Lana Del Rey: Chemtrails Over The Country Club

Anoche, aparte de hacer una incursión en la difícil situación que se vive en Cuba, descubrí una auténtica maravilla. El tema, ya con solo escuchar las primeras notas, me dejó virtualmente noqueado. Extasiado, aunque suene exagerado. Ese estribillo… que es como un bálsamo. Tuve que escuchar la canción cinco, seis, siete veces… no sé. Entonces busqué el vídeo y acabé de confirmar que estamos ante un temazo, en todos los sentidos.

Desde que Elizabeth Woolridge Grant (Lana Del Rey) lanzara el maravilloso Video Games (tema y vídeo) en el 2011 y se viera catapultada a la fama internacional, la cantante se ha convertido en una de las artistas pop más valiosas y valoradas. Su álbum de debut Born to Die (2012) también fue un éxito a nivel mundial. Con esa voz tan delicada y bella, y con excelentes canciones y trabajos, se ha convertido por derecho propio en una de las figuras del pop y el folk rock más a tener en cuenta. Siempre me han parecido fascinantes su música y su estilo. Tienen mucho encanto y magnetismo. Un estilo que podemos calificar de muy personal, lánguido, melancólico, intimista. No en vano la melancolía es uno de los ejes sobre los que giran sus canciones. Melancolía, nostalgia, tristeza, amores trágicos, rupturas sentimentales, un mundo íntimo de sueños, evocaciones, recuerdos, vivencias… También son clave sus miradas hacia varios tópicos: el pasado y especialmente las décadas de los 50 y los 60, la cultura pop, el estilo Americana y en general toda la cultura e historia de sus Estados Unidos natales. Así que ese aire retro o de nostalgia es uno de sus sellos característicos, plasmado en las letras y también los vídeos. Video Games fue toda una carta de presentación en ese sentido.

El 19 de marzo de este año la cantante neoyorquina sacó su séptimo trabajo de estudio, de título Chemtrails over the Country Club. Un disco que discurre por los territorios del folk, el country folk y el mencionado estilo Americana, con referencias a todo ello en sus temas, así como a todo ese universo emocional y cultural. La sesuda y extensa crítica del disco que hacía la publicación Pitchfork (me dejan boquiabierto sus formidables reseñas, donde entran en análisis profundos de artistas y obras) llegaba a la ineludible conclusión de que Lana Del Rey es una artista inequívoca y profundamente estadounidense, por todo ese bagaje cultural. La crítica era tan detallada que no me vi con moral de leerla entera. Queda pendiemte.

No será ninguna sorpresa decir que el recibimiento de la crítica internacional ha sido excelente. Y es que Lana Del Rey está que se sale, y no solamente por ese estricto motivo. ¿Por qué, entonces? Pues porque no son pocos los medios que consideran que con este último disco ¡ha bajado un poco el listón con respecto al anterior!

Hablamos del disco Norman Fucking Rockwell!, publicado en el 2019. No surprises here. Catalogado como uno de los mejores álbumes de ese año. De hecho, el álbum estuvo nominado al Grammy a mejor disco del año, y la canción que le da título a mejor canción del año. Solamente para que nos hagamos una idea: una publicación llamada Metacritic, que se dedica a puntuar los discos tomando como referencia las valoraciones de muchos medios distintos, puntuaba este disco con un 87 sobre 100, y a Chemtrails over the Country Club con un 81 sobre 100. Realmente es un nivel bastante alto. Así que así parece gastarlas esta chica. Ya estoy escuchando sus dos últimos discos con atención. Desde luego, “Norman Fucking Rockwell!” se abre con un “How to Disappear” que promete muchísimo.

Todo el mundo a estas alturas sabe lo que es un chemtrail, ¿no? Me imagino… Esas “trazas químicas” o estelas que dejan los aviones, alfombrando el cielo de forma excesiva. Hermosa para algunas personas, alarmante y horrible para otras. Digo que “me imagino” porque anda que no han corrido ríos de tinta con el tema. Por lo menos, los que somos un poco aficionados al misterio sabemos que los divulgadores de temas conspiranoicos han llegado a afirmar que esas estelas en realidad son sustancias con las que nos fumigan a los humanos… como si fuéramos ganado. Para “tenernos controlados”, claro.

Pues termino ya volviendo al tema de los chemtrails, el que da título a este último disco. Me parece un tema bellísimo, muy evocador. El vídeo, que es magnífico, y muy bien hecho, es el acompañamiento perfecto. Hay que verlo. No solamente porque nos transporta a todo ese mundo nostálgico, con aires retro, mostrándonos lo que parecen vidas acomodadas, despreocupadas y felices, sino porque da un giro argumental importante. Ese aparente sueño americano vira hacia el lado oscuro, misterioso y sobrenatural. No digo más. Una genialidad. Me parece un auténtico placer para los ojos y los oídos ver y escuchar esto.

Ah, recomiendo visualizarlo con los subtítulos activados, porque ayuda muchísimo para entender la atmósfera global. Lana, no puedo hacer otra cosa que aplaudir y disfrutarlo una vez más.

I’m in the wind. I’m in the water.

Nobody’s son, nobody’s daughter.

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Yotuel Romero, @Gente De Zona, @Descemer Bueno, Maykel Osorbo, El Funky: Patria y Vida

La gente de Cuba quiere libertad. La gente de Cuba quiere vivir dignamente, acceder a recursos básicos que no se vean reducidos o se vuelvan casi imposibles de obtener por la gente corriente, humilde. La situación de la isla es extremadamente difícil, con una economía muy tocada y unas condiciones sociales y políticas que no han hecho más que empeorar bajo el mando del régimen castrista y la privación de verdaderas libertades. Todo ello no ha hecho más que agravarse con la pandemia a nivel global y sus nefastas consecuencias.

Estuve yendo un tiempo por Cuba y conviviendo y tratando con la gente de allí, como expliqué en una entrada. Así que sé perfectamente de qué están hablando y entiendo las razones de estas protestas ahora generalizadas. La gente de la calle te muestra cosas y te cuenta cosas, y generalmente se quejan y critican al régimen. Pero claro, no lo van a hacer abiertamente, frente a personas proclives al régimen, gente con algún cargo o papel dentro del amplio aparato del Estado o frente a la policía. Y estoy hablando de mi experiencia de hace ya algunos años. Añadámosle el paso del tiempo y como he dicho la deriva de una situación que parecía estar mejorando tímidamente. Pero apostaría lo que fuera a que la gente de a pie querría más reformas, más apertura, más libertad en todos los sentidos. Y me estoy quedando muy corto, porque las crónicas pintan un panorama muy crítico, con la gente muy harta y privaciones muy graves de servicios (comida, medicinas, energía eléctrica).

Conozco a Yotuel Romero también, porque es miembro del grupo Orishas y tengo dos o tres discos de esta importante formación cubana. Y sé también lo que significan, porque nunca se han callado.

Este tema de hip hop es fuerte y contundente. El mensaje es muy fuerte y claro.

«No más mentiras».

«No más doctrinas».

«¡Se acabó!».

Una parte de mi corazón siempre será ya cubana. La situación no me deja indiferente. Tenía que hacer oír (modestamente) mi voz.

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Fatoumata Diawara: Nterini

Creo recordar (aunque de esto ya hace cierto tiempo) que la bloguera “evavill” me comentó un día que le gustaba bastante la cantante africana Fatoumata Diawara. Y si me estoy equivocando (creo que no) supongo que no tardaré en ser corregido. A raíz de ese comentario investigué un poco, leí… y sobre todo escuché unas cuantas canciones. ¿Y…? Bien, muy bien.

La cantante maliense acaba de pasar por Barcelona. Actuó este pasado lunes día 5, en el Festival Grec (podría, obviamente, haber ido al concierto; no lo hice)…

«“Algo que decir”: ese es, más o menos, el significado en lengua bambara, de Fenfo, el título del nuevo álbum de la malinesa Fatoumata Diawara. Es su segundo álbum después de Fatou, un debut que le valió adhesiones entusiastas de publicaciones de prestigio como The Guardian o Pitchfork y de artistas de renombre como Gilles Peterson. Y es que ella demostró, con su primer trabajo, que es una de las grandes de la música moderna, representante de un continente donde la experimentación y la vanguardia combinan especialmente bien con la tradición. Modernas líneas de guitarra conviven en Fenfo con las cuerdas de la kora y del kamele ngoni, mientras las cajas de ritmos se confunden con la percusión tradicional. Y todo, para recrear ritmos de ayer y de hoy que van del blues, el punk y el afropop a la energía desbordante del rock. Acompañan a once canciones, mayoritariamente en lengua bambara, cada una de las cuales cuenta una historia, como si Fatoumata Diawara recogiera así la rica tradición oral del continente. Respeto, humillación, migración, amor, igualdad, familia… Son conceptos que aparecen en las canciones de esta artista, una mujer que vive en Como, pero que tiene sus raíces hundidas en Mali, la tierra de sus padres, que visita a menudo. Ha colaborado o coincidido en el escenario con grandes de la música que van desde Bobby Womack y Herbie Hancock hasta el pianista cubano Roberto Fonseca, pasando por Paul McCartney, Dee Dee Bridgewater o Cheikh Lô.

Esta mujer empeñada en ser la primera intérprete africana en tocar la guitarra eléctrica de manera profesional nació de hecho en Abiyán, en Costa de Marfil, pero acabó viviendo en Bamako (Mali) con una tía actriz. Y la influencia de su tía terminó llevándola a Europa, donde trabajó como actriz en el cine y en una compañía de teatro francesa, y a hacer sonar su voz en los discos de grandes maestros de la música de hoy. Es toda una luchadora, primera defensora de un continente que, recuerda, está lleno de belleza y no solo de guerras, hambre y violencia, pero al que observa con el necesario espíritu crítico, motivo por el cual se ha atrevido a tomar partido en sus canciones en temas comprometidos como la mutilación genital femenina».

Ésta es la presentación de la cantante que nos hacía la propia web del Festival Grec. Excelente. Para qué me voy a “matar” si ya nos explican quién es de forma clara y concisa, y la significación de su figura en el panorama musical.

