La crisis climática / Greta / “Es fácil hacerlo”

En aquella larguísima entrada dedicada al cambio climático, al calentamiento global y a la catástrofe medioambiental que se nos viene encima vine a decir que en un futuro no muy lejano, seguramente en el plazo de pocos años, la realidad nos golpearía en la cara con toda su crudeza. “Realidad” plasmada y traducida en estudios, anuncios y declaraciones efectuadas por los científicos en el sentido de que las previsiones o estimaciones más “prudentes”, “moderadas” o “plausibles” se habían quedado cortas; los datos obtenidos de la observación vendrían a demostrar de forma contundente que el agravamiento del calentamiento global en todos sus aspectos era mucho peor y más rápido de lo previsto o “calculado” por la propia comunidad científica. Ya sabéis, factores que tendrían una clara expresión en valores matemáticos: aumento en grados de la temperatura, proporción de CO2 en la atmósfera, aumento en milímetros del nivel de los mares, kilómetros cúbicos de hielo polar derretido…

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Bien, esto ya se ha producido. Estos anuncios ya están dándose:

«La temperatura media global aumentará “al menos” entre 1,2 y 1,3 grados centígrados por encima del período preindustrial en los próximos cinco años, según ha desvelado la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Este dato supone un nuevo jarro de agua fría para los objetivos del Acuerdo de París de 2015, el tratado más importante en materia climática de todos cuantos se han firmado, cuya meta prioritaria es que la temperatura media del planeta en 2100 no supere los 2 ºC respecto a los niveles preindustriales; aunque los esfuerzos deben encaminarse hacia un incremento medio menor: 1,5 ºC.

En el informe elaborado por la OMM se indica que, durante el periodo 2015-2019, se ha observado un incremento continuo de los niveles de dióxido de carbono (CO2) y de otros importantes gases de efecto invernadero en la atmósfera, que han alcanzado niveles récords: la tasa de aumento del CO2 fue casi un 20% superior a la de los cinco años anteriores. (…) El anuncio llega el mismo día que la ONU inaugura en Nueva York (Estados Unidos) la Cumbre de Acción Climática, la más ambiciosa desde el Acuerdo de París. (…) No es el único dato preocupante que se ha conocido. (…) El periodo de los últimos cinco años, desde 2015 a 2019, va camino de convertirse en el de mayor temperatura media jamás registrada, según denuncia un actualizado y completo informe sobre el medioambiente presentando por la ONU.

United in Science (…) subraya la cada vez mayor distancia que separa a los objetivos que se ha marcado la comunidad internacional para frenar el cambio climático de la realidad de la situación. Por ejemplo, que la temperatura global registrada desde 2015 se encuentra 1,1 grados centígrados por encima de las de la era pre-industrial (1850-1900), y 0,2 grados superior a las anotadas entre 2011 y 2015. (…) Así, el aumento del nivel del mar se ha acelerado desde los 3,04 milímetros por año que se registraron en el periodo 1997-2006 hasta los cerca de 4 milímetros por año desde 2007 a 2016, a la vez que la acidez del océano se ha incrementado un 26% desde el inicio de la era industrial. (…) Estima, por lo tanto, que con las contribuciones nacionales planteadas en el Acuerdo de París, la temperatura media aumentaría entre 2,9 y 3,4 grados, cuando los expertos estiman que no debería subir más de 1,5 grados. Y para no superar esta cifra, las propuestas de los países para frenar el cambio climático deberían multiplicarse por cinco, dicen los expertos, o por tres para que no aumente más de 2 grados».

(Artículo publicado en rtve.es)

Ahí lo tenemos; más claro el agua. En tan solo dos datos señalados en estos párrafos se pone de manifiesto la magnitud de la catástrofe: uno, que el Acuerdo de París pretendía limitar esa subida de temperatura global a 1,5 grados para el 2100, mientras que la realidad es que «la temperatura media global aumentará “al menos” entre 1,2 y 1,3 grados centígrados por encima del período preindustrial en los próximos cinco años». Nos comemos prácticamente ese margen en tan solo cinco añitos. Y dos, que «con las contribuciones nacionales planteadas en el Acuerdo de París, la temperatura media aumentaría entre 2,9 y 3,4 grados». O en otras palabras, que ese acuerdo del lejano 2015 es ya triste y patético papel mojado, cosa que a cualquier persona medianamente avispada me imagino que no le habrá extrañado en absoluto (y que lo intuiría, como el que escribe ahora). Pero es más… de esa larguísima entrada que ahora estoy revisando y consultando, y que invito a releer —¡¡sí!!— rescato la advertencia que ya hizo el IPCC (panel intergubernamental que asesora a la ONU) en octubre del 2018:

«El IPCC advierte (…) de que el calentamiento es probable que lleve a un aumento de 1,5 grados centígrados entre 2030 y 2052 si el mundo sigue el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero».

Pues parece que ya vamos sensiblemente más rápido. «Quemando» etapas a toda velocidad (es macabra la ironía de la expresión). Debo decir que soy bastante o muy pesimista respecto al futuro que se avecina (no por incapacidad de la especie humana, sino por inoperancia e inacción de las clases dirigentes). Y esos negros nubarrones me hacen augurar un aumento de la temperatura hacia el año 2100 de 4 o 5 grados, superando de largo los 2 o 3 ya de por sí temibles. Rescato de nuevo…

«La última vez que la Tierra tuvo cuatro grados más de temperatura media, los océanos eran decenas de metros más altos. Ya ha ocurrido y puede volver a ocurrir.

Se estima que hasta ahora en nuestro planeta ha habido cinco extinciones masivas, que borraron gran parte del progreso evolutivo de las especies animales y vegetales. Hace 252 millones de años una mayor cantidad de dióxido de carbono causó una subida de las temperaturas de unos 5 °C, con un fenómeno que se autoalimentó gracias a la emisión de grandes cantidades de metano del Ártico, justo después de la disolución de permafrost y hielo.

Aquel cambio climático fue tan devastador y repentino que determinó el fin del 97 por ciento de la vida en nuestro planeta. Ya estamos avisados, pero tal vez no sea suficiente».

(En La Vanguardia)

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No soy climatólogo ni científico, desde luego. Ni experto en nada de nada. Solo tengo una cabeza e intento utilizarla. Así que me parece muy obvio, cosa que ya apunté en dicha entrada —y no es una mera idea o suspicacia mía, sino un hecho científico demostrado— que todo este agravamiento y aceleración del calentamiento global en sus múltiples aspectos se debe al simple hecho de que el clima planetario es una suma de procesos interconectados que ya son de por sí complejos y que dan como resultado una dinámica general aún más compleja (e impredecible, eso es lo que da miedo). O sea, causas y factores que producen efectos y estos a su vez se convierten en nuevas causas que agravan otros efectos, y así sucesivamente. Por lo tanto, llegados a determinado punto y superados ciertos umbrales y ciertos valores, se puede producir un efecto dominó en el que los efectos dramáticos se precipiten y empeoren drásticamente. Probablemente la cascada de fichas de dominó cayendo ya se está produciendo en estos momentos. Y todo ello puede llevar a un punto de no retorno y a un escenario en que el clima mundial sea algo ya definitiva y totalmente fuera del control humano. Lo cual me lleva por otra parte a una reflexión con cierto cariz “budista”: ¿acaso alguna vez los fenómenos meteorológicos han estado bajo el control del ser humano? Digamos que han estado bajo unos parámetros razonables o tolerables. Por ejemplo, en los que los huracanes o tifones hacían daño localmente pero no arrasaban con toda la especie, o con miles y miles de vidas. Rescato de nuevo:

«El futuro del calentamiento no puede trazarse de forma lineal, con arreglo al volumen de emisiones de CO2. En realidad, hay nuevos factores que intervienen en determinadas etapas cruciales, aceleran el calentamiento y quizá acaben por dominar la pauta. Hemos señalado dos nuevas repercusiones que son muy peligrosas: el efecto albedo y el efecto metano. Así que es posible que, incluso aunque reduzcamos las emisiones de CO2, el sistema no reaccione porque está desarrollando un ímpetu propio. (…) Mi conclusión personal es que ni siquiera una rápida reducción de las emisiones de CO2 llegará a tiempo, por lo que debemos pensar con urgencia en métodos que puedan frenar algo el calentamiento y nos permitan ganar tiempo para cambiar la forma de vivir en este planeta».

(Conclusiones de Peter Wadhams, catedrático de Física Oceánica en la Universidad de Cambridge, que analiza el dramático deshielo del Ártico y toda esa serie de “reacciones en cadena” o eventos que se retroalimentan). Y todavía:

«Científicos alertan de que el planeta se acerca al punto de no retorno. Una investigación ha sugerido que diez fenómenos de retroalimentación provocarán un efecto dominó a partir del aumento de las temperaturas provocado por el hombre.

Un estudio que se acaba de publicar en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha concluido que, incluso si se cumplieran los compromisos de los acuerdos de París, de limitar el calentamiento hasta los 2 ºC de ascenso, el clima corre el riesgo de llegar a un punto de no retorno al que han llamado estado de “Tierra invernadero”. La existencia de fenómenos de retroalimentación conduciría a un aumento de la temperatura global que sería de 4 a 5 ºC, lo que iría acompañado de una subida del nivel del mar de 10 a 60 metros».

(En revoprosper.org)

Todo esto ya estaba incluido en esa entrada, y por desgracia sigue de plena vigencia. Estos días, a raíz de la mencionada cumbre climática organizada por la ONU, escuché de boca de un climatólogo (en televisión) que el calentamiento global que estamos padeciendo en realidad sería el resultado de los gases que liberamos a la atmósfera hace ya décadas, por ejemplo en los 60 y los 70. Y que por consiguiente lo más duro todavía está por llegar. Pues rescato ahora sí por última vez:

«El problema es que, aunque se empezaran a reducir las emisiones mañana mismo, el nivel del mar seguirá subiendo ya que los GEI [gases de efecto invernadero] acumulados en la atmósfera desde que empezamos a quemar el carbón al inicio de la Revolución Industrial seguirán calentando el planeta al menos hasta 2300».

Pregunto: ¿es que solo Greta Thunberg y personas tan avispadas, intuitivas y despiertas como ella ven la gravedad y magnitud de la catástrofe venidera? ¿Solamente buena parte de la juventud, que ahora ha empezado a reaccionar y a manifestarse en la calle (FFF), pues ellos sufrirán directa y dramáticamente las consecuencias? ¿No ven todo esto los dirigentes mundiales, los gobiernos, las personas que detentan poder en las instituciones? ¿Qué está sucediendo? ¿Sufre la humanidad una especie de parálisis semejante a una imbecilidad colectiva, o qué? No hace falta que el calentamiento global nos golpee muy duramente y deje de ser un escenario de futuro para reaccionar. Ya nos está golpeando y ya es un escenario presente. Así que no me valen conclusiones ni posturas ni actitudes del tipo “tranquilos, que esto todavía queda muy lejos”, o “aún tenemos tiempo”, o “no hace falta tomar medidas drásticas y decididas ya, ni mañana mismo, ni siquiera en 5 o 10 años, pues tenemos margen”, o “en realidad la situación no es tan grave (por lo menos hoy o hoy), así que no nos pongamos en plan alarmista o histéricos”. No, no me valen estos planteamientos. La bola de nieve, cada vez más grande, viene hacia nosotros. Y nos va a aplastar. Afortunadamente, parece que Greta y miles de jóvenes más ven clara la amenaza y lo que puede pasar. Y en realidad, millones de personas ven clara la amenaza (¿todo el mundo menos los políticos y gobiernos?), jóvenes y no jóvenes.

Greta, Greta, Greta… no tengo palabras…

[Hay que decir que en los subtítulos incluidos en este vídeo han pasado por alto la traducción de un fragmento (en color naranja): “But those numbers do not include tipping points, most feedback loops, additional warming hidden by toxic air pollution or the aspects of equity and climate justice”“Pero esos números no incluyen puntos de inflexión, la mayoría de los circuitos de retroalimentación, calentamiento adicional oculto por la contaminación tóxica del aire o los aspectos de equidad y justicia climática”.]

Aplaudo y suscribo palabra por palabra su valiente, emotivo y sincero discurso. Ojalá esta bronca sirva para algo. Me emociona verla y oírla. La situación que la ha llevado hasta aquí y todo lo que se deriva de ello. Me entristece. Me indigna. Me preocupa. Es muy, muy difícil que no te afecte o no te cabree. No puedo permanecer impasible, frío, tranquilo, confiado, esperanzado. No hoy por hoy con esa parálisis/imbecilidad colectiva. No puedo ni quiero arrojar la toalla mientras queden posibilidades de reconducir la situación, mientras no se demuestre con los hechos que ya todo intento de remedio es inútil. Quizá ya es así ahora; pero no quiero arrojar la toalla mientras haya esperanza y mientras determinadas acciones que se emprendan —aunque insuficientes— puedan marcar la diferencia entre un mundo más o menos habitable (aunque deteriorado) y un mundo directamente inhabitable. Así que hoy por hoy no puedo “seguir con mi vida como si tal cosa”, ignorando el problema u olvidándolo.

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“Les entrego este informe a modo de testimonio porque no quiero que me escuchen a mí. Quiero que escuchen a los científicos. Quiero que se unan detrás de la ciencia y quiero que tomen acciones”.

(Greta Thunberg en el Congreso de EE. UU.)

Tiene toda la razón: tomar acciones con la vista puesta en el 2050 es de locos, de ciegos, de miopes, de imbéciles, de estúpidos (los insultos, justificados y totalmente ad hoc, son cosa mía). Queda lejos, lejísimos… hablamos de la friolera de 30 años, que en cuestión de contaminar y destruir es una auténtica eternidad. ¿Adivinas cuál es la conclusión lógica que debería venir a continuación? No es difícil. No es una mera conclusión; es un hecho indiscutible: por supuesto, que la naturaleza no nos va a esperar 31 años. Menos aún si los niveles de gases contaminantes claramente han aumentado estos últimos años. Menos aún si, como se ha mencionado, lo contaminado hace décadas nos pasa factura hoy. Puesto que esto es acumulativo y puesto que aún se va a seguir contaminando, nos queda aún mucho calvario que pasar. Por supuesto, hay otra razón todavía: visto lo visto hasta el momento, por lo que se refiere a la acción política, poco podemos creer de las bonitas y bienintencionadas promesas que se han lanzado y acuerdos y compromisos que se puedan haber firmado. Hay que ser escépticos, incluso desconfiados. Hay que estar muy alertas, ser exigentes y no bajar la guardia. Las promesas de llegar a emisiones cero para el 2050 habrá que ver si se cumplen; y habrá que ver qué acciones en concreto emprenden los gobiernos. Por eso me cuesta horrores creer demasiadas cosas o ser optimista. Y además, como he apuntado, me parecen medidas insuficientes: deberían y deben adoptarse medidas más drásticas, contundentes, efectivas, decididas y cercanas en el tiempo. Nos va el futuro en ello. Así que habría que sustituir la comodidad, la prudencia, los “plazos razonables” y la “transición energética” (aunque suene muy bien y sea loable en teoría) por un “as soon as possible” o por un “espabilad, idiotas”. Perdón, perdón.

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Greta dice en un momento dado de su intenso parlamento que no quiere creer que la inacción y las falsas promesas de la clase política mundial se deban a una maldad intrínseca. Si no es maldad… ¿qué puede ser? Sin duda es muchas otras cosas. Quizá “maldad” es un término muy fuerte, pero egoísmo y mezquindad sí que aplican. Y cortedad de miras. Y cortoplacismo. Y avidez. Y la peor cara del capitalismo, del sistema económico y del progreso material, pues efectivamente solo se piensa en el dinero y los beneficios. Visto el terrorífico panorama que se avecina, esto es muy triste, indignante e incluso increíble. Son por supuesto todos los intereses económicos, empresariales, de todo tipo de compañías y más aún de las grandes corporaciones, pero también todo tipo de poderes fácticos y poderes políticos, ya sean gobiernos en conjunto o individuos con cargos de presidente o ministros/as. Parece una parálisis algo impersonal, con muchos responsables y a la vez ningún culpable concreto al que señalar. Pero nadie reacciona, y el uno por el otro la casa sin barrer. Pues nadie tiene la valentía ni parece que la verdadera voluntad política, que es lo que verdaderamente falta. Por eso, la conclusión más razonable que uno puede sacar, pese a incurrir en el “piensa mal y acertarás” es que los intereses económicos aprietan mucho por detrás. Más allá de la vista del gran público; detrás del telón. Entonces quizá consideraciones tipo “imbecilidad”, “estupidez”, “ceguera”, “mezquindad”, “cobardía”, “inoperancia” e incluso “hipocresía, falsedad, hacer el paripé” puede que apliquen solamente a los gobernantes y gobiernos. Quizá son meros títeres que a la hora de la verdad se ven manejados y tienen las manos atadas. O les tiembla el pulso ante Don Dinero, o no les dejan… Habríamos acotado el alcance de la idiotez, aunque esto es discutible: el ciudadano medio tiene mucha responsabilidad. Ya dije que en realidad se pueden hacer muchas cosas. Si en lugar de dejarse llevar por la comodidad y la inercia miles y miles de personas decidieran no coger más el coche; o no poner en marcha fábricas y chimeneas contaminantes; o no comer carne; o no subirse en aviones y barcos para hacer turismo como locos por todos los rincones del planeta; contaminando, por supuesto. O dejar de consumir envases y artículos de plástico. Y así ad infinitum. Acciones pueden emprenderse, muchas…

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La conclusión parece clara: este modelo de sistema económico, de producción, esta forma de vida y hábitos de consumo, esta “civilización moderna” no son sostenibles, y este modelo de “progreso” (¿?) únicamente material va a destruirnos y de hecho ya está acabando con el planeta.

Por todas estas razones ojalá que Greta y todas estas personas de las generaciones más jóvenes hagan reaccionar de una vez a los gobiernos, y les presionen tanto que les obliguen a tomar medidas concretas y a llevarlas a cabo. Parece claro que de algún modo hay que pasar a la acción e ir más allá de declaraciones, palabras y buenas intenciones. Si queremos tener un planeta más o menos habitable de alguna manera hay que poner en marcha una revolución, pues las palabras no bastan. Miles e incluso millones de ciudadanos podrían emprender acciones y de alguna manera dar ejemplo. El problema parece en parte arrastrar, obligar o doblegar al poder económico y político a servir verdaderamente al bien común, lo cual quiere decir garantizar la supervivencia de la especie humana. Y hoy por hoy esto se lo pasan por el forro: la contaminación atmosférica mata a cientos de miles de personas cada año. Los desastres naturales provocan millones de desplazados cada año, destrucción, pérdidas… y lo que es peor, sufrimiento y muertes. Y los gobiernos tienen una responsabilidad directa por no velar por el interés colectivo y hacer primar los beneficios económicos. Me parece esto tan claro como cuando las grandes empresas tabaqueras ingresan millones de beneficios a sabiendas de que matan a miles de personas a causa del cáncer. O sea, que no nos vendan motos ni nos tomen por imbéciles: el calentamiento global, los perjuicios, desastres y muertes tienen una clara traducción en términos de responsabilidad política. De hecho una serie de estudiantes universitarios estadounidenses han puesto demandas en este sentido contra las autoridades, lo cual en cierto sentido es revolucionario (pero lógico)…

«Un grupo de 21 jóvenes demanda a la administración federal por considerar que “a través de las acciones del gobierno de los Estados Unidos que causan el cambio climático, ha violado los derechos constitucionales de la generación más joven a la vida, la libertad y la propiedad y no ha protegido los recursos públicos esenciales”».

Aquí tenemos la noticia desarrollada: 21 jóvenes llevan a juicio a Estados Unidos por el cambio climático.

La frase “miles e incluso millones de ciudadanos podrían emprender acciones y de alguna manera dar ejemplo” puede sonar muy bucólica y alejada de la realidad, pero creo que en verdad es la opción más razonable y viable: no puedes adoptar la actitud de “yo no hago nada y que sean los gobiernos los que resuelvan el problema”. Aquí todo el mundo ha de arrimar el hombro. Pero sí que lo digo en el sentido de ejercer presión a los poderes fácticos —y obligarles a actuar— y de alguna manera arrastrar a muchos más segmentos de población. Tengo la impresión de que estas juventudes que han decidido manifestarse y ejercer presión pueden lograr resultados tangibles, porque dudo que aflojen en su determinación y denuncias. Les va el futuro en ello. Así que cabría esperar cualquier tipo de acciones, incluso contundentes y radicales, acciones que a día de hoy no podemos imaginar y que podrían sorprender. Las aplaudo ya por adelantado, siempre que no incluyan una violencia desmesurada, irracional o injustamente canalizada. Me parecería no bien, sino fantástico si echaran mano de la imaginación para emprender acciones realmente efectivas. Porque, insisto, es algo muy comprensible en quien tiene mucho, muchísimo que perder: si fueran a entregarte una futura casa —la Tierra— hecha una puta mierda, devastada, desértica y convertida casi en un horno o un terrario… ¿no reaccionarías como ellos? Por supuesto. Y da mucha rabia que esa funesta herencia sea consecuencia del egoísmo, la mezquindad, la estupidez y mil cosas más de las actuales clases dirigentes. A todo esto hay que decir que, por supuesto, si los gobiernos y políticos actuales no tienen el suficiente valor para enfrentar la crisis con eficacia, entonces hay que echarlos y poner a otros. En el hipotético caso de que eso sirva de algo. Si yo tengo claro este extremo, espero que esas futuras generaciones ahora lógicamente preocupadas y cabreadas no tengan ningún tipo de compasión para quien no la merece. Greta lo ha dejado bien claro: “os estamos observando y no os perdonaremos que nos falléis”.

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La activista sueca también tiene toda la razón en varias de las cosas que señala: los porcentajes de supuesta reducción de gases contaminantes son demasiado timoratos y claramente insuficientes. También los plazos marcados, pues los gobiernos mundiales se están tomando esto con una tranquilidad pasmosa. No se puede ir a un ritmo tan lento o esperar tanto tiempo (o darse un plazo de tantos años). Lo digamos como lo digamos puede resumirse en una frase bien simple: se requieren medidas urgentes, drásticas, efectivas y valientes. Ya a esta reciente Cumbre de Acción Climática le han llovido críticas porque parece ser lo de siempre: una pantomima, un brindis al sol. Falta de concreción por parte de los actores participantes, incluso por parte de aquellos que anunciaron planes de acción: India, China, Francia, Alemania… Así que hoy por hoy está plenamente justificado el mayor de los escepticismos y también el pesimismo, a no ser que observemos que los gobiernos verdaderamente se ponen las pilas y empiezan en un plazo breve a ejecutar cambios que sean plenamente constatables (por ejemplo cambiar todo el parque automovilístico). Mientras tanto, seguiremos en el plano de la mera palabrería, las promesas, las buenas intenciones y por qué no decirlo la hipocresía, la mentira, el engaño, la tomadura de pelo, la doblez, la falsedad tan propia ya de los políticos (de la abrumadora mayoría). Yo no espero excesivas buenas noticias desde el ámbito político, a corto plazo. Y muy al contrario, espero nuevos y catastróficos anuncios por parte de la ciencia, en base a nuevas mediciones y observaciones que vendrán a ratificar que el panorama pinta muchísimo peor. Lo siento mucho. Deberíamos esperar esto. Por esto la necesidad de reacción es cada vez más apremiante, y por eso he dejado caer lo de “imbecilidad” mezclado con inacción y parálisis. Ya hemos pasado de “cambio climático” a “calentamiento global”, que es bastante más preciso. De ahí a “crisis climática”… y estamos saltando ya al estadio de la emergencia climática. En pocos, muy pocos años. Vamos tarde ya. Esto es lo que parece no entender la clase política.

«Los incendios forestales de Indonesia cubren de niebla tóxica el sureste asiático. Los incendios de Indonesia (…) tienen ya consecuencias en varios países vecinos, sobre todo Malasia y Singapur, con ciudades sumidas en la niebla tóxica proveniente de los bosques de Sumatra y Borneo».

«Kuala Lumpur y Kuching en Malasia, Hanoi en Vietnam y Yakarta en Indonesia figuran actualmente entre las ciudades con peor calidad del aire del mundo en parte por el impacto de los fuegos de Indonesia… ».

«Especies protegidas como los orangutanes de Borneo también se han visto afectadas, con docenas de crías y ejemplares jóvenes padeciendo infecciones respiratorias, informa la Fundación para la Supervivencia del Orangután de Borneo».

«La zona de la que más se habla es de la gran cantidad de incendios que están destruyendo el Amazonas. Aún no se puede saber si el área afectada por incendios es mayor que la del año pasado, pero sí se conoce que, como apuntan desde Greenpeace, el número de incendios surgidos entre enero y finales de agosto ha sido un 145% mayor que en el mismo período de 2018. Aunque también es cierto que el número de incendios de este año no es mayor que la media de los últimos 18 años (desde que los satélites de la NASA son capaces de monitorizarlos), según los datos científicos. (…) Como explica Diego Miralles, responsable del departamento de Ecología y Clima de la Universidad de Gante, “la importancia del Amazonas para el clima global es incuestionable. Proporciona oxígeno, retiene CO2, y afecta los patrones de temperatura y precipitación en gran parte del planeta”. Es decir, se trata de un ecosistema que afecta a nivel no solo local, sino también y de manera significativa a escala global».

«Los efectos de los incendios en el Amazonas están causando graves problemas en las regiones colindantes y del norte de Brasil, donde la niebla está afectando a la navegación en los ríos y cancelando vuelos. El hollín que se respira también está provocando problemas de salud, especialmente entre niños y ancianos. Brasil ha registrado 75.300 incendios entre el 1 de enero y el 21 de agosto, según datos del Instituto Nacional de Investigación Espacial (Inpe), un 84% más que en el mismo período del año pasado. Y el fuego se ha extendido también por Perú, Bolivia o algunos puntos de Paraguay. Solo en Bolivia, la cifra de hectáreas arrasadas asciende a 700.000».

[Y a todo esto, Bolsonaro culpando a las ONG]

«Siberia arde y, ante la envergadura de la catástrofe natural, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha tenido que ordenar al ejército que se una a los esfuerzos para apagar los incendios que azotan tres millones de hectáreas en Rusia desde el pasado 26 de julio. Mientras, Donald Trump ha ofrecido la ayuda de Estados Unidos para luchar contra el fuego que golpea la extensa región llena de bosques.

La orden del líder ruso para que los soldados se unan a los bomberos llegó después de que una serie de personalidades de la cultura, principalmente músicos, grabaran vídeos y enviaran mensajes instando al Gobierno a tomar medidas urgentes. Los mensajes instan a que el Gobierno trate de dominar las llamas que están consumiendo los pulmones de Rusia y termine con el humo que ya ha llegado a algunas ciudades de la zona. (…) Según las últimas cifras oficiales, actualmente hay 246 focos activos de incendios (113 en Yakutia, 73 en Irkutsk y 60 en Krasnoyarsk) que abarcan ya casi tres millones de hectáreas de bosques. De acuerdo con cálculos de Greenpeace, la situación es peor y en realidad las llamas se extienden a cuatro millones».

«El gobierno indonesio ha anunciado que en un plazo de diez años tiene previsto trasladar la capital administrativa del país fuera de Yakarta debido al creciente hundimiento de la ciudad. La nueva ubicación, posiblemente, será Palangkaraya, en la isla de Borneo. Yakarta lleva años sufriendo inundaciones y se calcula que se está hundiendo a un ritmo de unos 6.7 centímetros cada año. (…) Yakarta tiene ya un 40% de su superficie por debajo del nivel del mar; durante el monzón, entre noviembre y marzo, no solo llueve con mucha fuerza, también lo hace de manera continuada durante meses. Un fenómeno que siempre se ha manifestado en la zona, pero sus estragos han aumentado considerablemente con los crecientes efectos del cambio climático, a lo cual se debe añadir que la ciudad se encuentra sobre tierra pantanosa».

Esto es un simple paseo por la red. Un simple repaso a las catástrofes medioambientales más relevantes de este pasado verano y meses. Noticias que cualquier ciudadano medianamente bien informado conocerá. Y hay más. Mencionemos también el episodio de gota fría en la Comunidad Valenciana. No porque sea algo excepcional, pues suelen darse episodios de gota fría todos los veranos y en especial hacia el final de la estación, sino por la virulencia de este último episodio y la cantidad absolutamente brutal de agua caída. Un ejemplo más de fenómenos locales que se están agravando con la crisis global. Un meteorólogo se atrevió a hablar de “monzón mediterráneo”. Desde luego son noticias que no invitan nada al optimismo…

¿Se puede concluir que los impactos del cambio climático se han acelerado respecto a lo previsto hace una o dos décadas?

«Dentro de esta cumbre los asesores científicos hemos publicado un informe de síntesis de alto nivel, partiendo de muchos informes que existen. Y en ese informe se concluye que no solo se están acelerando los indicadores directos como el cambio de temperatura y las concentraciones de gases. El IPCC lleva como 10 o 15 años haciendo una evaluación de los riesgos del cambio climático. Hace diez años decíamos: esto será un riesgo cuando se haya llegado a los tres grados de aumento de la temperatura. Y lo que estamos diciendo ahora es que esto va a ser un riesgo cuando el planeta se haya calentado un grado y medio. Así que nuestras estimaciones de cuáles eran los riesgos a los que estábamos sujetos los humanos y los ecosistemas fueron muy conservadoras. Yo, como científica, me pregunto ahora si no soy muy conservadora en la estimación de los riesgos, de la aceleración, porque las cosas están ocurriendo más rápido. Creo que de alguna manera pecamos de conservadores los científicos. Es como parte de nuestra personalidad: estar muy seguro de los datos antes de decir cualquier cosa. En definitiva, hemos visto que nuestras proyecciones y estimaciones fueron muy conservadoras».

(Extraído de una entrevista a Maisa Rojas, climatóloga chilena que forma parte del equipo del Panel Intergubernamental del Cambio Climático o IPCC y que ha asesorado la reciente cumbre climática de la ONU).

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El Amazonas ardiendo

La verdad es que me siento algo ridículo hablando de todo este tema en un blog musical. Aunque, ciertamente, Roger va a aportar algo de música. Pero ya lo hice hace unos meses, así que ya senté un precedente. Esto es un hecho y a la vez una broma. ¿Por qué lo hago? ¿Para desahogarme? ¿Para hacer oír mi voz? ¿Para exteriorizar mi cabreo y mi preocupación? ¿Por una simple necesidad humana de comunicación, de soltar lo que llevas dentro? ¿Por qué comerle el coco a las contadísimas personas que leerán esta entrada, pudiendo encontrar toda esta información y mucho más en la red? Supongo que por una mezcla de todas esas razones, pero la principal es que me preocupa y soltarlo es una forma de aliviar la angustia. Aunque, repito una vez más, soy muy poco optimista a día de hoy. Eso es muy crudo. Ojalá me equivoque y peque de agorero y catastrofista. Ojalá.

Es totalmente cierto: aunque ya estemos padeciendo las consecuencias, los efectos más graves y devastadores planean en un horizonte de futuro, a décadas vista. Pero como la acción contaminante y destructora del ser humano no va a cesar y ni la naturaleza ni los hechos van a esperar (emisiones aumentando, temperaturas y nivel del mar en alza… ) hay que tomar medidas y ponerse manos a la obra lo antes posible, pues el tiempo de reacción se nos agota, como señaló el secretario general de la ONU. Un nuevo informe de los expertos climáticos de la ONU (IPCC) se ha hecho público este miércoles en Mónaco, y es más contundente que los anteriores, por lógica. Así que visto lo visto, a día de hoy ya no solamente sigo oyendo el tic tac de la bomba de relojería, de esa cuenta atrás, sino que creo que “tengo un problema”: me parece oír ya también el clac de cada ficha de dominó cayendo tumbada. Si la humanidad no reacciona va a ser la naturaleza, con toda su implacable y devastadora furia (y “justicia climática”, pues el karma también aplica en este contexto y nos estamos portando muy mal) la que nos despierte a mazazos.

Take the Long Way Home — Live in Montreal fue el primer DVD que Roger Hodgson sacó al mercado. Recoge una actuación suya en dicha ciudad, en el 2006. Easy Does It y Sister Moonshine fueron interpretados en ese concierto y aparecen en este vídeo, que de hecho es un fragmento de dicha actuación. A su vez ambos son los temas que abrían muy acertadamente el cuarto álbum de la banda Supertramp. Ya ha aparecido en este blog —y en otros blogs amigos— la mítica portada de ese magistral disco, publicado en 1975…

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Aunque no se hacía ninguna alusión al clima, la portada es notablemente premonitoria: contaminación atmosférica, chimeneas humeantes, la adaptación e indiferencia del ser humano, y por supuesto la palabra “crisis” por partida doble. Lo cual viene a demostrar una verdad muy triste: la agresión al medioambiente ya tiene décadas de antigüedad. Los pecados de la humanidad muy probablemente van a pagarse muy caros…

Easy Does It es un tema muy bonito y dulce, incluso algo tontorrón y simple, pero con indudable gancho melódico. Y el arranque del disco en verdad es muy bueno, de los que enganchan. Como Sister Moonshine me parece tan buena y tiene además mucha más fuerza, esa primera canción es de las típicas que puedes infravalorar sin tan siquiera darte cuenta. La letra es un claro llamamiento a practicar la autenticidad con uno mismo. Autenticidad, honestidad, valentía. A prescindir de toda teatralidad y toda máscara. A superar el autoengaño y a descubrir quién eres en realidad; a observar quién eres en realidad. Es decir, a ir más allá de ese personaje que constantemente interpretamos (incluso a solas) y de esa película en la que hemos convertido nuestra vida. Añadiré, a título totalmente personal, que esto que acabo de describir es “el desdoblamiento” y que observarlo, romperlo y trascenderlo es “despertar”. Y el despertar es un shock, no es cualquier tontería. De hecho esta letra está en la línea de la búsqueda o el anhelo espiritual tan presente en unos cuantos temas de Supertramp, especialmente en muchas canciones escritas de puño de Roger Hodgson. ¿No? La letra habla de todo esto de forma muy explicita:

And if you know who you are  Y si sabes quién eres
You are your own superstar  Tú eres tu propia superestrella
And only you can shape the movie that you make  Y solamente puedes dar forma a la película que has creado
So when the lights disappear  Así que cuando las luces desaparecen
And only the silence is here  Y solamente queda el silencio
Watch yourself, easy does it, easy does it, easy while you wake  Obsérvate a ti mismo, es fácil hacerlo, fácil hacerlo, fácil hacerlo al tiempo que despiertas

He querido resaltar el pensamiento de “es fácil hacerlo” y vincularlo al desafío medioambiental, aunque Roger en el tema esté hablando de cuestiones más personales. La tarea que tiene por delante la humanidad es ingente. No es extraordinariamente sencilla, pero tampoco increíblemente difícil ni se acerca a lo imposible. Simplemente hay que ponerse en marcha cuanto antes mejor, pues la peor de las opciones es no hacer nada y seguir como hasta ahora. Así que “es fácil hacerlo” insufla cierto optimismo moderado, pues en verdad las soluciones y medidas están en nuestra mano. Por supuesto, hay mucho margen para el escepticismo, vistas las dinámicas. Confieso que por más que lo pienso no acabo de entender qué está pasando y las verdaderas razones. Probablemente son muchísimas. La inercia es una de ellas y los intereses económicos otra. La resistencia al cambio es otra. Estupidez y mezquindad, también. Quizá incluso imbecilidad colectiva, y de nuevo me disculpo por ser tan radical. Más que eso, inconsciencia colectiva: la sociedad en su conjunto (las sociedades, la humanidad) parece no haber tomado verdadera conciencia de la gravedad del problema. Esto va en serio y de no remediarlo será catastrófico con mayúsculas.

