The Sugarcubes: Regina

En 1986 nace el grupo islandés The Sugarcubes (“Los terrones de azúcar”, Sykurmolarnir en islandés), una formación integrada por músicos que tenían experiencia previa por haber militado en diferentes bandas de la isla. Una formación que nos metería de lleno en la postmodernidad y que allanaría en gran medida el camino para la eclosión de la música indie. En su corta vida musical (hasta el 92) sacaron solamente tres discos:

Life’s Too Good (1988)

Here Today, Tomorrow Next Week! (1989)

Stick Around for Joy (1992)

Ya me ocupé de esta formación islandesa hace más de dos años, por muy diversas razones: porque formaron parte de mi crecimiento musical; porque tengo sus dos primeros trabajos en vinilo; porque esos dos discos son buenos, interesantes, rompedores y singulares… pero principalmente por dos motivos: el primero de ellos, porque tenemos una canción tan extraordinaria como Birthday; el segundo, porque The Sugarcubes sería el trampolín definitivo para el lanzamiento de la carrera en solitario de una artista tan importante, influyente y aclamada como Björk.

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Sobre ese primer trabajo y esa canción dije en su momento:

«Álbumes algo irregulares pero con una factura personalísima, eso es innegable. El que impactó más y supuso toda una sorpresa fue el primero, por supuesto. De ese Life’s Too Good, probablemente el mejor y aclamado unánimemente por la crítica británica y estadounidense, extraerían el single que nos ocupa: Birthday, todo un bombazo, fue un éxito indie en las islas británicas, donde fue bastante radiado. Fue John Peel, conductor de las míticas “Peel Sessions” en la BBC Radio 1, quien dio a conocer el tema. También tendría repercusión radiofónica en los Estados Unidos. (…) Birthday, votado single del año por la crítica británica».

Su segundo trabajo ni fue tan bien recibido por la crítica en líneas generales ni gozó de tanto éxito entre el público. A pesar de ello llegaría hasta el puesto número 15 de la lista de álbumes británica y escalaría hasta la primera posición en la lista también del Reino Unido de álbumes independientes.

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En un interesantísimo blog musical de nombre picadura de abeja (“cuidados intensivos para música imperdible”) he encontrado unas jugosas reflexiones acerca de esa tibia acogida del segundo disco por parte de la crítica:

«Entre los vinilos y cassettes que había por casa cuando era pequeño, en muchos casos no teníamos los discos que se consideran clásicos indiscutibles de cada uno de los artistas. (…) De The Sugarcubes, la banda que sirvió de tarjeta de presentación mundial a Björk (voz), teníamos Here Today, Tomorrow Next Week! (1989). (…) Tiempo más tarde, cuando Björk empezó a publicar discos por su cuenta y leí las primeras entrevistas y libros sobre su persona, me enteré de que el mundo no había recibido muy bien ese segundo álbum del grupo islandés. Daba igual que ahí estuviesen ‘Planet’, ‘Regina’ o ‘Speed Is the Key’: era la secuela de un disco por el que los críticos se habían derretido en halagos y The Sugarcubes no podían acertar; nada iba a complacerles, ni repetirse ni salirse por la tangente. Visto en perspectiva, por mucho cariño que le tenga y aunque es un disco resultón, puedo entender que las costuras de Here Today, Tomorrow Next Week! se le hiciesen indiscretas a quien se hubiera sorprendido con Life’s Too Good: menos cohesión (demasiadas canciones, algunas realmente flojas); la sensación de que hacían gala de una excentricidad más ensayada; y una presencia más intrusiva de Einar Örn (voz, trompeta), un bufón que daba la cara junto a Björk, tan importante en la banda como cualquier otro miembro; agradable si recita en algún interludio de manera sosegada, pero a menudo irritante como un bebé que gruñe para pedir comida. (…) Montar The Sugarcubes fue la respuesta a su ocurrencia de formar un grupo de pop intrascendente. En ese sentido podríamos afirmar sin miramientos que les salió el tiro por la culata. La complejidad post-punky y la claustrofobia atmosférica de Kukl el grupo previo— fueron una enseñanza valiosa que enriqueció y dio un toque inaudito a lo que para ellos era un pop festivo y fácil, sin más. Enseguida se habló de unos The B-52’s del indie pop y como referencia inicial es válida: se da el intercambio entre la voz robótica masculina y las disparatadas melodías de Björk… ».

Efectivamente, el álbum fue criticado por esa mayor contribución vocal de Einar Örn. Y difícilmente podía estar a la altura del álbum de debut, aunque para algún que otro crítico lo estaba e incluso lo superaba.

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¿Y qué se puede decir de la figura y la voz de Björk? A estas alturas, cuando ya goza de fama mundial en solitario, bien poca cosa («Y lo que hace Björk con la voz es increíble. No hay palabras. Un dominio total, con subidas, bajadas, gruñidos… Parece un ser llegado de otro mundo o de otra dimensión, quizá mágica, quizá etérea, quizá élfica», dije de ella acerca de Birthday). Así es, la exhibición de sus facultades vocales en el single que les y la catapultaría a la fama es apabullante. Cualquiera que intentara emular esos gorgoritos (“quiebro que se hace en la garganta con la voz, especialmente al cantar”, “emisión de la voz caracterizada por subidas y bajadas de intensidad en un tono agudo”) acabaría probablemente en la consulta del otorrinolaringólogo. Lo mismo puede decirse, aunque quizá de forma no tan exagerada, del tema Regina, el que sería lanzado como primer single de ese Here Today, Tomorrow Next Week!.

Unas facultades vocales que son una muestra más del talento de esta auténtica mutante de la música y la expresión artística; Björk es tan camaleónica y ambiciosa que su obra y su influencia abarcan muchas facetas: siempre innovando y experimentando, siempre probando y fusionando nuevos estilos (electrónica, avant-garde, dance music, art pop, música experimental, trip hop… ), siempre en la vanguardia, participando en proyectos multimedia y en múltiples colaboraciones, atreviéndose con el cine o sorprendiendo con escenografías y apabullantes looks y vestuarios. Un camaleón, una artista única y singular. Gustará más o menos, pero es valiente y no se acomoda: ante esto le hago mil reverencias.

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¿Qué se puede decir del tema Regina? ¿De qué trata la canción? No es fácil asegurarlo. Según un usuario que se hace llamar The Devil In The Circuit, sobre una viajera y sobre el regresar a Islandia. También se parodian algunos aspectos tópicos de este singular país y se hacen referencias visuales en el vídeo a las langostas (lobsters). Adjunto la traducción de este interesante punto de vista:

«Esta canción es sobre la cansada viajera (Regina) volviendo a casa, a “Johnny” (Islandia, la tierra misma). Islandia es pequeña pero con un terreno extremadamente variado: suelo volcánico rojo, desierto polvoriento, acantilados de basalto, glaciares y bosques húmedos. Björk y sus compañeros de banda eran muy sensibles a cómo se esperaba que la música popular se escuchara como música de otros lugares; por ejemplo, los Estados Unidos, el Reino Unido, Europa, etc. Ella y la banda querían crear música con un sonido original que fuera exclusivo de Islandia. La banda incluyó referencias específicas a viajeros legendarios para agregar un aire de viaje épico a esta canción. Las referencias a la langosta son, creo, su forma de afirmar que eran completamente diferentes del resto del mundo; la langosta es un manjar en todas partes, pero no en Islandia. Tienen un plato local parecido a la langosta, pero en realidad es un langostino (camarones grandes) y no una verdadera langosta. El mensaje allí es: “mantén tu langosta… no la necesitamos”».

Podrían haber también alusiones históricas a alguna reina —regina en latín— , o como sugiere el anterior texto, haberse tomado algunas referencias épicas o de las mitologías clásicas. ¿Y si se refiere simplemente al avión Regina, protagonista del vídeo? El avión está provisto de dientes y se dice with white teeth (“con los dientes blancos”). Y Johnny ser solamente una persona concreta a la que va a encontrar ese viajero/a. Puede ser una mezcla caprichosa y surrealista de elementos.

Aquí les tenemos. The Sugarcubes con el primer single de su segundo disco. Un tema divertido y de estribillo pegadizo. Einar Örn contribuyendo a la parte vocal y Björk con sus asombrosos gorgoritos…

 

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Montserrat Caballé: O mio babbino caro (Puccini)

Montse, Montserrat es un nombre muy nuestro, un nombre muy catalán, un nom molt català. Montse se llama mi hermana —que es un año y medio más joven que yo— y Montse se llamaba la madre de mi madre —que por cierto, fue madre soltera en unos tiempos muy difíciles y que acabó viviendo y muriendo en un pueblecito de Tarragona llamado Vallmoll— . Montse se llamaba y se llama una chica por la que estuve coladísimo en mis tiempos de estudiante de instituto —sí, aquel grupo de chicas que versionaban “a todas horas” canciones de Lluís Llach a la guitarra, lo expliqué hace tiempo— . Ha habido unas cuantas Montses en mi vida, de las que guardo un claro recuerdo.

Montserrat Caballé ha sido y es una artista muy nuestra, pero desde Barcelona —la que cantó junto a Freddie Mercury— se convirtió en una superestrella de la música para todos, para el mundo, y eso es lo grande y lo hermoso. Después de formarse e iniciar su carrera, el verdadero salto a la fama internacional lo dio al sustituir a la indispuesta soprano Marilyn Horne en el Carnegie Hall de Nueva York, un 20 de abril de 1965, para la representación de la ópera Lucrezia BorgiaLucrecia Borgia— , de Gaetano Donizetti.

«El diario The New York Times llegó a decir que su voz era una combinación de las de las legendarias Maria Callas y Renata Tebaldi»

(El País)

Me ha gustado mucho y me ha emocionado la forma en que TV3 ha relatado este crucial episodio de su carrera. Más o menos han venido a decir que los espectadores que ante el anuncio de que actuaría una “desconocida” soprano sustituta en lugar de Horne y que sin embargo decidieron no devolver la entrada y quedarse a ver el espectáculo no pudieron dar crédito a lo que escucharían y presenciarían. Pese a ya haberse proyectado, a todos los efectos ese día nacía un mito a nivel internacional.

«Tenía una voz tan increíble que le decías: “Montserrat, ¿cuándo vas a respirar?”»

