Spoon: Hot Thoughts / I Ain’t The One / WhisperI’lllistentohearit

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Vaya por delante una preciosa, colorida y original portada de disco para volver a escribir después de unos cuantos días. La gran portada del álbum Hot Thoughts del grupo Spoon

El universo del denominado indie, a nivel musical —pop, rock, etc….— es realmente inmenso. Es materialmente imposible estar razonablemente “al día” o tan siquiera conocer muchísimos nombres —y escuchar sus trabajos, ése es el quid—, pues los artistas y las formaciones son literalmente miles y miles. En ese incansable afán de mantener los radares operativos y de ampliar horizontes, hace un tiempo me hice con los trabajos Transference (2010) y They Want My Soul (2014) de esta banda, pero pese a irlos escuchando tampoco les presté excesiva atención. Hasta estos días y hasta este reciente trabajo —Hot Thoughts (2017)—, ya que me pregunté qué tal le estaría yendo a esta formación.

Spoon nacen en Austin, Texas, en 1993. Son el cantante, guitarrista y líder de la banda Britt Daniel y el batería Jim Eno los que fundan el combo y publican su álbum de debut bajo el formato de trío en 1996.

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La formación actual es un cuarteto. De izquierda a derecha: Alex Fischel (teclados, piano, guitarras… ), Britt Daniel (voz, guitarra, teclados… ), Jim Eno (batería, percusiones… ) y Rob Pope (bajo, guitarra, teclados… )

Hasta el 2017 contaban con el teclista y guitarrista Eric Harvey, que dejó la banda, aunque el baile de componentes ha sido más movido a lo largo de estos años. Para sus actuaciones en directo ahora se apoyan en un quinto componente, Gerardo Larios, a los mismos instrumentos (es quien aparece en el vídeo final).

La banda goza de una excelente reputación entre la crítica, y han ido cosechando un creciente éxito entre el público. Este último trabajo es ya su noveno disco, donde introducen una serie de cambios fundamentalmente en la instrumentación y el sonido, y miran hacia otros estilos aún no explorados. Me convencen totalmente las referencias que nos da jenesaispop.com; es una buena síntesis para hacerse una idea de esta banda:

«El grupo ya no se acuerda de los días en que vendía cuatro copias de sus discos, ahora los coloca en el top 5 americano, y tiene la crítica a sus pies, aunque nunca haya logrado la repercusión comercial de unos Radiohead o unos Alabama Shakes. A pesar de esta desventaja, la opinión general sobre Spoon es que es uno de los grupos más consistentes en activo ahora mismo en Estados Unidos, si no el que más. Al contrario que el excelente ‘They Want My Soul’, un álbum introspectivo y contenido, de tonos más bien sombríos, ‘Hot Thoughts’ es un trabajo colorido, exuberante y explosivo en arreglos, que bebe -siempre desde las fórmulas del rock- de la música disco y funk tanto como del rock’n roll y el rhythm and blues clásico y en el que los sintetizadores en particular toman un protagonismo hasta ahora inédito en el repertorio del grupo. (…) En ‘Hot Thoughts’, la electrónica abre mil posibilidades para el futuro del grupo».

Por cierto que el nombre del grupo lo escogieron para rendir homenaje a la banda germana de krautrock y rock experimental Can, ya que uno de los hits de este grupo de los 70 se titulaba precisamente Spoon. Y aunque el nombre Can tenía otras significaciones y no venía del inglés, curiosamente podemos decir que can entre muchas otras cosas significa lata. Así que ya tenemos la lata y la cuchara, de momento. Los chicos de la cuchara, por su parte, han sido comparados a bandas como Radiohead, y su líder admite clarísimas influencias de Bowie y Prince en este disco, así como del funk, la música disco y el pop rock hecho en los 80. Y se nota.

Vamos con el tema que abre el disco y que le da nombre. Daniel explica en una entrevista a NME que la inspiración le vino de una curiosa situación. Hallándose con su novia en el popularísimo barrio tokiota de Shibuya, un extraño personaje se acercó para “tirarle los trastos” a su chica:

“It was actually my girlfriend who inspired the first lyrics for ‘Hot Thoughts’. Last spring some guy who barely spoke English came up to her in Shibuya (Japan) and told her she had beautiful teeth, her teeth were so white and they shined so bright. I just thought this was a very courageous and original way to hit on my girlfriend”.

Se trata a mi juicio de un gran tema. Han tenido que pasar semanas para que me enganche, pero realmente la parte instrumental es magnífica y muy pegadiza. Además, nótese el inmenso detalle —nada menor— de que estos señores, después de presentarnos la canción en la primera estrofa, se embarcan y nos embarcan en una auténtica espiral a base de guitarrazos. Y lo hacen por tres veces a lo largo de la canción. Uau, chapeau, sin duda alguna solo me queda decir que eso demuestra su talento y que la intensidad es una de sus señas de identidad. Me quedo con este increíble vídeo en directo porque se acercan asombrosamente a la nitidez del sonido de estudio…

¿Y el resto del disco? Pues contiene algunas excelentes canciones, algunas de ellas auténticos hits en potencia. Pero destacaré dos en concreto. El primero de ellos, I Ain’t The One, un temazo en formato balada. La voz algo rasgada de Daniel y esos teclados tomando gran protagonismo; pero no es una balada con exceso de azúcar, sino que tiene consistencia y va creciendo. Una vez más, el gancho para el oyente me parece muy claro…

Y finalmente WhisperI’lllistentohearit (que es Whisper I’ll listen to hear it escrito todo junto), otro tema donde la intensidad es evidente. Atención a ese inesperado cambio de ritmo. A mí me suena a muchas grandes canciones de los 80. Otro tema que ha captado mi atención…

Y hasta aquí este breve repaso al último disco de los chicos de la cuchara y a sus pensamientos calenturientos

Hot thoughts melting my mind
Could be your accent mixing with mine
You got me uptight, twisting inside
Hot thoughts all in my mind and all of the time, babe

En un show mainstream, presentándose de forma más “comedida” pero sin perder casi esa intensidad (las espirales)…

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Three Billboards outside Ebbing, Missouri: Last Rose of Summer / Suite / Buckskin Stallion Blues

Su hija fue violada y asesinada. El cuerpo, quemado y abandonado. Jamás se encontró al asesino y violador, jamás se resolvió el caso y la investigación quedó aparcada en un punto muerto, sin pruebas concluyentes ni pistas que ayudaran a desencallar el caso… Ante estas durísimas circunstancias, Mildred Hayes (Frances McDormand), residente en Ebbing, decide alquilar tres vallas publicitarias que están en desuso en las afueras de esta pequeña población de Missouri para intentar llamar la atención sobre este feminicidio no resuelto. La violación y asesinato de su hija, Angela…

Estas son las premisas argumentales con las que arranca la película estrenada en septiembre del 2017 Three Billboards outside Ebbing, Missouri, titulada en España Tres anuncios en las afueras. Tres anuncios, sí, pero no tres anuncios cualesquiera…

RAPED WHILE DYING  Violada mientras moría

“AND STILL NO ARRESTS?  ¿Y todavía no hay arrestos?