Muchas veces las cosas son mucho más fáciles de emprender que lo que nuestras cábalas mentales o la inercia de los hábitos nos sugieren.

Y por supuesto… también me mantendré vigilante.

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Bruce Springsteen: Hello Sunshine / There Goes My Miracle / Tucson Train

Está lloviendo ahora mismo. La fina cortina de agua se recorta contra un fondo de pinos, allí plantados en la cercana montaña que tengo a mi derecha. Es hermoso y relajante… Dije hace unos días: «Volveré —espero y supongo— en unas semanas, con cierta compositora y cantante de nuestros días… ». Y lo haré, pero ahora me voy a desdecir, a boicotear a mí mismo y a hacerme quedar mal. Porque nuestro protagonista bien lo merece…

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Bruce Springsteen parece cruzarse en mi camino una vez más y quién sabe si “me está pidiendo” de forma misteriosa y juguetona que escriba una entrada sobre sus nuevos lanzamientos. Y lo digo porque hace ya unas semanas me enteré gracias a la web de NPR.org de que sacaba un single y pronto nuevo álbum. Y ahora vuelvo a “tropezar” con él: tercer single que lanza del inminente LP. Así que… ¿”algo” o “alguien” me pide que escriba una entrada al respecto? Sí, claro, es el que escribe el que quiere hacerlo y por fin se decide. Y lo digo también porque ya se me pasó la idea por la cabeza. Así que otra forma de verlo es: di con la noticia; se me pasó por la cabeza escribir al respecto; deseché la idea; y ahora al cabo de pocos días se impone la tendencia de escribir esa entrada, ganándole el pulso cósmico a la otra tendencia (dejarlo estar, pasotismo, gandulería… ). Este ha sido en buena medida el devenir de los hechos: tendencias, impulsos, ideas, voluntades, contradicción, conflicto… decisión y ¡a escribir!

Bruce “gana” sin (posiblemente) haber hecho nada a tal respecto, y ésta será otra de las incontables páginas web que cuenten que este próximo 14 de junio saca nuevo álbum. Western Stars. Gran portada. El Boss cabalga de nuevo…

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El disco parece mirar hacia atrás, hacia la primera mitad de la década de los 70, y tiene un marcado tono de nostalgia y regusto melancólico. La citada crónica de NPR.org nos habla, en cuanto a similitudes en ese espíritu nostálgico, de autores como Danny O’Keefe, Jimmy Webb, John Hartford o Kris Kristofferson, cantautores de reconocida influencia para el de New Jersey y que “capturaron el estado de ánimo pensativo de principios de los 70, especialmente en la zona de Los Angeles, donde la contracultura y el negocio del pop colisionaron dando fructíferos resultados en cuanto a producción musical”.

Dicho artículo nos explica muchas más particularidades del disco: que el productor es Ron Aniello; algunos de los músicos que participan; las coordenadas geográficas en las que podría situarse en buena medida este nuevo viaje sonoro y también cuál podría ser el tono general del nuevo disco (el mirar musicalmente hacia atrás parece muy obvio).

Hello Sunshine fue ese primer single. Un tema precioso. Se abre con unas escobillas de percusión acariciando al oyente, que junto a la línea de bajo crearán una cadencia que me recuerda mucho a la conocida I’m on Fire (incluida en el Born in the U.S.A.) del Boss. El tema va ganando en complejidad y arreglos, hasta introducir una pedal steel guitar, orquestación y coros. Esa maestría cantando y esa voz que sencillamente… amamos. Magnífico.

You know I always love the lonely towns,
those empty streets no one around. 

(…)

You fall in love with lonely,
you end up that way.

Y el vídeo. Yes, Bruce, life is a trip and a discovery every moment…

Si Hello Sunshine salía como primer single el 26 de abril, There Goes My Miracle lo hacía el 17 de mayo. Un tema también nostálgico y musicalmente introspectivo, que tiene todo el espíritu y estilo del gran Roy Orbison. Ciertamente el intérprete de Pretty Woman podría haber firmado este tema. Es mucho más complejo y denso en cuanto a los arreglos, con mucha más presencia de la sección de cuerdas. Reconozco que las dos primeras escuchas me chocaron un poco. Línea melódica poco habitual o previsible. Pero el estribillo es realmente bonito. Es como el repicar de las campanas de la iglesia en una soleada mañana (por la hermosura lo digo, no por la connotación religiosa). Es posible que la utilización de la palabra miracle no sea nada casual. Canción de amor sin embargo…

I’m searching for my love
Searching for my love

There goes my miracle
Walking away, walking away
There goes my miracle
Walking away, walking away

Tucson Train salía como tercer single el 30 de mayo. Gran presencia de instrumentos que hacen de colchón sonoro, como puede verse y oírse: cuerdas violines y viento tuba, trompeta. Su mujer es uno de los músicos del numeroso combo que le acompaña. Buena canción y esa voz inconfundible…

El Boss se encerrará en un estudio este próximo otoño para grabar un nuevo álbum con la E Street Band.

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El pianista, la barca, el despertar y Chopin

«Hay una historia sobre un pianista que ilustra muy bien la importancia de descubrir que “no-hay-nadie-en-casa”. Un famoso concertista de piano vivía en una hermosa casa de campo frente a un río. Cada domingo por la mañana, al amanecer, tomaba su pequeña barca y bajaba al río para escapar unas horas de los agobios cotidianos. Dejaba que su barca flotara río abajo, y al rato la anclaba en medio de la corriente. De modo que estaba allí sentado, en su pequeña barca, a primera hora de la mañana. No había nadie alrededor. Miraba fijamente la superficie del agua, disfrutando de la paz y del silencio, de estar en la naturaleza sin necesidad de más. Mientras estaba allí, pacíficamente sentado, no podía dejar de preguntarse por qué los seres humanos tenemos siempre tantos problemas entre nosotros. Oyendo los sonidos de los pájaros, mirando los colores del sol reflejados en el agua, consideraba lo duro y lo difícil de entender que es que haya tantos problemas en el mundo. Se preguntaba por qué siempre estamos enfrentándonos con nuestros amigos y vecinos.

De repente, sus pensamientos se vieron alterados por algo que golpeó su barca por detrás. Sorprendido y enfadado, se dio la vuelta maldiciendo. Entonces, en un momento intemporal, se dio cuenta de que la barca que le había golpeado estaba vacía. Estaba gritando a… nadie. Comprendió que su barca había chocado con otra barca arrastrada por la corriente. Su enfado desapareció inmediatamente, y se sintió absorbido en una quietud total que descendía a su alrededor. En la Unidad con todas las cosas y con cada una de ellas… todo está envuelto en un amor omniabarcante.

Posteriormente reparó en que esta colisión era una metáfora de los problemas filosóficos en los que había estado pensando. Todas esas personas con las que creemos tener problemas son como barcas vacías. No hay capitán en sus botes. No pueden evitar hacer lo que hacen. ¡Qué descubrimiento tan sorprendente! Cada persona de este planeta está hipnotizada por la creencia ampliamente extendida de que todos somos individuos separados, cada uno viviendo en un cuerpo diferente que camina por la superficie del mismo planeta. Esto es lo que todos creemos porque imaginamos que “tenemos” un capitán en nuestra barca. Todos decimos: “hay un capitán en mi cabeza que tiene libre albedrío y puede elegir”, y entonces concluimos: “todos los demás cuerpos que veo caminando a mi alrededor se parecen a mí, de modo que también deben de tener un capitán”. Todos nos dejamos hipnotizar por esta creencia porque parece muy real.

Ahora nuestro héroe empezó a verlo todo con claridad meridiana. Su propio bote también iba flotando por el río sin capitán, simplemente siguiendo la corriente que le llevaba en una determinada dirección. En otras palabras, vio que “su” cuerpo, en el que siempre había creído vivir, era una caja vacía, como una radio en la que suena una música de piano ¡pero no hay ningún pianista dentro! Ahora se daba cuenta de que “¡no hay nadie viviendo en este cuerpo, no hay nadie en casa!”. Mi barca no tiene capitán y las demás tampoco. El capitán sólo es una apariencia. Este reconocimiento también fue el fin de su búsqueda espiritual. El pianista tuvo que sentarse un momento para integrar las consecuencias de lo ocurrido.

Después de estar un rato sentado, empezó a tener hambre. Su estómago le reclamaba que volviera al “mundo real”. El aroma de esa quietud seguía estando allí, como telón de fondo, pero “él” ya no estaba allí en el sentido habitual. Todo era sorprendente y muy normal al mismo tiempo. Volvió a casa, remando río arriba, para tomar el desayuno. Mientras bebía el café, pudo entender que cada cosa es como es. No hay bien ni mal, no hay ni pasado ni futuro ni ahora. ¿Cómo puede ser tan evidente, tan simple, y que, al mismo tiempo, nadie se dé cuenta de ello? El zumbido del frigorífico, el olor del café, el sabor de la mermelada… todo es una expresión de “Esto”. Se daba cuenta de que este Secreto Abierto está más allá de la comprensión común, y aunque le hubiese gustado compartirlo con todos sus amigos, no tenía palabras para expresárselo a nadie. Y si bien su vida cambió aquel domingo por la mañana y nunca volverá a ser la misma, nadie ha notado nada diferente en él. Sigue tocando el piano como antes».

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En el Todo no hay partes, y nuestra identidad egótica e individual es ficticia, una mera identificación errónea, una máscara que llevamos puesta en esta gran obra de teatro. Dicho en pocas palabras. Nuestra verdadera identidad es Conciencia, Presencia, o la Mente Única si queremos denominarlo así. Somos Todo y somos Nada a la vez. En realidad, y como bien escenifica este relato (no) “somos” Nadie, somos el Vacío*. Por supuesto, como somos todo también somos (como un disfraz que lleváramos puesto) ese personaje, “el capitán”.

*L’infinit tot d’un cop   El infinito todo de un golpe
i el silenci absolut.   y el silencio absoluto.
Som el món sencer   Somos el mundo entero
i també el no-res.   y también la nada.
Tanca els ulls: som esperit.   Cierra los ojos: somos espíritu.
Obre els ulls: som el cos.   Abre los ojos: somos el cuerpo.
Som la llum del sol,   Somos la luz del sol,
de la nit la foscor.   de la noche la oscuridad.

(Lluís Llach, Com un Arbre Nu)

Este relato es el cuerpo de una entrada, titulada ¿Hay alguien ahí? en el blog Koans e historias de Iluminación. Al final de dicho relato se señala que esta historia pertenece a la obra Nadie en casa de Jan Kersschot.

Pero como muy bien me ha indicado Tao (a quien le he puesto un enlace a dicho relato) esta historia está claramente inspirada en un poema mucho más antiguo. Y así es, salta a la vista. Se trata del poema The Empty Boat (traducción al inglés, claro) del sabio taoísta Chuang Tzu o Zhuangzi, filósofo de la antigua China que vivió alrededor del siglo IV antes de Cristo. Se le considera el segundo pensador taoísta más importante, sólo por detrás de Lao-Tse (Lao Tzu Lao Zi). Aquí tenemos ese poema en inglés, en otro blog: The Empty Boat.

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El caso es que «sigue tocando el piano como antes» me ha hecho pensar en esa escena de Adrien Brody tocando el piano en la película El pianista. Ya, quizá el personaje que nos presenta dicho film no cuadraría demasiado con la anterior historia: abatido, demacrado, apesadumbrado, en condiciones de auténtica supervivencia. Con toda probabilidad un ser plenamente despierto no se dejaría abrumar ni influenciar por nada. Pero quién sabe. Ese pianista de la barca podría acabar sufriendo las terribles consecuencias de un conflicto bélico unos años más tarde… El hecho cierto es que la “extraña”, curiosa y particular conexión se ha establecido en esta cabeza. El pensamiento ha saltado de una cosa a otra. Es lo que tiene (o lo que hace), ni más ni menos, el pensamiento.

Roman Polanski dirigió El pianista en el año 2002. Una película que está basada en el libro autobiográfico The Pianist de Władysław Szpilman, pianista y compositor polaco y judío y superviviente del Holocausto. Un film que se llevaría la Palma de Oro del Festival de Cannes en el 2002 y tres premios Oscar de entre las varias categorías a las que fue nominado: Mejor Director, Mejor Guión Adaptado y Mejor Actor Principal para Adrien Brody, que encarna a Szpilman. Además dos premios BAFTA al año siguiente, y unos cuantos galardones más.

La película arranca en el año 1939. Las tropas nazis invaden Polonia, y Władysław Szpilman es testigo del bombardeo de Varsovia mientras está tocando el piano en directo en un programa de radio. Las tropas alemanas y las tropas rusas invaden el país por diferentes frentes. Los nazis controlan una parte del país y los judíos pronto empezarán a ser discriminados.

Tras varias vicisitudes, entre ellas el traslado junto con su familia al campo de exterminio de Treblinka en 1942 (será separado de ese grupo por un amigo) llegamos a la escena que nos interesa y que es la reflejada en el siguiente vídeo: año 1944; Varsovia es completamente destruida. Tras esconderse en varios lugares, el pianista vaga por la ciudad en ruinas huyendo de los nazis y buscando refugio para guarecerse del crudo frío y víveres para sobrevivir. Así terminará en una amplia mansión deshabitada. Allí se esconde en el ático, pero acabará siendo descubierto por el oficial nazi Wilm Hosenfeld (interpretado por el actor Thomas Kretschmann). Hosenfeld le interroga y Szpilman le cuenta que es pianista. Ante esta explicación el oficial le hace tocar alguna pieza, y Szpilman interpreta la Balada número 1 en G menor, Op. 23 de Frédéric Chopin. Una extraña relación se establecerá entre los dos. El capitán Hosenfeld no le delata y le deja refugiarse en la casa, llevándole de tanto en tanto víveres.

Al final llegará la liberación por parte de las tropas rusas en 1945. Nuestro protagonista murió en el año 2000 con 88 años de edad, mientras que Hosenfeld, capturado por los soviéticos ese mismo año, murió en 1952, aún en cautiverio.

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Un film impresionante, que sin duda me estremeció. Una película cruda, realista, pero a la vez con un atisbo de belleza y esperanza, pues incluso a pesar del horror y la sinrazón de la guerra asoma un mínimo de humanidad y de compasión. Y por supuesto la voluntad y la fuerza para sobrevivir a todas las adversidades.

Chopin compuso sus cuatro Baladas entre los años 1831 y 1842. Son piezas de un solo movimiento pensadas para ser ejecutadas por un piano solista, y se encuentran entre las obras más bellas del compositor polaco. No se corresponden exactamente a la forma de sonata, sino que fueron sometidas a ligeras modificaciones. Las Baladas han influido en compositores tan importantes como Franz Liszt o Johannes Brahms.

La Ballade No. 1 in G minor, Op. 23 empezó a ser escrita en 1831 durante una estancia de ocho meses en Viena, y fue terminada en 1835 en París. Otro monstruo de la música, Robert Schumann, comentó en 1836 tras haber recibido una copia: “I received a new Ballade from Chopin. It seems to be a work closest to his genius (although not the most ingenious) and I told him that I like it best of all his compositions. After quite a lengthy silence he replied with emphasis”.

Adrien Brody es Władysław Szpilman y Thomas Kretschmann es Wilm Hosenfeld. Chopin siempre es y será Chopin, y la escena es estremecedora y cargada de un significado profundo. Un rayo de luz en medio de la locura de la guerra…

Aquí tenemos a la pianista nacida en Ucrania Valentina Lisitsa. Lisitsa se ha “especializado” en los grandes compositores románticos, tales como Franz Liszt, Sergei Rachmaninoff, Beethoven o el propio Chopin. No es la primera vez que se la nombra en este blog, pues también ha interpretado y grabado obras de Philip Glass. Una interpretación de unos diez minutos…

Chopin, uno de mis compositores preferidos. La belleza, el romanticismo y la melancolía hechos música. Volveré —espero y supongo— en unas semanas, con cierta compositora y cantante de nuestros días…

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Si este no fuera el último día / The Last Day

Si este no fuera el último día, no habría notado el peso al levantarme.
No habría olido el cabello de quien descansa a mi lado ni le hubiera acariciado la cara mientras dormía.
No habría hablado con la pequeña mientras descansaba calmada, relajada y durmiente apoyada sobre sus muñecos de peluche.
No habría formulado los deseos que espero para ellas y para el día de hoy.
Tampoco habría percibido el peso y el sonido del agua sobre el cuerpo al ducharme ni el olor del jabón, ni la textura de las miles de pompas sobre la piel.
Pompas grandes, diminutas, pompas todas, tan iguales, tan distintas.
Tal vez no me habría puesto una sonrisa en la boca para fluir durante el día.
Tal vez me hubiera puesto la cara enfadada, tensa, desagradable y hostil que tantos días nos ponemos para funcionar en la vida.

Al salir no habría reparado en el aire frío impactando sobre la cara y las manos.
No habría percibido el movimiento de las ramas de los árboles desnudos cimbreándose sobre el tronco.
Tampoco habría podido esquivar la hierba sembrada de rocío brillante y la habría pisado sin duda, sin respeto, sin que me importara.
No habría percibido el regalo del aire haciendo volar varios papeles sobre la cabeza como si fueran cometas.
Y no habría escuchado el leve trino de algún pájaro que también ha madrugado.

Al conducir no habría sentido el volante sólido y frío.
No habría sentido la inercia del arranque y el movimiento ni el desplazamiento del frenado.
No habría tenido ocasión de sonreír en el atasco.
No habría visto el rayo de sol que a través de la ventana se posó sobre mi mano e hizo que cambiara su temperatura, su color y su brillo.
No habría visto cómo llueve.
No habría visto cómo cada gota de agua revienta en el suelo convirtiéndose en miles de pequeñas gotas iguales y distintas que la gota inicial que cae del cielo.

Al comer no habría pensado en cada movimiento desde el plato hasta mi boca y en todo lo que eso conlleva.
No habría bebido agua fría sintiendo su paso desde la boca al estómago, observando como desaparecía la sensación de sed.

Si no fuera el último día, no habría saboreado el postre de la misma forma.
Tampoco me hubiera relacionado con otras personas desde la calma, la serenidad y la atención, escuchando, reflexionando y respondiendo solo cuando es necesario, sin llenar el día de palabras inútiles que no son más que ruido y violencia.

Y desde luego, no habría respirado como si fuera la única cosa sobre la que tuviera control (que tampoco).
Igual no es mi último día y mañana puedo repetir estas experiencias maravillosas.

¿Quién sabe?

Este texto maravillosamente hermoso no ha salido de mi pluma. Se trata de una entrada en el blog OBSERVANDO AL OBSERVADOR: esta entrada. Desde aquí quiero darle mis inmensas y sinceras gracias a esta admirable persona. La hermosa y quizá sagrada energía de la vida. Sagrada en cuanto que preciosa, sin duda. La actitud correcta, la atención correcta, el sentimiento correcto. La intencionalidad, la sensibilidad. ¿La pureza de corazón?

¿Qué haríamos si supiéramos que éste iba a ser nuestro último día? ¿Expresaríamos todo el amor que fuéramos capaces de irradiar? ¿Entonces… ? ¿Entonces por qué no… ?

Este es otro de los temas en que Moby hace gala de ese estilo envolvente y atmosférico al que nos tiene acostumbrados, muchas veces acompañado de esa suavidad tan sugerente. The Last Day está incluido en Innocents, el decimoprimer álbum de este artista, publicado en el 2013. Un trabajo en el que se dan una serie de colaboraciones en la parte vocal. En esta canción en concreto interviene la cantante norteamericana Skylar Grey. Personalmente, ni el tema ni su sonoridad me dicen gran cosa, aunque sin duda es un tema bonito. Sí me parece mucho más notable este gran vídeo. Rodado en la India, la filmación está sin duda impregnada de la espiritualidad, la cultura, las creencias y la forma de vida de este gran país asiático.

Al ver las imágenes no he podido evitar pensar en que muy fuertes han de ser las creencias, o la fe, para sumergirse en las aguas brutalmente contaminadas del Ganges. Y también me ha hecho pensar en el Kumbh Mela, la famosa festividad religiosa que se ha iniciado justamente hace bien poco, a mediados de enero. Es el mayor peregrinaje o festival religioso del mundo, y se celebra en cuatro ciudades distintas, cuatro veces cada doce años o una vez cada tres años, alternándose las localidades…

«La observancia del kumbhamela se basa en el mito hindú del batido del océano de leche. En tiempos pretéritos, los devas (dioses) y los asuras (demonios) hicieron una alianza provisional para trabajar juntos en la elaboración del amrita, el néctar de la inmortalidad, a partir del Kshīra Sagara, el océano primigenio de leche, y compartir luego este amrita.

Sin embargo, cuando apareció el dios Dhanu Antari con el kumbhá (el pote que contenía el amrita), los demonios se lo arrebataron y huyeron lejos, perseguidos por los dioses. Durante doce días y doce noches divinas (el equivalente a doce años humanos), los dioses y los demonios combatieron en el cielo por la posesión del cántaro de amrita. Durante la batalla, algunas gotas de amrita cayeron en cuatro lugares: Praiag*, Hardwar, Ujjain y Nasik, motivo por el cual estas ciudades son sagradas y lugares de celebración del kumbhamela».

*Praiag es el nombre hindú de Allahabad (en Uttar Pradesh).

(Fuente: Wikipedia)

La astrología juega un papel fundamental en esta celebración. La creencia es que bañándose en estas aguas, sumergiendo la cabeza o incluso bebiendo de ellas (por supuesto muchos creyentes lo hacen) purifican sus pecados.

«A pesar de su importancia en los ritos del hinduismo, el Ganges padece la contaminación derivada de la industria y de la implantación de millones de personas en sus orillas, que transforman sus aguas claras que nacen en el Himalaya en una corriente fangosa llena de detritus».

… nos dice otra página web. Bien… este vídeo no es que verse sobre esta multitudinaria festividad, pero es casi inevitable acordarse de ello. En cualquier caso, y hablando de pureza, prefiero que nos quedemos con el espíritu de ese hermoso relato que he adjuntado.

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U2: I Still Haven’t Found What I’m Looking For

«¡Hola! No sé si entenderás y hablarás español, supongo que sí (me da la impresión de que no eres español).

Muchísimas veces he pasado por delante de ti, camino del trabajo, siempre con prisas. Captaste mi atención hace mucho tiempo: creo que cantas y sobre todo tocas muy bien la guitarra. Yo amo la música como una de las cosas más importantes de mi vida. Y tengo que decirte una cosa: por increíble que pueda parecer, tú eres el protagonista de un artículo escrito por mí.

Sí, porque tengo un blog musical: ongakumymusic.wordpress.com.

Un día te escuché interpretar el Here Comes the Sun de los Beatles, y me pareció tan hermosa la canción y tu interpretación que decidí plasmarlo por escrito y hablar un poco de este tema del cuarteto británico, de ti y de estos “encuentros” fugaces.

Así que aquí te dejo el título/enlace de ese artículo (esto es lo que deberías buscar o enlazar, sobre este papel no podrás apreciarlo): The Beatles: Here Comes the Sun.

No sé si serás muy asiduo de internet. Me encantaría que algún día leyeras esa entrada; realmente me haría ilusión, y es posible que a ti te la haga también. Así que esta es la historia. No pienses que por más que la gente pase por delante tuyo a toda prisa, enfrascados en sus pensamientos y sus problemas, ocupados con sus vidas, nadie te ve ni te escucha, y que pasas desapercibido. Yo te veo y te escucho siempre, y me fijo en qué temas has escogido: Hotel California, Sweet Child o’ Mine, el Fly me to the Moon de Sinatra u otros.

Si has llegado hasta aquí y leído esto, sería algo hermoso, creo. Un abrazo, amigo. And keep on singing and playing».

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Hace ya unos cuantos meses hablé de un “músico callejero” que tocaba y cantaba en un pasillo del metro de Barcelona. Decidí escribir una entrada sobre esos momentos en que me cruzaba con su música camino del trabajo: es la entrada enlazada antes y el mencionado tema de los Beatles. Y este busker lo sigue haciendo. Este mismo mediodía he vuelto a pasar por delante suyo, como tantas y tantas veces. Siempre me venía este asunto a la cabeza y ese no sé qué, esa especie de remordimiento porque él no supiera nada de nada de su inesperado protagonismo. Pero hoy se me ha encendido la bombilla: voy a escribirle una nota a mano, en un folio, explicándole toda la historia. Es el texto que abre esta entrada, palabra por palabra. Y se la entregaré haciéndole alguna breve indicación. Es probable que mañana mismo. O aunque no sea mañana será en los próximos días, porque lo primero que haré mañana al levantarme es escribir ese folio y guardármelo en el bolsillo de la cazadora. Hablo en serio. Por otro lado no quiero parecer ni sonar egocéntrico (por lo de “tengo un blog y bla, bla, bla… “) ni ridículo, pues es muy posible que esta persona tenga otras preocupaciones y problemas más importantes o acuciantes que ir leyendo artículos de internet. No lo sé. Pero bueno, creo que una cosa no quita la otra. Si lo leerá algún día y qué podrá pensar o parecerle ya queda en el terreno de las incógnitas…

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I Still Haven’t Found What I’m Looking For es otro de los temas que suele interpretar este músico. No es la primera vez que hablo de esta formidable canción, una de las más famosas y hermosas del grupo irlandés. Lo hice por ejemplo a raíz de que Bruce Springsteen ocupara sorprendentemente el lugar de Bono y saltara junto al resto del grupo al escenario en diciembre del 2014, en pleno Times Square neoyorquino. Springsteen y otros artistas, como Chris Martin de Coldplay, por ejemplo. Aquí tenemos esa entrada en cuestión. Un tema el de los irlandeses que plasma unas inquietudes vitales, una búsqueda, quizá resuelta en clave religiosa, quizá espiritual, quizá a través del amor a los demás.

Con el de New Jersey en directo…

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Y hablando de buscar y encontrar y de asuntos de esa naturaleza… Tengo una noticia que dar: he creado un nuevo blog; ahora, coincidiendo con el nuevo año. Un blog que nada tiene que ver con la música. ¿Y de qué trata este blog? De un tema o temas que pueden resultar espinosos pero creo que a la vez muy hermosos. Un tema por otro lado muy personal, y por tanto abierto a muchas interpretaciones, puntos de vista, maneras de sentir… y por esos motivos también susceptible de controversia y debate. Nada me gustaría más que mi nuevo blog se convirtiera en un lugar de encuentro y de diálogo. Ese tema “espinoso”… ya en el fondo estoy dando muchas pistas aquí y ahora, sin caer en definiciones concretas. Yo intentaré ser lo más sincero, abierto, sintético y explicativo posible, pues creo que muchas y repetidas, pero ligeramente diferentes aproximaciones, pueden “ayudar” a… a…

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Dejo un enlace permanente en la columna de la derecha, justo debajo de la imagen dorada del Buda. ¿No te pica la curiosidad? A mí sí que me pica la curiosidad, francamente, por ver cuáles pueden ser las diferentes reacciones y respuestas. No lo sé. Ahora no sé nada de nada. Solo que seguiré con esa singladura. Necesito dar salida a todo eso…

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Michi en japonés, camino

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Lama Gyurme & Jean Philippe Rykiel: Hope for Enlightenment

En 1995 estuve en el Nepal. Tres semanas de viaje. Éramos tres personas, una de ellas mi hermana. Contratamos todo el paquete del viaje en la agencia Trekking y Aventura, que sigue en activo que yo sepa, con oficina en la calle Urgell de Barcelona. La idea era conocer un poco este inmenso y fascinante país y hacer un trekking por la cordillera de los Annapurnas…

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El macizo de los Annapurnas es un auténtico coloso de la naturaleza: se extiende por 55 km e incluye un pico de más de 8000 metros —el Annapurna I, la décima cumbre más alta del planeta, con 8091 metros—, trece picos por encima de los 7000 m y dieciséis por encima de los 6000. Este macizo encierra un majestuoso circo glaciar de forma ovalada que es lo que se conoce como Annapurna Sanctuary. Precisamente éste es el trekking que escogimos, el que lleva hasta ese punto, donde está situado el campamento base de los Annapurnas (4130 metros, ése fue el punto más alto que alcanzamos)…

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No voy a extenderme demasiado sobre dicho trekking: está considerado de dificultad media, pues ni los senderos son demasiado duros ni las ascenciones en sí, siempre graduales. Aunque ascender se asciende, y tanto, y supone un esfuerzo físico, sobre todo en cuanto a las piernas se refiere. Otros trekkings son de mucha más duración —éste es de unos 13 días— y en ellos se llega a puntos mucho más altos. Nuestro trekking era bastante asequible, dentro de lo que cabe. Desde la capital, Kathmandú, se toma un vuelo hasta la localidad de Pokhara, epicentro desde el que parten la inmensa mayoría de estas expediciones. (Aquí tenemos la descripción de ese recorrido en la mencionada agencia de viajes).

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El macizo de los Annapurnas visto desde el valle de Pokhara. No hay palabras…

Desde luego, me faltan calificativos para describir tan impresionante viaje y experiencia: alucinante, maravilloso, fascinante, inolvidable. Tanto el trekking en sí como la totalidad del viaje estarían incluidos en un hipotético top ten e incluso un top five de las experiencias más hermosas de toda mi vida. No exagero. Viajar hasta allí supone una experiencia enriquecedora a nivel cultural y humano, ya que uno se encuentra un país realmente espectacular, hermosísimo, y con unas gentes increíblemente sencillas y hospitalarias. El choque a todos los niveles está asegurado. La huella dejada perdura en uno: puedo decir que algunas —muchas— de esas experiencias, imágenes y momentos han quedado grabadas a fuego en mi interior y me las llevaré conmigo.

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Tampoco voy a extenderme sobre tan fantástico viaje. Podría escribir una extensísima crónica si me lo propusiera, aunque debería hacer un esfuerzo notable de memoria. Baste decir que la escasa duración del trekking te permite conocer muchos otros aspectos y lugares del país. El propio Kathmandú es fascinante: adentrarse por las estrechísimas calles de su centro histórico y pasear entre talleres y tiendas donde se trabaja la artesanía en mil maneras y con mil materiales (telas, madera, metal, vasijas, máscaras, ropa, especias, joyas, souvenirs… ) es como retroceder al medioevo. Un momento mágico.

Destacaría en especial y rescataré dos lugares excepcionales: la visita en la misma capital a la stupa de Boudhanath —aunque que yo sepa este nombre adquiere distintas formas— o Boudha Stupa, un monumento realmente emblemático y muy conocido…

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Boudhanath-Stupa

Y el segundo lugar de obligada mención es la ciudad medieval de Bhaktapur o Bhadgaon, a unos 13 km de la capital. Esto sí que es absolutamente mágico y fascinante, un auténtico viaje en el tiempo. Este maravilloso enclave fue el escogido por Bernardo Bertolucci para filmar muchas de las escenas de su película El pequeño Buda.

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Durbar Square en Bhaktapur

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Muchas, muchísimas tallas e imágenes que vimos en los edificios de Bhaktapur representaban escenas y actos sexuales, que en esas culturas están desprovistas del pudor y el sentimiento de culpabilidad típicamente cristianos y representan liberación de energía, vitalidad y lo que se conoce como corrientes tántricas. En esta interesantísima entrada del blog RUBELLS ANTIQUES podéis ver si os apetece una magnífica galería de esas tallas y esculturas que soportaban muchos de los tejados de estos templos y edificaciones

Para cerrar el capítulo del viaje, voy a hacer tres apuntes:

—El primero es una anécdota: jamás creí que uno de los momentos más sublimes de mi vida, en cuanto a contemplación de la belleza, tendría lugar… meando. Efectivamente, así fue. Cuando emprendimos ese trekking pasamos la primera noche bajo techo, en una de las muchísimas y sencillas cabañas que los lugareños ofrecen como lodges a los turistas y caminantes. Era noche cerrada y me desperté porque me estaba orinando. Dejé mi saco de dormir y salí al exterior para mear. Y me quedé estupefacto, maravillado e hipnotizado: la luna brillaba esplendorosa y su luz se reflejaba en todo el inmenso y blanco macizo montañoso delante de mí. Cuánta belleza…

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No fue exactamente esta panorámica, pero sí muy parecida. Esto da una idea aproximada de lo que contemplaron mis ojos

—Tengo, tenemos decenas y decenas de fotografías de nuestro viaje. Pero fotos de las antiguas, con negativos y en papel. Nada de formato digital, que dudo existiera ya. Quizá si un día me animo a escanearlas podría subirlas a través de varias entradas de blog.

—Desafortunadamente, tanto la stupa de Boudhanath como Bhaktapur resultaron severamente dañados por el terremoto que sufrió el Nepal el 25 de abril del 2015, de magnitud 7,8. En esa localidad, por ejemplo, 67 construcciones quedaron totalmente destruidas, mientras que la gigantesca cúpula esférica ha necesitado restauración, pues resultó seriamente afectada. Unas noticias que en su día me llenaron de enorme tristeza.

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Death Toll Rises Following Powerful Earthquake In Nepal

Hoy, 26 de diciembre del 2018, estas fotografías me han hecho saltar las lágrimas

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Ahora es el momento en que voy a hablar del budismo. Siempre, desde siempre he sentido una gran afinidad, fascinación e interés por la figura del Buda y por el budismo, por esta filosofía, religión y sistema de pensamiento; por sus intentos de desentrañar y dar respuesta a los grandes misterios de quiénes somos, qué somos en realidad y cuál sería el hipotético sentido de la vida. Sus respuestas, sus recetas, diagnóstico y puntos de vista me convencen totalmente; lo hicieron desde mi primera toma de contacto: la raíz de los problemas internos del ser humano son el deseo y el sufrimiento, y tan solo a través de la trascendencia y el desapego uno conseguirá liberarse auténticamente. Llámese meditación a esa metodología de trabajo: la búsqueda de esa paz y silencio interiores antes deben ir acompañados de una observación atenta de qué es lo que pasa en nuestro interior; cómo funciona nuestra mente y las razones que nos llevan a actuar y ser así, también a desear. Observar los propios pensamientos, sin resistencia, sin juzgarlos, sin abrazarlos ni condenarlos sería como observar el paso de las nubes tumbados sobre la hierba.

