Pink Floyd: Hey Hey Rise Up

Bendita sea la guitarra de David Gilmour, y benditos sean sus solos.

Bendita sea la solidaridad humana.

«Una amiga ucraniana, crítica literaria de gran talento, cogió un libro antes de huir de Kiev junto a su marido. Más tarde descubrió que se trataba de El ruido y la furia. No podría ir mejor con el estado de ánimo de los opositores a la guerra, que son elocuentes en su indignación. Tal vez Tolstoi tenía razón después de todo: son los aparentemente poderosos los que carecen de una humanidad plena y no aquellos a quienes intentan dañar».

(Catriona Kelly para eldiario.es).

Bendita la fuerza moral de las gentes sencillas e inocentes.

En las antípodas de todo esto —malditos— están los que obran mal. Los que expanden el mal. Los que promueven la locura de la guerra. Los que siembran la destrucción, el horror, el sufrimiento, el dolor, la muerte. Los que no parecen dar demasiado valor a la vida humana. Los que mienten, engañan y manipulan. Los que lo supeditan todo a ideales, objetivos y ambiciones. Los que actúan movidos por el resentimiento, el odio o pensamientos negativos. Los que se dejan llevar por el fanatismo y los delirios nacionalistas y expansionistas. Los que amenazan e intimidan. Los que cometen crímenes de guerra y atrocidades —no existen guerras «limpias», «correctas», inocuas o justas—. Los que cada vez más recuerdan a Adolf Hitler y la Alemania nazi.

Benditos quienes tienen la conciencia en paz.

Toda la información sobre este regreso musical después de 28 años de silencio, por ejemplo…

… en rtve.es.

… en elDiario.es.

… en BBC News.

La referencia de Catriona Kelly a Tolstoi está incluida en un excelente artículo en la web de eldiario.es. En él se analizan las claves y razones —y se intentan entender, en la medida de lo posible— que han llevado a Putin a invadir Ucrania. También se explora qué se puede hacer para contrarrestar su poder y sus decisiones: Qué hacer para parar a Putin: las ideas de cinco voces expertas.

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Samuel Barber: Adagio para cuerdas / Platoon / Vladimir el loco

Cuatro imágenes de la ciudad de Irpin. Putin dice que está «liberando» Ucrania…

La guerra. La guerra esta vez en Ucrania. Una más. Las guerras. El horror. El infierno. La pesadilla. Se nos quedan cortas las palabras, las consideraciones y los adjetivos para describir y condenar tanta barbarie, esa pesadilla hecha realidad. Lo que está sucediendo es muy fuerte, muy serio, muy triste. Lo que está sucediendo es absolutamente demencial. Podríamos calificarlo de «increíble» —porque provocara nuestra incredulidad—, pero por desgracia esto sería cierto solo en parte, pues las guerras parecen consustanciales al ser humano y a toda la historia de la humanidad. Y sin embargo, supongo que te pasa lo mismo que a mí, algo clama dentro de ti diciendo «pero, ¿cómo puede ser?», porque si no clamara significaría la más absoluta indiferencia, significaría algo parecido a estar muerto o embotado.

A veces recuerdo un momento gracioso con una pareja sentimental que tuve. Cada vez que yo, en determinadas circunstancias, reflexionaba en voz alta diciendo «parece mentira», ella me contestaba totalmente en serio pero a la vez haciendo broma: «pero es verdad». Y nos reíamos del intercambio de frases y de la situación. Pues por desgracia aplica a lo que está pasando en Ucrania. He puesto aquí cuatro fotografías pero podrían ser y son centenares las estampas de este dantesco espectáculo —espectáculo, por cierto, casi retransmitido en directo por las televisiones, como si otro clavo viniera a remachar esa mezcla de indiferencia, impotencia y familiaridad con el horror—. Esto también me parece demencial, aunque seguro que no es indiferencia lo que sienten miles de personas al informarse de la guerra por los medios. Es tal el grado de destrucción, devastación, horror, locura y sufrimiento que faltan las palabras. Y por qué no decirlo también, de maldad y crueldad. El drama humano es de proporciones colosales, ya no solamente por las bombas y los muertos, sino por todos los que se ven forzados a huir del país. «Parece mentira», sí, que esto esté pasando en el corazón de Europa y que estemos dejando que pase. Las dimensiones del drama y de la catástrofe superan de lejos cualquier ola migratoria que hayamos visto en cualquier frontera europea. Hay un componente aquí —es opinión personal— de hipocresía, pues cuando han sido miles los migrantes que han llegado por ejemplo a las fronteras de Turquía y Grecia, parecía que los gobiernos europeos miraban hacia otro lado, algo incómodos. Por supuesto, ahora es una guerra con una cifra de refugiados que supera ya los tres millones de personas. Es decir, el drama, la catástrofe y la locura exponencialmente aumentados. Es un mal antecedente la «contemplación» de esas olas migratorias, así como es también un mal antecedente que presenciemos guerras que devastan países enteros como Siria, Libia, Irak o Yemen, conflictos enquistados como el de Palestina o crímenes de lesa humanidad contra los rohingyas en Myanmar. Es muy desagradable y triste ver que suceden todos estos hechos y que nos vamos insensibilizando frente a ellos porque, en cierta manera, no nos queda más remedio.

Refugiados sirios en la frontera entre Turquía y Grecia

Quiero dejar bien claro que cuando hablo de hipocresía no me refiero a la actitud o la reacción de por ejemplo la Unión Europea frente al estallido bélico en Ucrania, sino precisamente a sus actitudes frente a los conflictos anteriormente mencionados (de toda la sociedad en conjunto), porque parecen afectar mucho menos ya que —sí, lo has adivinado— nos quedan lejos. Parecería que existen diferentes raseros para medir. Y así va creciendo la tolerancia y la indiferencia medida (como siempre, bañada de declaraciones bienintencionadas), como si se nos fuera inyectando la dosis poquito a poquito. Hasta que la desgracia explota en nuestras narices. Entonces sí, saltan todas las alarmas. Y es lógico que salten, ante un drama como el de la guerra en Ucrania (me gustaría que se me entendiera bien). Podríamos decirlo de otra manera. A ver, por ejemplo… ah, ya lo tengo: Putin intervino directa y decisivamente para salvarle el cuello al dictador sirio y su régimen. ¿Qué hicieron las potencias occidentales? Poca cosa, por no decir nada. Y una de las (grandes) preguntas que yo plantearía, al respecto del ataque a Ucrania, es ésta: ¿cómo y por qué hemos llegado a este punto? ¿cómo hemos permitido que se llegara a este punto? No sé si se entiende lo que quiero apuntar: el camino sembrado de miguitas (guerra tras guerra) en la historia de la humanidad, incluso en los tiempos que nos toca vivir, es el mal precedente o el pésimo síntoma al que me refería. El problema es estructural, de fondo. El maldito sistema en su conjunto, el tinglado socioeconómico, los intereses que lo mueven todo. En este caso, el interés de Putin —el agresor—, pero también los intereses de muchas otras naciones. Lo de siempre. Nada nuevo bajo el sol. A tal respecto, Krishnamurti, con el que volveré más adelante, tiene algo que decir…

La humanidad somos todos y todas, del primer al último ser humano. Y por doloroso que sea hay que hacer autocrítica. Entre otras muchas razones (el sufrimiento y la muerte ya bastarían) porque el ser humano parece ni aprender ni evolucionar en positivo y erradicar las guerras. Parece, visto lo visto, imposible. Ahí van tres expresiones muy, muy manidas pero que explican en buena parte que pasen estas cosas. O sea, que si no las formulamos a la ligera invitan a la reflexión…

La primera: «El hombre es un lobo para el hombre» (en latín, homo homini lupus), una frase utilizada por el filósofo inglés del siglo XVIII Thomas Hobbes en su obra El Leviatán (1651) para referirse a que el estado natural del hombre lo lleva a una lucha continua contra su prójimo. Es gracioso, porque es muy frecuente hacer alusión a los animales (por ejemplo calificando al ser humano de «bestia»), cuando en verdad el homo «sapiens» (¿?) es más cruel, sanguinario y malvado que el más feroz de los animales salvajes.

La segunda: el ser humano es capaz de lo mejor pero también de lo peor. Y la tercera: que el cielo y el infierno están aquí mismo, en la Tierra, en el corazón y la mente de las personas, y por ende también en los actos que se derivan. Y tanto que sí. Lo vemos constantemente, ahora también en esta guerra.

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Los tristes acontecimientos que estamos viviendo me hicieron rectificar sobre la marcha y cambiar por completo el microrrelato con el que iba a participar en el reto literario del blog de Lídia Castro (en su edición de marzo del 2022). En este reto debes confeccionar un relato que tenga como máximo 100 palabras (sin contar el título) y deben aparecer los elementos mostrados en una carta y un dado. En el reto de marzo eran…

Como elemento opcional, se podía hacer alguna referencia a una catapulta o su invención. Éste fue el relato que escribí y le puse en un comentario a Lídia el 3 de marzo:

«Vladimir el loco»

Bebía vino y reía. Reía en su locura y fanatismo.
«Nos anexionaremos el país vecino —’hermano’—, ensancharemos la gran madre patria. Aunque nos separara la cordillera más escarpada… Si osan atacarnos desataremos la hecatombe nuclear a escala planetaria».
Los miembros de su gabinete eran cotorras que repetían «amén» a todo. No le importaba causar miles de muertos, también entre los suyos. Bombas, destrucción, horror, sufrimiento, refugiados.
Miraba en el reloj la cuenta atrás, ya que había mentido cínicamente sobre sus planes. Reía y reía. Nada le importaba.
«Esta decisión me catapultará a los libros de historia. La gran madre patria».

Después de escribirlo estuve pensando y la verdad es que hubiera hecho una pequeña modificación en la parte final, sin variar el total de cien palabras. Habría quedado así:

Miraba en el reloj la cuenta atrás. Había mentido cínicamente sobre sus planes. ¡Cómo reía! Nada le importaba.
«Esta decisión me catapultará a los libros de historia. El nuevo zar. La gran madre patria».

Quiero puntualizar que utilicé el apelativo «loco» digamos que para simplificar las cosas, y por imperativos de espacio, es obvio. No lo utilicé como quien asigna fácilmente etiquetas a las personas, lo cual me parece un error de apreciación muchas veces, una precipitación en la diagnosis. Y obviamente decir que una persona es A o B o C es emitir un juicio, con lo cual te arriesgas a que sea relativo o desacertado. O sea, no creo que literalmente esté loco (tampoco me gusta usar calificativos que aludan a la salud mental, pues es un tema con el que se estigmatiza a quienes padecen trastornos). No está para que le pongan una camisa de fuerza, pero sí opino que se le ha ido mucho la cabeza. Hay una diferencia y ahora voy a matizarla.

Después —ayer concretamente— estuve reflexionando sobre lo que podemos denominar «el problema del mal» (volveré sobre ello también). O sea, ¿por qué existe el mal en el mundo? ¿Por qué algunas personas obran mal? Consulté un par de textos (ya lo había hecho tiempo atrás) para ver qué dice el budismo sobre el problema del mal. Una de las cosas que dice —y estoy de acuerdo— es que los conceptos de bien y mal no son absolutos, sino relativos. Siempre algo será bueno o malo en comparación a otra cosa, y dependerá del contexto. «Bueno» o «malo» son en definitiva juicios, como apunté hace unos momentos. Así, según determinados puntos de vista una persona o un acto será bueno o no, o en una gradación determinada dentro de una escala.

Voy a lanzar la «gran» pregunta, e incluso algunas personas puedan extrañarse de que siquiera me atreva a formularla. Soy consciente de que haciéndolo hasta podría meterme en un jardín lleno de zarzales, o ser totalmente malinterpretado. Nada más lejos de mi intención que defender al presidente ruso, y muchísimo menos justificar sus decisiones y sus actos: el ataque y la invasión a Ucrania son brutales, despiadados, criminales. La pregunta es: ¿es Putin una mala persona, fundamental o intrínsecamente? Quizá contestar «sí» o «no» no nos aporta gran cosa, o al menos así lo creo. No hay verdades absolutas. Ahora bien, aunque dijéramos que Putin NO es una mala persona, me parece más útil y esclarecedor decir que desde luego no es o parece demasiado buena persona. No es desde luego un dechado de bondad y amabilidad, y si lo es lo será con «los suyos» o con quien le interese. Parece a todas luces una persona bastante fría, calculadora, dura, inflexible. Parece bastante carente de sensibilidad y empatía hacia sus semejantes. Gobierna con mano de hierro y no duda en silenciar, oprimir o incluso asesinar a disidentes o exponentes de la libertad de expresión o de prensa, a cualquiera que se atreva a criticar al régimen. Es una persona absolutamente determinada a llevar a cabo sus ambiciones, planes, deseos, sueños. Es, a mí no me cabe duda, un tirano, un dictador, un déspota. Así que desde luego dista mucho de ser buena persona. Ahora bien, creo que también ha de ser capaz de sentir cosas positivas y hermosas, de sentir amor por ejemplo. Creo que intentar hacer un juicio objetivo de este dirigente puede ayudarnos un poco a entender por qué se comporta así. Prefiero hacer eso que colgarle una simple etiqueta («es malo»). Sí, ya sé que mi postura es algo extraña y contradictoria. Quiero decir que argumentando que es un dirigente muy duro, inflexible y frío en la ejecución de sus ideales y sus ambiciones ya define bastante bien al personaje.

Van pasando los días —iré escribiendo esta entrada a trozos, en distintos días cuando tenga tiempo… y aún tardaré— y continúa la guerra, el horror, el sufrimiento, las muertes. Es una absoluta locura. Me quedé preguntándome y preguntando si Putin es realmente una mala persona. Ya sé, muchos no dudarán un segundo en contestar afirmativamente, e incluso pueden extrañarse de que llegue a dudarlo. Lo que quiero decir es que simplemente ponerle la etiqueta de «malo» (o de «loco») me parece excesivamente fácil, que es muy diferente de defender a ultranza que no es malo. Me parece, vistos los horrores y toda la devastación y muerte, que no nos equivocaríamos demasiado en calificar a Putin de monstruo, e incluso, sí, de loco peligroso. Yo hilaría más fino y lo expresaría de otra manera. Diría y digo que Putin es un fanático de los pies a la cabeza, peligroso por tanto, y que está absolutamente imbuido por unos ideales. Como he dicho, se muestra inflexible, duro y determinado a hacerlos realidad. Y se puede decir de él que es un monstruo (o un tirano) en el sentido de que parece no importarle en absoluto el precio que haya que pagar para ver materializados esos sueños, esos objetivos. Esto incluye, como desgraciadamente estamos viendo, miles de muertos, destrucción, sufrimiento… la invasión de un país entero para hipotéticamente anexionárselo y controlarlo. Son muchas las personas —con toda la razón— que ya han trazado el paralelismo con la Alemania nazi que invadió Polonia dando inicio a la Segunda Guerra Mundial, y muchos son los que se preguntan en voz alta qué hubiera pasado (y sobre todo no pasado) si se le hubieran parado los pies a Hitler a tiempo. La siguiente cuestión lógica en la que todos pensamos parece muy obvia: ¿parar los pies a Putin? Y sobre todo… ¿cómo? Se sobreentiende sin tener que verse arrastrados a un conflicto europeo o globalizado —extendido— con empleo de armas atómicas. Pues eso sería como un suicidio colectivo. Putin utiliza el chantaje del posible empleo de armas nucleares obviamente para meter miedo, amedrentar y que le dejen hacer, sabiendo que es muy difícil que le detengan de forma directa, lo que implica combatir a los soldados rusos. Soldados rusos —ya que los menciono— que por lo que está trascendiendo han ido a esa guerra totalmente engañados, ignorantes (la maquinaria del control total de la información) y con el cerebro lavado: vais a liberar a un pueblo, a una nación de una pandilla de nazis que está cometiendo atrocidades con los ciudadanos rusos, sobre todo en el Donbass. Ésa ha sido una de las ideas propagandísticas usadas.

Una de las cosas que más me «sorprende» o choca, en cuanto a Putin, es esa aparente frialdad, tranquilidad y hasta naturalidad con la que hace ejecutar sus planes y sencillamente toma la vía directa, la acción (la política de hechos consumados, creo que esta expresión lo define muy bien). No sé si son la frialdad y la tranquilidad de un psicópata y un sociópata. Muy, muy probablemente. Entonces… ¿este señor no es malo, un demonio? Como apunté, parece carecer de empatía o consideración a nivel humano, en cuanto al sufrimiento y el horror infligidos, ese altísimo peaje que debe pagar el ciudadano de a pie. También da bastante la impresión de que la vida en Rusia no está excesivamente valorada, a nivel general. Putin sería el exponente perfecto de esto, y que quede claro que ni quiero ni me atrevo a generalizar sobre todos los ciudadanos rusos. Sería imperdonable por mi parte.

Cuando he dejado caer que quizá Putin no era «malo» en un sentido absoluto e indiscutible (pues tiene sus ideales, ambiciones, etc.) pensaba también que seguramente para mucha gente, especialmente ciudadanos rusos, no será una mala persona en absoluto; simplemente un líder fuerte y ambicioso que persigue sus objetivos con determinación. Que defiende a la nación rusa, sin duda, y aquí tienen un papel clave el nacionalismo y el patriotismo. Y muchos ciudadanos sencillamente le aplaudirán y le apoyarán, y mucho más si están muy controlados los medios informativos. Con esto quiero decir que la percepción de que Putin pueda ser mala persona, o un tirano, no ha de ser algo de carácter universal. Habrá gente a quien su forma de actuar le parezca bien y lógica. Obviamente todos los palos y las críticas se las lleva principalmente desde Occidente. No hace falta decir que él sostendrá que desde el mundo occidental se le demoniza absoluta y descaradamente. De la misma manera y en el otro lado de la balanza, sabemos y tenemos muy claro que muchísimos ciudadanos rusos desaprueban su gestión y su autoritarismo gobernando, y que condenan sin paliativos esta nueva guerra en la que se ha embarcado. Un ejemplo muy claro de esto lo tenemos en la entrada de Tatiana (laacantha), en la que se declara en contra de toda esta locura absurda. Desde aquí le vuelvo a expresar mi apoyo y mi comprensión. También sabemos que han sido cientos los detenidos en Rusia por manifestarse contra esta guerra, y que por otro lado se está produciendo una injusta estigmatización de ciudadanos e intereses rusos en todo el mundo.

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Confieso que por momentos me siento un auténtico imbécil, un absoluto primaveras (un iluso demasiado bienintencionado) al preguntar si Putin es en sentido absoluto una mala persona. Insisto en que a todas luces es una simplificación. Pese a ese simplificar, parece acercarse a la realidad de los hechos con una alta precisión. Y uno de esos momentos en los que me he sentido así de ridículo ha sido al leer esta entrada en el blog de TORO SALVAJE: ESOS HUMANOS REPUGNANTES.

«Entonces fue cuando pensé
en todos esos humanos repugnantes
que miran hacia otro lado
y con argumentos de ratas cobardes
intentan justificar todo lo que está sucediendo».