HOW COME, CHIEF WILLOUGHBY? ¿Cómo es posible, por qué, jefe Willoughby?

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Seguramente lo habréis intuido, pero, ¿hace falta decir que estamos ante una gran película? ¿Ante un drama intenso y emotivo? Es cierto, tal y como apuntan algunas críticas que he leído hace unas horas, el guion puede calificarse de algo flojo, y según este punto de vista, de manifiestamente mejorable. O, tomando otras valoraciones y si no somos tan duros, podemos afirmar que el guion tiene ciertos baches y ciertos momentos y elementos algo forzados. Pero si valoramos la película en su conjunto, el film tiene muchas otras virtudes que hacen olvidar y casi ignorar esta flojera, de forma que este punto débil no sea importante ni impedimento para que efectivamente estemos ante un film bastante notable.

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No voy a entrar en un análisis a fondo sobre esta cuestión del guion y de las debilidades y fortalezas de la película, pero si a alguien le interesa por ejemplo se desmenuzan en este artículo. Como tampoco es mi intención lanzarme a la fastidiosa tarea de destripar todo el argumento y quitarle toda la gracia y el elemento sorpresa. Pero algunas claves sí que voy a mencionar —aviso—, y hay una que para mí enlaza directamente con esta cuestión del guion: no estamos ante uno precisamente convencional o previsible; no estamos ante el típico thriller al que podamos ponerle la etiqueta “crimen resuelto gracias a una espectacular y brillante investigación, que dejará a los espectadores boquiabiertos y totalmente satisfechos”. No. De hecho, tan terribles crímenes no se esclarecen y el film se cierra con las investigaciones varadas en el mismo punto.

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Mildred Hayes (Frances McDormand) y Jason Dixon (Sam Rockwell)

Pero como decía antes, la película tiene muchos otros elementos que la hacen interesante y con altas probabilidades de tenerte “pegado a la butaca” y totalmente pendiente de la trama. Y entre estos están sin duda las brillantes interpretaciones de todos los actores y actrices, no solamente del trío protagonista: Frances McDormand, Woody Harrelson y Sam Rockwell.

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Woody Harrelson y Frances McDormand

Baste decir que la película ha cosechado numerosos premios y nominaciones, entre ellas a los Oscar. McDormand está absolutamente soberbia y sobrecogedora y se llevó merecidamente el Oscar a la mejor actriz. Pero es que Rockwell se llevó también la estatuilla, como mejor actor secundario. No sé qué decir de él… si McDormand está increíble, Rockwell está que se sale y tanto su interpretación como la evolución de su personaje se meten al espectador en el bolsillo. El caso es que quien vea la película va a empatizar totalmente con ambos personajes, pese a representar carácteres tan distintos y opuestos (otro gran logro del film).

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Hablemos del personaje encarnado por Rockwell y de su estrecha relación con ese guion tan atípico. Ya de entrada Mildred Hayes se encuentra con la oposición casi total de los habitantes de Ebbing, principalmente por señalar como directo responsable de la inoperancia policial en una de las vallas al sheriff Bill Willoughby, muy querido en el pueblo. Digamos que el cuerpo de policía de dicha población es un tanto “peculiar”: racistas, homófobos, acomodados en sus puestos, ocupados en nimiedades, y con la típica chulería y arrogancia del “aquí mando yo y se hace lo que yo diga”. Pero la cosa va a empeorar cuando el agente Jason Dixon —Rockwell—cobre mayor protagonismo. Dixon es aparentemente mala persona y mal policía; racista, alcohólico, violento, frustrado e intolerante. Pero él va a aportar claramente un nuevo elemento disruptivo a la trama, al no avanzar ésta en lo que se refiere a la resolución del caso. Por la citada evolución del personaje. Un ser como decíamos bastante despreciable y violento, que se acaba ganando a pulso que le expulsen del cuerpo de policía. En un momento dado entra en la comisaría de noche a recoger algo importante (no explicaré más). Coincide este hecho con otra circunstancia, y estamos para mí ante el punto álgido de la película: Mildred, harta de la incompetencia policial y además del rechazo, maltrato recibido y las malas praxis de estos funcionarios, decide incendiar la central de policía lanzándole varios cócteles Molotov. Encima, otro detalle clave, algún desalmado ha prendido fuego a su vez a sus tres vallas publicitarias. Está furiosa. Lo que no sabe es que Dixon está dentro de la comisaría en esos momentos.

“Mildred llama por teléfono una y otra vez a la estación para asegurarse de que no hay nadie dentro y Dixon no escucha las llamadas —lleva unos auriculares, está escuchando música y leyendo una carta—. Durante ese minuto de lectura, el hombre más violento, irascible e impulsivo de la cinta, se transforma en una persona pausada. El cuarto cóctel Molotov entra por la ventana y saca a Dixon de su momento de iluminación. Está rodeado de fuego y no tiene por dónde salir, pero su primera acción es poner a buen resguardo el archivo del caso de Angela Hayes, la hija de Mildred. Lo protege y salta por la ventana; sufre fuertes quemaduras, pero el archivo está a salvo. Puedo estar equivocado, pero este es el punto más alto de la película, la transformación de un mal policía y pésima persona en alguien de bien, o al menos con un matiz que hasta ese momento no nos habían mostrado, al punto de poner en riesgo su integridad física para ayudar a otros”.

La escena es tremenda. A partir de ahí, después de escapar de una muerte segura entre las llamas, esa “pésima persona” protagonizará un cambio y una especie de redención. Se da cuenta de lo cabronazo que ha sido hasta ese momento; se da cuenta de que lo único verdaderamente decente y valioso es intentar ayudar a los demás; se da cuenta de que en el fondo lo que quiere es ser un buen policía, y que sus frustraciones se lo han impedido hasta el momento…

He “destripado” mucho el argumento —mis disculpas— , pero no lo he explicado todo, ni muchísimo menos.

Hablemos de la banda sonora, porque me llamó la atención inmediatamente. La película se abre con una escena donde vemos esas vallas semiabandonadas, mientras suena de fondo el primer gran tema de la cinta: se trata de The Last Rose of Summer.