«La pulsión africana del Grec 2021 nos deparó este lunes el concierto de una artista, Fatoumata Diawara, en la que se condensan vistosas aptitudes: cantante de voz esbelta, guitarrista eléctrica presta al solo vibrante (territorio tradicionalmente masculino), actriz con dotes escénicos, portavoz de una África que quiere sacarse el polvo de encima y lucir moderna y resuelta. Esta maliense de 39 años representa una perspectiva cosmopolita, como refleja su currículo de colaboraciones, las más recientes con Gorillaz y Disclosure.

Lo suyo no es, en realidad, innovador, pero desprende personalidad en el modo de desarrollar los ritmos mandinga y afrobeat con su guitarra atrayendo los focos y abriéndose al funk, el pop o los vestigios del góspel. Un punteo crudo con la Gibson SG, trenzado con su canto reflexivo, abrió el concierto con vistas a ‘Don do’, de su último disco, ‘Fenfo’ (2018), cuyo título significa “algo que decir”. Diawara tiene, en efecto, un discurso que compartir, textos en bambara que hablan de las penalidades de la mujer africana, las guerras y las tradiciones obsoletas. Material peliagudo, que envolvió con unos parlamentos vivaces, aunque un tanto lineales, sobre “presentar África al mundo en un sentido positivo” y el poder de la música como “lo opuesto a la guerra”».

Y ésta es la reseña del concierto en la sección de cultura de El Periódico (la crónica sigue un poco más).

Dos últimos apuntes… El primero, que Fatoumata hace una fusión de ritmos pop, jazz y soul con lo que se conoce como “folk Wassoulou”. El término Wassoulou se utiliza para definir un área cultural y una región histórica, así como un género musical asociado a dicha región. Se encuentra en la confluencia de las fronteras de Costa de Marfil, Mali y Guinea…

Los temas son interpretados mayoritariamente por mujeres, y se utilizan diversos instrumentos tradicionales (como no podía ser de otra manera). “Las partes vocales son a menudo apasionadas y enfáticas, y se desarrollan en un patrón de llamada y respuesta”.

La segunda cosa: Nterini significa en lengua bambara “mi amor”, “mi amigo” o “mi confidente”. La canción nos habla de un amor que se va, con la tristeza asociada a este hecho.

Nterini es el primer tema que escuché de ella, hace ya unos meses, y me atrapó al momento. Excelente tema, gran sonoridad y maravillosa mezcla de su voz/las voces con esas guitarras (aparte de mostrarnos sus habilidades)…

Éste es el vídeo oficial. Muy bonito y muy bien hecho…

“Fenfo”, su segundo álbum al completo.

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Fiona Apple: The Whole of the Moon

No me cabe la más mínima duda —y seguro que a muchísima gente tampoco— de que Fiona Apple es una de las artistas femeninas con más talento de todo el panorama musical actual. Parafraseando al rockero Bryan Adams, su mente cuts like a knife. Inteligentísima, aguda, mordaz, apasionada, original, inclasificable. No llevaba demasiado tiempo andando este blog cuando le dediqué una entrada a la neoyorquina y a una de sus canciones más bellas: “Never Is A Promise”.

Su discografía oficial no es muy abundante: tan solo 5 álbumes de estudio desde que debutara con Tidal en 1996. Han tenido que transcurrir ocho años para que apareciera su último trabajo, en abril del 2020: Fetch the Bolt Cutters. Pero esto no ha sido ningún impedimento para que muchísimos medios musicales incluyeran este disco entre los mejores del pasado año. En posiciones muy destacadas o incluso como el mejor LP del año. Una detallada y concienzuda reseña en Pitchfork nos habla a fondo de este disco y hace hincapié en algunas de las temáticas tocadas en las letras. El medio británico, por cierto, no duda en calificar con una nota de 10 el trabajo de Apple. Y me ha parecido interesante y gracioso este párrafo en especial:

«Ninguna música ha sonado nunca así. Apple grabó Fetch the Bolt Cutters tanto dentro de como con su casa en Venice Beach, golpeando sus paredes, pisoteando el suelo. La autosuficiencia es su regla, la curiosidad es su clave. Fetch the Bolt Cutters parece bajar casi por completo el volumen de la historia de la música, mientras que aumenta la vida real: palmas, cánticos y otras percusiones improvisadas, en armonía con el espacio, ecos, susurros, gritos, respiración, bromas, los llamados errores, y ladridos de perros. (Se acreditan al menos cinco perros: Mercy, Maddie, Leo, Little y Alfie). Todos estos escombros orbitan alrededor del núcleo de la música de Apple: su voz, su piano y, sobre todo, sus palabras, que siempre han sido su instrumento principal. Crea una sinfonía salvaje de lo cotidiano».

Estoy muy contento porque ya he localizado a los perros (¿serán todos ellos?) en el tercer corte, justo el que da nombre al disco.

Y mientras me entretengo escuchando el disco, he recalado también en este tema. Imposible que no te llame la atención el cover de un tema tan conocido. Fiona versionaba el famoso y maravilloso The Whole of the Moon de la banda The Waterboys. Aunque esto no es estrictamente reciente: fue en el 2019. Lo hizo como encargo, pues se le pidió si podía contribuir con algún tema en el episodio final de la serie The Affair, de la cadena Showtime (5 temporadas, desde el 2014 hasta el 3 de noviembre del 2019). Según cuentan algunas reseñas, ese episodio final se inició con la versión original de la banda escocesa (This Is the Sea, 1985) y se cerró con la versión de Apple.

La cantante llamó al productor Tony Berg para que le ayudara con la grabación, y éste a su vez reclutó a algunos músicos, y aquí se dan una serie de casualidades que en realidad no son tales: colaboran en este tema al piano Ethan Gruska y en las voces Phoebe Bridgers. Pero la feliz coincidencia que explica esta concurrencia de nombres es que tanto Berg como Gruska fueron los productores del primer LP de Bridgers, aparte de colaborar también con varios instrumentos en los dos discos de la californiana (todo esto no lo he hecho a propósito; me he enterado a posteriori).

Fiona Apple hace una interpretación cargada de pasión y energía. Su áspera voz, que es la gran protagonista, nos muestra claramente que puso el alma al hacer esta brillante versión del éxito de la banda de Mike Scott…

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The 1975 ft. Phoebe Bridgers: Jesus Christ 2005 God Bless America

«The 1975 nacen en el 2002 en Manchester, una ciudad con muchísima historia musical. Son cuatro compañeros de clase que atienden a la Wilmslow High School. Ese año empiezan a tocar juntos como quinceañeros, y se inscriben en uno de los eventos organizados por dicha escuela bajo ese nombre. “The 1975” está inspirado en un libro de poemas de Jack Kerouac».

De izquierda a derecha: George Daniel (batería), Matthew “Matty” Healy (voz y guitarra rítmica), Ross MacDonald (bajo y teclados) y Adam Hann (guitarra principal). Todos ellos tocan los teclados, sintetizadores o el piano en según qué temas, además de ayudar en las voces

Así presentaba, en septiembre del 2018, a esta banda británica. Les dediqué por aquel entonces una extensa entrada, incluyendo varios temas pero orbitando sobre uno que me gusta mucho y me parece especialmente bonito: “Paris” (¿a alguien le apetece recordar el tema?). Un tema que a muchos les recuerda levemente, por el ritmo y la melodía, al “Every Breath You Take” de The Police. Ya dejé claro que la banda me parece interesante y que a mi juicio hace buenas canciones. Además, por su actitud vital, el carisma del cantante, su juventud y las temáticas tocadas en las letras parecen conectar muy bien con las nuevas generaciones. Sus cuatro álbumes de estudio han sido número uno en Gran Bretaña. No está nada mal. Y el último de ellos, Notes on a Conditional Form (2020), también número cuatro en los Estados Unidos. Precisamente en este disco está incluida la canción protagonista de esta entrada. Un tema que cuenta con una invitada de lujo a la hora de cantar: Phoebe Bridgers.

Cuenta la leyenda la prensa que la californiana ya era fan de la banda británica y amiga de George Daniel. Empezó a intercambiar mensajes con Healy y al final fue invitada a colaborar con el grupo, cuando la canción ya estaba terminada. A finales del 2019 anunció que viajaba a Reino Unido y que…

«No nos conocíamos de antes, solo nos hemos conectado a internet. Le conozco un poco y estoy emocionada. Me encanta cuando da esos giros radicales, es jodidamente genial. Eso es como verdadero punk rock».

Después de oír la colaboración vocal de Bridgers, The 1975 quedaron tan impresionados que invitaron a la cantante a colaborar en otros tres temas del disco. Éste es un tema, por cierto, del cual firman los créditos los cuatro miembros de la banda, y que nació con un enfoque muy distinto al final, siendo retocado y reescrito por Healy varias veces hasta ser ensambladas las partes que más les satisfacían.

Asimismo, el propio álbum Notes on a Conditional Form, tras varios cambios de planteamiento, fue anunciado como parte de un proyecto con dos discos, el primero de los cuales fue A Brief Inquiry into Online Relationships (2018). Finalmente NOACF fue presentado en una gira en el 2019, y tras varios retrasos en su publicación, vio la luz en mayo del 2020. Jesus Christ 2005 God Bless America fue el quinto single del disco (2 de abril del 2020), aunque aquí hay una discrepancia (numerosos medios dicen que fue el sexto adelanto).

Otro dato relevante es que Phoebe hubiera hecho de telonera del grupo británico en la parte norteamericana de la gira de la banda (abril, mayo y junio del 2020), pero digo “hubiera hecho” porque todo se canceló a causa del coronavirus, así como todas las actuaciones, hasta la fecha, para el 2021.