(Plácido Domingo)

Me ha entristecido la noticia de hoy. Lo que no me entristece es pensar y saber que la belleza, el arte, la emoción y el sentimiento son atemporales y nos trascienden.

Podría poner aquí unas cuantas interpretaciones de la diva, y de hecho he estado escuchando y visionando algunos vídeos. Por ejemplo es absolutamente espectacular cómo canta el famosísimo y bellísimo Nessum Dorma del Turandot de Puccini, junto a Josep Carreras. Buff, eriza el vello, esta es sencillamente una de las cumbres del arte lírico de todos los tiempos. Pero nos centraremos en una pieza, y además nos centraremos en los principios de la carrera de la Caballé, sin tanta “parafernalia” y fama posteriores (pues existen por supuesto interpretaciones más recientes). Montserrat Caballé interpretando el O mio babbino caro, un aria de la ópera Gianni Schicchi (1918) de Giacomo Puccini. Año 1975, en el Liceo de Barcelona.

Los que quieran hacer la comparación pueden escuchar a Maria Callas interpretando la misma pieza. Acabo de escucharla y también me ha arrebatado los sentidos. Bellísima voz, aunque la voz de la Caballé es poderosísima y de una profundidad…

Por cierto, para los que se lo pregunten o se hayan fijado en el detalle, no se trata del vocablo bambino (en italiano “niño” o “bebé”), sino de babbino o babbo (“papá”). Así que en la rotulación del vídeo que viene a continuación hay un error o confusión.

«O mio babbino caro (“Oh, mi querido papá”)… La canta el personaje “Lauretta”, después de que las tensiones entre Schicchi y sus futuros suegros llegan a un punto de ruptura que amenaza con separarla de Rinuccio, el joven a quien ella ama. En la ópera, representa un contraste entre la expresión de la simplicidad lírica y la fusión de los amantes en un solo corazón, en medio de una atmósfera de hipocresía, celos, doble negociación y feudalismo en la Florencia medieval, en la única comedia de Puccini… ».

(Fuente: Wikipedia)

“No queda otra” que dejarse llevar por esta maravillosa melodía y este prodigio de voz…

O mio babbino caro,  Oh, mi querido papá,
mi piace, è bello, bello.  me gusta, es guapo, guapo.
Vo’andare in Porta Rossa  ¡Quiero ir a Porta Rossa
a comperar l’anello!  a comprar el anillo!
Sì, sì, ci voglio andare!  ¡Sí, sí, allí quiero ir!
e se l’amassi indarno,  ¡Y si le amase en vano
andrei sul Ponte Vecchio,  iría al Ponte Vecchio
ma per buttarmi in Arno!  pero para arrojarme al Arno!

Mi struggo e mi tormento!  ¡Me consumo y me atormento!
O Dio, vorrei morir!  ¡Oh Dios, querría morir!
Babbo, pietà, pietà!  ¡Papá, piedad, piedad!
Babbo, pietà, pietà!  ¡Papá, piedad, piedad!
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The 1975: Paris / A Change of Heart / The Ballad of Me and My Brain / Love Me

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En este blog la subjetividad, las sensaciones que me hace experimentar la música y las preferencias personales tienen un peso específico muy importante. Y la entrada de hoy va a ser otra clarísima muestra. Por cierto, un inciso: ¿qué “hoy”? “Hoy” para mí es el 21 de septiembre, momento en que empiezo a escribir este post. Pero me llevará unos cuantos días, lo sé. ¿El “hoy” para ti, momento en que lo leas (que ahora es futuro)? Pero bueno, tampoco importa demasiado. Sólo es una visión einsteniana del “ahora”, escurridizo, elástico y relativo.

La subjetividad… puedo escribir entradas en plan más o menos divulgativo, enciclopédico, aséptico, objetivo… no sé qué palabra se ajusta mejor, pero supongo que se me entiende. Incluso adoptando un estilo mucho más objetivo al explicar las cosas (y todo ello está muy bien, por supuesto). Relativamente no hay problema: con el artista o grupo en cuestión, con su historia, componentes, estilo, influencias, carrera, discografía… con el disco que se corresponda con los temas presentados. Sin embargo, y ahí quería llegar, cuando se trata de las canciones me es casi imposible mostrarme “neutral”. Suelo usar con generosidad los adjetivos y las apreciaciones personales. ¿Y por qué? Es muy obvio: porque las canciones siempre dejan en mí una impresión. Siempre me tocan la fibra, de muchas formas posibles. Y el post de “hoy” esta entrada va a demostrar esto una vez más.

best20161Cuando hice hace algún tiempo un ligero repaso a los mejores discos del 2016, me dejé en el tintero muchos nombres. Entre ellos, a este grupo y este disco. Así que esas impresiones van a cruzar esa invisible puerta de plata entre mi mundo interior y la materialización en algo tangible, convirtiéndose en un artículo.

The 1975 nacen en el 2002 en Manchester, una ciudad con muchísima historia musical. Son cuatro compañeros de clase que atienden a la Wilmslow High School. Ese año empiezan a tocar juntos como quinceañeros, y se inscriben en uno de los eventos organizados por dicha escuela bajo ese nombre.The 1975” está inspirado en un libro de poemas de Jack Kerouac. Ladies and gentlemen, ellos son…

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De izquierda a derecha en ambas fotografías: George Daniel (batería), Matthew “Matty” Healy (voz y guitarra rítmica), Ross MacDonald (bajo y teclados) y Adam Hann (guitarra principal). Aunque no lo especifique aquí, todos ellos tocan los teclados, sintetizadores o el piano en según qué temas, además de ayudar en las voces

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Por cierto que Matthew Healy es hijo del actor Tim Healy, que se hizo especialmente famoso con una comedia de los 80 titulada Auf Wiedersehen, Pet. Sobre las relaciones con su padre, Matty cuenta que…

«“You’re John Lennon”, he’d say, from the time I was six. He expected me to be a rock star. Mark Knopfler and Brian Johnson would occasionally come around so rock stars walked among us».

(Brian Johnson es el vocalista de los AC/DC)

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Un jovencísimo Matthew con su padre

El grupo saca cuatro EP, y el 2 de septiembre del 2013 debutan con un primer álbum homónimo. Seis días después, el disco se coloca en lo alto de las listas británicas de álbumes. Tuvieron que pasar tres años para que llegara su segundo larga duración: I Like It When You Sleep, for You Are So Beautiful yet So Unaware of It (“Me gusta cuando duermes, porque eres tan hermosa aunque tan inconsciente de ello”). Pero el público no se había olvidado de ellos: el nuevo trabajo se encarama otra vez a la primera posición de las listas británicas… y también de las norteamericanas, al mismo tiempo. Ahí es nada. No solamente eso: en el 2017 ganan el Brit Award como “Best British Group”. Y no solamente eso: la inmensa mayoría de medios especializados consideran el disco como uno de los mejores trabajos del 2016.

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The 1975 puede considerarse una banda de indie rock e indie pop, pero también de synth-pop, electropop, dance-rock o dance-pop. Su estilo y sus discos beben de muchas otras fuentes, así que no podemos quedarnos en la simplificación: funk, pop punk, soul… Influencias muchas, efectivamente. Entre las reconocidas: Talking Heads, Roberta Flack, D’Angelo, Boards of Canada, Sigur Rós, My Bloody Valentine, Michael Jackson, Prince… Pero también toda la “Black American music”, según palabras del propio Healy. Y también, esto vamos a percibirlo de forma clara, todo el pop-rock y muy especialmente el techno pop realizado en la década de los 80.

Como muy bien señala jenesaispop.com en una crónica, “el grupo ya puede presumir de haber sido número 1 a la vez en las listas de álbumes de Reino Unido y Estados Unidos”, algo que jamás consiguieron bandas británicas tan emblemáticas como Oasis, Arctic Monkeys, Franz Ferdinand o Blur. Para conocerles un poco mejor, ya que no entraré a desmenuzar sus discos, echemos mano de dicho artículo:

«El carisma sobre las tablas de Matthew Healy es una de las razones del éxito de este grupo, tan apto para la portada de una Smash Hits como de una NME. Su producto gusta a los adolescentes y es más o menos vendible a las revistas de moda, pero también divierten en los festivales que mezclan underground y mainstream anglosajón. Por momentos The 1975 parecen una boyband (…) pero hay tal cantidad de referencias en este álbum a la locura (‘The Ballad of Me and My Brain’) y al consumo de drogas (‘UGH!‘), en concreto a la cocaína, que como producto no es nada presentable en el zapato de los Reyes Magos ni en el calcetín de Papá Noel. Al fin y al cabo el disco empieza, como el anterior, con una intro sobre sexo oral… ».

¡Toma ya! Van fuertes estos chicos. Continúa dicha crónica soltando dos frases que son clave: “además, The 1975 son inquietos musicalmente” y “cuando The 1975 son buenos son bastante buenos”, refiriéndose a ese segundo disco que están analizando y a la brillantez de muchas de sus canciones (contiene 17 temas y fácilmente tenemos una decena a gran altura).

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MacDonald, Daniel, Healy y Hann

Desgranemos un poco esas afirmaciones. Lo de la inquietud musical es una alusión directa a las variadísimas influencias que se perciben en sus canciones, punto ya señalado y sobre el que vuelvo en breve. Que parecen una “boyband” por momentos… es cierto, pero creo que sería un error verlos como un mero producto de marketing manufacturado para arrasar y vender entre el público adolescente. Lo cierto es que parecen tener mayoritariamente un público jovencísimo y adolescente, que les ha acogido con los brazos abiertos. Pero no creo que su aceptación se limite a esa franja de edad, para nada: a mí me han llamado la atención y me gustan, y se supone que a muchos más adultos. Tenemos la propia juventud de los integrantes de la banda, y que es una cuestión en parte generacional (aunque ya no son unos críos, Healy tiene ahora 29 años). Y esto conecta con otro punto importante: las letras de sus canciones hablan de temas como la adicción a las drogas, el suicidio entre los adolescentes, el sexo, la desorientación y aparente falta de rumbo, o de valores: la crisis en este sentido. También se habla de las nuevas tecnologías y de internet, de todo este mundo en que la juventud está mayoritariamente inmersa y que ya ha cambiado la forma en que las personas se relacionan y comunican. Arrasan entre el público más joven… pero eso por sí solo no justificaría su enorme éxito, mucho menos que la crítica les alabe. Este no parece el caso de un grupo de chicos jóvenes lanzados al estrellato mediático pero con discutibles méritos musicales, sino más bien diría todo lo contrario: aquí parece haber bastante talento y un enorme background musical, lo cual no tiene por qué estar reñido con el éxito (ni este parámetro despistarnos sobre ese talento).