The Last Rose of Summer es un poema escrito por el poeta irlandés Thomas Moore en 1805. Se asoció a una melodía tradicional transcrita a finales del siglo XVIII, y ambos fueron publicados juntos en 1813 como parte de unos volúmenes titulados A Selection of Irish Melodies, del propio Moore. Dicha melodía y poema fueron objeto de atención de numerosos compositores clásicos, que la incluyeron en distintas obras o hicieron variaciones. Algunos tan conocidos como Beethoven, Mendelssohn, Hindemith o Britten. En cuanto a la música popular, ha sido adaptada o versionada por un sinfín de artistas, desde Bing Crosby a Tom Waits, pasando por Clannad o Judas Priest.

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El disco de la banda sonora, que corre a cargo del compositor Carter Burwell

En cuanto a la versión que se oye en la película, corresponde concretamente a la adaptación que hizo el compositor alemán Friedrich von Flotow, que la convirtió en el aria Letzte Rose incluida en su ópera Martha (1847). La interpretación corre a cargo de la soprano Renée Fleming, con la English Chamber Orchestra dirigida por Jeffrey Tate. Sobrecogedor, hermoso y apropiadísimo para arrancar la película. Si las imágenes y la trama me iban a atrapar, la banda sonora ya lo hizo antes…

Como tema principal tenemos esta Suite, muy hermosa y emotiva también. En este vídeo en concreto han fusionado cuatro de los temas cortos que van sonando en el film, que de hecho son variaciones de la misma melodía…

Por ejemplo, aquí tenemos una de las partes, el tema Mildred Goes to War

Otro de los temas destacados de la película es The Night They Drove Old Dixie Down —aunque no lo he incluido en el título de la entrada para no alargarlo más— interpretado por Joan Baez. Es una canción compuesta por Robbie Robertson, de su época en el mítico grupo canadiense The Band. El tema salió en el segundo álbum de The Band, y la parte vocal iba a cargo de Levon Helm. Joan Baez, gran voz, magnífica…

Para finalizar este repaso, aquí tenemos Buckskin Stallion Blues, que suena dos veces en el film. La primera en voz del que fuera su autor, Townes Van Zandt, y la segunda, la que oiremos aquí, a cargo de Amy AnnelleVan Zandt, fallecido en 1997, fue un cantante y songwriter de country, folk y blues. Su vida no fue nada fácil, subsistiendo en moteles baratos, casuchas o cabañas, en austeras condiciones materiales, además de sufrir diversas adicciones durante toda su vida, alcoholismo e incluso un trastorno bipolar. Su obra sería difundida por los grandes del country, como Emmylou HarrisWillie Nelson o Merle Haggard

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Conocía ya a Van Zandt de nombre. Le conocía porque cuando escribí una entrada sobre el fantástico tema Guitar Town de Steve Earle, recuerdo que el detalle hizo mella en mí: Earle aprende a tocar la guitarra a los once años, a los trece se presenta a un concurso en la escuela y se dice que a los catorce años se va de casa en pos de su ídolo de juventud y gran referente musical, que no es otro que… Townes Van Zandt.

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(Steve Earle con Townes Van Zandt en la década de los 90)

“El gran valor de Tres anuncios en las afueras es, sin lugar a dudas, sus personajes. La historia no es nada del otro mundo, un Mystic River a lo 2017, pero sus personajes son los que sostienen todo. Son los que mantienen y dan sentido a las contradicciones de dirección de McDonagh. Y las contradicciones no tienen por qué ser negativas. (…)

Golpes de efecto que mantienen despierto al espectador en una película lenta y, por momentos, áspera. Áspera y dulce; agria y apetecible; amarga y sedienta. Contrastes que te despiertan, actores que te succionan; trama que te engancha aunque no te lleve a nada. Porque esta es la clave, la nada. (…)

McDonagh escribe un guion brutal donde se entremezcla todo, pero nada ocupa más que lo otro. Dolor, esperanza, amargura, rabia, humor, moralidad y amor… De lo sencillo, McDonagh llega a lo complicado, a lo difícil, a lo peor del ser humano, pero a la vez a lo mejor. Un guion cargado de contradicciones perfectas”.

(Crítica en El Mundo)

“Martin McDonagh mantiene su vocación de autor insólito en Tres anuncios en las afueras. El pueblo de la América profunda en la que se desarrolla, el ambiente, los personajes y el tono recuerdan inevitablemente a Fargo, aquel espléndido invento de los hermanos Coen. Aquí, narra la odisea de una mujer reivindicativa, comprensiblemente implacable y vengativa para encontrar al autor de la violación y asesinato de su hija, obsesionada por su certeza de que las autoridades no hacen todo lo posible (o lo imposible) para resolver el macabro caso. Es el hilo conductor para retratar ese universo paleto con sus propios códigos al que pone muy nervioso el acoso al que le somete esa incansable y feroz madre coraje. El panorama parece exclusivamente desgarrado y trágico, pero el director también introduce presunta comicidad, sorna, humor surrealista. La mezcla funciona a ratos y en otros me resulta cargante (…) y de vez en cuando me asalta la molesta sensación de que el director está empeñado en demostrarte en cada secuencia lo listo que es y la complejidad que ha introducido en su historia… “

(Crítica en El País)

No, este “western protagonizado por una mujer” no es una obra maestra que te vaya a deslumbrar y dejar boquiabierto. Pero ese atípico guion funciona y sobre todo engancha, enganchan los personajes y sus historias personales. Es emotiva, intensa y reflexiva. Personalmente, me hizo reflexionar. No sobre esos terribles crímenes que son el origen de todo. Tampoco sobre las vergüenzas de la sociedad (la estadounidense, por ejemplo). La sensación que me quedó es lo frágiles que somos todos/as en el fondo, independientemente del papel que estemos representando en esta tragicomedia.

 

 

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Eros (29): Grimace (mueca) [1]

Me encanta esta fotografía, absolutamente. Sin ningún tipo de rubor puedo decir, exclamar y hacer hincapié en cómo me gusta todo, todo, absolutamente todo de esta chica: sus tremendos ojazos, sus cejas, sus pestañas, su sombra de ojos, sus labios… y por supuesto esa divertida expresión facial o mueca…

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Grimace es una banda finlandesa de heavy metal, de “melodic heavy metal”. Según reza su página web, “melodic metal with some rock elements from Mikkeli, Finland, with or without melody… “. Nacieron en el 2008 y parece que tienen cuatro discos en su haber.