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Personalmente estoy de acuerdo con las enseñanzas del Buda: se puede despertar a nuestro verdadero ser —a ese despertar le llaman samadhi; también satori en el budismo zen—, se puede alcanzar la iluminación, sabiduría, armonía, felicidad o nirvana, no importa el nombre que le demos. Creo que en el fondo somos conciencia y que nuestra verdadera identidad es eterna, atemporal e infinita: no tiene principio ni fin. ¿Dios, el alma? ¿El todo, la individualidad? Tan solo son palabras, construcciones mentales. ¿Acaso distinguimos las gotas de agua de la totalidad del océano? Y sin embargo todas y cada una de las gotas son el océano. ¿Acaso distinguimos segundo a segundo del fluir del tiempo? Sí que los distinguimos, en verdad, porque nuestra mente tiende a analizar, dividir, bautizar, verbalizar y conceptualizar. Pero la realidad no parece necesitar de relojes (aparatos que pretendidamente “miden”) y se las puede apañar sin el concepto humano de “tiempo”. Es más, al respecto de esto preguntaría si realmente existe lo que conocemos como “un segundo”. ¿No puede ser más que una mera ilusión mental? ¿Podemos, pueden los relojes realmente medirlo o “atraparlo”? Así que creo que las partes son el todo y que en este todo no hay partes, divisiones ni fronteras. Personalmente —he de “confesar”— no hago distinción entre ese todo, la realidad, y la conciencia. Éste seguramente es el punto clave de toda esta visión. Podemos llamar a esto conciencia cósmica o conciencia única. Mente única, ser supremo… son muchos de los términos que se han barajado. Es más, para mí no es solamente una cuestión de “creer”: estoy convencido de que todo esto puede experimentarse, que uno puede tener la evidencia directa de esta verdadera identidad; uno puede tener ese flash, esa certeza repentina e indiscutible. El “ser” no es producto del pensar; no es un concepto ni idea: está ahí, siempre ha estado ahí, antes de cualquier idea o palabra, antes de que intentemos explicarnos a nosotros mismos quiénes somos o cualquier otra cosa. Porque eso es siempre lo que hacemos, dialogar con nosotros mismos. Más precisamente, la mente dialoga consigo misma porque se ha desdoblado en dos, creando una dualidad, una falsedad, una imagen (pensad en ello con detenimiento y honestidad). ¡Una imagen para nosotros mismos, para la propia mente! Esto, que parece tan normal, debería en realidad parecernos muy extraño y anormal. Es así cómo se crea un desdoblamiento: la mente nos convierte a nosotros mismos en dos, en el observador y lo observado. A este funcionamiento tan anómalo siempre le he llamado “el personaje”. Maya, la ilusión, es un término importantísimo (en el hinduismo, concretamente), y deshacerla una tarea titánica. Y claro está, así… ¿cómo puede haber autenticidad, fidelidad en esa observación? Cuando por un instante rompemos o se rompe esa falsedad o imagen emerge la verdad del ser, antes que cualquier representación o idea. Es difícil de expresar y explicar, pero fácil, instantáneo, diáfano e inequívoco experimentarlo. Y puede ser espontáneo o llevarte toda una vida de búsqueda y esfuerzo.

Estas son mis creencias y vivencias. Tan solo unos puntos de vista, con la sutileza de que para mí tienen bastante base en la experiencia, la evidencia y la intuición directa. Lo sé, esto puede sonar terriblemente pedante, a “estoy en posesión de la verdad absoluta”, pero no es ese mi planteamiento. No se trata aquí de convencer o adoctrinar. Solamente estoy exponiendo, que quede claro. Habrá gente a quien todo esto le parezca más o menos creíble. O lógico. O que le resulte interesante; digno de profundizar en ello. O habrá a quien le suene a rollo patatero, a comida de coco pura y dura. O quien esté en completo desacuerdo. Ojo, que he mencionado a “Dios” sin realmente hablar de Dios. He hablado de algo sin principio ni fin sin aferrarme a “la inmortalidad del alma”. Al fin y al cabo, dicho sea de paso, siempre he creído que el “no hay nada” de los ateos no es más que otra forma de intento de verdad absoluta, de absolutismo a nivel conceptual.

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Yo hablo del ser o de la identidad última y verdadera que puede alcanzarse a través del despertar o la iluminación. Son mis puntos de vista y en definitiva están muy arraigados, en consonancia o relacionados con el budismo. La cuestión es que esta atracción por el budismo ya existía en mí antes del viaje al Nepal, y tras él aún se acrecentó más. Bastantes son los libros que he leído del tema a lo largo de mi vida. Y no estrictamente de las enseñanzas del Buda. Sí es cierto que he leído libros de autores que diseccionaban y explicaban estas creencias; algunos de ellos escritos por nombres ilustres del budismo zen japonés. Otros son libros que nos hablan de las enseñanzas espirituales de maestros hindúes, personas que sencillamente se han dedicado a buscar o a meditar, sin relación directa o forzosa con el Buda; y muchos otros libros son de pensadores occidentales en un amplio abanico de lo que podemos llamar filosofías trascendentales o transpersonales.

[He releído todo lo dicho y creo necesario añadir una precisión importante: en realidad no me interesa el budismo tomado como una religión; ni en su aspecto de jerarquía, normas o el sistema que en definitiva se acaba creando. No me interesa como tinglado, y me es bastante indiferente el Dalai Lama, con todos los respetos, así como las innumerables escuelas e interpretaciones de la doctrina, interesantes todas; no me interesan las discusiones académicas en ese sentido, ni perder el más mínimo tiempo en ellas. En verdad la mente si tira por ese camino se acaba perdiendo en un bosque de conceptos, como si nos ponemos a teorizar sobre Dios y el alma. En definitiva, solo me interesan las enseñanzas originales del Buda].

Como mera curiosidad, y sin que tenga una relación directa con el viaje, me gustaría compartir y difundir unas imágenes. Simplemente porque me apetece hacerlo, porque son fotografías de la que considero una hermosísima estatua del Buda; también porque me parece que se trata de unas imágenes casi desconocidas para el grueso del público occidental. Vayan como muestra de mi fascinación por el Buda y el budismo. Y antes que nada, como digo, por su belleza plástica…

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Esta magnífica y multicolor estatua del Buda se encuentra en el monasterio de Thiksey, situado en la región de Ladakh. Esta región se encuentra en el norte de la India…

«Ladakh lies in far north India, in the heart of the Himalaya. The name of the region means ‘land of high passes’, as it’s completely locked by mountains on all sides, and so it can only be reached by air, or via a grueling [agotador] trip across passes over 5000 meters over sea level. Ladakh occupies the western half of the Tibetan plateau; its history, language and culture are closely related to Tibet. As such, Ladakh is one of the best places in the world to experience and get to know Tibetan culture, especially in summer when beautiful, colorful festivals take place in monasteries».

Efectivamente, el Ladakh está fuertemente emparentado con el Tibet y el budismo tibetano. De hecho es uno de los últimos reductos en el mundo donde estas ancestrales creencias y cultura pueden subsistir en libertad. Está fuera del alcance de las zarpas de la China comunista e imperialista, que como todos sabemos se anexionó militarmente el Tibet en el año 1950 y lo acabó declarando una “región autónoma” oficialmente en el año 1965 (Tibet Autonomous Region). Por supuesto, después de someter, masacrar y asesinar a miles y miles de civiles y también a miles de monjes budistas, amén de destruir infinidad de monasterios. Todo ello sucedió entre los años 1958 y 1962, en lo que se conoce como the Great Leap Forward, una ofensiva a todos los niveles llevada a cabo por la República Popular de China. También es sabido que a raíz de todo ello el decimocuarto Dalai Lama, en total desacuerdo político, huyó y se exilió en Dharamsala, India.

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En realidad esta estatua estaría representando a lo que en budismo se conoce como el Maitreya, el Buda futuro o que está por venir, para aportar según sus creencias la iluminación a la humanidad…

«Thiksey monastery (is) the largest monastery in central Ladakh, inspired by the Potala Palace in Lhasa. It’s 19 kilometers away from Leh and when we visited it was eerily quiet [en una calma absoluta], as all monks had gone to the Nubra Valley to see the Dalai Lama. (…) The statue of Maitreya, the future Buddha, at Thiksey monastery. According to Buddhist sacred scriptures, Maitreya is a bodhisattva [una encarnación del Buda], an enlightened being [un ser iluminado] who will appear on Earth and achieve enlightenment [alcanzará la iluminación], and then continue Buddha’s teachings. This prophecy is found in all major schools of Buddhism. The iconography of Maitreya is very common all around Ladakh, and statues like this are everywhere: in squares, big monasteries and tiny ones lost in the mountains».

Todas estas citas están extraídas de un magnífico artículo y fotorreportaje en la web GREEN GLOBAL TRAVEL. En él, la escritora freelance británica Margherita Ragg y su marido, el fotógrafo australiano Nick Burns narran su increíble viaje a estas tierras en el año 2010.

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Monjes frente a otro Buda Maitreya, esta vez exterior y en el monasterio de Diskit, en el valle de Nubra

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Espectacular panorámica del valle de Thiksey

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La estatua es bastante grande: mide dos pisos de altura

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Para finalizar, me decido por esta fotografía: es el monasterio de Thiksey, ciertamente muy parecido al Potala de Lhasa, la capital tibetana. Esta fotografía está incluida en otro fotorreportaje sensacional, el de una pareja que estuvo allí en el 2013 y que son apasionados de los viajes (vuelta al mundo inclusive): Estem de vacances.

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También una extensa zona del Nepal está muy ligada al Tibet y al budismo tibetano, al igual que el Ladakh. Ya de vuelta en Barcelona, se despertó en mí una lógica curiosidad por la música tibetana y budista, y fruto de mis indagaciones por las estanterías de música étnica de los desaparecidos Discos Castelló me compré algunos CD; algunos de músicos nepalíes, otros de mantras o cantos budistas, con esos fascinantes sonidos de percusión o esas impresionantes trompetas o trompas tibetanas…

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Y no recuerdo en qué momento exacto, pero este CD cayó en mis manos. Mi curiosidad musical y cultural, mis afinidades, mi interés, el destino, el karma o quizá una mezcla de todo ello hizo que el disco del Lama Gyurme & Jean-Philippe Rykiel ingresara en mi colección. No sería extraño pensar o decir que este disco y el que escribe estaban predestinados a cruzar sus caminos…

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El disco salió en 1994 —según otras fuentes fue en 1995—, es decir, casi en el momento exacto con respecto a nuestro viaje. Ambos músicos han colaborado en distintas ocasiones…

  • Songs of Awakening: The Lama’s Chant with Jean-Philippe Rykiel (1995)
  • Rain of Blessings/Vajra Chants with Jean-Philippe Rykiel (2000)
  • Hope for Enlightenment (2000)
  • The Lama’s Chants (Songs of Awakening/Roads of Blessings) with Jean-Philippe Rykiel and Loy Ehrlich (2004)
  • Chants for Peace (Chants pour la Paix) with Jean-Philippe Rykiel (2010)

Lama Gyurme o Lama Gyourmé es un lama o monje budista y músico nacido en el Reino del Bután en 1948. El Bután, otro fascinante país del Himalaya, muy emparentado también con el Tibet y el budismo, pues fue este pueblo el que introdujo esta religión en este remoto país.

«He was entrusted [fue confiado] by his family at the age of four to the monastery of Djang Tchub Tcheu Ling in Bhutan where his interest in sacred music appeared quickly. At the age of nine, he became a permanent resident of the monastery where he received Buddhist teachings, completed by an initiation to traditional arts, including music.

At the age of 20, he followed his first spiritual retreat of three years, three months and three days, necessary to the formation of Lama, at the monastery of Sonada in India of which the director is Kalu Rinpoche. During this retreat, he was given the title of “Oumze” – master of music – by Kalu Rinpoche. After a stay at the monastery of Rumtek in Sikkim, he fulfilled [completó] his religious education in Bhutan before obtaining his diploma of teacher of the Kagyupa tradition».

(Fuente: Wikipedia)

Desde 1974 reside en Francia y es director del Kagyupa Centre en París (Kagyu Dzong) y, desde 1982, del Vajradhara Ling Centre en Normandía.

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Jean-Philippe Rykiel nació en 1961 en Francia. Es ciego desde su nacimiento debido a una negligencia médica. Desde muy niño fue autodidacta con el piano, y además se ha convertido en un respetado compositor y arreglista. Ha trabajado y colaborado entre otros con Vangelis, Steve Hillage, el maliense Salif Keita, Papa Wemba, Leonard Cohen o el senegalés Youssou N’Dour. Entre sus influencias cita a Miles Davis y Thelonious Monk. En 1982 sacó su primer álbum en solitario y ha hecho por ejemplo música para varias películas.

The Lama’s Chant: Songs of Awakening se compone de cinco extensos temas. El escogido para esta entrada, Hope for Enlightenment, es realmente hermoso. Podemos apreciar en él la grave y poderosa voz del Lama Gyurme. Un tema que combina muy hábilmente la atmósfera y la profundidad de los mantras budistas con el atractivo melódico, haciendo que no esté exento de gancho comercial.

He escogido dos vídeos fascinantes donde se combina el tema con maravillosas imágenes del mundo budista, los imponentes Himalayas, gentes y los países situados en esta región…

Todavía me parece más espectacular el segundo vídeo. Impresionantes paisajes, la mayoría de ellos procedentes precisamente del Ladakh, aunque también parece haber escenas del Nepal —se ve por ejemplo el imponente pico del Machapuchare, con su forma tan característica—. Una música ideal para relajarse, para la introspección o la meditación, o sencillamente para soñar, evadirse y viajar. Mucho más si ponemos las imágenes a pantalla completa…

Para los que pudieran estar interesados, aquí tenemos el disco completo.

El Nepal… no descarto volver algún día, en absoluto. Para hacer otro trekking, incluso más largo y más duro. Sería… maravilloso.

 नमस्ते

Namaste

Publicado en ARTE, ÉTNICA, FOTOGRAFÍAS, OPINIÓN, SOCIEDAD, WORLD MUSIC | 16 comentarios

Metallica: Las muñecas de Famosa / Black Sabbath: Hacia Belén va una burra, rin, rin

No solamente en algún que otro blog se pueden publicar entradas donde se lleva a cabo una impecable arqueología musical, zambulléndose en el pasado, indagando en fuentes y bibliografía, y deslumbrándonos y sorprendiéndonos con historias casi desconocidas. Aquí también podemos coger el pico y la pala y ponernos a excavar; adentrarnos en los recovecos de la historia de la música para sacar a la luz temas inéditos o versiones que nadie hubiera sospechado. Es el caso por ejemplo de Metallica. En 19… grabaron este conocido villancico entre track y track de su… LP. Impagable la maestría con la zambomba, a falta de guitarras thrash metal. Sé que no me creeréis (por esas voces), pero sí, son Metallica…

Y… ¿qué decir de Black Sabbath? Los míticos “padres del heavy” nos muestran su cara más dulce acordándose del pesebre, de Jesús y de la madre que lo parió…

Y como no quisiera repetir fórmulas muy manidas y demasiado repetidas, pues mis deseos de…

Esperando además que…

Y de verdad, de todo corazón…

                             

Publicado en HEAVY METAL, HUMOR, ROCK | 22 comentarios

El continente de plástico / Plastic Beach / The Dream of the Blue Turtles

Otra vez partimos para un larguísimo viaje; un viaje que nos llevará por los océanos del planeta. Ojalá que te pueda aportar informaciones útiles o nuevas de la misma forma que yo he aprendido tantas cosas escribiendo esta entrada. Y ojalá sirviera mi esfuerzo para ayudar a difundir, aunque sea mínimamente, una preocupante realidad y un descomunal problema. ¿Vienes conmigo?

Cuando me enteré hace un tiempo de la existencia en mitad de los océanos de un inmenso “continente flotante” compuesto de basura y básicamente plásticos me quedé lógicamente muy sorprendido e impactado. La sola idea es horripilante y para dejarte en estado de shock. Mis oídos no daban crédito. Pero cuando en tiempos mucho más recientes he podido constatarlo visualmente y a través de las informaciones vertidas en internet, el bochorno y el mazazo han sido absolutos. Qué vergüenza. Porque como especie, la humanidad es una auténtica vergüenza, como mínimo en cuanto al respeto por la naturaleza y el planeta Tierra, nuestro hogar. Lo más suave y moderado que puedo decir de nosotros mismos como especie, insisto, es… qué guarros. GUARROS. Irrespetuosos, desconsiderados, desagradecidos, inconscientes, egoístas, ruines, miopes y ciegos, mezquinos, tóxicos, nocivos, peligrosos. Primitivos. PRIMITIVOS. Practicantes de un suicidio colectivo a largo plazo (podemos sumarle la emisión de gases, la contaminación y el calentamiento global, ¿verdad?; amén de cien mil cosas más).

Escribir sobre el también terrorífico y letal calentamiento global me hizo tropezar de nuevo con este tema, y decidí aplazarlo unas semanas para profundizar en él. Dios mío, jamás pensé que el problema fuera tan grave y la contaminación de los mares tan acuciada y extensa. Esta vez tengo que decir, echando mano del poco humor que inspira una cuestión así, que jamás creí que bucear en unas informaciones o navegar por internet pudieran producir tanto asco (por lo de meterse en el líquido elemento). Así que entremos en materia (pero con traje de neopreno)…

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La zona con una alta concentración de plásticos sobre la cual más han hablado y centrado su atención los distintos medios (televisiones, prensa escrita, internet… ) se encuentra en la parte norte del Océano Pacífico y se la conoce con distintos nombres: Great Pacific Garbage Patch, Pacific trash vortex, el continente flotante, la isla flotante, el séptimo continente, isla de basura, isla tóxica, remolino de basura del Pacífico, isla de la contaminación u otros nombres similares. Pero es el primero de todos ellos el más utilizado (patch = parche, pedazo, zona, mancha), mientras que trash significa basura o porquería y vortex significa vórtice. Otro vocablo utilizado es el de remolino (whirlpool). En cuanto a la extensión que ocupa, y aunque es difícil hacer mediciones precisas —luego veremos la razón—, se suele aludir a este particular haciendo distintas comparaciones: tiene dos veces el tamaño de Francia, es dos veces el tamaño del estado de Texas (twice the size of Texas) u ocupa una extensión equivalente a los estados de España, Francia y Alemania juntas, por ejemplo. En cuanto al lugar donde está situado el GPGP, se encuentra entre los estados estadounidenses de California y Hawái (prefiero usar Hawaii, la verdad): floating trash halfway between Hawaii and California

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Sin embargo, y pese a lo que vemos en las dos anteriores imágenes, donde los medios hacen énfasis en esa enorme mancha entre California y Hawaii, esto en realidad no es del todo exacto. Pues en esa vastísima área en el Pacífico Norte hay dos grandes concentraciones de plástico y basura bien diferenciadas…

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Y para entender esto totalmente, será mejor que empecemos desde el principio y expliquemos qué es un giro del océano (ocean gyre)…

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Esta espectacular imagen de un gigantesco “remolino” o vórtice en el océano está sacada de la página web de NATIONAL GEOGRAPHIC, donde en un magnífico artículo se nos explica con todo lujo de detalles en qué consisten esos giros y cómo se forman:

«An ocean gyre is a large system of circular ocean currents formed by global wind patterns and forces created by Earth’s rotation.

The movement of the world’s major ocean gyres helps drive the “ocean conveyor belt.” The ocean conveyor belt circulates ocean water around the entire planet. Also known as thermohaline circulation, the ocean conveyor belt is essential for regulating temperature, salinity and nutrient flow throughout the ocean.

Three forces cause the circulation of a gyre: global wind patterns, Earth’s rotation, and Earth’s landmasses. Wind drags on the ocean surface, causing water to move in the direction the wind is blowing.

The Earth’s rotation deflects, or changes the direction of, these wind-driven currents. This deflection is a part of the Coriolis effect. The Coriolis effect shifts surface currents by angles of about 45 degrees».

«Un giro oceánico es un gran sistema de corrientes oceánicas circulares formadas por patrones y fuerzas de viento globales creados por la rotación de la Tierra.
 
El movimiento de los giros oceánicos más importantes del mundo ayuda a impulsar la “banda transportadora oceánica”. La banda transportadora oceánica impulsa el agua oceánica en todo el planeta. También conocida como circulación termohalina, la cinta transportadora del océano es esencial para regular la temperatura, la salinidad y el flujo de nutrientes en todo el océano.

Tres fuerzas causan la circulación de un giro: los patrones de viento global, la rotación de la Tierra y las masas terrestres de la Tierra. El viento arrastra la superficie del océano, causando que el agua se mueva en la dirección en que sopla el viento.
 
La rotación de la Tierra desvía o cambia la dirección de estas corrientes impulsadas por el viento. Esta desviación es parte del efecto Coriolis. El efecto Coriolis desplaza las corrientes de la superficie en ángulos de aproximadamente 45 grados».

El Gran Cinturón Transportador, las corrientes cálidas y frías, la regulación del clima mundial, el Atlántico Norte y la Corriente del Golfo… bien, quienes hayan leído mi anterior entrada estarán ya familiarizados con estos importantes conceptos. Dicho esto, hay que añadir —todo esto es realmente fascinante— que existen cinco grandes giros en los océanos del planeta. Estos five major ocean gyres son: el Indian Ocean Gyre, el North Atlantic Gyre, el North Pacific Gyre, el South Atlantic Gyre y el South Pacific Gyre. Estos giros oceánicos se clasifican en tres grandes categorías: los tropicales, los subtropicales y los subpolares, quedando estos cinco mencionados englobados dentro de los subtropicales. Imágenes esclarecedoras…

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Si nos fijamos en la primera de esta cuatro últimas imágenes, veremos que el GPGP abarca desde las costas asiáticas hasta las norteamericanas, en la parte norte del Pacífico. Pero dentro de este gigantesco North Pacific Gyre hay realmente dos giros más pequeños. Y a su vez dos concentraciones de plásticos, una cercana a las costas de Japón y la otra a las de Norteamérica. De nuevo National Geographic nos lo explica de forma impecable en un artículo y nos lo ilustra con imágenes…

«The Great Pacific Garbage Patch, also known as the Pacific trash vortex, spans waters [extiende sus aguas] from the West Coast of North America to Japan. The patch is actually comprised of [se compone en realidad de] the Western Garbage Patch, located near Japan, and the Eastern Garbage Patch, located between the U.S. states of Hawaii and California. 

These areas of spinning debris [desechos que giran] are linked together by the North Pacific Subtropical Convergence Zone, located a few hundred kilometers north of Hawaii. This convergence zone is where warm water from the South Pacific meets up with cooler water from the Arctic. The zone acts like a highway that moves debris from one patch to another. 

The entire Great Pacific Garbage Patch is bounded [está delimitado] by the North Pacific Subtropical Gyre. (…) The North Pacific Subtropical Gyre is created by the interaction of the California, North Equatorial, Kuroshio, and North Pacific currents. These four currents move in a clockwise direction [en el sentido de las agujas del reloj] around an area of 20 million square kilometers (7.7 million square miles)».

Es decir, se trata de una “zona de convergencia” y ese giro del Pacífico está creado por la interacción de las cuatro corrientes que se citan al final. Como puede verse, las áreas donde hay acumulación de basura en realidad son dos: la occidental y la oriental. Es la Eastern Garbage Patch la que se encuentra entre Hawaii y California, y la que ha sido más estudiada y publicitada…

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The Dream of the Blue Turtles…

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The (broken) Dream of the Blue Turtles…  

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La peculiaridad de estos enormes giros que enlaza con la acumulación de plásticos es la clave de todo este asunto: en estas vastas extensiones de mar abierto se dan unas condiciones relativamente estables; son zonas de bajas presiones. Los vientos y las corrientes aminoran en su interior, y en estas aguas calmas se van acumulando más y más basura y plástico, que quedan atrapados en este “remolino” gigantesco. Los plásticos hacen un larguísimo periplo para llegar hasta aquí, partiendo de las diversas costas continentales y siendo arrastrados por las corrientes circundantes, más potentes, hasta entrar en estos giros y quedar ahí confinados, aumentando más y más la densidad conforme pasa el tiempo y conforme nos acercamos al centro (“winds and converging ocean currents funnel [encauzan] the garbage into a central location”). Por ejemplo se ha comprobado empíricamente que trozos de plástico salidos de las costas norteamericanas tardan unos seis años en llegar al GPGP.

Marcus Eriksen, científico del medio ambiente, educador, divulgador y cofundador de la organización 5 Gyres Institute, que se dedica a estudiar la contaminación causada por el plástico en todo el planeta, nos habla de los giros subtropicales en este vídeo…

Aquí tenemos otro interesantísimo vídeo. La agencia estadounidense NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) realizó un seguimiento científico soltando boyas en los mares y siguiendo el periplo de la basura desde las costas hasta esos giros. Creó una visualización de la contaminación de los océanos, consistente en un mapamundi que muestra el movimiento de las toneladas de residuos de plástico acumulados en las aguas marinas durante los últimos 35 años (“las boyas son arrastradas hacia los cinco giros oceánicos, el gran sistema de corrientes rotativas donde en los últimos 35 años se han concentrado las grandes islas de basura”). Recomiendo activar los subtítulos en inglés, en la parte inferior…

Se infiere de las anteriores informaciones y vídeos algo que quizá algun@s ya habréis intuido, supuesto o adivinado: sí, la triste y pésima noticia es que no solamente existe ese continente de basura en el norte del Pacífico, sino en cada uno de esos cinco giros subtropicales. Tenemos que hablar de continentes o de islas de basura en plural, por desgracia. Pero hablaremos de ese GPGP en concreto para extrapolar después algunas conclusiones generales…

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Plastic Beach…

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Escalofriantes imágenes de la isla de Henderson que le hacen a uno reflexionar y preguntarse qué le estamos haciendo a nuestro planeta…

En una noticia fechada en mayo del 2017, el New York Times nos habla de una remota isla en el sur del Pacífico: se trata de la isla de Henderson, un paraíso perdido e inhabitado; los asentamientos humanos más cercanos están a unas 120 millas. Lo terrible y lo chocante es que un lugar tan apartado ve cómo sus playas se hallan infestadas de basura y plásticos: un reciente estudio estima que hay allí unas 17,6 toneladas de desechos.

“The atoll’s white sand beaches are littered with tons of multicolored plastic junk, deposited there by ocean currents”. (“Las playas de arena blanca del atolón están llenas de toneladas de chatarra plástica multicolor depositada allí por las corrientes oceánicas”)

… se nos cuenta en la mencionada web. Jennifer Lavers, una científica investigadora de la Universidad de Tasmania, nos cuenta en ese artículo que ha visitado muchas islas remotas, pero que lo que vio en esas playas fue “the highest density of plastic I’ve really seen in the whole of my career”. Dichos investigadores estiman que la humanidad produce esas 17,6 toneladas de plástico cada 1,98 segundos. Es escalofriante.

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Un cangrejo ha hecho de un recipiente de plástico su refugio. ¿Y la música? La música ciertamente puede esperar

Cuando dichos investigadores examinaron las playas en el 2015, contaron más de 53 100 pedazos de basura procedentes de objetos manufacturados por el hombre. Casi todos eran de plástico y la mayoría estaban enterrados en la arena, así que la cosa es mucho peor de lo que muestran las fotografías. 

La isla de Henderson fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988. Se encuentra en el costado occidental del South Pacific Gyre, así que recibe la basura de entre otros lugares las costas sudamericanas. Cuando se examinaron parte de esos objetos, procedían de países como Chile, Japón o China.

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El inventor y emprendedor holandés Boyan Slat fundó a la edad de 18 años la organización Ocean Cleanup Foundation en el 2013. Esta fundación ha realizado en tiempos recientes un estudio detallado del Eastern Garbage Patch —la zona entre Hawaii y California, como hemos visto—, llegando a las siguientes conclusiones: el área contaminada abarca unos 1,6 millones de kilómetros cuadrados, y en ella se concentran ni más ni menos que 80 000 toneladas de plásticos flotantes. Es una barbaridad. Esto viene a ser el equivalente de unos 500 aviones tipo jumbo jet. Esta enorme masa ha resultado ser 16 veces mayor que la detectada en los últimos seguimientos realizados. He visto en algunos artículos que se estima que la cantidad de plástico se duplica en aproximadamente una década. Obviamente, el GPGP no deja de crecer. Como dicen los angloparlantes, and growing.

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El oceanógrafo Paul Lebreton fue el principal autor de este estudio. Para intentar medir las dimensiones de la mancha, densidad o concentración de los plásticos, masa en toneladas y otros parámetros se utilizaron treinta embarcaciones que peinaron la inmensa zona al unísono y dos aviones, uno de ellos un Hércules modelo C-130 equipado de modernos sensores que realizaron un escaneado en 3D. Todo esto se explica en un interesantísimo artículo en la web phys.org.

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Fauna marina bajo un verdadero manto de basura

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The Dream of the Blue Turtles…

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The (strangled) Dream of the Blue Turtles…

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Una imagen escalofriante. Una verdadera aberración

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The Dream of the Blue Turtles…

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Sigamos con ese artículo en phys.org

“The inflow of plastic to the patch continues to exceed the outflow” (“La entrada de plástico al parche continúa excediendo la salida”), declaró Lebreton a la revista Scientific Reports.

Calcularon en ese estudio que en la mancha se pueden contar 1,8 trillones de piezas o trozos de plástico. Se calcula a su vez que la producción de plástico a nivel mundial ascendió a 322 millones de toneladas en el año 2015, según un estudio de la International Organization for Standardization. Y que cada año ingresan en los océanos ocho millones de toneladas (según la Ocean Cleanup Foundation, porque otras fuentes hablan de diez millones), la mayor parte de las cuales va a… sí, a esos gigantescos giros.

Pero hago otro inciso para hacer una matización y aclaración importante, algo que señalan prácticamente todos los medios consultados. Lo verdaderamente horripilante, preocupante y peligroso no es esto…

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Plásticos en la bahía de Hanauma en Hawaii; una foto hecha en el 2008

Ni tan siquiera esto, que de por sí ya parece sacado de la peor de las pesadillas…

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Cinco fotografías sacadas de una entrada en steemit.com. Poco importa si nos están mostrando el GPGP u otros lugares

Aunque las anteriores imágenes pudiera parecer que desmienten la siguiente afirmación, diversos científicos afirman que al hablar de continentes o islas de plástico y basura no hemos de pensar en enormes extensiones de “terreno” o con una consistencia firme o sólida (aunque se han encontrado “parches” que por ejemplo miden 15 metros de longitud), sino más bien en una sopa, más diluida o más espesa según la localización. Algunos utilizan el término smog (“niebla tóxica”). Sí, una sopa de… microplásticos. Porque los microplásticos son la verdadera amenaza, por repugnantes que resulten las anteriores fotografías. El verdadero peligro es esto…

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Foto tomada por The Ocean Cleanup el 23 de marzo de este año en el GPGP

El plástico, un material inventado y que empezó a ser masivamente utilizado a mitad de la década de los 50, no es biodegradable. No se descompone debido a la acción de diversos agentes naturales. El plástico se queda ahí, y puede permanecer durante décadas e incluso centenares de años sin verse esencialmente alterado. No sufre biodegradación, sino que se parte, descompone y fragmenta en trozos más minúsculos…

«Biodegradable es un producto o una sustancia que puede descomponerse en los elementos químicos que se conforman, debido a la acción de agentes biológicos, como plantas, animales, microorganismos y hongos, bajo condiciones ambientales naturales. No todas las sustancias son biodegradables bajo condiciones ambientales naturales. A dichas sustancias se les llama sustancias recalcitrantes».

(Fuente: Wikipedia)

«El material utilizado para la fabricación de botellas de plástico es el “tereftalato de polietileno” o PET, un plástico indestructible. ¿Qué sucede con el plástico tirado en un basurero? No se deshace jamás, lo opuesto al material orgánico como madera y restos de alimentos que sufren un proceso de biodegradación cuando están enterrados, el cual es llevado a cabo por bacterias, actividades biológicas y químicas. El plástico nunca se biodegradará. La única manera real y efectiva de deshacer el plástico de botellas, bolsas de supermercado, envases de alimentos y anillos six-packs, es la ”fotodegradación”.

Para que el proceso de fotodegradación funcione necesita la luz del sol, no bacterias como en la descomposición de la materia orgánica. 

Cuando los rayos UV (ultravioleta) inciden en el plástico, rompen la cadena molecular y con el tiempo se puede convertir una botella en miles de pequeñas piezas. ¡No más que eso!

Esos pequeños trozos de plástico que suman millones de toneladas al año son productos químicos tóxicos como el bisfenol A (BPA) y el oligómero PS. Tales químicos tóxicos se depositan en el sistema digestivo de animales, aves, peces y el agua que tomamos, contaminados con toxinas».

(Fuente: EL FINANCIERO)

Por supuesto la contaminación de los mares con todo tipo de objetos de plástico, de muy diversos tamaños, es terrible y un hecho muy grave, pero la faceta más peligrosa de todo esto es el hecho de que el plástico no solamente no se biodegrada y no desaparece, sino que se fragmenta en trozos cada vez más pequeños. Puede llegarse a fragmentos de 5 mm e incluso más pequeños. Como indicaba Marcus Eriksen en su vídeo, la acción del agua del mar y sobre todo de la radiación ultravioleta del sol hace que los objetos de plástico se vayan rompiendo, pero no descomponiendo como podría hacerlo algo de origen orgánico. Y este es el gran problema. Mucho me temo que todos los mares y océanos se están convirtiendo poco a poco en una inmensa sopa de microplásticos, extremo que se ve exacerbado en esos enormes giros oceánicos. El propio Eriksen explica en otro vídeo que han estado tomando muestras al azar en diversos puntos de los mares, navegando con unas redes en forma de embudo que terminaban en unos cedazos, de manera que se filtraba el agua del mar y se recogían los sedimentos sólidos. En todas partes, en cualquier parte por donde hubieran navegado, insiste, se apreciaron micropartículas de plástico. Esas partículas ya se encuentran en cualquier punto de todos los mares del mundo. Son ya una sopa, tenuemente diluida en muchos lugares, pero más espesa en otros. Los océanos, sí o sí, ya son un ecosistema afectado por la contaminación causada por el ser humano.

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Vamos a ilustrar todo esto mediante distintas citas, de algunas webs mencionadas y otras. Extraigo y traduzco…

«Los microplásticos se dan en todos los tamaños, formas y colores. Algunas partículas son tan pequeñas que son invisibles sin un microscopio, mientras que otras son perceptibles como granos o fibras de diferentes tamaños.

Los microplásticos se definen como trozos de plástico que miden entre 1 micrómetro [también conocido como micra] (una millonésima de metro) y 5 milímetros de tamaño. Los nanoplásticos son partículas que son más pequeñas que 1 micrómetro.

Todos los plásticos son fabricados industrialmente. No existe el plástico “natural”. El plástico se compone principalmente de carbono e hidrógeno, que están unidos entre sí en largas cadenas llamadas polímeros. (…)

Alrededor del 75 por ciento de todos los plásticos que terminan en el océano se originan en tierra y son transportados a través de los ríos. El tratamiento insuficiente de la basura hace que los ríos en Asia y África sean particularmente vulnerables. La basura de las embarcaciones oceánicas, ya sea perdida o lanzada desde los barcos, representa el resto de los residuos plásticos en el océano. La basura, y especialmente el plástico, se acumula en cinco enormes giros oceánicos. Los efectos del sol, el viento y las olas, junto con la abrasión de la arena y la piedra, descomponen los plásticos en fragmentos más pequeños y crean enormes cantidades de microplásticos y nanoplásticos.