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El citado medio musical también nos ilustra sobre las inquietudes reflejadas en las letras del grupo:

«Si su nuevo disco se llama ‘A Brief Inquiry Into Online Relationships’, este nuevo tema es exactamente eso, una “breve reflexión sobre las relaciones en internet”. (…) Matt Healy clama que la “modernidad nos ha fallado”. Sobre esta frase (…) se levanta una canción que menciona problemas como la adicción a las drogas, la brutalidad policial o los combustibles fósiles (…) con la indiferencia con la que los seres humanos consumimos buena parte de las noticias hoy en día, que es mediante titulares que un algoritmo ha buscado por nosotros. La misma indiferencia con la que las redes sociales han convertido la crueldad en la máxima unión humana (ese “fuck your feelings!”) y la verdad en un mero “rumor”. Healy no puede sino llegar a la conclusión que lo único que nos queda es la “decadencia”».

Efectivamente, la banda publica nuevo álbum en las próximas semanas, y está adelantando algunos cortes.

Que sacaran un disco excelente y que la crítica lo señalara entre lo mejor del 2016 es ya de por sí una poderosa razón para escribir una entrada sobre The 1975. Pero debo confesar que todavía hay una razón que ha pesado más para mí: la canción Paris. Me parece un tema extraordinariamente bonito y dulce. Y esta es la parte que conecta con lo de la subjetividad y el cómo te afectan las canciones. Debemos volver al asunto de las influencias para señalar algo “sorprendente”: la cadencia del tema y el ritmo imprimido por el bajo —más que la melodía principal— recuerdan poderosamente al Every Breath You Take de The Police. También vagamente al Only You del grupo Yazoo. Paris se sustenta por otra parte en un magnífico colchón a base de sintetizadores, un loop, y en unos arreglos muy acertados. Y hablemos de Matthew Healy: sí, parece tener una fuerte personalidad, mucho carisma y tablas pese a su juventud. Vi este vídeo hace ya varios meses y me cayó automáticamente genial este chico: por ese amaneramiento que tiene, más que al cantar al moverse, por ese aire que se da donde mezcla desenfado y comicidad. Leo con posterioridad en un reportaje que se declara un “sexually confused Edward Scissorhands”Lo repito: me parece una canción preciosa. Aunque esa belleza se vuelve agridulce si nos vamos a la letra; adjunto mi propia traducción (algunos giros, para alguien no angloparlante, no son fáciles). El consumo de drogas flota ahí en el trasfondo de esa historia. Que la disfrutéis. Paris

She said “hello”, she was letting me know  Ella dijo “hola”, me estaba haciendo saber
We share friends in Soho  Que compartimos amigos en Soho
She’s a pain in the nose  Ella es un incordio (1)
And I’m a pain in women’s clothes  Y yo un desastre en ropas de mujer
And you’re a walking overdose in a great coat  Y tú eres una sobredosis andante en un gran abrigo
And so she wrote a plan for it on the back of a fag packet  Así que ella escribió un plan a tal efecto en el reverso de un paquete de cigarrillos
She had to leave because she couldn’t hack it  Tuvo que dejarlo porque no podía lidiar con ello
Not enough noise and too much racket  No suficiente ruido y demasiado jaleo 
I think I’ve spent all my money and your friends, oh  Creo que he usado todo mi dinero y tus amigos, oh
But how I’d love to go to Paris again  Pero cómo me gustaría ir a París otra vez
Oh, how I’d love to go to Paris again  Oh, me encantaría volver a París otra vez
Mr. Serotonin Man, lend me a gram  Señor Serotonina, présteme un gramo (2)
You call yourself a friend?  ¿Y tú te llamas a ti mismo “amigo”?
I got two left feet and I’m starting to cheat  Tengo dos pies izquierdos y he empezado a engañar
On my girlfriend again  A mi novia otra vez
I caught her picking her nose  La pillé hurgándose la nariz
As the crowd cheered for an overdose  Mientras la multitud animaba para una sobredosis
And I don’t suppose you know where this train goes  Y no creo que sepas adónde lleva este tren
There was a party that you had to miss  No tuviste más remedio que perderte una fiesta
Because your friend kept cutting her wrists  Porque tu amiga intentó de nuevo cortarse las muñecas
Hyperpoliticized sexual trysts  Hiperpolitizadas citas sexuales
“Oh, I think my boyfriend’s a nihilist”  “Oh, creo que mi novio es un nihilista”
I said “Hey kids we’re all just the same  Dije “hey, chicos, somos todos iguales,
What a shame”  Qué vergüenza”
And how I’d love to go to paris again  Y cómo me gustaría ir a París otra vez
And how I’d love to go to Paris again  Y me encantaría volver a París otra vez
Oh stop being an asshole  Oh, basta de ser un idiota
And counting my eye rolls Y de contar cúantas veces pongo los ojos en blanco (3)
They’re like piss holes in the snow  Los tengo hundidos de la borrachera (4)
Uh oh  Uh Oh
Keeping a tab on my health  Llevando un control de mi salud
Man you putting me up on a shelf  Tío, me estás dejando al margen
Well I’ll believe you’re clean  Me creeré que estás limpio (sin drogas)
But only by seeing your face for myself  Solo si veo tu cara por mí mismo
And then she pointed at a bag of her dreams  Entonces ella señaló el bolso de sus sueños
In a well posh magazine  En una revista muy elegante
I said “I’m done, babe. I’m out of the scene”  Dije “He terminado, baby. Ya no estoy en esa movida” (5)
But I was picking up from Bethnal Green  Pero estaba pillando (drogas) en Bethnal Green (6)
She said I’ve been romanticizing heroin  Ella dijo “He estado fantaseando con la heroína”
And oh how I’d love to go to Paris, to Paris again  Y oh, cómo me gustaría ir a París otra vez, a París otra vez
And how I’d love to go to Paris again  Me encantaría volver a París otra vez
And how I’d love to go to Paris again  Me encantaría volver a París otra vez
And how I’d love to go to Paris again  Me encantaría volver a París otra vez

(1) A pain in the arse/the ass/the neck: Se dice de alguien cuando es un incordio, una persona molesta e irritante, un coñazo. A pain in the nose podría ser una variante o, literalmente “una molestia en la nariz”, lo cual podría ser una referencia indirecta al consumo de cocaína u otras drogas.

(2) Mr. Serotonin Man, lend me a gram: Existió un cuarteto femenino estadounidense, llamado The Chordettes (música tradicional popular, cantaban a capella usualmente), que en uno de sus más famosos temas dicen “Mr Sandman, bring me a dream”. Podría ser un guiño a este verso, y puede estar refiriéndose casi con toda probabilidad a alguien que suministre drogas, a la alteración del equilibrio químico y de sustancias como la serotonina.

(3) Eye roll/eye rolling/roll the eyes significa poner los ojos en blanco, entornar los ojos, mirar hacia arriba usualmente para expresar incredulidad, disgusto, incomodidad o cualquier reacción de carácter negativo. Como una imagen vale más que mil palabras, aquí tenemos una clara demostración en este divertidísimo vídeo.

(4) Piss holes in the snow significa literalmente “agujeros de una meada en la nieve”, y se aplica a una persona cuando tiene los ojos hundidos debido a una noche de juerga o de borrachera, usualmente sin dormir. O sea, tener muy mal aspecto a causa de esa juerga o de tener resaca. La expresión se usa para otras cosas que implican tener mala apariencia.

(5) Se refiere al consumo de drogas.

(6) Bethnal Green es un distrito de Londres. Según algunas fuentes, un barrio de los más peligrosos de la ciudad, con delincuencia y tráfico de drogas. La mayoría de sus habitantes son inmigrantes procedentes de Bangladesh, y se da el grave problema de que muchos jóvenes de esta etnia consumen drogas.

Diversas tesis discuten el significado global de esta letra, pero parece bastante claro que se habla de una chica adicta a la cocaína y de las adicciones propias. “París” podría ser una metáfora o un eufemismo, no se sabe si de un tiempo feliz antes de caer en la adicción, o justamente todo lo contrario, de un período en que el protagonista lo pasó muy bien porque consumía drogas. Éstas parecen ser las protagonistas de la canción, y una serie de personajes con estilos de vida viciados. No es de extrañar que algunas personas digan que, pese a ser un tema melódicamente muy bonito, su letra es depresiva y deprimente.

Y hablando de cosas bonitas… aquí tenemos otro tema del mismo disco absolutamente irresistible, a mi juicio precioso. Qué magnífica sonoridad a base de sintetizadores, y es que aquí se notan todas esas influencias de los grandes grupos de techno: Depeche Mode, Heaven 17, OMD, Yazoo, Erasure… Incluso de grupos más actuales como M83 o los Daft Punk.