Pues el “metal”, en sus infinitas variantes, desde luego que no es mi estilo predilecto, lo que más me atrae, interesa o transmite. Pero puedo tolerarlo más que bien en pequeñas dosis. Depende de los temas, de su virulencia y de algunos factores más. Pero este tema está francamente bien. Suenan de fábula, son potentes y se dejan escuchar la mar de bien. Muy bonitas las partes más acústicas a cargo de la guitarra. El “metal”, la banda Grimace… si la culpa es de ella…

 

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The Clash: London Calling / Brand New Cadillac

Hoy me apetece recordar y rendir homenaje a un gran grupo y a un grandísimo disco. ¿Y por qué? Pues aparte de haber escuchado muchas veces el London Calling de The Clash, de conocerlo, haberlo disfrutado y tener en mente una entrada sobre estos temas, existe un claro “culpable” —ja, ja, ja, bendito culpable— : un compañero de trabajo se ha presentado este miércoles al curro luciendo una camiseta de la legendaria banda británica. Iba escuchando música con unos auriculares. He mirado la camiseta, he esbozado una sonrisa y simplemente he articulado para que pudiera leerme los labios: “The Clash”. Se ha quitado los auriculares y he añadido “London Calling”, como si esa complicidad entre entendidos del asunto fuera más que suficiente. Y lo ha sido. Eso nos ha permitido departir durante dos breves minutos sobre lo grande que es este álbum doble. Ya os podéis imaginar qué he pensado para mí: “ya va siendo hora de escribir esa entrada, probablemente hoy es el día”.

The Clash In New York

Lo siento —qué morro— pero voy a tirar clara y descaradamente del “copia y pega”, y no porque no pueda aportar mi propia visión y mis propias vivencias acerca del grupo y el disco, sino porque los medios acreditados y los críticos profesionales ya lo han hecho probablemente con mayor propiedad y con una claridad y capacidad de síntesis que me sería difícil igualar. Además, digo “amén” a todo lo que acabo de leer, porque coincido hasta en la última coma, así que… A nivel personal sí puedo decir que en aquella década de los 80 en que acaparaba y escuchaba toneladas de música —y lo sigo haciendo, aunque más canas pueblen mi azotea tras los años— me hice con un grabación en cassette del LP que hoy nos ocupa. No pocas veces lo he escuchado, y sin duda estas dos canciones que traigo hoy están entre mis predilectas, por la fuerza que tienen. Así que esto es un “copio, pego, coincido, digo amén e invito a la lectura y la reflexión”.

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Abrimos fuego con la sacrosanta Wikipedia, porque los párrafos que vienen a continuación son perfectos para entender quiénes fueron los Clash, qué representaron en el ámbito del punk y el punk rock y la enorme trascendencia de su obra:

«The Clash fue una banda británica de punk que estuvo activa entre 1976 y 1986. El grupo fue uno de los más importantes e icónicos de la primera ola del punk originada a fines de los años 70 y, a diferencia de la mayoría de las bandas punk que se caracterizaban por su simplicidad musical incorporó reggae, rock, rockabilly, ska, jazz y dub entre otros variados estilos en su repertorio. The Clash llegó a ser una banda muy influyente en la música mundial. Sumado a esto, The Clash exhibió una intencionalidad política en sus letras que con el tiempo se convertiría en su característica distintiva fundamental. El idealismo expresado en las composiciones de Joe Strummer y Mick Jones contrastó con el nihilismo de Sex Pistols y la sencillez de Ramones, las otras bandas emblemas del punk en la época».

Pues amén, y remachamos para entender lo que han representado estos señores:

«Su tercer álbum, London Calling (publicado en 1979), es considerado uno de los mejores discos de la historia de la música comercial. De hecho, la revista Billboard lo calificó como el mejor de los años 80,​ y según la revista Rolling Stone como el octavo mejor de la historia en su lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos».

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Nos vamos hasta la crónica escrita por José Sanz Gil-Cepeda en el 2015 para El Quinto Beatle. Atención a sus sabias palabras:

«The Clash es punk, “London Calling” no del todo, afortunadamente. Que no se me malinterprete, el punk es uno de mis géneros predilectos. Rabia, mecha corta, crudos riffs de tres acordes, un tío pegando alaridos… no necesito mucho más para pasármelo bien con un disco. Sin ir más lejos, el propio debut de The Clash tenía todo eso, y además contaba con el mérito de ser un álbum pionero e indispensable para la construcción del género. Si me preguntáis, os diría que “The Clash” es el mejor disco punk de todos los tiempos y una de las mejores colecciones de singles de rock, lato sensu.

Decía ‘afortunadamente’ porque “London Calling” es mucho más que eso. Sin abandonar el compromiso político que acompañó siempre a Joe Strummer, The Clash supieron reformular su propio sonido incorporando influencias del blues, soul y R&B que aprehendieron de su visita al otro lado del Atlántico, sí, pero también ska, dub, reggae y cierto regusto pop. Y no se trata sólo de que cambiaran el curso del punk (y del rock por extensión) que ellos mismos habían ayudado a parir, ni de que conservaran el mensaje durante el proceso, además lo hicieron en un doble álbum de diecinueve tracks con la misma potencialidad de convertirse en singles que los temas de su debut. De manera que podemos reverenciar a este trabajo, reconociendo su trascendental importancia, sin precisar de una esforzada escucha. Si aplaudimos a “The Clash” por habernos enseñado qué es el punk, debemos vitorear a “London Calling” porque nos ha mostrado todo lo que éste puede dar de sí.

Insisto, por si no fuera suficiente el lavado de cara que The Clash aplicaron al punk con su tercer LP, lo mejor es que lo hicieron como sólo pueden hacerlo los grandes discos, a base de grandes canciones. Porque cuando un determinado grupo da con una fórmula nueva, lo difícil no suele ser ejecutarla, sino, como en casi todo, encontrar esa idea más o menos revolucionaria que hará que muchos más quieran seguirte. (…) Lo que Strummer y Jones hicieron con el punk en “London Calling” fue una gran idea, pero la forma en la que la efectuaron fue aún mejor. Ha habido miles de grupos que han querido sonar como The Clash, tú mismo puedes montarte uno e intentar conjugar en un solo trabajo géneros tan dispares como los que el disco de marras presenta. Ni en tus mejores sueños conseguirás un resultado tan compacto, ni mucho menos reproducir composiciones la mitad de buenas. Discos como éste separan a los grupos que aspiran a la genialidad de los que viven asentados en ella. Por eso es tan bueno “London Calling”, porque, ni aunque quisieras, podrías repetirlo». 