Coincido totalmente. Esas decisiones tomadas en los despachos, en los gabinetes de los gobiernos, donde pesan más todas esas motivaciones y esos intereses que todos tenemos en mente: intereses económicos, las ganancias con las que lucrarse, la geopolítica, todas las luchas de poder, la ambición, el negocio armamentístico, la lucha en definitiva por la hegemonía mundial, en la que los principales actores son los Estados Unidos, Rusia, China (estos dos intentando desestabilizar, está claro) y en general Occidente y la Unión Europea (si es que pinta algo, que no parece mucho, pero sí). Ratas cobardes mirando hacia otro lado. En los despachos y también en la calle. No resulta nada fácil saber qué es lo correcto a hacer. ¿Venderle armamento a Ucrania? ¿Es adecuado y sabio contestar a la guerra con más guerra? Por otro lado, si no lo haces, ¿estás permitiendo que se masacre aún más al pueblo ucraniano, defendiéndose en una inferioridad más que evidente? Pero si armas al pueblo ucraniano, puede pasar que el conflicto se enquiste y pueda durar meses o incluso años. No creo que nadie quiera eso, ni tan siquiera Putin. Quizá no lo quiere, pero quizá es tan frío y calculador que estaría dispuesto a verse en ese escenario. Y si te involucras directamente, vendiendo armamento o interviniendo en el espacio aéreo ucraniano, puede que todo acabe en una guerra a gran escala. No es fácil, aunque lo deseable y sensato sería negociar y llegar a unas condiciones de alto el fuego aceptables para todos. No me gusta nada el papel de los Estados Unidos, por cierto. Ni el de Biden. Si bien es cierto que debe existir cierto equilibrio de fuerzas en la escena mundial, y que los EE. UU. se erigen como teóricos «garantes de la democracia, las libertades y los derechos humanos». Pero no hay verdades absolutas, nada es absolutamente blanco o negro. Putin dice que Rusia se siente amenazada por la expansión de la OTAN y el establecimiento de bases y misiles tocando a sus fronteras. No se hace mucho hincapié en esto en los medios occidentales (China sí lo puso de relieve hace pocos días en un encuentro). Los Estados Unidos, defensores de las libertades pero que a la vez tienen mucho que callar cuando se arrogan ese papel. El país que puso el grito en el cielo cuando la crisis de los misiles en Cuba. El país que invadió Iraq en busca de armas de destrucción masiva que jamás se encontraron. Etcétera.

Es cierto que no me gustaría nada un mundo bajo la hegemonía de países como Rusia o China, regímenes autoritarios donde la democracia brilla por su ausencia y los derechos civiles y libertades son aplastados. En ese sentido tomo partido claramente y prefiero la tutela de los norteamericanos y de Occidente en general. Pero distan mucho de ser perfectos en todos los sentidos, e inocentes actores solamente cargados de nobles intenciones. Para nada. Tienen sus intereses, como potencia económica que son y en el tablero de la geoestrategia y esa hegemonía en liza desde hace tiempo.

Tampoco me gusta ni convence demasiado Macron —ya no hablemos del cretino de Boris Johnson— ni otros dirigentes europeos. Y tampoco me convence Zelenski al 100%. No sé qué hace hablando a los parlamentarios estadounidenses, canadienses, británicos o alemanes. Bueno, sí, sabemos lo que hace: buscar apoyos y pedir ayuda. Quiere que se alineen sin fisuras del lado ucraniano. Es totalmente lógico, esperable y razonable que se comporte así. Se comprende, pues la nación está siendo devastada y la población civil masacrada, y Putin es sin duda el agresor que se está ensañando sin piedad. Pero no sé si Zelenski quiere o espera la involucración directa de las potencias occidentales en el terreno militar contra Putin. Eso ya es un salto cualitativo muy serio y de consecuencias imprevisibles. No sé cuál sería la solución a todo este embrollo. ¿Intervenir? ¿Hay guerras justas y necesarias? ¿En este conflicto es tan sencillo decir que hay buenos y malos? Me parece demasiado simple, aunque ni por un momento olvido que Putin es el principal responsable de esta catástrofe, el agresor a gran escala, y quien debería ser juzgado por crímenes de guerra, vistas las atrocidades que está cometiendo. Sin embargo no es el único responsable. Lo son todos, todos los actores y todos los bandos. También la OTAN con sus políticas. Por eso mismo no me gusta nada ver a los congresistas y senadores estadounidenses aplaudiendo a Zelenski, ni a los alemanes o los británicos. Me parece incluso patético, muy triste. Una forma más de escalar la tensión y de atrincherarse en bandos enfrentados. Zelenski habla de los atentados del 11-S frente a los estadounidenses y de la construcción de un nuevo Muro frente a los alemanes. Quizá me causa cierta ambivalencia de sentimientos: por un lado le entiendo, ya que es el presidente de un país que ha sido brutalmente agredido y hace lo que cabría esperar. Y lo que dice de un nuevo Muro en Europa tiene bastante sentido. Pero está usando el chantaje emocional, la propaganda y la manipulación para lograr sus objetivos. Hay que decirlo claro. Por eso me parece muy triste presenciar todos estos juegos y estrategias de los que detentan el poder, con sus «asquerosas guerras» como decía evavill. El resultado es que es la gente sencilla la que sufre, muere y ve sus vidas saltar en pedazos. También los ciudadanos rusos y los soldados rusos sufren las consecuencias de toda esa sangre fría.

Respecto a los fríos y especulativos intereses que se esconden detrás de este y todo conflicto armado, bastan 5 minutos de búsqueda en internet para constatarlo. Hay gente y empresas que se lucran, because business is business, my friends. En la web Cotizalia:

«Las armamentísticas europeas suben en bolsa ante el aumento del gasto en defensa».

Recién empieza el artículo y ya me encuentro con una frase «maravillosa» que vale su peso en oro por su elocuencia:

«(…) las acciones de las empresas vinculadas al sector armamentístico y de defensa se están convirtiendo en refugio para el inversor».

En otra web, Estrategias de Inversión, se nos dice sobre el lobby armamentístico:

» (…) las cinco mayores empresas de Wall Street de armamento acumulan una revalorización media contando dividendos acumulada en los últimos diez años del 416%.

Desde que empezara la invasión de Ucrania por parte de Rusia los gigantes del sector acumulan subidas en cotización por valor de 24.000 millones de euros. 

El mercado descuenta las mejores previsiones para estas compañías en un momento en el que veinte de los 27 países de la Unión Europea han enviado armas a Ucrania, además Estados Unidos ha aportado más de 1.000 millones de dólares en el último año al país ucraniano. Otros países como Canadá, Australia o Noruega también se han comprometido al envío de material bélico».

Maravilloso. Todo esto en un contexto en el que se está discutiendo aumentar, por parte de los países europeos, el presupuesto de defensa anual hasta un mínimo del 2% del PIB. El lobby armamentístico, porque hay otros sectores que también saldrán beneficiados: las eléctricas —siempre, siempre, siempre, qué cracks—, las gasísticas, las energías y combustibles en general, las materias primas…

A Putin seguro que le molestaría que trazáramos, aunque solo fuera mentalmente, un paralelismo entre su figura y la de Hitler. Ellos, que lucharon contra la Alemania nazi. Como nación, claro. Pero Putin no es la extinta URSS ni la actual Rusia. De nuevo asistimos a la manipulación de las informaciones y a arrimar el ascua a su sardina. No en vano el argumento de la «nazificación» de Ucrania ha sido una de las claves de esta invasión. ¿Fue Hitler una encarnación del mal, directa y en términos absolutos? Prefiero decir que Hitler fue un fanático iluminado totalmente imbuido por unos ideales. Y en la persecución de esos ideales parece que perdió el sentido de la realidad y no le importaron las terribles consecuencias que se derivarían de sus decisiones y acciones. Y estas afirmaciones para mí tienen más valor que el asignar una simple etiqueta. Estas afirmaciones aplican a Putin de una forma realmente alarmante. No hace falta ser un calco de Hitler, pero es más que suficiente para obrar de forma muy parecida. ¿Es Putin mala persona? Su frialdad y su carácter inflexible parece que le acercan bastante a eso. No hace falta contestar. Basta con decir que Putin está obrando no mal, sino muy, muy, muy mal. La destrucción, el sufrimiento, el horror y las muertes que estamos presenciando derivan de su forma de actuar. Sí, se parece bastante a lo que solemos entender por «mal». Con fijarnos en los hechos tenemos más que suficiente.

Sí, Putin está fuertemente imbuido por unos ideales. Seguramente los más destacables son el nacionalismo ruso (explotar ese sentimiento) y el conseguir devolver a Rusia a sus días de esplendor, lo cual incluye el dominio geopolítico e incluso la anexión (se vio con Crimea) de territorios vecinos, algo que se ha dado en definir como «el sueño de la Gran Rusia».

Respecto a esos ideales por los que Putin se guía, he escrito una entrada en mi otro blog, «El camino del despertar». ¿Título? Demasiados ismos, dogmas y banderas. Aunque no se ciñe únicamente al presidente ruso, sino que es una reflexión general sobre todos esos ismos o ideologías con las que se intenta controlar al ser humano, resultando una lacra y un obstáculo para el verdadero desarrollo como personas. Escribí entre otras cosas esto:

«A cierto presidente ruso muy de moda estos días le pierden los ismos. En realidad, a poco que lo pensemos, a casi todos los gobernantes y gobiernos. A todas las personas que tienen poder de decisión, a las élites de poder en todos los ámbitos de la sociedad. Y si lo pensamos un poco más, mucho me temo que los ismos están infiltrados cual virus en la mente y los corazones de la inmensa mayoría de los seres humanos.

Sí, ese presidente tan de moda tiene la cabeza llena de ismos: nacionalismo, patriotismo, fanatismo, populismo, propagandismo, expansionismo, militarismo, belicismo, victimismo, idealismo, imperialismo… ».

Sobre el tema de las banderas y las ideologías y cómo el poder manipula y utiliza a los individuos, recomiendo un texto muy contundente en el blog de Beauséant, titulado TRAS LA BANDERA. En él se pueden leer párrafos tan demoledores y ciertos como éste:

«Las banderas deben criarse con el miedo más visceral y deben beber la sangre de los patriotas, cuanto más patriotas y más convencidos, mejor».

En un más que excelente artículo en EL PAÍS, titulado PUTIN ALIMENTA EL SUEÑO DE LA GRAN RUSIA, la periodista María R. Sahuquillo nos da todas las claves que ayudan a entender cómo se ha llegado a la situación actual y los motivos aducidos por Putin para perpetrar la invasión. Muy recomendable su lectura. Cito:

«Con el orgullo nacional herido —no tanto por el fin del comunismo sino por la pérdida de la grandeza de la unión— este colectivo se siente aún humillado por Occidente por lo ocurrido en los años 1990. ‘En 1991, nos dividimos en 12. Pero da la impresión de que eso no es suficiente [para Occidente]’, incidió el presidente ruso, Vladímir Putin… ».

Más adelante:

«[Putin] alimenta el sueño de devolver a Rusia una pátina de grandeza imperial o del papel de superpotencia que tuvo en la URSS, y cultiva su misión de restablecer el control sobre los territorios que formaron aquella unión y sobre los ciudadanos, sobre todo los eslavos, a los que considera un solo pueblo».

Y todavía…

«Con su apetito expansivo, el presidente ruso quiere “restaurar” la Unión Soviética, enunció hace unas semanas la subsecretaria de Estado de Estados Unidos Victoria Nuland. Una opinión, sin embargo, que para analistas de Moscú, como Nina Jruschova, es demasiado simplista. “Putin no quiere restaurar la URSS, no es tonto y sabe que eso es imposible, él quiere un gran país, sea la Unión Soviética o no; un país que esté en el centro del mundo eslavo”, señala la experta en relaciones internacionales».

Muchísimas otras claves se desgranan, en esas difíciles relaciones de Rusia con territorios vecinos. Leer este artículo es como ver desfilar los acontecimientos que se han ido cocinando a fuego lento ante nuestros ojos, hasta llegar a la acumulación de tropas rusas en las fronteras ucranianas.

Me he encontrado con otro artículo, muy interesante, que analiza la figura de Putin y sus rasgos como mandatario. La visión se expande a todos sus años en el poder, mucho antes de la crisis con Ucrania. Hay una cosa que parece innegable: Putin se ha mostrado como un líder muy fuerte que supo reflotar a una Rusia muy hundida tras el desmembramiento de la URSS, volviéndola a poner en un lugar destacado en el tablero internacional. Cosa muy distinta es los métodos que haya empleado y si nos agradan o no. Me parece un artículo bastante objetivo e imparcial, en el blog VOX POLITIKON: El nacionalismo de Putin: una mirada al político más sobresaliente.

Sea como sea, solo veo una solución a esta complicada y dolorosa situación. La solución justa y razonable:

Parar la guerra, cuanto antes mejor.

Desde luego hay muchas posibles salidas a esta complicada coyuntura. El futuro es una absoluta incógnita ahora mismo. Una posibilidad, que a día de hoy se antoja bastante remota, sería que Putin fuera físicamente eliminado. A este respecto me sorprendió y me agradó mucho una excelente reseña que MJ RU1Z hace en su blog ELEEA BOOKS, de una novela publicada en el 2015 por Francisco J. Girao. No es una persona cualquiera, sino que por los trabajos que ha desempeñado parece hablar con cierta autoridad y conocimiento de causa. Se plantea en el libro la puesta en marcha simultánea —por parte de los gobiernos estadounidense y británico— de cinco planes para «eliminar» a Putin. Caramba, que me han entrado unas ganas tremendas de comprarme el libro…

Ojalá que acabar con una guerra pudiera hacerse de una forma tan sencilla como la que por ejemplo emplearía un niño…

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La gravedad de los acontecimientos me llevó a escribir otra entrada en «El camino del despertar», justo al día siguiente de la invasión rusa. Estuve pensando qué podría decir al respecto y se me ocurrió que sería bastante adecuado rescatar las reflexiones que hiciera Jiddu Krishnamurti al respecto de las guerras. Reflexiones que ya había leído hace bastantes años, pues tengo varios libros suyos. Éste es el enlace: Krishnamurti sobre la guerra.

No he leído un montón de artículos sesudos, acertados y geniales sobre las causas de las guerras en la historia de la humanidad. Creo que hasta el más tonto de los seres intuye la mayoría de las causas. Pero es que aparte de esto, podría decir que «no me interesan» (o no me conformo) meramente con las causas que inciden en los factores económicos, políticos, estratégicos, de ambición de territorios, religiosos, culturales, raciales, etc. Creo que las causas son más profundas y pertenecen al reino interior del ser humano. A su mente, sus emociones, sentimientos y reacciones. Para mí y supongo que para infinidad de personas las causas de la guerra se encuentran en factores como la ambición, la codicia, el egoísmo, la mezquindad, el odio, la envidia, el supremacismo, el racismo o cualquier sentimiento de superioridad y diferencia frente a otros pueblos (como por ejemplo el nacionalismo y el resto de ismos citados). Y me dejo más factores psicológicos en el tintero. Por ejemplo el miedo. Y digo que no he leído mucho al respecto y a la vez recalco los motivos psicológicos que expone K, porque en este sentido me parece el artículo más acertado y profundo que he leído y sospecho que podré leer. Insisto en que no se para a hacer análisis por ejemplo políticos, geoestratégicos, históricos, etc.

«La guerra es la proyección espectacular y sangrienta de nuestra vida diaria, ¿no es así? La guerra es una mera expresión externa de nuestro estado interno, una amplificación de nuestra actividad diaria. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales».

Más adelante llega la reflexión brutalmente acertada:

Y más…

«Cuanto más alta es nuestra posición, más deseamos seguridad, permanencia, tranquilidad, menos injerencia admitimos, y más deseamos mantener las cosas fijas, como están; pero ellas no pueden mantenerse como están, porque no hay nada que mantener. Todo se desintegra. No queremos hacer frente a estas cosas, no queremos encarar el hecho de que vosotros y yo somos responsables de las guerras. Vosotros y yo charlamos de paz, nos reunimos en conferencias, nos sentamos en torno a una mesa y discutimos; pero en nuestro fuero íntimo, en lo psicológico, deseamos poder y posición, y nos mueve la codicia. Intrigamos, somos nacionalistas; nos atan las creencias, los dogmas, por los cuales estamos dispuestos a morir y a destruirnos unos a otros».

Y todavía:

«Mientras cada uno de nosotros busque seguridad psicológica, la seguridad fisiológica que necesitamos ‑alimento, vestido y albergue- se ve destruida. Andamos en busca de seguridad psicológica, que no existe; y, si podemos, la buscamos por medio del poder, de la posición, de los títulos, de los nombres, todo lo cual destruye la seguridad física. Esto, cuando se lo considera, resulta un hecho evidente».

Recomiendo naturalmente la lectura completa del texto, que en realidad está recortado. Estas reflexiones del filósofo indio fueron publicadas en un libro en 1954. Termino esa entrada con una cita de El Kybalión, obra que resume las enseñanzas del hermetismo:

«Nada hay fuera del Todo. Correspondencia. Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera».

«Como es adentro es afuera». Laacantha, con quien he mantenido un interesante cambio de impresiones sobre estas ideas, me ha señalado que a la inversa también ocurre: las circunstancias exteriores conforman e influyen en la personalidad e identidad de las personas. Tiene razón, aunque creo que solo en parte. Sigo creyendo y sosteniendo que existe «algo» más profundo, que no es otra cosa que la verdadera identidad humana, que en verdad permanece inafectada frente a la realidad «externa». Y también, como le he dicho, en realidad creo que esa división fuera-dentro, sujeto-objeto es ficticia, puramente mental o psicológica. Y además esto puede experimentarse y comprenderse a un nivel más profundo que el meramente intelectual. Sí, soy consciente que puede sonar extraño.

Pero volviendo al «como es adentro es afuera» y a las palabras de K que apuntan a factores internos, psicológicos, mentales, que explicarían las guerras… quizá a muchas personas esto pueda sonarles demasiado abstracto, teórico, filosófico, místico, ideal, desconectado de la realidad. ¿Cómo lo veo yo? Como Krishnamurti, obviamente. Exactamente igual. Las guerras son la expresión extrema del conflicto humano, cuando ya se desatan una violencia, odio e irracionalidad totales. ¿Y por qué el ser humano está siempre en conflicto? Muy fácil: porque se siente insatisfecho, inseguro. Porque tiene miedo. Porque es ambicioso, vanidoso y envidioso. Todo ello factores psicológicos. Si no sintieras envidia o codicia no te importaría que el país vecino tenga unas imponentes minas de oro u otros recursos que superan los tuyos. Así que al que me diga que estas causas internas en verdad no cuentan y que el análisis de K es demasiado teórico o difuso, le diría que en mi opinión, «para nada». Lo expresaré de una forma mucho más concreta y tangible: todos los dolorosos acontecimientos que estamos viendo, la invasión de Ucrania, la guerra, la destrucción, la irracionalidad, el sufrimiento, la muerte… son la consecuencia directa o la traducción en el mundo «real» de los ideales, ambiciones, objetivos y delirios que el señor Vladímir Vladímirovich Putin tiene metidos en la cabeza. Lo de «dentro» acabó saliendo como una letal erupción volcánica hacia «afuera», arrasando con todo. ¿Acaso no es así? Incluso podemos ampliar la mirada y decir que si bien Putin es el agresor y principal culpable, los acontecimientos que estamos viviendo son la consecuencia en el mundo real de las ambiciones, los intereses y los deseos que los distintos países y sus mandatarios albergan.

Krishnamurti reflexionaba a menudo, en sus charlas y libros, sobre una cuestión, haciendo una serie de preguntas fundamentales que se derivaban. Se trata de lo siguiente: estructuramos nuestra identidad individual en base a una imagen de nosotros mismos, lo que se conoce como «yo» o «ego». Es una imagen, una idea, que no solamente mostramos a los demás y al mundo, sino que nos creemos en buena medida, nos identificamos con ella (dependerá de la persona), algo que el titular de este blog denomina «el personaje». Sí, nuestra vida transcurre como una obra de teatro, una tragicomedia. Interpretamos un papel y lo curioso es que a la vez somos el protagonista y el observador. Esta imagen o ego va asociada a una serie de factores como el orgullo, la autoestima, la idealización, la distorsión respecto a lo que y cómo verdaderamente somos, la reputación, la posición social y un largo etcétera. La pregunta fundamental es: ¿qué ocurre cuando sentimos y pensamos que nos han herido, nos han atacado, nos han criticado, nos han insultado, nos han lastimado, nos han ofendido, nos han despreciado, nos han ignorado, nos han infravalorado, nos han tratado con desprecio, frialdad, indiferencia o burla? Y podríamos seguir con más supuestos por el estilo. Pues obviamente sentimos que esa imagen resulta lastimada, dañada, que es atacada. Y con ella todo lo que lleva asociado, como el orgullo o las cualidades que nos arrogamos. Nos sentimos heridos o atacados. Pero quien se siente de verdad herido es el ego, ni más ni menos. Y entonces surgen toda una serie de emociones negativas como el odio, la aversión, el resentimiento, la sed de venganza… quizá el miedo, el apartarse, la indiferencia, el «pagar con la misma moneda»… y también un largo etcétera.