Pero es una belleza de nuevo totalmente agridulce, teñida de tristeza. Porque la letra habla de una ruptura, un desengaño y una despedida. Habla del fracaso en una relación. Veamos algunos versos para constatar que es así:

For goodness sake  Por el amor de Dios
I wasn’t told you’d be this cold  Nadie me dijo que serías tan fría
Now it’s my time to depart and I just had a change of heart  Ahora es hora de que me vaya, simplemente cambiaron mis sentimientos
(…)
And she said, “I’ve been so worried about you lately  Y ella dijo “He estado preocupada por ti últimamente
You look shit and smell a bit  Te ves hecho una mierda y hueles un poco
You’re mad thinking you could ever save me  Estás loco si piensas que alguna vez podrías salvarme
Not looking like that”  No con esa pinta”
You used to have a face straight out of a magazine  Tenías una cara que parecía sacada directamente de una revista
Now you just look like anyone  Ahora tan solo pareces cualquier persona
I just had a change of heart  Simplemente mi corazón ha cambiado

Vi este vídeo hace ya unos meses y me llamó la atención, me gustó; pero no pasó de ahí. Es ahora, al volver a él después de un tiempo —debo ser de efectos retardados— que me doy cuenta de que probablemente hace muchos meses que no veo un vídeo tan bonito y entrañable. Como tengo en el fondo un corazoncito sensible voy a decirlo: oh, qué maravilla la coreografía que se marcan los dos protagonistas. Cúanta ternura y cúanta inocencia se reflejan en esta pequeña historia. Es el propio Healy el que encarna a un payaso triste, junto a una bailarina que hace de partner (que no es otra que la coreógrafa del vídeo, Katie Collins). Según explicaciones de Healy, el vídeo es un homenaje a la película I Clowns de Federico Fellini (del año 1970). Pero también a Charles Chaplin, cómo no, a Gene Kelly y al Moonwalker de Michael Jackson. Y al mimo y el cine mudo en blanco y negro, obvia decir. A los chicos de The 1975 y al director del vídeo, Tim Mattia, les ha quedado una pequeña obra maestra. Hay que observar con atención la interacción entre ambos personajes y los detalles para preguntarse cómo acabará la historia, si bien o mal. En cualquier caso, ésta es la combinación tema-vídeo…

Oigámosles en otros registros y metámosle caña a esto. Se ha hablado de drogas y de suicidio, pero ahora la cosa se va a poner seria musicalmente hablando, porque se acabó la dulzura melódica pop que degustábamos en los dos anteriores temas. Me parece un absoluto temazo el que viene a continuación, The Ballad of Me and My Brain. Atención a la estructura del tema, a su contundencia e intensidad: el piano, el bajo, la batería… Es un tema a medio camino de la balada que podría haber firmado perfectamente Prince en cualquiera de sus mejores álbumes. O en otras palabras, este tema tiene fuertes ecos de algunos momentos del Sign o’ the Times. En esta canción Healy deja que nos asomemos a un inquietante abismo: el de la locura, con un tono entre sarcástico y humorístico. De los varios vídeos posibles, escojo esta actuación en el Madison Square Garden, porque estos chicos suenan contundentes e impecables (con auriculares y el volumen alto, aún mejor). Letra y traducción a continuación…

And well, I think I’ve gone mad  Bien, creo que me he vuelto loco
Isn’t that so sad?  ¿No es una verdadera pena?
And what a shame you’ve lost a brain that you never had  Y qué vergüenza, has perdido el cerebro que nunca tuviste
Oh mum check the car it can’t have gone far  Oh, mamá, mira en el coche, no puede haber ido muy lejos
I must have left it on a train or lost in a bar  Debo haberlo dejado en el tren o perdido en un bar
It’s likely in a Sainsbury’s  Es probable que esté en un Sainsbury’s (1)
Flirting with the girls and waiting for me  Ligando con las chicas y esperándome
I jumped on a bus, declared my name  Salté a un autobús, dije mi nombre
And asked if anybody’s seen my brain  Y pregunté si alguien había visto mi cerebro
Your brain was last seen going for a run  La última vez que fue visto fue dando una vuelta
And would you sign an autograph for my daughter Laura?  ¿Y me firmarías un autógrafo para mi hija Laura?
‘Cause she adores you  Porque ella te adora
I think you’re shit  Yo creo que eres una mierda
I’ve gotta look for my brain for a bit!  ¡Tengo que buscar mi cerebro durante un rato!
I stepped outside, it hurt my eyes  Salí afuera, me dolían los ojos
Well what do you expect when you’ve got no mind!  Bien, ¡qué esperas cuando no tienes mente!
I searched all day it drove me insane  Lo busqué durante todo el día, me desquició
Where would I be if I was my brain?  ¿Dónde estaría si fuera mi cerebro?
The nice nurse told me said she felt my pain  La amable enfermera me dijo que podía sentir mi dolor
But couldn’t find a single trace of my brain  Pero no pude encontrar el más minímo rastro de mi cerebro
Oops I did it again started playing  Ups, lo hice otra vez, empecé a jugar
Forget my brain, remember my name  Olvida mi cerebro, recuerda mi nombre

(1) Sainsbury’s es la segunda cadena de supermercados en el Reino Unido. La sede central está en Londres.

¿Alguien se acuerda del tema Make Me Feel de Janelle Monáe? Si esta artista y este tema recordaban poderosamente con esos guitarrazos al Kiss principesco, Healy y sus colegas casi llevan el asunto más lejos. Enorme riff de guitarra, enorme tema preñado de funk y que afortunadamente rescata el espíritu del de Minneápolis. Healy se convierte en una reencarnación de Prince, y de hecho la totalidad del vídeo es un tributo: descamisado, pantalón de cuero negro, ese pelo rizado, el desparpajo, el funk, esa guitarra, las bailarinas. Enorme gancho del tema que sería escogido como el primer single de ese LP. Y una clara muestra de la gran versatilidad de estilos de esta banda. El mérito en buena parte está en esa fusión a medio camino con el pop y con la música bailable. Para ser justos… ¿sabéis también a quiénes me recuerdan poderosamente? A los australianos INXS y por supuesto su Need You Tonight. Cómo no, este Love Me me enganchó a la primera. Me enganchó en tres segundos…

Y aquí viene un quinto tema, por sorpresa. Este es el bonus track, el hidden track de esta entrada, porque “no aparece en los créditos”. Este Give Yourself A Try ha aparecido hace pocas semanas como adelanto del nuevo álbum, ya mencionado: A Brief Inquiry Into Online Relationships. Si Adam Hann ya demostraba que es un excelente guitarrista en este Kiss Love Me de The 1975, en el tema que viene a continuación le da a la guitarra como un poseso, en un riff inacabable que se mete (afortunadamente) en la cabeza: brutal. Otra vez: temazo. Otra vez: me enganchó sin pestañear, me dejaron con un excelente sabor de boca. Este tema es todo un frenesí guitarrero. Me atrevería a decir que si, por ejemplo, The Smiths, The Housemartins o Joy Division siguieran haciendo música en el 2018, podrían sonar exactamente así, o muy parecido. De hecho algunas opiniones sostienen con muy buen criterio que este tema apunta directamente al Disorder de Joy Division. También se ha dicho que es un cruce entre The Strokes y The Cure.

La letra de nuevo está plagada de guiños generacionales, de reflexiones dirigidas hacia —pero no exclusivamente—  los millennials (jóvenes nacidos a partir de los 80, la generación digital). Otra vez menciones a las drogas y al suicidio entre los adolescentes. Algunos extractos:

I found a grey hair in one of my zoots  Encontré un cabello gris en uno de mis cigarrillos de marihuana
Like context in a modern debate, I just took it out  Como contexto en un debate moderno, simplemente lo saqué de ahí
The only apparatus required for happiness is your pain and fucking going outside  El único aparato que necesitas para ser feliz es tu dolor y follar al salir por ahí
And getting STDs at 27 really isn’t the vibe  Y coger una enfermedad de transmisión sexual a los 27 realmente no mola (1)
Jane took her own life at 16  Jane se quitó la vida a los 16 años
She was a kid who had the box tattooed on her arm  Era una cría que llevaba tatuado el ataúd en el brazo
And I was 25 and afraid to go outside Y a los 25 yo tenía miedo de salir a la calle
A millennial that baby-boomers like  Un millennial de esos del baby boom
(…)
And what would you say to your younger self?  ¿Y qué le dirías a tu yo más joven?
Growing a beard’s quite hard  Dejarse crecer barba es bastante difícil
And whiskey never starts to taste nice  Y el whisky nunca empieza a saber bien
And you’ll make a lot of money, and it’s funny  Y harás un montón de dinero, y (eso) es divertido
‘Cause you’ll move somewhere sunny and get addicted to drugs  Porque te irás a vivir a algún lugar soleado y te harás adicto a las drogas

(1) STD son las siglas de “sexually transmitted disease”.

Es curioso cómo un grupo que me pasó casi desapercibido y al que no presté demasiada atención me ha acabado enganchando tanto. Como mínimo algunos de sus temas. Supongo que debería decir que “en teoría” me gustan más los grupos y los sonidos más rockeros, con más protagonismo de las guitarras eléctricas, pero es justo decir que los temas presentados están muy bien. Parece que estos chicos son bastante o muy buenos. Parece que tienen bastante o mucho que decir. Una última consideración para cerrar el chiringuito por “hoy”: mi primera intención estaba “clarísima”, escribir una entrada únicamente sobre el tema Paris. Y sin embargo…

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Spoon: Hot Thoughts / I Ain’t The One / WhisperI’lllistentohearit

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Vaya por delante una preciosa, colorida y original portada de disco para volver a escribir después de unos cuantos días. La gran portada del álbum Hot Thoughts del grupo Spoon

El universo del denominado indie, a nivel musical —pop, rock, etc….— es realmente inmenso. Es materialmente imposible estar razonablemente “al día” o tan siquiera conocer muchísimos nombres —y escuchar sus trabajos, ése es el quid—, pues los artistas y las formaciones son literalmente miles y miles. En ese incansable afán de mantener los radares operativos y de ampliar horizontes, hace un tiempo me hice con los trabajos Transference (2010) y They Want My Soul (2014) de esta banda, pero pese a irlos escuchando tampoco les presté excesiva atención. Hasta estos días y hasta este reciente trabajo —Hot Thoughts (2017)—, ya que me pregunté qué tal le estaría yendo a esta formación.

Spoon nacen en Austin, Texas, en 1993. Son el cantante, guitarrista y líder de la banda Britt Daniel y el batería Jim Eno los que fundan el combo y publican su álbum de debut bajo el formato de trío en 1996.

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La formación actual es un cuarteto. De izquierda a derecha: Alex Fischel (teclados, piano, guitarras… ), Britt Daniel (voz, guitarra, teclados… ), Jim Eno (batería, percusiones… ) y Rob Pope (bajo, guitarra, teclados… )

Hasta el 2017 contaban con el teclista y guitarrista Eric Harvey, que dejó la banda, aunque el baile de componentes ha sido más movido a lo largo de estos años. Para sus actuaciones en directo ahora se apoyan en un quinto componente, Gerardo Larios, a los mismos instrumentos (es quien aparece en el vídeo final).

