente. Pese a la intervención de los helicópteros muere cosido a balazos.

Buff. Todavía en estos momentos y después de tantos años, me emociono recordando la escena. El momento quizá más duro de la película. Me causó tanto impacto, tanto dolor y tanta tristeza que es una de esas escenas que nos ha regalado el Séptimo Arte que para siempre quedaron en mi retina. La cruel y durísima muerte de Elias, después de sufrir tan repugnante traición, simbolizaba toda la maldad, la mezquindad, el odio y la oscuridad del alma humana. Y no solo eso. Por supuesto también el horror, el sinsentido y la crudeza de todas las guerras.

Teniendo en cuenta la tristeza y el intenso sentimiento que emanan del Adagio de Barber, por un lado, y la impresionante cinta bélica que denuncia el horror de la guerra, por el otro, se me ocurrió que rememorar ambas obras cuadraba desgraciadamente con los acontecimientos que estamos viviendo.

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Willem Dafoe, Tom Berenger, Oliver Stone y Charlie Sheen en el Festival de Cannes, 2006. Presentación de una nueva versión de Platoon. ¡Esto no lo sabía!

—¡Joder! Nos hemos dejado a Elias —gritó Taylor viéndolo desde el helicóptero.

—¿Cómo? ¡Vuelve a bajar, vuelve a bajar! —gritó el teniente.

—Serpiente 1–9–0–4, queda uno de los nuestros ahí abajo.

—Enviad refuerzos, enviad refuerzos —dijo el piloto por radio.

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Creo en el karma y lo digo abiertamente, sin esconderme. A las personas que les pueda chirriar este concepto o esta visión de las cosas, o la rechacen directamente, les hablaría de la causalidad en el universo y la realidad, que tiene una estrechísima relación con dicho concepto. La práctica totalidad de lo que existe, todos los seres, eventos, fenómenos, fuerzas, aspectos de la realidad tienen una causa —o de forma mucho más precisa— un vastísimo conjunto de ellas que los originan y los hacen ser como son, y a su vez todos estos seres, eventos, etc., actúan como causas —o intervienen en esa formidable conjunción— que generan otros efectos y así hasta el infinito. La ley de la causalidad (en el budismo también). En cuanto al karma, mi creencia personal —que quede claro esto— es que el karma no actúa en el sentido de que el universo, o Dios, o una especie de justicia divina o cósmica, algún ser superior o Bien o ley suprema o inteligencia aparte y distinta de nosotr@s mism@s nos castigue o nos premie si hemos obrado bien o hemos obrado mal, en función de nuestros actos. No. Casi seguro que no hay recompensa o castigo, y de hecho mucha gente que ha hecho el mal y causado enorme sufrimiento no parece que haya recibido ningún castigo tangible o en el plano real y por tanto perfectamente constatable. La premisa budista de «te reencarnarás con mal karma» y la premisa cristiana de «arderás para siempre en el infierno» parecen muy semejantes, aunque ciertamente el matiz es muy distinto. Y ambas premisas le parecerán a mucha gente, sobre todo a los que no creen en todas estas cuestiones, una especie de consuelo a nivel conceptual: sí, las malas personas recibirán su castigo en el más allá o en un nivel superior (más allá de la muerte o en otras existencias), así que podemos sentirnos todos reconfortados pues una especie de justicia divina será aplicada, al fin y al cabo. Es cierto, todo esto es totalmente especulativo, tanto si lo enfocáramos desde el punto de vista recompensa-castigo —discrepo muchísimo— como si consideramos en general el concepto del karma y toda esta relación de causas-efectos y buenas-malas obras. Para las personas escépticas, que tengan enormes dudas o que directamente no crean o rechacen todos estos temas, el concepto del karma seguramente no pasará de ser una teoría, idea, hipótesis o fantasía. A pesar de que soy consciente del «riesgo» que corro, puedo decir que creo en el karma. Me parece una hipótesis o posibilidad más que razonable, lógica y plausible. De la misma manera que me parece lógico, razonable y plausible que venimos a este mundo —o a otros— o que surgimos en este plano de la realidad —o en otros— para perfeccionarnos, avanzar, purificarnos, despertar (en mayúsculas).

Tenemos la expresión «pesará sobre tu conciencia» o «lo cargarás en la conciencia», y si existen ambas por alguna razón será. Creo que por aquí apunta lo del karma. Porque tenemos una conciencia, es más, bajo mi punto de vista y experiencia directa somos conciencia. La ley, el ser superior, el juez somos nosotr@s mism@s, y esas recompensas y castigos se materializan en términos de avance o retroceso de nuestro desarrollo y nuestra evolución espiritual. Me apetecía reflexionar sobre todo esto «en voz alta», exponer cómo lo veo y cómo lo siento, y de verdad te digo que no pretendo adoctrinar a nadie. Relájate en ese sentido. ¿Cómo podría? Todo esto es bastante o totalmente indemostrable, aparte de absolutamente personal. Soy perfectamente consciente de que hay gente absolutamente nihilista, o tremendamente escéptica, que me han dicho por activa o por pasiva que más allá de la muerte, o en un plano trascendente, espiritual o eterno no hay NADA, N-A-D-A. La vida es lo que es y quizá no hay ni que buscarle sentido a las cosas que pasan, porque no lo hay. Sin embargo me niego a verlo así, o me cuesta muchísimo. A la vez que creo que al universo le somos absolutamente indiferentes —como apuntaba Carl Sagan— y que de haber un Dios no creo que le importe que haya miles de muertos en terremotos, pandemias o guerras (es que ese enfoque me parece incorrecto), o las desgracias personales de cada uno, al mismo tiempo creo que el ser humano y toda su dimensión interior es parte fundamental del universo y la realidad. El concepto del Bien, aunque quizá no exista «ahí fuera» me parece que existe «aquí dentro» y que da sentido al camino. Llámese «Bien» o úsense otros vocablos o ideas. Son solo… palabras. También me parece que si hablamos del Bien (y consecuentemente del Mal) es porque el ser humano tiene arraigada en su interior una noción de Bien supremo. Esto es así porque, o bien se atribuye esta cualidad a Dios, o porque esa naturaleza positiva no es diferente de nuestro verdadero ser. Y me quedo con la opción B sin dudarlo ni un momento. Esa noción del Bien no necesariamente ha de tener una dimensión espiritual, religiosa o trascendente. Puede ser una noción en el plano simplemente humano, moral, social, ético, de valores. «Sabemos» o intuimos muchas veces si algo que le hacemos a otra persona está bien o mal.

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Y aquí estamos. Me parece muy obvio que cuando estamos presenciando estas semanas tanto horror, sufrimiento, maldad, fanatismo y egoísmo nuestra íntima noción del Bien se ve alterada. Ésta es en parte la razón de escribir esta entrada: reflexionar sobre el Bien y como he dicho anteriormente también sobre el Mal, aunque no existan en términos absolutos, pero sí vemos manifestados de forma muy aproximada, por ejemplo en sufrimiento, irracionalidad, violencia máxima, muerte. Una reflexión sobre la guerra y preguntarse por qué se da el mal entre los humanos y en qué consiste. Por eso acudí a la visión del budismo. Necesitaba reflexionar sobre todo ello para intentar digerir y entender los durísimos acontecimientos. Si alguien quiere descartar totalmente toda noción de Bien y Mal, no hay ningún problema. La reflexión, dicho en otras palabras, es sobre las causas que hacen que los humanos tomen decisiones y ejecuten acciones, lleven conductas y vidas que causen dolor y sufrimiento a otros humanos.

Dukkha en el budismo (Descontento. Desilusión. Insatisfacción. Sufrimiento. Incomodidad. Sed. Dolor. Intranquilidad. Imperfección. Malestar. Fricción. Pesar. Frustración. Irritación, Presión, Ir contra corriente, Agonía, Vacío, Tensión. Angustia existencial, «la carga o peso existencial inherente a la condición samsárica humana). [Y añadamos a esa lista ansiedad y estrés]. ¿Sabéis cuál es el objetivo primordial del budismo? La liberación del sufrimiento.

Una refugiada ucraniana en un tren

Volvamos al karma. Como he dicho, lo considero fuertemente asociado a la conciencia y el camino de cada persona, y también al «nivel» en que te encuentras, a tu desarrollo o evolución. Claro, aquí puede entrar otro elemento más que controvertido: la posibilidad de la reencarnación más allá de la muerte física, para continuar con el «trabajo». ¿Qué opino? Sí, tiendo a creer en buena medida en la reencarnación, aunque no son éstas hipótesis a las que me aferre como un clavo ardiendo y que defendería fanática y dogmáticamente frente a los incrédulos y negacionistas. De nuevo se me antoja una visión de las cosas bastante lógica y plausible. ¿Qué es lo que se reencarnaría o seguiría? Éste ya es un asunto para un formidable debate. Todas éstas son cuestiones muy personales y de nuevo quiero dejar claro que no pretendo comerle la cabeza a nadie.