Reaccionamos así porque al sentirnos lastimados sufrimos, y junto al dolor llega el enfado. Y aquí señoras y señores, empieza todo. No son tantas las personas que de forma clara, honesta y profunda pueden ver y admitir esto. Y son rarísimas las personas que con cierta o bastante asiduidad no le están poniendo velitas a San Fadao. Veneramos demasiado a este personaje. Y solemos oír argumentos del tipo «es normal que te sientas herido», «es normal que reacciones», «es que somos humanos». Y ahí, insisto, empieza todo: se destapa la lámpara por donde sale el genio de las emociones negativas. Me parece que son miles de serpientes, más que un genio.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la guerra? ¿No es una extrapolación absurda, fuera de lugar? A mí no me lo parece. Cuando nos enemistamos o enfadamos con alguien iniciamos muchas veces «una guerra particular». Potencialmente podríamos, por ejemplo, pincharle las ruedas del coche, putearle en el trabajo, pegarle una paliza, o incluso asesinarle. Estas cosas por desgracia ocurren.

«La guerra es una mera expresión externa de nuestro estado interno, una amplificación de nuestra actividad diaria. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales».

Entonces tenemos la inmensa desgracia de que Vladímir Putin hace bastante tiempo que le está poniendo velitas a San Fadao… y dispone de un poderosísimo ejército e incluso de armamento nuclear. No creo que todo lo expuesto aquí sobre el ego y la imagen de uno mismo herida sea una idea estrafalaria para explicar las guerras. En el artículo de EL PAÍS mencionado se dan algunas de las claves: el nacionalismo ruso, el orgullo nacional que se siente herido y decide reconquistar lo perdido; Rusia se siente humillada y atacada por la desmembración de la URSS; Putin adopta todo este ideario y actitud para apelar al nacionalismo y el patriotismo y justificar sus actos, sosteniendo entre otras cosas que Occidente se regocijó con la desaparición de la URSS y el debilitamiento de Rusia, a la que no quieren ver fuerte de nuevo. Todo este arsenal ideológico donde «la imagen propia» se presenta como atacada y herida, al igual que pasa con los egos personales. O dicho con otras palabras: todo el victimismo que una persona puede emplear a título individual es el mismo que está usando Putin tomando a la nación rusa como el sujeto (objeto en este caso) de los ataques y las humillaciones.

De ahí que haga esta última reflexión: me parece que las naciones, con sus fronteras y banderas, son una mera proyección o un paralelismo en clave colectiva o global de la identidad individual o ego. Las semejanzas son muchísimas. Entonces, como se funciona en base a esa separatividad e individualidad, esa identidad diferenciadora colectiva o individual… ¿qué ocurre? Que se gestionan mal esas diferencias y los potenciales motivos de controversia o disputa, y entonces el sufrimiento y el conflicto están asegurados.

Me comentó laacantha, tras leer completo el texto de K —se lo agradezco mucho— que sus ideas eran muy buenas pero que lo que proponía era utópico, pues esa trasformación radical del individuo es extremadamente difícil. Es cierto, es muy difícil. Sin embargo no creo que sea literalmente imposible. Diría que este mundo, que siempre ha sido convulso y estos días no son una excepción, necesita seres que aporten luz, sabiduría, claridad, comprensión, amor, inteligencia, empatía. Huyendo de todo sentido mesiánico o religioso del término «luz». Me estoy refiriendo a claridad de ideas, a sentimientos nobles, a inteligencia y sabiduría. Sí, vivimos acontecimientos terribles. Laacantha me decía que este mundo necesita fe. Yo diría que, a pesar de las horribles circunstancias, nada debería hacernos perder la fe en el ser humano. Seguramente necesitaríamos una especie humana más evolucionada, más comprensiva, inteligente, amable y compasiva. Quizá jamás lo veremos y sucumbiremos en el intento. No sabemos.

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Hace ya bastante tiempo consulté en internet cuál era la visión del budismo acerca de lo que podríamos denominar «el problema del mal». Puesto que me pareció una explicación bastante acertada, volví a mirarlo hace unos días. ¿Y por qué la visión del budismo? Pues porque esta doctrina me inspira fiabilidad, ya que extrae sus conclusiones —enseñanzas— y su sabiduría de la observación del mundo y fundamentalmente de uno mismo. La autoindagación, la introspección, la observación, la investigación profunda, lo que se ha dado en llamar «meditación», pues son necesarias la paz y la quietud mentales para justamente entender cómo funciona la mente. ¿Por qué me «acojo» al budismo si en el fondo es un ismo más, algo sobre lo que he lanzado una alerta? Bien, creo que los ismos son nocivos cuando son acogidos en exceso y a ciegas, como verdades absolutas. El budismo siempre te dice que lo pongas absolutamente todo en duda y que investigues, descubras y experimentes por ti mismo. De hecho hay una expresión que reza «si encuentras al Buda (por el camino) mátalo», en el sentido de no aceptar ninguna autoridad externa (extremo que también sostenía Krishnamurti, en absoluto budista). Puesto que defiende la libertad del individuo a todos los niveles y que te valgas por ti mismo (en el fondo solo tú eres tu verdadero maestro, finalmente) me inspira confianza. No considero que el budismo me haya «comido el coco». Simplemente hay una gran afinidad o coincidencia de planteamientos.

Además, y lo digo de forma franca, directa y sincera, no me interesan demasiado las explicaciones que puedan dar las religiones sobre el problema del mal, implicando en el proceso a un dios o ser superior (no considero al budismo una religión, sino un sistema de pensamiento o filosofía; si bien tiene una faceta religiosa, de culto formalizado, no le presto ninguna atención. Mi atención se dirige hacia sí misma, hacia la propia mente). Respetando todas las creencias, doctrinas y formas de pensar, una explicación de este tipo ni me convence ni me satisface:

«El problema del mal es la pregunta de cómo reconciliar la existencia del mal con la existencia de una deidad omnisciente, omnipotente y omnibenevolente.​​​ El argumento del mal afirma que debido a la existencia del mal, o Dios no existe o no tiene alguna de las tres propiedades mencionadas».

¿Por qué hemos de implicar a un supuesto Dios? No, gracias. ¿Qué nos dice el budismo sobre el mal? Veamos…

«Según el budismo, el bien y el mal son aspectos diferentes, pero naturales, propios e inseparables de la vida; de acuerdo a lo cual, no se puede catalogar a ningún individuo ni grupo de individuos meramente como “buenos” o “malos”. Todo ser humano es capaz de actuar con suprema nobleza, así como también con maldad. De acuerdo al budismo, el bien y el mal no son cualidades absolutas, sino relativas. Un acto puede ser malo o bueno según el impacto que cause, en uno como en otros, por lo que no puede ser medido por reglas de conducta abstractas. Podría decirse que un individuo obra mal cuando actúa con egoísmo, es incapaz de comprender las conexiones que entrelazan a las personas, alberga la intención de lograr un beneficio propio a expensas del perjuicio de otros, o considera que la vida es algo desechable y no un fin preciado en sí. El bien, por el contrario, es lo que genera y enriquece las conexiones humanas, lo que recupera y restaura las relaciones de la sociedad humana.

En el contexto de la filosofía budista, el bien se relaciona directamente con la “naturaleza fundamental de la iluminación”, condición que implica un estado de absoluta libertad y felicidad logrado a partir de la comprensión plena del yo; mientras tanto, el mal se relaciona directamente con la “oscuridad fundamental”, condición que implica un estado de vida ofuscado por lo ilusorio y alejado de la verdad, sumido en la incapacidad de ver el potencial que tienen las personas de lograr la iluminación y que causa sufrimiento al sujeto y a su entorno. Una persona ofuscada por la oscuridad interna pierde las esperanzas y desprecia su vida como algo que no tiene sentido. La oscuridad fundamental de la vida es un condicionante que contribuye a alimentar el miedo y a generar divisiones».

(Extraído de la web venezolana sgiv.org).

¿Cuál es mi opinión al respecto de este texto? Pues… ¡excelente explicación! Absolutamente de acuerdo. Fijémonos en que cuando habla de actuar con egoísmo, despreciando las conexiones con otros seres y las consecuencias negativas que se derivarán para estos, causándoles dolor y sufrimiento, cuadra desgraciada y totalmente con la forma en que está actuando Putin atacando Ucrania. Como he dicho, aun si nos abstenemos de juzgarle, está obrando muy, muy mal. Además hay otro aspecto en el que coincido: el mal está muy asociado a la oscuridad, y yo diría que también a la ignorancia, la estupidez, la falta de inteligencia, lucidez y comprensión. Por eso dije también que este mundo necesita luz.

«Según las enseñanzas budistas todo sufrimiento proviene de las «tres raíces del mal»: el odio, la codicia y la ignorancia. Esta enseñanza parece demasiado simplista pero si la estudiamos a fondo nos daremos cuenta de su profundidad. Se puede decir que todos los males dentro de nuestras vidas privadas y la sociedad en general se derivan de las tres raíces.

Las raíces del mal surgen del sentido del ego, es decir, la sensación de tener un «yo» fijo y separado de los demás. El Buda siempre enfatizó que realmente no hay nada inmutable dentro de nosotros: el cuerpo, los estados de ánimo, la personalidad, todos los elementos de nuestro ser son fluidos, cambiantes y perecederos. Sin embargo no solemos hacer caso a todo esto. Sabemos que somos perecederos pero vivimos como si fuéramos inmortales. Del ego buscamos la sensación de seguridad pensando que es un refugio de permanencia. Ahora veremos cómo surgen las raíces del mal como consecuencia de esta forma equivocada de percibir el ego.

El odio surge cuando encontramos cosas que amenacen nuestro sentido del yo, perturbando la seguridad que esperamos. Al contacto con estas cosas reaccionamos con rechazo y odio. (…)

La avaricia es el opuesto del odio (…). Es el deseo de aferrarnos a cosas que apoyan la sensación de tener un «yo» duradero. Estas «cosas» pueden ser materiales, tales como una casa cómoda o un carro. También nos aferramos a cosas no materiales como un estatus social el cual aparenta brindarnos una identidad «yoísta» más definida. 

La última raíz del mal es la ignorancia. En el Budismo «ignorancia» no quiere decir la falta de conocimientos o de una buena formación intelectual. Es una ignorancia espiritual… un estado de no reconocer la realidad de las cosas. No es pasiva sino activa, no queremos reconocer la verdad, como el avestruz que esconde su cabeza en la arena en lugar de enfrentar la verdad. Vivimos así: no queremos enfrentar las cosas que demuestran que el ego es efímero. Un escritor acerca del Budismo describió la Iluminación como «la sabiduría de la inseguridad»… en lugar de luchar en contra de la inseguridad inherente en la vida, la aceptamos y vivimos en armonía con ella.

(…)

En el Budismo hay dos herramientas para ayudarnos con esta tarea: primero la ética y después la meditación».

(De la web meditacion-merida.com).

«Del ego buscamos la sensación de seguridad pensando que es un refugio de permanencia». Así me lo parece. Recordemos las reflexiones de K acerca de buscar la seguridad psicológica y también la física y material y cómo esto, a nivel global, puede llevar incluso a guerras.

Una matización importante: no he consultado lo del problema del mal pensando específicamente en Putin o en Rusia, sino pensando en la guerra y en todo el horror y sufrimiento causados.

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Hace ya mucho tiempo que empecé una entrada —que se quedó en mero borrador— en la cual el célebre Adagio para cuerdas de Samuel Barber era el protagonista, vinculándolo a la película Platoon, pues este tema es utilizado de música de fondo de la que quizá es la escena más emblemática del film.

El compositor estadounidense Samuel Barber (1910-1981) ya fue considerado un niño prodigio a temprana edad, ya que comenzó a tocar el piano a los seis años y a componer a los siete. En una de las escuelas musicales en las que se formó tuvo como compañero de estudios al conocido compositor y director de orquesta Leonard Bernstein. Su estilo musical se podría definir de la siguiente manera:

«La música de Barber es elegíaca, lírica y refinada. Sin abandonar nunca el ámbito de la tonalidad, utiliza un lenguaje disonante, politonal a veces. Su orquestación, constantemente poética, se caracteriza por hacer cantar a los instrumentos. Trató de evitar el experimentalismo de otros compositores estadounidenses de su generación, prefiriendo hasta casi el final de su vida ceñirse a formas y armonías musicales relativamente tradicionales. La mayor parte de su obra es exuberantemente melódica y ha sido descrita como neorromántica… ».

(En la Wikipedia)

Escribió canciones acompañadas de piano u orquesta, varias óperas, sinfonías, conciertos para violín, violonchelo, piano o flauta, obras para piano, obras para órgano y orquesta, piezas corales o ensayos para orquesta, aunque nunca fue considerado un compositor demasiado prolífico.

Samuel Barber

En 1936 conoció en Roma a Arturo Toscanini y además escribió su Cuarteto para cuerdas en si menor Opus 11, cuyo segundo movimiento —a sugerencia de Arturo Toscanini— arregló para orquesta de cuerdas dándole el título de Adagio para cuerdas (Adagio for Strings) y, posteriormente, para coro mixto como Agnus Dei.

Toscanini fue «considerado por muchos de sus contemporáneos (críticos, colegas y público en general) y por muchos críticos de la actualidad como el más grande director de orquesta de su época y del siglo XX. Era célebre por su brillante intensidad, su incansable perfeccionismo, su prodigioso oído y su memoria fotográfica, que le permitía corregir errores de los miembros de la orquesta que habían sido inadvertidos durante décadas por sus colegas».

Arturo Toscanini

«En enero de 1938, Barber envió la pieza a Arturo Toscanini. El director devolvió la partitura sin comentarios, y Barber se molestó y evitó a este director. Posteriormente, Toscanini hizo saber a Barber, a través de un amigo, que tenía previsto interpretar la obra y que la había devuelto por el simple hecho que ya la había memorizado.​ Toscanini no volvió a tener la música hasta un día antes del estreno.​ La obra se estrenó en un programa de radio, dirigida por Arturo Toscanini al frente de la Orquesta Sinfónica de la NBC, el 5 de noviembre de 1938, en Nueva York».

(Wikipedia)

Aquí tenemos esa histórica grabación. Todos estos acontecimientos tienen una trascendencia y una significación histórica que se nos explica en un interesante artículo en NPR.org (The Impact of Barber’s ‘Adagio for Strings’):

«The year 1938 was a time of tumult. America was still recovering from the Depression and Hitler’s Germany was pushing the world towards war. Toscanini himself had only recently settled in America after fleeing fascist Italy. (…) ‘Toscanini’s concerts in New York… once he was so closely identified with the opposition to Mussolini, the opposition to Hitler — these were the peak public performances in the history of classical music in America’ [says Joe Horowitz, author of Understanding Toscanini]».

«En 2004, la obra maestra de Barber fue elegida como la «obra clásica más triste», por los oyentes del programa BBC’s Today, por delante de «Dido’s Lament» de Dido y Eneas, de Henry Purcell, el «Adagietto» de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler, Metamorfosis de Richard Strauss y Gloomy Sunday cantada por Billie Holiday. La pieza acompañó el anuncio radiofónico de la muerte de Franklin Delano Roosevelt y también una ceremonia celebrada en el World Trade Center para conmemorar la pérdida de miles de personas en los ataques del 11 de septiembre de 2001″.

Esta célebre pieza de Barber también ha tenido relación con la reciente pandemia causada por el coronavirus. Por ejemplo se utilizó en el homenaje de Estado a las víctimas del coronavirus y también a los sanitarios, que tuvo lugar el 16 de julio del 2020, con presencia del presidente Pedro Sánchez, gran parte del Ejecutivo y los Reyes de España. Recuerdo haber visto la reseña de este acto en los informativos. Por cierto que RTVE.es, que retrasmitió el acto, cometió un error rotulando el Adagio de Barber como una pieza de Brahms. También leo en otro medio informativo: «La música de Samuel Barber sonará todos los días en la Puerta del Sol de Madrid, como homenaje a las víctimas de coronavirus». Y aquí tenemos un ejemplo más del uso de esta música relacionado con la pandemia, a cargo de la Orquesta Reino de Aragón:

La pieza de Barber también ha sido utilizada en el cine en varias películas, y en alguna serie televisiva. Así tenemos su inclusión en la famosa El hombre elefante de David Lynch. Y en la película Platoon, durisima obra maestra de Oliver Stone sobre la guerra de Vietnam.

Los protagonistas de esta cinta bélica (1986) son los actores Willem Dafoe, Charlie Sheen y Tom Berenger. El conflicto armado, las diferentes incursiones en la selva vietnamita y el ambiente que se respira entre los soldados estadounidenses son narrados a través de los ojos del recluta Chris Taylor (Sheen), un chico de buena familia que se ha alistado voluntario. Muy pronto se hace evidente que la tropa no se halla muy unida, puesto que en la Compañía Bravo se han formado diferentes grupos que giran en torno a algún líder u oficial. También queda cada vez más claro, conforme avanza la acción, que existen enormes desavenencias entre los sargentos Bob Barnes (Berenger) y Elias (Dafoe). No solamente por sus carácteres tan diferentes, sino por la manera de proceder en combate y la manera de tratar a los campesinos vietnamitas y prisioneros. Hasta que las diferencias se convierten en enfrentamiento abierto y enemistad. Cierto día dos soldados mueren al explotar una bomba trampa y un tercero es encontrado muerto a posteriori. Los ánimos están muy caldeados y el odio hacia los vietnamitas se dispara…

«Los soldados llegan a una aldea, donde entre otros muchos desmanes se ve a Taylor amenazar con su arma a un joven e indefenso lisiado, quien inmediatamente después es salvajemente asesinado a golpes por Bunny. Por otro lado, Barnes, tratando de conseguir información del líder de la aldea, asesina a la mujer de este de un tiro a quemarropa, y totalmente enloquecido amenaza con ejecutar a una niña, presumiblemente hija del aldeano. Justo en ese momento, Elias, escandalizado por los métodos de Barnes, se enfrenta a él en una pelea. El teniente Wolfe pone fin a la pugna separándoles y tratando de pasar página, pero Elias advierte a Barnes y Wolfe que denunciará los hechos».

(Sinopsis en la Wikipedia)

Y efectivamente le denuncia a un capitán, que amenaza a Barnes con un consejo de guerra. A raíz de estos incidentes Barnes alberga resentimiento hacia Elias y enormes deseos de venganza. Un tiempo después, y como producto de una escaramuza persiguiendo al enemigo, Elias y Barnes se encuentran solos en la selva. Barnes dispara a Elias en el pecho y le abandona dándole por muerto. Se ordena un repliegue de fuerzas y abandonan posiciones en varios helicópteros. Y entonces…

«Una vez subidos a un helicóptero, Taylor ve a Elias, malherido, siendo perseguido por un grupo de soldados vietnamitas que logran abatirlo. De esta forma Taylor comprende que el sargento Barnes dejó abandonado a Elias a su suerte».

Elias corre por su vida mientras los vietnamitas le disparan repetidamente. Pese a la intervención de los helicópteros muere cosido a balazos.