Tres atributos de los microplásticos en particular son motivo de preocupación:

a) Los plásticos son difíciles o imposibles de eliminar.
b) Los microplásticos pueden dañar organismos acuáticos y animales.
c) No sabemos lo suficiente acerca de cómo los microplásticos pueden afectar a las personas.
El plástico está diseñado para ser muy duradero. Esto significa que el plástico se descompone muy lentamente o nada en la naturaleza. El resultado es que el plástico se acumula rápidamente, especialmente en el océano. Puede ser factible eliminar partículas de plástico más grandes del océano, pero los microplásticos ya son imposibles de eliminar.

Los animales que ingieren partículas de plástico más grandes se ven afectados negativamente. (…) Los experimentos de laboratorio muestran que los microplásticos también pueden ser dañinos para animales como los copépodos, que son pequeños crustáceos. Cuando llenan sus estómagos con microplásticos, son menos capaces de absorber otros nutrientes, lo que ralentiza su crecimiento y desarrollo.

A medida que los animales más grandes consumen organismos más pequeños, los microplásticos pueden abrirse camino en la cadena alimentaria. En otras palabras, las personas también se vuelven susceptibles a ingerir microplásticos cuando comemos pescado y mariscos.

El plástico en sí es a menudo menos preocupante que los aditivos químicos que se encuentran en él. En muchos productos de plástico, los rellenos agregados y los productos químicos representan más del 80 por ciento del peso total. (…)

Los contaminantes, como los productos químicos industriales, los pesticidas y los metales, pueden en algunos casos adherirse a los plásticos que terminan en el océano o en ríos y otras vías fluviales. Y cuando los organismos vivos ingieren el plástico, los productos químicos lo siguen y luego pueden ascender en la cadena alimentaria.

¿Cómo puedo ayudar a reducir la contaminación por microplásticos? Al recoger una bolsa de plástico desechada, se eliminan millones de partículas microplásticas potenciales. Tomar decisiones conscientes como consumidor. Considere productos alternativos. (…) Podemos hacer mucho como individuos».

(En Gemini Research News)

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«Indonesia, que genera alrededor de 3 200 millones de toneladas de residuos plásticos, tiene la segunda contaminación plástica más alta del mundo, según un estudio realizado en 2015 por la Universidad de Georgia en los Estados Unidos.

Bali tiene una población total de 4,5 millones de personas y, sin embargo, se encuentra entre las regiones más contaminadas de Indonesia, ya que produce alrededor de 1000 toneladas de desechos plásticos todos los días, más que la capital del país, Yakarta, donde viven cerca de 12 millones de personas y que produce 750 toneladas por día.

El desastre ecológico que enfrenta la isla, que atrae al 40 por ciento anual de 15 millones de turistas extranjeros en Indonesia, ha empeorado en los últimos años debido a la indiferencia de los políticos.

Los desechos plásticos, como bolsas, botellas y envoltorios de alimentos, terminan en los caminos, en arroyos y manglares, lo que representa una amenaza para la salud.

El plástico finalmente termina contaminando el océano, donde miles de animales marinos mueren después de consumir residuos. (…) De acuerdo con los datos publicados por el Foro Económico Mundial, al ritmo actual, para 2050, los océanos podrían contener más residuos plásticos que peces (en términos de peso)».

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Las playas de la isla de Bali. ¿Se están terminando los paraísos terrenales? PLASTIC BEACH… 

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El hecho de que estas ingentes cantidades se estén acumulando en esos giros y que al mismo tiempo se estén desintegrando en fragmentos más pequeños, dando origen a una sopa de microplásticos, explica las dificultades de tomar mediciones precisas de cuán grandes son estas extensiones contaminadas. La densidad crece en el teórico centro, pero no es que se pueda hablar de una masa sólida como sería una isla de verdad. El resultado es que no puede detectarse muy bien desde medios aéreos. Tampoco desde fotos satelitales y con bastante dificultad mediante mediciones de radar. Además, hay otros dos hechos más que dificultan también las mediciones: el primero, que muchos de esos plásticos y fragmentos no se encuentran en la superficie; están varios centímetros por debajo o incluso varios metros, en lo que se denomina “la columna de agua”. El segundo de ellos es extraordinariamente preocupante: los microplásticos caen hasta el fondo marino y se depositan en él, de manera que se están alfombrando los fondos marinos, muy probablemente de todo el planeta, de fragmentos de basura plástica. No se sabe en qué medida, ni las repercusiones que pueda tener, pero no es difícil deducir que las consecuencias para los ecosistemas y la fauna serán fatales.

«Lo que es más, la escala del mayor vertedero de plástico en el planeta literalmente solo araña la superficie del problema.

“Los niveles de contaminación plástica en las capas de aguas profundas y en el lecho marino por debajo del GPGP siguen siendo desconocidos”, advirtió el estudio.

Los microplásticos, pequeños fragmentos de plástico de menos de 5 mm de tamaño que constituyen la gran mayoría de los artículos en el GPGP, pueden ingresar a la cadena alimenticia cuando son tragados por el pescado.

Los contaminantes que contienen se vuelven más concentrados a medida que avanzan a través de la red alimentaria, hasta los depredadores de nivel superior, como tiburones, focas y osos polares.

“El otro impacto ambiental proviene de los escombros más grandes, especialmente de las redes de pesca”, dijo Lebreton.

Estos fragmentos de red matan la vida marina al atrapar peces y animales como las tortugas en un proceso conocido como “pesca fantasma”».

(En phys.org)

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«Es deprimente, pero probablemente no sorprenda saber que hay más microplástico en el hielo marino del Ártico que nunca antes.

Muchas de las partículas de plástico en el hielo marino del Ártico son tan pequeñas que podrían ser ingeridas fácilmente por microorganismos del Ártico, y eso tiene a los científicos especialmente preocupados.
“Nadie puede decir con certeza qué tan dañinas son estas diminutas partículas de plástico para la vida marina o, en última instancia, también para los seres humanos”, señala la bióloga Dra. Ilka Peeken.
Peeken y sus colegas del Centro Helmholtz para la Investigación Polar y Marina recolectaron muestras de hielo de cinco regiones durante tres expediciones durante la primavera y el verano de 2014/15. Todas las muestras se realizaron a lo largo de la Deriva Transpolar y el Estrecho de Fram, que transporta el hielo marino desde el Ártico Central hasta el Atlántico Norte.
Se encontró que estas muestras contenían hasta 12 000 partículas microplásticas por litro de hielo [¡aberrante, horripilante!; paraos por un momento a pensar lo que significa esto, a calibrarlo: en el Ártico; por litro]. Más de la mitad de las partículas tenían menos de una vigésima parte de un milímetro de ancho. Dos tercios pertenecían a la categoría de microplásticos de menor escala: “50 micrómetros y más pequeños”».

(En Australia’s Science Channel)

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Lo que muestra esta imagen creada digitalmente es ficticio. Ficticio, pero… Ese “pero” es lo que de verdad asusta

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«Para muchas personas, la idea de un “parche de basura” evoca imágenes de una isla de basura flotando en el océano. En realidad, estos parches están compuestos casi en su totalidad por diminutos trozos de plástico, llamados microplásticos. Los microplásticos no siempre pueden verse a simple vista. Incluso las imágenes satelitales no muestran un parche gigante de basura. Los microplásticos del GPGP pueden hacer que el agua se vea como una sopa turbia. Esta sopa se mezcla con productos más grandes, como artes de pesca y zapatos.

El lecho marino debajo del GPGP también puede ser un montón de basura bajo el agua. Oceanógrafos y ecólogos descubrieron recientemente que alrededor del 70% de los desechos marinos se hunden hasta el fondo del océano. (…)

Si bien muchos tipos diferentes de basura ingresan al océano, los plásticos constituyen la mayoría de los desechos marinos por dos razones. En primer lugar, la durabilidad, el bajo costo y la maleabilidad del plástico hacen que se utilice en más y más productos de consumo e industriales. En segundo lugar, los productos de plástico no se biodegradan, sino que se descomponen en pedazos más pequeños.

En el océano, el sol descompone estos plásticos en piezas cada vez más pequeñas, un proceso conocido como fotodegradación. Los científicos han recolectado hasta 750 000 pedacitos de microplástico en un solo kilómetro cuadrado del GPGP, que es alrededor de 1.9 millones de trocitos por milla cuadrada. La mayoría de estos desechos provienen de bolsas de plástico, tapas de botellas, botellas de agua de plástico y vasos de espuma de poliestireno.  

Los desechos marinos pueden ser muy dañinos para la vida marina en el giro. Por ejemplo, las tortugas bobas marinas a menudo confunden las bolsas de plástico con las medusas, su comida favorita. Los albatros confunden los gránulos de resina plástica con los huevos de peces y alimentan con ellos a los polluelos, que mueren de hambre o de órganos rotos.
 
Las focas y otros mamíferos marinos están especialmente en riesgo. Pueden enredarse en redes de pesca de plástico abandonadas, que se descartan más a menudo debido a su bajo costo. Las focas y otros mamíferos a menudo se ahogan en estas redes olvidadas, un fenómeno conocido como “pesca fantasma”.

Los desechos marinos también pueden alterar las redes alimentarias marinas en el Giro Subtropical del Pacífico Norte. A medida que se acumulan microplásticos y otra basura en o cerca de la superficie del océano, impiden que la luz del sol alcance el plancton y las algas que se encuentran debajo. (…)

Si las comunidades de algas y plancton están amenazadas, toda la red alimentaria puede cambiar. Los animales que se alimentan de algas y plancton, como los peces y las tortugas, tendrán menos alimento. (…)

Estos peligros se ven agravados por el hecho de que los plásticos al mismo tiempo sueltan y absorben contaminantes nocivos. A medida que los plásticos se degradan a través de la fotodegradación, desprenden colorantes y sustancias químicas, como el bisfenol A (BPA), que se ha relacionado con problemas ambientales y de salud. A la inversa, los plásticos también pueden absorber contaminantes, como los PCB, del agua de mar. Estas sustancias químicas pueden luego ingresar a la cadena alimenticia cuando son consumidos por la vida marina».

(En phys.org)

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Green turtle swimming in the Great Barrier Reef, Queensland.

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The Dream of th Blue Turtles

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El problema del plástico en los océanos empieza a ser alarmante. El problema no son “gigantescas” islas, ni extensiones ni continentes, sino los fragmentos como los de esta foto, y mucho más pequeños, incluso microscópicos. Esto es lo que está convirtiendo los mares en una grotesca “sopa” poco a poco…

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Hay aún otra frase en el anterior artículo (según mi criterio) que resulta tristemente clave para entender la problemática de estos enormes parches de basura. Y de paso, también tristemente, la naturaleza mezquina, egoísta, irresponsable y descuidada de la sociedad, del sistema, del tinglado político y económico por el que parece regirse la civilización moderna, tecnológica y cada vez más globalizada. Esta frase…

«Debido a que el Gran parche de basura del Pacífico está tan lejos de la costa de cualquier país, ninguna nación asumirá la responsabilidad ni proporcionará los fondos para limpiarlo».

Dicho en otras palabras, como esos cinco grandes giros y esas cinco grandes manchas de basura se encuentran en aguas internacionales, ninguna nación se preocupa realmente de ello ni se hace responsable. Muchísimo menos, de mover un dedo con dinero de un presupuesto nacional. Ninguna nación se preocupa del… ¿”marrón”? Sí, desgraciadamente marrón es un vocablo que se ajusta muy bien a esta realidad. El uno por el otro… la casa sin barrer los océanos sin limpiar.

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«El plástico puede bloquear el tracto digestivo, lo que lleva a una muerte lenta y agonizante por inanición.

A principios de este año, otra operación en Hawaii descubrió una tortuga muerta que tenía más de 1000 trozos de plástico en su estómago.

Y las estimaciones de Greenpeace dicen que la tortuga es uno de los 100 000 animales que mueren cada año al comer plástico o enredarse. Añade que un millón de aves marinas son víctimas.

El caso en Hawaii ilustra los peligros que el gran parche de basura representa para la vida marina en todo el Pacífico. (…)

Dentro del parche hay cientos de toneladas de basura, con los niveles de desechos plásticos en el área que superan el plancton en una proporción de seis a uno.

Se cree que el plástico contribuye a más del 90 por ciento de todos los desechos en los océanos del mundo y una estimación previa de la ONU sugiere que cada milla cuadrada de océano en todo el mundo contiene 46 000 piezas».

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La imagen es escalofriante: este era el contenido del estómago de esa tortuga en Hawaii que se menciona

(Artículo en el Daily Mail fechado en el 2011)

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«… los restos flotantes y desechos de la vida cotidiana: platos de picnic, botellas, encendedores de cigarrillos, juguetes, cucharas, chanclas, condones.

En conjunto, la masa virtualmente indestructible es ahora tan grande que está causando que ecologistas, funcionarios gubernamentales y la propia industria del plástico se sienten y tomen nota.

Muchos científicos creen que la contaminación plástica marina es uno de los principales problemas, junto con el cambio climático, que enfrenta el planeta.

El problema no es el plástico en sí. (…) El problema es la gran cantidad de cosas que hay ahí fuera. El plástico, de bajo costo, ligero y duradero, irrumpió en el escenario mundial en los años cincuenta. Según la asociación comercial PlasticsEurope, la producción anual de 1,5 millones de toneladas en ese entonces se ha incrementado a alrededor de 250 millones de toneladas.

La mitad del plástico producido se usa solo una vez antes de ser desechado. (…)

En América del Norte y Europa occidental, cada persona usa aproximadamente 100 kilogramos de plástico cada año. Se prevé que esa cifra aumente a 140 kilogramos para 2015. En los países asiáticos de rápido crecimiento, el promedio actual de alrededor de 20 kilogramos casi se duplicará, a 36 kilogramos, para 2015, estiman los investigadores.

La mayor parte de eso termina en vertederos. Algunos son reciclados. Pero una cantidad significativa termina en el mar. (…)

Tenga en cuenta que estas cosas no se biodegradan simplemente como residuos de alimentos, madera o papel. Los científicos creen que se necesitan décadas, si no siglos, para que la mayoría de los tipos de plástico se degraden. Eso significa que prácticamente todo el material plástico que alguna vez terminó en el océano todavía está ahí fuera. (…)

Algunos de los escombros se hunden en el fondo del océano. Algunos son devueltos a tierra, a veces en lugares remotos del mundo que una vez estuvieron impolutos. Pero la mayoría es barrida gradualmente por las corrientes oceánicas, que han reunido el variado revoltijo en cinco “giros” o parches de basura. (…)

Aunque estos pequeños fragmentos no atrapan ni ahogan a los animales como lo hacen las bolsas de plástico o las redes abandonadas, son cada vez más el foco de preocupación científica. La investigación ha demostrado que los microplásticos se tragan fácilmente y son propensos a absorber contaminantes químicos en el mar, como los pesticidas. A algunos científicos les preocupa que estos contaminantes puedan terminar en la cadena alimentaria. (…)

Por otra parte, no es realmente una opción pescar esa mugre espesa en el océano. Los costos de viajar cientos de kilómetros hacia el mar son prohibitivos, y la mayoría de los fragmentos son tan pequeños que no pueden ser recogidos simplemente.

Por lo tanto, el enfoque debe ser evitar que nuevos escombros entren a los océanos en primer lugar… ».

(En el The New York Times, artículo del 2011)

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«Limpiar los desechos marinos no es tan fácil como parece. Muchos microplásticos son del mismo tamaño que los pequeños animales marinos, por lo que las redes diseñadas para recoger la basura también atraparían a estas criaturas. Incluso si pudiéramos diseñar redes que solo pudieran atrapar basura, el tamaño de los océanos hace que este trabajo lleve demasiado tiempo para considerarlo. El Programa de Desechos Marinos de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera [NOAA] ha estimado que se necesitarían 67 barcos por año para limpiar menos del uno por ciento del Océano Pacífico Norte».

(En el artículo de National Geographic)

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«Eliminan 5 millones de kilos de basura y las tortugas vuelven a anidar 20 años después».

«Cada minuto llegan a los océanos dos camiones cargados de plástico. En total, entre 8 y 13 millones de toneladas anuales. Una cantidad que, para 2050, provocará que el plástico supere al número de peces en los océanos. En este ecosistema, las tortugas marinas son una de las especies más afectadas ya que, cuando no caen en redes de pescadores o fruto de la llamada ‘pesca fácil’, se encuentran playas llenas de basura donde no pueden anidar.

Esto sucedía en la playa de Versova, en Mumbai, al oeste de India, hasta que apareció en escena Afroz Shah, un abogado y activista medioambiental que lideró un movimiento de limpieza de playas que la ONU denominó como “el proyecto de limpieza de playas más grande del mundo” y que le ha valido el premio ‘Champion of the Earth 2016’ de Naciones Unidas.

Corría el año 2015 y Shah convenció a su vecino de 84 años, Harbansh Mathur, para que le ayudara a limpiar la playa, llena de basura a lo largo de sus más de dos kilómetros de extensión. Ambos comenzaron a limpiar poco a poco y sin descanso, pero se dieron cuenta de la ingente tarea que tenían por delante… ».

Foto: Ver playas llenas de plástico es algo habitual en India (EFE/Divyakant Solanki)

Las playas de Versova infestadas de basura

Todo esto nos lo cuenta un impresionante artículo en El Confidencial (septiembre de este año). El artículo nos sigue explicando: ante la colosal tarea, reclutaron un ejército de voluntarios. En 85 semanas limpiaron las playas y retiraron 5 millones de kilos de basura. ¿El resultado? Este…

Las tortugas han vuelto a la playa de Versova (Reuters)

¿Quieres sentir emoción? ¿Quieres constatar o quizá volver a creer en que hay gente con buenas intenciones, cargados de energía y voluntad, alimentados por hermosos ideales? Ideales que en el fondo se resumen en mantener “nuestra casa limpia”. Entonces tienes que ver este vídeo, porque es hermoso…

«Plastic is devastating for the ocean».

«We have to continue in a bigger scale».

(Afroz Shah)

Y la pregunta clave, quizá…

«What can I do?».

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¿Y la música? La música va a esperar un poquito…

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¿Y la música? La música ciertamente puede esperar…

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Spotted Oceanic Triggerfish, Canthidermis maculata, hiding in the middle of plastic garbage.

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Imagen contenida en el blog del periodista dedicado al medioambiente Stephen Leahy; por supuesto, se denuncian estas cuestiones y se intenta crear conciencia

«There are three to six kilogrammes of marine trash for every kilogramme of plankton…. California nearly became the first U.S. state to ban [prohibir] plastic bags, but a multi-million-dollar lobby effort by industry killed the proposed legislation».

… se nos cuenta en este blog. También se nos habla de Jean-Michel Cousteau, hijo del mítico Jacques Cousteau, y de lo que tristemente ha constatado a través de sus experiencias:

«On trips to the remote and uninhabited northwestern Hawaiian Islands, Cousteau found miles and miles of plastic bottles, cigarette lighters, television tubes, spray cans, broken toys, and thousands of other pieces of plastic on the beaches and thousands of tonnes of derelict fishing nets in the reefs [miles de toneladas de redes de pesca abandonadas en los arrecifes]».

De la boca de Jean-Michel Cousteau han salido afirmaciones como éstas:

“Every time I stick my nose in the water, I am shocked. I see less and less fish and more and more garbage”.

“We are using the oceans as a universal sewer [alcantarilla]”.

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La buena noticia, en medio de todo este panorama y estas noticias tan desoladoras y preocupantes, es que hay gente que se dedica a investigar estas cuestiones, a divulgar estos problemas e intentar concienciar a la opinión pública. Es más, hay personas que luchan activamente por reducir los niveles de contaminación…

«Charles Moore aún no ha puesto nombre a la que él descubrió. La más grande [isla de basura], que se sepa. Fue el 13 de agosto de 1997. El tiempo era soleado y hacía un ligera brisa en un área situada a unos 140 grados de latitud oeste y 40 grados de latitud norte, en el noreste del Océano Pacífico, a unos 1500 kilómetros de San Francisco.

El catamarán ‘Alguita’ navegaba por allí, dentro de la Espiral del Pacífico Norte, una región que va desde Japón hasta California, famosa entre los navegantes por sus calmas chichas. Es una zona en la que el agua tiene muy pocos nutrientes, lo que la convierte en casi un desierto marino, atrapado permanentemente bajo un área de altas presiones, donde el agua gira lentamente en el sentido de las agujas del reloj.

Allí hay muy poco plancton —microorganismos que constituyen lo que podría considerarse como la hierba del océano—, así que los peces escasean. Y, por eso, los barcos pesqueros no visitan la Espiral, en cuya superficie de 34 millones de kilómetros cuadrados caben unas 70 Españas. De hecho, el ‘Alguita’ estaba allí por pura casualidad.

El barco regresaba a California desde Hawai, a donde había ido a la ‘Transpacific’ —coloquialmente conocida como ‘Transpac’—, una regata de veleros que se celebra todos los veranos. “Como teníamos combustible, fuimos por una ruta poco transitada”, explicaba, en su castellano impecable, el comandante del ‘Alguita’, Charles Moore, a Crónica.

Pero esa mañana del 13 de agosto, Moore y los otros cinco tripulantes del velero vieron algo que iba a cambiar sus vidas, y también el concepto que el ser humano tiene del océano. Primero se encontraron con una hilera de bolsas de plástico flotando en el agua. Luego, masas de cuerdas y de redes. Más tarde, varios conos de señalización de tráfico procedentes de Japón. Después, una jarrita de plástico. Y juguetes. El océano se había llenado de basura».

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Así nos lo cuenta un artículo de elmundo.es, fechado en el 2008 (que conste en acta que he corregido varias metidas de gamba, ya que estamos en el medio acuático). Efectivamente, el capitán Charles Moore descubrió el GPGP en 1997, al regresar de una regata, la Transpacific Yacht Race. Después del descubrimiento, alertó al oceanógrafo Curtis Ebbesmeyer, y fue éste quien de hecho acuñó la expresión “Eastern Garbage Patch” (EGP), denominación que ha tenido más calado y éxito en los medios que otras alternativas. He de decir que he investigado un poco sobre Moore y es fascinante todo lo que tiene que ver con este hombre. En el 2008 llevó a cabo un proyecto para llamar la atención sobre el problema del plástico, y en el 2009 otro proyecto con dos embarcaciones para estudiar la zona y la viabilidad económica de acometer su limpieza. Y de nuevo en el 2012 otro proyecto, involucrado con otras organizaciones. Todo esto nos lo cuenta en síntesis la wikipedia, por ejemplo.

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El catamarán Alguita

De toda esa información que uno puede encontrar en internet si se pone a buscar, ahí van cuatro pinceladas interesantes…

En este artículo tenemos una entrevista con Moore, donde explica su descubrimiento y entre otras cosas dice:

«En cierto sentido, el descubrimiento realmente tuvo que esperar hasta 1999, porque fue cuando realmente nos dimos cuenta de que el área estaba afectada con nuestra basura en la medida en que lo está. Me sentí perturbado cuando lo crucé en 1997.

1997 fue el mayor episodio de El Niño; tenía el agua de superficie más cálida del Pacífico y el huracán más grande jamás registrado en el Pacífico: el huracán Linda. La zona de alta presión que caracteriza a este giro era extremadamente grande y extremadamente estable entonces».

Tenemos otro interesantísimo artículo, escrito por Erica Cirino para el blog de National Geographic. Cirino nos cuenta que se embarcó en una expedición en noviembre del 2016 para estudiar el GPGP. Nos habla de Moore, y lo sorprendente es que el capitán no solo descubrió el parche del Pacífico Norte, sino también el del Pacífico Sur…

«A pesar de mucha investigación, el tamaño y la importancia del parche de plástico en el Giro del Pacífico Norte aún no se comprenden del todo bien. Pero aún menos entendido [o conocido] es el Giro del Pacífico Sur, un área que abarca una corriente en sentido contrario a las agujas del reloj que gira entre Sudamérica y Australia. Un día después de que mi barco partiera, 20 millas al sur en Long Beach, otro velero salió del puerto para un viaje en busca de plástico a través del Pacífico Sur. Fue el ORV [Oil Recovery Vessel] Alguita de Moore, un catamarán asociado con Algalita (su organización sin fines de lucro).

En abril, Moore anunció desde su barco que él y su tripulación habían descubierto una colección de plástico similar, posiblemente incluso más grande, en el Pacífico Sur. Esto hace de Moore un descubridor por dos veces de parches de basura».

Las entradas que National Geographic le dedica a todo este problema merecen mucho la pena. En una de ellas Laura Parker, redactora especializada en el cambio climático y los océanos, afirma:

«¿Un mar de plástico?
La publicación del estudio del parche de basura coincidió con un nuevo informe de Foresight Future of the Sea, de Gran Bretaña, que descubrió que la contaminación plástica en el océano podría triplicarse para 2050 a menos que se organice una “respuesta mayor” para evitar que el plástico llegue al océano. El informe declaró que la contaminación plástica era una de las principales amenazas ambientales para los mares, junto con el aumento del nivel del mar y el calentamiento de los océanos.

El estudio incluyó dos inspecciones aéreas en octubre de 2016 que tomaron 7000 imágenes y 652 redes de arrastre en la superficie del océano [que lo “peinaron”] en julio, agosto y septiembre de 2015 a cargo de 18 embarcaciones».

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Moore muestra sus espeluznantes “capturas”

En fin, mucho más podríamos seguir hablando sobre el descubridor de dos parches de basura en el océano. Moore fundó en 1999 la Algalita Marine Research and Education (algalita.org). En esta página web podemos leer…

«We connect young people with scientists, experts, politicians and businesses to have real conversations about plastic consumption».

El plástico también contribuye al calentamiento global, pues retiene el calor de los rayos solares y lo transfiere al agua del mar. Dos vídeos son más que suficientes después de todo lo explicado. El primero sintetiza el problema y en el segundo se habla del parche en el Pacífico Sur, desde un informativo televisivo en el que se entrevista a Moore, que habla bien el castellano…

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Hablemos un momento del giro oceánico del Atlántico Norte. Está “delimitado” por cuatro corrientes que lo circundan, creando un sistema circulatorio análogo a los otros ya vistos. En realidad el North Atlantic Gyre viene a coincidir con el famoso Mar de los Sargazos o Sargasso Sea… 

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El plástico se halla allí presente también, ya que queda atrapado en el centro. En lugar de una extensa explicación os invito a ver unas fotografías que lo dicen todo. En una formidable web que se ocupa de los giros oceánicos y de la contaminación marina por el plástico, Plastic Reef, se nos habla de una recogida de basura plástica en esa zona: 29 cajas y bolsas conteniendo casi 400 kilos, que llegaron a Holanda para su posterior análisis (la entrada es del 2010). ¿Queréis verlo? Allá va…

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Un viejo conocido, Marcus Eriksen, se aventura con una embarcación y con su organización 5 Gyres Institute en esa zona del mundo. Esto es lo que encontraron tras 45 minutos de recogida. La evidencia clara, directa e innegable…

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Trash on a beach in Thailand.

Aquí tenemos un enésimo ejemplo: una playa en Tailandia. La web ThoughtCo. analiza este descomunal problema y las consecuencias para los ecosistemas marinos, al tiempo que señala uno de los muchísimos aspectos que no he mencionado: fue la NOAA la que predijo en 1988 la existencia del GPGP, después de monitorizar durante años el vertido de basuras a los océanos (el 90% es plástico)

[Ya tenía la entrada terminada, de hecho. Esto lo añado a posteriori. Ayer, 6 de diciembre, releí y revisé casi en su totalidad el texto. Ayer, Día de la Constitución. Veo en la televisión disturbios en varias ciudades catalanas: correrías, cargas de y contra la policía, sendas manifestaciones de signo contrario, violencia, heridos, crispación, bandos enfrentados, radicalización por todas partes y convivencia muy deteriorada. Y no se trata de que aquí y ahora tenga yo que expresar si estoy a favor o en contra de la Constitución; a favor o en contra de una Cataluña independiente; a favor o en contra de la unidad de España; o de la monarquía; o si me parece bien o mal la irrupción de la extrema derecha en el panorama andaluz; etcétera, etcétera, etcétera. No se trata de que me decante ahora por unas posiciones políticas o ideológicas, que lógicamente tengo. Y la televisión dando parte de todo ello (con la excusa de que han de informar y sí, de hecho es su deber), pero a la vez se hacen partícipes de toda esta mierda. Tampoco se trata de que eche la culpa de toda esta crispación a los independentistas o al otro bando, los llamados unionistas. Porque los responsables de esta situación son todos, del primero al último, y no se trata de que tome partido. Menciono todo esto porque me ha parecido todo este circo tan patético, tan triste, lamentable y ridículo… Después nos obsequian con otro plato del menú: la detención de la hija del fundador de Huawei. No es que me importe demasiado, sino que a continuación enlazan con que estos acontecimientos no han hecho más que agravar las tensiones comerciales entre los Estados Unidos y China. Y claro (es ahí donde quiero llegar) la (santa) economía se tambalea: Wall Street abre con pérdidas y el Ibex 35 se desploma un 2,75%. Uy, cuidado, cuidado, cuidado, esto —y no todo lo referido en esta entrada— sí que es grave, grave, grave (¿reímos?). La economía… qué sería de nosotros sin ella… Ambas noticias por supuesto me sumen en una mezcla de asco, depresión, decepción, tristeza, perplejidad, risa (mucha) y rabia (y sensación de sentirme un marciano). Conclusión: el ser humano en conjunto —como mínimo— parece bastante, bastante imbécil (lo sé, no todo el mundo piensa, es o funciona dando tanta importancia a determinadas cosas). Pero una segunda conclusión me dice que puedo terminar esta entrada como terminé la anterior: (respecto a la contaminación en los océanos) la humanidad parece andar en otras cosas]. 

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El sueño de las tortugas azules… quizá sea volver a nadar y jugar, a vivir en unos mares completamente azules y limpios.

—Como hacíamos antaño, antes de que esos puercos y puercas de allá arriba empezaran a esquilmar los océanos, a cazar y aniquilar especies, a diezmar la fauna marina y a ensuciar y contaminar los mares de mil maneras: con vertidos de crudo, con todo tipo de sustancias nocivas o tóxicas, con aguas residuales, con toneladas de basura y de plástico, que nos embrutece, nos atrapa y nos mata (porque también nos lo comemos)… —me susurró una tortuguita al oído. Me dejó tan impactado y tan abochornado que no supe qué contestarle. Y para más inri añadió—: Y no se puede decir precisamente que el deterioro del planeta y de los océanos avancen a paso de tortuga…

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Miles de tortugas y otros animales marinos muertos tras verse atrapados en redes abandonadas, en el golfo de Carpentaria, situado en la costa norte de Australia. Un desgarrador artículo en la web abc.net.au

Quizá la denuncia en clave ecológica ha llegado a este blog para quedarse. Ojalá que esa iniciativa para limpiar el Pacífico y retirar esa descomunal mole o sopa de plásticos —todas ellas— llegara a buen puerto, que pudiera realizarse con éxito aunque se tardaran años para ello. No será nada, nada fácil. Es David contra Goliat. Sería algo realmente hermoso, admirable, hasta heroico. Algo que aplaudiría, algo que con toda seguridad me causaría una gran emoción.

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¿Queremos esto? Creo que no…

Cuando he dicho esto último, la tortuga se me ha quedado mirando. Y… no sé… me ha parecido… ¿las tortugas pueden sonreír?

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Puede que la tortuga haya sonreído, pero la verdad es que estoy bastante apesadumbrado, afectado e impactado por las realidades que he descubierto y las cosas que he aprendido con este artículo. Es difícil no sentir tristeza y preocupación —y más si le sumamos todo lo relatado en la anterior entrada—. Sabía por supuesto de los peligros y los enormes problemas que acarrea al medioambiente el plástico, al no ser biodegradable. Pero la magnitud de la contaminación de los océanos le deja a uno aplastado. Una bolsa, una botella, un recipiente o bandejita de comida… Jamás volveré a mirarme de la misma manera estos y tantos otros objetos de plástico…

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(10/12/2018)

Escribir esta entrada obviamente me ha supuesto un enorme trabajo e invertir bastantes horas estos últimos días. Después de descansar del tema, vuelvo a ello. Porque la información al respecto realmente es muchísima, e infinidad de aspectos o datos se han quedado fuera para no alargar más el texto. Pero una de las cosas que más me sorprendieron justo anoche, es que pese a ver unos cuantos vídeos ya, hay muchísimos en YouTube que tratan el tema del “continente” o “parche” de plástico, de la contaminación de los océanos, y algunos de estos vídeos son muy buenos y específicos. Un complemento de lujo a todo lo ya relatado. Así que me animo a añadir ni más ni menos que cinco vídeos, por si a alguien realmente le interesa…

El primero de ellos es realmente bastante bueno. Un reportaje del canal televisivo FRANCE 24 Español. Se nota que la reportera que lo explica ha hecho muy bien los deberes. Se habla de The Ocean Cleanup, aparece Boyan Slat aclarando algunas cuestiones y se explica en qué consistió el estudio de esta organización. Muy explicativo, allá va…

Segundo vídeo: dura apenas un minuto pero Greenpeace nos cuela un duro alegato contra la gran amenaza que representa el plástico para nuestro futuro y el del planeta. Breve pero con muchísima fuerza, chapeau…

Excelente de verdad este vídeo de Tendencias Tecnológicas. Se explica con detalle en qué consiste ese titánico plan de limpieza que llevará a cabo The Ocean Cleanup, cómo piensan hacerlo. Muy detallado. Para quien pueda estar interesado de verdad en esos detalles, imprescindible…

Cuarto vídeo: una exposición muy aclaratoria y didáctica en un programa televisivo del canal vasco EiTB. Lenguaje y conceptos asequibles para todos los públicos. Además se introducen algunos detalles no mencionados en esta entrada. Muy bien…

El quinto y último, buenísimo. La Sexta hizo un reportaje y nos vamos nada más ni nada menos que hasta California para visitar la organización Algalita y hablar con Charles Moore, descubridor del GPGP. Moore es demoledor y claro, y avisa sobre el oscuro futuro que le espera a la humanidad si no reaccionamos y atajamos el problema de la superproducción de plástico. Sus frases son definitivas, y de hecho la segunda de ellas es la que me quedó en la retina para ahora volver sobre ello. Charles Moore:

«Hemos creado un producto que la naturaleza no puede digerir».

«En un futuro, los médicos medirán el plástico que tenemos en el cuerpo».

Esta última en referencia cómo no a esa inquietante posibilidad de que acabemos ingiriendo microplásticos a través del pescado y el marisco que se sirve en nuestras mesas. Eso si no lo estamos haciendo ya…

Finalmente y esta vez sí para concluir, esta misma tarde he escrito y le he enviado un microrrelato a Lídia Castro (el reto es escribirlo con un máximo de 100 palabras, incluyendo algunas como requisito; éste es el reto del mes de diciembre). La problemática de los océanos me ha inspirado este relato corto. Y, por supuesto, una vez más muchas gracias a todos/as por leerme…

“La profundidad del problema”

Apuró su café de un trago. Les esperaba muchísimo trabajo por delante.