La banda goza de una excelente reputación entre la crítica, y han ido cosechando un creciente éxito entre el público. Este último trabajo es ya su noveno disco, donde introducen una serie de cambios fundamentalmente en la instrumentación y el sonido, y miran hacia otros estilos aún no explorados. Me convencen totalmente las referencias que nos da jenesaispop.com; es una buena síntesis para hacerse una idea de esta banda:

«El grupo ya no se acuerda de los días en que vendía cuatro copias de sus discos, ahora los coloca en el top 5 americano, y tiene la crítica a sus pies, aunque nunca haya logrado la repercusión comercial de unos Radiohead o unos Alabama Shakes. A pesar de esta desventaja, la opinión general sobre Spoon es que es uno de los grupos más consistentes en activo ahora mismo en Estados Unidos, si no el que más. Al contrario que el excelente ‘They Want My Soul’, un álbum introspectivo y contenido, de tonos más bien sombríos, ‘Hot Thoughts’ es un trabajo colorido, exuberante y explosivo en arreglos, que bebe -siempre desde las fórmulas del rock- de la música disco y funk tanto como del rock’n roll y el rhythm and blues clásico y en el que los sintetizadores en particular toman un protagonismo hasta ahora inédito en el repertorio del grupo. (…) En ‘Hot Thoughts’, la electrónica abre mil posibilidades para el futuro del grupo».

Por cierto que el nombre del grupo lo escogieron para rendir homenaje a la banda germana de krautrock y rock experimental Can, ya que uno de los hits de este grupo de los 70 se titulaba precisamente Spoon. Y aunque el nombre Can tenía otras significaciones y no venía del inglés, curiosamente podemos decir que can entre muchas otras cosas significa lata. Así que ya tenemos la lata y la cuchara, de momento. Los chicos de la cuchara, por su parte, han sido comparados a bandas como Radiohead, y su líder admite clarísimas influencias de Bowie y Prince en este disco, así como del funk, la música disco y el pop rock hecho en los 80. Y se nota.

Vamos con el tema que abre el disco y que le da nombre. Daniel explica en una entrevista a NME que la inspiración le vino de una curiosa situación. Hallándose con su novia en el popularísimo barrio tokiota de Shibuya, un extraño personaje se acercó para “tirarle los trastos” a su chica:

“It was actually my girlfriend who inspired the first lyrics for ‘Hot Thoughts’. Last spring some guy who barely spoke English came up to her in Shibuya (Japan) and told her she had beautiful teeth, her teeth were so white and they shined so bright. I just thought this was a very courageous and original way to hit on my girlfriend”.

Se trata a mi juicio de un gran tema. Han tenido que pasar semanas para que me enganche, pero realmente la parte instrumental es magnífica y muy pegadiza. Además, nótese el inmenso detalle —nada menor— de que estos señores, después de presentarnos la canción en la primera estrofa, se embarcan y nos embarcan en una auténtica espiral a base de guitarrazos. Y lo hacen por tres veces a lo largo de la canción. Uau, chapeau, sin duda alguna solo me queda decir que eso demuestra su talento y que la intensidad es una de sus señas de identidad. Me quedo con este increíble vídeo en directo porque se acercan asombrosamente a la nitidez del sonido de estudio…

¿Y el resto del disco? Pues contiene algunas excelentes canciones, algunas de ellas auténticos hits en potencia. Pero destacaré dos en concreto. El primero de ellos, I Ain’t The One, un temazo en formato balada. La voz algo rasgada de Daniel y esos teclados tomando gran protagonismo; pero no es una balada con exceso de azúcar, sino que tiene consistencia y va creciendo. Una vez más, el gancho para el oyente me parece muy claro…

Y finalmente WhisperI’lllistentohearit (que es Whisper I’ll listen to hear it escrito todo junto), otro tema donde la intensidad es evidente. Atención a ese inesperado cambio de ritmo. A mí me suena a muchas grandes canciones de los 80. Otro tema que ha captado mi atención…

Y hasta aquí este breve repaso al último disco de los chicos de la cuchara y a sus pensamientos calenturientos

Hot thoughts melting my mind
Could be your accent mixing with mine
You got me uptight, twisting inside
Hot thoughts all in my mind and all of the time, babe

En un show mainstream, presentándose de forma más “comedida” pero sin perder casi esa intensidad (las espirales)…

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Three Billboards outside Ebbing, Missouri: Last Rose of Summer / Suite / Buckskin Stallion Blues

Su hija fue violada y asesinada. El cuerpo, quemado y abandonado. Jamás se encontró al asesino y violador, jamás se resolvió el caso y la investigación quedó aparcada en un punto muerto, sin pruebas concluyentes ni pistas que ayudaran a desencallar el caso… Ante estas durísimas circunstancias, Mildred Hayes (Frances McDormand), residente en Ebbing, decide alquilar tres vallas publicitarias que están en desuso en las afueras de esta pequeña población de Missouri para intentar llamar la atención sobre este feminicidio no resuelto. La violación y asesinato de su hija, Angela…

Estas son las premisas argumentales con las que arranca la película estrenada en septiembre del 2017 Three Billboards outside Ebbing, Missouri, titulada en España Tres anuncios en las afueras. Tres anuncios, sí, pero no tres anuncios cualesquiera…

RAPED WHILE DYING  Violada mientras moría

“AND STILL NO ARRESTS?  ¿Y todavía no hay arrestos?

HOW COME, CHIEF WILLOUGHBY? ¿Cómo es posible, por qué, jefe Willoughby?

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Seguramente lo habréis intuido, pero, ¿hace falta decir que estamos ante una gran película? ¿Ante un drama intenso y emotivo? Es cierto, tal y como apuntan algunas críticas que he leído hace unas horas, el guion puede calificarse de algo flojo, y según este punto de vista, de manifiestamente mejorable. O, tomando otras valoraciones y si no somos tan duros, podemos afirmar que el guion tiene ciertos baches y ciertos momentos y elementos algo forzados. Pero si valoramos la película en su conjunto, el film tiene muchas otras virtudes que hacen olvidar y casi ignorar esta flojera, de forma que este punto débil no sea importante ni impedimento para que efectivamente estemos ante un film bastante notable.

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No voy a entrar en un análisis a fondo sobre esta cuestión del guion y de las debilidades y fortalezas de la película, pero si a alguien le interesa por ejemplo se desmenuzan en este artículo. Como tampoco es mi intención lanzarme a la fastidiosa tarea de destripar todo el argumento y quitarle toda la gracia y el elemento sorpresa. Pero algunas claves sí que voy a mencionar —aviso—, y hay una que para mí enlaza directamente con esta cuestión del guion: no estamos ante uno precisamente convencional o previsible; no estamos ante el típico thriller al que podamos ponerle la etiqueta “crimen resuelto gracias a una espectacular y brillante investigación, que dejará a los espectadores boquiabiertos y totalmente satisfechos”. No. De hecho, tan terribles crímenes no se esclarecen y el film se cierra con las investigaciones varadas en el mismo punto.

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Mildred Hayes (Frances McDormand) y Jason Dixon (Sam Rockwell)

Pero como decía antes, la película tiene muchos otros elementos que la hacen interesante y con altas probabilidades de tenerte “pegado a la butaca” y totalmente pendiente de la trama. Y entre estos están sin duda las brillantes interpretaciones de todos los actores y actrices, no solamente del trío protagonista: Frances McDormand, Woody Harrelson y Sam Rockwell.

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Woody Harrelson y Frances McDormand

Baste decir que la película ha cosechado numerosos premios y nominaciones, entre ellas a los Oscar. McDormand está absolutamente soberbia y sobrecogedora y se llevó merecidamente el Oscar a la mejor actriz. Pero es que Rockwell se llevó también la estatuilla, como mejor actor secundario. No sé qué decir de él… si McDormand está increíble, Rockwell está que se sale y tanto su interpretación como la evolución de su personaje se meten al espectador en el bolsillo. El caso es que quien vea la película va a empatizar totalmente con ambos personajes, pese a representar carácteres tan distintos y opuestos (otro gran logro del film).

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Hablemos del personaje encarnado por Rockwell y de su estrecha relación con ese guion tan atípico. Ya de entrada Mildred Hayes se encuentra con la oposición casi total de los habitantes de Ebbing, principalmente por señalar como directo responsable de la inoperancia policial en una de las vallas al sheriff Bill Willoughby, muy querido en el pueblo. Digamos que el cuerpo de policía de dicha población es un tanto “peculiar”: racistas, homófobos, acomodados en sus puestos, ocupados en nimiedades, y con la típica chulería y arrogancia del “aquí mando yo y se hace lo que yo diga”. Pero la cosa va a empeorar cuando el agente Jason Dixon —Rockwell—cobre mayor protagonismo. Dixon es aparentemente mala persona y mal policía; racista, alcohólico, violento, frustrado e intolerante. Pero él va a aportar claramente un nuevo elemento disruptivo a la trama, al no avanzar ésta en lo que se refiere a la resolución del caso. Por la citada evolución del personaje. Un ser como decíamos bastante despreciable y violento, que se acaba ganando a pulso que le expulsen del cuerpo de policía. En un momento dado entra en la comisaría de noche a recoger algo importante (no explicaré más). Coincide este hecho con otra circunstancia, y estamos para mí ante el punto álgido de la película: Mildred, harta de la incompetencia policial y además del rechazo, maltrato recibido y las malas praxis de estos funcionarios, decide incendiar la central de policía lanzándole varios cócteles Molotov. Encima, otro detalle clave, algún desalmado ha prendido fuego a su vez a sus tres vallas publicitarias. Está furiosa. Lo que no sabe es que Dixon está dentro de la comisaría en esos momentos.

“Mildred llama por teléfono una y otra vez a la estación para asegurarse de que no hay nadie dentro y Dixon no escucha las llamadas —lleva unos auriculares, está escuchando música y leyendo una carta—. Durante ese minuto de lectura, el hombre más violento, irascible e impulsivo de la cinta, se transforma en una persona pausada. El cuarto cóctel Molotov entra por la ventana y saca a Dixon de su momento de iluminación. Está rodeado de fuego y no tiene por dónde salir, pero su primera acción es poner a buen resguardo el archivo del caso de Angela Hayes, la hija de Mildred. Lo protege y salta por la ventana; sufre fuertes quemaduras, pero el archivo está a salvo. Puedo estar equivocado, pero este es el punto más alto de la película, la transformación de un mal policía y pésima persona en alguien de bien, o al menos con un matiz que hasta ese momento no nos habían mostrado, al punto de poner en riesgo su integridad física para ayudar a otros”.