Buff. Todavía en estos momentos y después de tantos años, me emociono recordando la escena. El momento quizá más duro de la película. Me causó tanto impacto, tanto dolor y tanta tristeza que es una de esas escenas que nos ha regalado el Séptimo Arte que para siempre quedaron en mi retina. La cruel y durísima muerte de Elias, después de sufrir tan repugnante traición, simbolizaba toda la maldad, la mezquindad, el odio y la oscuridad del alma humana. Y no solo eso. Por supuesto también el horror, el sinsentido y la crudeza de todas las guerras.

Teniendo en cuenta la tristeza y el intenso sentimiento que emanan del Adagio de Barber, por un lado, y la impresionante cinta bélica que denuncia el horror de la guerra, por el otro, se me ocurrió que rememorar ambas obras cuadraba desgraciadamente con los acontecimientos que estamos viviendo.

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Willem Dafoe, Tom Berenger, Oliver Stone y Charlie Sheen en el Festival de Cannes, 2006. Presentación de una nueva versión de Platoon. ¡Esto no lo sabía!

—¡Joder! Nos hemos dejado a Elias —gritó Taylor viéndolo desde el helicóptero.

—¿Cómo? ¡Vuelve a bajar, vuelve a bajar! —gritó el teniente.

—Serpiente 1–9–0–4, queda uno de los nuestros ahí abajo.

—Enviad refuerzos, enviad refuerzos —dijo el piloto por radio.

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Creo en el karma y lo digo abiertamente, sin esconderme. A las personas que les pueda chirriar este concepto o esta visión de las cosas, o la rechacen directamente, les hablaría de la causalidad en el universo y la realidad, que tiene una estrechísima relación con dicho concepto. La práctica totalidad de lo que existe, todos los seres, eventos, fenómenos, fuerzas, aspectos de la realidad tienen una causa —o de forma mucho más precisa— un vastísimo conjunto de ellas que los originan y los hacen ser como son, y a su vez todos estos seres, eventos, etc., actúan como causas —o intervienen en esa formidable conjunción— que generan otros efectos y así hasta el infinito. La ley de la causalidad (en el budismo también). En cuanto al karma, mi creencia personal —que quede claro esto— es que el karma no actúa en el sentido de que el universo, o Dios, o una especie de justicia divina o cósmica, algún ser superior o Bien o ley suprema o inteligencia aparte y distinta de nosotr@s mism@s nos castigue o nos premie si hemos obrado bien o hemos obrado mal, en función de nuestros actos. No. Casi seguro que no hay recompensa o castigo, y de hecho mucha gente que ha hecho el mal y causado enorme sufrimiento no parece que haya recibido ningún castigo tangible o en el plano real y por tanto perfectamente constatable. La premisa budista de «te reencarnarás con mal karma» y la premisa cristiana de «arderás para siempre en el infierno» parecen muy semejantes, aunque ciertamente el matiz es muy distinto. Y ambas premisas le parecerán a mucha gente, sobre todo a los que no creen en todas estas cuestiones, una especie de consuelo a nivel conceptual: sí, las malas personas recibirán su castigo en el más allá o en un nivel superior (más allá de la muerte o en otras existencias), así que podemos sentirnos todos reconfortados pues una especie de justicia divina será aplicada, al fin y al cabo. Es cierto, todo esto es totalmente especulativo, tanto si lo enfocáramos desde el punto de vista recompensa-castigo —discrepo muchísimo— como si consideramos en general el concepto del karma y toda esta relación de causas-efectos y buenas-malas obras. Para las personas escépticas, que tengan enormes dudas o que directamente no crean o rechacen todos estos temas, el concepto del karma seguramente no pasará de ser una teoría, idea, hipótesis o fantasía. A pesar de que soy consciente del «riesgo» que corro, puedo decir que creo en el karma. Me parece una hipótesis o posibilidad más que razonable, lógica y plausible. De la misma manera que me parece lógico, razonable y plausible que venimos a este mundo —o a otros— o que surgimos en este plano de la realidad —o en otros— para perfeccionarnos, avanzar, purificarnos, despertar (en mayúsculas).

Tenemos la expresión «pesará sobre tu conciencia» o «lo cargarás en la conciencia», y si existen ambas por alguna razón será. Creo que por aquí apunta lo del karma. Porque tenemos una conciencia, es más, bajo mi punto de vista y experiencia directa somos conciencia. La ley, el ser superior, el juez somos nosotr@s mism@s, y esas recompensas y castigos se materializan en términos de avance o retroceso de nuestro desarrollo y nuestra evolución espiritual. Me apetecía reflexionar sobre todo esto «en voz alta», exponer cómo lo veo y cómo lo siento, y de verdad te digo que no pretendo adoctrinar a nadie. Relájate en ese sentido. ¿Cómo podría? Todo esto es bastante o totalmente indemostrable, aparte de absolutamente personal. Soy perfectamente consciente de que hay gente absolutamente nihilista, o tremendamente escéptica, que me han dicho por activa o por pasiva que más allá de la muerte, o en un plano trascendente, espiritual o eterno no hay NADA, N-A-D-A. La vida es lo que es y quizá no hay ni que buscarle sentido a las cosas que pasan, porque no lo hay. Sin embargo me niego a verlo así, o me cuesta muchísimo. A la vez que creo que al universo le somos absolutamente indiferentes —como apuntaba Carl Sagan— y que de haber un Dios no creo que le importe que haya miles de muertos en terremotos, pandemias o guerras (es que ese enfoque me parece incorrecto), o las desgracias personales de cada uno, al mismo tiempo creo que el ser humano y toda su dimensión interior es parte fundamental del universo y la realidad. El concepto del Bien, aunque quizá no exista «ahí fuera» me parece que existe «aquí dentro» y que da sentido al camino. Llámese «Bien» o úsense otros vocablos o ideas. Son solo… palabras. También me parece que si hablamos del Bien (y consecuentemente del Mal) es porque el ser humano tiene arraigada en su interior una noción de Bien supremo. Esto es así porque, o bien se atribuye esta cualidad a Dios, o porque esa naturaleza positiva no es diferente de nuestro verdadero ser. Y me quedo con la opción B sin dudarlo ni un momento. Esa noción del Bien no necesariamente ha de tener una dimensión espiritual, religiosa o trascendente. Puede ser una noción en el plano simplemente humano, moral, social, ético, de valores. «Sabemos» o intuimos muchas veces si algo que le hacemos a otra persona está bien o mal.

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Y aquí estamos. Me parece muy obvio que cuando estamos presenciando estas semanas tanto horror, sufrimiento, maldad, fanatismo y egoísmo nuestra íntima noción del Bien se ve alterada. Ésta es en parte la razón de escribir esta entrada: reflexionar sobre el Bien y como he dicho anteriormente también sobre el Mal, aunque no existan en términos absolutos, pero sí vemos manifestados de forma muy aproximada, por ejemplo en sufrimiento, irracionalidad, violencia máxima, muerte. Una reflexión sobre la guerra y preguntarse por qué se da el mal entre los humanos y en qué consiste. Por eso acudí a la visión del budismo. Necesitaba reflexionar sobre todo ello para intentar digerir y entender los durísimos acontecimientos. Si alguien quiere descartar totalmente toda noción de Bien y Mal, no hay ningún problema. La reflexión, dicho en otras palabras, es sobre las causas que hacen que los humanos tomen decisiones y ejecuten acciones, lleven conductas y vidas que causen dolor y sufrimiento a otros humanos.

Dukkha en el budismo (Descontento. Desilusión. Insatisfacción. Sufrimiento. Incomodidad. Sed. Dolor. Intranquilidad. Imperfección. Malestar. Fricción. Pesar. Frustración. Irritación, Presión, Ir contra corriente, Agonía, Vacío, Tensión. Angustia existencial, «la carga o peso existencial inherente a la condición samsárica humana). [Y añadamos a esa lista ansiedad y estrés]. ¿Sabéis cuál es el objetivo primordial del budismo? La liberación del sufrimiento.

Una refugiada ucraniana en un tren

Volvamos al karma. Como he dicho, lo considero fuertemente asociado a la conciencia y el camino de cada persona, y también al «nivel» en que te encuentras, a tu desarrollo o evolución. Claro, aquí puede entrar otro elemento más que controvertido: la posibilidad de la reencarnación más allá de la muerte física, para continuar con el «trabajo». ¿Qué opino? Sí, tiendo a creer en buena medida en la reencarnación, aunque no son éstas hipótesis a las que me aferre como un clavo ardiendo y que defendería fanática y dogmáticamente frente a los incrédulos y negacionistas. De nuevo se me antoja una visión de las cosas bastante lógica y plausible. ¿Qué es lo que se reencarnaría o seguiría? Éste ya es un asunto para un formidable debate. Todas éstas son cuestiones muy personales y de nuevo quiero dejar claro que no pretendo comerle la cabeza a nadie.

Pero inevitablemente he pensado en ello [aún más] estos días y también me he hecho dos preguntas. La primera es si el señor Putin tiene conciencia. Algunas personas argumentarán que no la tiene en absoluto. Yo creo que sí la tiene, como todo ser humano. Cosa muy distinta es que hay conciencias muy densas, oscuras, imbuidas por fanatismos o ideologías, poseídas por pulsiones como la ambición o la sed de poder. Conciencias nada luminosas ni bondadosas, conciencias donde parecen brillar por su ausencia la sensibilidad, la empatía y el respeto a la vida. ¿Putin? ¿Putin se ajusta bastante a esto, o simplemente ha obrado porque tiene unas ideas determinadas sobre Ucrania (basadas en nacionalismos, que parecen primar sobre el sufrimiento y el vivir/morir)?

Contestaré cómo lo veo con una cita. Año 2004. Michael Mann dirige una sensacional película de título Collateral. En ella, un frío asesino profesional, de nombre Vincent [Tom Cruise] acaba en el asiento de un taxi conducido por Max [Jamie Foxx]. Vincent obliga a Max, en una infernal noche, a llevarle a distintos puntos para cumplir con sus encargos eliminando molestos testigos. Visto el horror demencial que se deriva de las acciones del asesino, en un momento dado Max le suelta a Vincent lo siguiente. La observación es magistral y la prueba de que se me quedó grabado es que estoy aquí reproduciéndolo:

¿Qué tienes dentro? [Max]
—¿Dentro? [Vincent]
—¿Qué harías si alguien te apuntara en la sien con una pistola y te amenazara «o me dices ahora qué tiene dentro esa persona o te mato»? ¿Qué… cosas le motivan?, ¿Qué piensa? No podría contestar nada porque… Te matarían porque no tienes ni idea de lo que… piensa… nadie. Has caído bajo hermano, muy bajo. ¿Qué te pasó, eras un crío que creció en un correccional? ¿No tienes alma? Hay piezas que… que vienen de serie y que todo ser humano debería tener, pero tú no las tienes.

La segunda pregunta que me he hecho, y probablemente se estén haciendo numerosísimas personas, es si Putin pagará por lo que está haciendo. Tenemos la acepción de «pagar», responder por sus actos o afrontar sus consecuencias en un nivel totalmente concreto y «arraigado en la realidad»: pagar ante la justicia, quizá un tribunal internacional (el de La Haya), pagar a nivel político, pagar con su cargo o destitución, pagar siendo derrocado o apartado, pagar incluso con prisión o hasta con su propia vida. Son posibilidades, está claro, aparte de las sanciones económicas que ya han empezado a golpear Rusia… y a los rusos y rusas. Pero me refería a pagar en el sentido kármico del término. Y si soy consecuente con mi forma de pensar, la respuesta debería ser «sí», pues no puede ser de otra forma. Pagar en relación con los aspectos comentados antes: la conciencia, la evolución. Obviamente esta última visión a muchas personas les parecerán pamplinas metafísicas o espiritualistas, puro humo carente de fundamento y desconectado de la cruda realidad. Aparte de esto, esta mera posibilidad seguro que ni satisfaría ni consolaría a mucha gente, dado el enorme dolor que está causando a tantos seres humanos. Sea como sea, tanto que llegue a pagar en el sentido más mundano (político, legal… ) o en el más trascendente (karma, conciencia… ) me da la impresión de que no solo es una pregunta que mucha gente pueda plantearse, sino una secreta esperanza. Dicho todo esto, debo aclarar que si me hago esta pregunta referida al karma no es para buscar una especie de consuelo intelectual o moral, y mucho menos una explicación a todo lo que está sucediendo.

Quiero enfatizar por última vez —es importante— que no pretendo convencer a nadie de nada. Que cada cual crea lo que quiera. Si he introducido aquí los conceptos del karma y la reencarnación no es para presentarlos de forma dogmática como verdades absolutas e incuestionables. Ya he dicho que me parecen «hipótesis» o posibilidades muy razonables, y las acepto de buen grado. No es la intención de esta entrada ni tampoco «colar» estas premisas de soslayo. Además, por lo menos para mí, aunque sean importantes no las veo como cuestiones «centrales» del budismo, por más que puedan ser los aspectos más conocidos, llamativos y también enigmáticos. Para mí la cuestión central del budismo es alcanzar las verdaderas sabiduría y liberación, a través de la autoindagación y el autoconocimiento. Descubrir y entender qué eres en verdad. Usando palabras del budismo, entender y asentarse en «el estado natural de la mente», que no es otro que Luz, Inteligencia, espontaneidad, atención, Unidad no dualística. Así que lo otro se me antoja como algo digamos que «secundario». La finalidad de esta entrada es hacer una reflexión general, como puede apreciarse, sobre la guerra, Putin, la maldad, la naturaleza humana (y la mente), etc. Ya que me he planteado la duda razonable de si Putin pagará por todo lo que está haciendo y causando, ha aparecido el tema del karma, muy relacionado con la causalidad. Eso es todo. Y creo que sí, que todos/as pagamos las consecuencias de nuestros actos, de una forma u otra. Especular más allá de esto es gratuito, vender humo. Simplemente queda planteado.

En realidad me he hecho aún una tercera pregunta, que es ligeramente diferente a la anterior. Más allá de que llegue o no a pagar por sus actos, la pregunta obvia es qué pasará en un futuro a medio plazo con Putin. Me refiero a que este hombre prácticamente ha dinamitado todos los puentes de confianza, entendimiento y comunicación, por lo menos con todo el bloque occidental. Las relaciones son más frías, distantes y difíciles que lo que han sido en décadas, llevándonos a un escenario muy similar a la Guerra Fría. Realmente el futuro es toda una incógnita, por momentos fuertemente preocupante. No sabemos si Putin optará por una huida hacia adelante absolutamente irracional y suicida. No sabemos si jamás cederá en sus ambiciones, o si llegará a traspasar todavía más líneas rojas en su agresión a Ucrania. No sabemos si cederá debido al ahogo económico al que están siendo sometidos. Pero me cuesta mucho imaginar a líderes occidentales manteniendo algún tipo de entendimiento o relación con este presidente ruso (aunque sabemos de la maldita hipocresía de los políticos capaces de venderte cualquier cosa). Los puentes han volado y eso es una pésima noticia… para todos.

Una última cuestión: circulan rumores de que Putin podría estar enfermo de cáncer. Eso podría explicar en buena parte su forma de proceder…

«Creo que su sistema inmunológico podría estar deprimido. Así que es un hombre que tiene prisa».

(Chris Parry, almirante retirado de la Marina Real británica)

«Podría ser que esté tomando altas dosis de esteroides, o puede haber algo más. Parece haber una urgencia para esto que también puede ser impulsada por factores personales».

(Fiona Hill, exoficial de inteligencia para Rusia y Eurasia en el Consejo Nacional de Inteligencia estadounidense)

Estas especulaciones están desgranadas por ejemplo en este artículo en vozpopuli.

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La causalidad. Todo nace de múltiples causas y factores y a su vez produce infinidad de efectos o consecuencias. Una cadena infinita en la que estamos atrapados… a menos que haya una forma de liberarse de eso. Y no solamente tienen consecuencias nuestros actos y decisiones. También nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros planteamientos, nuestra visión del mundo, nuestras palabras…

El asesino engendra otro asesino,

el invasor engendra otro invasor.

El abusador engendra otro abusador;

el insolente engendra otro insolente.

Así pues, por el obrar del karma,

quien saquea es saqueado.

(Buda Shakyamuni)

Aunque todos estos planteamientos —principalmente del budismo— puedan parecer muy abstractos, idealistas, metafísicos, alejados de la realidad, creo que es justamente en momentos oscuros y complicados como los presentes cuando más que nunca hemos de poner en valor filosofías como ésta y planteamientos ante la vida que sean constructivos, que aporten luz, fe, amor y bondad entre los humanos. Y si no piensas igual o tienes enormes dudas… pues lo siento. Mientras Putin pone los ejércitos, balas, tanques y bombas, otros intentamos poner nuestro granito de arena con nuestras palabras, nuestros planteamientos y deseos. ¿Por qué? Porque el mundo y la realidad lo conformamos tod@s y porque todo acto tiene sus consecuencias y efectos.

«Si deseamos seriamente promover la paz mundial, primero debemos comprender, generar, y experimentar la paz verdadera en nuestro propio continuo mental.

Tener siempre presente la paz es el fundamento y el objetivo de sanar al mundo y a nosotros mismos. Si nuestra mente, nuestra conciencia, disfruta de la paz, nuestra vida diaria será tranquila. Todo lo que hablemos resonará como el sonido de la paz. Todo cuanto hagamos se manifestará como la expresión de la paz».

(Tulku Thondup)

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Como le dije a laacantha en un comentario, creo que a pesar de los espantosos acontecimientos que estamos viviendo, no deberíamos perder la fe en el ser humano. Por muchas desgracias, mezquindad, locura o maldad que podamos ver. Putin pone las balas y las bombas (y el pueblo ucraniano responde con lo mismo). Los ciudadanos polacos, por ejemplo, acogen con los brazos abiertos a los refugiados ucranianos.

A pesar de todos estos duros y dolorosos hechos nada, nada, nada ha hecho ni hará cambiar mi visión del ser humano, de cuál es su verdadera, más íntima, genuina y auténtica naturaleza e identidad. No es simplemente que «lo crea» (también existe esa parte, la intelectual), sino que es algo que puede experimentarse en primera persona. «Creo» —no albergo ni un resquicio de duda y te invito a que ponderes esto— que el ser humano es fundamentalmente Luz, Conciencia, Amor, bondad, paz, Inteligencia, serenidad, sabiduría, energía, ecuanimidad… Estas cualidades, por sí mismas, ya aportarían la paz y la armonía necesarias. Claro, también están en nuestra naturaleza la ignorancia, la oscuridad, la confusión, el error, la maldad, la ambición, el odio, las conductas egoicas y un largo etcétera. Somos imperfectos, somos humanos. Pero todo esto es superable y puede neutralizarse en buena medida si trabajamos en ello, si hacemos «limpieza».

«En el fondo de la caja de Pandora, que contenía todos los males de la humanidad, se hallaba la esperanza», nos cuenta Lídia Castro en un vídeo acerca del mito de Prometeo y Epimeteo.

Te preguntaría, a ti que puedes estar leyendo esto, que me contestes simplemente con un «sí» o un «no»: ¿crees que el ser humano es todo esto o no? Porque si no eres todo esto (tú mism@), entonces… ¿qué eres? El camino hacia la Luz y la sabiduría es extremadamente arduo (y ambos términos no se refieren a acuñar brillantísimas teorías, explicaciones ni doctrinas; para nada).

«Se puede vencer mil veces a mil hombres en batalla, pero el mayor vencedor es quien se vence a sí mismo una vez».

(Buda Shakyamuni en el Dhammapada)

Estuve pensando durante días y días si escribir esta entrada o no. Si tenía algo que decir y cómo decirlo. Si podía aportar algo. Si para alguna persona todo lo expuesto aquí le ha servido en un sentido positivo, pues me alegro. Si ha aportado algo de claridad o de esperanza, o como mínimo ha incitado a la reflexión más allá del «somos un desastre y damos mucho asco y vergüenza».