Ahora esta entrada tomará un rumbo quizá inesperado…

Muchísimos medios en internet aseguran y explican que Phoebe Bridgers es “abiertamente bisexual”. Incluso la Wikipedia lo asevera. O sea, que ella misma así lo ha declarado. Si se busca información al respecto, se pueden encontrar distintos artículos donde se relatan, sobre todo, episodios de su época como estudiante, así como detalles de su vida familiar. Principalmente de la relación con su madre. Uno de esos artículos es el siguiente —Details on Phoebe Bridgers’ sexuality and dating life— pero de hecho hay unos cuantos donde las explicaciones son bastante similares. De ese artículo extraigo estos párrafos:

«A la edad de 15 años, Bridgers ingresó en la Escuela Secundaria de Artes del Condado de Los Ángeles. Fue en la escuela secundaria cuando experimentó su despertar sexual. Comenzó a salir con chicas en la escuela secundaria y, debido a su cabeza rapada y su negativa a usar faldas, era la persona a la que acudir para las chicas que buscaban experimentar o descubrir su sexualidad. Phoebe declaró [a la publicación] Them que tenía dificultades con [el hecho de] parecer “muy gay”:

“Siento que muchas personas que estaban experimentando [con su sexualidad] experimentaron conmigo, porque me veía muy gay. Entonces, o no se lo tomaron en serio o yo sería responsable de que resolvieran sus movidas personales y [en ese sentido] fue mucho [muy importante]”».

Y siguen explicando:

«Phoebe se peleó con su madre después de que ella le dijo que era bisexual. “Ella más o menos reaccionó así: ‘No, joder, no lo eres'”, reveló Phoebe. Antes de salir del armario, a Phoebe no se le permitía invitar a chicos. Después de la revelación, Jamie [su madre] también rechazó las solicitudes de fiestas de pijamas de chicas. “No se me permitió enviar mensajes de texto [explícitos] ni invitar a chicos”…

O chicas. “No se me permitió que las niñas durmieran en mi cama porque mis padres sabían que era bisexual. Sentí esta extraña vergüenza al respecto”. Phoebe y Jamie finalmente se reconciliaron, y Jamie ganó más conciencia y aprecio por la comunidad LGBTQ+…».

(Me) parece suficientemente ilustrativo, y por esa razón no he “buscado” más. Llama la atención que todo ello está bastante centrado en su etapa como estudiante, y que por otro lado no se publicitan relaciones con otras mujeres que sean conocidas. Sea como sea, a Bridgers se la considera una artista queer (al respecto, interesante artículo aquí: “Phoebe has formed a folk-rock trio ironically called Boygenius with fellow queer singer-songwriters Lucy Dacus and Julien Baker. In a very personal and very relatable interview, Bridgers discusses how shame around her bisexuality influenced her childhood and music. Now out of her teenage years and openly and proudly bisexual, Bridgers…”). O un icono gay, y todo indica que ella misma se declara parte del colectivo LGBTQ.

Turno ahora para Matt Healy. El cantante de The 1975 siempre ha hablado muy abiertamente de sexualidad en las entrevistas que ha concedido. Manifestando incluso sus propias dudas o “confusión”. Su planteamiento o su sentir es que la masculinidad no es algo rígido o inamovible, una condición absoluta. Todo ello me quedó muy claro la vez que les dediqué la anterior entrada. Y sinceramente, hizo que Matt me cayera bien a las primeras de cambio, por su honestidad y claridad. Y nada han cambiado las cosas. Muy poco me ha costado encontrar una entrevista donde todos estos extremos quedan más que confirmados. La entrevista no tiene desperdicio (Matt Healy: “Conflicted sexuality is something loads of people go through”) y reproduzco aquí traducidas las partes más significativas:

«Explica cómo le disgustaba el “miedo masculino” de la música de guitarra normal. Aparte de los jardineros, la mayoría de las personas que visitaron la granja de vacas de Newcastle en la que creció Healy eran del mundo del espectáculo, sus padres Tim Healy y Denise Welch eran actores. No recuerda que Newcastle fuera particularmente cosmopolita, pero su vida hogareña era una ventana a un mundo diverso de, como él dice, “infinitos gays y negros. Sabía que mi familia era un poco diferente”, dice. “Nunca tuve límites de lo que era…”

Se queda ensimismado y hace una pausa. Se pregunta si debe decir lo que viene a continuación, porque sabe cómo se desarrollará la conversación. Lo dice de todos modos: “El primer beso apasionado que vi fue entre dos tíos”, dice. Fue entre bastidores en el Manchester Apollo; dos de los bailarines eran amigos de su madre. “Lo recuerdo vívidamente”».

“¿Y qué es lo que pensaste?”, le preguntan…

«“Qué íntimo era, y quería esa intimidad. Fue una presentación erótica y sexual para hacer frente a un niño, ahora lo pienso”. Hace una pausa, luego continúa. “Simplemente lo vi como sexy. Cuando era niño, si veía a dos adultos besarse correctamente, era un poco como: ‘¿Qué es eso? ¿Qué es ese sentimiento? No sabía que hiciéramos eso los unos con los otros’. Creo que mis ideas percibidas sobre la masculinidad provienen de mi primera idea de la sexualidad”.

No está mezclando masculinidad y sexualidad, agrega, pero parece que nunca le ha molestado el bagaje de ninguno de los dos. Al hablar de la sexualidad en una entrevista de radio hace unos años, Healy dijo: “La idea de una sexualidad conflictiva es algo por lo que pasa mucha gente”. Añadió: “Todavía me hago preguntas”».

«“Bueno, puedes ver si la sexualidad es una construcción social, lo cual, por supuesto, no es. Pero cuando era niño, la mayoría de las personas [a mi alrededor] que tenían éxito y que hacían lo que querían hacer eran homosexuales. Asociaba esa libertad de uno mismo con la libertad de expresión. Creo que los admiraba, no como parias o extraños, sino como personas que eran verdaderamente ellos mismos. Siempre me ha parecido interesante. Pensé: ‘Tal vez sea inusual ser tan extravagante como yo, o inusual estar tan en el mundo gay como yo… ¿Qué significa eso? ¿Soy un poco gay?’ Y luego dije,’¡No, no es así como funciona!’ Hace una pausa. “Todo se reduce a a quién quieres follar”».

Le preguntan si se siente atraído por otros hombres…

«“Yes, but not in a carnal, sexual way. The other sex is still attractive, it’s just that sex is weird, isn’t it? Do you know what I mean?».

Continúa la respuesta explicando de forma muy explícita que ni le interesa ni se plantea tener relaciones sexuales con hombres. ¿Y besar a otro hombre? Pues…

Y aquí vamos a dejar esta interesante entrevista. Ah, solo una cosa más: es difícil leer o escuchar a Matt y que no te caiga bien. ¿O es cosa mía?

La pura verdad es que me dan exactamente igual la vida personal o íntima tanto de Phoebe Bridgers como de Matt Healy. Su orientación, sus preferencias. Entonces… ¿por qué estoy hablando de todo esto? Eso, eso… serás chafardero… Pues lo explico porque creo que guarda relación directa con la canción de hoy. Y… ¿de qué trata “Jesus Christ 2005 God Bless America”?

«”Jesus Christ 2005 God Bless America” deals with themes of heartbreak, faith, sexuality, love, vulnerability, defeat and fragility. It is sung from the perspective of two closeted* religious individuals struggling with an internal conflict between religion, sexual orientation, and personal identity. (…) Healy tries convincing himself of his devotion to the Church, despite feeling unaccepted…».

(Wikipedia)

Closeted: viene de closet, “armario”, y hace referencia a las personas de los colectivos LGBTQ que justamente siguen encerradas en el armario, escondiendo sus orientaciones sexuales.

Folk minimalista. Una balada acústica que incorpora elementos de lo-fi, emo y música country alternativa. Un dueto intimista, con guitarra acústica, toques de sintetizador y arreglos “lejanos” de viento. Un tema que, por su desnudez estílística y el carácter confesional de su letra, ha sido comparado al álbum Nebraska de Springsteen.

«An exploration of what it would be like to be trapped in faith while suppressing your sexuality. An expression of the pain and confusion experienced by religious devotees who felt ostracized because of their sexual orientation».

(Kevin Loo, Genius)

Respecto al título de la canción, Loo y otros críticos…

«… interpreted it as a reference to the widespread homophobia, LGBT rights opposition, and anti-LGBT policies prevalent throughout the United States in 2005».

Creo que queda bastante claro por dónde van los tiros. Algunas críticas también señalan que el tema está plagado de ironía. Para empezar, porque Healy es un declarado ateo, y empieza el tema diciendo que ama a Jesucristo. Ironía hay, por supuesto. Ahora bien, mi interpretación es la siguiente: Healy se pone en la piel de otra persona. Y si es así, me parece absolutamente admirable cómo en unos pocos versos nos traslada al universo mental, emocional e incluso moral de ese creyente. Cuando dice “Fortunately I believe” creo que en verdad quiere decir “Fortunately I am a believer”, es decir, que se siente afortunado y da las gracias porque la fe “le salva”. Pero parece claro, en lo que respecta a las referencias a America, que algo no le cuadra al cantante…

“Insinúa cosas, eso es lo interesante […] Se trata de Estados Unidos, y las cosas con las que me encuentro allí; amo Estados Unidos y paso mucho tiempo observando su frescura y su belleza, pero también hay partes que me hacen temblar un poco. Se trata de esas cosas”.

(Healy en una entrevista a Ben Homewood de Music Week)

Es más que probable que, por lo que respecta a los Estados Unidos, se esté refiriendo a radicalismos, idearios y actitudes muy cerriles a nivel político, social y religioso (no estoy generalizando). Y muchísimo podríamos hablar de las religiones. De sus mecanismos de control, del lavado de cerebros, de los preceptos morales… Creo que son estas restricciones morales las que entran en conflicto con la sexualidad de los que se están expresando en el tema, no las creencias que puedas tener o la fe.

Para mí una canción preciosa, tanto por la música como por la letra.

Cuando escuché a Healy cantar That’s a feeling I can never show sentí tristeza. Tristeza por esa hipotética persona. Alguien “imaginario”, pero que se ve encarnado en incontables casos reales. Y la pregunta es bien sencilla: ¿os imagináis cómo ha de ser vivir así?

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Phoebe Bridgers: Georgia

Hay veces en que un o una artista llama poderosamente tu atención. Un nombre, un grupo. Un tema, o incluso varios. Un disco entero, o una interpretación. Incluso a veces varios de estos elementos al mismo tiempo. Y éste es uno de esos casos. Phoebe Bridgers. No te conocía y de repente has aparecido. ¿Cómo es posible que no te conociera? Hasta tengo la sensación de que siempre has estado ahí.