—Las estrellas, la luna, respirar aire puro… —pensó suspirando con nostalgia John. Pero se encontraban en un batiscafo a 7000 metros de profundidad. El modernísimo observatorio científico enfiló las profundidades, horadando la oscuridad con sus faros y linternas.

Las peores estimaciones quedaron confirmadas: la fosa de las Marianas medía ahora solamente 9500 metros. Los 1500 metros perdidos estaban ahora sepultados y rellenos de toneladas de plástico y basura.

Lentamente ascendieron por la sopa de plásticos. Ahora tenían la evidencia, las pruebas, las filmaciones.

—¿Creéis que ahora por fin nos escucharán?

Publicado en JAZZ FUSION, OPINIÓN, POP, POP-ROCK, SOCIEDAD | 33 comentarios

+ 1,5 grados centígrados, alerta fatídica / Koyaanisqatsi / Baraka

Esta entrada es extremadamente larga. Sé y soy consciente de que el tiempo libre es un bien valioso y escaso para tod@s nosotr@s. Así que anticipadamente quiero dar las más sinceras gracias a l@s valientes que se la lean entera; eso suponiendo que alguien lo haga. Quiero suponer y creer que sí (me maravillaría si alguien lo hiciera de un tirón). Invito a que sea leída. El potencial lector puede tomárselo como si fueran 5, 10 o 20 entradas, y volver tantas veces como sea necesario. Es una entrada densa, que requiere un esfuerzo en muchos sentidos, y también es abrumadora. El sentido común aconseja leerla por partes: hay mucha información, contiene muchos datos y puede resultar mareante. Todos los vídeos incluidos tienen asimismo bastante miga. Muchas gracias de nuevo. Acompañadme en un viaje tormentoso y nada agradable…

La noticia saltaba a los medios informativos y a las televisiones el pasado lunes 8 de octubre:

«Los científicos asesores de Naciones Unidas advierten a los Gobiernos de que se necesita una transformación sin precedentes para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados. (…)

«Las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el hombre han elevado aproximadamente un grado centígrado la temperatura global respecto a los niveles preindustriales, concluye el grupo de científicos asesores de la ONU en materia de cambio climático, conocido por sus siglas en inglés IPCC. La cuestión ahora es hasta dónde se llegará y qué impactos se está dispuesto a asumir.

El IPCC advierte en un informe presentado la madrugada de este lunes en Corea del Sur (hora española) de que el calentamiento es probable que lleve a un aumento de 1,5 grados centígrados entre 2030 y 2052 si el mundo sigue el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero. Esto supone que se está en riesgo de incumplir el objetivo más ambicioso del Acuerdo de París —quedar por debajo del 1,5 en 2100— en poco más de una década.

Para evitarlo se necesita una transición “sin precedentes” y cambios “rápidos” y de “gran alcance” en la electricidad, la agricultura, las ciudades, el transporte y la industria, apunta el informe. Si se quiere cumplir la meta del 1,5 se requiere una disminución en 2030 del 45% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) —el principal gas de efecto invernadero— respecto al nivel de 2010. En 2050, esas emisiones —que mayoritariamente proceden de los combustibles fósiles— deben haber desaparecido, algo realmente complicado.

De hecho, las políticas que los países pusieron sobre la mesa cuando se cerró en 2015 el Acuerdo de París —que obliga a todos los firmantes a presentar planes de reducción de emisiones— llevarían en estos momentos a que el calentamiento llegue a los 3 grados a final de siglo. De ahí los cambios “rápidos, profundos y sin precedentes” a los que apunta el informe del IPCC, en el que han participado casi un centenar de científicos de 44 países. (…)

Cuando los representantes de casi 200 países cerraron en 2015 en París el pacto contra el calentamiento, todos tenían claro que la batalla para evitar el cambio climático se había perdido. Revertir el calentamiento es inviable por la acumulación en la atmósfera de los gases expulsados desde la Revolución Industrial… ».

(En EL PAÍS)

Sinceramente, he estado pensando durante varios días si escribir algo sobre este grave problema o no. Hace tiempo que estoy preocupado por el cambio climático y el calentamiento global, por el paulatino deterioro del medio ambiente y las nefastas y catastróficas consecuencias de ese aumento global de temperaturas; consecuencias que cada vez se hacen más palpables en fenómenos meteorológicos más extremos y violentos. Me sorprendían y me impactaban —como me imagino que a todos/as nosotros/as— la noticia y las imágenes de las brutales torrentadas en Mallorca y de la tragedia allí acaecida. Pero no ha sido lo sucedido en Sant Llorenç de Cardessar lo que me ha llevado a decidirme. Ese “simple” anuncio hecho por la comunidad científica ya es de por sí lo suficientemente grave y preocupante. Lo confieso, hace mucho tiempo que tengo un amor “secreto”: el planeta Tierra. Con cada luz que apago, cada papel que reciclo o cada trozo de plástico que separo pienso en él. O en ella (la madre Gaia).

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La fuerza de las riadas en esa localidad mallorquina fue brutal. La imagen habla por sí sola…

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No es la zona del Caribe ni la península de Florida: es el Leslie frente a las costas portuguesas…

Pero sí, más allá de las brutales riadas de Mallorca y de la llegada del exhuracán Leslie entrando por Portugal y atravesando la península, me decido a escribir motivado por esa preocupación y aguijoneado por un impulso. Creo que la gravedad del asunto lo merece, así que ésta no va a ser una entrada “normal”; mucho me temo que no va a transmitir ni propiciar buen rollo, ni sonrisas. Ni tan siquiera creo que haya cabida para las buenas noticias o un optimismo moderado —no desde mi punto de vista y desde mi feeling al respecto—. Así que ante ese panorama nada alentador que se esboza en ese artículo —por ejemplo— de El País, me hago obviamente la siguiente pregunta y toda una batería de ellas, por lógica (la preocupación, la urgente necesidad de respuestas y el instinto de supervivencia disparan una ráfaga inevitable): ¿qué van a hacer los putos gobiernos? ¿qué piensan hacer? ¿a qué están esperando? ¿a qué —biiiiiiiíp— esperan para tomar decisiones valientes y firmes y adoptar medidas y políticas drásticas que sean efectivas? ¿a qué esperan? ¿a que los océanos empiecen a engullirnos? ¿a que huracanes cada vez más destructivos comiencen a barrernos? ¿a que ya no haya vuelta atrás en una dramática subida de temperaturas? ¿a que se deshagan los hielos “eternos”? ¿a que los recursos naturales se agoten, los alimentos empiecen a escasear y las cosechas a fallar? ¿a que tengamos que comer plástico? ¿a que el agua potable se convierta en un bien escasísimo y preciadísimo? ¿a que millones de refugiados por el cambio climático huyan de las zonas afectadas y busquen refugio en nuestro mundo, el rico y privilegiado? Podrá sonar a demagógico, o podrán parecer preguntas o escenarios exagerados, precipitados o catastrofistas, pero esas son ni más ni menos algunas de las consecuencias que se derivarán de un imparable aumento de la temperatura global del planeta. No serían los primeros estadios de la tragedia, sino los graves efectos que se acabarían materializando.

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La República de Kiribati es una serie de 33 atolones de coral, situados en mitad del Pacífico. Es una de las pequeñas naciones insulares que podrían desaparecer si siguen subiendo las aguas. El caso de Vanuatu ya es “célebre”: este archipiélago de 83 islas se está hundiendo poco a poco. El nivel del mar sube 6 milímetros por año desde 1993, el doble del promedio mundial

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Como muestra de todo ello este breve vídeo…

«Cada día 62 000 personas abandonan sus casas por los desastres provocados por fenómenos meteorológicos, según la ONG Centro de Monitorización de Desplazamientos Internos (IDMC). Son unos 22 millones de desplazados al año. En 2100 el número se habrá disparado a los 2000 millones».

(Cita tomada de elindependiente.com. Este artículo es absolutamente demoledor)

«¿Apátridas y sin derechos? Las víctimas del Cambio Climático pasan a tener la categoría de apátridas con derechos legales dudosos y potencialmente percibidos como cargas, para cualquier país anfitrión. Coloquialmente, el término “refugiado climático” se utiliza para describir a cualquier persona que abandone su hogar debido a los efectos del Cambio Climático: sequía, inundación o condiciones climáticas extremas. Transnacionalmente, el término no tiene influencia legal. Eso significa que los refugiados climáticos podrían no tener derechos humanos cuando emigran a una nueva nación».

(Tomado de consumidoresorganicos.org)

Después de esa inicial batería de preguntas, hemos seguido y enlazado directamente con el tema de los refugiados climáticos. Como puede verse, esa alusión a “millones de refugiados” no es nada demagógica ni exagerada: el cambio climático ya hace tiempo que está entre nosotros, y ya hace tiempo que afecta dramáticamente a muchísimas personas. Sencillamente el impacto de las informaciones asociadas a esas fotografías me ha llevado a ello. No importa por dónde seguir, en cierta manera. Hay muchísimas más consecuencias derivadas de ese aumento de las temperaturas, porque el asunto no se limita solamente a una mera cuestión de subida de termómetros, de nivel de las aguas o de deshielo de las grandes masas polares. Un artículo de abc.es hace una rápida enumeración de las consecuencias de una subida de 1,5 ºC*: efectos en plantas y cultivos, efectos para la salud humana (transmisión de enfermedades por insectos), pérdida de especies, más sequías, inundaciones y días de calor extremo, etcétera…

*El nombre científico y correcto es “grado Celsius”, aunque se admite también “centígrado” porque ha tenido un uso histórico y sigue siendo utilizado corrientemente. “Centígrado” porque se divide esta escala en 100 grados: el cero corresponde al punto en que el agua pasa de sólida a líquida, mientras que los cien grados corresponden a su punto de ebullición.

«Medio grado más de calentamiento global será la diferencia entre la vida y la muerte, la hambruna o las catástrofes naturales para millones de personas. Cuando el planeta ya se encuentra en 1 ºC de calentamiento sobre los niveles de la época preindustrial, algunas de las consecuencias del cambio climático han comenzado a manifestarse: el deshielo del Ártico, las inusuales olas de calor, la fuerza de los huracanes».

Sigo escribiendo (hoy es 15 de octubre), y este lunes nos golpean en primer plano las noticias sobre las terribles inundaciones en el sur de Francia por el paso de la ya tormenta tropical Leslie: al menos 10 muertos en estos momentos. «El nivel del agua aumentó en Trèbes ocho metros en solo cinco horas. No se registraban cifras similares desde 1891». En unas cinco horas ha caído el agua equivalente a tres meses de precipitaciones…

«Las lluvias torrenciales no son un fenómeno extraño en el sur de Francia en esta época del año, pero los meteorólogos han indicado que el agua del mar excepcionalmente cálida en la costa mediterránea del sur del país las puede estar intensificando. Francia ha experimentado el que es hasta ahora el año más cálido desde 1900, según Méteo France… ».

(El País)

Indudablemente, ahí lo tenemos otra vez: el cambio climático ya hace tiempo que nos afecta y los fenómenos meteorológicos son y serán cada vez más virulentos. Pero volvamos al principio: ya que se ha mencionado ese Acuerdo de París del 2015 sobre el clima, hagamos memoria de lo que supuso en el momento de su ratificación:

«El pacto abre un camino, pero no es la meta, como resaltaron los negociadores. Los esfuerzos que hay ahora sobre la mesa no son suficientes para impedir que el aumento de la temperatura a final del siglo se quede “muy por debajo de los dos grados”, el objetivo que persigue el pacto. Todos los países firmantes deberán limitar sus emisiones, aunque los desarrollados tendrán que hacer un mayor esfuerzo y movilizar 100 000 millones de dólares anuales.

Ante el fracaso hasta ahora de los intentos por fijar metas obligatorias individuales a cada país —el Protocolo de Kioto apostó por esa fórmula y solo logró cubrir el 11% de las emisiones mundiales— ahora se le da la vuelta al proceso. Se pone una meta obligatoria: que el aumento de la temperatura media en la Tierra se quede a final de siglo “muy por debajo” de los dos grados respecto a los niveles preindustriales e incluso intentar dejarlo en 1,5. Luego, cada país pone sobre la mesa sus aportaciones voluntarias para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero nacionales. Y lo hacen todos. 187 de los 195 países reunidos en París han presentado ya sus programas nacionales. Todo el que firme y ratifique el pacto —algo que ocurrirá a partir de la próxima primavera— deberá aportar contribuciones con las limitaciones de gases.

Pero el acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020, por sí solo no es suficiente para lograr el objetivo de los dos grados. Según se reconoce en la “decisión”, la segunda parte del texto, los programas de recorte que han presentado esos 187 Gobiernos no bastan. “Se requerirá un esfuerzo mucho mayor”, se indica. Por eso se establecen mecanismos de revisión al alza de los compromisos cada cinco años. También, herramientas de transparencia, como los inventarios, para intentar que el control sea lo más efectivo».

(En EL PAÍS)

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Pero mi visión sobre todo este tema y sobre los posibles acuerdos internacionales ha de ser dura, exigente e inconformista, por necesidad. Y esa visión me hace sobrevolar sobre las bambalinas y los entresijos de la política y la diplomacia. También, por qué no decirlo, sobre la hipocresía, las verdades a medias, la palabrería, las promesas que después no se cumplirán (especialidad de la clase política) y la discutible y efímera gloria de quedar bien en la foto, para centrarme en el punto realmente importante, ya esbozado antes: esa cumbre de París llegó a acuerdos claramente insuficientes, que tres años después ya es evidente que se quedarán desfasados: «Las políticas que los países pusieron sobre la mesa cuando se cerró en 2015 el Acuerdo de París llevarían en estos momentos a que el calentamiento llegue a los 3 grados a final de siglo».

Esta última observación es importantísima, porque viene a “demostrar” que los acuerdos a los que se llegó fueron demasiado blandos, y si vuelven a acordarse medidas que sean demasiado blandas después de la seria advertencia que supone el informe recientemente presentado en Incheon, Corea del Sur (728 páginas, firmado por 91 expertos de 40 países y con más de 6000 referencias científicas) entonces nos encaminaremos hacia el desastre de forma (aún) más irreversible y acelerada. Por esta razón deben tomarse medidas drásticas. Nunca estará de más “curarse en salud” y ser ambiciosos y precavidos en las medidas a adoptar, y eso quiere decir entre otras muchas cosas dejar de utilizar combustibles fósiles: adiós para siempre al petróleo, el gas y el carbón, por contundente que suene y difícil que parezca.

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Volviendo a las bambalinas de la política y los entresijos del poder, es de prever que si se adoptan medidas para reducir el consumo de esos combustibles y también las emisiones de gases de efecto invernadero, se haga poniendo plazos y porcentajes que siempre serán parciales e insuficientes. Siempre “con un calendario”, “por plazos” y “poco a poco”, con “recortes y reducciones” paulatinas. Y me da igual que no se emplee este lenguaje claro de forma explícita, porque al final el espíritu, la praxis y los resultados vienen a ser los mismos: insuficiencia, inoperancia, mezquindad, miopía política, intereses económicos, geoestratégicos y de los grandes lobbies y corporaciones, cobardía, inercia, egoísmo, y por qué no decirlo, infinita estupidez. Y por qué no decirlo también, terrorismo medioambiental institucionalizado, porque las malas políticas medioambientales matan seres humanos. Rescato una frase de cierto artículo, ya que me pareció muy acertada:

«La limitación del calentamiento global a 1,5 grados todavía es técnicamente posible, aunque sea un terreno políticamente minado».

(En scidev.net)

Y basta para constatar este punto con darse una vuelta por la prensa. Mucho no tenemos que rebuscar, más bien al contrario. Aquí tenemos una muestra de ese espíritu presto por parte de los gobiernos de tomarse la advertencia del IPCC en serio y actuar sin que les tiemble la mano:

«La ambición en la lucha contra el calentamiento global de Alemania se ha desdibujado. Y ahora lidera el grupo de países de la UE que quieren ralentizar el proceso de recortes de emisiones de CO2 (el principal gas de efecto invernadero) del transporte por carretera por el temor a dañar la industria automovilística. Enfrente, un conjunto capitaneado por Francia y en el que están Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca, Irlanda, Grecia y Eslovenia aboga por acelerar esa lucha. España ha evitado hasta ahora alinearse públicamente con ninguno de los dos bandos e intenta hacer equilibrios entre su compromiso contra el calentamiento global y la industria del automóvil. Este lunes la patronal española Anfac ha avisado de la “enorme preocupación” con la que está siguiendo las negociaciones sobre los recortes futuros de emisiones en los turismos y furgonetas».

Ahí lo tenemos: la enorme profundidad de miras de la clase política, la sagaz perspectiva a largo plazo que busca ante todo el bienestar y la seguridad presente y futura de la especie humana. Tristísimo, patético e indignante. Ahora se entenderá mejor mi pregunta inicial y ese apelativo cargado de desconfianza: «¿qué van a hacer los putos gobiernos?».

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No sé cuántos de vosotros/as habréis visto la película The Day After Tomorrow (se tituló El día de mañana en España y El día después de mañana en Hispanoamérica). Se estrenó en el 2004; una obra del director alemán Roland Emmerich, y que a diferencia de otros films del mismo autor (Independence Day o 2012) que a mí me parecieron auténticos bodrios infumables desde el punto de vista de la ciencia e inclusive del guion, alcanzaba cotas a mi juicio notables de dramatismo y realismo. A mí personalmente me impactó bastante, me gustó muchísimo y no la encontré en absoluto exagerada. Planteaba un escenario catastrófico derivado del calentamiento global producido por el ser humano, un escenario donde el clima definitivamente se desbocaba y arrojaba toda su implacable furia sobre la civilización. Repasemos en esencia lo que ocurre desde el punto de vista estrictamente climatológico: el paleoclimatologista Jack Hall (interpretado por Dennis Quaid) se encuentra junto a unos colegas, tomando mediciones y muestras en una expedición en la plataforma de hielo Larsen, en la Antártida, cuando ésta se desprende…

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Se rompe y se parte la Antártida, y esto a su vez debería partirnos el corazón; me temo que es algo más que un juego de palabras. Aquí tenemos un artículo entre tantos sobre esta terrible noticia

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La situación de la plataforma o barrera de hielo Larsen con respecto al continente helado. Tres fragmentos: Larsen A se desintegró en enero de 1995. Larsen B colapsó y se quebró a principios del 2002. Anteriormente la barrera de hielo había estado estable durante unos 12 000 años. Sorprendió a los expertos la velocidad de la ruptura: tan solo tres semanas. Uno de los efectos más nocivos fue el del agua líquida estancada en la superficie durante las horas de luz diurna, ya que actuó como multitud de cuñas fragmentando el hielo. Finalmente, Larsen C, el trozo más grande, se desprendió en julio del 2017, dando origen al iceberg A68, uno de los icebergs más grandes de la historia, de unos 5800 kilómetros cuadrados. A68 es de grande diez veces la ciudad de Madrid, cuatro veces como Ciudad de Méjico. Quizá es el principio del fin, quizá es la señal de que los acontecimientos van a precipitarse en la Antártida. Estas barreras ya desprendidas actuaban como muros de contención frente al empuje de los glaciares. Este gigantesco bloque de hielo se encontraba en uno de los lugares con mayor calentamiento del planeta. Lo peor no es eso, sino que puso rumbo hacia el mar de Weddell, cuyo aumento de temperatura se sitúa por encima de los 5 grados de media: esto va a acelerar la descongelación del A68

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No he “podido evitarlo”: todos estos datos y estas cuatro fotografías no son ficción, no pertenecen a la mencionada película, sino que son total y absolutamente reales

Ya que la película empieza de esta manera, hablemos un poco precisamente de todo esto: del lentísimo deshielo y resquebrajamiento de la Antártida, del deshielo en general, de una hipotética gran subida de los mares y de cuestiones de esta índole, según datos de los que se dispone y de estudios científicos (merece la pena y nos situaremos totalmente en contexto; después seguiremos con el film).

«¿Está subiendo el nivel del mar? La evidencia científica indica que sí. Y lo ha venido haciendo a un ritmo de 3.2 mm al año en las últimas dos décadas, más o menos el doble de la velocidad media de los 80 años precedentes. (…) El Nivel Medio del Mar (GMSL, por sus siglas en inglés) aumentó entre 10 y 20 centímetros. Esto puede parecer poco pero cabe considerar que una subida de tan sólo 1 metro del nivel del mar puede suponer la afectación de 146 millones de personas en el mundo. (…) Y según una encuesta de expertos 1 metro podría ser la subida que el mar experimentaría para el año 2100 si las emisiones continúan subiendo al ritmo actual».

Esta cita pertenece a un artículo publicado en muhimu.es, donde se nos muestran mapas del mundo en el terrible e hipotético escenario de que todos los hielos continentales se deshicieran. Quedarían afectadas y anegadas importantísimas ciudades costeras en todo el planeta y además…

«Según muestra el mapa ciudades como Venecia, Londres, Shanghai, estados como Florida y países como los Países Bajos y casi enteramente Dinamarca se encontrarían bajo el mar.

Los mapas se basan en que todo el hielo continental se ha derretido y ha drenado al mar, elevándolo unos 65,8 metros (216 pies), desplazando la línea de costa hacia el interior y expandiendo la línea de los mares interiores. Hay más de cinco millones de kilómetros cúbicos de hielo en la Tierra, y algunos científicos creen que el deshielo tardaría más de 5000 años en completarse. Si seguimos añadiendo carbono a la atmósfera posiblemente lograremos crear un planeta sin hielo, con una temperatura promedio de unos 26.7 ºC (80 ºF) en lugar de los 14.4 ºC actuales (58 ºF)».

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En el caso que más nos afectaría, aquí tenemos el continente europeo. La línea blanca delimita las costas en la actualidad. Obsérvese en especial la zona norte…

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Un hipotético deshielo total de la Antártida. Sencillamente terrorífico. Mapas elaborados por National Geographic

Terrorífico también ese último dato, el de una temperatura media global superando los 26 grados. Un eterno verano. Pero todo esto es solamente ciencia-ficción, y nunca mejor dicho. Ni nuestros hijos ni nuestros nietos ni las futuras generaciones verán ese deshielo total, porque como se ha apuntado, tal proceso podría tardar unos 5000 años. Pero los dos hechos son incontrovertibles y ya andamos en esa senda, pasito a pasito: el planeta se está calentando y el nivel de los mares subiendo…

«Ni usted, querido lector, ni quien escribe estas líneas, ni nuestros hijos, ni nuestros nietos, ni, seguramente, sus respectivos hijos y nietos, llegarán a ver una Antártida libre de hielo, pero sí una pérdida creciente de agua congelada, que ya está en marcha. Los científicos ya han encontrado pruebas fehacientes del cambio que está empezando a producirse allí. (…)

Recientemente, se ha publicado el estudio más completo llevado a cabo hasta la fecha sobre los cambios de la masa de hielo experimentados en la Antártida en los últimos 25 años y las conclusiones son claras y demoledoras. Desde 1992, la pérdida neta de hielo ronda los 3 billones de toneladas, lo que ha contribuido en casi 8 milímetros a la subida global del nivel del mar. Los científicos no solo han logrado cuantificar la cantidad de hielo que ha perdido la Antártida, sino también el ritmo al que lo ha venido haciendo y la conclusión es clara: el deshielo se está acelerando, siendo especialmente crítica la situación en la Antártida Occidental.

Desde el año 2012, la Antártida pierde hielo tres veces más rápido que como lo hacía al inicio del período que se ha analizado. (…)

En un escenario de bajas emisiones, en 2070 la temperatura media de la Antártida subiría 1 ºC, las aguas que rodean el continente blanco se calentarían en 0,7 ºC, se perdería del orden del 8% del hielo y dicha pérdida contribuiría a subir 6 centímetros el nivel medio del mar. El impacto no es pequeño, pero es mucho menor que el que habría si se considera un escenario de altas emisiones. (…) En dicho escenario, la subida de temperatura del aire en la Antártida alcanzaría los 3 ºC, las aguas del océano antártico se calentarían casi 2 ºC, la pérdida de hielo alcanzaría el 43% y eso se traduciría en unos 27 centímetros de subida del nivel del mar, a los que habría que sumar los debidos a la fusión del hielo de Groenlandia (cuya contribución es mayor en la actualidad) y la dilatación térmica del agua oceánica».

(En EL PAÍS)

Buff, menos mal que todo esto es solo ciencia “ficción” y menos mal que todavía nos queda “lejos”. ¿Menos mal? ¿Podemos relajarnos, volvernos indulgentes e irresponsables, no acometer las acciones necesarias y enrocarnos en dicha actitud?

Todavía en otro artículo de EL PAÍS se analizan estos mismos datos desde otro punto de vista, explicándonos que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) calculó en primera instancia que el nivel del mar se elevó a un ritmo de 1,7 milímetros por año durante el siglo XX. Durante el siglo XXI hicieron la estimación de que el océano ascendería, de media, entre 0,22 y 0,44 metros respecto a los niveles de 1990. Estos datos fueron corregidos a la baja por la Universidad de Harvard, que recalibró los modelos matemáticos con las últimas técnicas disponibles y calcularon que el nivel del mar subió solo 1,2 milímetros al año entre 1901 y 1990. Sin embargo esto no es tranquilizador para nada, ya que…

«Los investigadores, encabezados por la física Carling Hay, advierten de que la aceleración de la subida del nivel del mar en las últimas dos décadas es mayor de lo que se pensaba, alcanzando los tres milímetros al año entre 1993 y 2010. El nivel del mar asciende porque el agua se expande a medida que se calienta y por el derretimiento del hielo terrestre».

En suma, el dato preocupante es que «la subida del nivel del mar se ha acelerado más de lo que se pensaba. El océano pasó de ascender 1,2 milímetros por año hasta 1990 a 3 anuales hasta 2010».

Volviendo a la ruptura de la plataforma Larsen C, que se estima que se desgajó el 12 de julio del 2017, podemos encontrar diversos vídeos previos que lo anuncian. Por ejemplo este…

En este otro se hace una recreación de la grieta, proceso que fue monitorizado por varios satélites…

En este otro artículo se habla de diversos proyectos científicos que han seguido de cerca este desprendimiento y que estudian con mucha precisión los efectos del calentamiento global en las masas de hielo polar. Tenemos por un lado el proyecto Midas, liderado por el glaciólogo Adrian Luckman, de la Universidad de Swansea (Reino Unido). Este científico «ha asistido al imparable avance de la grieta en la barrera de hielo». Por otro lado tenemos a la ESA (Agencia Espacial Europea), que mediante la misión Cryosat y un satélite es capaz de detectar cambios de dos milímetros en las capas de hielo antárticas. «Utiliza un instrumento de radar que detecta cambios ínfimos en el grosor del hielo mediante señales de radio que rebotan en la superficie. (…) La ESA estudia los hielos del Ártico y de la Antártida para comprender los verdaderos efectos del cambio climático en los polos». A pesar de todo este seguimiento y del innegable aumento del nivel de los mares, hay que ser estrictamente rigurosos…

«Sin embargo, el desgajamiento en Larsen C no tiene por qué estar relacionado con el calentamiento global. “No tenemos ninguna prueba que apoye un vínculo con el cambio climático”, reconoce Luckman. “La grieta ya era una característica bien establecida en la barrera de hielo Larsen C en la década de 1980, según los datos de satélite”, subraya».

Recordemos que el iceberg A68 resultante tiene 190 metros de espesor y 1155 kilómetros cúbicos de hielo, y que Larsen C es (ya era) una plataforma de hielo flotante pegada al continente (y por tanto no tendría un impacto relevante en la crecida de los mares, aunque innegablemente se derretirá). “El desprendimiento debilita el frente de la barrera, su muro de contención. Y se puede acelerar el empuje de los glaciares que están detrás. Ese hielo sí que está sobre el continente y puede aumentar el nivel del mar si se derrite. Ahí está la relevancia de este fenómeno”, alerta por otro lado el geólogo Jerónimo López.

Para dar por finalizado este largo inciso y hacernos una idea de la situación en la que se encuentra la Antártida, echemos mano de un artículo en La Vanguardia; las noticias no son nada, nada, nada esperanzadoras…

«Un equipo internacional de investigadores ha llevado a cabo el primer mapa global de los principales ríos que llevan agua —procedente del deshielo— desde las grandes masas heladas de la zona continental de la Antártida hasta sus costas.

Uno de estos estudios, en concreto, analiza cómo estos sistemas fluviales podrían influir en las grandes plataformas de hielo que rodean el continente, que algunos investigadores temen que podrían colapsar, provocando aumentos catastróficos del nivel del mar a escala global. (…) En el estudio se habla del descubrimiento de cerca de 700 sistemas estacionales de estanques interconectados, canales y corrientes trenzadas que bordeaban el continente por todos lados».

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«De momento, la escala de estos ríos —en relación al total de hielo antártico— es muy pequeña pero el proceso puede ser realmente importante en las próximas décadas».

Los artículos que acabo de consultar y citar datan en su mayoría del 2017. Pero el agravamiento y aceleración de todos los acontecimientos implicados en el calentamiento global (es decir, el deshielo y el resto de procesos naturales) se notan incluso en los estudios científicos y en la prensa en el escaso margen de un año. Y aquí viene la prueba, porque si los anteriores artículos son preocupantes, el que acabo de leer (de agosto de este año, El desastre de un mundo sin hielo) es demoledor. Se empieza hablando de los ríos europeos, que cada vez se hielan menos, tanto en extensión como en duración temporal, para continuar hablando del Ártico y de un preocupante fenómeno que se da allí:

«Pero en esta región del planeta el calentamiento es más acusado: se produce un fenómeno conocido como amplificación ártica. Simplificando, el calentamiento es aquí comparativamente mayor (hasta tres veces) que en el resto del hemisferio norte. El hielo derretido expone amplias zonas de aguas abiertas que absorben un extra de radiación solar. En paralelo, al haber menos hielo, éste refleja menor porción de radiación, lo que acaba retroalimentando el proceso. La consecuencia más reciente la han observado los satélites de la NASA. Los inviernos de 2015, 2016, 2017 y este pasado, la porción helada del océano Ártico ha sido la menor desde que hay satélites».

“El calentamiento significa que se formará menos hielo y se derretirá más, pero también, al haber menos, se refleja menos radiación solar incidente y esto contribuye al calentamiento”, puntualiza la investigadora climática de la NASA, Claire Parkinson.

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Se sigue hablando de otras cuestiones, como por ejemplo del tráfico marítimo que se generará o se está ya iniciando en pasos hasta ahora permanentemente helados. Y si hasta ahora la Antártida parecía inmune o al menos resistir mejor el calentamiento global, el mazazo demoledor llega al final del artículo:

«Hasta no hace mucho la extensión de su hielo marino no dejaba de crecer mientras el acumulado sobre el continente se mantenía relativamente estable. En un continente tan inmenso (27,7 veces la extensión de España o 7 la de México) la dinámica es mucho más compleja que la del Ártico. En realidad hay tres grandes regiones antárticas: la península antártica, la más al oeste, la Antártida Occidental y la Oriental, que, desde un punto de vista geológico, bien podrían ser dos continentes diferentes. Hasta ahora, infinidad de estudios habían mostrado que las dos primeras perdían hielo de forma acelerada y algunos consideran que el proceso es irreversible. Sin embargo, la parte oriental, la más grande y la que por sí sola podría hacer que el nivel del mar se elevara en torno a 50 metros, seguía ganando hielo y, por tanto, tirando a la baja el nivel del mar. Eso ya se ha acabado. En junio pasado, 84 científicos de 44 organizaciones publicaron un estudio en Nature que confirma que la Antártida también está perdiendo más hielo del que gana. El trabajo estima que el deshielo antártico ha elevado el nivel del mar en 7,6 milímetros desde 1992. “Unos pocos milímetros al año pueden sumar un metro en 100 años”, recuerda la investigadora de la Universidad Técnica de Dinamarca y coautora de esta investigación, Valentina Barletta».

«El problema es que, aunque se empezaran a reducir las emisiones mañana mismo, el nivel del mar seguirá subiendo ya que los GEI [gases de efecto invernadero] acumulados en la atmósfera desde que empezamos a quemar el carbón al inicio de la Revolución Industrial seguirán calentando el planeta al menos hasta 2300», remacha un reciente estudio.

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Ante todo esto, casi no tengo palabras. Es desolador, la verdad es que me deja hecho polvo, y qué más da si no llego a verlo porque estaré criando malvas. Qué queréis que os diga, aunque no sea científico y aunque el deshielo total de la Antártida pudiera tardar hipotéticamente 5000 años, todo este asunto no me hace la más mínima gracia. Y añadiré que aunque pueda suponer para el lector un auténtico tostonazo leer una entrada tan larga, la intención de la misma —aparte de expresar concienciación y preocupación— es recopilar y ensamblar una parte de las informaciones existentes en la red para hacernos una idea del problema del calentamiento global. Desde luego está lejos de ser un estudio o una especie de ensayo, pues carezco de la formación académica, los conocimientos o los medios para llevarlo a cabo.

Creo que después de este extenso y doloroso inciso podemos seguir narrando el argumento de The Day After Tomorrow

Después de la ruptura de la plataforma Larsen, Jack da una conferencia en la ONU donde presenta sus conclusiones: el calentamiento global se está acelerando. Poca gente le cree, y entre quienes no le creen se encuentra el vicepresidente de los Estados Unidos —un personaje en esta película que es una clarísima réplica de Dick Cheney, uno de los halcones de la administración Bush y oscuro eslabón con las multinacionales del petróleo—.