Como muy bien me dijo Mayte Blasco hace unos días, «la guerra es el fracaso total de la inteligencia humana». ¿Hemos hablado de todo esto (de la guerra, del ser humano, del sufrimiento, de la maldad)? ¿Nos hemos desahogado, hemos compartido nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros miedos, nuestras preocupaciones? Más allá de que lo podamos haber hecho con nuestros seres queridos o más cercanos, nuestr@s compañer@s de trabajo, nuestras familias… y quizá o muy probablemente, de manera superficial y fugaz, dado nuestro estilo de vida siempre sometido a prisas y obligaciones. Aquí estoy por si quieres conversar, de lo que sea.

Gracias por la lectura.

Me decido a añadir tres notas anexas, porque creo que aportan otros matices a esta larguísima entrada. Quizá añada más si van surgiendo nuevas reflexiones.

  1. Cito aquí la que me parece una acertadísima reflexión de MJ RU1Z, que me ha dejado en un comentario. Hace un diagnóstico muy preciso y definitorio de por un lado cómo está actuando Putin, y por el otro la manera que tiene de pensar (o en otras palabras, qué parece hallarse en su mente y cómo funciona ésta):

«Creo que tiene un gran resentimiento causado por un desproporcionado rencor hacia Occidente. Pienso que ha cogido lo peor del régimen comunista, lo peor del capitalismo y lo peor de la religión mal entendida y los ha mezclado todos, agitado y sacado en forma de guerra. Una guerra que ha pensado y ensayado en Siria, donde también arrasó todo hasta los cimientos. Creo que vive nublado por sus propios y erróneos pensamientos del mundo…».

2. No lo he mencionado en la entrada, pero acabo de caer en una gran obviedad: Putin es un megalómano de manual, de la cabeza a los pies:

«La megalomanía es definida como un trastorno de la personalidad, caracterizado porque la persona tiene ideas de grandeza, de manera que puede mentir, manipular o exagerar algunas situaciones o a las personas, a fin de conseguir sus objetivos».

3. Acabo de ver y escuchar a un chico ucraniano en los informativos catalanes. En la entrevista que le hacían explicaba que sentía mucha ilusión por volver a su ciudad, Odessa, y también a la escuela. Hasta aquí todo bien. Pero termina la entrevista diciendo: «Al final de esta guerra nuestro país será más fuerte y poderoso». Vaya, parece que el ser humano no tiene remedio. Alguien podría decirme que lo que ha dicho, en el contexto actual, es lógico y comprensible (en cierta forma una prueba de que amas a tu país). Pero yo no lo veo tan «comprensible». Los ismos —como el nacionalismo— parecen efectivamente estar muy infiltrados en las mentes y corazones humanos.

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Lana Del Rey: Chemtrails Over The Country Club

Anoche, aparte de hacer una incursión en la difícil situación que se vive en Cuba, descubrí una auténtica maravilla. El tema, ya con solo escuchar las primeras notas, me dejó virtualmente noqueado. Extasiado, aunque suene exagerado. Ese estribillo… que es como un bálsamo. Tuve que escuchar la canción cinco, seis, siete veces… no sé. Entonces busqué el vídeo y acabé de confirmar que estamos ante un temazo, en todos los sentidos.

Desde que Elizabeth Woolridge Grant (Lana Del Rey) lanzara el maravilloso Video Games (tema y vídeo) en el 2011 y se viera catapultada a la fama internacional, la cantante se ha convertido en una de las artistas pop más valiosas y valoradas. Su álbum de debut Born to Die (2012) también fue un éxito a nivel mundial. Con esa voz tan delicada y bella, y con excelentes canciones y trabajos, se ha convertido por derecho propio en una de las figuras del pop y el folk rock más a tener en cuenta. Siempre me han parecido fascinantes su música y su estilo. Tienen mucho encanto y magnetismo. Un estilo que podemos calificar de muy personal, lánguido, melancólico, intimista. No en vano la melancolía es uno de los ejes sobre los que giran sus canciones. Melancolía, nostalgia, tristeza, amores trágicos, rupturas sentimentales, un mundo íntimo de sueños, evocaciones, recuerdos, vivencias… También son clave sus miradas hacia varios tópicos: el pasado y especialmente las décadas de los 50 y los 60, la cultura pop, el estilo Americana y en general toda la cultura e historia de sus Estados Unidos natales. Así que ese aire retro o de nostalgia es uno de sus sellos característicos, plasmado en las letras y también los vídeos. Video Games fue toda una carta de presentación en ese sentido.

El 19 de marzo de este año la cantante neoyorquina sacó su séptimo trabajo de estudio, de título Chemtrails over the Country Club. Un disco que discurre por los territorios del folk, el country folk y el mencionado estilo Americana, con referencias a todo ello en sus temas, así como a todo ese universo emocional y cultural. La sesuda y extensa crítica del disco que hacía la publicación Pitchfork (me dejan boquiabierto sus formidables reseñas, donde entran en análisis profundos de artistas y obras) llegaba a la ineludible conclusión de que Lana Del Rey es una artista inequívoca y profundamente estadounidense, por todo ese bagaje cultural. La crítica era tan detallada que no me vi con moral de leerla entera. Queda pendiemte.

No será ninguna sorpresa decir que el recibimiento de la crítica internacional ha sido excelente. Y es que Lana Del Rey está que se sale, y no solamente por ese estricto motivo. ¿Por qué, entonces? Pues porque no son pocos los medios que consideran que con este último disco ¡ha bajado un poco el listón con respecto al anterior!

Hablamos del disco Norman Fucking Rockwell!, publicado en el 2019. No surprises here. Catalogado como uno de los mejores álbumes de ese año. De hecho, el álbum estuvo nominado al Grammy a mejor disco del año, y la canción que le da título a mejor canción del año. Solamente para que nos hagamos una idea: una publicación llamada Metacritic, que se dedica a puntuar los discos tomando como referencia las valoraciones de muchos medios distintos, puntuaba este disco con un 87 sobre 100, y a Chemtrails over the Country Club con un 81 sobre 100. Realmente es un nivel bastante alto. Así que así parece gastarlas esta chica. Ya estoy escuchando sus dos últimos discos con atención. Desde luego, «Norman Fucking Rockwell!» se abre con un «How to Disappear» que promete muchísimo.

Todo el mundo a estas alturas sabe lo que es un chemtrail, ¿no? Me imagino… Esas «trazas químicas» o estelas que dejan los aviones, alfombrando el cielo de forma excesiva. Hermosa para algunas personas, alarmante y horrible para otras. Digo que «me imagino» porque anda que no han corrido ríos de tinta con el tema. Por lo menos, los que somos un poco aficionados al misterio sabemos que los divulgadores de temas conspiranoicos han llegado a afirmar que esas estelas en realidad son sustancias con las que nos fumigan a los humanos… como si fuéramos ganado. Para «tenernos controlados», claro.

Pues termino ya volviendo al tema de los chemtrails, el que da título a este último disco. Me parece un tema bellísimo, muy evocador. El vídeo, que es magnífico, y muy bien hecho, es el acompañamiento perfecto. Hay que verlo. No solamente porque nos transporta a todo ese mundo nostálgico, con aires retro, mostrándonos lo que parecen vidas acomodadas, despreocupadas y felices, sino porque da un giro argumental importante. Ese aparente sueño americano vira hacia el lado oscuro, misterioso y sobrenatural. No digo más. Una genialidad. Me parece un auténtico placer para los ojos y los oídos ver y escuchar esto.

Ah, recomiendo visualizarlo con los subtítulos activados, porque ayuda muchísimo para entender la atmósfera global. Lana, no puedo hacer otra cosa que aplaudir y disfrutarlo una vez más.

I’m in the wind. I’m in the water.

Nobody’s son, nobody’s daughter.

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Yotuel Romero, @Gente De Zona, @Descemer Bueno, Maykel Osorbo, El Funky: Patria y Vida

La gente de Cuba quiere libertad. La gente de Cuba quiere vivir dignamente, acceder a recursos básicos que no se vean reducidos o se vuelvan casi imposibles de obtener por la gente corriente, humilde. La situación de la isla es extremadamente difícil, con una economía muy tocada y unas condiciones sociales y políticas que no han hecho más que empeorar bajo el mando del régimen castrista y la privación de verdaderas libertades. Todo ello no ha hecho más que agravarse con la pandemia a nivel global y sus nefastas consecuencias.

Estuve yendo un tiempo por Cuba y conviviendo y tratando con la gente de allí, como expliqué en una entrada. Así que sé perfectamente de qué están hablando y entiendo las razones de estas protestas ahora generalizadas. La gente de la calle te muestra cosas y te cuenta cosas, y generalmente se quejan y critican al régimen. Pero claro, no lo van a hacer abiertamente, frente a personas proclives al régimen, gente con algún cargo o papel dentro del amplio aparato del Estado o frente a la policía. Y estoy hablando de mi experiencia de hace ya algunos años. Añadámosle el paso del tiempo y como he dicho la deriva de una situación que parecía estar mejorando tímidamente. Pero apostaría lo que fuera a que la gente de a pie querría más reformas, más apertura, más libertad en todos los sentidos. Y me estoy quedando muy corto, porque las crónicas pintan un panorama muy crítico, con la gente muy harta y privaciones muy graves de servicios (comida, medicinas, energía eléctrica).

Conozco a Yotuel Romero también, porque es miembro del grupo Orishas y tengo dos o tres discos de esta importante formación cubana. Y sé también lo que significan, porque nunca se han callado.

Este tema de hip hop es fuerte y contundente. El mensaje es muy fuerte y claro.

«No más mentiras».

«No más doctrinas».

«¡Se acabó!».

Una parte de mi corazón siempre será ya cubana. La situación no me deja indiferente. Tenía que hacer oír (modestamente) mi voz.

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Fatoumata Diawara: Nterini

Creo recordar (aunque de esto ya hace cierto tiempo) que la bloguera «evavill» me comentó un día que le gustaba bastante la cantante africana Fatoumata Diawara. Y si me estoy equivocando (creo que no) supongo que no tardaré en ser corregido. A raíz de ese comentario investigué un poco, leí… y sobre todo escuché unas cuantas canciones. ¿Y…? Bien, muy bien.

La cantante maliense acaba de pasar por Barcelona. Actuó este pasado lunes día 5, en el Festival Grec (podría, obviamente, haber ido al concierto; no lo hice)…

«“Algo que decir”: ese es, más o menos, el significado en lengua bambara, de Fenfo, el título del nuevo álbum de la malinesa Fatoumata Diawara. Es su segundo álbum después de Fatou, un debut que le valió adhesiones entusiastas de publicaciones de prestigio como The Guardian o Pitchfork y de artistas de renombre como Gilles Peterson. Y es que ella demostró, con su primer trabajo, que es una de las grandes de la música moderna, representante de un continente donde la experimentación y la vanguardia combinan especialmente bien con la tradición. Modernas líneas de guitarra conviven en Fenfo con las cuerdas de la kora y del kamele ngoni, mientras las cajas de ritmos se confunden con la percusión tradicional. Y todo, para recrear ritmos de ayer y de hoy que van del blues, el punk y el afropop a la energía desbordante del rock. Acompañan a once canciones, mayoritariamente en lengua bambara, cada una de las cuales cuenta una historia, como si Fatoumata Diawara recogiera así la rica tradición oral del continente. Respeto, humillación, migración, amor, igualdad, familia… Son conceptos que aparecen en las canciones de esta artista, una mujer que vive en Como, pero que tiene sus raíces hundidas en Mali, la tierra de sus padres, que visita a menudo. Ha colaborado o coincidido en el escenario con grandes de la música que van desde Bobby Womack y Herbie Hancock hasta el pianista cubano Roberto Fonseca, pasando por Paul McCartney, Dee Dee Bridgewater o Cheikh Lô.

Esta mujer empeñada en ser la primera intérprete africana en tocar la guitarra eléctrica de manera profesional nació de hecho en Abiyán, en Costa de Marfil, pero acabó viviendo en Bamako (Mali) con una tía actriz. Y la influencia de su tía terminó llevándola a Europa, donde trabajó como actriz en el cine y en una compañía de teatro francesa, y a hacer sonar su voz en los discos de grandes maestros de la música de hoy. Es toda una luchadora, primera defensora de un continente que, recuerda, está lleno de belleza y no solo de guerras, hambre y violencia, pero al que observa con el necesario espíritu crítico, motivo por el cual se ha atrevido a tomar partido en sus canciones en temas comprometidos como la mutilación genital femenina».

Ésta es la presentación de la cantante que nos hacía la propia web del Festival Grec. Excelente. Para qué me voy a «matar» si ya nos explican quién es de forma clara y concisa, y la significación de su figura en el panorama musical.

«La pulsión africana del Grec 2021 nos deparó este lunes el concierto de una artista, Fatoumata Diawara, en la que se condensan vistosas aptitudes: cantante de voz esbelta, guitarrista eléctrica presta al solo vibrante (territorio tradicionalmente masculino), actriz con dotes escénicos, portavoz de una África que quiere sacarse el polvo de encima y lucir moderna y resuelta. Esta maliense de 39 años representa una perspectiva cosmopolita, como refleja su currículo de colaboraciones, las más recientes con Gorillaz y Disclosure.

Lo suyo no es, en realidad, innovador, pero desprende personalidad en el modo de desarrollar los ritmos mandinga y afrobeat con su guitarra atrayendo los focos y abriéndose al funk, el pop o los vestigios del góspel. Un punteo crudo con la Gibson SG, trenzado con su canto reflexivo, abrió el concierto con vistas a ‘Don do’, de su último disco, ‘Fenfo’ (2018), cuyo título significa “algo que decir”. Diawara tiene, en efecto, un discurso que compartir, textos en bambara que hablan de las penalidades de la mujer africana, las guerras y las tradiciones obsoletas. Material peliagudo, que envolvió con unos parlamentos vivaces, aunque un tanto lineales, sobre “presentar África al mundo en un sentido positivo” y el poder de la música como “lo opuesto a la guerra”».

Y ésta es la reseña del concierto en la sección de cultura de El Periódico (la crónica sigue un poco más).

Dos últimos apuntes… El primero, que Fatoumata hace una fusión de ritmos pop, jazz y soul con lo que se conoce como «folk Wassoulou». El término Wassoulou se utiliza para definir un área cultural y una región histórica, así como un género musical asociado a dicha región. Se encuentra en la confluencia de las fronteras de Costa de Marfil, Mali y Guinea…

Los temas son interpretados mayoritariamente por mujeres, y se utilizan diversos instrumentos tradicionales (como no podía ser de otra manera). «Las partes vocales son a menudo apasionadas y enfáticas, y se desarrollan en un patrón de llamada y respuesta».

La segunda cosa: Nterini significa en lengua bambara «mi amor», «mi amigo» o «mi confidente». La canción nos habla de un amor que se va, con la tristeza asociada a este hecho.

Nterini es el primer tema que escuché de ella, hace ya unos meses, y me atrapó al momento. Excelente tema, gran sonoridad y maravillosa mezcla de su voz/las voces con esas guitarras (aparte de mostrarnos sus habilidades)…

Éste es el vídeo oficial. Muy bonito y muy bien hecho…

«Fenfo», su segundo álbum al completo.

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Fiona Apple: The Whole of the Moon

No me cabe la más mínima duda —y seguro que a muchísima gente tampoco— de que Fiona Apple es una de las artistas femeninas con más talento de todo el panorama musical actual. Parafraseando al rockero Bryan Adams, su mente cuts like a knife. Inteligentísima, aguda, mordaz, apasionada, original, inclasificable. No llevaba demasiado tiempo andando este blog cuando le dediqué una entrada a la neoyorquina y a una de sus canciones más bellas: «Never Is A Promise».

Su discografía oficial no es muy abundante: tan solo 5 álbumes de estudio desde que debutara con Tidal en 1996. Han tenido que transcurrir ocho años para que apareciera su último trabajo, en abril del 2020: Fetch the Bolt Cutters. Pero esto no ha sido ningún impedimento para que muchísimos medios musicales incluyeran este disco entre los mejores del pasado año. En posiciones muy destacadas o incluso como el mejor LP del año. Una detallada y concienzuda reseña en Pitchfork nos habla a fondo de este disco y hace hincapié en algunas de las temáticas tocadas en las letras. El medio británico, por cierto, no duda en calificar con una nota de 10 el trabajo de Apple. Y me ha parecido interesante y gracioso este párrafo en especial:

«Ninguna música ha sonado nunca así. Apple grabó Fetch the Bolt Cutters tanto dentro de como con su casa en Venice Beach, golpeando sus paredes, pisoteando el suelo. La autosuficiencia es su regla, la curiosidad es su clave. Fetch the Bolt Cutters parece bajar casi por completo el volumen de la historia de la música, mientras que aumenta la vida real: palmas, cánticos y otras percusiones improvisadas, en armonía con el espacio, ecos, susurros, gritos, respiración, bromas, los llamados errores, y ladridos de perros. (Se acreditan al menos cinco perros: Mercy, Maddie, Leo, Little y Alfie). Todos estos escombros orbitan alrededor del núcleo de la música de Apple: su voz, su piano y, sobre todo, sus palabras, que siempre han sido su instrumento principal. Crea una sinfonía salvaje de lo cotidiano».

Estoy muy contento porque ya he localizado a los perros (¿serán todos ellos?) en el tercer corte, justo el que da nombre al disco.

Y mientras me entretengo escuchando el disco, he recalado también en este tema. Imposible que no te llame la atención el cover de un tema tan conocido. Fiona versionaba el famoso y maravilloso The Whole of the Moon de la banda The Waterboys. Aunque esto no es estrictamente reciente: fue en el 2019. Lo hizo como encargo, pues se le pidió si podía contribuir con algún tema en el episodio final de la serie The Affair, de la cadena Showtime (5 temporadas, desde el 2014 hasta el 3 de noviembre del 2019). Según cuentan algunas reseñas, ese episodio final se inició con la versión original de la banda escocesa (This Is the Sea, 1985) y se cerró con la versión de Apple.

La cantante llamó al productor Tony Berg para que le ayudara con la grabación, y éste a su vez reclutó a algunos músicos, y aquí se dan una serie de casualidades que en realidad no son tales: colaboran en este tema al piano Ethan Gruska y en las voces Phoebe Bridgers. Pero la feliz coincidencia que explica esta concurrencia de nombres es que tanto Berg como Gruska fueron los productores del primer LP de Bridgers, aparte de colaborar también con varios instrumentos en los dos discos de la californiana (todo esto no lo he hecho a propósito; me he enterado a posteriori).

Fiona Apple hace una interpretación cargada de pasión y energía. Su áspera voz, que es la gran protagonista, nos muestra claramente que puso el alma al hacer esta brillante versión del éxito de la banda de Mike Scott…

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The 1975 ft. Phoebe Bridgers: Jesus Christ 2005 God Bless America

«The 1975 nacen en el 2002 en Manchester, una ciudad con muchísima historia musical. Son cuatro compañeros de clase que atienden a la Wilmslow High School. Ese año empiezan a tocar juntos como quinceañeros, y se inscriben en uno de los eventos organizados por dicha escuela bajo ese nombre. “The 1975” está inspirado en un libro de poemas de Jack Kerouac».