Pero inevitablemente he pensado en ello [aún más] estos días y también me he hecho dos preguntas. La primera es si el señor Putin tiene conciencia. Algunas personas argumentarán que no la tiene en absoluto. Yo creo que sí la tiene, como todo ser humano. Cosa muy distinta es que hay conciencias muy densas, oscuras, imbuidas por fanatismos o ideologías, poseídas por pulsiones como la ambición o la sed de poder. Conciencias nada luminosas ni bondadosas, conciencias donde parecen brillar por su ausencia la sensibilidad, la empatía y el respeto a la vida. ¿Putin? ¿Putin se ajusta bastante a esto, o simplemente ha obrado porque tiene unas ideas determinadas sobre Ucrania (basadas en nacionalismos, que parecen primar sobre el sufrimiento y el vivir/morir)?

Contestaré cómo lo veo con una cita. Año 2004. Michael Mann dirige una sensacional película de título Collateral. En ella, un frío asesino profesional, de nombre Vincent [Tom Cruise] acaba en el asiento de un taxi conducido por Max [Jamie Foxx]. Vincent obliga a Max, en una infernal noche, a llevarle a distintos puntos para cumplir con sus encargos eliminando molestos testigos. Visto el horror demencial que se deriva de las acciones del asesino, en un momento dado Max le suelta a Vincent lo siguiente. La observación es magistral y la prueba de que se me quedó grabado es que estoy aquí reproduciéndolo:

¿Qué tienes dentro? [Max]
—¿Dentro? [Vincent]
—¿Qué harías si alguien te apuntara en la sien con una pistola y te amenazara «o me dices ahora qué tiene dentro esa persona o te mato»? ¿Qué… cosas le motivan?, ¿Qué piensa? No podría contestar nada porque… Te matarían porque no tienes ni idea de lo que… piensa… nadie. Has caído bajo hermano, muy bajo. ¿Qué te pasó, eras un crío que creció en un correccional? ¿No tienes alma? Hay piezas que… que vienen de serie y que todo ser humano debería tener, pero tú no las tienes.

La segunda pregunta que me he hecho, y probablemente se estén haciendo numerosísimas personas, es si Putin pagará por lo que está haciendo. Tenemos la acepción de «pagar», responder por sus actos o afrontar sus consecuencias en un nivel totalmente concreto y «arraigado en la realidad»: pagar ante la justicia, quizá un tribunal internacional (el de La Haya), pagar a nivel político, pagar con su cargo o destitución, pagar siendo derrocado o apartado, pagar incluso con prisión o hasta con su propia vida. Son posibilidades, está claro, aparte de las sanciones económicas que ya han empezado a golpear Rusia… y a los rusos y rusas. Pero me refería a pagar en el sentido kármico del término. Y si soy consecuente con mi forma de pensar, la respuesta debería ser «sí», pues no puede ser de otra forma. Pagar en relación con los aspectos comentados antes: la conciencia, la evolución. Obviamente esta última visión a muchas personas les parecerán pamplinas metafísicas o espiritualistas, puro humo carente de fundamento y desconectado de la cruda realidad. Aparte de esto, esta mera posibilidad seguro que ni satisfaría ni consolaría a mucha gente, dado el enorme dolor que está causando a tantos seres humanos. Sea como sea, tanto que llegue a pagar en el sentido más mundano (político, legal… ) o en el más trascendente (karma, conciencia… ) me da la impresión de que no solo es una pregunta que mucha gente pueda plantearse, sino una secreta esperanza. Dicho todo esto, debo aclarar que si me hago esta pregunta referida al karma no es para buscar una especie de consuelo intelectual o moral, y mucho menos una explicación a todo lo que está sucediendo.

Quiero enfatizar por última vez —es importante— que no pretendo convencer a nadie de nada. Que cada cual crea lo que quiera. Si he introducido aquí los conceptos del karma y la reencarnación no es para presentarlos de forma dogmática como verdades absolutas e incuestionables. Ya he dicho que me parecen «hipótesis» o posibilidades muy razonables, y las acepto de buen grado. No es la intención de esta entrada ni tampoco «colar» estas premisas de soslayo. Además, por lo menos para mí, aunque sean importantes no las veo como cuestiones «centrales» del budismo, por más que puedan ser los aspectos más conocidos, llamativos y también enigmáticos. Para mí la cuestión central del budismo es alcanzar las verdaderas sabiduría y liberación, a través de la autoindagación y el autoconocimiento. Descubrir y entender qué eres en verdad. Usando palabras del budismo, entender y asentarse en «el estado natural de la mente», que no es otro que Luz, Inteligencia, espontaneidad, atención, Unidad no dualística. Así que lo otro se me antoja como algo digamos que «secundario». La finalidad de esta entrada es hacer una reflexión general, como puede apreciarse, sobre la guerra, Putin, la maldad, la naturaleza humana (y la mente), etc. Ya que me he planteado la duda razonable de si Putin pagará por todo lo que está haciendo y causando, ha aparecido el tema del karma, muy relacionado con la causalidad. Eso es todo. Y creo que sí, que todos/as pagamos las consecuencias de nuestros actos, de una forma u otra. Especular más allá de esto es gratuito, vender humo. Simplemente queda planteado.

En realidad me he hecho aún una tercera pregunta, que es ligeramente diferente a la anterior. Más allá de que llegue o no a pagar por sus actos, la pregunta obvia es qué pasará en un futuro a medio plazo con Putin. Me refiero a que este hombre prácticamente ha dinamitado todos los puentes de confianza, entendimiento y comunicación, por lo menos con todo el bloque occidental. Las relaciones son más frías, distantes y difíciles que lo que han sido en décadas, llevándonos a un escenario muy similar a la Guerra Fría. Realmente el futuro es toda una incógnita, por momentos fuertemente preocupante. No sabemos si Putin optará por una huida hacia adelante absolutamente irracional y suicida. No sabemos si jamás cederá en sus ambiciones, o si llegará a traspasar todavía más líneas rojas en su agresión a Ucrania. No sabemos si cederá debido al ahogo económico al que están siendo sometidos. Pero me cuesta mucho imaginar a líderes occidentales manteniendo algún tipo de entendimiento o relación con este presidente ruso (aunque sabemos de la maldita hipocresía de los políticos capaces de venderte cualquier cosa). Los puentes han volado y eso es una pésima noticia… para todos.

Una última cuestión: circulan rumores de que Putin podría estar enfermo de cáncer. Eso podría explicar en buena parte su forma de proceder…

«Creo que su sistema inmunológico podría estar deprimido. Así que es un hombre que tiene prisa».

(Chris Parry, almirante retirado de la Marina Real británica)

«Podría ser que esté tomando altas dosis de esteroides, o puede haber algo más. Parece haber una urgencia para esto que también puede ser impulsada por factores personales».

(Fiona Hill, exoficial de inteligencia para Rusia y Eurasia en el Consejo Nacional de Inteligencia estadounidense)

Estas especulaciones están desgranadas por ejemplo en este artículo en vozpopuli.

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La causalidad. Todo nace de múltiples causas y factores y a su vez produce infinidad de efectos o consecuencias. Una cadena infinita en la que estamos atrapados… a menos que haya una forma de liberarse de eso. Y no solamente tienen consecuencias nuestros actos y decisiones. También nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros planteamientos, nuestra visión del mundo, nuestras palabras…

El asesino engendra otro asesino,

el invasor engendra otro invasor.

El abusador engendra otro abusador;

el insolente engendra otro insolente.

Así pues, por el obrar del karma,

quien saquea es saqueado.

(Buda Shakyamuni)

Aunque todos estos planteamientos —principalmente del budismo— puedan parecer muy abstractos, idealistas, metafísicos, alejados de la realidad, creo que es justamente en momentos oscuros y complicados como los presentes cuando más que nunca hemos de poner en valor filosofías como ésta y planteamientos ante la vida que sean constructivos, que aporten luz, fe, amor y bondad entre los humanos. Y si no piensas igual o tienes enormes dudas… pues lo siento. Mientras Putin pone los ejércitos, balas, tanques y bombas, otros intentamos poner nuestro granito de arena con nuestras palabras, nuestros planteamientos y deseos. ¿Por qué? Porque el mundo y la realidad lo conformamos tod@s y porque todo acto tiene sus consecuencias y efectos.