La escena es tremenda. A partir de ahí, después de escapar de una muerte segura entre las llamas, esa “pésima persona” protagonizará un cambio y una especie de redención. Se da cuenta de lo cabronazo que ha sido hasta ese momento; se da cuenta de que lo único verdaderamente decente y valioso es intentar ayudar a los demás; se da cuenta de que en el fondo lo que quiere es ser un buen policía, y que sus frustraciones se lo han impedido hasta el momento…

He “destripado” mucho el argumento —mis disculpas— , pero no lo he explicado todo, ni muchísimo menos.

Hablemos de la banda sonora, porque me llamó la atención inmediatamente. La película se abre con una escena donde vemos esas vallas semiabandonadas, mientras suena de fondo el primer gran tema de la cinta: se trata de The Last Rose of Summer.

The Last Rose of Summer es un poema escrito por el poeta irlandés Thomas Moore en 1805. Se asoció a una melodía tradicional transcrita a finales del siglo XVIII, y ambos fueron publicados juntos en 1813 como parte de unos volúmenes titulados A Selection of Irish Melodies, del propio Moore. Dicha melodía y poema fueron objeto de atención de numerosos compositores clásicos, que la incluyeron en distintas obras o hicieron variaciones. Algunos tan conocidos como Beethoven, Mendelssohn, Hindemith o Britten. En cuanto a la música popular, ha sido adaptada o versionada por un sinfín de artistas, desde Bing Crosby a Tom Waits, pasando por Clannad o Judas Priest.

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El disco de la banda sonora, que corre a cargo del compositor Carter Burwell

En cuanto a la versión que se oye en la película, corresponde concretamente a la adaptación que hizo el compositor alemán Friedrich von Flotow, que la convirtió en el aria Letzte Rose incluida en su ópera Martha (1847). La interpretación corre a cargo de la soprano Renée Fleming, con la English Chamber Orchestra dirigida por Jeffrey Tate. Sobrecogedor, hermoso y apropiadísimo para arrancar la película. Si las imágenes y la trama me iban a atrapar, la banda sonora ya lo hizo antes…

Como tema principal tenemos esta Suite, muy hermosa y emotiva también. En este vídeo en concreto han fusionado cuatro de los temas cortos que van sonando en el film, que de hecho son variaciones de la misma melodía…

Por ejemplo, aquí tenemos una de las partes, el tema Mildred Goes to War

Otro de los temas destacados de la película es The Night They Drove Old Dixie Down —aunque no lo he incluido en el título de la entrada para no alargarlo más— interpretado por Joan Baez. Es una canción compuesta por Robbie Robertson, de su época en el mítico grupo canadiense The Band. El tema salió en el segundo álbum de The Band, y la parte vocal iba a cargo de Levon Helm. Joan Baez, gran voz, magnífica…

Para finalizar este repaso, aquí tenemos Buckskin Stallion Blues, que suena dos veces en el film. La primera en voz del que fuera su autor, Townes Van Zandt, y la segunda, la que oiremos aquí, a cargo de Amy AnnelleVan Zandt, fallecido en 1997, fue un cantante y songwriter de country, folk y blues. Su vida no fue nada fácil, subsistiendo en moteles baratos, casuchas o cabañas, en austeras condiciones materiales, además de sufrir diversas adicciones durante toda su vida, alcoholismo e incluso un trastorno bipolar. Su obra sería difundida por los grandes del country, como Emmylou HarrisWillie Nelson o Merle Haggard

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Conocía ya a Van Zandt de nombre. Le conocía porque cuando escribí una entrada sobre el fantástico tema Guitar Town de Steve Earle, recuerdo que el detalle hizo mella en mí: Earle aprende a tocar la guitarra a los once años, a los trece se presenta a un concurso en la escuela y se dice que a los catorce años se va de casa en pos de su ídolo de juventud y gran referente musical, que no es otro que… Townes Van Zandt.

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(Steve Earle con Townes Van Zandt en la década de los 90)

“El gran valor de Tres anuncios en las afueras es, sin lugar a dudas, sus personajes. La historia no es nada del otro mundo, un Mystic River a lo 2017, pero sus personajes son los que sostienen todo. Son los que mantienen y dan sentido a las contradicciones de dirección de McDonagh. Y las contradicciones no tienen por qué ser negativas. (…)

Golpes de efecto que mantienen despierto al espectador en una película lenta y, por momentos, áspera. Áspera y dulce; agria y apetecible; amarga y sedienta. Contrastes que te despiertan, actores que te succionan; trama que te engancha aunque no te lleve a nada. Porque esta es la clave, la nada. (…)

McDonagh escribe un guion brutal donde se entremezcla todo, pero nada ocupa más que lo otro. Dolor, esperanza, amargura, rabia, humor, moralidad y amor… De lo sencillo, McDonagh llega a lo complicado, a lo difícil, a lo peor del ser humano, pero a la vez a lo mejor. Un guion cargado de contradicciones perfectas”.

(Crítica en El Mundo)

“Martin McDonagh mantiene su vocación de autor insólito en Tres anuncios en las afueras. El pueblo de la América profunda en la que se desarrolla, el ambiente, los personajes y el tono recuerdan inevitablemente a Fargo, aquel espléndido invento de los hermanos Coen. Aquí, narra la odisea de una mujer reivindicativa, comprensiblemente implacable y vengativa para encontrar al autor de la violación y asesinato de su hija, obsesionada por su certeza de que las autoridades no hacen todo lo posible (o lo imposible) para resolver el macabro caso. Es el hilo conductor para retratar ese universo paleto con sus propios códigos al que pone muy nervioso el acoso al que le somete esa incansable y feroz madre coraje. El panorama parece exclusivamente desgarrado y trágico, pero el director también introduce presunta comicidad, sorna, humor surrealista. La mezcla funciona a ratos y en otros me resulta cargante (…) y de vez en cuando me asalta la molesta sensación de que el director está empeñado en demostrarte en cada secuencia lo listo que es y la complejidad que ha introducido en su historia… “

(Crítica en El País)

No, este “western protagonizado por una mujer” no es una obra maestra que te vaya a deslumbrar y dejar boquiabierto. Pero ese atípico guion funciona y sobre todo engancha, enganchan los personajes y sus historias personales. Es emotiva, intensa y reflexiva. Personalmente, me hizo reflexionar. No sobre esos terribles crímenes que son el origen de todo. Tampoco sobre las vergüenzas de la sociedad (la estadounidense, por ejemplo). La sensación que me quedó es lo frágiles que somos todos/as en el fondo, independientemente del papel que estemos representando en esta tragicomedia.

 

 

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Eros (29): Grimace (mueca) [1]

Me encanta esta fotografía, absolutamente. Sin ningún tipo de rubor puedo decir, exclamar y hacer hincapié en cómo me gusta todo, todo, absolutamente todo de esta chica: sus tremendos ojazos, sus cejas, sus pestañas, su sombra de ojos, sus labios… y por supuesto esa divertida expresión facial o mueca…

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Grimace es una banda finlandesa de heavy metal, de “melodic heavy metal”. Según reza su página web, “melodic metal with some rock elements from Mikkeli, Finland, with or without melody… “. Nacieron en el 2008 y parece que tienen cuatro discos en su haber.

Pues el “metal”, en sus infinitas variantes, desde luego que no es mi estilo predilecto, lo que más me atrae, interesa o transmite. Pero puedo tolerarlo más que bien en pequeñas dosis. Depende de los temas, de su virulencia y de algunos factores más. Pero este tema está francamente bien. Suenan de fábula, son potentes y se dejan escuchar la mar de bien. Muy bonitas las partes más acústicas a cargo de la guitarra. El “metal”, la banda Grimace… si la culpa es de ella…

 

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The Clash: London Calling / Brand New Cadillac

Hoy me apetece recordar y rendir homenaje a un gran grupo y a un grandísimo disco. ¿Y por qué? Pues aparte de haber escuchado muchas veces el London Calling de The Clash, de conocerlo, haberlo disfrutado y tener en mente una entrada sobre estos temas, existe un claro “culpable” —ja, ja, ja, bendito culpable— : un compañero de trabajo se ha presentado este miércoles al curro luciendo una camiseta de la legendaria banda británica. Iba escuchando música con unos auriculares. He mirado la camiseta, he esbozado una sonrisa y simplemente he articulado para que pudiera leerme los labios: “The Clash”. Se ha quitado los auriculares y he añadido “London Calling”, como si esa complicidad entre entendidos del asunto fuera más que suficiente. Y lo ha sido. Eso nos ha permitido departir durante dos breves minutos sobre lo grande que es este álbum doble. Ya os podéis imaginar qué he pensado para mí: “ya va siendo hora de escribir esa entrada, probablemente hoy es el día”.

The Clash In New York

Lo siento —qué morro— pero voy a tirar clara y descaradamente del “copia y pega”, y no porque no pueda aportar mi propia visión y mis propias vivencias acerca del grupo y el disco, sino porque los medios acreditados y los críticos profesionales ya lo han hecho probablemente con mayor propiedad y con una claridad y capacidad de síntesis que me sería difícil igualar. Además, digo “amén” a todo lo que acabo de leer, porque coincido hasta en la última coma, así que… A nivel personal sí puedo decir que en aquella década de los 80 en que acaparaba y escuchaba toneladas de música —y lo sigo haciendo, aunque más canas pueblen mi azotea tras los años— me hice con un grabación en cassette del LP que hoy nos ocupa. No pocas veces lo he escuchado, y sin duda estas dos canciones que traigo hoy están entre mis predilectas, por la fuerza que tienen. Así que esto es un “copio, pego, coincido, digo amén e invito a la lectura y la reflexión”.

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Abrimos fuego con la sacrosanta Wikipedia, porque los párrafos que vienen a continuación son perfectos para entender quiénes fueron los Clash, qué representaron en el ámbito del punk y el punk rock y la enorme trascendencia de su obra:

«The Clash fue una banda británica de punk que estuvo activa entre 1976 y 1986. El grupo fue uno de los más importantes e icónicos de la primera ola del punk originada a fines de los años 70 y, a diferencia de la mayoría de las bandas punk que se caracterizaban por su simplicidad musical incorporó reggae, rock, rockabilly, ska, jazz y dub entre otros variados estilos en su repertorio. The Clash llegó a ser una banda muy influyente en la música mundial. Sumado a esto, The Clash exhibió una intencionalidad política en sus letras que con el tiempo se convertiría en su característica distintiva fundamental. El idealismo expresado en las composiciones de Joe Strummer y Mick Jones contrastó con el nihilismo de Sex Pistols y la sencillez de Ramones, las otras bandas emblemas del punk en la época».