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Pero el profesor Terry Rapson (interpretado por el actor Ian Holm) sí cree en las teorías de Jack. Rapson telefonea poco después a Jack desde una estación de seguimiento en Escocia, para explicarle alarmado que una serie de boyas en el Atlántico Norte han detectado una bajada brutal de las temperaturas. Parece claro: el hielo polar se está fusionando e interrumpiendo la corriente de esa zona del océano. La película continúa mostrándonos una serie de eventos climatológicos muy virulentos en distintos puntos del planeta: el clima mundial parece haber enloquecido y quizá los hechos estén conectados. Poco después Rapson le presenta su modelo paleometeorológico, que muestra cómo los cambios climáticos provocaron la primera Edad de Hielo, y a partir de ahí Jack usa la computadora del Departamento de Climatología de Estados Unidos para elaborar un modelo matemático y climatológico que ayude a tener una previsión de lo que podría pasar en un futuro cercano. Pese a albergar algunas dudas cada vez parece estar más claro lo que puede suceder, extremo que es confirmado por la Estación Espacial Internacional: sus tres astronautas ven un enorme sistema de tormenta que atraviesa el hemisferio Norte. Desde el espacio se puede observar la formación de tres tormentas con forma de superhuracán. Este superhuracán provoca una bajada extrema de las temperaturas, congelando todo a su paso. En otras palabras, una glaciación afectará a todo el hemisferio norte terrestre, sepultando de hielo y nieve todo a su paso, haciendo caer el termómetro en picado y provocando la muerte de millones de seres humanos, de todos aquellos que no puedan huir o refugiarse a buen recaudo del frío. Y así sucede, una descomunal tormenta arrasa la mitad del planeta, durando entre 6 y 8 semanas. Incluso su propio hijo (interpretado por Jake Gyllenhaal) se ve atrapado en Nueva York, viéndose obligado a refugiarse en la Biblioteca Pública. Pasada la tormenta, la humanidad se enfrentará a una nueva glaciación, o como mínimo todos los habitantes del hemisferio norte. Todos los que pueden huyen o son evacuados, produciéndose una emigración masiva de estadounidenses hacia Méjico y países más cálidos; todo un mensaje en clave el que encierra la película, también irónico y aleccionador: una inmigración a la inversa de un país teóricamente más rico a otro teóricamente más pobre, y todo ello debido a la estupidez de sus gobernantes, que no han oído las advertencias de los científicos y han ignorado y desestimado toda la cuestión del cambio climático…

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Estas dos imágenes anteriores pertenecen a la película. Ahora vamos a jugar un poco, a un juego que me parece bastante inquietante. También voy a hacer dos preguntas que podrían y seguramente habrán dado para mucho debate: ¿es esta película exagerada? ¿es esta película profética en muchos sentidos, se la puede considerar así? Juguemos y observemos esto…

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¿De la película? No. Son imágenes satelitales del huracán Florence, un poderoso ciclón tropical de categoría 4 que se formó sobre el océano Atlántico y que tocó las costas estadounidenses y diversos estados en la primera quincena de este pasado mes de septiembre: con vientos máximos de hasta 220 km/h; dejó 53 víctimas mortales. En este enlace de infobae.com pueden verse unas fotos satelitales absolutamente escalofriantes, de verdad que me han dejado pasmado. “El huracán Florence es tan grande que solo pudimos fotografiarlo con un lente súper gran angular desde la Estación Espacial Internacional, a 400 km directamente sobre el ojo”, afirmó el astronauta alemán Alexander Gerst desde dicha estación.

Claro, podrán aducir muchos —o algunos—, dos superhuracanes siempre se verán muy similares vistos desde el espacio, no importa que uno sea un producto de ficción de una película catastrofista. Sí, pero yo por lo menos no puedo dejar de pensar en o de ver la inquietante similitud…

Está bien… —hoy sigo escribiendo—, seamos rigurosos y no mezclemos las cosas ni nos confundamos: una cosa sería un superhuracán que cubre ni más ni menos que todo un hemisferio norte terrestre y otra muy distinta un huracán “normal” como puede ser el Florence, pese a que sea a su vez monstruoso. De acuerdo. Pero no es tan fácil ser riguroso, así que en aras de la reflexión voy a permitirme la licencia de seguir jugando a las similitudes y especulando. Ya sabemos, por otra parte, que internet es el ámbito perfecto para que circulen todo tipo de teorías (asombrosas, descabelladas, conspiranoicas, absurdas… ), estupideces, magufadas, especulaciones y un largo etcétera. Pero entre tanta paja también se cuentan verdades. Como ejemplo aquí va otro interesante dato, porque seguimos “analizando” lo que nos cuenta dicha película… El portal chileno portalnet.cl nos habla del hipercan (“el posible nuevo tipo de ciclón tropical”) y nos dice:

«En la palestra de casi todos los medios televisivos ha estado el eco de lo que ha venido siendo un desastre natural para los países del Caribe, los huracanes Irma, Katia y Jose. Y cierto es que desde hace sólo 2 años se han registrado los huracanes más poderosos de la historia; Patricia e Irma, con una categoría Saffir-Simpson F5, con un tamaño que superan a un país entero, dejando a su paso destrucción pura con vientos de más de 250 a 300 kilómetros/hora. Sin embargo, estos huracanes no serían más que un bizcocho de niños, comparado a lo que los científicos han denonimado Hipercan. Un Hipercan es un hipotético mega-huracán, y ya que dadas las condiciones para que solo en los últimos 2 años se hayan registrado los huracanes más poderosos de la historia, no estaría lejos de la realidad que aquellas condiciones se reuniesen aún con más fuerza y vertiginosidad en los próximos 50 años. La existencia de hipercanes fue propuesta por Emanuel Kerry en una serie de artículos publicados en los 90 en diversas revistas especializadas de geofísica y meteorología».

Inquietante, tan solo harían falta condiciones mucho más extremas para la formación de dichos monstruos (por ejemplo, el agua de los mares más caliente). Dicho artículo adjunta la siguiente imagen, apuntando acertadamente que aparece en la película que nos ocupa…

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(Imagen hipotética de la apariencia de un Hipercan. En este sentido, vemos 3 hipercanes abarcando 3 continentes enteros en la película “El día después de mañana”).

(Por cierto, digo yo que si huracán es palabra aguda y va acentuada, hipercan debería acentuarse igual… aunque lo he dejado tal y como lo han transcrito estos señores; quizá lo han tomado literalmente del inglés).

Muy bien, pues ahora veamos otra asombrosa “curiosidad” que uno puede encontrar por internet (porque a algunos no se les escapa detalle)…

the-day-after-tomorrow-2004-katia-rma-jose-september-6-2017-27611644Obvia decir, la parte inferior retrata tres huracanes perfectamente reales. De nuevo la similitud es pasmosa. No es de extrañar que muchos consideren la película de Emmerich profética. No olvidemos todo lo explicado antes: nos cuenta la ruptura de la plataforma Larsen, cuando la película es del 2004 y Larsen C se separó en el 2017. Es cierto, pudo “inspirarse” en el suceso de Larsen B, en el 2002. Y además, visto el estúpido y destructor comportamiento de la raza humana (y la existencia de esa grieta desde los 80), era fácil olerse una catástrofe mayor.

Pero no hemos terminado. Rescato ahora unas interesantes explicaciones referentes a la película, en un análisis de ésta hecho en la sección “Blogs” de “El País Semanal”:

«Al principio de esta magnífica película, Quaid expone una teoría fascinante: el calentamiento global dará lugar, en una primera fase, a un enfriamiento progresivo en algunas zonas del planeta, incluidos los Estados Unidos. Su explicación es que el agua fría y dulce de los polos, más pesada, terminaría provocando un cortocircuito en la corriente marina del Atlántico norte, que lleva el calor desde las zonas tropicales a las más templadas. Este cinturón de calor comienza con la famosa corriente del Golfo que termina transportando la energía hasta aguas del Atlántico. Proporciona un efecto que amortigua algo el clima más frío de los países del norte, que sería de otra forma bastante más duro. Y no es una invención. La teoría de Quaid está basada en un excelente trabajo de investigación publicado en la revista Nature. Así que Emmerich y sus asesores se documentaron bastante bien… »

Ahí tenemos otro detalle nada, nada tranquilizador: “basado en un excelente trabajo de investigación”. Claro que después se añade de forma crítica y acertada:

«El propio Quaid explica al principio que su modelo predice cambios en 1000, o quizás hasta 10 000 años, y que en realidad “nadie lo sabe”. Claro que Emmerich lleva el asunto al extremo de toparse con una era glacial en cuestión de una semana, el tiempo cinematográfico de la película»

Yo diría que ni siquiera hace falta ser científico ni climatólogo para sacar esta conclusión: ¿qué pasaría si millones y millones de metros cúbicos de agua gélida y dulce, procedente del deshielo de los dos polos, son inyectados a los océanos y las corrientes marinas? Es de sentido común, las consecuencias pueden ser catastróficas y en cierto modo impredecibles. Ya no solamente nos enfrentamos a una cuestión del derretimiento de billones de toneladas de hielo (brutal) y a otra cuestión de la subida paulatina del nivel de los mares (brutal), sino también a la cuestión de la temperatura de las aguas y a la propia dinámica de los océanos… y su papel crucial en el clima mundial. A mí esto me da miedo solo de pensarlo.

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Las glaciaciones… o los períodos más fríos de lo habitual… no son algo tan raro. Si la última era glacial terminó hace unos 12 000 años, en realidad no hace tanto de eso. Pero tenemos otros períodos, en lo que parece una alternancia de frío y calor. Me refiero a lo que se conoce como la Pequeña Edad de Hielo: “un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Puso fin a una era extraordinariamente calurosa llamada óptimo climático medieval (siglo X al XIV). Hubo tres mínimos: sobre 1650, alrededor de 1770 y hacia 1850”. Es algo que francamente me sorprendió cuando me enteré de ello hace un tiempo, me pareció insólito. Sin embargo, pese a que la principal causa de este fenómeno parece resuelta por la ciencia, también jugaron un papel los océanos (es ahí donde quiero llegar). Leamos:

«El PEH es un período de clima frío que se produjo en Europa y América del Norte desde el año 1300 hasta la década de 1850. La Pequeña Edad de Hielo (Little Ice Age) corresponde a varias mínimas de temperaturas medias muy claras a esta época. 
En Europa, este fenómeno se acompaña de una serie de malas cosechas, hambrunas y desastres naturales. El comienzo exacto de la Pequeña Glaciación es bastante vago. 

No hay consenso científico sobre las fechas y las causas de la Pequeña Edad de Hielo. Para algunos científicos, las causas de la Pequeña Edad de Hielo sería menor radiación solar. Otros explican el fenómeno por las erupciones volcánicas que oscurecieron un poco la atmósfera. (…) Cuatro erupciones volcánicas, en el espacio de cincuenta años, serían responsables de este fenómeno. Polvos volcánicos que reflejan la radiación solar, de una manera sostenible, en realidad disminuyen el calor total recibido por la superficie de la Tierra. (…) Los efectos acumulativos de las descargas darían a luz a la Pequeña Edad de Hielo. Refrigeración, expansión del hielo marino, cambios de la circulación del agua y disminución del transporte de calor a la costa atlántica, este es el escenario más probable… ».

(En astronoo.com)

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(Río Támesis congelado en 1677)

«Desde el final de la Edad Media hasta casi acabado el siglo XIX, la Tierra pasó por un largo período de enfriamiento que los científicos denominan Pequeña Edad de Hielo, una época en la que pueblos alpinos quedaron arrasados por el avance imparable de los glaciares y los ciudadanos londinenses, aunque parezca increíble, podían patinar sobre el Támesis. (…) Comenzó repentinamente entre los años 1275 y 1300 d. C. tras sucederse cuatro erupciones volcánicas masivas en el trópico, unos episodios que duraron unos cincuenta años. La persistencia de veranos fríos tras las erupciones se explica por la posterior expansión del hielo marino y un debilitamiento de las corrientes del Atlántico relacionadas, según las simulaciones computacionales realizadas para el estudio… ».

Dicha investigación la realizó la Universidad de Colorado Boulder en EE. UU., dirigidos por Gifford Miller. También intervino una baja actividad solar durante ese período, algo reflejado en la escasez o incluso ausencia de manchas solares en algunos años. La relación no acaba de estar clara pero la ciencia sospecha que este tuvo que ser otro factor. A pesar de todo ello, las corrientes oceánicas y su papel en el clima, como en este ejemplo de la Pequeña Edad de Hielo, son mencionadas constantemente. «Las erupciones podrían haber provocado una reacción en cadena, afectando al hielo y a las corrientes oceánicas de una manera que disminuyó las temperaturas durante siglos», dice otro científico del equipo.

(En abc.es)

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Dicho todo esto, voy a poner sobre la mesa diversas piezas de un puzzle. La claridad y la contundencia de los siguientes textos y estudios son una vez más demoledoras y terroríficas, e infunden como mínimo bastante inquietud. Las piezas van a ensamblarse en un escenario nada halagüeño, como se verá…

«El océano Atlántico es un agente de importancia global en lo referente al clima, ya que de sus corrientes depende en buena medida el clima de los continentes ribereños. (…) El clima del océano Atlántico y sus tierras adyacentes está influido por las temperaturas de las aguas superficiales y las corrientes de agua, además de los vientos. Debido a la gran capacidad de los océanos de retener el calor, los climas marítimos son moderados y sin variaciones estacionales extremas. (…) Las corrientes oceánicas contribuyen al control climático transportando aguas cálidas y frías a otras regiones. Las tierras adyacentes están afectadas por los vientos que son enfriados o calentados cuando soplan sobre estas corrientes. La corriente del Golfo, por ejemplo, calienta la atmósfera de las islas británicas y el noroeste de Europa… ».

«La corriente del Golfo es una corriente oceánica que desplaza una gran masa de agua cálida procedente del golfo de México y que se dirige al Atlántico Norte. Es una corriente superficial (por la temperatura cálida de sus aguas) y disminuye gradualmente en profundidad y velocidad hasta prácticamente anularse a unos 100 m, cota donde la influencia del calentamiento por los rayos solares desaparece en la práctica. Tiene una anchura de más de 1000 km en gran parte de su larga trayectoria,​ lo que da una idea aproximada de la enorme cantidad de energía que transporta y de las consecuencias tan beneficiosas de la misma. Se desplaza a 1,8 m/s aproximadamente y su caudal es enorme: unos 80 millones de m³/s. La circulación de esta corriente asegura a Europa un clima cálido para la latitud en que se encuentra».

(Fuente: Wikipedia)

«El calentamiento del planeta podría sumir a Norteamérica y a Europa en una congelación profunda, probablemente en sólo unas pocas décadas.

Esta es una teoría que va ganando credibilidad entre muchos científicos que estudian el clima. La descongelación del hielo marino que cubre el Ártico podría alterar o incluso detener las grandes corrientes del Océano Atlántico. Sin el inmenso calor que proporcionan estas corrientes marinas —comparables a la producción de energía de un millón de centrales nucleares— la temperatura media europea podría descender de 5 a 10 grados centígrados (9 a 18 grados Fahrenheit), y algunas zonas de Norteamérica se enfriarían sólo un poco menos. Este cambio en la temperatura sería similar a las temperaturas medias del planeta hacia el final de la última era glacial… ».

«Algunos científicos creen que este cambio en las corrientes marinas puede surgir pronto, de un modo inesperado —en un período de tiempo tan corto como de 20 años— según Robert Gagosian, presidente y director de la Institución Oceanográfica Woods Hole. Otros dudan que esto llegara a ocurrir. Aun así, el Pentágono ha tomado nota. (…) “Es difícil predecir qué pasará realmente”, advierte Donald Cavalieri, científico principal en el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de NASA, “puesto que el Ártico y el Atlántico Norte son sistemas muy complejos, con muchas interacciones entre la tierra, el mar y la atmósfera”. Los resultados de investigaciones recientes, sin embargo, sugieren que los cambios que estamos viendo en el Ártico podrían afectar potencialmente a las corrientes que calientan Europa del Este, y este hecho mantiene a mucha gente preocupada».

«La vista desde la órbita muestra claramente un descenso a largo plazo del hielo “eterno” del Océano Ártico (la parte que permanece congelada durante los meses cálidos de verano). Según un informe de 1992, de Josefino Comiso, científico del Clima en el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de NASA, ese hielo ha estado disminuyendo desde el comienzo de las observaciones satelitales en 1978, a un promedio de un 9% por década. Los estudios con base en datos más recientes sitúan el índice en un 14% por década, sugiriendo que la desaparición del hielo del Océano Ártico se está acelerando».

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«Algunos científicos temen que el hielo que se funde en el Océano Ártico pueda verter una cantidad de agua dulce al Atlántico Norte suficiente como para interferir con las corrientes marinas. Parte de esta agua dulce procedería de la propia masa de hielo que se derrite, pero el principal contribuyente sería el aumento creciente de lluvia y nieve en la región. La capa de hielo que se contrae deja al descubierto una cantidad mayor de superficie oceánica, permitiendo que una mayor cantidad de humedad se evapore en la atmósfera y dé lugar a un mayor número de precipitaciones.

Debido a que el agua salada es más densa y pesada que la dulce, este “endulzamiento” del Atlántico Norte haría las capas superficiales más livianas o boyantes. Y esto es un problema, ya que el agua de la superficie necesita hundirse para impulsar un modelo primario de circulación oceánica conocido como el “Gran cinturón transportador”. El agua que está a un nivel bajo con respecto a la superficie fluye a través del suelo oceánico hacia el ecuador, mientras que las aguas superficiales cálidas de las latitudes tropicales fluyen hacia arriba para reemplazar al agua que se hunde. De esta manera el transportador se mantiene activo. Un aumento en la cantidad de agua dulce podría evitar el hundimiento de las aguas superficiales del Atlántico Norte, disminuyendo o deteniendo esta circulación. (…)

Aunque una vez fue impensable, hoy en día la noción de que el clima puede cambiar rápidamente se está convirtiendo en una teoría respetable. En un informe del 2003, Robert Gagosian cita una “evidencia que avanza rápidamente (desde, por ejemplo, los anillos de los árboles y los núcleos del hielo) de que el clima de la Tierra cambió abrupta y enormemente en el pasado”. Por ejemplo, mientras que el mundo se calentó al final de la última era glacial hace aproximadamente 13 000 años, las capas de hielo derretido parecían haber provocado un alto repentino en el transportador, devolviendo el mundo a un período de 1300 años de condiciones tipo era glacial… (…)

Mucho depende de la rapidez del calentamiento del Ártico. En sus modelos, un calentamiento más rápido podría cerrar por completo la principal corriente del Atlántico, mientras que un calentamiento más lento sólo provocaría una disminución de la velocidad de la corriente durante unos cuantos siglos.

Inevitablemente, la discusión apunta a los humanos. ¿La actividad industrial humana tiene mucho que ver con el calentamiento del Ártico? ¿Podríamos revertir la tendencia, si quisiéramos? No todos los científicos están de acuerdo. Algunos afirman que los cambios que están ocurriendo en el Ártico son consecuentes con los largos y lentos ciclos de comportamiento oceánico que la ciencia conoce. Otros ven un componente eminentemente humano.

Si el Gran cinturón transportador se detiene de pronto, no importará la causa. Los europeos estarán pensando en otras cosas, por ejemplo, cómo hacer que crezcan cultivos en la nieve».

(Artículo completo en ciencia.nasa.gov; la relevancia de estos informes es que están redactados en el 2004)

«Lo que poca gente sabe es que la razón del equilibrio climático no reside tanto en la atmósfera, sino en los océanos. Y algo está yendo mal. Para comprenderlo, empezaré por el principio.

A pesar de haber bautizado a nuestro planeta como Tierra, vivimos en uno azul, y así es visto desde el espacio. Lógico, ya que aproximadamente el 70% de su superficie está cubierta por el agua, representada en casi un 97% por los océanos. Por eso, tantísima radiación solar que recibe nuestro planeta debe influir sobremanera en ellos. Y en efecto, la energía solar mueve a los océanos de la misma manera que la atmósfera. En este sentido, océanos y atmósfera son parecidos, ambos fluidos y se rigen por leyes comunes. Sin embargo, ya notamos que son fluidos muy diferentes: el agua es prácticamente incompresible y unas mil veces más densa que el aire, lo que provoca que las corrientes oceánicas sean mucho más lentas y tengan mayor inercia que los vientos. Además, el aire apenas está confinado pero sí el agua oceánica debido a la existencia de los continentes.

Bien, bajo esta premisa, veremos que la forma en la que se calientan los diferentes puntos del océano influyen sobremanera en el clima global. El agua más fría se encuentra en los polos, ya que debido a la inclinación terrestre apenas les llega radiación solar. El agua fría y salina es muy pesada, por lo que en los polos se hunde y desciende hacia los fondos oceánicos hasta el ecuador. Esa gran corriente descendente libera una enorme cantidad de energía, alrededor de unos 600 millones de megavatios por segundo, que hace que la temperatura de Europa noroccidental sea entre 5 y 10 oC más elevada que si no se produjera este fenómeno. Además, en dicho descenso, el agua fría arrastra una parte importante de CO2 atmosférico en disolución, contribuyendo así a la disminución del efecto invernadero.

Como todos los mares y océanos de la Tierra están comunicados, una vez esas aguas llegan al Índico y Pacífico en latitudes tropicales, el agua se va calentando e incorporando aguas menos salinas. Pierden así densidad y emergen hasta varios centenares de metros de la superficie, dirigiéndose desde el Pacífico, pasando entre Australia y Asia, y el Índico hasta llegar finalmente al Atlántico Norte. 

Una vuelta completa de esta circulación oceánica tiene una duración de varios cientos de años. Una interrupción, incluso una ralentización, tendría efectos dramáticos sobre el clima global. A priori, según lo expuesto se deduce que una primera consecuencia sería un enfriamiento del hemisferio norte, especialmente de Europa, al no recibir el calor que se libera en la generación del agua profunda noratlántica.

Parece que en los últimos 100 000 años la circulación global se ha interrumpido varias veces. Hace 13 000 años estuvo interrumpida durante 200 años por un calentamiento del Ártico provocado por variaciones en el eje de rotación de la Tierra. Al recibir más calor el Ártico se fundió más hielo y esto disminuyó notablemente la salinidad y, por tanto, la densidad de las aguas, afectando la generación de la corriente profunda.

Ahora, dos estudios distintos publicados en Nature confirman que una de estas corrientes oceánicas, concretamente la del Golfo (ver imagen de arriba), se está debilitando. Concretamente, un 15% en mil años.

No obstante, aunque la conclusión es la misma, ambos estudios discrepan en cuándo empezó el proceso de estancamiento. Mientras unos relacionan el proceso con los últimos 150 años (y establecen una relación con las emisiones de CO2), los otros creen que el proceso empezó hace más de 1500 años y nuestra acción no ha hecho más que acelerarlo. Varios estudios confirman que el agua dulce que proviene de la fusión de la capa de hielo de Groenlandia probablemente sea la que esté perturbando la circulación. Con el agua del deshielo hay menos agua salina en la superficie, y ésta tiende a no hundirse, por lo que enfría más la Corriente del Golfo.

En cualquier caso, si la corriente sigue debilitándose podrían verse alterados los patrones climáticos de Estados Unidos, con un aumento más rápido del nivel del mar en su costa este, y también de Europa hasta el Sahel africano, llenando los inviernos de metros y metros de nieve y acentuando las olas de calor durante los veranos».

(Escrito por Mikel Rivero en la web masscience.com)

Ha quedado claro a qué nos enfrentamos. Pero para acabar de redondearlo que sea ni más ni menos Al Gore el que nos ilustre un poco más, desde el documental Una verdad incómoda (“película documental del director Davis Guggenheim acerca de la campaña del exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore para educar a los ciudadanos sobre el calentamiento global a través de una exhaustiva presentación de diapositivas; desde su lanzamiento, se le ha atribuido el despertar la conciencia del público internacional sobre el cambio climático”).

Estamos en el 2018. Lo que explica Al Gore en el 2006, hace ya 12 años, es espeluznante respecto a las grandes masas heladas del planeta. No quiero ni pensar en los estragos en estos 12 años…

No puedo evitar hacer una mención. Es un detalle al que doy mucho valor y que me hace mucha ilusión. Hace unas semanas le comenté a Cristina mis intenciones al respecto de esta entrada. Ella, como bióloga marina que es, me señaló con muy buen criterio la importancia capital de la Corriente del Golfo, e hizo dos observaciones con las que no puedo estar más de acuerdo: “la mayoría de personas subestima el poder de la naturaleza” y “a veces se nos olvida aquello de que las 3/4 partes del planeta es agua salada”.

A la vista de todo lo expuesto hasta ahora podemos volver a esa pregunta sobre la película: ¿es The Day After Tomorrow una película que peca de exagerada? Se puede considerar exagerada en muchos aspectos, claro que esto va a gusto del consumidor. Probablemente lo más exagerado es el tempo de los acontecimientos, el ritmo vertiginoso y la manera tan rápida y acelerada en que se consuma la tragedia, en esa cadena de causas y consecuencias: el calentamiento del planeta, el deshielo masivo, la formación de esa monstruosa tormenta, cómo golpea ésta y la posterior “edad de hielo” que se cierne sobre medio planeta. Claro que todo esto puede matizarse, y por lo menos en mi caso si empiezo a pensar en ello no lo encuentro tan exagerado. Además, cuenta como ya hemos visto con bastante fundamento científico, y como se dice en la película “nadie sabe lo que pasará”. A fin de cuentas, un huracán se forma en cuestión de días, no se precisan ni siquiera meses para ello; y por otro lado esa alteración de las corrientes oceánicas también podría devenir muy rápida. Jamás nos hemos encontrado en esa situación en el estadio actual de la civilización (exceptuando quizá la mencionada Pequeña Edad de Hielo, donde la ciencia estaba en sus inicios). Ese componente de incertidumbre, de enfrentarnos a algo que no podemos predecir ni controlar, es algo muy inquietante. Está claro que el director usa el lenguaje cinematográfico y “de acción” buscando impactar más, y por ello comprime los plazos temporales presentándonos una catástrofe casi a toda velocidad. Pero… ¿quién nos asegura que no podrían producirse esos hechos en unos tempos y con una intensidad muy parecidos?

Se entiende por tanto perfectamente, en base a esas explicaciones científicas, que pese a ser una película que habla del calentamiento global “el malo” de la misma acabe siendo el frío extremo… Impresionante la siguiente escena, cuando todo se hiela —inclusive el aire— al paso de ese superhuracán (al parecer especialmente en su ojo). Quién sabe si acercándose a lo que se conoce como cero absoluto…

La otra cuestión es si este film puede considerarse profético. De nuevo se prestaría a multitud de matices, interpretaciones y opiniones. Muchas personas consideran que esta película es profética en muchos sentidos. Muchas de las cosas descritas y predichas se están cumpliendo en la realidad, aunque sea a un ritmo más lento. Por ejemplo, obvia decirlo, la ruptura de la plataforma Larsen, pero también la formación de huracanes cada vez más potentes y destructivos, o las olas de frío con nevadas y heladas pasmosas que han ocurrido no hace tanto tiempo tanto en los Estados Unidos como Canadá. Quizá para ser rigurosos hay que decir que estos acontecimientos apuntan hacia un cambio y radicalización del clima, mientras que la película ya nos muestra una situación realmente extrema de la que estamos en teoría “lejos”.

Personalmente sí que la encuentro profética: no en el sentido de que las cosas, de pasar, fueran a pasar exactamente de la forma mostrada en la cinta, sino en el de que —una vez más— esa consecución de acontecimientos y concatenación de causas y efectos es perfectamente plausible. Aquí tenemos otra escena realmente impresionante. Es puro cine de catástrofes, eso está claro, y quizá es de nuevo otra de las escenas teóricamente más exageradas. La tormenta se cierne sobre Nueva York, pero en el aspecto de que el océano arremete contra la costa como si se tratara de una enorme pared de agua. Debo confesar que no acabé de entender esta escena, las causas que motivan este aparente tsunami (¿acaso un desprendimiento descomunal de hielo que provoca una onda brutal?). Algunas opiniones apuntan a que se trata simplemente de la crecida del mar que acompaña a ese huracán (storm surge en inglés). Parece muy peliculero, en efecto: la crecida de las aguas es brutal —como motivada por algo concreto, insisto—, mientras que el aumento actual del nivel de los mares parece paulatino y no abrupto. Esa es la teoría y yo no las tengo todas conmigo, pues ni los científicos pueden predecir qué y cómo pasará… Claro que en la película ya no simplemente se pinta un “calentamiento”, sino la afectación de los mares, de los hielos, del clima, de las corrientes, de posibles huracanes. Espeluznante en todo caso…

Para concluir y dejar atrás ya la película —que desde luego no es la protagonista de esta entrada— ahí van dos reflexiones. La primera, que pese a sus posibles exageraciones, inexactitudes y golpes de efecto dramáticos, me parece una herramienta magnífica para la reflexión, simplemente empleando el lenguaje cinematográfico. Y la segunda, que pese a su evidente valor —para mí— hay una cuestión de fondo, una razón aún más poderosa que es la que me ha llevado a hablar de ella y a recordarla todos estos años; en la película subyace una idea muy perversa, que no es otra que la sucesión de acontecimientos, de causas y efectos, ese brutal efecto dominó en el clima global, pero sucediendo a un ritmo acelerado y en esencia superando las predicciones y estimaciones de la ciencia. Quizá llegue un momento en el cual las condiciones empeoren tanto que la cosa se desboque completamente en todos los sentidos, también en el de los plazos. De nuevo, la pregunta: ¿es exagerada? Pues para mí no tanto, y no lo digo por capricho. Volvamos a poner sobre la mesa algunos datos reales: el ritmo al que se están derritiendo las masas polares ya supera las predicciones iniciales. El ritmo en que está subiendo el nivel de los mares ya supera las predicciones iniciales. Y el ritmo al que están subiendo las temperaturas ya supera las predicciones iniciales, puesto que se alcanzará antes de lo previsto ese aumento global de 1,5 grados y probablemente de 2. En la realidad en la que vivimos, los hechos superan, como dice el dicho y en este caso concreto, no la ficción sino la ciencia ficción estimativa. En fin… ¿acaso no es esto lo que está planteando la película, aunque esta tenga su propia trama? Esto combinado con ese efecto dominó donde todo se precipita: esta es la idea perversa e inquietante de la cinta… Por estas razones merecía un papel destacado en esta entrada y por estas razones ando tan “mosqueado”.

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Pero el problema del calentamiento global es tan grave, vasto y complejo, y las consecuencias derivadas tan numerosas, que desde luego no van a ser expuestas en esta entrada, porque entonces esto se convertiría en algo equivalente a un “informe” o una relación de cientos de páginas. Sin embargo uno lee y lee y lee y las aristas de esta cuestión se antojan interminables y muy preocupantes…

«… se denuncia un calentamiento de las aguas de la Tierra en consonancia con la subida general de las temperaturas del planeta. No se calientan sólo las aguas de superficie, sino que también las más profundas, un hecho nuevo y potencialmente muy desestabilizador para el equilibrio térmico. (…)

La fuerte relación entre el calentamiento de la atmósfera y el de los océanos es consecuencia de los mecanismos que regulan la eliminación del CO2, uno de los responsables del efecto invernadero. El aumento de dióxido de carbono significa agua más ácida, con repercusiones directas, por ejemplo, hacia aquellos organismos que se construyen un caparazón calcáreo y que lo tendrán cada vez más complicado. (…)

Según varios estudios, la cantidad de CO2 liberada en la atmósfera desde la revolución industrial hasta hoy habría tenido que causar un aumento en la temperatura atmosférica más alto de lo registrado. ¿Donde estaría ese calor que falta? En los océanos. Se estima que las masas oceánicas hayan almacenado hasta el 50% del calor producido por la humanidad en toda su historia. En cierto sentido, se puede decir que los mares nos están advirtiendo y que aguas más cálidas anuncian un futuro tórrido».

(En La Vanguardia)

«En unas pocas décadas, la mayor parte de la ciudad de Miami, Florida, acabará sumergida por las aguas del Océano Atlántico. Muchas otras ciudades costeras, como las de Bangladesh, terminarán bajo el agua en un proceso que los científicos ya consideran inevitable, incluso si dejáramos de quemar combustibles fósiles en la próxima década.

Las Naciones Unidas esperan que el aumento de la temperatura media mundial sea de 4 °C a principios del próximo siglo. El acuerdo de París intentaba poner un límite de 2 grados, pero los EE. UU. del Presidente Trump ya se han desmarcado. La última vez que la Tierra tuvo cuatro grados más de temperatura media, los océanos eran decenas de metros más altos. Ya ha ocurrido y puede volver a ocurrir.

Se estima que hasta ahora en nuestro planeta ha habido cinco extinciones masivas, que borraron gran parte del progreso evolutivo de las especies animales y vegetales. Hace 252 millones de años una mayor cantidad de dióxido de carbono causó una subida de las temperaturas de unos 5 °C, con un fenómeno que se autoalimentó gracias a la emisión de grandes cantidades de metano del Ártico, justo después de la disolución de permafrost y hielo.

Aquel cambio climático fue tan devastador y repentino que determinó el fin del 97 por ciento de la vida en nuestro planeta. Ya estamos avisados, pero tal vez no sea suficiente».

(En La Vanguardia)

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Burbujas de metano emergiendo del fondo del océano

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(Sigo escribiendo hoy, 14 de noviembre. Nos golpean las noticias de los devastadores incendios en California. 48 muertos ya y 200 desaparecidos. Otra consecuencia más del calentamiento global. Extrema sequedad en el ambiente, en los bosques y vegetación, dramática escasez de lluvias, vientos fortísimos. Aunque esos vientos fuertes y secos procedentes del desierto son un fenómeno natural habitual en esta época del año… «desde finales de 2017, California se ha dado cuenta de que los incendios se han hecho cada vez mayores y más destructivos. Los fuegos baten récords en pocos meses. El gobernador del Estado, Jerry Brown, llamó a esta situación “la nueva normalidad” el pasado diciembre. (…) El consenso científico es que California está sufriendo las consecuencias del cambio climático pero más a largo plazo. Estos fuegos se producen después de que hubiera cinco años de grave sequía… »(Aquí). Y no es la primera vez que California se ve azotada por el fuego últimamente. Como lo han sido también Australia o Grecia y Portugal en fechas más recientes. Sequía, temperaturas altísimas… este planeta ya parece un horno por momentos y estos incendios no hacen sino agravar más el calentamiento y la polución).

Sí, el metano en las zonas polares, en la tundra y en el fondo de los océanos y su posible liberación a la atmósfera… Leí sobre ello hace unos años y me alarmó muchísimo. Hablemos del metano…

«Una nueva investigación liderada por la NASA revela que el permafrost del Ártico y la liberación de gases de efecto invernadero a la atmósfera podrían acelerarse por un proceso conocido como ‘descongelación abrupta’. El fenómeno ocurre en ciertos tipos de lagos árticos conocidos como lagos termokarst o lagos de colapso.

Las conclusiones de la investigación, que se ha publicado en Nature Communications, son una advertencia de que el proceso implicaría que se liberase a la atmósfera el metano contenido en el interior del permafrost, capas de hielo ártico que nunca se derriten, a mediados del siglo XXI. Ese metano no se tiene en cuenta a la hora de calcular cómo será el clima en el futuro, por lo que este podría ser peor de lo esperado.

Los parajes helados del Ártico son la reserva natural de carbono orgánico más grande del planeta. El día que su hielo se derrita, los microbios de su interior podrán convertir ese carbono en CO2 y en metano, que más tarde ascenderán a la atmósfera y agravarán el calentamiento global, explica la NASA en su página web.

La investigación la ha liderado Walter Anthony, de la Universidad de Alaska. (…) Su equipo (…) combinó modelos por ordenador y mediciones de campo para descubrir que el descongelamiento abrupto duplica las estimaciones previas de efecto invernadero derivado del permafrost. También aumenta la cantidad de carbono que se libera y que se encuentra almacenado en el suelo, entre 125 y 190% comparado con la descongelación gradual.

El permafrost del Ártico es hielo que dura todo el año. Puede llegar a medir hasta 80 metros de profundidad y, debido a la acción del hombre y al calentamiento de la atmósfera que de ella se deriva, se está derritiendo. El proceso, explica la NASA, descompone la materia orgánica del suelo ártico y los microbios se comen el carbono almacenado, de unos 2000 y    43 000 años de antigüedad».