«Si deseamos seriamente promover la paz mundial, primero debemos comprender, generar, y experimentar la paz verdadera en nuestro propio continuo mental.

Tener siempre presente la paz es el fundamento y el objetivo de sanar al mundo y a nosotros mismos. Si nuestra mente, nuestra conciencia, disfruta de la paz, nuestra vida diaria será tranquila. Todo lo que hablemos resonará como el sonido de la paz. Todo cuanto hagamos se manifestará como la expresión de la paz».

(Tulku Thondup)

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Como le dije a laacantha en un comentario, creo que a pesar de los espantosos acontecimientos que estamos viviendo, no deberíamos perder la fe en el ser humano. Por muchas desgracias, mezquindad, locura o maldad que podamos ver. Putin pone las balas y las bombas (y el pueblo ucraniano responde con lo mismo). Los ciudadanos polacos, por ejemplo, acogen con los brazos abiertos a los refugiados ucranianos.

A pesar de todos estos duros y dolorosos hechos nada, nada, nada ha hecho ni hará cambiar mi visión del ser humano, de cuál es su verdadera, más íntima, genuina y auténtica naturaleza e identidad. No es simplemente que «lo crea» (también existe esa parte, la intelectual), sino que es algo que puede experimentarse en primera persona. «Creo» —no albergo ni un resquicio de duda y te invito a que ponderes esto— que el ser humano es fundamentalmente Luz, Conciencia, Amor, bondad, paz, Inteligencia, serenidad, sabiduría, energía, ecuanimidad… Estas cualidades, por sí mismas, ya aportarían la paz y la armonía necesarias. Claro, también están en nuestra naturaleza la ignorancia, la oscuridad, la confusión, el error, la maldad, la ambición, el odio, las conductas egoicas y un largo etcétera. Somos imperfectos, somos humanos. Pero todo esto es superable y puede neutralizarse en buena medida si trabajamos en ello, si hacemos «limpieza».

«En el fondo de la caja de Pandora, que contenía todos los males de la humanidad, se hallaba la esperanza», nos cuenta Lídia Castro en un vídeo acerca del mito de Prometeo y Epimeteo.

Te preguntaría, a ti que puedes estar leyendo esto, que me contestes simplemente con un «sí» o un «no»: ¿crees que el ser humano es todo esto o no? Porque si no eres todo esto (tú mism@), entonces… ¿qué eres? El camino hacia la Luz y la sabiduría es extremadamente arduo (y ambos términos no se refieren a acuñar brillantísimas teorías, explicaciones ni doctrinas; para nada).

«Se puede vencer mil veces a mil hombres en batalla, pero el mayor vencedor es quien se vence a sí mismo una vez».

(Buda Shakyamuni en el Dhammapada)

Estuve pensando durante días y días si escribir esta entrada o no. Si tenía algo que decir y cómo decirlo. Si podía aportar algo. Si para alguna persona todo lo expuesto aquí le ha servido en un sentido positivo, pues me alegro. Si ha aportado algo de claridad o de esperanza, o como mínimo ha incitado a la reflexión más allá del «somos un desastre y damos mucho asco y vergüenza».

Como muy bien me dijo Mayte Blasco hace unos días, «la guerra es el fracaso total de la inteligencia humana». ¿Hemos hablado de todo esto (de la guerra, del ser humano, del sufrimiento, de la maldad)? ¿Nos hemos desahogado, hemos compartido nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros miedos, nuestras preocupaciones? Más allá de que lo podamos haber hecho con nuestros seres queridos o más cercanos, nuestr@s compañer@s de trabajo, nuestras familias… y quizá o muy probablemente, de manera superficial y fugaz, dado nuestro estilo de vida siempre sometido a prisas y obligaciones. Aquí estoy por si quieres conversar, de lo que sea.

Gracias por la lectura.

Me decido a añadir tres notas anexas, porque creo que aportan otros matices a esta larguísima entrada. Quizá añada más si van surgiendo nuevas reflexiones.

  1. Cito aquí la que me parece una acertadísima reflexión de MJ RU1Z, que me ha dejado en un comentario. Hace un diagnóstico muy preciso y definitorio de por un lado cómo está actuando Putin, y por el otro la manera que tiene de pensar (o en otras palabras, qué parece hallarse en su mente y cómo funciona ésta):

«Creo que tiene un gran resentimiento causado por un desproporcionado rencor hacia Occidente. Pienso que ha cogido lo peor del régimen comunista, lo peor del capitalismo y lo peor de la religión mal entendida y los ha mezclado todos, agitado y sacado en forma de guerra. Una guerra que ha pensado y ensayado en Siria, donde también arrasó todo hasta los cimientos. Creo que vive nublado por sus propios y erróneos pensamientos del mundo…».

2. No lo he mencionado en la entrada, pero acabo de caer en una gran obviedad: Putin es un megalómano de manual, de la cabeza a los pies:

«La megalomanía es definida como un trastorno de la personalidad, caracterizado porque la persona tiene ideas de grandeza, de manera que puede mentir, manipular o exagerar algunas situaciones o a las personas, a fin de conseguir sus objetivos».

3. Acabo de ver y escuchar a un chico ucraniano en los informativos catalanes. En la entrevista que le hacían explicaba que sentía mucha ilusión por volver a su ciudad, Odessa, y también a la escuela. Hasta aquí todo bien. Pero termina la entrevista diciendo: «Al final de esta guerra nuestro país será más fuerte y poderoso». Vaya, parece que el ser humano no tiene remedio. Alguien podría decirme que lo que ha dicho, en el contexto actual, es lógico y comprensible (en cierta forma una prueba de que amas a tu país). Pero yo no lo veo tan «comprensible». Los ismos —como el nacionalismo— parecen efectivamente estar muy infiltrados en las mentes y corazones humanos.

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42 respuestas a Samuel Barber: Adagio para cuerdas / Platoon / Vladimir el loco

  1. Sens dubte és una llarga reflexió. M’intento mantenir ben lluny de notícies sobre el conflicte, així que qualsevol referència directa l’he passat ràpid. He vist el teu micro amb el nou final (canvi subtil, però substancial). No he vist la referència al vídeo que em deies, però t’agraeixo igualment totes les referències. Una abraçada.

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    • Sí, la referència al vídeo és amb la frase i link…
      «En el fondo de la caja de Pandora, que contenía todos los males de la humanidad, se hallaba la esperanza».
      Així et trec de la incògnita. Gràcies per passar.
      Una abraçada.

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  2. lrotula dijo:

    Como muchas veces no puedo con toda una entrada tuya (por la extensión) pero me pueden las ganas de meter baza. Te diré que he leído la primera parte sobre la maldad o la locura de Putin. Leí hasta la frase en rojo sobre «Parar la guerra».
    Mi opinión es que de loco nada, es un tipo muy malo y lo peor es que no improvisa. Tiene un plan. ¿Dónde acabará? No lo sabemos. Todo es especular. ¿Qué hubiera pasado si en una semana hubiese conquistado y Ucrania y depuesto a Zelenski?
    ¿Qué puede pasar si ve que esto no tiene salida y tiene que dar marcha atrás?
    Putin para mi es muy listo y desde la referencia de Moscú sabe cargarse de «razones» y argumentos para seguir con su cruzada y además occidente no sabe relativizar (si es que esto es posible a la vista de los acontecimientos) y muchas de las cosas que dice o hace le cargan de argumentos.
    Bueno hasta aquí.

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    • Tienes días y días y días para leerla, en ese sentido tranquilo, no hay prisa alguna 😂😂😂.
      Toda la razón, todo muy planeado y no está improvisando. Y de loco nada. Bueno, es lo que he dicho: fanático, determinado, duro, inflexible, frío, absolutamente carente de empatía o humanidad en el buen sentido.
      Se comenta que podría haberse preparado para una guerra muy larga y para soportar el castigo económico. Puede ser, aunque surgen dudas sobre esa resistencia. Movimiento inteligente el cobrar el gas ruso en rublos..
      También me da cierto miedo la posibilidad de que vea que le sale mal y no hay marcha atrás. Habría que ser muy kamikaze para cometer una locura, aunque ciertamente puede cometer locuras o atrocidades calculadas.
      También lo he dicho: qué hubiera pasado de pararle los pies a Hitler a tiempo. Putin se ha ido envalentonando y echado por la vía directa. También es cierto, no lo menciono, que es un perfecto encantador de serpientes, un mentiroso sin escrúpulos y que ha tomado el pelo a los mandatarios occidentales que te cagas.
      Cómo acabará… pues lo más lógico sería pensar que llegados a cierto desgaste los rusos se dan por contentos con lo conseguido, por ejemplo «reconquistar» el Donbass. Aunque esto es muy fuerte, dejará un país devastado. Occidente no debería quedarse impasible.
      Muchas gracias por la visita y comentar. Puedes volver y seguimos.