La verdad es que después de muchos meses sin hacerlo, recuperé la costumbre de revisar las listas recopilatorias que publican muchos medios con los mejores álbumes del año recién terminado. Por curiosidad, por interés, por ganas de seguir aunque sea de lejos la actualidad, que de hecho es inabarcable. Bien, por lo menos reconforta un poco ver que viejas glorias como Bob Dylan, Bruce Springsteen o Neil Young siguen colocando sus trabajos en esas listas. Hablo en concreto de las listas del 2020, que son las que empecé a investigar. Y allí, en una interesantísima lista de la web Hipersónica, aparecía Bridgers con su segundo LP, de título Punisher. También aparece en unas cuantas más: por ejemplo en la también interesante lista en MondoSonoro.

Bridgers nació en el 94 en Pasadena (California). Cuenta en algunas entrevistas cómo fue su infancia y el ambiente en su familia, donde sus padres la apoyaron desde muy pronto en lo referente a su vocación musical. Ésta nació cuando su madre la llevó siendo niña a un concierto de Neil Young. Fue por breve tiempo alumna de la Berklee College of Music, pero la abandonó y no tardó en empezar a actuar en solitario en distintos locales de Los Ángeles. Una joven que creció escuchando básicamente música de cantautores como Elliott Smith, Joni Mitchell, Tom Waits, Jackson Browne o Bob Dylan, aparte de otras grandes referencias como The Beatles. Ganó cierta notoriedad al mantener una relación sentimental y profesional con el cantante y compositor Ryan Adams. Adams produjo y editó en su sello PAX AM el primer trabajo de Phoebe, en el 2014, un EP de título Killer. Después vendría su primer LP, Stranger in the Alps (2017), seguido de ese Castigador del 2020.

Los dos discos de larga duración han sido muy bien acogidos por la crítica. Incluso recibió cuatro nominaciones para los premios Grammy en la edición del 2020: Best New Artist, Best Alternative Music Album (por Punisher) y Best Rock Performance y Best Rock Song por el tema “Kyoto” (crónica aquí).

Phoebe compone temas que habitualmente son catalogados dentro del indie folk, el indie rock y lo que se conoce como emo folk (o simplemente “emo”): música que pone el énfasis en la expresión de las emociones, muchas veces a través de letras que son confesionales. Nace a mediados de los 80 a partir del hardcore punk hecho en Washington (emotional hardcore o emocore) y en los 90 es reinventado por el alternative rock, el indie rock y el pop punk. ¿No teníamos ya bastantes etiquetas en la música? Pues toma, ahí va una más. Algo que siempre me ha hecho mucha “gracia”, porque también puede decirse que Phoebe hace indie pop o sencillamente pop rock. Claro que al estar ya en este siglo, la etiqueta de indie casi le cae sola. Por cierto que en entrevistas escuchadas a la cantante estos días, ella se identifica plenamente dentro de esa categoría emo.

Hay que decir que su carrera musical es bastante corta pero a la vez intensa: ha hecho colaboraciones con gente de primer nivel como Fiona Apple, The 1975 o The National; aparte de esto es miembra activa de un par de formaciones que facturan muy buena música (el listón está alto; les he escuchado estos días): de un lado la formación boygenius (con Lucy Dacus y Julien Baker) y por otra parte el grupo Better Oblivion Community Center (con Conor Oberst).

Punisher es un álbum para ser degustado lentamente. Pausado e intimista. Muchas sensaciones transmitidas en sus formas musicales y también en las letras. Emo.

«En su maravilloso segundo álbum, Phoebe Bridgers define su composición: sincera, multidimensional, astutamente psicodélica y llena de corazón. Su música se ha convertido en un mundo en sí mismo».

«Phoebe Bridgers es una maestra del colapso. […] escribe canciones para esos momentos en que las cosas se derrumban, cuando el lenguaje falla, cuando anhelas tanta distancia que necesitas una nave espacial para alcanzarla. A partir de ahí, puede encontrar un sentido de propósito, o al menos hacer un plan».

(Reseña en Pitchfork, que puntuó el álbum con un 8.7)

«In some ways, her family also helped inspire her latest album. She explains that she wrote part of it on tour and focused on her feelings about “how overwhelming my life was getting” and “how much I wanted to go home,” because she was separated from her family. “So it is kind of an isolated-sounding record,” she shares».

(Aquí)

Pese a la corta carrera musical de Phoebe, hay algo que me ha sorprendido en cierta medida: la enorme cantidad de información que hay sobre ella en la red. Reportajes, noticias, reseñas de sus discos, entrevistas en todos los formatos, actuaciones en directo, vídeos de sus temas, etc. Parece que mantuviera una actividad muy intensa en múltiples frentes y no parara de generar noticias. Hay tres cosas que mencionaré, para ir cerrando la entrada. Simplemente porque me han llamado la atención.

La primera de ellas es fuerte y no había oído ni media palabra. Phoebe realizó unas declaraciones, a través de su cuenta de Twitter, el 4 de febrero de este año, en las que afirmaba que el conocido cantante y actor Marilyn Manson tenía un “cuarto de violación” en su mansión (literalmente tuiteó “r*pe room”). Lógicamente infinidad de medios de comunicación se hicieron eco de estas afirmaciones. Uno de ellos fue La Vanguardia:

«La cantante (…) ha tuiteado que visitó la casa de Manson en Los Ángeles hace varios años y él alardeó sobre el rincón más inquietante de su mansión. “Fui a la casa de Marilyn Manson cuando era adolescente con algunos amigos. Yo era una gran admiradora. Y, mientras recorríamos el lugar, se refirió a una de las habitaciones como ‘el cuarto de las violaciones’, pensé que era solo su horrible sentido del humor de chico de fraternidad, pero dejé de ser su fan”.

La cantante agrega: “Estoy con todos los que fueron abusados”, y también arremete contra el entorno de Manson, asegurando que ellos estaban al tanto de los presuntos casos de abuso que durante los últimos días salieron a la luz. “El sello lo sabía, los directivos de la discográfica lo sabían, la banda lo sabía”, afirma. “Tomar distancia, ahora, y fingir estar conmocionados y horrorizados es jodidamente patético”».

El rockero ya había sido objeto de otras acusaciones de abusos sexuales por parte de varias mujeres. Las revelaciones de Bridgers llegaron después de que la actriz Evan Rachel Wood (“Westworld”) le acusara también de haberla humillado y violado durante años (33 en el momento de hacer las declaraciones; desde los 18 saliendo con él). Wood declaró haber sido violada a la revista Rolling Stone, y después a un Subcomité Judicial, pero en ambas ocasiones sin desvelar la identidad del agresor. Hasta que la hizo pública en Instagram: “El nombre de mi abusador es Brian Warner, también conocido en el mundo como Marilyn Manson. Él comenzó a prepararme cuando era adolescente y abusó horriblemente de mí durante años”. 

Una noticia absolutamente escabrosa. Manson negó todas estas acusaciones, alegando “relaciones íntimas siempre completamente consensuadas”. A pesar de ello fue despedido por su sello discográfico, Loma Vista Recordings, y también retirado de los próximos episodios de un par de series televisivas. La noticia tiene más ramificaciones (por ejemplo, declaraciones de la que fuera su pareja y esposa, Dita Von Teese), pero no sé en qué acabó todo esto, si la justicia decidió tomar cartas en el asunto, por ejemplo. Desde luego es “increíble” la cantidad de mierda (hablemos claro) que ha salido a flote en muchos ámbitos de la sociedad, en cuanto a abusos sexuales, violaciones, etc., cuando el movimiento Me Too tomó fuerza en octubre del 2017. Las víctimas sin duda ahora se callan menos y denuncian más, como tiene que ser. En todo caso el relato de Phoebe tiene su peso, y tratándose de una figura tan controvertida como Manson podemos decir que llueve sobre mojado.

La segunda cosa me la encontré de casualidad y después resultó tener miga. Vi un vídeo de una actuación de la cantante, con su banda, en el programa Saturday Night Live. Y me hizo gracia porque al final todos los músicos empiezan a desmelenarse, como si de una jam session se tratara, y Phoebe acaba estrellando y rompiendo (o lo simula) su guitarra contra un supuesto altavoz. Interpretaban el tema I Know The End (justo el que resaltaba Hipersónica), un tema que tiene un final intenso. Me pareció gracioso, llamativo, parte del show. Un poco de desmadre para sacudir el avispero. Pues resulta que eso generó no poca controversia en las redes y en los medios, hasta el punto de que músicos de primera línea se posicionaron, bien criticándola o bien aplaudiéndola. El debate incluso viró hacia la cuestión del machismo/feminismo, es decir: “si un músico de rock hombre estrella y destroza su guitarra no pasa nada; es lo normal, parte del espectáculo. En cambio, si quien hace esto es una mujer entonces está mal visto, está fuera de lugar o es “excesivo” y es criticada sin piedad. La enésima muestra del machismo imperante, también en el mundo de la música”. Ese vendría a ser el argumento indignado o reivindicativo de algunas personas. El caso es que se desató la polémica. Ésta es la actuación en cuestión.

El tercer aspecto a comentar es que hablar de Phoebe Bridgers es hablar de trajes de esqueletos. ¿Qué? ¿Cómo? Sí. La californiana decidió adoptar, o enfundarse atuendos, de cuerpo completo, que recrean el esqueleto humano. ¿Por qué decidió hacer esto? Chica lista… esto podría darnos una pista…

«No dejo que me sexualicen. Me gusta poner nerviosa a la gente con mis pintas».

No solamente se pone ella el traje, sino toda la banda al completo, como en el citado show de SNL.

No le gusta que la sexualicen. Pues no sé si esto es “sexualizar” (volveríamos al eterno debate) pero voy a decirlo, porque nunca me escondo: a mí la chica me parece muy guapa. Qué rostro y qué pelo tan bellos. Creo que se aprecia sobradamente. En el vídeo final (grabado en el 2015) tiene un aspecto más adolescente. Pero también se aprecia cierto cambio en estos seis años transcurridos.

Hay otras claves que explican la decisión de vestirse así. La cantante lo ha aclarado en algunas entrevistas:

«A Bridgers le encanta especialmente “disfrazarse” porque se siente como una “superhéroe” con sus atuendos exagerados, especialmente cuando está actuando. “Es muy liberador. Siento que algunas personas, su identidad está envuelta en no disfrazarse”, dijo en julio de 2020. “Creen que es cursi disfrazarse para el escenario. Pero en realidad me encanta el ritual de ponerme algo, y es como ‘Ahora estoy en el escenario'”».