De izquierda a derecha: George Daniel (batería), Matthew “Matty” Healy (voz y guitarra rítmica), Ross MacDonald (bajo y teclados) y Adam Hann (guitarra principal). Todos ellos tocan los teclados, sintetizadores o el piano en según qué temas, además de ayudar en las voces

Así presentaba, en septiembre del 2018, a esta banda británica. Les dediqué por aquel entonces una extensa entrada, incluyendo varios temas pero orbitando sobre uno que me gusta mucho y me parece especialmente bonito: «Paris» (¿a alguien le apetece recordar el tema?). Un tema que a muchos les recuerda levemente, por el ritmo y la melodía, al «Every Breath You Take» de The Police. Ya dejé claro que la banda me parece interesante y que a mi juicio hace buenas canciones. Además, por su actitud vital, el carisma del cantante, su juventud y las temáticas tocadas en las letras parecen conectar muy bien con las nuevas generaciones. Sus cuatro álbumes de estudio han sido número uno en Gran Bretaña. No está nada mal. Y el último de ellos, Notes on a Conditional Form (2020), también número cuatro en los Estados Unidos. Precisamente en este disco está incluida la canción protagonista de esta entrada. Un tema que cuenta con una invitada de lujo a la hora de cantar: Phoebe Bridgers.

Cuenta la leyenda la prensa que la californiana ya era fan de la banda británica y amiga de George Daniel. Empezó a intercambiar mensajes con Healy y al final fue invitada a colaborar con el grupo, cuando la canción ya estaba terminada. A finales del 2019 anunció que viajaba a Reino Unido y que…

«No nos conocíamos de antes, solo nos hemos conectado a internet. Le conozco un poco y estoy emocionada. Me encanta cuando da esos giros radicales, es jodidamente genial. Eso es como verdadero punk rock».

Después de oír la colaboración vocal de Bridgers, The 1975 quedaron tan impresionados que invitaron a la cantante a colaborar en otros tres temas del disco. Éste es un tema, por cierto, del cual firman los créditos los cuatro miembros de la banda, y que nació con un enfoque muy distinto al final, siendo retocado y reescrito por Healy varias veces hasta ser ensambladas las partes que más les satisfacían.

Asimismo, el propio álbum Notes on a Conditional Form, tras varios cambios de planteamiento, fue anunciado como parte de un proyecto con dos discos, el primero de los cuales fue A Brief Inquiry into Online Relationships (2018). Finalmente NOACF fue presentado en una gira en el 2019, y tras varios retrasos en su publicación, vio la luz en mayo del 2020. Jesus Christ 2005 God Bless America fue el quinto single del disco (2 de abril del 2020), aunque aquí hay una discrepancia (numerosos medios dicen que fue el sexto adelanto).

Otro dato relevante es que Phoebe hubiera hecho de telonera del grupo británico en la parte norteamericana de la gira de la banda (abril, mayo y junio del 2020), pero digo «hubiera hecho» porque todo se canceló a causa del coronavirus, así como todas las actuaciones, hasta la fecha, para el 2021.

Ahora esta entrada tomará un rumbo quizá inesperado…

Muchísimos medios en internet aseguran y explican que Phoebe Bridgers es «abiertamente bisexual». Incluso la Wikipedia lo asevera. O sea, que ella misma así lo ha declarado. Si se busca información al respecto, se pueden encontrar distintos artículos donde se relatan, sobre todo, episodios de su época como estudiante, así como detalles de su vida familiar. Principalmente de la relación con su madre. Uno de esos artículos es el siguiente —Details on Phoebe Bridgers’ sexuality and dating life— pero de hecho hay unos cuantos donde las explicaciones son bastante similares. De ese artículo extraigo estos párrafos:

«A la edad de 15 años, Bridgers ingresó en la Escuela Secundaria de Artes del Condado de Los Ángeles. Fue en la escuela secundaria cuando experimentó su despertar sexual. Comenzó a salir con chicas en la escuela secundaria y, debido a su cabeza rapada y su negativa a usar faldas, era la persona a la que acudir para las chicas que buscaban experimentar o descubrir su sexualidad. Phoebe declaró [a la publicación] Them que tenía dificultades con [el hecho de] parecer «muy gay»:

“Siento que muchas personas que estaban experimentando [con su sexualidad] experimentaron conmigo, porque me veía muy gay. Entonces, o no se lo tomaron en serio o yo sería responsable de que resolvieran sus movidas personales y [en ese sentido] fue mucho [muy importante]»».

Y siguen explicando:

«Phoebe se peleó con su madre después de que ella le dijo que era bisexual. «Ella más o menos reaccionó así: ‘No, joder, no lo eres'», reveló Phoebe. Antes de salir del armario, a Phoebe no se le permitía invitar a chicos. Después de la revelación, Jamie [su madre] también rechazó las solicitudes de fiestas de pijamas de chicas. «No se me permitió enviar mensajes de texto [explícitos] ni invitar a chicos»…

O chicas. «No se me permitió que las niñas durmieran en mi cama porque mis padres sabían que era bisexual. Sentí esta extraña vergüenza al respecto». Phoebe y Jamie finalmente se reconciliaron, y Jamie ganó más conciencia y aprecio por la comunidad LGBTQ+…».

(Me) parece suficientemente ilustrativo, y por esa razón no he «buscado» más. Llama la atención que todo ello está bastante centrado en su etapa como estudiante, y que por otro lado no se publicitan relaciones con otras mujeres que sean conocidas. Sea como sea, a Bridgers se la considera una artista queer (al respecto, interesante artículo aquí: «Phoebe has formed a folk-rock trio ironically called Boygenius with fellow queer singer-songwriters Lucy Dacus and Julien Baker. In a very personal and very relatable interview, Bridgers discusses how shame around her bisexuality influenced her childhood and music. Now out of her teenage years and openly and proudly bisexual, Bridgers…»). O un icono gay, y todo indica que ella misma se declara parte del colectivo LGBTQ.

Turno ahora para Matt Healy. El cantante de The 1975 siempre ha hablado muy abiertamente de sexualidad en las entrevistas que ha concedido. Manifestando incluso sus propias dudas o «confusión». Su planteamiento o su sentir es que la masculinidad no es algo rígido o inamovible, una condición absoluta. Todo ello me quedó muy claro la vez que les dediqué la anterior entrada. Y sinceramente, hizo que Matt me cayera bien a las primeras de cambio, por su honestidad y claridad. Y nada han cambiado las cosas. Muy poco me ha costado encontrar una entrevista donde todos estos extremos quedan más que confirmados. La entrevista no tiene desperdicio (Matt Healy: «Conflicted sexuality is something loads of people go through”) y reproduzco aquí traducidas las partes más significativas:

«Explica cómo le disgustaba el «miedo masculino» de la música de guitarra normal. Aparte de los jardineros, la mayoría de las personas que visitaron la granja de vacas de Newcastle en la que creció Healy eran del mundo del espectáculo, sus padres Tim Healy y Denise Welch eran actores. No recuerda que Newcastle fuera particularmente cosmopolita, pero su vida hogareña era una ventana a un mundo diverso de, como él dice, «infinitos gays y negros. Sabía que mi familia era un poco diferente”, dice. «Nunca tuve límites de lo que era…»

Se queda ensimismado y hace una pausa. Se pregunta si debe decir lo que viene a continuación, porque sabe cómo se desarrollará la conversación. Lo dice de todos modos: “El primer beso apasionado que vi fue entre dos tíos”, dice. Fue entre bastidores en el Manchester Apollo; dos de los bailarines eran amigos de su madre. «Lo recuerdo vívidamente»».

«¿Y qué es lo que pensaste?», le preguntan…

«“Qué íntimo era, y quería esa intimidad. Fue una presentación erótica y sexual para hacer frente a un niño, ahora lo pienso”. Hace una pausa, luego continúa. “Simplemente lo vi como sexy. Cuando era niño, si veía a dos adultos besarse correctamente, era un poco como: ‘¿Qué es eso? ¿Qué es ese sentimiento? No sabía que hiciéramos eso los unos con los otros’. Creo que mis ideas percibidas sobre la masculinidad provienen de mi primera idea de la sexualidad».

No está mezclando masculinidad y sexualidad, agrega, pero parece que nunca le ha molestado el bagaje de ninguno de los dos. Al hablar de la sexualidad en una entrevista de radio hace unos años, Healy dijo: «La idea de una sexualidad conflictiva es algo por lo que pasa mucha gente». Añadió: «Todavía me hago preguntas»».

«“Bueno, puedes ver si la sexualidad es una construcción social, lo cual, por supuesto, no es. Pero cuando era niño, la mayoría de las personas [a mi alrededor] que tenían éxito y que hacían lo que querían hacer eran homosexuales. Asociaba esa libertad de uno mismo con la libertad de expresión. Creo que los admiraba, no como parias o extraños, sino como personas que eran verdaderamente ellos mismos. Siempre me ha parecido interesante. Pensé: ‘Tal vez sea inusual ser tan extravagante como yo, o inusual estar tan en el mundo gay como yo… ¿Qué significa eso? ¿Soy un poco gay?’ Y luego dije,’¡No, no es así como funciona!’ Hace una pausa. «Todo se reduce a a quién quieres follar»».

Le preguntan si se siente atraído por otros hombres…

«“Yes, but not in a carnal, sexual way. The other sex is still attractive, it’s just that sex is weird, isn’t it? Do you know what I mean?».

Continúa la respuesta explicando de forma muy explícita que ni le interesa ni se plantea tener relaciones sexuales con hombres. ¿Y besar a otro hombre? Pues…

Y aquí vamos a dejar esta interesante entrevista. Ah, solo una cosa más: es difícil leer o escuchar a Matt y que no te caiga bien. ¿O es cosa mía?

La pura verdad es que me dan exactamente igual la vida personal o íntima tanto de Phoebe Bridgers como de Matt Healy. Su orientación, sus preferencias. Entonces… ¿por qué estoy hablando de todo esto? Eso, eso… serás chafardero… Pues lo explico porque creo que guarda relación directa con la canción de hoy. Y… ¿de qué trata «Jesus Christ 2005 God Bless America»?

«»Jesus Christ 2005 God Bless America» deals with themes of heartbreak, faith, sexuality, love, vulnerability, defeat and fragility. It is sung from the perspective of two closeted* religious individuals struggling with an internal conflict between religion, sexual orientation, and personal identity. (…) Healy tries convincing himself of his devotion to the Church, despite feeling unaccepted…».

(Wikipedia)

Closeted: viene de closet, «armario», y hace referencia a las personas de los colectivos LGBTQ que justamente siguen encerradas en el armario, escondiendo sus orientaciones sexuales.

Folk minimalista. Una balada acústica que incorpora elementos de lo-fi, emo y música country alternativa. Un dueto intimista, con guitarra acústica, toques de sintetizador y arreglos «lejanos» de viento. Un tema que, por su desnudez estílística y el carácter confesional de su letra, ha sido comparado al álbum Nebraska de Springsteen.

«An exploration of what it would be like to be trapped in faith while suppressing your sexuality. An expression of the pain and confusion experienced by religious devotees who felt ostracized because of their sexual orientation».

(Kevin Loo, Genius)

Respecto al título de la canción, Loo y otros críticos…

«… interpreted it as a reference to the widespread homophobia, LGBT rights opposition, and anti-LGBT policies prevalent throughout the United States in 2005».

Creo que queda bastante claro por dónde van los tiros. Algunas críticas también señalan que el tema está plagado de ironía. Para empezar, porque Healy es un declarado ateo, y empieza el tema diciendo que ama a Jesucristo. Ironía hay, por supuesto. Ahora bien, mi interpretación es la siguiente: Healy se pone en la piel de otra persona. Y si es así, me parece absolutamente admirable cómo en unos pocos versos nos traslada al universo mental, emocional e incluso moral de ese creyente. Cuando dice «Fortunately I believe» creo que en verdad quiere decir «Fortunately I am a believer», es decir, que se siente afortunado y da las gracias porque la fe «le salva». Pero parece claro, en lo que respecta a las referencias a America, que algo no le cuadra al cantante…

«Insinúa cosas, eso es lo interesante […] Se trata de Estados Unidos, y las cosas con las que me encuentro allí; amo Estados Unidos y paso mucho tiempo observando su frescura y su belleza, pero también hay partes que me hacen temblar un poco. Se trata de esas cosas».

(Healy en una entrevista a Ben Homewood de Music Week)

Es más que probable que, por lo que respecta a los Estados Unidos, se esté refiriendo a radicalismos, idearios y actitudes muy cerriles a nivel político, social y religioso (no estoy generalizando). Y muchísimo podríamos hablar de las religiones. De sus mecanismos de control, del lavado de cerebros, de los preceptos morales… Creo que son estas restricciones morales las que entran en conflicto con la sexualidad de los que se están expresando en el tema, no las creencias que puedas tener o la fe.

Para mí una canción preciosa, tanto por la música como por la letra.

Cuando escuché a Healy cantar That’s a feeling I can never show sentí tristeza. Tristeza por esa hipotética persona. Alguien «imaginario», pero que se ve encarnado en incontables casos reales. Y la pregunta es bien sencilla: ¿os imagináis cómo ha de ser vivir así?

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Phoebe Bridgers: Georgia

Hay veces en que un o una artista llama poderosamente tu atención. Un nombre, un grupo. Un tema, o incluso varios. Un disco entero, o una interpretación. Incluso a veces varios de estos elementos al mismo tiempo. Y éste es uno de esos casos. Phoebe Bridgers. No te conocía y de repente has aparecido. ¿Cómo es posible que no te conociera? Hasta tengo la sensación de que siempre has estado ahí.

La verdad es que después de muchos meses sin hacerlo, recuperé la costumbre de revisar las listas recopilatorias que publican muchos medios con los mejores álbumes del año recién terminado. Por curiosidad, por interés, por ganas de seguir aunque sea de lejos la actualidad, que de hecho es inabarcable. Bien, por lo menos reconforta un poco ver que viejas glorias como Bob Dylan, Bruce Springsteen o Neil Young siguen colocando sus trabajos en esas listas. Hablo en concreto de las listas del 2020, que son las que empecé a investigar. Y allí, en una interesantísima lista de la web Hipersónica, aparecía Bridgers con su segundo LP, de título Punisher. También aparece en unas cuantas más: por ejemplo en la también interesante lista en MondoSonoro.

Bridgers nació en el 94 en Pasadena (California). Cuenta en algunas entrevistas cómo fue su infancia y el ambiente en su familia, donde sus padres la apoyaron desde muy pronto en lo referente a su vocación musical. Ésta nació cuando su madre la llevó siendo niña a un concierto de Neil Young. Fue por breve tiempo alumna de la Berklee College of Music, pero la abandonó y no tardó en empezar a actuar en solitario en distintos locales de Los Ángeles. Una joven que creció escuchando básicamente música de cantautores como Elliott Smith, Joni Mitchell, Tom Waits, Jackson Browne o Bob Dylan, aparte de otras grandes referencias como The Beatles. Ganó cierta notoriedad al mantener una relación sentimental y profesional con el cantante y compositor Ryan Adams. Adams produjo y editó en su sello PAX AM el primer trabajo de Phoebe, en el 2014, un EP de título Killer. Después vendría su primer LP, Stranger in the Alps (2017), seguido de ese Castigador del 2020.

Los dos discos de larga duración han sido muy bien acogidos por la crítica. Incluso recibió cuatro nominaciones para los premios Grammy en la edición del 2020: Best New Artist, Best Alternative Music Album (por Punisher) y Best Rock Performance y Best Rock Song por el tema «Kyoto» (crónica aquí).

Phoebe compone temas que habitualmente son catalogados dentro del indie folk, el indie rock y lo que se conoce como emo folk (o simplemente «emo»): música que pone el énfasis en la expresión de las emociones, muchas veces a través de letras que son confesionales. Nace a mediados de los 80 a partir del hardcore punk hecho en Washington (emotional hardcore o emocore) y en los 90 es reinventado por el alternative rock, el indie rock y el pop punk. ¿No teníamos ya bastantes etiquetas en la música? Pues toma, ahí va una más. Algo que siempre me ha hecho mucha «gracia», porque también puede decirse que Phoebe hace indie pop o sencillamente pop rock. Claro que al estar ya en este siglo, la etiqueta de indie casi le cae sola. Por cierto que en entrevistas escuchadas a la cantante estos días, ella se identifica plenamente dentro de esa categoría emo.

Hay que decir que su carrera musical es bastante corta pero a la vez intensa: ha hecho colaboraciones con gente de primer nivel como Fiona Apple, The 1975 o The National; aparte de esto es miembra activa de un par de formaciones que facturan muy buena música (el listón está alto; les he escuchado estos días): de un lado la formación boygenius (con Lucy Dacus y Julien Baker) y por otra parte el grupo Better Oblivion Community Center (con Conor Oberst).

Punisher es un álbum para ser degustado lentamente. Pausado e intimista. Muchas sensaciones transmitidas en sus formas musicales y también en las letras. Emo.

«En su maravilloso segundo álbum, Phoebe Bridgers define su composición: sincera, multidimensional, astutamente psicodélica y llena de corazón. Su música se ha convertido en un mundo en sí mismo».

«Phoebe Bridgers es una maestra del colapso. […] escribe canciones para esos momentos en que las cosas se derrumban, cuando el lenguaje falla, cuando anhelas tanta distancia que necesitas una nave espacial para alcanzarla. A partir de ahí, puede encontrar un sentido de propósito, o al menos hacer un plan».

(Reseña en Pitchfork, que puntuó el álbum con un 8.7)

«In some ways, her family also helped inspire her latest album. She explains that she wrote part of it on tour and focused on her feelings about «how overwhelming my life was getting» and «how much I wanted to go home,» because she was separated from her family. «So it is kind of an isolated-sounding record,» she shares».

(Aquí)

Pese a la corta carrera musical de Phoebe, hay algo que me ha sorprendido en cierta medida: la enorme cantidad de información que hay sobre ella en la red. Reportajes, noticias, reseñas de sus discos, entrevistas en todos los formatos, actuaciones en directo, vídeos de sus temas, etc. Parece que mantuviera una actividad muy intensa en múltiples frentes y no parara de generar noticias. Hay tres cosas que mencionaré, para ir cerrando la entrada. Simplemente porque me han llamado la atención.

La primera de ellas es fuerte y no había oído ni media palabra. Phoebe realizó unas declaraciones, a través de su cuenta de Twitter, el 4 de febrero de este año, en las que afirmaba que el conocido cantante y actor Marilyn Manson tenía un «cuarto de violación» en su mansión (literalmente tuiteó “r*pe room”). Lógicamente infinidad de medios de comunicación se hicieron eco de estas afirmaciones. Uno de ellos fue La Vanguardia:

«La cantante (…) ha tuiteado que visitó la casa de Manson en Los Ángeles hace varios años y él alardeó sobre el rincón más inquietante de su mansión. «Fui a la casa de Marilyn Manson cuando era adolescente con algunos amigos. Yo era una gran admiradora. Y, mientras recorríamos el lugar, se refirió a una de las habitaciones como ‘el cuarto de las violaciones’, pensé que era solo su horrible sentido del humor de chico de fraternidad, pero dejé de ser su fan».

La cantante agrega: «Estoy con todos los que fueron abusados», y también arremete contra el entorno de Manson, asegurando que ellos estaban al tanto de los presuntos casos de abuso que durante los últimos días salieron a la luz. “El sello lo sabía, los directivos de la discográfica lo sabían, la banda lo sabía”, afirma. “Tomar distancia, ahora, y fingir estar conmocionados y horrorizados es jodidamente patético”».

El rockero ya había sido objeto de otras acusaciones de abusos sexuales por parte de varias mujeres. Las revelaciones de Bridgers llegaron después de que la actriz Evan Rachel Wood («Westworld») le acusara también de haberla humillado y violado durante años (33 en el momento de hacer las declaraciones; desde los 18 saliendo con él). Wood declaró haber sido violada a la revista Rolling Stone, y después a un Subcomité Judicial, pero en ambas ocasiones sin desvelar la identidad del agresor. Hasta que la hizo pública en Instagram: «El nombre de mi abusador es Brian Warner, también conocido en el mundo como Marilyn Manson. Él comenzó a prepararme cuando era adolescente y abusó horriblemente de mí durante años». 