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  3. Sobre el karma… he puesto un rótulo en el que se incluye el razonamiento:
    «Todas las cosas que salen de ti, regresan a ti».
    Es una muy buena traducción (libre, aproximada) de la expresión en inglés «what goes around comes around». El karma, o las acciones llevadas a cabo… ese boomerang que puede volver golpeándote en la cabeza…

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  4. MJ RU1Z dijo:

    A ver… es tanta la información y tantos los pensamientos que expones en esta larguísima entrada…
    Lo primero que te diré es que la gente no quiere ni oir hablar de la guerra, veo que la mayoría hacen como que no ven, ni oyen ni nada de nada. Solo quieren evadirse de una realidad que les da miedo o les produce rechazo.
    A mí este tema me tiene bastante obsesionada porque recuerdo cómo empezó la pandemia y esta guerra me da la sensación de que ha comenzado de igual manera y que va a tener un desarrollo parecido y no puedo sentir nada más que miedo, y una profunda tristeza, sobre todo de que vamos a dejar a nuestros hijos un mundo peor que el nosotros tuvimos.
    Aparte de todo esto, he intentado entender qué puede llevar a alguien como Putin a comportarse como él lo está haciendo y quise ver cómo era este personaje, quise saber si en occidente estamos viendo solo nuestra parte de la película y existe la otra parte y no es tan descabellada como puede parecer a priori.
    Estoy visionando una serie de entrevistas que le hizo Oliver Stone hace apenas cinco años. Te dejo aquí el enlace al primer capítulo que puedes ver en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=OAl3qZ7kiGU. En el primer capítulo casi me engaña. Con esa actitud victimista que exhibe a menudo hablaba de lo mal que occidente había tratado al pueblo ruso pero, a medida que iba exponiendo su discurso, todos los errores que atribuía a occidente en su forma de relacionarse con Rusia o con otros países también él los estaba cometiendo y con creces. Cada cosa que reprochaba al oponente él la hacía igual de mal multiplicada por tres. Creo que tiene un gran resentimiento causado por un desproporcionado rencor hacia occidente. Pienso que ha cogido lo peor del régimen comunista, lo peor del capitalismo y lo peor de la religión mal entendida y los ha mezclado todos, agitado y sacado en forma de guerra. Una guerra que ha pensado y ensayado en Siria, donde también arrasó todo hasta los cimientos. Creo que vive nublado por sus propios y erróneos pensamientos del mundo y para él, el mundo se mueve de otra manera. O tal vez no.

    Hay que darse cuenta que esta situación no solo es culpa suya. Creo que Europa desde el euro molestaba y mucho. Cuando se creó la moneda creo recordar que llegó a valer dos vees y media el dólar. No creo que eso le gustara demasiado a los americanos que ya no podían venir a pasar sus vacaciones a Europa a precio de saldo.
    Según yo lo veo, US creó el coronavirus para destruir la economía europea y utilizó a China para sembrarlo. Los chinos no creo que estén muy contentos con la situación porque todos piensan que se le escapó a ellos de un laboratorio de máxima seguridad y por ello han estrechado lazos con Rusia. Y nosotros estúpidamente estamos pensando que podrían mediar en la situación de guerra actual…
    Putin puede que esté enfermo, quién sabe. El otro día escuché que cuando Macron se reunió con él, le pidieron que se hiciera una prueba de coronavirus en Rusia. Macron los mandó a freir puñetas y les dijo que a él ningún ruso le metía nada que no sabía qué podía contener y no se hizo la prueba. Por ello los sentaron en una enorme mesa, para mantener las distancias de seguridad. Lo cual fue interpretado como que Putin estaba inmunideprimido por causa de alguna enfermedad crónica o incluso terminal. Vete a saber.

    No creo que Putin tenga en cuenta ni se le pase por la mente el sufrimiento de la gente. Su extrema crueldad no admite que su corazón albergue ningún tipo de bondad. Pienso que existen personas malas y personas buenas por naturaleza, No creo que todo ser humano sea bueno básicamente, no. Hay malos que lo son porque sí. Y no podemos obviar que vivimos en un mundo dual, puede que todo el universo sea dual también. Y estos polos opuestos varían, unas veces domina uno y otras el otro.
    Yo en estos momentos desconfío plenamente de cualquier tipo de religión, o filosofía más o menos organizada. No quiero saber nada de ellas ni practicarlas. Creo que son nefastas. Pienso que cada uno ha de tratar de perfeccionarse solo, de intentar obrar bien.

    En cuanto a la guerra mundial, esta mañana leí un artículo que decía que empezó el día en que Putin atacó a Ucrania y que en los libros de historia del futuro así quedaría reflejado. Hablaba de que ha empezado igual que la segunda guerra mundial donde el conflicto comenzó entre China y Japón y US prestó ayuda a China armándola como ahora a Ucrania hasta que Japón atacó Pearl Harbour. Decía que Putin haría lo mismo ahora con Polonia. Según parece el CNI ha puesto esta semana un informe al respecto en la mesa de Moncloa y los demás servicios secretos habrán hecho lo mismo con sus respectivos países. Así que el horror está servido. A todos estos el bien o el mal se la suda. Lo único que quieren es hacer valer su ideología sobre la del contrario y ganar pasta. La guerra es muy lucrativa. Lo dice Girao en su libro. Entre el presidente de US y el primer ministro británico hablan de que una guerra les vendría bien, una pequeña, una mundial no.
    En fin, esto está fatal. opino como la chica rusa que lo de ser buenos individualmente poco se va a notar, es una utopía imposible.