«El look de la guitarrista en los Grammy es un símbolo de su viaje en la música, cuando Bridgers se puso por primera vez un traje de esqueleto, por el que pagó la friolera de $ 10, para promocionar su último álbum, Castigador… ».

«… Bridgers reveló que su look estaba inspirado en el deslumbrante vestido creado por el diseñador de moda estadounidense Thom Browne. “Uso un disfraz de esqueleto todo el tiempo, pero una de las razones por las que lo hago es porque vi este vestido de Thom Browne hace una eternidad y pensé que era genial y lo pedí”».

Ese vestido de Thom Browne es justamente el que se puso en esa gala en la que estaba nominada a cuatro premios Grammy:

Y empecé a escuchar temas suyos, y a ver vídeos. Hasta que llegué a Georgia. Curiosamente este tema no está incluido en Punisher, sino que ya aparecía en su EP Killer y también en su primer LP. El tema tiene un tratamiento o una producción más “lánguida” que en el vídeo de hoy. Los arreglos incluyen coros y cierto efecto deslizante de la guitarra (¿slide?). Sea como sea, la versión es más que interesante.

Lo curioso del tema Georgia es justamente el diferente tratamiento que le ha dado y que queda registrado en diversas interpretaciones en vivo. Es interesante. Así tenemos una interpretación acompañada de una guitarra eléctrica (muy bonita “versión”), otra acompañada de un teclado u otra en la que canta acompañada de un grupo, en clave totalmente rockera. Pero me decanté por ésta, donde la guitarra adquiere un protagonismo total. Probablemente Georgia sea uno de sus temas más inequívocamente folk, y aquí adquiere reminiscencias no lejanas al country. La letra habla de una relación personal que mantuvo…

«The track “Georgia” comes from the fact that I dated someone from Georgia. I had never even been there before. I was just feeling super self-conscious in a relationship for the first time and just needing constant validation. […] That night [I’m singing about], there was a rainstorm, and he followed me to some weird coffee house».

Here is my day plan, here’s my new machine
He is a fine new addition, so young and so clean
So young and so clean

[…]


And if I breathe you, will it kill me?
Will you have me, or watch me fall?
If I fix you, will you hate me?
And would you fuck this and let us fall?

Ésta es la propuesta: dejarse llevar por el rasgueo de la guitarra. Por esa voz hermosa y potente. Y qué manera de cantar. Con total entrega y sentimiento. Una absoluta maravilla.

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Woods: Where Do You Go When You Dream?

Pues no se sabe exactamente… adónde vamos cuando soñamos.

Dediqué hace un tiempo una entrada a la banda Woods, todo un descubrimiento para mí. Reseñaba en ella el excelente disco que sacaron en el 2016, City Sun Eater in the River of Light. Tan bueno me pareció y me sigue pareciendo ese disco que hasta cuatro temas acabé incluyendo en dicha entrada.

La banda neoyorquina, fundada en el 2005 y liderada por Jeremy Earl, practica un pop —o un folk— luminoso, inteligente, fresco. Probablemente con un sonido y un estilo bastante característicos, casi inconfundibles. Son capaces de facturar enormes canciones, como han demostrado sobradamente. Para ser más precisos y siguiendo los criterios de la crítica se trata de indie folk, folk rock, indie pop, folk psicodélico —psychedelic folk— o neopsicodelia. “Folk psicodélico” parecería ser la etiqueta que más peso tiene.

En el 2020 sacaron un nuevo trabajo, de título Strange to Explain y con una bonita y pictórica portada…

Algunas publicaciones han colocado este disco entre los mejores álbumes del 2020. No se trata por tanto de un mal disco en absoluto, pero sí que parece algo irregular y que podría decepcionar a muchos de sus incondicionales seguidores. Porque la banda ha vivido mejores tiempos creativamente hablando. En este sentido podemos recoger la observación que hacen en un artículo de Exile Subterranean Homesick Magazine, donde repasan brevemente este trabajo:

«… las melodías vuelven a aparentar ingravidez, melancolía y luminosidad dentro de su personal estilo neo-psicodélico, con un mundo onírico donde guitarras y teclados se hallan en perfecta armonía, pero continúan sin alcanzar la adictiva frescura de antaño».

Según esta reseña las partes e incluso los temas totalmente instrumentales tienen bastante protagonismo, así como un carácter atmosférico o envolvente por muchos momentos. Por su parte la prestigiosa publicación Pitchfork reivindica en buena medida el álbum, poniéndole una nota de 7,5; nos dicen que esconde mucho más de lo que aparenta y que en ciertos sentidos se asemeja a sus mejores trabajos. También señalan que el instrumento mellotron tiene mucho protagonismo en el disco.

Bien, escuchados la mayor parte de los temas mientras confeccionaba esta entrada e investigaba, mi impresión personal es que están bastante bien, con ese “sello característico que los convierte en temas atemporales de Woods”. Quizá carecen de la inmediatez, la brillantez o el gancho pop de otros muchos temas suyos. Ahora bien, y para acabar: eso no se lo aplicaría al tema protagonista de la entrada, porque me atrapó a la primera…

Qué buena, qué buena, qué buena. Brillante, luminosa. Una canción hermosa, sencilla, juguetona y pegadiza.

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Khatia Buniatishvili: Precipitato (Sonata para piano n.º 7, de Prokófiev)

«… sería necio decir que no fue una foto tuya lo primero que me atrajo. Te vi en un periódico español, el artículo era sobre un concierto tuyo. […] Luego –otra vez tengo que evitar ser un necio– busqué más fotos tuyas por internet».

De esta forma tan sincera nos explicaba Jordi M. Novas en su blog cómo conoció a Khatia Buniatishvili, pianista natural de Georgia. Y fue precisamente leyendo su entrada «Carta abierta a Khatia Buniatishvili» cómo conocí a esta intérprete cargada de talento. Su entrada y el vídeo al que Jordi hace mención. Un vídeo que es y será el protagonista —final— de esta entrada. Así que muchas gracias, Jordi. Gracias también por esa sinceridad y por decir las cosas desprovistas de hipocresía y de ornamentos innecesarios. Siempre he creído y sostenido que tienes talento para escribir, aparte de mucho sentido del humor. Además ni te da miedo ni te cortas a la hora de explicar ciertas cosas, exponer ciertos puntos de vista o desvelar pensamientos que pueden resultar políticamente incorrectos. Eso está muy bien y también se agradece. En fin, un autor que no deja indiferente. Por cierto, Jordi… si estás leyendo esto (espero que sí) te recordaré que en un comentario te mencioné a otro talento femenino al piano: la japonesa Maki Namekawa. Me dijiste que investigarías. Si durante estos tres años no lo has hecho y te has columpiado de lo lindo, ya va siendo hora de que hagas los deberes. Creo que no te arrepentirás; así que aquí está esa entrada: «Maki Namekawa: Etudes No. 6 & 12 (Philip Glass)».

Khatia Buniatishvili nació en la localidad georgiana de Batumi, a orillas del Mar Negro, el 21 de junio de 1987. Unos años realmente convulsos, si tenemos en cuenta que Georgia todavía formaba parte de la Unión Soviética y que se independizó de ésta en 1991. En el “About” de su propia página web, al que acabo de enlazar, se nos dan algunas pinceladas de las dificultades vividas por Khatia y su familia:

«Khatia (…) conoce el precio de la libertad y la independencia, y comprende la energía necesaria para mantenerse erguido en la vida. El ejemplo de sus padres no pasó desapercibido. Durante el período caótico que atravesó su país, los padres de Khatia tuvieron que mostrar un gran ingenio para mantener a raya la pobreza. Su madre, que la introdujo a la música, cosía magníficos vestidos para sus dos hijas con trozos de tela que recogía aquí y allá. Las hermanas vieron ante sus ojos un modelo de creatividad para sonreír ante la adversidad».

En un interesante artículo publicado en interlude.hk se hace un breve resumen de su biografía (en la que no profundizaré). Algunas líneas también hacen referencia a esas dificultades en la infancia. Volveré sobre este artículo (fragmentos en color rojo) un poco más adelante. La propia pianista explica:

«Desde el principio, pude probar qué es la verdadera disciplina y cómo un ser humano puede desarrollar su mundo imaginario en medio de una agenda ocupada y difícil tanto mental como físicamente».

Nuestra protagonista tiene una hermana mayor, Gvantsa. Ambas aprenden a tocar el piano a muy temprana edad. Khatia, a los tres años. Su madre les ponía enfrente una partitura musical diferente cada día. A los seis años debuta en público con la Tbilisi Chamber Orchestra con el Concierto Op. 44 de Isaac Berkovich. El éxito es tal que es invitada a un tour internacional con dicha orquesta. A la edad de 10 años debuta internacionalmente.

Gvantsa y Khatia
Khatia de niña (en su cuenta de Pinterest)

En Tbilisi recibe lecciones de música, y posteriormente el pianista y profesor Oleg Maisenberg la convence para que se vaya con él a estudiar a Viena. Allí, en la University of Music and Performing Arts Vienna se convierte en una estudiante ávida de conocimientos…

«I wanted to absorb everything I could, and the University had virtually unlimited knowledge on offer».

Su verdadero salto a la fama internacional se produce en el 2008, cuando gana el Tercer Premio y el Premio Público del prestigioso concurso “Arthur Rubinstein International Piano Master” de Tel-Aviv. El mismo año es invitada a tocar en el Carnegie Hall, y en el 2010 es fichada como artista exclusiva por Sony Classical. En el 2011 saca su primer disco, dedicado al compositor y pianista austro-húngaro Franz Liszt. El álbum incluye, entre otras piezas, la Sonata en B menor, Liebestraum y el Primer Vals de Mefisto. Liszt es uno de los grandes héroes de la música para Khatia.

«Liszt is constantly pushing back the boundaries of what is possible. He innovates and is generous, bringing together popular and academic styles, the profane and sacred, nature and poetry – he transcends whatever he touches». (En su “About”).