La valoración es tremendamente elocuente, acertada y rotunda. Después de comentar las canciones una a una, este crítico nos cuenta algo interesante:

«The Clash no lo tuvieron fácil para publicar un doble disco como este, desde CBS (su discográfica) las pegas fueron innumerables. Al final la agrupación tuvo que convencer al sello para que le dejara editar un LP con un maxi-single de regalo, intentando que el precio del producto no fuera demasiado elevado para sus fans. CBS no encontraba la razón por la que un grupo punk quería editar un doble álbum, algo más propio del rock progresivo; y además temía por la viabilidad comercial del mismo ya que no incluía ‘ninguna canción de amor’ que pudiera seducir los oídos del mainstream». 

Me hace mucha gracia: “ninguna canción de amor”. Pues yo leo la letra de London Calling y veo ahí mucho amor: amor a la vida, amor a la verdad, amor a la libertad que se sacude sin miedo las estúpidas ataduras sociales. Hostia, es mucho amor. Termina dicha crítica con la valoración sobre la importancia de esta banda:

«En 1979 The Clash salvaron al punk y, probablemente, también a sí mismos. El movimiento estaba condenado a muerte desde el principio por su rápida combustión, por la fugacidad con la que se apagaban las llamas que encendían sus riffs de tres acordes. “London Calling”, sin necesidad de adoptar una postura pretenciosa, sin renunciar a poner más corazón que técnica en sus temas, revitalizó el género y catapultó a Strummer y compañía a la eternidad… ». 

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(De izquierda a derecha: Topper Headon, Mick Jones, Paul Simonon y Joe Strummer)

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Estos cuatro señores en la misma “alineación”

Para finalizar, Ramon Llubià escribía para la prestigiosa revista Rockdelux:

«Una de las cumbres de la música rock de todos los tiempos. Brillante y abierta estilísticamente, la tercera obra de los Clash (presentada en formato de doble LP) sentó cátedra. En poco más de una hora, The Clash le regalaron al futuro un puñado de temas eternos. “London Calling” fue escogido el número 14 en la lista de los doscientos mejores álbumes del siglo XX que se publicó en octubre de 2002 en el Rockdelux 200. (…)  “London Calling”, tercer álbum de The Clash, grabado y publicado en diciembre de 1979, el otoño del punk. A toda prisa, como si nada. Un doble LP plagado de hits (…) igual que “Sandinista!” (1980), un triple LP menos afortunado que apareció solo un año más tarde. The Clash tenían estas cosas.

Mientras los Sex Pistols habían nacido prisioneros de la codicia de Malcolm McLaren, The Clash fueron un caudal creativo independiente (sobre todo respecto a la multinacional que los tenía en nómina) que nunca olvidó el compromiso con los suburbios londinenses de donde procedían (bien, es de dominio público que Joe Strummer “se escapó” de una familia bien, pero hoy todavía se le puede ver tocando en casas ocupadas)ni con los del resto del planeta. Mick Jones había sacado el nombre del grupo de un grafiti en el muro de la autopista que hacía de frontera entre su barrio y una de las zonas más acomodadas de la ciudad. Claro que Paul Simonon también se atribuye el bautismo, después de comprobar que la palabra “clash” estaba presente en la mayoría de las noticias que se publicaban en los periódicos británicos de la época. En cualquier caso, el conflicto, el choque, el enfrentamiento, vienen de visita.2 

Lejos de vivir encerrados y de emprenderla con la población inmigrante que ya era común en las calles donde habían crecido, The Clash se impregnaron de cosmopolitismo, se dejaron llevar por la marea de diversidad que invadía Portobello y por el ritmo caribeño del Roxy, un templo punk donde siempre se acababa bailando reggae porque el DJ era jamaicano… (…)

Y The Clash decidieron que al punk le convenía ver mundo. Por eso se tomaron en serio lo que Estados Unidos tenía que ofrecerles como fuente cultural y musical inagotable, por eso también se fueron a Jamaica a la primera ocasión y conocieron a Lee Perry. (…) Todo esto cristalizó de un modo exuberante en “London Calling”. Strummer, Jones y Paul Simonon, a esas alturas con Topper Headon bien asentado en la batería, estuvieron sembrados en el momento de parir este disco. Lúcidos hasta en los instantes de furia: la misma portada –Simonon, capturado en blanco y negro por la fotógrafa Pennie Smith, a punto de estrellar su bajo contra el suelo– marca una huella inconfundible y, por supuesto, también ha figurado en todas las listas de las mejores portadas de la historia habidas y por haber. (…)

“London Calling” (…) es una obra que propone salidas y respuestas, la solución más cuerda y entusiasta al callejón sin salida en que se había metido el punk denunciando que todo el pasado había sido decadencia. Como todos los grandes discos, tiene la virtud de reciclar, filtrar, reinventar y generar. Hay rock clásico y hasta apuntes de rockabilly, además de la evidente inmersión, honesta y respetuosa, en la música de baile de la época, el reggae y todas sus variantes». 

Sí, señor, qué grandísima reseña. Con estas tres extensas citas tenemos más que suficiente para hacernos una idea de lo que representaron este grupo y este disco. Creo que yo no podría haberlo expuesto con más brillantez…

Vamos con el tema que da nombre al disco, y volvamos a la crítica escrita por José Sanz Gil-Cepeda:

«El doble LP se abre de manera implacable con “London Calling”: la batería de Topper, guitarras distorsionadas que marcan el ritmo y una línea de bajo difícilmente olvidable. En esta ocasión el conjunto decidió utilizar una tonalidad menor que tiñe al tema de un cierto sentimiento apocalíptico. Sus versos reflejan de manera sucinta el contenido lírico de todo el álbum: el temor ante la posibilidad de un desastre nuclear influido por el accidente del reactor nuclear de Three Mile Island, el riesgo de que el centro de Londres se inundase ante una eventual crecida del Támesis, la omnipresente represión policial del gobierno de Thatcher, el desempleo creciente y la sensación de que la sociedad está avanzando en la dirección equivocada». 

Versión de estudio, con la letra traducida, y versión en directo, algo acelerada, pero que es muy valiosa como documento gráfico. Hemos leído bien, hipotético desastre nuclear y el Támesis anegándolo todo. Seguro que a este grupo punk les gustaría mi coletilla punk: incordiaban más que una mosca cojonera y le echaron un par de huevos.

«“Brand New Cadillac” echa la mirada atrás, para fijarse en el rockabilly de finales de los años cincuenta. El tema en cuestión es una versión mejorada del también británico Vince Taylor». 