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    • Muchas gracias por tan extenso e interesante comentario. Intentaré atomizar las respuestas, porque voy a tirarme un rato…
      -«… la gente no quiere ni oír hablar de la guerra, veo que la mayoría hacen como que no ven, ni oyen ni nada de nada. Solo quieren evadirse de una realidad que les da miedo o les produce rechazo». Muy de acuerdo, hay de todo pero también ese tipo de gente. Quizá porque todo es tan irracionalmente horrible, grave y doloroso. Hay gente también muy aburguesada, comodona y mezquina que no quiere que le molesten o perturben sus pequeñas vidas. Como el avestruz. Creo que hemos de mirar la realidad de cara siempre. Aunque normalizar una guerra manda narices.. La acepto pero me niego en parte a normalizarla, aunque no la negaré como posibilidad humana.
      -Que dejamos un mundo peor a las nuevas generaciones es innegable. No he dejado de preocuparme y observar todo este tiempo el tema medioambiental, los ecosistemas, el cambio climático, los recursos a todos los niveles. Todo se está degradando y cada vez más rápido. Ahora salen con una guerra, así que el ser humano quizá es rematadamente estúpido. Bueno, es una generalización ¿por qué todos hemos de pagar por la ambición y egoísmo de los poderosos?
      -Oliver Stone y los documentales. Vaya, cuadra con mi entrada. Había olvidado eso. Es innegable que otras visiones de Putin son posibles, distintas a la occidental, es algo que ya dejo caer. Que tiene sus razones, aunque eso no quita que sea un monstruo insensible y cruel.
      -Creo que tocas y yo he tocado un punto clave: qué tiene Putin en la cabeza, a nivel de ideales, objetivos, delirios, sueños… «como es adentro es afuera», y todo eso se ha materializado en esta pesadilla. En este sentido este hombre está fatal. Creo, aunque esté mal decirlo, que mi observación «es un fanático totalmente imbuido por sus ideales» lo resume muy bien. Son esos ismos, principalmente nacionalismo, patriotismo, fanatismo, populismo. El tema de la Gran Rusia, devolver a este país la grandeza y gloria de tiempos pasados, dada la debacle de la URSS. Esto es clave (artículo EL PAÍS). Esa Gran Rusia pasa por ambiciones territoriales o expansionistas, más claro no puede estar. Fagocitar antiguas repúblicas soviéticas, como Ucrania. Es el sueño de este megalómano, «somos un solo pueblo» y todo eso.
      -Después está otra cosa: el victimismo, lo deduces muy bien, das en el clavo y has adjuntado varias frases geniales, totalmente definitorias (¿me permites iincluirlas en algún punto del post?).. Te cito:
      «Creo que tiene un gran resentimiento causado por un desproporcionado rencor hacia occidente. Pienso que ha cogido lo peor del régimen comunista, lo peor del capitalismo y lo peor de la religión mal entendida y los ha mezclado todos, agitado y sacado en forma de guerra. Una guerra que ha pensado y ensayado en Siria, donde también arrasó todo hasta los cimientos. Creo que vive nublado por sus propios y erróneos pensamientos del mundo… «. Absoluta, total y completamente. Viene a ser lo que explico en el post de sentir herido tu orgullo, tu imagen, tu identidad, tu prestigio. Sentirte herido, humillado, atacado, despreciado, etc. Esto pasa a nivel de egos personales (lo desarrollo) y exactamente si un político lo coge y aplica esta visión delirante y enfermiza a un país: Putin con Rusia. Es que más claro el agua. Entonces es la mezcla muy peligrosa de victimismo y populismo, con la que incitas al resentimiento y odio a tu pueblo contra los otros. Aquí se junta otro gran clásico o ingrediente del cóctel, que no mencionas: el clásico del enemigo exterior muy malo y que nos putea que no veas (Cuba, Venezuela). En conclusión, es obvio que tiene una visión distorsionada, enfermiza, errónea y susceptible de diván de psiquiatra (sin duda) sobre el mundo y Occidente. Esto en un tío tan poderoso es una bomba si lo traduces en decisiones y acciones.
      -Aciertas en otra cosa: atribuir errores a Occidente que también estás cometiendo. El más claro para mí es «que no han superado la mentalidad de la Guerra Fría (con Rusia), esa desconfianza, recelo, desprecio, etc.». ¿Y tú qué, tío? Lo mismo estás haciendo.
      -Si a todo este cóctel le añadimos la posibilidad de que esté enfermo («es un hombre que tiene prisa»), que tenga cáncer o esté inmunodeprimido, ya la combinación es letal. Cuadra con lo de esas largas mesas, tema Macron, etc.
      -El tema del euro-dólar, todos esos intereses económicos… influye, claro. Tanto como para decir que los americanos en el fondo son los que han propiciado llegar a este estado de las cosas me parece un poco excesivo, pero hay bastante de cierto. Me parece que tanto los EE. UU. como especialmente la OTAN lo han hecho fatal expansionándose con el tema bases, misiles, etc. Sin justificar a Putin se puede entender que esto resulte molesto, que preocupe, etc. Como nada es blanco ni negro, Rusia ya tiene la excusa una vez más de que «es que nos achuchan aquí al ladito con misiles y OTAN», lo cual es cierto. En conclusión, toda esta panda de imbéciles egoístas y ambiciosos nos pueden llevar a una guerra global o a este fregao impresionante. Alimentando sus intereses, ambiciones. Fíjate cómo Biden parece que disfrute atacando, criticando duramente a Putin y Rusia, con declaraciones muy duras que no ayudan. En parte es su munición para crecerse frente a los suyos, su pueblo (electoralmente, popularidad, apoyo, este hombre necesita un subidón en las encuestas y dar caña a Putin le va genial). Así que la mezquindad está servida cuando coges la realidad y empiezas a tergiversar barriendo para casa, que es lo que todos hacen, también Zelenski con su propaganda ad hoc para según qué parlamento hable. Lo hemos visto estos días.
      -Tocas el tema cronavirus y lo mezclas como telón de fondo, un poco en plan conspiranoico. Podría ser, no ha quedado nada claro de dónde salió y no nos han contado la verdad ni de lejos, sospecho. Quizá sí que esos intereses globales, porque esto es una guerra sucia por adjudicarse la hegemonía mundial, a tres bandas, quizá sea la clave que nos haga ver toda esa pugna, ver el cuadro completo.
      -La maldad existe y Putin es malvado, sobre todo lo veo frío, despiadado, cruel, insensible. La vida humana y tanto sufrimiento ajeno creo que le importan una mierda bien grande. Sí, existen personas malas y mezquinas (lo vinculo con oscuridad e ignorancia, como expliqué). Lo que me pasa es que me cuesta tomar el apelativo «malo» en términos absolutos, me parece demasiado radical, maniqueísta, simplista. Con esto no quiero decir que niegue que Putin es un monstruo despiadado.
      -No es que yo tenga ningún interés especial en concebir o presentar al ser humano de una forma idealizada, pintándolo muy bueno y diciendo que somos seres de luz en el fondo. Y aunque creo que sí, que somos seres de luz en el fondo (muy en el fondo), todas esas cualidades que menciono en el post, esa naturaleza positiva es obviamente potencial. Ya he dicho en el post que hay que trabajarlo. Hay muchísimas personas con talantes muy distintos. En una gradación de bondad y también de maldad muy amplia. Que ahora aparezca un tirano sanguinario no quiere decir que todos seamos iguales. Bueno, también he dicho en el post que el ser humano alberga maldad, oscuridad, estupidez, odio… lo he dicho. Como señalas tú es como una dualidad a todos los niveles.
      -Esto enlaza con el tema religiones, que no sé pero imagino mencionas por toda esa visión que más o menos desarrollo y las cosas que expongo, también por meter el budismo de por medio. Todo esto me tiene algo «frustrado» y pienso que jamás consigo que la gente me entienda correctamente. A saber qué entiende la gente. Entiendo los recelos por las religiones. ¿El budismo como religión? Ya he dicho que no me interesa esa vertiente, sino la parte de la sabiduría, esa autoindagación u observación para avanzar en el autoconocimiento. No veo qué de malo puede tener esto. No creo que con esto se coma el coco a nadie. Quien quiera creerlo o esté de acuerdo, bien. Quien no, o lo rechace o jamás se plantee investigar si esto es aplicable, pues bien igual. Nadie está obligado a hacer o creer o seguir nada. Este es el gran problema de las religiones institucionalizadas. Por eso me quedo con la espiritualidad, que es algo más íntimo y personal. No necesitas credos, doctrinas, iglesias, curas, altares, Bueno, es un tema muy personal, justamente. Si desarrollo todo esto en el post es porque, si en el ser humano hay toneladas de mal (como me estáis enfatizando en los comentarios), también existe el Bien y la Luz, así de sencillo. Reflexión general, no hablo de Putin o nadie en particular.
      -Es posible que sí, que hay paralelismos con la WW II, el tema de la invasión de Polonia, etc. Muchos lo han puesto de manifiesto. Claro, si de hecho ya ha empezado o hemos entrado a día de hoy aún no tenemos la seguridad. Lo peligroso, como señalas por lo de esos informes en las inteligencias, es que se entre ya en esa espiral o paranoia de desconfianza, de armarse, atrincherarse, pensar en lo peor… Me da un poco la sensación por tus comentarios y forma de expresarte que estás bastante «convencida» de que esto acaba en guerra global con altas probabilidades. Por lo menos más que yo. Quiero creer que la cordura se impondrá a una locura que es casi el suicidio colectivo.
      -La guerra es muy lucrativa, sí. Basta rascar un poco. Todo eso de las acciones en bolsa, las compañías de armamento… es escandaloso y algo que tengo muy claro hace mucho tiempo. Es como España (los Borbones) vendiéndole armamento a Arabia Saudí, por ejemplo.
      Y se acabó. Muy larga la respuesta y me reclaman otras cosas. Ciao.

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    • He añadido tres notas anexas a la entrada y en una de ellas cito una de tus reflexiones.

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      • MJ RU1Z dijo:

        Uy, iba a decirte el otro día que me parecía estupendo que usaras mis palabras y al final se me pasó el día y no tuve ocasión de decírtelo. Gracias por resaltarlas aunque hubiera sido mejor que no hubiera habido que hacerlo porque esta guerra nunca hubiera sucedido.

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    • Sobre lo de esa actitud y discurso de Putin llenos de victimismo en la entrevista con Stone, esa visión distorsionada y enfermiza del mundo donde a Rusia se la humilla y trata fatal… Aunque huyas de las religiones como de la peste, en el budismo uno de los preceptos para «perfeccionarse» es el recto pensar. Putin no tiene un recto pensar (sino uno muy retorcido) y ahí están las consecuencias.
      Lo siento, ja ja ja 😀😀.