Una noticia absolutamente escabrosa. Manson negó todas estas acusaciones, alegando «relaciones íntimas siempre completamente consensuadas». A pesar de ello fue despedido por su sello discográfico, Loma Vista Recordings, y también retirado de los próximos episodios de un par de series televisivas. La noticia tiene más ramificaciones (por ejemplo, declaraciones de la que fuera su pareja y esposa, Dita Von Teese), pero no sé en qué acabó todo esto, si la justicia decidió tomar cartas en el asunto, por ejemplo. Desde luego es «increíble» la cantidad de mierda (hablemos claro) que ha salido a flote en muchos ámbitos de la sociedad, en cuanto a abusos sexuales, violaciones, etc., cuando el movimiento Me Too tomó fuerza en octubre del 2017. Las víctimas sin duda ahora se callan menos y denuncian más, como tiene que ser. En todo caso el relato de Phoebe tiene su peso, y tratándose de una figura tan controvertida como Manson podemos decir que llueve sobre mojado.

La segunda cosa me la encontré de casualidad y después resultó tener miga. Vi un vídeo de una actuación de la cantante, con su banda, en el programa Saturday Night Live. Y me hizo gracia porque al final todos los músicos empiezan a desmelenarse, como si de una jam session se tratara, y Phoebe acaba estrellando y rompiendo (o lo simula) su guitarra contra un supuesto altavoz. Interpretaban el tema I Know The End (justo el que resaltaba Hipersónica), un tema que tiene un final intenso. Me pareció gracioso, llamativo, parte del show. Un poco de desmadre para sacudir el avispero. Pues resulta que eso generó no poca controversia en las redes y en los medios, hasta el punto de que músicos de primera línea se posicionaron, bien criticándola o bien aplaudiéndola. El debate incluso viró hacia la cuestión del machismo/feminismo, es decir: «si un músico de rock hombre estrella y destroza su guitarra no pasa nada; es lo normal, parte del espectáculo. En cambio, si quien hace esto es una mujer entonces está mal visto, está fuera de lugar o es «excesivo» y es criticada sin piedad. La enésima muestra del machismo imperante, también en el mundo de la música». Ese vendría a ser el argumento indignado o reivindicativo de algunas personas. El caso es que se desató la polémica. Ésta es la actuación en cuestión.

El tercer aspecto a comentar es que hablar de Phoebe Bridgers es hablar de trajes de esqueletos. ¿Qué? ¿Cómo? Sí. La californiana decidió adoptar, o enfundarse atuendos, de cuerpo completo, que recrean el esqueleto humano. ¿Por qué decidió hacer esto? Chica lista… esto podría darnos una pista…

«No dejo que me sexualicen. Me gusta poner nerviosa a la gente con mis pintas».

No solamente se pone ella el traje, sino toda la banda al completo, como en el citado show de SNL.

No le gusta que la sexualicen. Pues no sé si esto es «sexualizar» (volveríamos al eterno debate) pero voy a decirlo, porque nunca me escondo: a mí la chica me parece muy guapa. Qué rostro y qué pelo tan bellos. Creo que se aprecia sobradamente. En el vídeo final (grabado en el 2015) tiene un aspecto más adolescente. Pero también se aprecia cierto cambio en estos seis años transcurridos.

Hay otras claves que explican la decisión de vestirse así. La cantante lo ha aclarado en algunas entrevistas:

«A Bridgers le encanta especialmente «disfrazarse» porque se siente como una «superhéroe» con sus atuendos exagerados, especialmente cuando está actuando. «Es muy liberador. Siento que algunas personas, su identidad está envuelta en no disfrazarse», dijo en julio de 2020. «Creen que es cursi disfrazarse para el escenario. Pero en realidad me encanta el ritual de ponerme algo, y es como ‘Ahora estoy en el escenario'»».

«El look de la guitarrista en los Grammy es un símbolo de su viaje en la música, cuando Bridgers se puso por primera vez un traje de esqueleto, por el que pagó la friolera de $ 10, para promocionar su último álbum, Castigador… ».

«… Bridgers reveló que su look estaba inspirado en el deslumbrante vestido creado por el diseñador de moda estadounidense Thom Browne. «Uso un disfraz de esqueleto todo el tiempo, pero una de las razones por las que lo hago es porque vi este vestido de Thom Browne hace una eternidad y pensé que era genial y lo pedí»».

Ese vestido de Thom Browne es justamente el que se puso en esa gala en la que estaba nominada a cuatro premios Grammy:

Y empecé a escuchar temas suyos, y a ver vídeos. Hasta que llegué a Georgia. Curiosamente este tema no está incluido en Punisher, sino que ya aparecía en su EP Killer y también en su primer LP. El tema tiene un tratamiento o una producción más «lánguida» que en el vídeo de hoy. Los arreglos incluyen coros y cierto efecto deslizante de la guitarra (¿slide?). Sea como sea, la versión es más que interesante.

Lo curioso del tema Georgia es justamente el diferente tratamiento que le ha dado y que queda registrado en diversas interpretaciones en vivo. Es interesante. Así tenemos una interpretación acompañada de una guitarra eléctrica (muy bonita «versión»), otra acompañada de un teclado u otra en la que canta acompañada de un grupo, en clave totalmente rockera. Pero me decanté por ésta, donde la guitarra adquiere un protagonismo total. Probablemente Georgia sea uno de sus temas más inequívocamente folk, y aquí adquiere reminiscencias no lejanas al country. La letra habla de una relación personal que mantuvo…

«The track “Georgia” comes from the fact that I dated someone from Georgia. I had never even been there before. I was just feeling super self-conscious in a relationship for the first time and just needing constant validation. […] That night [I’m singing about], there was a rainstorm, and he followed me to some weird coffee house».

Here is my day plan, here’s my new machine
He is a fine new addition, so young and so clean
So young and so clean

[…]


And if I breathe you, will it kill me?
Will you have me, or watch me fall?
If I fix you, will you hate me?
And would you fuck this and let us fall?

Ésta es la propuesta: dejarse llevar por el rasgueo de la guitarra. Por esa voz hermosa y potente. Y qué manera de cantar. Con total entrega y sentimiento. Una absoluta maravilla.

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Woods: Where Do You Go When You Dream?

Pues no se sabe exactamente… adónde vamos cuando soñamos.

Dediqué hace un tiempo una entrada a la banda Woods, todo un descubrimiento para mí. Reseñaba en ella el excelente disco que sacaron en el 2016, City Sun Eater in the River of Light. Tan bueno me pareció y me sigue pareciendo ese disco que hasta cuatro temas acabé incluyendo en dicha entrada.

La banda neoyorquina, fundada en el 2005 y liderada por Jeremy Earl, practica un pop —o un folk— luminoso, inteligente, fresco. Probablemente con un sonido y un estilo bastante característicos, casi inconfundibles. Son capaces de facturar enormes canciones, como han demostrado sobradamente. Para ser más precisos y siguiendo los criterios de la crítica se trata de indie folk, folk rock, indie pop, folk psicodélico —psychedelic folk— o neopsicodelia. «Folk psicodélico» parecería ser la etiqueta que más peso tiene.

En el 2020 sacaron un nuevo trabajo, de título Strange to Explain y con una bonita y pictórica portada…

Algunas publicaciones han colocado este disco entre los mejores álbumes del 2020. No se trata por tanto de un mal disco en absoluto, pero sí que parece algo irregular y que podría decepcionar a muchos de sus incondicionales seguidores. Porque la banda ha vivido mejores tiempos creativamente hablando. En este sentido podemos recoger la observación que hacen en un artículo de Exile Subterranean Homesick Magazine, donde repasan brevemente este trabajo:

«… las melodías vuelven a aparentar ingravidez, melancolía y luminosidad dentro de su personal estilo neo-psicodélico, con un mundo onírico donde guitarras y teclados se hallan en perfecta armonía, pero continúan sin alcanzar la adictiva frescura de antaño».

Según esta reseña las partes e incluso los temas totalmente instrumentales tienen bastante protagonismo, así como un carácter atmosférico o envolvente por muchos momentos. Por su parte la prestigiosa publicación Pitchfork reivindica en buena medida el álbum, poniéndole una nota de 7,5; nos dicen que esconde mucho más de lo que aparenta y que en ciertos sentidos se asemeja a sus mejores trabajos. También señalan que el instrumento mellotron tiene mucho protagonismo en el disco.

Bien, escuchados la mayor parte de los temas mientras confeccionaba esta entrada e investigaba, mi impresión personal es que están bastante bien, con ese «sello característico que los convierte en temas atemporales de Woods». Quizá carecen de la inmediatez, la brillantez o el gancho pop de otros muchos temas suyos. Ahora bien, y para acabar: eso no se lo aplicaría al tema protagonista de la entrada, porque me atrapó a la primera…

Qué buena, qué buena, qué buena. Brillante, luminosa. Una canción hermosa, sencilla, juguetona y pegadiza.

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Khatia Buniatishvili: Precipitato (Sonata para piano n.º 7, de Prokófiev)

«… sería necio decir que no fue una foto tuya lo primero que me atrajo. Te vi en un periódico español, el artículo era sobre un concierto tuyo. […] Luego –otra vez tengo que evitar ser un necio– busqué más fotos tuyas por internet».

De esta forma tan sincera nos explicaba Jordi M. Novas en su blog cómo conoció a Khatia Buniatishvili, pianista natural de Georgia. Y fue precisamente leyendo su entrada «Carta abierta a Khatia Buniatishvili» cómo conocí a esta intérprete cargada de talento. Su entrada y el vídeo al que Jordi hace mención. Un vídeo que es y será el protagonista —final— de esta entrada. Así que muchas gracias, Jordi. Gracias también por esa sinceridad y por decir las cosas desprovistas de hipocresía y de ornamentos innecesarios. Siempre he creído y sostenido que tienes talento para escribir, aparte de mucho sentido del humor. Además ni te da miedo ni te cortas a la hora de explicar ciertas cosas, exponer ciertos puntos de vista o desvelar pensamientos que pueden resultar políticamente incorrectos. Eso está muy bien y también se agradece. En fin, un autor que no deja indiferente. Por cierto, Jordi… si estás leyendo esto (espero que sí) te recordaré que en un comentario te mencioné a otro talento femenino al piano: la japonesa Maki Namekawa. Me dijiste que investigarías. Si durante estos tres años no lo has hecho y te has columpiado de lo lindo, ya va siendo hora de que hagas los deberes. Creo que no te arrepentirás; así que aquí está esa entrada: «Maki Namekawa: Etudes No. 6 & 12 (Philip Glass)».

Khatia Buniatishvili nació en la localidad georgiana de Batumi, a orillas del Mar Negro, el 21 de junio de 1987. Unos años realmente convulsos, si tenemos en cuenta que Georgia todavía formaba parte de la Unión Soviética y que se independizó de ésta en 1991. En el «About» de su propia página web, al que acabo de enlazar, se nos dan algunas pinceladas de las dificultades vividas por Khatia y su familia:

«Khatia (…) conoce el precio de la libertad y la independencia, y comprende la energía necesaria para mantenerse erguido en la vida. El ejemplo de sus padres no pasó desapercibido. Durante el período caótico que atravesó su país, los padres de Khatia tuvieron que mostrar un gran ingenio para mantener a raya la pobreza. Su madre, que la introdujo a la música, cosía magníficos vestidos para sus dos hijas con trozos de tela que recogía aquí y allá. Las hermanas vieron ante sus ojos un modelo de creatividad para sonreír ante la adversidad».

En un interesante artículo publicado en interlude.hk se hace un breve resumen de su biografía (en la que no profundizaré). Algunas líneas también hacen referencia a esas dificultades en la infancia. Volveré sobre este artículo (fragmentos en color rojo) un poco más adelante. La propia pianista explica:

«Desde el principio, pude probar qué es la verdadera disciplina y cómo un ser humano puede desarrollar su mundo imaginario en medio de una agenda ocupada y difícil tanto mental como físicamente».

Nuestra protagonista tiene una hermana mayor, Gvantsa. Ambas aprenden a tocar el piano a muy temprana edad. Khatia, a los tres años. Su madre les ponía enfrente una partitura musical diferente cada día. A los seis años debuta en público con la Tbilisi Chamber Orchestra con el Concierto Op. 44 de Isaac Berkovich. El éxito es tal que es invitada a un tour internacional con dicha orquesta. A la edad de 10 años debuta internacionalmente.

Gvantsa y Khatia
Khatia de niña (en su cuenta de Pinterest)

En Tbilisi recibe lecciones de música, y posteriormente el pianista y profesor Oleg Maisenberg la convence para que se vaya con él a estudiar a Viena. Allí, en la University of Music and Performing Arts Vienna se convierte en una estudiante ávida de conocimientos…

«I wanted to absorb everything I could, and the University had virtually unlimited knowledge on offer».

Su verdadero salto a la fama internacional se produce en el 2008, cuando gana el Tercer Premio y el Premio Público del prestigioso concurso «Arthur Rubinstein International Piano Master» de Tel-Aviv. El mismo año es invitada a tocar en el Carnegie Hall, y en el 2010 es fichada como artista exclusiva por Sony Classical. En el 2011 saca su primer disco, dedicado al compositor y pianista austro-húngaro Franz Liszt. El álbum incluye, entre otras piezas, la Sonata en B menor, Liebestraum y el Primer Vals de Mefisto. Liszt es uno de los grandes héroes de la música para Khatia.

«Liszt is constantly pushing back the boundaries of what is possible. He innovates and is generous, bringing together popular and academic styles, the profane and sacred, nature and poetry – he transcends whatever he touches». (En su «About»).

En el 2012 edita su segundo disco, dedicado a Chopin, y en el que incluye su Concierto para piano n.º 2, acompañada de la Orquesta de París y Paavo Järvi. Stephen Pritchard, escribiendo en la sección de cultura de The Guardian, afirma sobre la pianista y el disco:

«This is playing straight from the heart from one of today’s most exciting and technically gifted young pianists».

En otra crónica escrita en el 2011, el mismo crítico valora a Khatia interpretando varias sonatas para piano de Beethoven en el Reino Unido…

«… to hear the extraordinary Georgian pianist Khatia Buniatishvili play three Beethoven sonatas last week. Though aged just 24, she has already been justifiably hailed as one of the great pianists of the future. She’s an exciting risk-taker».

En el 2019 sacó un álbum dedicado a Schubert. En él interpreta la última Sonata para piano escrita por el compositor austríaco, la n.º 21, D 960, y los cuatro populares Impromptus D 899. Lo destacable es que ella misma se caracterizó, para la portada del disco, de Ofelia, el personaje de Shakespeare, enamorada de Hamlet y que después de haber perdido la razón cae a un arroyo y muere ahogada…

¿Y por qué esta caracterización? Según se explica en una reseña del citado álbum, en la web revistamusical.cat, hay un fuerte simbolismo detrás. Os lo pongo tal como lo he encontrado, en catalán:

«La portada del disc –la mateixa Buniatishvili caracteritzada d’Ofèlia prerafaelita, amb un ram de flor blanca i la mirada perduda flotant sobre un rierol– suggereix que la bellesa de les melodies de Schubert és només el maquillatge que mira de tapar i guarir l’experiència del dolor; el sentiment o pathos que el romanticisme abordà com mai abans, apostant per la sublimació artística dels impulsos del cor».

(Rierol: riachuelo. Guarir: curar. Mai abans: nunca antes).

Según la citada reseña la pianista, al respecto de Schubert, posteó en sus redes sociales:

«Amar-lo suposa veure la bellesa oculta en les ombres del dia a dia, i comprendre l’art de la paciència».

Y… ¡acabo de encontrarme esto, hace un rato! ¡Qué sorpresa… y qué bueno! Imposible no incluirlo a continuación…

Buniatishvili posee ya un buen puñado de discos sacados al mercado. Como hemos visto, acostumbra a dedicar cada álbum a un compositor en particular, aunque también hay álbumes dobles y recopilaciones. Se puede apreciar que sus inicios discográficos fueron potentes y prometedores. De hecho, un simple repaso a sus discos y actuaciones nos permite constatar que ha interpretado a la inmensa mayoría de vacas sagradas de la música clásica: Chopin, Schumann, Mozart, Beethoven, Grieg, Rachmaninoff, Mussorgsky, Stravinsky, Ravel, Liszt, Schubert, Prokofiev, Johann Sebastian Bach, Brahms…

En cuanto a su estilo, Khatia imprime un fortísimo sello personal a sus interpretaciones. Como ella misma ha afirmado, el ser humano —como no podría ser de otra manera— ha de estar en el centro del arte, y ha de poder expresar su propia sensibilidad. Esta interpretación tan personal de las obras ha generado como era de esperar controversia y disparidad de opiniones. Parece claro que Khatia no se distingue precisamente por seguir la ortodoxia. Por algunas reseñas que he leído de forma rápida, acostumbra a llevar las cosas al límite y a tensionar los tempos de las partituras. Es decir, a hacer los Largos o los Adagios aún más lentos y pausados y por el contrario las partes más intensas y enérgicas mucho más rápidas de lo que suele ser habitual. Y esto ha provocado que reciba unos cuantos palos de la crítica. Es, como afirmaba Pritchard en sus apreciaciones, una artista que asume muchos riesgos. No deja indiferente, sorprende al público, y gustará más o menos. Para mí, voy a decirlo a nivel personal, todo lo que he escuchado de ella en YouTube me ha parecido sen – sa – cio – nal.

Hay algunos otros apuntes de su biografía que podemos mencionar:

— Se me olvidó decir que está establecida en París y que en el 2017 obtuvo la nacionalidad francesa;

— Ha recibido algunos premios más. No los he puesto por no abrumar. En la Wikipedia en español están;

— Internacionalmente ha sido aclamada, en líneas generales, y es una pianista muy solicitada para actuar en diversos festivales y escenarios;

— Ha tocado y grabado con directores de primera talla mundial. El mismo Paavo Järvi. O Zubin Mehta;

— Parece que es amiga personal de la aclamada pianista Martha Argerich;

— El activismo social y político está entre sus ocupaciones y preocupaciones…

«Her music is fundamentally bound to political activism, as she is involved in numerous social rights projects…».

«Khatia Buniatishvili refuses all invitations to perform in Russia as long as president Putin is in power».

Toma ya. Leyendo algunas cosas me gusta aún más y me cae todavía mejor.

¡Ah!… y volviendo al tema de su controvertido y personal estilo interpretativo, he encontrado unas frases que me han gustado mucho. Lo sintetizan todo. El magazine Madame Figaro dice:

«La pop star du classique, c’est elle. Avec son look de pin-up et un jeu très libre, la virtuose géorgienne dynamite les codes».

(Jeu: la forma de interpretar, de tocar. Verbo jouer).

«Chez Khatia Buniatishvili, seul le répertoire est classique. Pour le reste, c’est no limit».

Hay otro aspecto, aparte de su estilo, que causa cierta controversia y da que hablar. Y no es difícil adivinarlo. Sí, claro: se trata de su aspecto personal, de su look, de la imagen que nos ofrece. Hablemos de ello. Sin miedo. Sin prejuicios. Sin hipocresía (es de las cosas que más asco me produce). Hay muchísimas personas que considerarán —que consideramos— que Khatia es una mujer hermosa, sensual, atractiva. Sí, claro, como todo juicio es relativo, personal, discutible. Para mí ella lo es. Atrae las miradas y atrae la atención. También en mi caso. Muy probablemente —vamos, casi seguro— concitará deseos. No pocos medios la califican de sexy, y seguro que algunos no se cortan un pelo y la consideran caliente, o tórrida. Hablo a nivel visual, no confundamos las cosas. Tampoco me parece una burrada absurda decir que parece que ella saca partido de esa imagen, de ese atractivo, de ese torrente de sensualidad. Lo «explota». A mí me parece muy bien. Obviamente, entrar en toda esta serie de consideraciones significa que también habrá gente a la que todo esto le moleste, le escandalice. Que la critique o la condene. Que la tache de provocativa. Va provocando. Aquí está, a mi juicio, el verdadero problema y la verdadera lacra: estar ya juzgando a las mujeres por su aspecto, la forma en que visten, los centímetros cuadrados de epidermis que exhiben, etc. Es una canción muy vieja, por desgracia. Los signos del patriarcado, de los muchos tics machistas que aún están incrustados en la mayoría de sociedades. Y todo esto lleva asociado una dosis de discriminación, opresión, dominación y condena, a veces pública y mediática. A veces moral o religiosa. Aunque «me esté poniendo serio» creo que honestamente las cosas son (bastante) así.