En el 2012 edita su segundo disco, dedicado a Chopin, y en el que incluye su Concierto para piano n.º 2, acompañada de la Orquesta de París y Paavo Järvi. Stephen Pritchard, escribiendo en la sección de cultura de The Guardian, afirma sobre la pianista y el disco:

«This is playing straight from the heart from one of today’s most exciting and technically gifted young pianists».

En otra crónica escrita en el 2011, el mismo crítico valora a Khatia interpretando varias sonatas para piano de Beethoven en el Reino Unido…

«… to hear the extraordinary Georgian pianist Khatia Buniatishvili play three Beethoven sonatas last week. Though aged just 24, she has already been justifiably hailed as one of the great pianists of the future. She’s an exciting risk-taker».

En el 2019 sacó un álbum dedicado a Schubert. En él interpreta la última Sonata para piano escrita por el compositor austríaco, la n.º 21, D 960, y los cuatro populares Impromptus D 899. Lo destacable es que ella misma se caracterizó, para la portada del disco, de Ofelia, el personaje de Shakespeare, enamorada de Hamlet y que después de haber perdido la razón cae a un arroyo y muere ahogada…

¿Y por qué esta caracterización? Según se explica en una reseña del citado álbum, en la web revistamusical.cat, hay un fuerte simbolismo detrás. Os lo pongo tal como lo he encontrado, en catalán:

«La portada del disc –la mateixa Buniatishvili caracteritzada d’Ofèlia prerafaelita, amb un ram de flor blanca i la mirada perduda flotant sobre un rierol– suggereix que la bellesa de les melodies de Schubert és només el maquillatge que mira de tapar i guarir l’experiència del dolor; el sentiment o pathos que el romanticisme abordà com mai abans, apostant per la sublimació artística dels impulsos del cor».

(Rierol: riachuelo. Guarir: curar. Mai abans: nunca antes).

Según la citada reseña la pianista, al respecto de Schubert, posteó en sus redes sociales:

«Amar-lo suposa veure la bellesa oculta en les ombres del dia a dia, i comprendre l’art de la paciència».

Y… ¡acabo de encontrarme esto, hace un rato! ¡Qué sorpresa… y qué bueno! Imposible no incluirlo a continuación…

Buniatishvili posee ya un buen puñado de discos sacados al mercado. Como hemos visto, acostumbra a dedicar cada álbum a un compositor en particular, aunque también hay álbumes dobles y recopilaciones. Se puede apreciar que sus inicios discográficos fueron potentes y prometedores. De hecho, un simple repaso a sus discos y actuaciones nos permite constatar que ha interpretado a la inmensa mayoría de vacas sagradas de la música clásica: Chopin, Schumann, Mozart, Beethoven, Grieg, Rachmaninoff, Mussorgsky, Stravinsky, Ravel, Liszt, Schubert, Prokofiev, Johann Sebastian Bach, Brahms…

En cuanto a su estilo, Khatia imprime un fortísimo sello personal a sus interpretaciones. Como ella misma ha afirmado, el ser humano —como no podría ser de otra manera— ha de estar en el centro del arte, y ha de poder expresar su propia sensibilidad. Esta interpretación tan personal de las obras ha generado como era de esperar controversia y disparidad de opiniones. Parece claro que Khatia no se distingue precisamente por seguir la ortodoxia. Por algunas reseñas que he leído de forma rápida, acostumbra a llevar las cosas al límite y a tensionar los tempos de las partituras. Es decir, a hacer los Largos o los Adagios aún más lentos y pausados y por el contrario las partes más intensas y enérgicas mucho más rápidas de lo que suele ser habitual. Y esto ha provocado que reciba unos cuantos palos de la crítica. Es, como afirmaba Pritchard en sus apreciaciones, una artista que asume muchos riesgos. No deja indiferente, sorprende al público, y gustará más o menos. Para mí, voy a decirlo a nivel personal, todo lo que he escuchado de ella en YouTube me ha parecido sen – sa – cio – nal.

Hay algunos otros apuntes de su biografía que podemos mencionar:

— Se me olvidó decir que está establecida en París y que en el 2017 obtuvo la nacionalidad francesa;

— Ha recibido algunos premios más. No los he puesto por no abrumar. En la Wikipedia en español están;

— Internacionalmente ha sido aclamada, en líneas generales, y es una pianista muy solicitada para actuar en diversos festivales y escenarios;

— Ha tocado y grabado con directores de primera talla mundial. El mismo Paavo Järvi. O Zubin Mehta;

— Parece que es amiga personal de la aclamada pianista Martha Argerich;

— El activismo social y político está entre sus ocupaciones y preocupaciones…

«Her music is fundamentally bound to political activism, as she is involved in numerous social rights projects…».

«Khatia Buniatishvili refuses all invitations to perform in Russia as long as president Putin is in power».

Toma ya. Leyendo algunas cosas me gusta aún más y me cae todavía mejor.

¡Ah!… y volviendo al tema de su controvertido y personal estilo interpretativo, he encontrado unas frases que me han gustado mucho. Lo sintetizan todo. El magazine Madame Figaro dice:

«La pop star du classique, c’est elle. Avec son look de pin-up et un jeu très libre, la virtuose géorgienne dynamite les codes».

(Jeu: la forma de interpretar, de tocar. Verbo jouer).

«Chez Khatia Buniatishvili, seul le répertoire est classique. Pour le reste, c’est no limit».

Hay otro aspecto, aparte de su estilo, que causa cierta controversia y da que hablar. Y no es difícil adivinarlo. Sí, claro: se trata de su aspecto personal, de su look, de la imagen que nos ofrece. Hablemos de ello. Sin miedo. Sin prejuicios. Sin hipocresía (es de las cosas que más asco me produce). Hay muchísimas personas que considerarán —que consideramos— que Khatia es una mujer hermosa, sensual, atractiva. Sí, claro, como todo juicio es relativo, personal, discutible. Para mí ella lo es. Atrae las miradas y atrae la atención. También en mi caso. Muy probablemente —vamos, casi seguro— concitará deseos. No pocos medios la califican de sexy, y seguro que algunos no se cortan un pelo y la consideran caliente, o tórrida. Hablo a nivel visual, no confundamos las cosas. Tampoco me parece una burrada absurda decir que parece que ella saca partido de esa imagen, de ese atractivo, de ese torrente de sensualidad. Lo “explota”. A mí me parece muy bien. Obviamente, entrar en toda esta serie de consideraciones significa que también habrá gente a la que todo esto le moleste, le escandalice. Que la critique o la condene. Que la tache de provocativa. Va provocando. Aquí está, a mi juicio, el verdadero problema y la verdadera lacra: estar ya juzgando a las mujeres por su aspecto, la forma en que visten, los centímetros cuadrados de epidermis que exhiben, etc. Es una canción muy vieja, por desgracia. Los signos del patriarcado, de los muchos tics machistas que aún están incrustados en la mayoría de sociedades. Y todo esto lleva asociado una dosis de discriminación, opresión, dominación y condena, a veces pública y mediática. A veces moral o religiosa. Aunque “me esté poniendo serio” creo que honestamente las cosas son (bastante) así.

Antes mencioné un artículo en interlude.hk. Lo hice porque lo consideré interesante y porque se hace una serie de preguntas, en torno a esa imagen pública y sensual de la pianista. Acerca de la disparidad de opiniones que provocaba esto. Sí, es una artista con bastante repercusión mediática: aparece en shows televisivos, en portadas de revistas de moda y glamour, en muy diversos medios, en redes sociales, e incluso en la prensa del corazón por algún que otro sonado flirteo. Todo ello al lado de su valía profesional y artística. De su reputación. Dicho artículo nos plantea este aparente “dilema”, o estos aspectos que a algunos/as les parecerán contradictorios (o que chirrían):

«Y es su apariencia con atuendos con escotes a menudo pronunciados lo que le ha valido varios apodos, incluido el de “Betty Boop” del piano y “la estrella del pop del mundo de la música clásica”. Para algunos, Khatia es un fenómeno que “excita al público clásico … sacude y trastorna este frágil mundo”. Para otros, ella es una “Lady Gaga o Beyoncé que anhela la atención, con la moda como el mejor tipo de proyección”. Para mí, esto simplemente plantea la pregunta de qué es lo que hace que Khatia Buniatishvili funcione».

Ahí lo tenemos. Poniendo el dedo en la llaga. La aparente contradicción. La polémica en potencia. O el chismorreo y el comentario servidos. Más adelante añade:

«Paralelamente a su rápido ascenso a la fama, Khatia está decidida a seguir su propio camino. Y una vez que se sienta al piano, todo se pone en marcha, incluida la actitud, la emoción y el atuendo. Khatia Buniatishvili es inflexible acerca de la libertad de sus interpretaciones y defiende su derecho a “reapropiarse de cada obra y realizarla sin respetar necesariamente la tradición o el modelo impuesto por sus antecesores”».

Para concluir:

«En cuanto a las actuaciones musicales de Khatia, se las ha calificado de “inquietantemente originales” o “más allá de la excentricidad del planeta Pogorelich”. Este desacuerdo fundamental depende de cómo los comentaristas interpreten los aspectos comunicativos de la música, y eso seguramente incluye la vestimenta y todos los demás aspectos interpretativos».

Con lo de “planeta Pogorelich” se refiere al pianista nacido en Belgrado Ivo Pogorelich. Supongo que se refiere a la intensidad que pone este pianista en sus interpretaciones. También a un cambio de look que al parecer protagonizó. Y a algunas experiencias vitales muy fuertes que le han marcado, como la muerte por cáncer de su mujer. No le conozco, ni su historia. Será una mezcla de todos estos elementos. Dice El País en una crónica (y curiosamente hay detalles que coinciden con las actuaciones y estilo de la georgiana):

«… ese pianismo hiperbólico que cultiva el croata en su obsesión por hacer sonar su instrumento como una gran orquesta. Una versión que estira los tempi, acuchilla las articulaciones, dinamita las frases y estresa el sonido del piano. […] Pogorelich toca como si estuviera condenado a revivir sus tragedias personales. Y el piano fuese su catarsis».

Lo de “Betty Boop” me ha hecho mucha gracia. Y a ver… es totalmente cierto (y antes de empezar el artículo ya lo sabía): a Khatia le han endosado el apelativo de “la Beyoncé del piano”. Suena irrisorio y ridículo. Forzado, innecesario. ¿Meando fuera del tiesto… o no tanto?