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      • MJ RU1Z dijo:

        Huyo de la religión como institución. Pero eso no quita que muchos de sus pensamientos, de sus máximas no sean totalmente lógicas, certeras y buenas.
        Por ejemplo lo de no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a ti es algo que puede frenar muchos malos actos. Si Putin y sus satélites pensaran en su propio país destrozado, arrasado hasta los cimientos y con la población expulsada por la fuerza de sus casas, a lo mejor se lo pensaba un poquito… o no. Porque una personalidad como la suya seguro que es incapaz. Pero bien que cacarea el mal que Occidente le hace a él y los suyos. Ese yoismo tan poco saludable.

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  5. evavill dijo:

    Hola!!
    No he podido leerlo todo porque es muy largo.
    Pero te comento a lo que planteas sobre Putin al principio. A lo mejor tiene un perro y le da jamón de jabugo porque lo adora, de lo que se deduce que es bueno con su perro.
    Pero cualquiera que cause tal cantidad de sufrimiento a otros es malvada y eso no tiene discusión posible.
    El mal existe, ha existido siempre y no se va a extinguir. Y se da en muchas formas.
    No sé a dónde va a llegar esto ni voy a hacer predicciones pero es terrible.
    Parece mentira, sí.
    Pero es verdad.

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    • Hola. Te equivocas con lo del perro: le da caviar de beluga. Pues justa y precisamente por el ejemplo que pones, eso viene a «demostrar» que no existirían un mal y un bien en términos absolutos, que siempre es un juicio o apreciación subjetiva, relativa, y a mi parecer en el fondo una comparación. Esto es equivalente al psicópata asesino que es un maravilloso padre para sus hijos.
      Matizo unas cuantas cosas… sí, Putin es un monstruo insensible, un tirano sanguinario y despiadado. Yo a Putin lo detendría, juzgaría, condenaría, encerraría y tiraría la llave al mar. No soy nadie para dictaminar la muerte de otro ser humano. Mi larga entrada es una reflexión general sobre la guerra, también el bien y el mal, la naturaleza humana y las causas que llevan a guerras y provocan dolor y sufrimiento, que como explico en el post son internas, psicológicas, pues las económicas, políticas, etc., por sí solas no bastan. Detrás tiene que haber otras cosas como odio, ambición, fanatismos, ideales…
      Claro, preguntar como hago si Putin es intrínsecamente malo sabía y entiendo que puede extrañar, incomodar, molestar, escandalizar, incluso doler, y que la discrepancia puede ser enorme ahí. Pero insisto en que no veo un «mal absoluto» hablando en general. Por eso intento desgranar un poco los rasgos psicológicos y su forma de actuar, cosas como esa extrema frialdad. No quiero enrollarme, la conclusión en definitiva es que no cabe duda de que es un monstruo, de que está causando enorme dolor, horror, sufrimiento, que está actuando muy mal y personificando el mal, por decirlo así. Así que estoy muy de acuerdo contigo, si nos atenemos a los hechos y las circunstancias, y también en que el mal existe y siempre ha existido y se manifiesta de muchas formas.
      Me pasa, ya digo que puede resultar extraño, en el post, que me cuesta usar la simple etiqueta «malo», pues la veo algo simplista y también maniquea. Por eso uso muchos otros adjetivos. Si te fijas en el comentario que me ha dejado Tatiana, ella dice que en Rusia muchísima gente le adora y le idolatra, que le apoyan totalmente y le aplauden. También digo esto en el post, que para muchos rusos/as él será un líder fuerte que se propone unos objetivos y les parecerá perfecto y admirable e incluso no una mala persona. ¿Conclusión? El juicio o la apreciación de «malo» es relativa y depende de la óptica. Y no estoy justificándole ni nada. Tenemos la guerra, la muerte, el horror, el sufrimiento… que son devastadores frente a cualquier visión distorsionada producto del lavado de cerebro y el control férreo del relato. Así que por todo el mal que está causando es sin duda malvado.
      Pero dicho esto me pasa algo «curioso» con este hombre. Quizá me tiene un poco descolocado. A mí me da la impresión, que puede ser absolutamente equivocada, de que da la apariencia de que en sus actos, decisiones y políticas que sí, son terribles y devastadoras, no se da por su parte o no las ejecuta con una maldad expresa, intencionada, manifiesta. Reitero que son los hechos los que le condenan en definitiva. Y creo que da esa apariencia porque es implacable, inflexible, extremadamente frío. En otras palabras, le dan absolutamente igual las consecuencias, tanto sufrimiento. Es como una apisonadora que avanza y no se preocupa porque aplasta todo a su paso. Es esa extremada frialdad lo que me descoloca en buena medida. Falta absoluta de empatía, de sensibilidad, de humanidad. Es tan frío, despiadado, calculador, cruel que en parte no parece un humano con sentimientos cálidos o amables, y a la vez no se preocupa por todo ese dolor que causa. En pocas palabras es un fanático, un déspota, un monstruo. Reitero que me desconcierta que pueda ejecutar todas esas ambiciones sin pararse a pensar todo lo que provocará, lo cual implica miles de muertos, destrucción, refugiados.
      No sé si estas aclaraciones sirven para entender por qué me expreso así en el post.
      No tengo ningún «interés especial» en idealizar al ser humano y verlo más bondadoso, virtuoso, maravilloso y mejor de lo que parece demostrar tras siglos de historia. Quizá sí que lo idealizo, pero como digo en el post, ni siquiera tanta desgracia y tanto horror harán cambiar ni un ápice la visión que tengo del ser humano. Todo es cuestión de potencialidades, de si basculas hacia el bien y la Luz o hacia la oscuridad y la maldad. Sigo pensando que el ser humano en su esencia más íntima es Luz, sí, e inteligencia, amor, sabiduría, empatía y un largo etcétera de cualidades positivas. Que deben cultivarse. De la misma forma está toda la parte oscura, las ambiciones, el odio, etc.
      El ser humano no empieza y termina en Putin, ni empieza y termina en Gandhi, por ejemplo. Somos millones y entonces se da toda esa infinita gradación entre el bien y el mal, todas las potencialidades, toda la escala de grises.
      Le he dejado un largo comentario a MJ. Si quieres leerlo quizá ahí también se aclara un poco más cómo pienso, aunque en el fondo todo es bastante redundante.
      Pese a que el post es maratoniano y leerlo entero probablemente una tortura china 😀 te invito a leerlo entero. Quizá su principal objetivo es la reflexión, y por eso no creo que puedan hacerse reflexiones muy profundas en tres frases. Seguramente es un post muy filosófico, teórico, probablemente idealista y extremadamente personal, lo sé.
      Nada más que decir. Este espantoso horror sobrepasa cualquier explicación verbal e intelectual, y como también digo me parece aberrante y doloroso «normalizar» la guerra.

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    • Dos últimas reflexiones muy breves, Paloma.
      Una: viendo las noticias se constata que la sociedad en general, los políticos, gobiernos, medios, supongo que muchas personas, con más o menos pesar, acaba normalizando la guerra. Se acaba adaptando, se acaba encajando. ¿Eso es terrible o no? ¿Comprensible o no? ¿Debería ser así o no? En mi opinión es terrible y muy triste y no debería ocurrir.
      Dos: lo que está pasando en Ucrania, aparte de los delirios de Putin, debería hacernos reflexionar a fondo sobre el profundo mal que causan los nacionalismos, los fanatismos. Y tengo unos sentimientos y una posición por ser catalán, ya lo sabes, pero eso no quiere decir que no reflexione. Somos humanos y en el fondo trascendemos todos esos rasgos distintivos. Eso es algo que tampoco cambiará en mi pensar.
      Tres, de propina: el drama del coronavirus y ahora esta guerra. Esto debería hacernos reflexionar sobre el ser humano, la sociedad en general, también los políticos y sus ambiciones (no la búsqueda del bien común). Bastante desastroso todo.

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      • MJ RU1Z dijo:

        Y luego dices que tengo pensamientos conspiranóicos… pero yo te digo que cuando el río suena…
        Volviendo al tema del perro de Putin. Creo que tiene bastante aprecio por sus perros. Seguramente mucho más que por los seres humanos. He leído que en una ocasión la Merkel estaba de visita y tiene fobia a los perros (lo mismo que yo y la comprendo enormemente) y Putin lo sabía y ¿qué hizo el muy capullo? Dejar que el perro anduviera a sus anchas alrededor de la alemana para tenerla acosada y así mantenerse poderoso, superior. Es un tipo que goza con las debilidades del contrario y en ese caso se aprovechó de algo tan terrible como es una fobia. Así de rastrero es este individuo…

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        • Qué fuerte. Esto es propio de un psicópata sin escrúpulos ni sensibilidad prácticamente. Una idea me ha cruzado tras leer esto; si fue miembro del KGB, quizá sería el tipo de persona, extremadamente fría e inmutable, que podría presenciar la más cruel y salvaje de las torturas, por ejemplo en interrogatorios, sin pestañear siquiera ni sentirse afectado. Cuando cito ese diálogo del «hay piezas que todo humano debería llevar de serie y tú no las tienes» es por algo…

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        • «Y luego dices que tengo pensamientos conspiranóicos»… se me escapa el sentido de esta observación. ¿Por algo qué he dicho, el qué?