Pues amén, y remachamos para entender lo que han representado estos señores:

«Su tercer álbum, London Calling (publicado en 1979), es considerado uno de los mejores discos de la historia de la música comercial. De hecho, la revista Billboard lo calificó como el mejor de los años 80,​ y según la revista Rolling Stone como el octavo mejor de la historia en su lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos».

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Nos vamos hasta la crónica escrita por José Sanz Gil-Cepeda en el 2015 para El Quinto Beatle. Atención a sus sabias palabras:

«The Clash es punk, “London Calling” no del todo, afortunadamente. Que no se me malinterprete, el punk es uno de mis géneros predilectos. Rabia, mecha corta, crudos riffs de tres acordes, un tío pegando alaridos… no necesito mucho más para pasármelo bien con un disco. Sin ir más lejos, el propio debut de The Clash tenía todo eso, y además contaba con el mérito de ser un álbum pionero e indispensable para la construcción del género. Si me preguntáis, os diría que “The Clash” es el mejor disco punk de todos los tiempos y una de las mejores colecciones de singles de rock, lato sensu.

Decía ‘afortunadamente’ porque “London Calling” es mucho más que eso. Sin abandonar el compromiso político que acompañó siempre a Joe Strummer, The Clash supieron reformular su propio sonido incorporando influencias del blues, soul y R&B que aprehendieron de su visita al otro lado del Atlántico, sí, pero también ska, dub, reggae y cierto regusto pop. Y no se trata sólo de que cambiaran el curso del punk (y del rock por extensión) que ellos mismos habían ayudado a parir, ni de que conservaran el mensaje durante el proceso, además lo hicieron en un doble álbum de diecinueve tracks con la misma potencialidad de convertirse en singles que los temas de su debut. De manera que podemos reverenciar a este trabajo, reconociendo su trascendental importancia, sin precisar de una esforzada escucha. Si aplaudimos a “The Clash” por habernos enseñado qué es el punk, debemos vitorear a “London Calling” porque nos ha mostrado todo lo que éste puede dar de sí.

Insisto, por si no fuera suficiente el lavado de cara que The Clash aplicaron al punk con su tercer LP, lo mejor es que lo hicieron como sólo pueden hacerlo los grandes discos, a base de grandes canciones. Porque cuando un determinado grupo da con una fórmula nueva, lo difícil no suele ser ejecutarla, sino, como en casi todo, encontrar esa idea más o menos revolucionaria que hará que muchos más quieran seguirte. (…) Lo que Strummer y Jones hicieron con el punk en “London Calling” fue una gran idea, pero la forma en la que la efectuaron fue aún mejor. Ha habido miles de grupos que han querido sonar como The Clash, tú mismo puedes montarte uno e intentar conjugar en un solo trabajo géneros tan dispares como los que el disco de marras presenta. Ni en tus mejores sueños conseguirás un resultado tan compacto, ni mucho menos reproducir composiciones la mitad de buenas. Discos como éste separan a los grupos que aspiran a la genialidad de los que viven asentados en ella. Por eso es tan bueno “London Calling”, porque, ni aunque quisieras, podrías repetirlo». 

La valoración es tremendamente elocuente, acertada y rotunda. Después de comentar las canciones una a una, este crítico nos cuenta algo interesante:

«The Clash no lo tuvieron fácil para publicar un doble disco como este, desde CBS (su discográfica) las pegas fueron innumerables. Al final la agrupación tuvo que convencer al sello para que le dejara editar un LP con un maxi-single de regalo, intentando que el precio del producto no fuera demasiado elevado para sus fans. CBS no encontraba la razón por la que un grupo punk quería editar un doble álbum, algo más propio del rock progresivo; y además temía por la viabilidad comercial del mismo ya que no incluía ‘ninguna canción de amor’ que pudiera seducir los oídos del mainstream». 

Me hace mucha gracia: “ninguna canción de amor”. Pues yo leo la letra de London Calling y veo ahí mucho amor: amor a la vida, amor a la verdad, amor a la libertad que se sacude sin miedo las estúpidas ataduras sociales. Hostia, es mucho amor. Termina dicha crítica con la valoración sobre la importancia de esta banda:

«En 1979 The Clash salvaron al punk y, probablemente, también a sí mismos. El movimiento estaba condenado a muerte desde el principio por su rápida combustión, por la fugacidad con la que se apagaban las llamas que encendían sus riffs de tres acordes. “London Calling”, sin necesidad de adoptar una postura pretenciosa, sin renunciar a poner más corazón que técnica en sus temas, revitalizó el género y catapultó a Strummer y compañía a la eternidad… ». 

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(De izquierda a derecha: Topper Headon, Mick Jones, Paul Simonon y Joe Strummer)

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Estos cuatro señores en la misma “alineación”

Para finalizar, Ramon Llubià escribía para la prestigiosa revista Rockdelux:

«Una de las cumbres de la música rock de todos los tiempos. Brillante y abierta estilísticamente, la tercera obra de los Clash (presentada en formato de doble LP) sentó cátedra. En poco más de una hora, The Clash le regalaron al futuro un puñado de temas eternos. “London Calling” fue escogido el número 14 en la lista de los doscientos mejores álbumes del siglo XX que se publicó en octubre de 2002 en el Rockdelux 200. (…)  “London Calling”, tercer álbum de The Clash, grabado y publicado en diciembre de 1979, el otoño del punk. A toda prisa, como si nada. Un doble LP plagado de hits (…) igual que “Sandinista!” (1980), un triple LP menos afortunado que apareció solo un año más tarde. The Clash tenían estas cosas.

Mientras los Sex Pistols habían nacido prisioneros de la codicia de Malcolm McLaren, The Clash fueron un caudal creativo independiente (sobre todo respecto a la multinacional que los tenía en nómina) que nunca olvidó el compromiso con los suburbios londinenses de donde procedían (bien, es de dominio público que Joe Strummer “se escapó” de una familia bien, pero hoy todavía se le puede ver tocando en casas ocupadas)ni con los del resto del planeta. Mick Jones había sacado el nombre del grupo de un grafiti en el muro de la autopista que hacía de frontera entre su barrio y una de las zonas más acomodadas de la ciudad. Claro que Paul Simonon también se atribuye el bautismo, después de comprobar que la palabra “clash” estaba presente en la mayoría de las noticias que se publicaban en los periódicos británicos de la época. En cualquier caso, el conflicto, el choque, el enfrentamiento, vienen de visita.2 

Lejos de vivir encerrados y de emprenderla con la población inmigrante que ya era común en las calles donde habían crecido, The Clash se impregnaron de cosmopolitismo, se dejaron llevar por la marea de diversidad que invadía Portobello y por el ritmo caribeño del Roxy, un templo punk donde siempre se acababa bailando reggae porque el DJ era jamaicano… (…)

Y The Clash decidieron que al punk le convenía ver mundo. Por eso se tomaron en serio lo que Estados Unidos tenía que ofrecerles como fuente cultural y musical inagotable, por eso también se fueron a Jamaica a la primera ocasión y conocieron a Lee Perry. (…) Todo esto cristalizó de un modo exuberante en “London Calling”. Strummer, Jones y Paul Simonon, a esas alturas con Topper Headon bien asentado en la batería, estuvieron sembrados en el momento de parir este disco. Lúcidos hasta en los instantes de furia: la misma portada –Simonon, capturado en blanco y negro por la fotógrafa Pennie Smith, a punto de estrellar su bajo contra el suelo– marca una huella inconfundible y, por supuesto, también ha figurado en todas las listas de las mejores portadas de la historia habidas y por haber. (…)

“London Calling” (…) es una obra que propone salidas y respuestas, la solución más cuerda y entusiasta al callejón sin salida en que se había metido el punk denunciando que todo el pasado había sido decadencia. Como todos los grandes discos, tiene la virtud de reciclar, filtrar, reinventar y generar. Hay rock clásico y hasta apuntes de rockabilly, además de la evidente inmersión, honesta y respetuosa, en la música de baile de la época, el reggae y todas sus variantes». 

Sí, señor, qué grandísima reseña. Con estas tres extensas citas tenemos más que suficiente para hacernos una idea de lo que representaron este grupo y este disco. Creo que yo no podría haberlo expuesto con más brillantez…

Vamos con el tema que da nombre al disco, y volvamos a la crítica escrita por José Sanz Gil-Cepeda:

«El doble LP se abre de manera implacable con “London Calling”: la batería de Topper, guitarras distorsionadas que marcan el ritmo y una línea de bajo difícilmente olvidable. En esta ocasión el conjunto decidió utilizar una tonalidad menor que tiñe al tema de un cierto sentimiento apocalíptico. Sus versos reflejan de manera sucinta el contenido lírico de todo el álbum: el temor ante la posibilidad de un desastre nuclear influido por el accidente del reactor nuclear de Three Mile Island, el riesgo de que el centro de Londres se inundase ante una eventual crecida del Támesis, la omnipresente represión policial del gobierno de Thatcher, el desempleo creciente y la sensación de que la sociedad está avanzando en la dirección equivocada». 

Versión de estudio, con la letra traducida, y versión en directo, algo acelerada, pero que es muy valiosa como documento gráfico. Hemos leído bien, hipotético desastre nuclear y el Támesis anegándolo todo. Seguro que a este grupo punk les gustaría mi coletilla punk: incordiaban más que una mosca cojonera y le echaron un par de huevos.

«“Brand New Cadillac” echa la mirada atrás, para fijarse en el rockabilly de finales de los años cincuenta. El tema en cuestión es una versión mejorada del también británico Vince Taylor». 

Los dos temas abren el disco, se da la circunstancia. Un comienzo inapelable…

Y así hemos aprendido unas cuantas cosas sobre esta mítica banda de punk rock…

[1] Joe Strummer murió en el 2002 “a causa de un fallo cardíaco congénito no diagnosticado”.

[2] Clash en inglés efectivamente significa “enfrentamiento”, “choque”, “encuentro”, “desacuerdo”.