Los dos temas abren el disco, se da la circunstancia. Un comienzo inapelable…

Y así hemos aprendido unas cuantas cosas sobre esta mítica banda de punk rock…

[1] Joe Strummer murió en el 2002 “a causa de un fallo cardíaco congénito no diagnosticado”.

[2] Clash en inglés efectivamente significa “enfrentamiento”, “choque”, “encuentro”, “desacuerdo”.

Atención a esto, porque sobran las palabras. La demostración de lo que significó para generaciones de músicos:

«En los premios Grammy de febrero de 2003, “London Calling” fue interpretada por Elvis Costello, Bruce Springsteen, Steven van Zandt, Dave Grohl, Pete Thomas y Tony Kanal como tributo a Strummer». 

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Paul Simonon, Topper Headon y Mick Jones fotografiados en el 2013. Ella es Cerys Matthews

(Después de terminar la entrada y publicarla, he consultado otro par de reseñas. Y he decidido añadir un par de extractos más que son muy definitorios, así como una imagen que es absolutamente reveladora en cuanto a la portada del disco. Creo que esto completa bastante esta referencia a las claves que generaron el LP).

El primer párrafo está extraído de la web todopunk.com. Muy buena crónica. Esta es su conclusión sobre el disco:

«Lo más sorprendente de todo es que, pese a que el disco muestre una variedad tan grande de influencias a lo largo de sus canciones, todas ellas acaban ensamblándose de una forma tan natural que sorprende. Hay que tener un talento especial para ser capaz de ensamblar un puzzle tan complejo y completo sabiendo cómo hacer que quede perfectamente ensamblado y sin estridencias o disonancias. Y es que no en vano “London Calling” es uno de los discos más importantes de la historia del rock y uno de los más influyentes de las últimas décadas. The Clash entraron de lleno con este álbum a ese espacio reservado para unos pocos. Esa suerte de olimpo en el que sólo unas cuantas bandas son capaces de acceder para trascender al paso del tiempo y convertirse en una referencia inmortal de la música moderna. Visionarios en su tiempo pero clásicos en el nuestro. El punkrock no sería lo que es hoy si The Clash no hubiesen existido».

La segunda cita proviene de la web sopitas.com:

«Las semillas de London Calling se plantaron cuando el grupo realizó su primera gira por Estados Unidos. El “choque cultural”, los hizo enamorarse aún más de la música que había tenido cuna en este país: el Rock & Roll en su forma más pura y primigenia. Aún más, los integrantes del grupo se volvieron ávidos coleccionistas y fans de los artistas de Soul y Rhythm & Blues, con quienes sentían mayor afinidad por venir de clases trabajadoras. Es por ello que mientras avanzaba la gira incluyeron a artistas como Bo Diddley y Sam & Dave para abrir sus conciertos.

A su regreso el grupo se embarcó en un ambicioso proyecto: lanzar un álbum doble, bajo el título de The Last Testament con el que pretendían ponerle punto final a la historia del Rock, una historia que había comenzado en 1956 con el lanzamiento del primer álbum de Elvis Presley.

El nombre se desechó pero la idea se mantuvo musicalmente (lo cual incluía usar la misma tipografía de la portada de Elvis para la propia de este álbum doble, además de la contraposición de ambas fotos: Elvis dando un alarido primigenio, el grito del nacimiento del Rock & Roll contra el bajista de The Clash, Paul Simonon destruyendo su instrumento, poniendo punto final a aquello que lo generó). London Calling ya forma parte permanente e indispensable del paisaje de la historia del Rock. (…)

De ahí que entonces el grupo se embarcara con 19 tracks en un recorrido por los más diversos estilos, al menos los que a ellos les parecía que tenían más relevancia de la historia de la música hasta el momento, como el Rockabilly, el Reggae, el Jazz, el Rhythm & Blues y hasta el Pop al estilo Motown, esto a pesar de los cánones punks en los que era indispensable vilipendiar a todas las figuras posibles del pasado cercano. Si bien en uno de sus primeros sencillos llamado “1977” desacreditaban a los Beatles, los Rolling Stones y Elvis, en London Calling les hacían reverencia o al menos los saludaban respetuosamente.

El productor del álbum fue Guy Stevens, un excéntrico manager de los Mott the Hoople y productor de Free, quien era famoso por sus borracheras indómitas, arranques de furia y también por capturar perfectamente la espontaneidad de las bandas. Guy creía más en la “vibra” que en la técnica, la toma perfecta debía tener el ambiente perfecto… (…)

The Clash dejó clara su postura y dio el primer paso hacia nuevos territorios, en lugar de abandonarse a morir siendo una caricatura de sí mismos, entrampados por las ideas Punk que se habían vuelto contra ellos en afanes prohibicionistas de “no puedes hacer esto o esto otro”. Don Letts, productor y miembro de Big Audio Dynamite (proyecto post-The Clash de Mick Jones) lo definió muy bien: “el Punk no trataba sobre nihilismo y negatividad, el Punk trataba sobre el empoderamiento, la individualidad y la libertad personal o musical. London Calling enarboló estos ideales más que ningún otro álbum Punk del momento”».

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Finalmente, voy a poner un enlace a la letra del tema, ya que cantan en inglés coloquial y algunas cosas francamente no las he pillado a la primera, como por ejemplo ese “the sun’s zoomin’ in”.

Y el vídeo original y oficial. Hay que incluirlo. Buenísimo, el grupo tocando en un muelle o embarcadero…

Mi memoria fotográfica no puede decirse que sea “excelente”. Creo que no pasaría esa prueba que hemos visto en algunas películas o series: el adiestramiento de agentes secretos altamente dotados que pueden “fotografiar” mentalmente una habitación en 30 o 60 segundos para después describirla con una asombrosa precisión en los detalles. Pero juraría que era esta camiseta. O parecida, desde luego sí recuerdo ese sol en color rojo al estilo nipón (fue la bandera militar japonesa usada por la armada y el ejército imperial japoneses hasta mediados de los años 40 y 50).

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Rock con mayúsculas

 

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Mitski: Geyser / Old Friend / Me and My Husband

El 17 de agosto ha sido la fecha en que se ha publicado el quinto álbum de estudio de la estadounidense de ascendencia japonesa Mitski Miyawaki. Una artista muy interesante sobre la que ya escribí hace un tiempo. Las críticas en general dan a este Be the Cowboy una puntuación media —sobre 100 puntos— de 87, mientras que la publicación Pitchfork le otorga ni más ni menos que un 8,8, asegurando además que es su mejor trabajo hasta la fecha. O sea, que perfectamente podemos estar ante uno de los discos más relevantes de este 2018. Lo cual es de mucho mérito, pues su trabajo Puberty 2 del 2016 ya se colocó a su vez entre lo mejorcito de hace dos años.