Antes mencioné un artículo en interlude.hk. Lo hice porque lo consideré interesante y porque se hace una serie de preguntas, en torno a esa imagen pública y sensual de la pianista. Acerca de la disparidad de opiniones que provocaba esto. Sí, es una artista con bastante repercusión mediática: aparece en shows televisivos, en portadas de revistas de moda y glamour, en muy diversos medios, en redes sociales, e incluso en la prensa del corazón por algún que otro sonado flirteo. Todo ello al lado de su valía profesional y artística. De su reputación. Dicho artículo nos plantea este aparente «dilema», o estos aspectos que a algunos/as les parecerán contradictorios (o que chirrían):

«Y es su apariencia con atuendos con escotes a menudo pronunciados lo que le ha valido varios apodos, incluido el de «Betty Boop» del piano y «la estrella del pop del mundo de la música clásica». Para algunos, Khatia es un fenómeno que «excita al público clásico … sacude y trastorna este frágil mundo». Para otros, ella es una «Lady Gaga o Beyoncé que anhela la atención, con la moda como el mejor tipo de proyección». Para mí, esto simplemente plantea la pregunta de qué es lo que hace que Khatia Buniatishvili funcione».

Ahí lo tenemos. Poniendo el dedo en la llaga. La aparente contradicción. La polémica en potencia. O el chismorreo y el comentario servidos. Más adelante añade:

«Paralelamente a su rápido ascenso a la fama, Khatia está decidida a seguir su propio camino. Y una vez que se sienta al piano, todo se pone en marcha, incluida la actitud, la emoción y el atuendo. Khatia Buniatishvili es inflexible acerca de la libertad de sus interpretaciones y defiende su derecho a “reapropiarse de cada obra y realizarla sin respetar necesariamente la tradición o el modelo impuesto por sus antecesores”».

Para concluir:

«En cuanto a las actuaciones musicales de Khatia, se las ha calificado de «inquietantemente originales» o «más allá de la excentricidad del planeta Pogorelich». Este desacuerdo fundamental depende de cómo los comentaristas interpreten los aspectos comunicativos de la música, y eso seguramente incluye la vestimenta y todos los demás aspectos interpretativos».

Con lo de «planeta Pogorelich» se refiere al pianista nacido en Belgrado Ivo Pogorelich. Supongo que se refiere a la intensidad que pone este pianista en sus interpretaciones. También a un cambio de look que al parecer protagonizó. Y a algunas experiencias vitales muy fuertes que le han marcado, como la muerte por cáncer de su mujer. No le conozco, ni su historia. Será una mezcla de todos estos elementos. Dice El País en una crónica (y curiosamente hay detalles que coinciden con las actuaciones y estilo de la georgiana):

«… ese pianismo hiperbólico que cultiva el croata en su obsesión por hacer sonar su instrumento como una gran orquesta. Una versión que estira los tempi, acuchilla las articulaciones, dinamita las frases y estresa el sonido del piano. […] Pogorelich toca como si estuviera condenado a revivir sus tragedias personales. Y el piano fuese su catarsis».

Lo de «Betty Boop» me ha hecho mucha gracia. Y a ver… es totalmente cierto (y antes de empezar el artículo ya lo sabía): a Khatia le han endosado el apelativo de «la Beyoncé del piano». Suena irrisorio y ridículo. Forzado, innecesario. ¿Meando fuera del tiesto… o no tanto?

Por más fotografías que miro, no logro entender lo de «la Beyoncé del piano». ¿Por qué será que le han puesto este ridículo apodo?
Sigo sin entender los motivos de tal comparación, por más fotos que mire. El sentido del humor que no falte. Pues me parece muy bien que se fotografíe de esta guisa. A mí me mola la foto.
¿Atractiva? ¿Sensual? ¿Guapa? ¿Sexy? ¡¿Caliente?! Cualquier cosa que digamos será juzgarla, y en verdad no deberíamos hacerlo…

Seguro que muchos otros medios ponen sobre el tapete esta combinación en el caso de la pianista: su talento, sus cualidades interpretativas, por un lado, y su look, sus atuendos, la carga erótica asociada. Reflexiones, preguntas. Sin ir más lejos, el artículo que he mencionado antes, en Madame Figaro, también recoge estos distintos aspectos de su figura. Leamos. Lo expresan muy acertadamente:

«D’accord, la dame est bien roulée et aime le montrer, un peu comme si Betty Boop s’était réincarnée en star du piano, avec décolletés plongeants devant comme derrière, port de madone et débit réfléchi. Mais la virtuose sexy a du tonus et du répondant. Elle reçoit dans son salon blanc, assortie au noir du piano à queue – talons hauts, legging et col roulé. Ses cheveux de jais encadrent ses lèvres carmin».

«De acuerdo, la dama tiene curvas y le gusta lucirse, casi como si Betty Boop se hubiera reencarnado como una estrella del piano, con escotes pronunciados por delante y por detrás, con el porte de una Madonna y un flujo pensativo. Pero la virtuosa sexy tiene tono y capacidad de respuesta. Ella entretiene en su sala de estar blanca, a juego con el negro del piano de cola: tacones altos, pantalones elásticos y cuello alto. Su cabello negro azabache enmarca sus labios carmesí».

Y todavía unas últimas claves para entenderlo todo. Y entenderla a ella:

«Au piano, c’est différent, rien ne l’arrête».

«C’est la liberté de l’art. Je me permets toutes les émotions. Sans dogme ni morale».

Si tomamos el vídeo protagonista, con el Precipitato de Profófiev, encontraremos que están presentes todos estos elementos visuales o «armas de seducción». No es nada extraño que impacte, que cause una impresión, mucho más allá de su innegable talento (o añadido a él): elegante y precioso vestido rojo. Escote. Unos tirantes finísimos. Espalda y brazos al descubierto. Y su pelo negro, salvaje. Pero sobre todo… ella, ella. Ella misma, interpretando, moviéndose, percutiendo sobre el teclado con absoluta maestría y dominio.

No es concretamente este vestido. Pero es que esta foto es tremenda.

No voy a detenerme aquí. Vamos a criticar un poco. Inicialmente iba a decir «vamos a reírnos un poco», pero me parece que no será así. Porque cosas que podrían resultar graciosas, o ridículas, encierran detrás un alto grado de patetismo y unos comportamientos deplorables. Lo que voy a explicar no es ninguna tontería.

Si uno/a se pasea un poco por YouTube, basándose siempre en el teórico respeto por la «creatividad» de otros, o sus puntos de vista, puede encontrar vídeos bastante «sorprendentes». O impresentables. Hay un vídeo que, literalmente, se titula «Why Khatia Buniatishvili is the worst pianist ever (but the hottest)». Tremendo. La peor pianista de todos los tiempos. No solo eso, sino que lo importante es que ella es hot. La más caliente. Este señor, al que parece no gustarle nada la georgiana (artísticamente, quiero decir) se califica a sí mismo.

También podemos encontrar otro vídeo que se titula «Las 14 pianistas más bellas». Creo que se ve claro lo que quiero señalar: hay personas que se dedican a hacer rankings de este tipo, al parecer dándole más importancia al aspecto externo o al atractivo físico antes que al talento artístico. Como, voy a añadir, si ser un gran (una gran, en este caso) pianista fuera algo muy fácil de conseguir. Claro, te podrán contestar que no están valorando a estas artistas por exclusivamente esto, que es un aspecto secundario o complementario. Y que están en su perfecto derecho de elaborar estos rankings, que no es tan grave. Quizá. El problema subyace detrás: el machismo y el sexismo inherentes. El, de alguna manera, infravalorar a las mujeres y sus capacidades y fijarse principalmente en sus cuerpos y su sex appeal. Es cosificar a la mujer. Convertirla en un objeto sexual, de deseo, relacionado con la atracción, con las apariencias externas. Me parecen este tipo de rankings (aunque se pueda argumentar que son «inofensivos») absolutamente ridículos. Es como si se hiciera uno de «las novelistas más atractivas» o «las pintoras más sexys». ¿Y por qué no «las científicas más atractivas»? ¿O las ministras del gobierno? ¿Y se hacen tantos rankings cuando se trata de hombres? ¿»Los novelistas más guapos»? ¿O «los futbolistas más atractivos»? Seguramente, pero muchísimo menos. En la abrumadora mayoría de los casos es la mujer la que es objeto de este tipo de comportamientos, o de mentalidad. Algo que puede ser insultante, o vejatorio. Discriminatorio e injusto, seguro. Aparte de simplista y estúpido.

No es fácil valorar todos estos elementos de una forma justa y equilibrada. Intento ver la realidad en su conjunto, integrándolo todo. En este caso, respecto a los seres humanos, sabiendo que sus personalidades son la suma de incontables aspectos. El aspecto externo, lo físico, la carga erótica, el atractivo sexual… son factores que están ahí pero que probablemente son secundarios. Lo cierto es que, en teoría, todos los seres humanos ejercemos atracción hacia nuestros semejantes. Que todos y todas somos seres físicos, también. De carne y hueso. Muchas veces la atracción ejercida no es por lo físico o la apariencia exterior, curiosamente. También creo que no hay verdades absolutas, y que nada es absolutamente blanco ni absolutamente negro. Los posicionamientos radicales, sean los que sean, no suelen ser aconsejables ni sensatos. Muchas veces he manifestado que, aunque me guste el lado erótico, me importe y me mueva la atracción física y sexual, me guste el cuerpo femenino, no significa por la fuerza que vea a las mujeres como meros objetos. Como simplemente cuerpos. No, no es así. Aunque mis planteamientos puedan parecer incongruentes o hipócritas. O que chirrían. Ni los seres humanos ni ningún ser vivo es meramente «una cosa». Verlo así es una absoluta aberración. Y reivindicar, o que te atraiga la parte física/erótica/sexual del ser humano no significa considerar estos aspectos como los más importantes, o los únicos. Vuelvo a repetir que los planteamientos radicales no sirven. La actitud sabia es la de la integración.

«¿Acaso no estás tú haciendo lo mismo, cosificar a Khatia Buniatishvili al fijarte en su aspecto físico, en su sensualidad…?», se me podrá decir. «¿Adoptando una actitud machista/sexista?». Podría ser. Lo justo sería decir «en parte, sí». Pero honestamente, intento verla en la totalidad de su personalidad. Si la viera como un mero objeto sexual hubiera obviado su talento tocando el piano, hubiera puesto el vídeo y poco más y hubiera dado a entender «fijaos en lo buena que está y en qué tetas tiene». Porque, como graciosamente han dicho los franceses, es «una dama con curvas». Pero no quiero quedarme meramente con «el envoltorio». Sería nefasto y patético.

Hay otro vídeo en YouTube todavía peor. Se titula «She’s the BREAST pianist I’ve ever seen», jugando con las palabras (best, «mejor» y breast, «pecho/s»). En él se cachondean (y se centran en) los grandes pechos que tiene, haciendo todo tipo de comentarios. He sentido vergüenza ajena, de verdad. Es totalmente soez, patético, asqueroso. Eso sí que es machismo cosificador. ¿Merece la pena mencionar siquiera algo tan triste? Pues creo que siempre hemos de observar la realidad en su conjunto. Nunca ignorar ningún aspecto, porque sería como si usáramos unas tijeras.

En fin, querido/a lector/a. Estoy seguro de que habrás captado el mensaje y la intención. Título del ensayo: «Khatia Buniatishvili o la libertad (y el pleno derecho) de las mujeres, de cualquier mujer, de vestir como quiera, de adoptar el aspecto o look que le plazca o considere, de ser como le venga en gana ser, y de comportarse como quiera (dentro de unas normas de respeto, convivencia…), no siendo menos ni con menos derechos que los hombres, sin miedo a ser criticadas, atacadas, discriminadas, vejadas, insultadas, condenadas, juzgadas, señaladas, etiquetadas, reprimidas, oprimidas, castigadas… y un largo etcétera». Ése es el título del ensayo. ¿Lo he llevado demasiado lejos? Pues podemos considerar que podemos añadir perfectamente (y por desgracia): «y sin miedo a ser violadas, agredidas, maltratadas… o asesinadas». No, no es ninguna exageración decir esto. Y en España aún menos. A las estadísticas y las noticias me remito.

Dos últimas cosas. La primera: ¿realmente es necesario usar esas «armas de seducción», el atractivo sexual, el cuerpo, por ejemplo para cosechar más éxito o granjearse más público, en el caso de una artista, por ejemplo? No, realmente no es necesario. Pero negarle a una mujer el derecho a hacer todo eso es una auténtica aberración. Es retroceder a los tiempos de la Inquisición medieval, y entonces creo que ganan el machismo y la represión. Khatia sin duda alguna podría cambiar su aspecto radicalmente (no digo ni insinúo que tenga que hacerlo), y su talento o valía como pianista básicamente no se vería afectado. Lo cual viene a «demostrar» que el aspecto o la imagen externa, aunque importante, tiene un carácter secundario. Eso es lo que quiero transmitir. Si Khatia ha optado por eso, hay que respetarla. Ella es así y a día de hoy esa imagen es parte integral de su personalidad. Además debemos puntualizar que si un/a artista lo hace, en este caso Khatia, por una serie de motivos (decisión propia, personalidad, valentía, naturalidad…) no implica forzosamente que lo esté haciendo con el objetivo explícito de cosechar más fama, granjearse más seguidores, captar más la atención general. Puede que sí y también puede que no se persiga nada de eso. Es discutible.

La segunda y última reflexión es que no todas las mujeres ven o tienen que ver todos estos asuntos de la misma manera. Esto es un debate, potencialmente interminable. Habrá mujeres que considerarán que las, por ejemplo, artistas (o celebridades con proyección pública) que se comportan así, utilizando su atractivo físico, le están haciendo un flaco favor al género femenino, a la causa feminista y en general a la equiparación de roles y derechos. En fin, que es un debate de narices. Razones, en cierta forma, no les faltan ni les faltarán. Puedo entender en parte ese argumento. Lo que ocurre es que, repito, las actitudes demasiado radicales no me parecen adecuadas ni inteligentes. Lo que no se puede hacer es convertir al feminismo en una especie de puritanismo represor. No se trata de eso. En una especie de «aniquilación de todo aspecto erótico de la mujer», porque «alimenta y perpetúa el patriarcado». Creo que el único punto de encuentro en el que todas deberían estar de acuerdo (e incluyo a los hombres también) es que a las mujeres hay que valorarlas por muchos más aspectos que meramente por su cuerpo, sus atractivos o su imagen.

Si has llegado hasta aquí y leído todo… enhorabuena. Qué paciencia. Gracias y también disculpas por todo el rollazo que he soltado. Sin duda todos tenemos nuestras opiniones, más o menos apasionadas, sobre estos temas. El machismo, el feminismo, la cosificación, la sexualización, las discriminaciones… Son temas muy candentes. Y ya que me he expresado, lo he hecho explicándome un poco. Me es casi imposible despachar todos estos temas en tres frases.

Como he señalado, no quise quedarme solamente con el envoltorio. El vestido rojo y todo lo demás. Ni meramente con la ejecución del Precipitato. Y no lo he hecho. Estos días he escuchado y visto varios vídeos de la pianista. En YouTube hay bastante material. Y muy bien. Es lo que uno debería hacer si quiere conocerla más a fondo. Fantásticas sus interpretaciones. Por ejemplo…

En el Concierto para piano n.º 3 de Serguéi Rajmáninov («Rachmáninov» o «Rachmaninoff»; no es fácil transcribir el apellido ruso). Creo que éste y el segundo concierto del ruso se sitúan entre las obras cumbre dedicadas a este instrumento. Sencillamente son genialidades bellísimas. Muchas veces he manifestado, en diferentes entradas o aportaciones de distintos usuarios, mi más absoluta admiración por Rachmáninov. Una vez más lo pongo de manifiesto. Khatia ataca esta obra maestra. Maravilloso…

Saltamos a otro compositor ruso: Piotr Ilich Chaikovski (o «Tchaikovski»). Me atrevería a decir que quien jamás haya escuchado el principio de este conocidísimo Concierto para piano n.º 1, Op. 23 quizá no vive en este mundo. Belleza y emoción. Sublime…

Khatia con el conocido Impromptu n.º 3 de Franz Schubert. Preciosa música y precioso vestido azul…

Maravillosa pieza de Liszt, el Ständchen, incluida en el álbum mencionado antes (el de Ofelia):

La también conocidísima y maravillosa Gymnopédie n.º 1 de Erik Satie…

Simplemente son propuestas. Hay mucho más ahí (Chopin, Beethoven, Grieg, Schumann…). También con su hermana. Me pareció un ejercicio interesante, a nivel estilístico, escuchar esa Sonata para piano n.º 7 de Prokófiev interpretada por otros músicos. Y así lo hice. La obra está muy bien, y es realmente tremenda. Queda muy claro que su Precipitato final es el plato fuerte. El extraordinario Maurizio Pollini, uno de los monstruos del piano del siglo XX, hace una ejecución técnicamente impecable. Ahora bien, se me antoja un poco mecánica, «plana», algo fría. Seguramente será porque la comparo con la ejecución de Khatia. Lógico, al interpretarla ésta en directo es mucho más apasionada. La comparación me parece interesante. La Sonata «Estalingrado»

Y llegamos al final del camino. No quiero marcharme sin antes rescatar una breve frase de la entrada de Jordi. La frase me gusta…

«El amor es, por ejemplo, escucharte a ti tocando el piano».

No podría estar más de acuerdo. Si tuviera que definir qué es el amor, daría la que en mi opinión es una definición breve, profunda y precisa. Y a la vez sencilla: «El amor es ser lo otro». O «el otro». Amar es sentir una mezcla de admiración y aceptación. Es unidad, comunión, integración, fusión. En cierto sentido es trascender la dualidad sujeto-objeto. Por eso el verdadero amor y la espiritualidad están tan estrechamente relacionados. Por no decir que son diferentes caras de un mismo diamante.

Mencioné antes algo solamente de pasada: su pelo. Su rizado y negro pelo es un elemento más de su imagen, y está perfectamente integrado. Lo maneja con soltura. Nunca mejor dicho. Cayéndole por la cara y tapándosela. Viéndola se constata que esto es «marca de la casa». Si las reflexiones sobre el amor contienen algo de verdad, diría que este manejo de su pelo tiene cierto simbolismo. A Khatia parece no importarle demasiado qué pasa con su pelo cuando toca. No le presta demasiada atención. Khatia se pierde en la música. Tal es su grado de concentración que se hace uno —una— con la música. De nuevo esa unidad, esa comunión.

Y sus manos. Son como animales feroces y rapidísimos. Aves de presa que se lanzan en picado sobre sus víctimas, las teclas. ¿Víctimas… o amantes?

La virtuosa del piano que nació un solsticio de verano y que practica meditación para, según ella, «preservar así su energía animal, positiva». Khatia. Sensacional. Espectacular. Absolutamente apabullante y electrizante. Y como bien dice Jordi, potencialmente adictiva.

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