Atención a esto, porque sobran las palabras. La demostración de lo que significó para generaciones de músicos:

«En los premios Grammy de febrero de 2003, “London Calling” fue interpretada por Elvis Costello, Bruce Springsteen, Steven van Zandt, Dave Grohl, Pete Thomas y Tony Kanal como tributo a Strummer». 

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Paul Simonon, Topper Headon y Mick Jones fotografiados en el 2013. Ella es Cerys Matthews

(Después de terminar la entrada y publicarla, he consultado otro par de reseñas. Y he decidido añadir un par de extractos más que son muy definitorios, así como una imagen que es absolutamente reveladora en cuanto a la portada del disco. Creo que esto completa bastante esta referencia a las claves que generaron el LP).

El primer párrafo está extraído de la web todopunk.com. Muy buena crónica. Esta es su conclusión sobre el disco:

«Lo más sorprendente de todo es que, pese a que el disco muestre una variedad tan grande de influencias a lo largo de sus canciones, todas ellas acaban ensamblándose de una forma tan natural que sorprende. Hay que tener un talento especial para ser capaz de ensamblar un puzzle tan complejo y completo sabiendo cómo hacer que quede perfectamente ensamblado y sin estridencias o disonancias. Y es que no en vano “London Calling” es uno de los discos más importantes de la historia del rock y uno de los más influyentes de las últimas décadas. The Clash entraron de lleno con este álbum a ese espacio reservado para unos pocos. Esa suerte de olimpo en el que sólo unas cuantas bandas son capaces de acceder para trascender al paso del tiempo y convertirse en una referencia inmortal de la música moderna. Visionarios en su tiempo pero clásicos en el nuestro. El punkrock no sería lo que es hoy si The Clash no hubiesen existido».

La segunda cita proviene de la web sopitas.com:

«Las semillas de London Calling se plantaron cuando el grupo realizó su primera gira por Estados Unidos. El “choque cultural”, los hizo enamorarse aún más de la música que había tenido cuna en este país: el Rock & Roll en su forma más pura y primigenia. Aún más, los integrantes del grupo se volvieron ávidos coleccionistas y fans de los artistas de Soul y Rhythm & Blues, con quienes sentían mayor afinidad por venir de clases trabajadoras. Es por ello que mientras avanzaba la gira incluyeron a artistas como Bo Diddley y Sam & Dave para abrir sus conciertos.

A su regreso el grupo se embarcó en un ambicioso proyecto: lanzar un álbum doble, bajo el título de The Last Testament con el que pretendían ponerle punto final a la historia del Rock, una historia que había comenzado en 1956 con el lanzamiento del primer álbum de Elvis Presley.

El nombre se desechó pero la idea se mantuvo musicalmente (lo cual incluía usar la misma tipografía de la portada de Elvis para la propia de este álbum doble, además de la contraposición de ambas fotos: Elvis dando un alarido primigenio, el grito del nacimiento del Rock & Roll contra el bajista de The Clash, Paul Simonon destruyendo su instrumento, poniendo punto final a aquello que lo generó). London Calling ya forma parte permanente e indispensable del paisaje de la historia del Rock. (…)

De ahí que entonces el grupo se embarcara con 19 tracks en un recorrido por los más diversos estilos, al menos los que a ellos les parecía que tenían más relevancia de la historia de la música hasta el momento, como el Rockabilly, el Reggae, el Jazz, el Rhythm & Blues y hasta el Pop al estilo Motown, esto a pesar de los cánones punks en los que era indispensable vilipendiar a todas las figuras posibles del pasado cercano. Si bien en uno de sus primeros sencillos llamado “1977” desacreditaban a los Beatles, los Rolling Stones y Elvis, en London Calling les hacían reverencia o al menos los saludaban respetuosamente.

El productor del álbum fue Guy Stevens, un excéntrico manager de los Mott the Hoople y productor de Free, quien era famoso por sus borracheras indómitas, arranques de furia y también por capturar perfectamente la espontaneidad de las bandas. Guy creía más en la “vibra” que en la técnica, la toma perfecta debía tener el ambiente perfecto… (…)

The Clash dejó clara su postura y dio el primer paso hacia nuevos territorios, en lugar de abandonarse a morir siendo una caricatura de sí mismos, entrampados por las ideas Punk que se habían vuelto contra ellos en afanes prohibicionistas de “no puedes hacer esto o esto otro”. Don Letts, productor y miembro de Big Audio Dynamite (proyecto post-The Clash de Mick Jones) lo definió muy bien: “el Punk no trataba sobre nihilismo y negatividad, el Punk trataba sobre el empoderamiento, la individualidad y la libertad personal o musical. London Calling enarboló estos ideales más que ningún otro álbum Punk del momento”».

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Finalmente, voy a poner un enlace a la letra del tema, ya que cantan en inglés coloquial y algunas cosas francamente no las he pillado a la primera, como por ejemplo ese “the sun’s zoomin’ in”.

Y el vídeo original y oficial. Hay que incluirlo. Buenísimo, el grupo tocando en un muelle o embarcadero…

Mi memoria fotográfica no puede decirse que sea “excelente”. Creo que no pasaría esa prueba que hemos visto en algunas películas o series: el adiestramiento de agentes secretos altamente dotados que pueden “fotografiar” mentalmente una habitación en 30 o 60 segundos para después describirla con una asombrosa precisión en los detalles. Pero juraría que era esta camiseta. O parecida, desde luego sí recuerdo ese sol en color rojo al estilo nipón (fue la bandera militar japonesa usada por la armada y el ejército imperial japoneses hasta mediados de los años 40 y 50).

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Rock con mayúsculas

 

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Mitski: Geyser / Old Friend / Me and My Husband

El 17 de agosto ha sido la fecha en que se ha publicado el quinto álbum de estudio de la estadounidense de ascendencia japonesa Mitski Miyawaki. Una artista muy interesante sobre la que ya escribí hace un tiempo. Las críticas en general dan a este Be the Cowboy una puntuación media —sobre 100 puntos— de 87, mientras que la publicación Pitchfork le otorga ni más ni menos que un 8,8, asegurando además que es su mejor trabajo hasta la fecha. O sea, que perfectamente podemos estar ante uno de los discos más relevantes de este 2018. Lo cual es de mucho mérito, pues su trabajo Puberty 2 del 2016 ya se colocó a su vez entre lo mejorcito de hace dos años.

Ya manifesté en alguna ocasión que los temas de Mitski irradian una cierta —o una notable, depende— serenidad. Su sello compositivo es muy característico e inconfundible, y a mí personalmente me parece una excelente songwriter, que escribe con una gran claridad melódica. Como muestra este primer tema. Desprende serenidad, madurez y seguridad, para ir creciendo instrumentalmente y de ahí transmutarse en fuerza…

Otra muestra de esa belleza, serenidad y magnetismo que se desprenden de sus temas. Wow…

Para acabar este meteórico repaso —el disco entero lo he escuchado esta misma tarde— , aquí tenemos Me and My Husband. Excelente tratamiento de la percusión, de los teclados, en un comienzo que resplandece… ¿es que a nadie le recuerda totalmente el sonido del SgtPepper’s, a nadie le suena absolutamente Beatle?

Y eso que me he dejado fuera probablemente la canción más pegadiza e inmediata del disco, la popera Nobody, que además va acompañada de un divertido y curioso vídeo que merece la pena ver.

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Eros (28): Alyssa Arce, The Police y The Cars

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La modelo Alyssa Arce aparece luciendo una camiseta del grupo The Police, en una serie de fotografías que pertenecen a una sesión de fotos realizadas por Adam Mont, para la revista HQ en el 2016…

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Aparte de llevar esta breve camiseta del mítico trío británico —con cierta cara de “sufrimiento”, ja, ja, ja, o como mínimo de cierta afectación— aquí podemos verla en otras tomas, más ligera de ropa y con poses más sugerentes…

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Alyssa Arce es una modelo norteamericana nacida en 1992 en Carolina del Sur. Se hizo particularmente famosa a raíz de aparecer en la publicación Playboy, al ser elegida Miss July en el año 2013 —o Playmate— . En aquellas sesiones de fotos aparecía retratada en un recinto para carreras de coches —la pista de carreras de Willow Springs, con unos cuantos Ferrari y Ford GT—, rodeada de toda la ambientación y la parafernalia de ese mundillo: las pistas, banderas de cuadros, monos de trabajo, cascos, neumáticos, mangueras, impresionantes coches deportivos, etc. Ella se declara una amante de las carreras y la velocidad: “I love cars and four-wheelers”.

La modelo aparece tanto vestida como no tanto y por supuesto también tal como Dios la trajo al mundo, inmortalizada por el fotógrafo Sasha Eisenman. Las fotografías, tal como suele pasar con esta famosa y criticada publicación, son absolutamente espectaculares y de una gran plasticidad. Si a alguien le interesa ver estos trabajos, se lo voy a dar totalmente masticado: aquí tenemos una ficha de la modelo, mientras que aquí tenemos una serie titulada Slow Emotion

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Otra serie titulada Hot and Freey todavía otra galería más.

Finalmente aquí tenemos un vídeo donde se la ve desenvolverse con toda naturalidad y sin pudor alguno totalmente desnuda: Behind the Scenes. Hay muchas más fotografías, que se encuentran por ejemplo aquí. Nos vamos con algunas instantáneas más como muestra de aquellas sesiones…

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Y por cierto, por si alguien no lo sabe o lo había olvidado: “The Cars, banda de rock y de power pop, encuadrada en el movimiento new wave. Nacieron en Boston a finales de los 70 y estaban liderados por Ric Ocasek, cantante, guitarra rítmica y compositor. Los sintetizadores tenían también una importante presencia”. Eran muy buenos…

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17 de agosto: Wish You Were Here

So, so you think you can tell
Heaven from hell
Blue skies from pain
Can you tell a green field
From a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?

¿Así, así que crees que puedes distinguir
el paraíso del infierno,
cielos azules del dolor?
¿Puedes distinguir un campo verde
de un frío raíl de acero?
¿Una sonrisa de un velo?
¿Crees que puedes distinguirlo?

Un recuerdo emocionado. Mucha tristeza. Mucho dolor. Estos versos de Pink Floyd podrían aplicarse a los que perpetraron esos terribles actos. Podrían aplicarse a las víctimas que los sufrieron, y a todos sus seres queridos y familiares. Estos versos podrían aplicarse, estar pensados y dedicados absolutamente a todos/as nosotros/as.

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