(En mundo.sputniknews.com)

«Una investigación llevada a cabo por la NASA reveló que en los próximos dos siglos prácticamente todo el permahielo —capa de suelo permanentemente congelada— en Siberia y Alaska comenzará a derretirse repentinamente, lo que causará la liberación de una cantidad récord de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

De acuerdo con el estudio, liderado por el científico Nicholas Parazoo (…) la continua descongelación del permafrost en el norte del Ártico hará que, para el año 2300, las emisiones totales de carbono de esta región sean 10 veces mayores que todas las emisiones de combustibles fósiles producidas por los humanos en 2016.

El descubrimiento de que la región más fría debe descongelarse antes que la más cálida ha sido una sorpresa para los científicos. (…) “El permafrost en el sur de Alaska y en el sur de Siberia ya se está descongelando, por lo que obviamente es más vulnerable. Parte del permafrost más frío y estable en las latitudes más altas de Alaska y Siberia parecía estar resguardada del cambio climático extremo y no esperábamos mucho impacto en los próximos doscientos años”, destacó Parazoo.

El permafrost, también conocido como permahielo, es un suelo que ha permanecido congelado durante años o incluso siglos bajo la capa superior del suelo. Contiene material orgánico rico en carbono, como hojas, que se congelaron sin descomponerse.

A medida que el aumento de la temperatura del aire en el Ártico hace que el permafrost se descongele, el material orgánico se descompone y libera su carbono a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero: dióxido de carbono y metano».

(En mundo.sputniknews.com)

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Los lagos de colapso: lagos burbujeantes de metano

Si uno se pone a buscar en internet, los artículos de divulgación advirtiendo de esa liberación de metano por ejemplo en el Ártico y en general en el permafrost son prácticamente interminables. No quiero abrumar con ello, aunque probablemente lo estaré haciendo. Aporto nuevos extractos simplemente porque creo que el disponer de más información es el objetivo básico que me mueve. Así que aquí tenemos otro ejemplo…

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Esta imagen viene acompañada del siguiente texto, en tendencias21.net:

«Científicos noruegos han descubierto más de 600 filtraciones de metano en el Mar de Barents, procedentes de centenares de cráteres que tienen hasta un kilómetro de diámetro y 30 metros de profundidad. Algunas de sus llamaradas llegan casi a la superficie del mar. Estos cráteres, situados a 390 metros de profundidad, pueden explotar por el calentamiento del océano, liberar toneladas de metano a la atmósfera y precipitar el calentamiento global. (…)

Centenares de cráteres a lo largo de los fondos del mar de Barents, en el océano Ártico, algunos de los cuales tienen un kilómetro de diámetro y 30 metros de profundidad, y que están a punto de explotar, han sido descubiertos por un equipo de científicos noruegos. (…) Lo que han descubierto estas nuevas observaciones es que los cráteres muestran unas protuberancias llenas de metano que se desprenden del centro de cada montículo. (…) 

El metano se está filtrando lentamente desde el subsuelo a través de grietas en el fondo marino, pero debido al cambio climático y al aumento de la temperatura marina, los montículos podrían explotar, emitiendo enormes cantidades de metano desde el fondo marino del mar de Barents, advierten los científicos. (…)

El mar de Barents es uno de los sitios de filtración de metano más activos que los investigadores han identificado en el Océano Ártico, llegando algunas de sus llamaradas casi a la superficie del mar, señalan en su artículo. (…) Un pequeño cambio en la temperatura del océano, algo que ya está ocurriendo, podría alterar este equilibrio y causar la explosión de estos montículos helados, un desastre cuyas consecuencias son impredecibles. Hay que tener en cuenta al respecto que el Ártico se está calentado dos veces más rápido que el resto del planeta. (…)

Si el metano se liberara de sus actuales depósitos como consecuencia del calentamiento global, provocaría una alteración del medio ambiente de los océanos y de la atmósfera de la Tierra similar a la que originó una extinción masiva hace aproximadamente 250 millones de años, o similar también al brusco cambio climático que marcó el fin del Paleoceno y el inicio del Eoceno, hace 55,8 millones de años».

(Absolutamente brutal y acojonante. La noticia data de junio del 2017; esa imagen en colores es una representación infográfica de los cráteres que se formaron hace unos 12 000 años en el fondo del mar de Barents. El metano explotó y los formó; es decir, esto ya ha ocurrido y ha sido documentado por estos científicos).

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Hoy, 15 de noviembre, me asaltan las dudas. Muchas dudas. Hablar o escribir del calentamiento global es algo que muy probablemente me viene grande, muy grande. Ni soy científico ni tengo la formación académica o técnica necesaria, como he señalado antes. No pretendo dármelas de enterado ni de sabio. Tan solo intento recopilar información sobre este complejo problema y presentar una visión de conjunto bastante superficial. Es obvio que explicar con detalle cada una de las aristas del cambio climático supondría textos muy largos y multitud de enlaces, cosa no imposible pero sí inviable si uno no quiere que la entrada se convierta en virtualmente inacabable. Pero me asaltan las dudas. Escribir sobre todo esto en un blog eminentemente musical es hasta cierto punto “ridículo” y está fuera de lugar. Y me han asaltado las dudas porque he dado con cierto blog (de pura casualidad, a través de una imagen). El nivel científico, de precisión y rigor de esta bitácora es pasmoso, y es por eso que me he sentido ridículo y un mero aficionado, un simple ciudadano que expresa su visión del asunto, sus impresiones y preocupaciones. Reitero, sería absurdo por mi parte intentar dar una visión científica de esta problemática, además de que no es mi intención.

Pero bienvenido el descubrimiento de este blog, porque creo que toca el quid de la dolorosa cuestión, llega hasta el fondo, hasta los aspectos clave o más importantes, haciendo además las preguntas pertinentes, también absolutamente fundamentales. Como decimos en catalán, y en el caso de este blog, arriba fins el moll de l’os (llega hasta el fondo de la cuestión, hasta lo fundamental, literalmente “el tuétano o la médula ósea”). El nombre del blog es USTED NO SE LO CREE (“Divulgación científica y comunicación sobre cambio climático y escasez energética: una visión multidisciplinar”).

Y volviendo a mi caso particular… ¿qué voy a hacer ahora con esta entrada? ¿borrarla, desestimar la idea de escribir sobre esto? No, ya que lo decidí y empecé, voy a terminarla y publicarla. No soy climatólogo, ni biólogo, ni químico, ni geólogo, ni siquiera un profesor universitario. ¿Y qué… ? La intención no es parir un informe científico, para eso ya están los del gremio, y yo me estoy nutriendo de ello, y de los medios de comunicación.

Volvamos a las emisiones de metano y en este caso en el permafrost ártico o siberiano, no solamente desde el fondo de los mares (que en líneas generales sería posterior y un proceso mucho más lento; aunque justamente en las aguas de las zonas árticas, como acabamos de ver, es un fenómeno alarmante que ya se está dando). Esto no es alarmismo barato; no es una magufada; no es palabrería; no es una fantasmada, bluff o farol. Ferran P. Vilar nos habla desde ello en su blog. Ferran es Ingeniero Superior de Telecomunicación titulado y periodista científico. Dedicado en los últimos años de su vida a analizar el cambio climático desde múltiples ángulos. (“Mantengo la convicción de que el sistema mediático convencional y el sistema económico son estructuralmente incapaces de informar de forma adecuada y de afrontar el reto del cambio climático y la escasez energética con eficacia ética suficiente. Y que es muy posible que hayamos superado ya puntos de no retorno”).

Joder —con perdón— que vaya pedazo de descubrimiento que he hecho. Dentro de la “desgracia” casi me siento “contento” (por lo menos creo que estaré bien informado). Es normal que habiendo descubierto semejante blog con tal nivel de rigor me hayan entrado todas las dudas habidas y por haber.

Ferran nos habla del permafrost y del metano. En un artículo —y eso duele muchísimo— ni más ni menos que… ¡¡del 2011!!. Mucho ha llovido desde entonces, o para nuestra desgracia hay que decir que mucho hielo se ha derretido, o mucho metano se ha escapado. Vamos allá. Título más que explícito. Esto va a doler, como dijo Hannibal Lecter antes de cortarse una mano en Hannibal

(Las emisiones de CO2 y metano del permafrost ártico ya se han iniciado y serán netas en los años 2020. El proceso es irreversible)

«En abril de 2009, Amanda Leigh Mascarelli se preguntaba en Nature Reports Climate Change, filial de Nature, la revista científica de mayor impacto y prestigio mundial por el ‘gigante durmiente’ presente tanto en los fondos marinos del Ártico, en forma de hidratos de metano, como en las zonas continentales más septentrionales, en forma de permafrost, que es la vegetación que se congeló durante, o hasta, la última edad de hielo, hace unos 20 000 años, y que se encuentra entre 0 y 6 m de profundidad. Este permafrost ocupa cerca del 16% de la superficie terrestre del planeta y contiene nada menos que 1,672 Tt (teratoneladas, o billones de toneladas) de carbono, una cantidad similar a todo el carbono contenido actualmente presente en la atmósfera. (…)

La emisión neta de metano y dióxido de carbono por fusión y descomposición del permafrost supone el peor de los escenarios imaginables, sólo precedido en severidad por la erupción de los hidratos de metano del fondo marino, que en todo caso se produciría, masivamente, después. Significa la constatación práctica de haber perdido todo control humano sobre el ciclo del carbono y el comportamiento en el tiempo (dinámica) del sistema climático en su conjunto. Sería el momento en que tendríamos la prueba definitiva de que el sistema climático de la Tierra estará ya basculando hacia un nuevo estado».

Aquí voy a hacer un inciso personal, pues he pensado algo esta tarde. He pensado que quizá a veces no nos paramos a pensar, analizar, reflexionar o meditar sobre el verdadero y profundo significado implícito en ciertas definiciones: “cambio climático”… eso significa que el clima global va a cambiar (ya está cambiando, desde hace tiempo) y no de una forma suave, sutil o moderada (y por consiguiente soportable) sino de forma severa, quizá cada vez menos paulatina y sí más abrupta. Como en el caso de la película que hemos analizado hace rato, la naturaleza simplemente busca los mecanismos de compensación para intentar volver a cierto “equilibrio”; se reajustan esos enormes flujos de energía y termodinámicos. Simplemente, sigue las leyes de la física (y si tiene que aplastarnos o supone nuestra práctica extinción pues… demasiadas cosquillas le hemos hecho a Gaia, y va a estornudar). Sigamos…

«Esta emisión de gases de efecto invernadero por parte del permafrost del Ártico se produce debido al fenómeno de la amplificación polar según el cual, dada una perturbación del sistema como la que hemos producido, los polos se calientan mucho más que el promedio del planeta. Se dan por lo menos tres fenómenos de retroalimentación positiva:

  1. Uno es la fusión del hielo oceánico, que va reduciendo su superficie blanca reflectora en favor de superficie oscura marina que, por lo tanto, absorbe más calor procedente de la radiación solar. Es la denominada retroalimentación hielo-albedo, responsable principal, a su vez, del efecto de amplificación polar.
  2. Otro es la fusión del permafrost, que hoy nos ocupa: al superarse allí los 0 ºC (aproximadamente) se inicia su fusión, emitiéndose dióxido de carbono y gas metano a la atmósfera en su descomposición ulterior. Esta emisión supone un mayor efecto invernadero y por tanto mayor temperatura, lo que a su vez acelera la fusión y descomposición en la denominada retroalimentación del sistema climático con el ciclo del carbono.
  3. El tercero es la emersión del metano contenido en los fondos oceánicos presentes actualmente en forma de hidratos de metano congelados, y cuya fusión es debida al aumento de temperatura del océano. Ello produce el mismo tipo de retroalimentación positiva que el permafrost, pero incluso peor, dado que el metano tiene un poder invernadero entre 25 y 100 veces el del dióxido de carbono, según el intervalo de tiempo que se considere.

(Hago otro inciso para indicar que esa retroalimentación positiva es una manera técnica de expresar la idea de “un círculo vicioso”, es decir, un proceso que se alimenta y amplifica a sí mismo; las causas producen efectos y estos agravan aún más las causas y otros efectos, y así sucesivamente).

«Estos tres efectos, que se producen se forma sucesiva aunque con cierto solapamiento, constituyen el mecanismo del cambio climático desbocado. (…)

La revista académica Tellus B, editada por el instituto de meteorología de Suecia, acaba de publicar un importante paper de investigación (…):

“La fusión y la emisión del carbono actualmente congelado en el permafrost aumentará la concentración atmosférica de CO2 y amplificará el calentamiento de la superficie para iniciar una retroalimentación positiva del carbono del permafrost (permafrost carbon feedback, PCF)… Predecimos que el PCF cambiará el Ártico desde el estado de sumidero de carbono al de fuente de carbono a partir de la mitad de los años 2020, y es lo suficientemente intenso como para cancelar el 42-88% de todos los sumideros de carbono terrestres. La fusión y descomposición del permafrost es irreversible”.

Y según cuatro investigadores del prestigioso National Snow and Ice Data Center de la Universidad de Colorado:

“[Nuestra] estimación puede ser conservadora, puesto que no tiene en cuenta el calentamiento amplificado de la superficie debido al propio PCF”.

Sigue el artículo (que es muchísimo más denso y extenso; he suprimido también los enlaces que intercala a anteriores entradas o explicaciones) para analizar de forma bastante técnica cómo se están subestimando los efectos nocivos de estos procesos, pues justamente se retroalimentan. Esto es interesante pues se aprovecha para hacer una crítica:

«Han calculado en qué momento se iniciará la emisión neta y cuánto carbono será emitido a la atmósfera en los próximos 200 años, pero sin tener en cuenta el incremento adicional de temperatura que esa emisión neta de carbono, suplementaria a la antropogénica, va a producir. Es decir: han calculado el PCF pero no sus efectos. Y es suplementaria, adicional, porque los escenarios (y sus resultados) del moderado IPCC no contemplan los efectos de la realimentación del sistema climático con el ciclo de carbono, aun cuando se trata del punto más débil. (…)

Según estos autores, la zona actúa todavía como sumidero neto. Pero nos dicen también que dejará de serlo muy pronto, y sabemos que esta situación no está contemplada en los análisis del IPCC, que son los que se toman como referencia en la acción política». 

Más que suficiente con esto, porque es brutal y demoledor, y tan lejano como del 2011, no del 2017 o de este año. Todavía dos últimas fuentes, para que se vea que esto va muy en serio, y que pese a ser un escenario hipotético, la ciencia ya está encontrando preocupantes indicios. En otro artículo realmente completísimo y muy detallado en otro blog (PERMAFROST) se nos cuenta:

«La descongelación de la “tundra ártica” probablemente acelerará el cambio climático durante al menos un siglo. A medida que se vaya derritiendo el “permafrost” se irán formando lagos que emitirán “metano”, gas de potente efecto invernadero que puede constituirse en protagonista de dicho cambio climático.

Hasta hace poco se pensaba que si el calentamiento medio, global, se mantenía por debajo de los dos grados Celsius podrían evitarse efectos devastadores como una elevación catastrófica del nivel del mar. Investigaciones recientes, sin embargo, indican que tres mecanismos de retroalimentación podrían abocar al planeta a un cambio climático abrupto, incluso antes de llegar al límite de los mencionados dos grados.

Dichos mecanismos corresponden a la “pérdida global de hielo”, los “cambios que ello induce en las corrientes de circulación oceánica” y las “emisiones de metano y dióxido de carbono provocadas por el deshielo del permafrost”. Todo lo anterior podría acelerar el calentamiento, desestabilizar el tiempo meteorológico, causar incendios masivos y desencadenar otros desastres ecológicos, como plagas de insectos o la aparición de nuevos virus y bacterias.

Las expediciones científicas nos ayudan a comprender en qué medida se funde el “permafrost”, el suelo permanentemente congelado en el Ártico, en Siberia y otras zonas del norte y la cantidad de metano que se generaría en el proceso. El metano, como ya hemos dicho, es un gas de potente efecto invernadero: retiene 25 veces más calor que el dióxido de carbono. El “permafrost” se compone de material rocoso, suelo congelado y hielo. Su calentamiento implica su descongelación, no su derretimiento. Se ablanda sin volverse líquido. Cuando el “permafrost” se descongela, los microorganismos previamente congelados se reactivan y descomponen los restos de plantas y animales que se han acumulado en el suelo a lo largo de cientos y miles de años. Como resultado, se liberan dióxido de carbono y metano.

Las regiones de permafrost que rodean la parte norte del planeta contienen tal volumen de materia orgánica que la liberación de una simple fracción de ella en forma de “gases de efecto invernadero” aceleraría drásticamente el cambio climático.

Los cambios en el permafrost resultan preocupantes porque el suelo congelado, que ocupa el 20 por ciento de la superficie de la Tierra, almacena, solo en las decenas de metros más externas, cerca de 950 000 millones de toneladas de carbono (el permafrost continúa centenares de metros abajo). El carbono retenido se halla en forma de restos de plantas y animales muertos y se ha acumulado en el transcurso de decenas de miles de años. Mientras permanezca congelado en los numerosos lagos, o bajo los mismos, estará separado de forma segura de la atmósfera. (…)

Ahora, las “imágenes de satélite” registradas en las últimas décadas sugieren que el deshielo del permafrost podría estar acelerándose. Los registros recabados coinciden con las “estaciones de monitorización” que se han instalado en Alaska y Siberia, donde la temperatura del permafrost ha aumentado desde principios de los años setenta.

Las observaciones actuales respaldan la hipótesis de que el deshielo se acelera e indican que las emisiones podrían ser mucho mayores de lo que se había previsto. Según las estimaciones actuales, hacia 2100 el “deshielo del permafrost” podría aumentar las emisiones de metano más allá de lo que lo harían el conjunto de las demás fuentes naturales o humanas. Si se liberaran los depósitos de metano más profundo, como los “hidratos de metano”, nos encontraríamos en una situación muy grave, pues la temperatura media se elevaría varios grados. No hay más solución que ralentizar la tasa de calentamiento de forma contundente.

Por lo tanto, el permafrost no es el único punto de interés por lo que al metano se refiere. Grandes cantidades de ese gas se encuentran atrapadas en celdas de hielo a cientos de metros de profundidad, bajo la tierra y bajo el fondo del mar. Si esos “hidratos de metano” se fundieran y se liberaran a la atmósfera alguna vez, se podría producir un repentino cambio climático. Los datos obtenidos de los sedimentos del fondo marino sugieren que un acontecimiento de este tipo, alimentado por una subida brusca de la temperatura del océano, podría haber ocurrido hace 55 millones de años».

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Afloramiento de permafrost

(Recomiendo también otra formidable entrada en el mismo blog, que ayuda a entender las causas de esa no tan lejana ola de frío polar en Norteamérica y las extremas sequías en California, todo ello derivado de cambios en el flujo de aire del Ártico: ¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO EN EL ÁRTICO?)

«El deshielo de los polos es una de las consecuencias más visibles del cambio climático, pero ahora, además, puede ser partícipe de su aceleración. Un grupo de científicos estadounidenses han descubierto una nueva fuente de metano, uno de los gases de efecto invernadero más peligrosos, en áreas del Ártico donde el hielo oceánico se ha derretido.

El hallazgo, recientemente publicado en la revista Nature Geoscience, ha sido constatado tras varios vuelos de investigación sobre el Ártico, realizados en diferentes épocas del año. El metano emerge del océano a través de grietas aparecidas en el océano congelado. Anteriores investigaciones habían identificado un peligroso aumento de los niveles de metano en la costa norte de Siberia, donde el metano era expulsado desde el relativamente poco profundo lecho marino. Lo sorprendente del nuevo descubrimiento es que el metano aparece muy lejos de la costa, en el océano profundo, en zonas anteriormente cubiertas por completo de hielo. El problema es significativo, pues es de prever que surjan nuevas grietas a medida que se caliente el planeta, por lo que se liberará más metano y se calentará más el planeta. En definitiva: los polos podrían entrar en un círculo vicioso difícil de detener.

Eric Kort, investigador de la NASA participante en el estudio, ha explicado al diario británico The Independent cómo descubrieron el aumento en los niveles de metano: “Cuando volábamos sobre superficies oceánicas completamente sólidas no encontrábamos ninguna concentración de metano, pero cuando pasábamos por áreas donde el hielo oceánico se había derretido, o veíamos grietas en el hielo, registrábamos un aumento de éste. Nos sorprendió ver niveles tan altos de metano en latitudes tan elevadas. Nuestras observaciones apuntan a la superficie del océano como fuente, algo que no esperábamos”.

El equipo de Kort recorrió en avioneta un área situada aproximadamente 1500 km al norte de la costa de Alaska, y 550 km al sur del Polo Norte, donde encontraron niveles similares a los encontrados en Siberia».

(En elconfidencial.com; no solamente es preocupante lo que se cuenta, sino que la noticia esté fechada en el 2012)

Y por si todo esto fuera poco, se esconden otras terribles amenazas bajo los hielos eternos. El mercurio congelado…

«Más de 58 millones de litros de mercurio pueden estar enterrados en el permafrost del hemisferio norte, según un nuevo estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters.

Es aproximadamente el doble del mercurio que se puede encontrar en el resto de los suelos, el océano y la atmósfera de la Tierra combinados. Y si las temperaturas globales continúan aumentando, todo ese mercurio podría salir derramando e intoxicando todo a su alrededor, señalan los científicos. (…)

Con el tiempo, los compuestos naturales en la atmósfera, como el mercurio y el dióxido de carbono, se pueden unir al material orgánico en el suelo y congelarse en el permafrost, quedando atrapados bajo tierra durante miles de años. (…)

“No habría problemas medioambientales si todo permaneciera congelado, pero sabemos que la Tierra se está calentando”, dijo en un comunicado uno de los autores del estudio, Paul Schuster, hidrólogo del Servicio Geológico de Estados Unidos en Boulder (Colorado)».

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Existen también virus gigantes y bacterias congelados bajo los hielos, así que su hipotética reactivación podría conducir a posibles pandemias…

«Según los descubrimientos más recientes, el permafrost —capa del suelo permanentemente congelada— está atestado de virus gigantes de decenas de miles de años de edad que afectan las amebas.

Es por esto que surge la pregunta: ¿será posible que el Ártico, que se está calentando más rápido que otras regiones del planeta, contenga virus que afecten a los humanos? (…)

En Yakutia, Siberia, hallaron en 2014 dos familias de virus gigantes de 30 000 años en las muestras de terreno del permafrost. (…)

Los virus gigantes volvieron a exacerbar la cuestión de los peligros de las infecciones antiguas. Los científicos han recordado el brote de ántrax que ocurrió en 2016 en Chukotka, Rusia, después del deshielo de cuerpos de animales».

«El derretimiento de los glaciares, causado por el cambio climático, podría liberar bacterias que hasta hoy día están “durmiendo” entre los hielos durante millones de años y de ese modo “despertar” enfermedades mortales, alerta el microbiólogo francés Jean-Michel Claverie, de la Universidad de Aix-Marseille.

El biólogo evolutivo explica que ello se debe a que el permafrost (parte profunda del suelo permanentemente congelado) “es un buen conservador de los microbios y virus porque es frío, allí no hay oxígeno, y es oscuro”.

“Los virus patógenos que pueden infectar a seres humanos o animales podrían estar preservados en las capas antiguas, incluyendo algunos que han causado epidemias globales en el pasado”, dijo».

Estas tres noticias están recogidas y sintetizadas de la web mundo.sputniknews.com. ¿Es crear alarmismo innecesario o gratuito? Bien, lo cierto es que son amenazas que están ahí latentes, no son algo ficticio, y por lo tanto es bueno preocuparse y mantenerse alerta. Leemos en otro extenso artículo en bbc.com/mundo:

«¿Qué pasaría si de repente nos exponemos a bacterias y virus mortales que han estado “dormidos” durante miles de años, o que nunca antes hemos conocido?

El cambio climático está derritiendo los suelos del permafrost —la capa de suelo permanentemente congelada en las regiones polares—, liberando virus y bacterias antiguos que han permanecido latentes y vuelven a la vida.

En agosto de 2016, en un remoto rincón de la tundra siberiana llamada Península de Yamal, en el Círculo Polar Ártico, un niño de 12 años murió y al menos veinte personas fueron hospitalizadas después de haber sido infectadas por ántrax.

La teoría es que hace más de 75 años murió un reno infectado con la bacteria y su carcasa congelada quedó atrapada bajo una capa de permafrost.

Allí permaneció hasta una ola de calor en el verano de 2016, cuando se descongeló.

Esto liberó el ántrax infeccioso en el agua y el suelo cercanos, y luego en la cadena de suministro de alimentos. Más de 2000 renos se infectaron, lo que condujo a un reducido número de casos en humanos. Pero se teme que este no sea un caso aislado. (…)

Los científicos han descubierto fragmentos de ARN (ácido ribonucleico) del virus de la gripe española de 1918 en cadáveres enterrados en fosas comunes en la tundra de Alaska. La viruela y la peste bubónica también están probablemente enterradas en Siberia.

En un estudio de 2011, Boris Revich y Marina Podolnaya advirtieron: “Como consecuencia del derretimiento del permafrost, los vectores de infecciones mortales de los siglos XVIII y XIX pueden volver, especialmente cerca de los cementerios donde fueron enterradas las víctimas de estas infecciones”.

Por ejemplo, en la década de 1890 hubo una importante epidemia de viruela en Siberia y una ciudad perdió hasta el 40% de su población».

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Un virus gigante (porque puede verse simplemente con un microscopio)

«Los cadáveres fueron sepultados bajo la capa superior de permafrost en las riberas del río Kolyma. 120 años después, los desbordamientos del Kolyma han comenzado a erosionar las riberas, y el derretimiento del permafrost ha acelerado este proceso de erosión.

En un estudio de 2014, un equipo liderado por Claverie revivió dos virus que habían quedado atrapados en el permafrost siberiano durante 30 000 años».

Aunque puedan parecer amenazas hipotéticas, estos organismos están ahí durmientes y podrían descongelarse y aflorar, con todo el peligro que conlleva. Sin embargo, como bien concluye dicho artículo, la amenaza de otras enfermedades más conocidas es otro de los aspectos del cambio climático, siendo mucha gente consciente de ello:

«A medida que la Tierra se calienta, los países septentrionales serán más susceptibles a brotes de enfermedades “meridionales” como la malaria, el cólera y el dengue, ya que estos patógenos prosperan a temperaturas más cálidas».

(Noticia de hoy 16 de noviembre: primer caso detectado de dengue autóctono en Cataluña, transmitido por el mosquito tigre; sexto caso en toda España).

Para finalizar con todo este espeluznante escaparate de calamidades (hay muchas más, es obvio… ), vamos a fijarnos en algo que se ha comentado de pasada en un par de artículos: la sustitución de los colores blanquecinos de la nieve y el hielo por colores mucho más oscuros del terreno que hay debajo, consecuencia del deshielo (marrón, ocre, verde… ) es también fatal y constituye otro de los factores que retroalimentan el excepcional calentamiento de las zonas polares. Ya que esas superficies blancas hacen de pantalla y la radiación solar rebota y sale reflejada, mientras que los colores más oscuros absorben la radiación solar mucho más eficientemente. Lo mismo es aplicable a la sustitución de las plataformas de hielo flotante por el azul del agua líquida —los océanos, ya se ha dicho, absorben ingentes cantidades de calor—. A esta propiedad de reflejar la luz solar se la conoce como albedo (también reflectancia), y al preocupante efecto que acabamos de describir como “disminución del efecto albedo”:

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«Una de las diversas consecuencias del calentamiento global es que el aumento de las temperaturas puede alterar el albedo de la Tierra, lo que a su vez puede provocar que el planeta se caliente más rápidamente. El albedo es el porcentaje de la radiación solar que llega a la Tierra y que se devuelve al espacio cuando se refleja en la superficie del planeta. El albedo promedio de la Tierra es de entre el 37 y el 39 por ciento (entre 0,37 y 0,39). Es decir, de toda la radiación que llega a la Tierra desde el Sol más de una tercera parte se refleja hacia el espacio.

El albedo se mide en una escala que va de 0 a 1. El valor 0 correspondería a un negro teórico capaz de absorber el 100 por cien de la radiación recibida. Por el contrario un blanco que refleje el 100 por cien de la radiación recibida tendría un 1 en la escala del albedo.

Un albedo alto enfría el planeta, porque la luz (radiación) absorbida y aprovechada para calentarlo es mínima. Por el contrario, un albedo bajo calienta el planeta, porque la mayor parte de la luz es absorbida por el mismo.

La presencia de agua en la Tierra crea una interesante realimentación positiva para el albedo, ya que las bajas temperaturas incrementan la cantidad de hielo sobre su superficie, lo que hace más blanco al planeta y aumenta su albedo, lo que a su vez enfría más el planeta, lo que crea nuevas cantidades de hielo; de esta manera, teóricamente al menos, podría llegarse al punto en que la Tierra entera se convertiría en una bola de nieve.

O podría llegarse al punto contrario. Según Popular Science los científicos investigan cómo el albedo de la Tierra cambia a lo largo del tiempo, y si su valor se reducirá debido al calentamiento global.

Si el albedo de la Tierra desciende el mismo principio que actualmente mantiene todo en equilibrio podría hacer que el mundo se calentase todavía a más velocidad en el futuro. El calentamiento global provoca que los glaciares reduzcan su superficie y que el hielo marino se derrita, exponiendo superficies oscuras y más absorbentes que reducen el albedo de la Tierra. Al mismo tiempo la contaminación en forma de hollín negro y gris se deposita sobre el hielo y lo vuelve más oscuro, y esto hace que el hielo absorba más calor del Sol y que se derrita más rápidamente.

En ese caso al reducirse el albedo de la Tierra el planeta absorbería un porcentaje mayor de la radiación solar recibida, lo que unido al efecto invernadero, aceleraría el aumento de las temperaturas».

(En microsiervos.com, una web con interesantes artículos sobre el cambio climático)

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«La palabra albedo proviene del latín “albus“, que significa luz blanca o color pálido. Aunque también puede referirse a la propiedad de iluminación del suelo y su atmósfera. (…)

La Tierra refleja parte de la radiación que recibe del Sol a través de tres actores principales: la atmósfera, las nubes y la superficie terrestre. La radiación reflejada por esta superficie terrestre es el albedo. Así pues, podemos decir que el albedo es la cantidad de radiación solar que es devuelta a la atmósfera tras chocar con la superficie terrestre.

La variación de albedo, es decir, la distinta cantidad de luz que es reflejada o absorbida se debe al color de la superficie que recibe los rayos. Dicha variación da lugar a dos efectos principales: el refrigerante o de enfriamiento (cuando la luz es reflejada) y el de calentamiento (cuando la luz es absorbida). Además, el albedo puede alterarse de forma natural, con la presencia de catástrofes, como los incendios forestales, los huracanes o las plagas».

(De Inside the Nature)

En mi búsqueda de más información sobre el albedo terrestre, he dado con otro artículo. No solamente es interesantísimo, sino que es absolutamente brutal, demoledor, clarificador y brillante. La capacidad de síntesis que muestra, de visión de conjunto de la coyuntura actual —y eso que se centra básicamente en la situación del Ártico, a la Antártida casi ni se la nombra— me hace incluirlo sobre la marcha, porque me ha dejado impactado. Algunos de sus párrafos, enormemente acertados, ilustran a la perfección todo lo que estoy intentando expresar en esta entrada; escrito por Peter Wadhams, catedrático de Física Oceánica en la Universidad de Cambridge (En EL PAÍS):

«En un pasado no lejano, el océano Ártico estaba cubierto de hielo todo el año (…)

La situación ha cambiado. Una superficie que en aquel entonces tenía 8 millones de kilómetros cuadrados en septiembre (periodo de mayor retroceso), hoy ha pasado a tener durante ese mes solo 3-4 millones de kilómetros cuadrados, y el espesor medio del hielo se ha reducido a la mitad, por lo que el hielo estival no tiene más que la cuarta parte del volumen que tenía en los años setenta del siglo pasado.

El calentamiento del Ártico está avanzando al doble o el triple de velocidad que en el resto del mundo, y eso está acelerando de tal modo la desaparición del hielo que acabará produciendo un verano sin nada de hielo a muy corto plazo, tal vez incluso el año próximo, dada la extraordinaria incapacidad del Ártico para volver a helarse que estamos viendo este invierno.

Las consecuencias de esa desaparición son dramáticas para el planeta. Cuando el hielo se derrite, el albedo —el porcentaje de radiación solar que la superficie terrestre refleja o devuelve a la atmósfera— cae del 0,6 al 0,1, con la consiguiente aceleración del calentamiento global. El motivo es que el hielo estival retrocede en una época en la que se está recibiendo mucha radiación del sol. Se calcula que el ritmo de desaparición del hielo está causando una disminución del albedo en todo el mundo que contribuye en un 25% a los efectos directos del calentamiento global causado por los seres humanos.

También estamos viendo que, a medida que desaparece el hielo marino, la nieve de las tierras costeras del Ártico se derrite mucho más deprisa en primavera, debido a las masas de aire más caliente que llegan a esas costas desde el mar despejado; en junio de 2012, había una superficie de 6 millones de kilómetros menos que en 1980. Si unimos estos dos efectos, el descenso de albedo de la nieve y el del hielo, en total, contribuye en un 50% al calentamiento global directo, lo cual demuestra hasta qué punto el Ártico, al absorber más radiación, se ha convertido en motor del cambio climático, y no sólo en consecuencia. (…)

A partir de los ochenta, en la capa helada de Groenlandia empezaron a aparecer charcas de agua del deshielo, un agua que en gran parte se va por unos agujeros llamados molinos glaciares hasta las capas más profundas o hasta la roca. (…) En 2012, un año de récord, hubo un momento, en el mes de julio, en el que el 97% de la capa de hielo de Groenlandia estaba cubierta de agua de deshielo.

Las consecuencias son muy graves: todavía en 2007, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en inglés) hacía la predicción muy poco realista de que el agua subiría 30 centímetros en este siglo; luego se actualizó esa cifra a 60-90 centímetros, pero la mayoría de los glaciólogos que estudian el deshielo de Groenlandia (y el principio del deshielo en la Antártida) calculan que habrá un metro o más de subida, quizá mucho más. Se trata de un cambio irreversible que tendrá efectos desastrosos en ciudades costeras…

Un tercer efecto, seguramente la amenaza más inminente que se cierne sobre la humanidad, es el de las emisiones de metano de los fondos marinos. (…) La desaparición de la cubierta de hielo elimina un sistema de aire acondicionado vital para el Ártico. Mientras en el verano haya algo de hielo, por poco que sea, la temperatura de la superficie del mar no puede subir de 0 °C. Cuando el hielo desaparece por completo, la superficie del mar puede calentarse varios grados en verano (hasta los 7 °C) cuando absorbe las radiaciones solares, y en la poca profundidad de las plataformas continentales, ese calor llega hasta el fondo marino. Eso, a su vez, derrite el permafrost marino, los sedimentos congelados que yacen allí desde la última Era Glacial.

El deshielo del permafrost marino es como levantar la tapa de una olla a presión: genera la liberación de grandes columnas de metano procedente de la desintegración de los hidratos de metano (un compuesto de metano y hielo) atrapados en el sedimento del fondo. 