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      • MJ RU1Z dijo:

        En el librito que reseñé hay una escena de Putin cuando era agente del KBG que resulta bastante esclarecedora del ambiente en el que se formó y puede dar explicación a la deriva de su carácter. Lo que está claro es que él está profundamente convencido de lo que hace. La verdad es que se hizo cargo del país en un estado lamentable, en la ruina. Saneó la economía y ganó la guerra de Chechenia que se hallaba enquistada durante mucho tiempo, y ha vuelto a poner en el mapa a su país. ¿Cómo no va a haber rusos que lo adoren? Eso también hay que tenerlo en cuenta.

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        • Todo esto creo que lo comento también en el post: supo reflotar a una Rusia muy maltrecha. Es un líder fuerte, gusten sus métodos o no, y es lógico que muchos ciudadanos le apoyen totalmente. Ahora bien, una cosa es la economía, otra las libertades (que deberían ser intocables) y otra una guerra demencial y una destrucción y dolor descomunales, no justificables. Se le fue la cabeza totalmente en sus delirios de megalómano.

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  6. MJ RU1Z dijo:

    Y una cosa curiosa: las fechas de comienzo de las dos guerras mundiales suman el mismo número. Pero lo más inquietante es que la de invasión de Ucrania también lo hace. Todas se resumen en un 5. Un número que de entrada es el número del cambio, el movimiento, la mutación, representado por la estrella de cinco puntas (asociada al satanismo), representa el quinto elemento, el éter, los 5 sentidos que permiten que nuestra alma se conecte a la realidad física para experimentar la vida.

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    • Bueno, es curioso, sí. Para mí es una simple anécdota y no creo que tenga un significado demasiado real. Pienso que la mente humana siempre puede trazar todo este tipo de asociaciones, asignar significados o simbolismos, adoptar determinadas interpretaciones. Es algo fácil de hacer y en realidad muy generalizado a muchos niveles. Aquí se tira por el camino de lo esotérico, lo misterioso, lo numerístico (no sé si cabalístico es correcto). No me lo tomo a pie juntillas.

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  7. laacantha dijo:

    «También da bastante la impresión de que la vida en Rusia no está excesivamente valorada, a nivel general » …A que sí , nunca jamas fue valorada la vida en Rusia. Triste . Muy buen texto, con el análisis objetivo y cierto. Muchas gracias. Te dejo el comentario muy escueto, porque estoy agotada de analizar, discutir y pelear . En esta situación lo peor de todo no es Putin, al fin y al cabo se puede matarlo , lo más terrible de ello es la facilidad con la cual se puede manejar el pueblo. El pueblo de Rusia en su mayoría apoya a Putin, idolocrandolo. Y si en lugar de Putin viene el otro, todavía más malvado, estoy segur de que podrá convencer el pueblo creer en sea lo que sea. Un abrazo.

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    • Muchas gracias a ti por pasar, la lectura y la apreciación positiva.
      La verdad es que es algo que he pensado muchas veces, que da toda la apariencia de que la vida en Rusia tiene muy poco valor, sobre todo para la gente poderosa. Me sabe mal decirlo porque no quiero herir tu sensibilidad como rusa.
      Es un tema para mucho debate y análisis, claro. Todo el mundo tiene su opinión. Ojalá toda acabara rápido y de forma digamos «luminosa» o sin más horror al por mayor.
      Lo que comentas es terrible sobre la opinión del pueblo sobre Putin. Tiene los medios absolutamente controlados y ya se ha encargado de barrer disidencias, medios independientes y críticos, etc. Como esa asociación, Memorial. Putin es un dictador, aunque en estos tiempos todos se dan un barniz de demócratas. Pues ahora se comenta lo de implementar esa RUnet o intranet rusa incluso desconectada del exterior. Control total, al estilo de China. Esto es terrible y creo que solo hace que alejar a las naciones unas de otras, más si cabe.
      Un abrazo.

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  8. Mayte Blasco dijo:

    Gracias por las menciones, compañero. Tremendo post te has marcado…
    Es evidente que el concepto del bien y del mal es relativo, pero cuando se lanzan bombas sobre un teatro en el que se sabe que hay civiles desarmados (y niños, sobre todo niños), para mí la respuesta es clara: eso no es ser malo, es ser un puto monstruo.
    Me han parecido muy interesantes algunos datos que das sobre quiénes se benefician económicamente con esta guerra, y estoy totalmente de acuerdo con eso de que Rusia aúna lo peor del comunismo y lo peor del capitalismo (más o menos igual que en China, aunque creo que el caso de China es aún peor).
    A veces pienso que hay mucho psicópata en los puestos de poder (no sólo en los gobiernos, también en la dirección de empresas e instituciones). Los que llegan a esas posiciones suelen ser gente sin escrúpulos y ese carácter se va haciendo más enrevesado y déspota cuanto más poder acumulan.
    Hay muchos más Putin de los que nos pensamos en el poder político y empresarial, aunque algunos de ellos no lanzan bombas y actúan de una forma más sibilina.

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    • Gracias a ti por la visita y la valoración. Creo que sí, que los conceptos de bien y mal son relativos. Me alegro de que lo veas igual. No sé si ha quedado un tanto extraño mi planteamiento o postura en el post, acerca de Putin. No es que ponga en duda si es malo. Más bien me pregunto si usar esa simple etiqueta es suficiente, adecuado, preciso, si se ajusta bien a lo que vemos. Creo que por hacer esos planteamientos y preguntas «no pasa nada», aunque ciertamente los hechos son terroríficos.
      Te doy toda la razón. Putin es un monstruo despiadado, implacable, insensible. Como le comento a Paloma unas líneas más arriba, esto en cierta manera me desconcierta. Ya lo comento en el post, esa aparente tranquilidad e incluso naturalidad con la que toma decisiones y actúa, pese a las espantosas consecuencias. Es como si no pensara en ello o directamente le importa una mierda, incluyendo el sufrimiento y tantas muertes.
      Es verdad, cuando escuché que las autoridades ucranianas cifraban en 300 los muertos en esa escuela de Mariúpol, pese a estar señalizada exteriormente, sentí bastante indignación. Pero de verdad, intensa, mucho más que la simple condena. No solo es el horror demencial y espantoso de toda guerra: es que estamos viendo crímenes de guerra, como eso o como bombardear hospitales, bloques de viviendas, disparar a ciudadanos que huyen…
      Todo el tema de los beneficios de la guerra… sí. Y solo puse breves extractos. Ese dato de creo un 416% de revalorización de esas empresas del lobby en Wall Street, creo, ya lo dice todo. Son empresas que siempre han estado ahí. En los EE. UU. gustan mucho las armas. Es cruel decir esto, lo sé. La verdad que es un negocio en muchos países, incluyendo España. Vendiéndole armas a la monarquía saudí, que las usa para matar a civiles yemeníes. Muchos expertos y sociólogos han señalado que las guerras sirven de reactivación de la economía. Es fuerte.
      Es verdad que hay muchos Putin en el mundo de las finanzas. Es lo que siempre se ha conocido por tiburones, los especuladores y élites de poder que solo piensan en beneficios, dividendos… y para nada en el factor humano. Pero es que esta sociedad es así de demencial. Después a vender y se meten en ferias, exposiciones y demás actos, como quien vende piruletas o zapatos.
      Comentas lo de Rusia acercándose al modelo chino. Es así, parece que fuera del modelo de las democracias occidentales esto se está dando, y me parece muy peligroso, porque es tener a toda la población controlada por muchos medios, también a través de la información, la prensa, los móviles e internet…
      Recuerdo que durante la pandemia descubrí al filósofo coreano afincado en Berlín Byung-Chul Han. El País publicaba un artículo suyo. Versaba sobre cómo el gobierno chino había gestionado lo de los confinamientos, etc., a través del control férreo de los individuos, que cedían todo el poder y control al gobierno, también bastante de su confianza. Algo muy alejado de la concepción de las libertades individuales aquí. En fin, tema de debate profundo, acerca de esos modelos y de hacia adónde se dirige el mundo. Tremendo artículo que te hace reflexionar. Todo este tema de cómo buscan controlar a sus ciudadanos para que crean el relato oficial y no sean críticos realmente espanta y me parece nefasto y peligroso. Lo de Putin con la guerra viene a confirmarlo. Y tiene el cinismo de criticar y mencionar la Alemania nazi cada dos por tres.
      Un abrazo.