Ya manifesté en alguna ocasión que los temas de Mitski irradian una cierta —o una notable, depende— serenidad. Su sello compositivo es muy característico e inconfundible, y a mí personalmente me parece una excelente songwriter, que escribe con una gran claridad melódica. Como muestra este primer tema. Desprende serenidad, madurez y seguridad, para ir creciendo instrumentalmente y de ahí transmutarse en fuerza…

Otra muestra de esa belleza, serenidad y magnetismo que se desprenden de sus temas. Wow…

Para acabar este meteórico repaso —el disco entero lo he escuchado esta misma tarde— , aquí tenemos Me and My Husband. Excelente tratamiento de la percusión, de los teclados, en un comienzo que resplandece… ¿es que a nadie le recuerda totalmente el sonido del SgtPepper’s, a nadie le suena absolutamente Beatle?

Y eso que me he dejado fuera probablemente la canción más pegadiza e inmediata del disco, la popera Nobody, que además va acompañada de un divertido y curioso vídeo que merece la pena ver.

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Eros (28): Alyssa Arce, The Police y The Cars

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La modelo Alyssa Arce aparece luciendo una camiseta del grupo The Police, en una serie de fotografías que pertenecen a una sesión de fotos realizadas por Adam Mont, para la revista HQ en el 2016…

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Aparte de llevar esta breve camiseta del mítico trío británico —con cierta cara de “sufrimiento”, ja, ja, ja, o como mínimo de cierta afectación— aquí podemos verla en otras tomas, más ligera de ropa y con poses más sugerentes…

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Alyssa Arce es una modelo norteamericana nacida en 1992 en Carolina del Sur. Se hizo particularmente famosa a raíz de aparecer en la publicación Playboy, al ser elegida Miss July en el año 2013 —o Playmate— . En aquellas sesiones de fotos aparecía retratada en un recinto para carreras de coches —la pista de carreras de Willow Springs, con unos cuantos Ferrari y Ford GT—, rodeada de toda la ambientación y la parafernalia de ese mundillo: las pistas, banderas de cuadros, monos de trabajo, cascos, neumáticos, mangueras, impresionantes coches deportivos, etc. Ella se declara una amante de las carreras y la velocidad: “I love cars and four-wheelers”.

La modelo aparece tanto vestida como no tanto y por supuesto también tal como Dios la trajo al mundo, inmortalizada por el fotógrafo Sasha Eisenman. Las fotografías, tal como suele pasar con esta famosa y criticada publicación, son absolutamente espectaculares y de una gran plasticidad. Si a alguien le interesa ver estos trabajos, se lo voy a dar totalmente masticado: aquí tenemos una ficha de la modelo, mientras que aquí tenemos una serie titulada Slow Emotion

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Otra serie titulada Hot and Freey todavía otra galería más.

Finalmente aquí tenemos un vídeo donde se la ve desenvolverse con toda naturalidad y sin pudor alguno totalmente desnuda: Behind the Scenes. Hay muchas más fotografías, que se encuentran por ejemplo aquí. Nos vamos con algunas instantáneas más como muestra de aquellas sesiones…

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Y por cierto, por si alguien no lo sabe o lo había olvidado: “The Cars, banda de rock y de power pop, encuadrada en el movimiento new wave. Nacieron en Boston a finales de los 70 y estaban liderados por Ric Ocasek, cantante, guitarra rítmica y compositor. Los sintetizadores tenían también una importante presencia”. Eran muy buenos…

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17 de agosto: Wish You Were Here

So, so you think you can tell
Heaven from hell
Blue skies from pain
Can you tell a green field
From a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?

¿Así, así que crees que puedes distinguir
el paraíso del infierno,
cielos azules del dolor?
¿Puedes distinguir un campo verde
de un frío raíl de acero?
¿Una sonrisa de un velo?
¿Crees que puedes distinguirlo?

Un recuerdo emocionado. Mucha tristeza. Mucho dolor. Estos versos de Pink Floyd podrían aplicarse a los que perpetraron esos terribles actos. Podrían aplicarse a las víctimas que los sufrieron, y a todos sus seres queridos y familiares. Estos versos podrían aplicarse, estar pensados y dedicados absolutamente a todos/as nosotros/as.

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Bunbury y Loquillo, en vivo (agosto 2018)

Dos grandes figuras del rock español, Enrique Bunbury y Loquillo, seguro que tienen muchísimas cosas en común —aparte de otras que claramente les diferencien—, pero además ahora comparten otro punto a nivel coyuntural: ambos han actuado esta noche del domingo 12 de agosto en escenarios catalanes.81ae7f36edef60f27bb6a778ffad8fe6_xlEl exlíder de Héroes del Silencio lo ha hecho en el Festival Internacional de Música de Cambrils —Parc del Pinaret, en la edición que es ya la número 44—. Acompañado de su actual banda, Los Santos InocentesComo titulaba alguna que otra crónica«Bunbury cumplió las “Expectativas” en Cambrils» (así se titula su último trabajo).

Aquí le tenemos —les tenemos— con el tema Solo si me perdonas, canción que estaba incluida en su álbum Pequeño, publicado en 1999 y que fue su segundo disco en solitario ya tras la mítica banda zaragozana… 

José María Sanz, “Loquillo”… el veterano cantante es otra de las grandes vacas sagradas del panorama español. Creo que es de absoluta lógica y total justicia el enorme respeto que despiertan su prolongada carrera y producción. Todavía recuerdo el “terremoto” que produjo en mis años de adolescencia el descubrimiento de El ritmo del garaje, su álbum de debut en 1983 con Los Trogloditas.loquillo“El Loco” ha actuado por su parte en el Festival de Cap Roig, en Calella de Palafrugell. Lástima que aún no haya ningún corte de esa actuación en la red, pero no puedo ni quiero quedarme sin esa ración de “locura” y de rock. Este 2018 sacaba un triple CD recopilatorio, Rock and Roll actitud 1978-2018. Viendo el final de este vídeo me emociona verdaderamente constatar la admiración y los sentimientos que concita, él junto a sus compinches. Wizink Center de Madrid, 15 de diciembre de 2017…

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Eros (27): Twisting by the Pool (3)

Una gran y hermosa fotografía. El cuerpo femenino es tan increíblemente bello…

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Las Odio: Yo lo vi primero / Indiespañol / Blackout

Su historia me ha atrapado totalmente y ha despertado en mí un fuerte interés. Así, de repente. Sin conocerlas previamente de nada. Los extrañísimos caminos del navegar digital…

«Las Odio tienen un nombre impactante, tirando a insuperable. Son cuatro mujeres, hacen música garagera con letras concisas e irónicas y dijeron “no” a la propuesta de El Corte Inglés para que su canción Yo lo vi primero fuera la tonada de Los 8 días de oro».