Un tercio del océano Ártico está compuesto por plataformas marinas poco profundas, de entre 50 y 100 metros, por lo que la superficie afectada es inmensa. Dos colegas míos y yo hemos calculado que esos gases, en un periodo de 10 años, producirían un calentamiento extra de 0,6 °C en todo el mundo para 2040…

Al mismo tiempo, la subida inmediata de las temperaturas será probablemente desastrosa para nuestros intentos de limitar la velocidad de calentamiento del planeta. La mayoría de los científicos no estaban preparados para afrontar esta grave amenaza, porque la desaparición masiva del hielo de las plataformas marinas en el verano no empezó hasta 2005, de modo que es un fenómeno nuevo que seguramente no había vuelto a ocurrir desde antes de la última Era Glacial.

(…) El futuro del calentamiento no puede trazarse de forma lineal, con arreglo al volumen de emisiones de CO2. En realidad, hay nuevos factores que intervienen en determinadas etapas cruciales, aceleran el calentamiento y quizá acaben por dominar la pauta. Hemos señalado dos nuevas repercusiones que son muy peligrosas: el efecto albedo y el efecto metano. Así que es posible que, incluso aunque reduzcamos las emisiones de CO2, el sistema no reaccione porque está desarrollando un ímpetu propio. (…)

Mi conclusión personal es que ni siquiera una rápida reducción de las emisiones de CO2 llegará a tiempo, por lo que debemos pensar con urgencia en métodos que puedan frenar algo el calentamiento y nos permitan ganar tiempo para cambiar la forma de vivir en este planeta».

En realidad el artículo es más extenso. He omitido fragmentos, donde se analizan más aspectos y amenazas de ese calentamiento, efectos a nivel más local o factores como la corriente del Atlántico Norte. Creo… creo que poco se puede añadir. Pero añadiré… «El futuro del calentamiento no puede trazarse de forma lineal, con arreglo al volumen de emisiones de CO2»Es justamente la misma idea, el espeluznante mensaje que lanza la película de Emmerich que hemos analizado. Y añadiré esto:

«Científicos alertan de que el planeta se acerca al punto de no retorno. Una investigación ha sugerido que diez fenómenos de retroalimentanción provocarán un efecto dominó a partir del aumento de las temperaturas provocado por el hombre.

Un estudio que se acaba de publicar en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha concluido que, incluso si se cumplieran los compromisos de los acuerdos de París, de limitar el calentamiento hasta los 2 ºC de ascenso, el clima corre el riesgo de llegar a un punto de no retorno al que han llamado estado de “Tierra invernadero”. La existencia de fenómenos de retroalimentación conduciría a un aumento de la temperatura global que sería de 4 a 5 ºC, lo que iría acompañado a una subida del nivel del mar de 10 a 60 metros. En consecuencia, el planeta vería reducida su capacidad de cobijar al humano, hasta una población de solo 1000 millones de habitantes».

(En revoprosper.org; artículo publicado en agosto de este año)

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Basta. Es más, mucho más que suficiente, ¿verdad? Por mi parte no enunciaré ni detallaré ningún aspecto más del calentamiento global, de esa hidra de mil cabezas. El desfile de calamidades y de amenazas me temo que mucho más que hipotéticas es descorazonador. Y eso que aspectos todavía hay muchos más, algunos nombrados de pasada (las cosechas, la alimentación de la población mundial, los efectos en la salud, las posibles pandemias, la degradación a todos los niveles de los mares… ). Por no hablar de las consecuencias más allá de los aspectos puramente físicos, biológicos, medioambientales. Son numerosísimas, abarcando casi la totalidad de aristas que conforman el poliedro de la civilización y la vida humanas: políticas, económicas, sociales, humanas, humanitarias, éticas, legales, filosóficas y un largo etcétera. Por no hablar, valga la redundancia, de la temible posibilidad de que en un futuro muchas ciudades costeras desaparezcan tragadas por las aguas y millones y millones de seres humanos tengan que salir huyendo o… perecer.

Mucho he reflexionado sobre este grave problema en los últimos años y meses. Las cosas no han hecho sino que agravarse. Mucho he reflexionado estos días de intensa búsqueda de información, de frenética escritura (y más frenético copiar y pegar). Jamás intentar ensamblar las piezas de un puzzle me había parecido tan espantoso. Tengo muy malos presentimientos acerca de todo esto asunto, siento decirlo. No pretenderé poner buena cara ni intentar engañar a nadie. Creo que lo han expresado de forma más que clara Ferran P. Vilar o Peter Wadhams, o la mayoría de artículos citados. Creo que probablemente sea tarde, si no para evitar una catástrofe global de agárrate y no te menees sí unas consecuencias espantosas que quitan el hipo. Las cabezas de la hidra. Ferran explicaba en una de sus apabullantes entradas que deberíamos haber empezado ya en el 2013 con una reducción sin paliativos de las emisiones de los GEI, de forma inequívoca y valiente. La ciencia ayuda a calcular los plazos, y esos efectos que se van acumulando y sumando y convirtiendo esto en un fatal dominó se prolongarán por décadas y décadas a la vez que nos roban tiempo. Y esos plazos hechos calculadora en mano, con la ciencia (las energías, la química, las moléculas, los flujos de temperatura de las corrientes oceánicas, las fórmulas… no la palabrería o el mero presentimiento) hablan de una fecha “límite” —pero límite, límite, límite— del 2030 (o a lo sumo 2035) para emprender acciones drásticas que mitiguen el desastre absoluto. Lo demás ya es llegar tarde, ir a rebufo de un clima ya desbocado. Si alguien está muy interesado puedo buscar el enlace a ese artículo en concreto.

Nos asalta estos días la noticia: la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que el Gobierno de Pedro Sánchez piensa aprobar. Pero la fecha clave de toda esta jugada es el 2040, año en el que se prohibirán la matriculación y venta de todo tipo de vehículos que funcionen con gasolina o diésel, incluso de los híbridos…

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“El Gobierno se propone reducir el 37% de las emisiones en 11 años, un 20% más de lo exigido por la UE”… Es loable, es admirable, es ciertamente ambicioso. Hasta me emociona un poquito, pero ese 2040 me parece increíblemente lejos en el tiempo. ¡Veintidós años hemos de esperar! Vistas las orejas al lobo a la hidra, por todo lo expuesto, creo que debería estar ya más que claro a estas alturas que cada año cuenta, y mucho. Creo que debería hacerse un verdadero esfuerzo, titánico si es necesario, para intentar implementarlo en el 2030. ¿Qué pasa, que intentar hacer un esfuerzo titánico es pedir demasiado, incluso si el futuro de la humanidad puede depender de ello? Si no el futuro, en el sentido de la supervivencia, sí el intentar salvar un planeta que probablemente ya no volvamos a ver tal y como lo conocemos y lo conocimos. Como mínimo desde los puntos de vista climatológico, medioambiental, geográfico y biológico.

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Miradlo… qué hermoso es. ¿Y si dejamos de verlo con este aspecto? ¿Y si los cambios que le estamos infringiendo son irreversibles? Si esta brutal entrada logra de alguna manera concienciar (más), informar, preocupar, golpear, impactar, incluso asustar, me daré por satisfecho

Nada me gustaría más que equivocarme, y por otro lado cualquiera que lea todo esto es muy libre de pensar que soy un pájaro de mal agüero, y qué feo que queda eso por mi parte. Los planes o políticas que pretendan poner en marcha los diferentes gobiernos, los putos gobiernos, han de ser lo más ambiciosos posible. Habría que sacudirse la miopía cortoplacista, el molesto zumbido de los intereses económicos de las empresas teóricamente “afectadas” (léase automovilísticas, petroleras, de hidrocarburos, y muchas más…), la pereza, la mezquindad y la tontería mayúscula del “bueno, esto no es tan grave, todavía queda tiempo”. Ah, y por cierto… ¿qué pasa con Donald Trump y su cohorte de cretinos negacionistas? Donald Trump no se entera de una puta mierda. Sigamos por donde íbamos. Porque si no se sacuden todas esas trabas mentales y económico-políticas de encima el panorama, que ya pinta fatal, pintará también fatal por lo que respecta a la reacción del ser humano para enfrentarse a la tragedia y buscar salidas. De hecho para mí ya pinta más que mal. Mi optimismo sí que está congelado —qué ironía— y no confío en absoluto que se pongan las pilas hasta ese anunciado 2040. Eso si no queda en mera palabrería o bonitas promesas a incumplir, o vienen detrás otros gobiernos a deshacer lo ya hecho (como Trump con Obama) y a priorizar los beneficios económicos de las empresas (“válgame Dios, pero… ¿en qué estaban pensando toda esta panda de socialistas, progresistas y perroflautas?”).

“Tenemos dos graves problemas” (no sé a quién podemos soltarle este mensaje). El primero, es obviamente el de la naturaleza, el medioambiental, físico, de flujos de energía, de contaminación, un problema regido por las leyes de la física y la química. Y el segundo, que no hay verdadera voluntad política ni económica para agarrar el descomunal problema por los cuernos y acometer soluciones, si hace falta radicales. Y si hay algo de voluntad, desde luego es ridículamente insuficiente. ¿Existe una verdadera conciencia de la enorme gravedad de lo que se nos viene encima? Un día sí y otro también pienso y tengo la punzante sensación de que no.

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Ya puestos a ejercer de pájaro de mal agüero, voy a hacerlo bien hecho. Bromas funestas aparte, repito que no confío para nada en que se cumplan esos plazos temporales anunciados. Está por ver, y ojalá me equivoque. Pero estoy bastante seguro de lo que pasará. En un futuro no muy lejano, quizá unos diez años, nos golpearán con la terrible noticia de que el ritmo del deshielo supera con mucho las predicciones y estimaciones que se habían hecho. También el nivel de subida de los mares. Y claro, también el aumento global de temperaturas. ¿Dos grados más? Y hasta tres o cuatro. Y los tres procesos se habrán acelerado de forma vertiginosa (ni más ni menos que como ya está pasando). Entonces se echarán las manos a la cabeza y se cagarán de miedo. Políticos, científicos, ciudadanía. Nos cagaremos de miedo. La catástrofe sí que pintará entonces muy mal; la constatación para los más escépticos e imbéciles ya será como si un huracán te golpeara en la cara. ¿He dicho dentro de diez años? Es tirar muy largo. Probablemente lo veremos en cinco años, y quién sabe si en cuatro o en tres. Estoy seguro, sucederá así. La retroalimentación de estos fenómenos de calentamiento nos da bonitas garantías de ello.

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Y ahora voy a ceder la palabra a otras personas:

APOCALIPSIS

Herida en sus entrañas llora Gaia
de sangre y savia, ácidas lágrimas
se funden en un río
encrespado, implacable, atronador,
mortal.
Sobre él se balancean los verdugos
apretados en un puente colgante.
Ya no existen fronteras, colores ni linajes,
ya da igual quién se es y a quién se ama;
porque ya no hay amor.
¡Ahora lloráis, malditos egoístas!
Suplicáis un perdón inmerecido.
Fue vuestra estupidez
la que inclinó a su lado la balanza
y arrasasteis con todo a vuestro paso.
El destino está escrito, no hay salida.
Caeréis. Moriréis.
Es la venganza de la Madre Tierra.

(Luna Paniagua)

«El Holoceno fue la era geológica que comenzó hace más de    10 000 años, con condiciones climáticas favorables que sustentaron la civilización humana tal como la conocemos. El Antropoceno es una nueva era geológica, con condiciones ambientales que la humanidad nunca antes ha experimentado. Es lamentable, pero la temperatura de la Tierra hoy es más alta que durante el Holoceno, debido al dióxido de carbono que la humanidad ha emitido a la atmósfera al quemar carbón, petróleo y gas, y al transformar indiscriminadamente los bosques y las praderas del mundo en granjas y tierras de pasto.

La gente sufre y muere en un contexto nuevo, y lo que se viene es mucho peor. Se estima que el huracán María se cobró más de 4000 vidas en Puerto Rico en septiembre pasado. Los huracanes de alta intensidad se están volviendo más frecuentes, y tormentas de gran envergadura están causando más inundaciones, debido a la mayor transferencia de calor de las aguas cada vez más cálidas de los océanos, la mayor humedad en el aire más templado y el ascenso de los niveles del mar. Todos ellos son fenómenos mucho más extremos como consecuencia del cambio climático inducido por el hombre.

(…) A partir de 1992, Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, ignoró ostentosamente los tres nuevos acuerdos y dio a entender a otros Estados que también podían disminuir sus esfuerzos. El Senado estadounidense ratificó los tratados sobre clima y desertificación, pero no hizo nada para implementarlos. E incluso se negó a ratificar el tratado para proteger la diversidad biológica. (…)

Más recientemente, el mundo adoptó los Objetivos de Desarrollo Sostenible en septiembre de 2015 y el acuerdo climático de París en diciembre de 2015. (…) Y el presidente Donald Trump ha declarado su intención de retirar a EE. UU. del acuerdo de París en cuanto sea posible (2020), apenas cuatro años después de la entrada en vigor del texto.

Las cosas van a empeorar. El aumento de los niveles de CO2 generado por el hombre todavía no ha alcanzado su efecto pleno de calentamiento, debido al considerable retraso del impacto que tendrá en las temperaturas de los océanos. En las próximas décadas la temperatura media global aumentará otro medio grado, aproximadamente, de acuerdo con la concentración actual de CO2 (408 partes por millón) en la atmósfera. Y el calentamiento será mucho mayor si las concentraciones de CO2 siguen subiendo con la quema habitual de combustibles fósiles.

Para lograr el objetivo del acuerdo de París de limitar el calentamiento “muy por debajo de dos grados centígrados” con respecto a los niveles de antes de la industrialización, el mundo necesita pasar decididamente del carbón, el petróleo y el gas a la energía renovable aproximadamente en 2050, y de la deforestación a la reforestación y la restauración de las tierras degradadas.

¿Por qué, entonces, la humanidad sigue avanzando tontamente hacia una tragedia segura? La razón principal es que nuestras instituciones políticas y los gigantes corporativos ignoran deliberadamente los crecientes peligros y perjuicios. La política tiene que ver con obtener y mantener el poder y los beneficios, no con solucionar problemas. Ni siquiera problemas ambientales de vida o muerte.

Necesitamos un nuevo tipo de política que empiece con un objetivo global claro: la seguridad ambiental para la gente del planeta, cumpliendo con el acuerdo climático de París, protegiendo la biodiversidad y reduciendo la contaminación, que mata a millones de personas cada año. Esa nueva política deberá escuchar a expertos científicos y tecnológicos, no a líderes empresariales que actúan en interés propio ni a políticos narcisistas.

Los climatólogos nos permiten calcular los crecientes peligros. Los ingenieros nos instruyen sobre cómo hacer la transición rápida, en 2050, a una energía sin emisiones de carbono. (…)

Una política de esas características es posible. En verdad, la población la espera con ansias».

(Escrito por Jeffrey D. Sachs, profesor de Desarrollo Sostenible y de Política y Gestión de la Salud en la Universidad de Columbia y director del Centro para el Desarrollo Sostenible de Columbia; texto completo aquí)

“El informe muestra que solo nos quedan escasísimas oportunidades para evitar un daño impensable al sistema climático que permite la vida tal y como la conocemos”, dijo el miembro de la junta del IPCC Amjad Abdulla, a raíz de la presentación de ese informe a principios de octubre.

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Lagos de Bolivia absolutamente secos…

De acuerdo… repaso un poco ese informe de advertencia del IPCC, repaso las distintas noticias y ese calendario propuesto por el actual ejecutivo español, y me fijo en las fechas que se están mencionando… Todo ello, francamente, y me reafirmo en mis impresiones, me parece excesivamente conservador, tomarse las cosas con demasiada calma. El tiempo apremia y ya lo he dicho: cada año importa. Incluso tengo la certeza de que ese comité del IPCC ha subestimado la gravedad del problema y calculado mal, excesivamente a la baja, los peligros, porcentajes y plazos. Ya Ferran P. Vilar arroja unas cuantas críticas en este sentido, como apunté de pasada. Según este ingeniero, este comité no habría tenido en cuenta los efectos de los efectos —aunque suene a auténtica tontería—, es decir, ese círculo vicioso o efecto dominó que lo va acelerando todo más y más. Sí, sin ser científico ni climatólogo voy a decir que me parece que su estudio y sus advertencias pecan de timoratas, conservadoras, excesivamente confiadas y optimistas. Quizá sean excelentes científicos, honestos e imparciales, pero vete a saber si el poder político y los intereses económicos no habrán metido las zarpas ahí dentro, o ejercido sus influencias de forma sutil. O sea, un poco en la línea de “sed cuidadosos con lo que decís y anunciáis y la forma en que lo hacéis”. Quizá el asqueroso pasteleo que suele impregnarlo todo llega también hasta ahí. Vilar se pregunta cómo un comité científico interdisciplinar de tan alto nivel puede errar en sus estimaciones de esta forma. Necesitamos científicos que no se casen con nadie, joder. Yo no espero menos.

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Repaso propuestas y fechas de ese informe… “elevar el consumo de energía renovable del 70% al 85% en 2050 y reducir el consumo de gas al 8%”. ¿En el año 2050? ¿Y todavía consumiendo un 8% de gas? ¿Por qué? Debería desaparecer del mapa el gas. Y sus primos hermanos. Adiós a los combustibles fósiles. Estos señores están diciendo que aún se estarán consumiendo dentro de 32 años. A mí no me vale tanto conformismo; a decir verdad, me parece absurdo, cobarde y decepcionante. Ya apunté también que Vilar daba como fecha límite el año 2030 para no alcanzar ese punto de no retorno, lo que otra web ha definido con letal acierto como “la Tierra invernadero”. Y para que se vea que no son paranoias mías, ahí va un informe completamente independiente de otros equipos científicos:

«El planeta Tierra podría llegar a un ‘punto de no retorno’ en 2035 si los gobiernos no actúan decididamente para luchar contra el cambio climático porque sería poco probable que en 2100 el calentamiento global se sitúe 2 ºC por debajo* de los niveles de la era preindustrial.

Así lo aseguran cuatro investigadores de las universidades de Oxford (Reino Unido) y Utrecht (Países Bajos) en un estudio publicado en la revista Earth System Dynamics, de la Unión Europea de Geociencias.

La investigación indica que ya ha pasado la fecha límite para limitar el calentamiento planetario a 1,5 ºC, que también aparece recogido en el Acuerdo de París, salvo que se tome “una acción climática radical”».

*Se supone que se han equivocado y quieren decir “solamente aumente 2 ºC por encima de… “.

(En rtve.es)

O bien otro equipo de científicos, esta vez chinos, afirman:

«El clima de la Tierra podría aumentar cuatro grados más en comparación con la era preindustrial antes de que finalice este siglo, concretamente entre 2064 y 2095, lo que supondría duplicar el objetivo de dos grados recogido en el Acuerdo de París, adoptado en 2015 por 195 países y la UE.

Así lo afirman tres científicos del Instituto de Física Atmosférica de la Academia China de Ciencias en un estudio publicado en la revista Advances in Atmospheric Sciences. “Un gran número de eventos de calor sin precedentes, fuertes inundaciones y sequías extremas ocurrirían si el calentamiento global supera el nivel de 4 ºC con respecto al periodo preindustrial”».

(En rtve.es)

Sí, me da que los señores del IPCC pecan de conservadores. Después tenemos el anuncio del gobierno español, planteándose el 2040 y el 2050 como los años decisivos en cuanto a implementación de medidas. Para el 2030, “reducir al menos en un 20% las emisiones de GEI con respecto a 1990”. ¿En un 20%? Hablamos de una acción no dentro de dos años, sino de veintidós. Me parece ridículamente poco. Sí, entiendo toda la complejidad del problema y las dificultades logísticas. seguramente soy yo el que no toco del todo de pies en el suelo. No se pueden reducir las emisiones de forma tan drástica, y sobre todo no se puede hacer el cambio de las energías fósiles a las limpias de la noche al día. Ha de ser un esfuerzo gradual. Y… ¿qué tenemos por ahí en esos teatrillos del poder?

«Los países de la Unión Europea (UE) han fijado en un 35% el recorte de las emisiones de CO2 que quieren exigir a los nuevos coches y camionetas a partir de 2030, nivel que eleva la propuesta inicial del 30% de la Comisión Europea (CE) pero limita la ambición del 40% que reclama la Eurocámara».

Mmmm… a pasteleo conformista me huele, siento decir. Señoras y señores, el problema es brutal y acuciante, gravísimo. Espada de Damocles que nos golpeará de forma retardada y en diferido, pero que ya está golpeando… y que no por eso deja de cortar con contundencia.

Sí, dificultades logísticas, imposibilidad de implementar esos cambios en un abrir y cerrar de ojos. Se marcan objetivos “ambiciosos” (vamos a concederles ese beneficio, especialmente comparando con el estado actual de las cosas), pero no lo suficientemente ambiciosos, he ahí el problema. Todo ello me lleva a infinidad de reflexiones y preguntas, y voy a lanzar una que parecerá demasiado simplista: ¿cúal es o debería ser el objetivo de la humanidad, de la vida humana? Pues muy fácil, sencillamente vivir. Vivir un día más. Y otro. Y otro. Pronto se va a convertir en meramente sobrevivir. Quiero decir con esto que el objetivo primordial de la vida humana —para mí— no es ni debería ser cumplir con las obligaciones diarias, ni tener que ir a trabajar, tener que coger el coche o tener que formar parte del gran tinglado económico y productivo. A la mierda la puta economía y a la mierda el puto tejido productivo (decidlo en voz alta, sienta muy bien). La forma en que está estructurada la sociedad, la forma en que funciona todo, el “sistema” de las narices parece que nos indique que la finalidad última del ser humano es ser una piececita más (productiva, por supuesto) del gran tinglado económico. Y no es así en realidad. ¿Cuánto daño le han hecho al planeta el sistema o los sistemas económicos, el maravilloso capitalismo, la Revolución Industrial? Mucho, muchísimo, y todo en aras del progreso. Progresar, prosperar y crecer está bien, en teoría, aunque hay gente, incluyendo prestigiosos sociólogos y economistas, que se preguntan por qué —biiiiiiiíp— tenemos que crecer como sociedad (a nivel productivo, de bienes de consumo). Todo ello nos llevaría a una profunda reflexión sobre qué modelo de sociedad tenemos y cuál deberíamos tener. Y si hemos de crecer como sociedad de consumo, que sea haciéndolo de forma respetable y sostenible con el medio. Parece lógico si no vamos a quedarnos en sociedades primitivas, agrícolas o en las cavernas…

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Así que partiendo de la convicción de que otro mundo es posible, cabría preguntarse qué pasaría si nos plantáramos y no cogiéramos el coche, por ejemplo. Ya mismo, desde este momento. Desde mi punto de vista ni un solo motor de combustión, ni un solo tubo de escape, ni una sola fábrica humeante debería ponerse en funcionamiento desde ya mismo. Y pretenden esperar al 2030, es demencial. Y se deduce de sus planteamientos y propuestas que en el 2050 aún habrá vehículos y fuentes contaminantes. ¿Qué pasaría, se pararía el mundo? ¿Sería el colapso total? Por supuesto que traería muchos problemas, y la sociedad ha de funcionar en mil sentidos para proporcionar bienes y servicios, como la alimentación o la salud (y la cultura y el arte). Pues no estaría tan mal que se parara el mundo, al menos un poco. Eso sería, dicho en otras palabras, encontrar otros modos y otros ritmos de vida. Damos muchas cosas por hechas y algunas necesidades impuestas por imprescindibles, pero el mundo existió cientos de años sin coches y sin fábricas, sin internet, smartphones o televisión. Así que quizá cabría preguntarse qué es lo que en verdad se pararía. ¿Quizá la economía, quizá el engranaje productivo? Ah, creo que aquí hemos dado con el meollo de la cuestión. Quizá lo que ocurre es que los que detentan puestos de poder, los capitostes del capitalismo, los empresarios en general, sentirían pánico si la gente en masa no acudiera a sus puestos de trabajo. Y ojo, que transportes hay muchos, también los públicos y la bicicleta, y lugares de trabajo también muchos, no necesariamente fábricas. Hago toda esta reflexión para indicar que dejar de coger esos medios de transporte que contaminan es posible, solo que tendría un impacto considerable y uno de los más notables sería a nivel económico. Quizá deberíamos plantearnos qué modelo de sociedad queremos, o de sistema productivo, y si los actuales son sostenibles con el medio ambiente. Claramente no, he ahí el problema.  Y ante una disyuntiva de vida o muerte, de plantearse la encrucijada de un mundo futuro habitable o sencillamente infernal, claro que es posible dejar de coger el coche ahora mismo y no poner en marcha ni una puta fábrica o central más. Nos jugamos el futuro. Cambios mucho más radicales y ambiciosos son posibles, mucho más allá del decepcionante teatrillo de aquellos que mandan. Otro gallo cantaría si la ciudadanía en general se plantara en muchas cuestiones y no se dejara manipular ni mangonear. Son todas estas reflexiones, e imaginar otros escenarios, imaginar posibles soluciones, imaginar qué podría en verdad hacer el ciudadano de a pie, lo que me lleva a no poder aceptar, a encontrar profundamente decepcionante, desacertado e incorrecto que sigamos contaminando y expulsando GEI hoy, mañana, el mes que viene, el año que viene, el otro… Y lo que más me indigna, lo que me indigna de verdad, es que los gobiernos se tomen el problema con tanta tranquilidad. Menos mal que en el 2030 “se corta” todo y “se soluciona” todo. Planteárselo así es patético, porque hay que actuar ya, cada día.

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En esta entrada no va a haber ningún vídeo musical. Aunque me han pasado por la cabeza algunos títulos de algunos temas. Por ejemplo, el It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine) del grupo R.E.M. (desde luego puedo decir que I don’t feel fine); por ejemplo, el When the World Is Running Down, You Make the Best of What’s Still Around de The Police. También tendríamos el Burning Down the House de los Talking Heads (que es lo que le estamos haciendo al planeta). O poniéndonos más pesimistas podemos recordar el tema The End de The Doors.

Pero no me apetece en absoluto hacer una entrada sobre posibles “canciones del fin del mundo”. Lo que viene a continuación son dos fragmentos de dos películas de las que ya he hablado en un pasado: Koyaanisqatsi y Baraka. Tienen muchos nexos de unión y muchas similitudes en cuanto al contenido y el mensaje que quieren transmitir. Ambas cintas proponen una mirada y una reflexión sobre nuestro mundo, sobre su belleza, diversidad y fragilidad, y sobre el impacto que sobre él está teniendo la civilización humana, y especialmente el progreso tecnológico y la era industrial y moderna, también la sociedad de consumo por extensión, obvia decir. Por eso me parecían apropiadas para acompañar esta entrada.

Koyaanisqatsi fue estrenada en 1982 y fue dirigida por Godfrey Reggio. Es un film en el que no hay argumento ni historia, personajes ni narrador. A través de una interminable sucesión de imágenes, combinadas con música, se pretende producir un efecto en el espectador, hacer que reflexione sobre nuestra forma de vida, sacudir su conciencia. Se trata de «un poema visual cuyo tono es establecido mediante la yuxtaposición de imágenes y música. Reggio se refiere a la falta de diálogo diciendo que “no se trata de falta de amor por el lenguaje por lo que estas películas no tienen palabras. Es porque, desde mi punto de vista, nuestro lenguaje está en un estado de gran humillación. Ya no describe el mundo en el que vivimos”». (Wikipedia)

Toda la banda sonora corre a cargo de Philip Glass, en una combinación perfecta con las imágenes, escenas y paisajes que corren ante nuestros ojos. La película empieza centrándose en la naturaleza, enseñándonos imponentes paisajes como cañones, desiertos, nubes moviéndose o las olas del mar. Poco a poco va apareciendo el ser humano a través de diversas actividades que impactan en el medio ambiente: “imágenes de flores cultivadas, un camión minero produciendo polvo negro, estaciones petroleras, plantas energéticas, detonaciones de bombas atómicas y otras”. Y conforme avanza la cinta la naturaleza desaparece de nuestra vista y el único protagonista es el género humano, con su frenética actividad, el estrés y las prisas de la vida moderna… parecemos hormigas atareadas, un enjambre imparable de abejas u otros insectos con el ir y venir imparable de las obligaciones cotidianas como acudir al puesto de trabajo o ir de compras; también disfrutar del ocio o desplazarse en todo tipo de transportes…

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Y así vemos una sucesión continua de imágenes donde la civilización humana se muestra fundamentalmente en el ritmo de vida en las grandes ciudades: rascacielos, el discurrir de vehículos en autopistas o calles (también sus luces, en secuencias nocturnas), el tráfico humano en las calles, cruces, semáforos, grandes estaciones de ferrocarril o metro, tiendas o grandes almacenes, cadenas de producción… todo ello usando la técnica del time-lapse. Hormigas… una reflexión visual donde el ritmo acelerado, el progreso y la tecnología son los grandes protagonistas (“no es que usemos tecnología, es que vivimos la tecnología. La tecnología se ha hecho tan ubicua como el aire que respiramos”).

«Realizado entre los años 1975 y 1982, “Koyaanisqatsi” —primera parte de lo que sería luego una trilogía formada por Koyaanisqatsi (1982), Powaqqatsi (1988) y Naqoyqatsi (2002)— es un singular documental que refleja la colisión entre dos mundos obligados a convivir: por un lado la vida de los hombres en la sociedad moderna, la vida urbana y occidental, llena de tecnología, ciencia y consumismo. Por otro la naturaleza y el medio ambiente del planeta Tierra. (…) Godfrey Reggio presentó este documental ante 5000 personas el 4 de Octubre de 1982 en el Radio City Hall de Nueva York, convirtiéndose al instante en un documental de culto». (FILMAFFINITY)

En suma, en este film de culto realizado hace más de treinta años «se muestran imágenes de gran impacto visual y emocional sobre el efecto destructivo del mundo moderno en el medio ambiente» (Wikipedia). El nombre de la película significa «vida fuera de equilibrio» (Life Out of Balance) en la lengua de los indios hopi.

He escogido dos fragmentos mejor que uno, de toda la parte de la película donde la actividad humana se antoja claramente más frenética…

En cambio el film Baraka no es tan frenético en ese sentido, sino mucho más pausado, reflexivo e incluso poético. Una película maravillosa, sensacional y con una calidad de imagen espectacular. El impacto sobre el espectador es notable —yo salí flotando del cine aquel lejano día—. Se filmó con una cámara de 70 mm diseñada por el propio director, Ron Fricke. Fricke es uno de los grandes nexos de unión de las dos películas que nos ocupan: fue director de fotografía y participó en el guion y montaje de Koyaanisqatsi, mientras que dirigió él mismo Baraka diez años después. Las similitudes entre ambos films son numerosas, empezando por el lenguaje visual —aquí tampoco hay historia, solo imágenes y música— y siguiendo con la intencionalidad de hacer reflexionar al espectador y ofrecer una mirada global. También en Baraka se mira a nuestro planeta, a la imponente naturaleza y al género humano. Pero no se ofrece una imagen tan frenética de la actividad humana como en el otro film. Más bien habría que hablar de las civilizaciones, en plural: queda muy presente la diversidad humana a todos los niveles, en tribus, etnias, culturas y distintas religiones. Creo que lo que más me impresionó, aparte de la magnificencia de la naturaleza, fue ver el enorme peso de las religiones y la espiritualidad en tantas partes del mundo, especialmente en el poblado continente asiático y en África (aunque no hace falta irse tan lejos: tenemos Oriente Medio, Israel, Turquía… ). Vuelvo a decirlo: la película es impresionante, una maravilla.

«Aclamado documental sobre la naturaleza del planeta Tierra. Rodada en 24 países diferentes, trata de captar la esencia de la naturaleza y la cultura de la humanidad y sus costumbres, al tiempo que señala las formas en las que el ser humano se relaciona con su medio ambiente. La aparente fragilidad de la vida humana es contrastada con la grandeza de sus obras, subrayándose la desigual relación entre hombre y naturaleza. Baraka no tiene argumento lineal, ni personajes ni diálogos, pero, en medio de estos enormes contrastes, la espiritualidad de la humanidad surge como el elemento más importante que la distingue de otras especies. Un mundo más allá de las palabras». (FILMAFFINITY)

El calentamiento global es una bomba de relojería. Quizá carece de temporizador. Quizá sí lo tiene y se nos antoja borroso (o la ciencia puede determinarlo). La pregunta con la que concluyo la entrada va dirigida a la ciudadanía en general, pero especialmente a esas personas que están ocupando cargos de poder: en los gobiernos, en las instituciones, en las empresas privadas, en las grandes corporaciones energéticas, en todos esos tinglados que son auténticas máquinas de —y solo piensan en, por más que intenten pintárnoslo bonito— hacer y ganar pasta… Sí, hay gente concienciada y con buenas intenciones, pero también es cierto que los imbéciles, los egoístas y los mezquinos se cuentan por miles y miles. A toda esa gente apoltronada en sus puestos va dirigida mi pregunta… porque la catástrofe se nos viene encima. Hace bastante tiempo que oigo el tic tac. ¿Es que nadie más puede oírlo?

La humanidad, la ciudadanía, los políticos y los científicos (por citar dos colectivos de gran importancia) deberían centrar todos sus esfuerzos en intentar buscar soluciones a este gravísimo problema; de hecho el problema más grave al que nos enfrentamos, aunque quede disimulado porque dé la apariencia de ser lejano en el tiempo. Falsa apariencia, craso error y fatal conclusión, pues el calentamiento global puede precipitarse de forma abrupta y fatal, ya que los acontecimientos no hacen más que agravarse en distintos puntos del planeta. Debería apostarse decididamente por el cambio a las energías limpias, por dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera y especialmente dióxido de carbono, e intentar frenar en seco, estabilizar o incluso reducir su concentración en el aire (ppmv, “partes por millón en volumen”). Esperar para ello al 2030 o el 2040 es otro gravísimo error, pues ya será demasiado tarde: los gases emitidos prolongarán sus efectos como se ha mencionado como mínimo hasta el año 2300, aparte de que los procesos relacionados con el carbono o el metano adquieren sus propias dinámicas de “círculo vicioso”, donde la humanidad pierde ya toda posibilidad de control. Se debería. Pero no, la humanidad y los políticos parece que andan en otras cosas.

Concluiré también con una cita incluida en el mencionado blog USTED NO SE LO CREE. Aprovecho para recomendar muy encarecidamente otra vez que visitéis este blog y leáis algunas entradas. Es impactante todo lo que se cuenta y creo que le cambia a uno la visión, volviéndose ésta más descarnada y afilada (para aquellos casos, que no serán pocos, de personas preocupadas por el tema pero quizá no en exceso). Allí sí que se habla con criterio y conocimiento de causa de este vastísimo problema.

«Cuando las élites fracasan, es la hora de la gente».

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(Fuente: microsiervos.com)

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Barbra Streisand: Don’t Lie to Me

Quizá una carga de profundidad. Quizá un golpe de izquierda. Lo que sí es seguro es que es activismo. Y denuncia. Y hartazgo. Y hablar alto, claro y sin miedo. Conciencia política, social y planetaria. Algunas de las imágenes de este vídeo conectan directamente con lo que será mi próxima entrada. Muy bien por Barbra. How do you sleep?

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