Por más fotografías que miro, no logro entender lo de “la Beyoncé del piano”. ¿Por qué será que le han puesto este ridículo apodo?
Sigo sin entender los motivos de tal comparación, por más fotos que mire. El sentido del humor que no falte. Pues me parece muy bien que se fotografíe de esta guisa. A mí me mola la foto.
¿Atractiva? ¿Sensual? ¿Guapa? ¿Sexy? ¡¿Caliente?! Cualquier cosa que digamos será juzgarla, y en verdad no deberíamos hacerlo…

Seguro que muchos otros medios ponen sobre el tapete esta combinación en el caso de la pianista: su talento, sus cualidades interpretativas, por un lado, y su look, sus atuendos, la carga erótica asociada. Reflexiones, preguntas. Sin ir más lejos, el artículo que he mencionado antes, en Madame Figaro, también recoge estos distintos aspectos de su figura. Leamos. Lo expresan muy acertadamente:

«D’accord, la dame est bien roulée et aime le montrer, un peu comme si Betty Boop s’était réincarnée en star du piano, avec décolletés plongeants devant comme derrière, port de madone et débit réfléchi. Mais la virtuose sexy a du tonus et du répondant. Elle reçoit dans son salon blanc, assortie au noir du piano à queue – talons hauts, legging et col roulé. Ses cheveux de jais encadrent ses lèvres carmin».

«De acuerdo, la dama tiene curvas y le gusta lucirse, casi como si Betty Boop se hubiera reencarnado como una estrella del piano, con escotes pronunciados por delante y por detrás, con el porte de una Madonna y un flujo pensativo. Pero la virtuosa sexy tiene tono y capacidad de respuesta. Ella entretiene en su sala de estar blanca, a juego con el negro del piano de cola: tacones altos, pantalones elásticos y cuello alto. Su cabello negro azabache enmarca sus labios carmesí».

Y todavía unas últimas claves para entenderlo todo. Y entenderla a ella:

«Au piano, c’est différent, rien ne l’arrête».

«C’est la liberté de l’art. Je me permets toutes les émotions. Sans dogme ni morale».

Si tomamos el vídeo protagonista, con el Precipitato de Profófiev, encontraremos que están presentes todos estos elementos visuales o “armas de seducción”. No es nada extraño que impacte, que cause una impresión, mucho más allá de su innegable talento (o añadido a él): elegante y precioso vestido rojo. Escote. Unos tirantes finísimos. Espalda y brazos al descubierto. Y su pelo negro, salvaje. Pero sobre todo… ella, ella. Ella misma, interpretando, moviéndose, percutiendo sobre el teclado con absoluta maestría y dominio.

No es concretamente este vestido. Pero es que esta foto es tremenda.

No voy a detenerme aquí. Vamos a criticar un poco. Inicialmente iba a decir “vamos a reírnos un poco”, pero me parece que no será así. Porque cosas que podrían resultar graciosas, o ridículas, encierran detrás un alto grado de patetismo y unos comportamientos deplorables. Lo que voy a explicar no es ninguna tontería.

Si uno/a se pasea un poco por YouTube, basándose siempre en el teórico respeto por la “creatividad” de otros, o sus puntos de vista, puede encontrar vídeos bastante “sorprendentes”. O impresentables. Hay un vídeo que, literalmente, se titula “Why Khatia Buniatishvili is the worst pianist ever (but the hottest)”. Tremendo. La peor pianista de todos los tiempos. No solo eso, sino que lo importante es que ella es hot. La más caliente. Este señor, al que parece no gustarle nada la georgiana (artísticamente, quiero decir) se califica a sí mismo.

También podemos encontrar otro vídeo que se titula “Las 14 pianistas más bellas”. Creo que se ve claro lo que quiero señalar: hay personas que se dedican a hacer rankings de este tipo, al parecer dándole más importancia al aspecto externo o al atractivo físico antes que al talento artístico. Como, voy a añadir, si ser un gran (una gran, en este caso) pianista fuera algo muy fácil de conseguir. Claro, te podrán contestar que no están valorando a estas artistas por exclusivamente esto, que es un aspecto secundario o complementario. Y que están en su perfecto derecho de elaborar estos rankings, que no es tan grave. Quizá. El problema subyace detrás: el machismo y el sexismo inherentes. El, de alguna manera, infravalorar a las mujeres y sus capacidades y fijarse principalmente en sus cuerpos y su sex appeal. Es cosificar a la mujer. Convertirla en un objeto sexual, de deseo, relacionado con la atracción, con las apariencias externas. Me parecen este tipo de rankings (aunque se pueda argumentar que son “inofensivos”) absolutamente ridículos. Es como si se hiciera uno de “las novelistas más atractivas” o “las pintoras más sexys”. ¿Y por qué no “las científicas más atractivas”? ¿O las ministras del gobierno? ¿Y se hacen tantos rankings cuando se trata de hombres? ¿”Los novelistas más guapos”? ¿O “los futbolistas más atractivos”? Seguramente, pero muchísimo menos. En la abrumadora mayoría de los casos es la mujer la que es objeto de este tipo de comportamientos, o de mentalidad. Algo que puede ser insultante, o vejatorio. Discriminatorio e injusto, seguro. Aparte de simplista y estúpido.

No es fácil valorar todos estos elementos de una forma justa y equilibrada. Intento ver la realidad en su conjunto, integrándolo todo. En este caso, respecto a los seres humanos, sabiendo que sus personalidades son la suma de incontables aspectos. El aspecto externo, lo físico, la carga erótica, el atractivo sexual… son factores que están ahí pero que probablemente son secundarios. Lo cierto es que, en teoría, todos los seres humanos ejercemos atracción hacia nuestros semejantes. Que todos y todas somos seres físicos, también. De carne y hueso. Muchas veces la atracción ejercida no es por lo físico o la apariencia exterior, curiosamente. También creo que no hay verdades absolutas, y que nada es absolutamente blanco ni absolutamente negro. Los posicionamientos radicales, sean los que sean, no suelen ser aconsejables ni sensatos. Muchas veces he manifestado que, aunque me guste el lado erótico, me importe y me mueva la atracción física y sexual, me guste el cuerpo femenino, no significa por la fuerza que vea a las mujeres como meros objetos. Como simplemente cuerpos. No, no es así. Aunque mis planteamientos puedan parecer incongruentes o hipócritas. O que chirrían. Ni los seres humanos ni ningún ser vivo es meramente “una cosa”. Verlo así es una absoluta aberración. Y reivindicar, o que te atraiga la parte física/erótica/sexual del ser humano no significa considerar estos aspectos como los más importantes, o los únicos. Vuelvo a repetir que los planteamientos radicales no sirven. La actitud sabia es la de la integración.

“¿Acaso no estás tú haciendo lo mismo, cosificar a Khatia Buniatishvili al fijarte en su aspecto físico, en su sensualidad…?”, se me podrá decir. “¿Adoptando una actitud machista/sexista?”. Podría ser. Lo justo sería decir “en parte, sí”. Pero honestamente, intento verla en la totalidad de su personalidad. Si la viera como un mero objeto sexual hubiera obviado su talento tocando el piano, hubiera puesto el vídeo y poco más y hubiera dado a entender “fijaos en lo buena que está y en qué tetas tiene”. Porque, como graciosamente han dicho los franceses, es “una dama con curvas”. Pero no quiero quedarme meramente con “el envoltorio”. Sería nefasto y patético.

Hay otro vídeo en YouTube todavía peor. Se titula “She’s the BREAST pianist I’ve ever seen”, jugando con las palabras (best, “mejor” y breast, “pecho/s”). En él se cachondean (y se centran en) los grandes pechos que tiene, haciendo todo tipo de comentarios. He sentido vergüenza ajena, de verdad. Es totalmente soez, patético, asqueroso. Eso sí que es machismo cosificador. ¿Merece la pena mencionar siquiera algo tan triste? Pues creo que siempre hemos de observar la realidad en su conjunto. Nunca ignorar ningún aspecto, porque sería como si usáramos unas tijeras.

En fin, querido/a lector/a. Estoy seguro de que habrás captado el mensaje y la intención. Título del ensayo: “Khatia Buniatishvili o la libertad (y el pleno derecho) de las mujeres, de cualquier mujer, de vestir como quiera, de adoptar el aspecto o look que le plazca o considere, de ser como le venga en gana ser, y de comportarse como quiera (dentro de unas normas de respeto, convivencia…), no siendo menos ni con menos derechos que los hombres, sin miedo a ser criticadas, atacadas, discriminadas, vejadas, insultadas, condenadas, juzgadas, señaladas, etiquetadas, reprimidas, oprimidas, castigadas… y un largo etcétera”. Ése es el título del ensayo. ¿Lo he llevado demasiado lejos? Pues podemos considerar que podemos añadir perfectamente (y por desgracia): “y sin miedo a ser violadas, agredidas, maltratadas… o asesinadas”. No, no es ninguna exageración decir esto. Y en España aún menos. A las estadísticas y las noticias me remito.

Dos últimas cosas. La primera: ¿realmente es necesario usar esas “armas de seducción”, el atractivo sexual, el cuerpo, por ejemplo para cosechar más éxito o granjearse más público, en el caso de una artista, por ejemplo? No, realmente no es necesario. Pero negarle a una mujer el derecho a hacer todo eso es una auténtica aberración. Es retroceder a los tiempos de la Inquisición medieval, y entonces creo que ganan el machismo y la represión. Khatia sin duda alguna podría cambiar su aspecto radicalmente (no digo ni insinúo que tenga que hacerlo), y su talento o valía como pianista básicamente no se vería afectado. Lo cual viene a “demostrar” que el aspecto o la imagen externa, aunque importante, tiene un carácter secundario. Eso es lo que quiero transmitir. Si Khatia ha optado por eso, hay que respetarla. Ella es así y a día de hoy esa imagen es parte integral de su personalidad. Además debemos puntualizar que si un/a artista lo hace, en este caso Khatia, por una serie de motivos (decisión propia, personalidad, valentía, naturalidad…) no implica forzosamente que lo esté haciendo con el objetivo explícito de cosechar más fama, granjearse más seguidores, captar más la atención general. Puede que sí y también puede que no se persiga nada de eso. Es discutible.