Así empieza un interesantísimo artículo que me tuvo la otra noche hasta las tantas leyendo. La primera frase, respecto al nombre del grupo, es acertadísima, ya que coincido en que llamarse «Las Odio» es agudísimo, un puntazo, una diana perfecta con iguales dosis de humor, evidente doble sentido e ironía inteligente. Dicho artículo nos habla de estas cuatro mujeres…

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… que son, de izquierda a derecha: Sonsoles, bajo y voces; Paula, voz y teclados; Alicia, batería y voces; y Ágata a la guitarra y voces. Dicho artículo es además una jugosa entrevista a Paula y Ágata. Ambas componentes nos explican no pocas cosas de esta formación madrileña y de esta curiosa historia que les llevó a dar calabazas a una potente firma comercial. ¿Cómo no sentir una inmensa curiosidad por conocer los detalles de este, digamos, “regate”?

No voy a reproducir ese artículo de ABC Cultura fil per randa (“meticulosamente y no dejándose ni un detalle”), como solemos decir los catalanes, pero sí a extraer los fragmentos con más sustancia de cara a conocer lo esencial de esta banda indie. Publicaban su disco de debut en febrero del 2017, titulado Futuras esposas. Título cargado de retranca y portada cargada de significación combativa. ¿Hace falta decirlo más claro?

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Pero ahora voy a pegar un salto e irme hasta la crítica que hizo de este disco jenesaispop.com. Lo que se dice de la formación ya nos da una idea muy clara de por dónde van los tiros con Las Odio:

«“Yo no soy la novia, no soy la amiga, no soy la prima, ni la vecina / deja de buscarme, no estoy en la lista, mira mi pulsera, ¡¡yo soy artista!!”. Las Odio cierran su disco de debut con una canción que no puede ser más relevante… (…) Las cosas parecían estar en el mismo punto que hace 4 años, cuando grupos como Pauline en la Playa o Nosoträsh hablaban del machismo en el indie, narrando cómo tenían que soportar que un hombre les ofreciera su ayuda para afinar una guitarra o pisar un pedal en una prueba de sonido. Hay festivales cuyo cartel puede tener 20 grupos y solo un par de ellos cuenta con alguna chica entre sus miembros, dejando una triste proporción en esta estampa de casi 100 músicos masculinos frente a 3 chicas. Definitivamente seguimos igual. La sociedad se lo ha dejado a huevo a Las Odio para tener en este tema su himno más claro, y tanto es por la letra como por ese riff que referencia el folclore de nuestro país».

Volviendo al mencionado artículo/entrevista, se habla de la buena acogida que tuvo a nivel de público y crítica dicho disco (el periodista dice con toda la gracia e ingenio: “o sea, a Las Odio se os quiere”), y al darles la palabra ellas explican que se sienten integradas en lo que denominan —también con mucha gracia— infraunderground.

“Nos interesan las formas autogestionadas y crear una comunidad en la que la gente sea partícipe, no solo quien esté arriba en el escenario. Es una filosofía que intentamos mantener (…)” —según Ágata—, mientras que Paula precisa: “el infraunderground es una idea política. No es solo que toques ante muy poca gente sino que lo hagas de una forma colectiva, horizontal, feminista y autogestionada”.

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Entrando en detalle a explicar esa curiosa anécdota, su negativa a que El Corte Inglés les comprara el single Yo lo vi primero, Paula nos cuenta que la cuestión generó un debate en el seno del grupo —“sobre qué puedes vender, cómo lo puedes vender”— y que se discutió abiertamente sobre los objetivos de la banda al hacer música, que según Ágata, “eran difícilmente asimilables con un anuncio en Los 8 días de oro”.

“El mensaje de la canción es justo el contrario del que iba a tener. En realidad, era bastante fino porque lo que querían era sacarle todo el contenido ideológico a nuestra canción, vaciarla, y quedarte con la cáscara”, continúa Paula. Parece bastante claro el abismo entre las diametralmente opuestas visiones del mensaje de la canción, según Las Odio y según la firma comercial, y la naturaleza de la discrepancia: en el enfoque, en la intencionalidad… todo lo cual da bastante sobre que reflexionar, a nivel del modelo social, económico y comercial en el que estamos metidos —estas apreciaciones son mías— .

Parecería que a los directivos o al departamento comercial de dicha firma no les quedó del todo claro que en realidad la letra de la canción es una crítica irónica al consumismo: “La canción es una crítica a hacer tu identidad a base de consumo, de definirte por ello. Porque, además, tu identidad gana si eres el primero que consume algo. Y es bastante perverso. Al final, genera una tontería general importante”, remacha Paula.

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No voy a seguir ahondando en dicha entrevista —bastantes extractos he sacado ya—, pero sí señalaré que es sumamente interesante, pues se habla con franqueza y mucho ojo crítico sobre diversos temas: el consumismo, el modelo de sociedad y la manipulación a muchos niveles a la que estamos sometidos, las maneras de viajar y hacer turismo, machismo y feminismo en el mundillo musical y concertístico, ciertos tics sociales, ciertos esnobismos y ciertas modas absurdas, algunas influencias culturales, humor o su visión de otras formaciones musicales, por ejemplo.

A quien pudiera interesarle, dejo aquí un enlace a un artículo publicado en elotrolado.net, donde a su vez pueden encontrarse un montón de enlaces a reportajes, actuaciones o entrevistas hechas al grupo, incluyendo la mencionada en ABC Cultura.

Las Odio dicen no adscribirse a ningún subgénero del rock en concreto, aunque parecen decantarse bastante hacia el garage rock y el surf rock, y en realidad, según sus propias palabras, hacia temas que sean plena y descaradamente bailables. Yo lo vi primero muestra claramente la influencia del surf rock, con aires sesenteros y un estilo cercano a los Messer Chups. Canción sencilla pero efectiva…

Excelente Indiespañol: riff muy logrado y pegadizo, letra ingeniosa —son los versos a los que hacía referencia jenesaispop.com—, música quedona y un hit en potencia con bastante gancho. No solo me interesó su historia, musicalmente me han sorprendido muy gratamente…

Y finalmente Blackout: de nuevo el surf rock, ese tributo al rock instrumental, con aires algo punk (el bajo y el guitarreo), el rock cavernoso —¡¡ese órgano!!— pero a la vez aromas psicodélicos y yeyés. Magnífico a mi entender…

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