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    • Una última observación, acerca de esos psicópatas sin escrúpulos en las empresas, élites de poder… Algo que he pensado varias veces estos días, escribiendo el post, es una frase que es totalmente acertada: el poder corrompe.

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  9. beauseant dijo:

    He tardado bastante en leer la entrada, y algo me dice que debería volver a hacerlo. Se nota que es el trabajo de muchas semanas de reflexión, algo que dejo una semilla en algún lugar de tu cerebro y ha estado germinando largo tiempo.

    A mi Putin me dio esa sensación hace tiempo, la de un hombre que ha descubierto su propia mortalidad y ha comprendido que sólo sería dos párrafos en un libro de historia que nadie leería. Necesitaba algo mayor, quería una página entera. En ese sentido se pueden entender sus acciones de una manera mejor que con la simplificación de «que se ha vuelto loco»…

    En fin, ya hemos hablado mucho sobre esto antes y no tengo mucho que aportar. Me gusta mucho cómo lo has enlazado todo y me has dado una gran cantidad de información.

    Y no, no creo mucho en el karma, aunque a veces veo nuestros actos como las piezas de un domino que van derribando a otras y la pieza final nos cae de golpe en la cabeza… pero eso no siempre ocurre, ¿verdad? Hay gente terrible que no recibe ni la mitad de todo el daño que han infringido,.

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    • Qué grata sorpresa. Muchas gracias por leer y comentar. No sé cuántos días me dediqué a reflexionar sobre todo esto. Desde que estalló el conflicto y obviamente está toda la otra parte, más personal y antigua, y efectivamente lo enlazo todo buscando si es posible un sentido y unas respuestas. Bueno, ya lo has leído, la reflexión sobre lo que denominamos el Mal y en gran medida esas pulsiones que habitan el interior de los humanos, como la ambición, la codicia, el odio, los fanatismos… Se me hace casi imposible no verlo de otra forma y en ese sentido el análisis de las causas de la guerra es idéntico al que hace Krishnamurti. ¿De dónde si no nacería todo el conflicto, si no es de la mente humana que siempre está insatisfecha? Es, por otro lado, ese dukkha o sufrimiento que pregona el budismo. Para otros no tendrá relación, para mí muchísima.
      En cuanto a Putin, pues sí… «esta decisión me catapultará a los libros de historia». El tema del nacionalismo ruso. Realmente está obsesionado, imbuido por esto y ese sueño de grandeza. Lo de que pudiera estar enfermo también le daría mucho sentido. Parece un ser muy frío, insensible e indiferente al dolor y las espantosas consecuencias que generan sus decisiones. Se las pasa por el forro y también creo que valora poquísimo la vida de la gente.
      Las piezas del dominó… ese es un muy buen apunte. Sí, todo produce efectos. Por eso tomando tan solo la causalidad ya tenemos mucho en lo que pensar. Lo del karma siempre va a ser un misterio. Yo sí que creo, no como un premio o castigo, aparentemente, aunque una parte de lo que nos sucede, o las circunstancias que nos encontramos o conforman nuestras vidas sí que podrían verse como un «castigo». Quizá a que hemos sido muy malos/as en otras vidas. Perdona, para mí tiene sentido, aunque no me agarre a ello a ciegas. Parece que no, que muchos sujetos muy malvados no han pagado o afrontado las consecuencias, pero… ¿qué sabemos en el fondo? La misma imposibilidad para demostrar que no aplica para demostrar que sí. De todas formas, como expongo, de poco sirve como consuelo moral o intelectual.
      No sé, la reflexión general sobre el ser humano y el por qué es tan estúpido, egoísta y atrasado me lleva a plantear que existen caminos para hacer limpieza de todo eso negativo, Es difícil pero no imposible. El budismo apunta a ello claramente y lo detalla muy bien. De hecho «egoísmo» viene de ego, de creerse un ego separado, y ahí nacen la alienación y el dolor. Si fuéramos más inteligentes y solidarios todos saldríamos ganando y seríamos más felices en conjunto. Algo tan obvio es despreciado e ignorado. Y esta nueva guerra es un puto y estrepitoso fracaso. De todas maneras Putin es un ser anacrónico, en su mente está la Guerra Fría. Loco no estará, pero equilibrado de la cabeza tampoco. Como le digo a MJ, no tiene un recto pensar, sino que sufre de una visión distorsionada y victimista que es ponzoñosa. Y por otro lado es el choque de dos nacionalismos muy fuertes. Un cóctel letal.
      Ciao.

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      • MJ RU1Z dijo:

        Lo malo es que no es el único que tiene esos pensamientos victimistas y distorsionados. Mira lo que está saliendo ahora sobre los países árabes. Mira lo de Marruecos y Argelia. Si seguimos el rollo a Marruecos ofendemos a Argelia… tal cual una pelea de patio de colegio…
        Parece que la globalización resulta en un exarcebamiento de los nacionalismos y cada día aflora uno o varios más.
        Ciao.

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        • Sí, disputas de patio de colegio. Es el «barrer para casa» y el «mirarse siempre y primeramente el ombligo», o sea, egoísmo y mezquindad aplicados a países y gobiernos. Por todas estas razones dije que la estructuración en naciones con sus rasgos, identidades, fronteras… es totalmente equiparable a los egos individuales. Parece muy utópica una unidad de todas las naciones en objetivos comunes. Es que si nos invadieran los aliens también habría desavenencias internas y cainitas, ja ja. Ni siquiera me imagino, cuando el calentamiento global ya sea catastrófico, por sus consecuencias y por volverse un planeta cada vez menos habitable, a los países trabajando codo con codo para salvar el cuello. Puede que una parte, pero muchas veces las buenas intenciones vienen acompañadas de declaraciones hipócritas y hacer el papelón. Europa parece especialista en este punto. En fin, ojalá me equivoque…

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        • Y el victimismo es un arma política de primer nivel, lo cual es vomitivo, gravísimo y preocupante. En España y fuera de España: Casado, Ayuso, Trump (me han robado las elecciones… ).

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      • MJ RU1Z dijo:

        La próxima semana hay una noche temática en la 2 sobre la guerra de Ucrania. Parece interesante. Acabo de ver el anuncio.
        CIao.

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  10. MJ Ruiz dijo:

    ¡Hola, What!
    Hoy vuelvo aquí para dejarte otro libro que he leído y reseñado y que seguro que habrás visto porque es el Premio Primavera de novela de este año, escrito por Vicente Vallés, el periodista de Antena 3. Si el otro libro te gustó, este creo que ya sería la caña. Aquí te dejo el enlace a la reseña que le hice:
    https://eleeabooks.blogspot.com/2022/04/operacion-kazan-vicente-valles.html
    Saludos.

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    • Gracias por comentármelo. Sobre el libro de Girao (me preguntaste), voy muy lento leyéndolo porque la verdad es que solo leo cuando voy en transporte público. En casa no leo, me cuesta mucho. Y con los madrugones que me pego para trabajar la verdad es que voy con tanto sueño que soy incapaz de leer. Por cierto debo decirte que no sé de dónde sacas tanto tiempo para leer. Es de admirar. Te dejo mis impresiones en tu reseña.
      Saludos.

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  11. Me han interesado mucho las citas de Krishamurti y el karma, yo sí que creo en él y el pensador indio es una de las influencias más decisivas en mi vida. En cuanto a Ucrania, he leído mucho al respecto, pero cuanto más leo menos entiendo qué está pasando. Putin es malo pero la partida de ajedrez planteada por Estados Unidos y la Otan, no es inocente. Lo que menos importa en este caso son los ucranianos, que tampoco son inocentes. Saludos.

    No me permite poner mi dirección de mi blog no sé porque, tal vez porque es de blogger. Soy olajl2.blogspot.com, Profesor en la secundaria.

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  12. Muchas gracias por tu comentario. Pues totalmente de acuerdo en todo lo que apuntas. Realmente es algo muy fuerte, triste y decepcionante, toda esta guerra absurda y horrible y el comportamiento de gobiernos y poderosos. Me alegro por lo que dices de Krishnamurti. Sí, todo está en nuestra psique, en nuestro interior. Es la única «explicación» convincente y sensata que encuentro.

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