La segunda y última reflexión es que no todas las mujeres ven o tienen que ver todos estos asuntos de la misma manera. Esto es un debate, potencialmente interminable. Habrá mujeres que considerarán que las, por ejemplo, artistas (o celebridades con proyección pública) que se comportan así, utilizando su atractivo físico, le están haciendo un flaco favor al género femenino, a la causa feminista y en general a la equiparación de roles y derechos. En fin, que es un debate de narices. Razones, en cierta forma, no les faltan ni les faltarán. Puedo entender en parte ese argumento. Lo que ocurre es que, repito, las actitudes demasiado radicales no me parecen adecuadas ni inteligentes. Lo que no se puede hacer es convertir al feminismo en una especie de puritanismo represor. No se trata de eso. En una especie de “aniquilación de todo aspecto erótico de la mujer”, porque “alimenta y perpetúa el patriarcado”. Creo que el único punto de encuentro en el que todas deberían estar de acuerdo (e incluyo a los hombres también) es que a las mujeres hay que valorarlas por muchos más aspectos que meramente por su cuerpo, sus atractivos o su imagen.

Si has llegado hasta aquí y leído todo… enhorabuena. Qué paciencia. Gracias y también disculpas por todo el rollazo que he soltado. Sin duda todos tenemos nuestras opiniones, más o menos apasionadas, sobre estos temas. El machismo, el feminismo, la cosificación, la sexualización, las discriminaciones… Son temas muy candentes. Y ya que me he expresado, lo he hecho explicándome un poco. Me es casi imposible despachar todos estos temas en tres frases.

Como he señalado, no quise quedarme solamente con el envoltorio. El vestido rojo y todo lo demás. Ni meramente con la ejecución del Precipitato. Y no lo he hecho. Estos días he escuchado y visto varios vídeos de la pianista. En YouTube hay bastante material. Y muy bien. Es lo que uno debería hacer si quiere conocerla más a fondo. Fantásticas sus interpretaciones. Por ejemplo…

En el Concierto para piano n.º 3 de Serguéi Rajmáninov (“Rachmáninov” o “Rachmaninoff”; no es fácil transcribir el apellido ruso). Creo que éste y el segundo concierto del ruso se sitúan entre las obras cumbre dedicadas a este instrumento. Sencillamente son genialidades bellísimas. Muchas veces he manifestado, en diferentes entradas o aportaciones de distintos usuarios, mi más absoluta admiración por Rachmáninov. Una vez más lo pongo de manifiesto. Khatia ataca esta obra maestra. Maravilloso…

Saltamos a otro compositor ruso: Piotr Ilich Chaikovski (o “Tchaikovski”). Me atrevería a decir que quien jamás haya escuchado el principio de este conocidísimo Concierto para piano n.º 1, Op. 23 quizá no vive en este mundo. Belleza y emoción. Sublime…

Khatia con el conocido Impromptu n.º 3 de Franz Schubert. Preciosa música y precioso vestido azul…

Maravillosa pieza de Liszt, el Ständchen, incluida en el álbum mencionado antes (el de Ofelia):

La también conocidísima y maravillosa Gymnopédie n.º 1 de Erik Satie…

Simplemente son propuestas. Hay mucho más ahí (Chopin, Beethoven, Grieg, Schumann…). También con su hermana. Me pareció un ejercicio interesante, a nivel estilístico, escuchar esa Sonata para piano n.º 7 de Prokófiev interpretada por otros músicos. Y así lo hice. La obra está muy bien, y es realmente tremenda. Queda muy claro que su Precipitato final es el plato fuerte. El extraordinario Maurizio Pollini, uno de los monstruos del piano del siglo XX, hace una ejecución técnicamente impecable. Ahora bien, se me antoja un poco mecánica, “plana”, algo fría. Seguramente será porque la comparo con la ejecución de Khatia. Lógico, al interpretarla ésta en directo es mucho más apasionada. La comparación me parece interesante. La Sonata “Estalingrado”

Y llegamos al final del camino. No quiero marcharme sin antes rescatar una breve frase de la entrada de Jordi. La frase me gusta…

«El amor es, por ejemplo, escucharte a ti tocando el piano».

No podría estar más de acuerdo. Si tuviera que definir qué es el amor, daría la que en mi opinión es una definición breve, profunda y precisa. Y a la vez sencilla: «El amor es ser lo otro». O «el otro». Amar es sentir una mezcla de admiración y aceptación. Es unidad, comunión, integración, fusión. En cierto sentido es trascender la dualidad sujeto-objeto. Por eso el verdadero amor y la espiritualidad están tan estrechamente relacionados. Por no decir que son diferentes caras de un mismo diamante.

Mencioné antes algo solamente de pasada: su pelo. Su rizado y negro pelo es un elemento más de su imagen, y está perfectamente integrado. Lo maneja con soltura. Nunca mejor dicho. Cayéndole por la cara y tapándosela. Viéndola se constata que esto es “marca de la casa”. Si las reflexiones sobre el amor contienen algo de verdad, diría que este manejo de su pelo tiene cierto simbolismo. A Khatia parece no importarle demasiado qué pasa con su pelo cuando toca. No le presta demasiada atención. Khatia se pierde en la música. Tal es su grado de concentración que se hace uno —una— con la música. De nuevo esa unidad, esa comunión.

Y sus manos. Son como animales feroces y rapidísimos. Aves de presa que se lanzan en picado sobre sus víctimas, las teclas. ¿Víctimas… o amantes?

La virtuosa del piano que nació un solsticio de verano y que practica meditación para, según ella, “preservar así su energía animal, positiva”. Khatia. Sensacional. Espectacular. Absolutamente apabullante y electrizante. Y como bien dice Jordi, potencialmente adictiva.

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Alicia

Hace ya unos cuantos años, leí una frase o reflexión en un blog. Un blog que ni siquiera sé si sigue existiendo. He hecho un poco de memoria y juraría que se trataba de «El blog de Mariko», en la plataforma blogger. La titular, que se adivinaba teóricamente heterosexual por sus escritos (aunque estas etiquetas, pese a todo, me parecen ridículas y volátiles) soltaba la siguiente «confesión» en un arranque de valentía y honestidad:

«Si Beyoncé me dijera que lo dejara todo y me fuera con ella, lo haría sin dudar».

Uau. Es verdad, es verdad, y no quiero (porque quizá lo estoy haciendo) pecar de bocazas: la reflexión no ha de apuntar forzosamente a una atracción o tendencia puramente sexual; podemos ser mucho más abiertos de mente y tomarla en un sentido simplemente vital.

Sí. Pero para lo que me vale la frase es para lo siguiente. Yo podría decir perfectamente:

«Si Alicia Keys me dijera que lo dejara todo y me fuera con ella, lo haría sin dudar».

Alicia es (o me parece) tan encantadora, tan simpática, tan sensual, tan inteligente, tan interesante, tan cargada de luz, energía, positividad, talento…

La cantante y compositora sacó su séptimo álbum de estudio este pasado 18 de septiembre. Titulado simplemente Alicia.

Un trabajo que se ha ido posponiendo, muy probablemente por influencia de las difíciles circunstancias de la pandemia. Por lo menos en la entrevista que he leído esto no se especifica. Uno de los cortes incluidos es Good Job, sobre el que escribí un post. Un tema y vídeo que vuelven a emocionarme. Otros dos temas son Gramercy Park y Underdog, interpretados en directo en el último vídeo. Y otro es este excelente Love Looks Better

Y esto es una delicia. Una actuación en el NPR Music Tiny Desk Concert, realizada en febrero de este año pero enlatada también durante unos meses, hasta ver la luz el pasado mes de junio.

Cómo lamento no entender o pillar mucho más del inglés hablado (prácticamente nada), pues el público asistente se ríe de lo lindo con las bromas de la cantante.

He pensado y escrito esas reflexiones personales sobre la artista, pero después curiosa y casualmente me encuentro con estas palabras en el texto que acompaña a este vídeo. Veo que no son nada extrañas esas coincidencias en la percepción y la forma de sentir…

«Alicia Keys has an aura that you can sense the second she enters a room, or in my case, an elevator. She radiates compassion and kindness. This spirit is the key to Keys’s songwriting, which is rooted in introspection and mindfulness».

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Bruce Springsteen: Letter To You

Bruce siempre tendrá cabida en este blog. Y cancha. Y atención más que ganada y merecida.

Pero antes que nada (no seamos descorteses ni maleducados) hay que felicitarle: happy birthday, puesto que el Boss cumplió 71 años este pasado día 23. Nuestro hombre es del signo Libra, al igual que el que escribe (exactamente en 10 días cumplo 56 años).

Voy a “matarme” escribiendo. Venga, va…

Excelente. Excelente. Hermoso. Sugerente. Épico por momentos. Enérgico. Magnífico. Totalmente springsteeniano. Así suena el tema Letter To You, adelanto del álbum del mismo título que verá la luz el próximo 23 de octubre. La canción fue lanzada este pasado 10 de septiembre.

El portal NPR explica unas cuantas cositas del nuevo trabajo. Más o menos las mismas que las que cuenta el siguiente tuit del propio músico. Atención, porque esto me ha encantado: el álbum fue grabado en tan solo cinco días. En primeras tomas. Después de tantos años, la vuelta a la absoluta simplicidad e inmediatez. Bravo. Pues opino que… así debe ser. Bien hecho.

Qué mayor, qué mayores se les ve a todos. Voy a hacer el comentario, a medio camino entre el cachondeo y la falta de respeto, de que a Stevie Van Zandt se le ve tan cebado como siempre. Simplemente me resulta algo gracioso el detalle.

Son muchos años ya en la carretera y en la primera línea de fuego. Podemos ya decir con toda tranquilidad y cierta pena y resignación que ya son abueletes del rock. Siempre quedarán dinosaurios más antediluvianos, como los Rolling Stones. Quien no se consuela es porque no quiere.

(Me han cambiado el editor los de wordpress. ¿Por qué (cojones)? Qué pesados. ¿Por qué tanto cambio y tanta tontería? Me he vuelto mico cuadrando todas las piezas de esta compleja obra de ingeniería).

The E Street Band. Welcome back. Guerreros incombustibles. Poetas.

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